INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (1), 2024, pp 16 - 22
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.1
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REFLEXIONES EN TORNO A
LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA
CON ADOLESCENTES:
LUGAR, FUNCIÓN Y POSICIÓN
DEL ANALISTA.
REFLEXÕES SOBRE A CLÍNICA
PSICANALÍTICA COM ADOLESCENTES:
LUGAR, FUNÇÃO E POSIÇÃO
DO ANALISTA.
REFLECTIONS ON PSYCHOANALYTIC
PRACTICE WITH ADOLESCENTS:
THE ROLE, FUNCTION, AND POSITION
OF THE ANALYST.
Valentina Bravo Pelizzola
Asociación Argentina de Psiquiatría
y Psicología de la Infancia y la Adolescencia
Correo electrónico:valepelizzola@gmail.com
ORCID:0009-0008-0163-7683
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Bravo Pelizzola V. (2024) REFLEXÕES SOBRE A CLÍNICA PSICANALÍTICA COM
ADOLESCENTES: LUGAR, FUNÇÃO E POSIÇÃO DO ANALISTA.
Intercambio Psicoanalítico 15 (1), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.1/
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Resumen: En el presente texto se indaga en torno al alcance, fecun-
didad y lugar de la transferencia, la contratransferencia y el trabajo
con los padres en la clínica de púberes y adolescentes, realizándo-
se una interrogación respecto de la posición del analista. Mediante
una mirada crítica hacia la práctica psicoanalítica, cuyo método fue
ideado originalmente para las neurosis de transferencia de adultos,
la autora se replantea la especicidad de una clínica con sujetos ado-
lescentes cuyas problemáticas dan cuenta de dominancias estructu-
rales con corrientes psíquicas heterogéneas.
Se enfatiza la importancia de considerar la particularidad de cada
caso al momento de introducir la regla fundamental, la asociación
libre, el diván, la atención otante, la abstinencia y la neutralidad del
analista, determinantes en la posterior escucha y las intervenciones
a proponer.
Se intenta dar cuenta de la posición ética a los nes de lograr “un
lugar provocador del enigma que suscite el interés por la propia alte-
ridad”, en una época donde los discursos sociales tienen a la uidez
y al individualismo en desmedro del semejante.
Palabras clave: Transferencia y contratransferencia; adolescencia;
clínica actual.
Resumo: No presente texto se investiga o escopo, a fecundidade e o
lugar da transferência, da contratransferência e do trabalho com os
pais na clínica de púberes e adolescentes, realizando uma indagação
a respeito da posição do analista.
Através de um olhar crítico para a prática psicanalítica, cujo méto-
do foi originalmente concebido para as neuroses de transferência de
adultos, a autora reconsidera a especicidade de uma clínica com
sujeitos adolescentes cujas problemáticas revelam dominâncias es-
truturais com correntes psíquicas heterogêneas.
Enfatiza-se a importância de considerar a particularidade de cada
caso ao introduzir a regra fundamental, a associação livre, o divã, a
atenção utuante, a abstinência e a neutralidade do analista, deter-
minantes na escuta posterior e nas intervenções a serem propostas.
Tenta-se abordar a posição ética a m de alcançar “um lugar provo-
cador do enigma que desperte o interesse pela própria alteridade”,
em uma época em que os discursos sociais tendem à uidez e ao in-
dividualismo em detrimento do semelhante.
Palavras-chave: Transferência e contratransferência; adolescência;
clínica atual.
Valentina Bravo
Pelizzola1
1 Psicóloga,Magíster en Psicología
Clínica Adultos(UNAB. Chile)
yPostgradoen Psicoanálisis de
las Infancias y las Adolescencias
(ASAPPIA, Argentina)Diplomadoen
Psicopatología Infanto Juvenil
yDiplomadoen Manejo de
los Trastornos de la Conducta
Alimentaria (Sociedad Chilena de
Psiquiatría).
Actualmente se desempeña
comoPsicóloga y supervisora clínica
en consulta privada. Realizadocencia
en Pregradoen la Universidad
Andrés Bello en el Taller de
Intervenciones Clínicas ydocencia EN
supervisión clínica en Postgradoen
la Universidad de Santiago de Chile,
en el Área de Salud Mental para
Becados de Psiquiatría.
Última publicación:Nuevos
emplazamientos erógenos e
identitarios: desafíos de apertura
para repensar las nociones de
sexualidad en psicoanálisis.En el
libro Psicoanálsis y Época: Actualidad
de los Tres Ensayos de Teoría Sexual.
REFLEXIONES EN TORNO A LA CLÍNICA
PSICOANALÍTICA CON ADOLESCENTES:
LUGAR, FUNCIÓN Y POSICIÓN DEL ANALISTA.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (1), 2024, pp 16 - 22
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.1
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Summary: This text explores the scope, ecacy, and role of transfe-
rence, countertransference, and working with parents in psychoa-
nalytic practice with preadolescents and adolescents, questioning
the analyst’s position.
By critically examining psychoanalytic practice, originally designed
for adult transference neuroses, the author reevaluates the speci-
cs of working with adolescent patients, whose issues often reect
structural dominances and heterogeneous psychic currents.
The importance of considering the uniqueness of each case is em-
phasized when introducing the fundamental rule, free association,
the couch, evenly oating attention,
abstinence, and the analyst’s neutrality, all of which are crucial for
eective listening and interventions.
The text aims to highlight the ethical position necessary to create ‘’a
space that provokes the enigma and stimulates interest in one’s own
otherness’’, in an era where social discourse often favors uidity and
individualism over empathy for others.
Keywords: Transference and countertransference; adolescence; cu-
rrent practice.
Por momentos pareciera que en psicoanálisis la escucha analítica es una
sola, que la asociación libre, el diván, la atención otante, la abstinencia y
la neutralidad son transversales a los sujetos que consultan, como si las
diferencias metapsicológicas y psicopatológicas o las condiciones histó-
ricas de los sujetos no implicaran diferencias en la escucha, la técnica y
el modo de abordaje, resultando a veces en abordajes estereotipados y
ajenos a las realidades de los consultantes, con la consecuente omnipo-
tencia e impotencia de los analistas por un lado y, por otro, con la posible
resultante de un proceso infértil y de escasa capacidad transformadora,
en un periodo de la vida donde la intervención podría propiciar simboli-
zaciones, producción de novedades frente al sufrimiento o a lo que ha
quedado como resto no metabólico en el aparato psíquico, considerando
una clínica que trabaja con dominancias estructurales y con corrientes
psíquicas heterogéneas en el aparto psíquico.
Concebiremos la clínica como espacio de recomposición simbólica y de
rescate de inscripciones no historizables por el yo hasta ese momento.
¿Cómo pensar metapsicológica y clínicamente las intervenciones cuándo
la palabra falta o se ausenta? Los adolescentes se ven lanzados a actuar
más que a hablar. Debemos abandonar la idea de que la ausencia de aso-
ciaciones viene necesariamente de la represión, resistencia u oposicionis-
mo. Frente al padecer actual, lo que encontramos es una insuciencia en
la capacidad de estructurar un pensamiento, debido a la fragilidad en la
constitución temprana de la tópica, del preconsciente mismo y de la masa
representacional del yo, la cual es crucial en este proceso de reorganiza-
ción subjetiva, donde el entramado yoico es puesto a prueba en su fun-
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ción defensiva y en su capacidad de ligar y simbolizar las excitaciones trau-
máticas que comienzan con el embate de la pubertad. Bleichmar (2002)
señala que en la sociedad occidental existe un estallido de los procesos
de subjetivación, una cosicación de los procesos de inserción social con
desaparición del reconocimiento del otro en tanto otro. El padecer actual
corre más por los fragmentos, los pedazos y desbordes. Los síntomas en
sentido clásico parecieran no presentarse. ¿Qué escuchamos? Adolescen-
tes invadidos por ansiedades de muerte, impotentes frente a la ausencia
de un adulto que sostenga. Sensaciones de sentirse no congurados, con
piezas faltantes o sobrantes en sus cuerpos, relaciones o en el propio psi-
quismo. Creencia de que sus propios recursos no son sucientes para
enfrentar la adultez. Sensaciones de irrealidad y desconcierto frente al
espejo y la imagen, invisibles o demasiado visibles para ojos sin cuerpo
que miran o enceguecen, angustias de castración y aniquilamiento, donde
el ser más que el tener están puestos en juego. Preguntas primitivas por
el origen de la existencia, ancladas en imágenes imposibles de trenzar, de
ligar, asociadas a veces a afectos como la angustia masiva o a vivencias de
confusión, fragmentación y difusión.
La fragilidad en las representaciones que envuelven al yo conduce en oca-
siones a sensaciones masivas de vacío y estados de confusión que, sin un
continente y la capacidad de tender un puente simbólico con la propia
historia del paciente, son de difícil ligadura.
La desligadura representacional que dicha fragilidad narcisítica conlleva
se evidencia en los frecuentes diagnósticos de adicción, trastornos de la
imagen corporal, inhibiciones, somatizaciones o relaciones interpersona-
les violentas, viéndose dicultado el vínculo amoroso, con vivencias de
desamparo y desauxilio, aburrimiento y actuaciones.
Entonces, para arribar a las consideraciones metapsicológicas de la ado-
lescencia, partiremos considerando un aparato psíquico abierto a lo real,
sometido al traumatismo, en un periodo especíco de la vida donde el
psiquismo se está reestructurando, reensamblando y recomponiendo. Si
bien la clínica toma en cuenta el peso de lo histórico vivencial, el analis-
ta no se basa solo en los acontecimientos de la infancia, dado que es-
tos han sido metabolizados y transformados en función de las fantasías
que los habitan. De modo que no todo será repetición, sobre todo en la
adolescencia, donde la identicación, desidenticación y reidenticacion
tendrán un lugar crucial, en lo que respecta a la forma de vincularse del
sujeto consigo mismo y los demás, con la constante interrogante sobre su
posición y la del otro en el espacio intrapsíquico. Cuando emerge la sexua-
lidad en la adolescencia, el terreno psíquico ya está totalmente ocupado
por la pulsión, por el fantasma (Bleichmar, 2006), lo que requerirá com-
plejos procesos de carácter psíquico que permitan la inscripción y la re-
solución de la tensión genital. Si la maduración sexual del cuerpo resulta
un elemento demasiado traumático por la dicultad de su gurabilidad,
el proceso de simbolización puede detenerse frente a lo novedoso o, de
acuerdo con su estructuración previa, tomar caminos vicariantes que con-
tribuyan a su complejización.
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Frente a la falta de representaciones-palabra y gurabilidad, el adoles-
cente necesitará del analista para encontrar las palabras necesarias que
puedan sostener su discurso durante la elaboración. Muchos de estos
elementos intervinientes en este proceso no están reprimidos, sino que
deben ser construidos. El analista no solo interpretará, es decir, plantea-
vínculos de causalidad entre la experiencia pasada y la experiencia
transferencial, sino también tendrá que crear un espacio de figurabilidad
para lo nuevo, tanto psíquico como somático.
¿Cómo tender un puente que no sature, sino que pavimente –con
paciencia– el camino para recomponer simbolizaciones o crear aquellas
que nunca tuvieron lugar? ¿Cómo ofrecer la calma y la escucha benévola,
abierta, que constituya un espacio posible para construir donde no hubo
construcción o para recomponer lo que ha sido desmantelado, cuando lo
que se solicita son resultados rápidos y denidos en términos del com-
portamiento? ¿Cómo posicionarse en un lugar provocador del enigma y
suscitar el interés por la propia alteridad, cuando lo discursos sociales
tienden a la rapidez, al comprenderse cabalmente a mismo a veces en
desmedro del semejante?
Prima la lógica capitalista de superar el malestar a toda costa, de llenar
los vacíos y sacudir el silencio. La imagen del cuerpo y del éxito a veces
funcionan como imperativos y, como tales, dejan a los sujetos más em-
pobrecidos.
Serán necesarias no solo la ética, la precisión y la rigurosidad teórica a la
hora de enfrentar la clínica, sino la capacidad creativa del analista, no sólo
para recoger el material que trae el paciente, sea este el silencio, la pala-
bra, el acting out o las acciones comunicativas, sino también para propi-
ciarlo, cuando a veces la palabra pareciera esfumarse: poder transformar
la sensación de ruido mental inaudible en palabra ligada. A veces es nece-
sario poder esperar el momento psíquico de intervenir directamente en el
sufrimiento y tendremos que encontrar vías colaterales para rodearlo sin
nombrarlo, creando primero, vínculo y comunicación. Los adolescentes
observan nuestro consultorio, recogen objetos, juegan con un pañuelito
y lo estrujan. Hablaremos de la música que vienen escuchando, de los
libros que ojean en nuestros estantes, de series, memes, redes sociales
y películas. Una película nos ofrece un material riquísimo de apertura, no
sólo para comprender con qué se identica, sino para poder ingresar en
sus afectos, la expresión de deseos y fantasías, posibilidad simbólica acer-
ca de hechos vividos. Ingresaremos en aquel material que pareciera “no
analítico”, para conocer mejor el mundo que habita. ¿Estamos por esto
saliendo de la regla fundamental? Para nada, estamos ingresando en la
masa representacional, identicando fantasías y aspectos ligados y no li-
gados que se cuelan en cada elección del adolescente. Una clínica que no
solo se presta para interpretar el material obtenido, sino que “presta” algo
más para la generación del espacio de reconstrucción y reensamblaje psí-
quico, que no solo requiere de la palabra del analista, sino también de su
cuerpo, su paciencia y presencia, de lo lúdico y de su particular forma de
prestarse: su estilo personal.
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Lo anterior se diferencia del otorgar sentido desde nuestra propia ideolo-
gía u obturar con respuestas los enigmas que surgen, tiene que ver más
bien con prestarse como un puente, como un terreno que no sólo recibe
proyecciones y espera la aparición de la palabra del otro, sino como un
favorecedor de la palabra capaz de generar un espacio propicio para que
esta surja, siendo fundamental, en este punto, la plasticidad en el analista.
La abstinencia entonces será de juicios ideológicos, moralizantes, pedagó-
gicos, pero no de la capacidad para crear formas novedosas (que pueden
parecer “poco neutrales”) que propician la generación de un vínculo, de
un espacio donde pensar-se y ser pensado.
No deja de asombrarnos –por la precariedad de los vínculos que deja en
evidencia– que una pequeña oferta de sostén, una escucha atenta e in-
tervenciones que apunten a historizar lo vivido y anudarlo simbólicamen-
te resulten necesarias para iniciar la construcción de un espacio mental
donde poder ser imaginarizado, representado y, por lo tanto, constituir
algo de la tópica.
El espacio mismo, la acogida, la escucha benevolente, las preguntas he-
chas con un estilo acorde a su vivencia, la posibilidad de ser traducidos y
parafraseados, es ya un trabajo productivo, una posibilidad transforma-
dora para ese psiquismo en plena recomposición. Dejaremos a un lado
los prejuicios de la “peligrosidad y supuesta displicencia” que imperan en
nuestras sociedades respecto de las adolescencias, ya que ingresar en sus
mundos es estar abierto a escuchar signicaciones intensas, a veces des-
medidas, juicios que parecen certezas, que se resquebrajan fácilmente. Es
poder aprender –sin expropiar– de las nuevas generaciones, con el desa-
fío de no erizarnos, de no moralizar. La cantidad de estímulos e informa-
ción imperantes requieren de un adulto que permita contener, ofertán-
dose a procesar la información, metabolizar en compañía. Muchas veces
el analista juega esta función, pero también en el trabajo con los padres,
nos toca ofrecerles a ellos la posibilidad de construir algo de esta función,
sobre todo cuando estamos frente a vínculos marcados por la fragilidad
y la violencia, cuando ellos mismos fueron escasamente libidinizados y
narcisizados. Solemos recibir padres angustiados, con dicultad para es-
cuchar lo que podría ser un llamado de ayuda o socorro por parte de sus
hijos, ansiosos y angustiados por “ver” cambios en sus comportamientos.
Bleichmar (2000) señala que en la actualidad los niños están parasitados
por las angustias catastrócas de los padres respecto al futuro y de todo
el sistema respecto al porvenir, porque se ven despojados ya no de certe-
zas, sino de propuestas mínimas a ofrecer: ¿cómo estructurar proyectos
si no es sobre el fondo de un sueño? ¿Cuál es el trabajo posible con los
padres, considerando las propias características históricas, conscientes e
inconscientes de estos? No educamos a los padres en crianza, sino que
los ayudamos a pensar qué determinaciones los llevan a cierta operatoria
y a las consecuencias de esto en sus hijos. Entonces: ¿Cómo otorgarle el
espesor necesario a lo intrapsíquico cuando lo que se solicita tiene más
bien un marco o queja desde el terreno intersubjetivo?
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La cuestión está en reconocer que los padres son movidos también por su
propio inconsciente y podemos orientarlos a ver cómo esto no sólo puede
dañar, sino ayudar del mejor modo posible; en especial cuando vemos un
déficit en la capacidad de trasvasamiento narcisista de los padres, adultos
frágiles que, con mucho temor, desean ver a sus hijos “felices y resueltos”,
a veces sin poder ellos mismos reflexionar sobre la propia fragilidad y su
incidencia en la vinculación con sus hijos, sin recursos simbólicos y afecti-
vos para comprender el origen de la angustia de sí mismos y de sus hijos.
A modo de conclusión, diremos que la intervención analítica en tiempos
de recomposición psíquica adolescente se transforma en intervención
simbolizante, posibilitando la creación de algo novedoso, como forma de
rescate de inscripciones no historizables por el yo. Sobre todo en esta
etapa que no solo implica duelo respecto de la infancia , sino además un
momento de profunda posibilidad creativa y de progreso psíquico. Crea-
mos puentes, armamos tejido para recomponer los hilos rotos. Una vez
armado, podemos avanzar en su desarmado, para que advengan repre-
sentaciones y ligaduras propias al paciente.
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