INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (1), 2024, pp 54 - 62
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.4
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CRISE DA MASCULINIDADE,
EMERGÊNCIA DAS SUBJETIVIDADES
E A PSICANÁLISE
.
LA CRISIS DE LA MASCULINIDAD,
LA EMERGENCIA DE LAS SUBJETIVIDADES
Y EL PSICOANÁLISIS
THE CRISIS OF MASCULINITY,
THE EMERGENCE OF SUBJECTIVITIES
AND PSYCHOANALYSIS
Marcelo Caon
Centro de Estudos Psicanalíticos de Porto Alegre
ORCID: 0000-0002-3598-9539
Correio Electrónico: marcelo.caon1@gmail.com
Data de Recebimento: 15-05-2024
Data de Aceitação: 08-06-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Caon M. (2024) CRISE DA MASCULINIDADE,
EMERGÊNCIA DAS SUBJETIVIDADES E A PSICANÁLISE
Intercambio Psicoanalítico 15 (1), DOI:doi.org/10.60139/InterPsic/14.2. 3/
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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LA EMANCIPACIÓN Y EL PATRIARCADO
Durante mucho tiempo los hombres han luchado contra sus semejantes
buscando la emancipación. Sin embargo, la cuestión es que existen tipos
distintos de emancipación y algunos de ellos han mantenido el funciona-
miento del patriarcado en la sociedad. Frente a tal escenario, ¿cuál será
el rol del Psicoanálisis y de la formación psicoanalítica?
El modelo que ha privilegiado al género masculino en nuestra cultura
forjó al hombre al que llamamos “tradicional”. Eso signica que el hom-
bre ha sido marcado por “la invención de cierta masculinidad, tal como
de las jerarquías patriarcales: el lenguaje, la sexualidad, la familia, la re-
ligión, la política y la sociedad” (Jablonka, 2021, p. 13, traducción pro-
pia). El resultado de ese proceso se denominó “patriarcado” (Bola, 2020),
un aparato social en el que los hombres tienen el poder primario y se
destacan en posiciones de liderazgo político, autoridad moral, privilegio
social y en la posesión de propiedades. Se empezó a encarar ese mode-
lo como lo “ideal” en todos los segmentos sociales, causando fracturas
en su psiquismo. Esas fracturas equivalen a desconsiderar la alteridad,
otros modelos también posibles de masculinidad, que se construyen en
lo social y no tienen nada que ver con una esencia.
En nuestra contemporaneidad, se puede decir que eso ha afectado no
solamente al cuerpo y al modelo de hombre, sino también al aparato
mental de los que desviaban de lo “normal” que han denido las institu-
ciones. Sin embargo, se puede pensar que, actualmente, el patriarcado
se encuentra en crisis y que la masculinidad, acto continuo, a su vez,
también lo acompaña.
LO MASCULINO Y EL PSICOANÁLISIS
En la modernidad, a causa del intento de producir autonomía de pensa-
miento y racionalidad, paradójicamente, se mantienen las raíces para el
mantenimiento del patriarcado, aquí descrito como el reino del indivi-
duo (hombre cis-heteronormativo-blanco-europeo-colonizador) y basa-
do en aquello que Gilberto Dupas (2012) denominó, basándose en la pri-
macía de la ciencia y de la técnica, “la ideología del progreso”. La historia
de la Modernidad, entonces, se entrelaza con el dispositivo freudiano en
la formación del narcisismo.
LA CRISIS DE LA MASCULINIDAD,
LA EMERGENCIA DE LAS
SUBJETIVIDADES Y EL PSICOANÁLISIS
Marcelo Caon1
1 Psicoanalista e Historiador.
Es licenciado en Historia por la
Universidad de Caxias do Sul-RS,
Brasil, donde investigó, como
trabajo nal, la mentalidad y
el imaginario de la inmigración
italiana. Es psicoanalista
graduado en el Centro de
Estudios Psicoanalíticos de Porto
Alegre, CEPdePA. También realizó
un curso de psicología
positiva en la PUC- RS,
abordando las mentalidades
contemporáneas. También
en la PUC - RS, realizó su
Maestría y Doctorado en el
área de Sociedad, Ciencia y
Arte con el tema Modernidad,
Hipermodernidad en
urbanización y patrimonio
cultural. En su doctorado,
realizó investigaciones sobre la
Hipermodernidad y su
efecto en el mundo urbano
y arquitectónico en Brasil y
Argentina. También se ha
desempeñado como docente
en diferentes niveles educativos,
desde la educación primaria
hasta la superior. Actualmente se
desempeña como
docente y como psicoanalista en
consultorio clínico.
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El Psicoanálisis, erigido por Freud1, ocupa, aquí, un lugar de escucha.
Su nacimiento es contemporáneo al del “nuevo hombre” (individuo
cis-blanco-heteronormativo-colonizador), que apareció solamente con
el desarrollo de la propia economía capitalista y con su exigencia de con-
trol de los cuerpos, mentes y deseos, como señaló Garcia-Roza (1985).
Según el Psicoanálisis, el narcisismo, debido al hecho de que está pre-
sente desde los primeros años de la infancia, puede causar cierto des-
orden libidinal. Ya que es un rasgo natural de los individuos, está abier-
tamente asociado al desarrollo de la libido. Sin embargo, el narcisismo
puede convertirse en un cuadro patológico cuando se vuelve excesivo,
descomponiendo los comportamientos de los individuos en relación
con las culturas y perjudicando sus relaciones interpersonales. A partir
de eso, Freud formula cuestiones válidas para pensar nuestro tiempo,
señalando que el concepto de narcisismo se congura como una etapa
constitutiva del sujeto y, a la vez, como un estado patológico en el que la
libido no está (o apenas está) invertida en el objeto. En este momento,
el mundo externo no está investido con esfuerzo y es indiferente a la
satisfacción, ya que en este período el Yo coincide con lo placentero, y el
mundo externo, con lo indiferente. Tal comprensión está en “Introduc-
ción al narcisismo” (Freud, 1914).
Las variaciones de las concepciones tradicionales de la sociedad —cuyo
ápice fue en los siglos XIX y XX, gracias a la explosión de las ciencias, la
noción occidental de libertad del individuo hombre y la intensicación
de la transformación tecnológica— gradualmente se entrelazaron a cier-
ta postura narcisista. A lo mejor, por eso, la subjetivación en el mundo
contemporáneo remita a la negación de determinados elementos “ex-
ternos” al individuo, resultando en el hombre blanco-cis-heteronorma-
tivo-colonizador como una alegoría de la masculinidad tóxica. En este
contexto, el cobarde, el impotente, el débil y el pusilánime son elemen-
tos de desprecio y, por lo tanto, como el absurdo, se deben descartar.
De ese modo, nunca se pone en riesgo la imagen de lo que Alain Corbin
(2013, p. 23, traducción propia) llamó “follador hercúleo”, en una repre-
sentación de la virilidad como elemento de la masculinidad. En el ámbito
de la cultura, se establecen nuevos puntos de partida para investigacio-
nes e interpretaciones, sean históricas o psicoanalíticas, especialmente
en relación con la conexión entre el narcisista y el patriarcado (y su efec-
to en la alteridad): Este es un posible punto de partida para la formación
en Psicoanálisis.
1 En 1905, en el texto “Tres ensayos
sobre teoría sexual”, Freud describe la
bisexualidad psíquica. Reconoce que tanto
hombres como mujeres tienen marcas
masculinas y femeninas. En 1915, añade
que se puede pensar lo masculino y lo
femenino en los siguientes sentidos: como
conectados a la actividad y a la pasividad,
en el sentido biológico y en el sentido
sociológico.
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MALESTAR EN LA MODERNIDAD
Algo paralelo (¿malestar?) subsistía a la representación del hombre vi-
ril como una combinación de alboroto, represión de lágrimas, punición,
violencia y resistencia a los malos tratos. Ya no se trataba de la lepra,
sino de la locura: los maricones, las aberraciones sexuales y las disonan-
cias, en oposición a la razón moderna y sus límites, podrían poner en
riesgo la “sociedad del progreso”.
Tal cuestionamiento posibilita que nos reconozcamos en ese contexto e
incluso que externalicemos críticas y dudas sobre la construcción de ese
ideal de “hombre” (individuo cis-blanco-heteronormativo). A raíz de este
ideal, se jó la permanente deslegitimación de la producción intelectual
de las mujeres, de la comunidad negra y de la comunidad LGBTQIA+
(también representada en la expresión de los estudios queer). El objeti-
vo aquí es reexionar sobre el rol de un psicoanalista (en este caso, en
formación) en una escucha que, como señala Spivak (2010, p. 17, traduc-
ción propia), posibilite “trabajar contra la subalternidad, creando espa-
cios en los cuales el subalterno (según nosotros, El Patriarcado) pueda
articularse y, consecuentemente, también se lo pueda escuchar, en una
experiencia real de existencia”.
En la actualidad, observamos una crisis narcisista, resultado del colapso
de un cierto modelo estandarizado considerado “civilizatorio”, en el cual
se asociaba un dispositivo discursivo de productividad y regulación, bus-
cando evitar contradicciones visibles.
En este sentido, surgen nuevas posibilidades de subjetivación humana
y también una indicación de que pueden existir otros tipos de masculi-
nidades. Si, en un primer momento, el Psicoanálisis se acercó al sufri-
miento de la mujer y, en aquel contexto, se presuponía que el hombre
no enfrentaba los mismos males, hoy eso cambió. Todavía, mientras
se constituyen en su subjetividad, los demás grupos (mujeres blancas,
mujeres negras, poblaciones que viven en las periferias, la comunidad
LGBTQIA+ etc.) también tendrían nuevos sentidos, distintos de los “no
ser medida de nada, no ser referencia de nada, valer menos, ser inferior,
ser subordinada, ser propiedad, ser objeto, ser oprimida, ser abyecto,
sufrir violencia, ser asesinada” (Porchat, 2020, p. 14, traducción propia).
Se percibe que la atención que el hombre brinda a la mujer sirve a una
estrategia imperceptible según la cual él evita pensar en sí mismo: “los
hombres utilizarían toda la elaboración sobre la sexualidad femenina
como un recurso para no tener que enfrentar la construcción de su pro-
pia sexualidad e incluso para mantener el discurso androcéntrico do-
minante” (Ceccarelli, 2013, p. 83, traducción propia). Nos muestra Por-
chat (2020, p. 16) que el intento de mantener el estándar como ideal
ha resultado en la intensicación de otras formas de opresión de hom-
bres negros, hombres gays y hombres considerados en sus interseccio-
nalidades. Sin embargo, es importante notar que esa es una cuestión
abierta, relacionada con una crítica sobre la gura del hombre (individuo
cis-blanco-heteronormativo). Se empieza a interrogar lo universal.
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REVISANDO LA NORMA Y SU IDEAL
En su libro Tornar-se Negro (“Volverse Negro” en traducción libre), Neusa
Santos Souza (2021) nos invita a reexionar sobre un lugar que no es el
del patriarcado del hombre cis-blanco-heteronormativo-colonizador. La
psicoanalista emplea una clave de análisis que se puede utilizar para los
grupos mencionados —el hombre negro, el hombre blanco, la mujer, las
personas queer (LGBTQIA+)—, ya que se trata de una doble imposición:
la de encarnar el cuerpo y los ideales del ego del sujeto hombre blan-
co-cis-heteronormativo-colonizador (del modelo patriarcal) a la vez que
se abdica, niega y extingue la presencia del cuerpo negro, los deseos de
la mujer y las aspiraciones de la comunidad LGBTQIA+ a favor de una
“normalidad”.
El patriarcado cis, heteronormativo, blanco y colonizador se destaca
en la tendencia a aniquilar la identidad de los negros, de la comunidad
LGBTQIA+ y de las mujeres que no siguen las normas responsables de
sostener la dominación masculina y la idealización del hombre blanco
como “común”.
Así, el individuo que todavía no atravesó el proceso de deconstrucción
se mantiene en la internalización forzada y violenta de un ideal de ego
blanco, cis, patriarcal y heteronormativo, obligándose a establecer para
sí una concepción inconciliable con las propiedades biológicas de su
cuerpo, sus ideas y sus deseos. Para Jurandir Freire Costa (2021, p. 25,
traducción propia), que escribe el prefacio de la obra de Neusa Santos
Souza, “entre el ego y su ideal se crea, entonces, un foso que el sujeto
negro intenta transponer a costa de su posibilidad de felicidad y a veces
de su equilibrio psíquico”.
Utilizando tal clave de análisis, sería posible incluir aquí el hombre ne-
gro, la mujer y la persona LGBTQIA+. Aunque no se trata de un intento
de universalizar a los tres grupos en una misma categoría de sufrimien-
to, intentamos resaltar los hechos de que hay sufrimiento y cada uno
sufre a su manera.
Aprovechando ese mismo raciocinio, sugerimos aquí que el sujeto blan-
co-cis-heteronormativo reforzará los mitos manteniéndose “enjaulado”,
en una negación de su subjetividad, ya que “hombres blancos, machos”
no pueden llorar, sufrir, entristecerse o dejar de utilizarse de la violen-
cia para armar lo que supuestamente son. Aunque eso no pone a los
hombres con identidad, deseo sexual y genitales tradicionales en un lu-
gar de mayor sufrimiento que el de los hombres negros, las mujeres y
la comunidad LGBTQIA+, ellos sufrirán por tener obligatoriamente que
ocupar un lugar exclusivo. Más allá de eso, tal lugar los llamará a produ-
cir normas, sufrimientos y borramiento de subjetividades para el otro
(uno que no se parezca a ellos). Al n y al cabo, todos sufren. Tener eso
en mente es un trabajo para los psicoanalistas.
El movimiento propuesto aquí es reexionar sobre cómo el ideal de
hombre blanco-cis-heteronormativo-colonizador-patriarcal se ajusta a
los códigos especícos de las identicaciones normativas o estructuran-
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tes. Ellas, entonces, admitirían que el sujeto superara la fase inicial del
desarrollo psíquico, en el que “el perl de su identidad se diseña a partir
de una doble perspectiva: 1) la perspectiva de la mirada y del deseo del
agente que ocupa la función materna, y 2) la perspectiva de la imagen
corporal que se produce en el inmaduro sistema perceptivo del niño”
(Santos, 2021, p. 26, traducción propia).
En la fase narcisista de la constitución del sujeto, hay un tipo de dinámi-
ca mental que integra, preside y establece. De esa manera, se presentan
al individuo lo permitido, lo prohibido y lo prescrito, con el objetivo de
garantizarle el derecho a la vivencia como un ser psíquico autónomo y el
derecho a la experiencia grupal en una comunidad histórico-social. Cos-
ta (2021) sigue armando que las asimilaciones de la norma estructural
(propuesta por padres e hijos) consisten en la interposición indispensa-
ble entre el sujeto y la cultura. Tales mediaciones se realizan a través de
las anidades físico-emocionales creadas en la familia y a través de los
signicados lingüísticos que ofrece la cultura a los sujetos.
Presentando la tesis de Neusa Santos Souza, Jurandir Freire Costa (2021,
p. 47, traducción propia) arma:
El ideal del ego es un producto de la decantación de esas experiencias.
Un producto que se forma a partir de imágenes y palabras, representa-
ciones y afectos que circulan incesantemente entre el niño y el adulto,
entre el sujeto y la cultura. Su función, en el caso ideal, es favorecer
el surgimiento de una identidad del sujeto, compatible con la inversión
erótica de su cuerpo y de su pensamiento, camino indispensable para su
relación armoniosa con los demás y con el mundo.
Al sujeto negro (al cual nos arriesgamos a sumar a la mujer y a la per-
sona LGBTQIA+) le niegan la posibilidad de armonía entre cuerpo, pen-
samiento y mundo. La Modernidad y el individuo no han dispuesto de
otro modelo al rearmar la domesticación patriarcal de la idea del hom-
bre por el camino de una masculinidad tóxica, atando la blanquitud, al
cisgénero, la heteronormatividad y el colonialismo al modelo de ideal
del ego ofrecido (y absorbido de formas distintas por cada individuo del
grupo). Ese modelo no se rompe en las revoluciones de los siglos XIX y
XX, y la antigua ambición narcisista-imaginaria sigue distinguiéndose de
un modelo humano de experiencia psíquica concreta, histórica y, conse-
cuentemente, realizable o alcanzable. “En la mesa” siempre está “pues-
to” el modelo de “identicación normativo-estructurante” con el que el
individuo se encuentra. Tal modelo es un fetiche del hombre blanco, de
la heteronormatividad, del patriarcado: el pacto de la blanquitud (Bento,
2022, p. 27, traducción propia). Aún es posible incluir aquí el pacto de la
blanquitud cis-heteronormativa-patriarcal.
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¿Y EL PSICOANÁLISIS?
¿Mirarse al espejo está más allá de las posibilidades del hombre?
Profundizando aún más la reflexión: ¿Estaría él mirándose al espejo
sin darse cuenta de que se trata de una fina capa de agua, como en la
leyenda de Narciso? Si Freud respondió a las demandas de su tiempo
con el opuesto a la civilización (el Psicoanálisis), ¿no será relevante
que el Psicoanálisis se mantenga freudiano y, por lo tanto, atento a las
cuestiones de nuestro tiempo?
Este ensayo busca una abertura a nuevas posibilidades discursivas y a
la vez consiste en un intercambio sobre los orígenes del patriarcado y
sobre su colapso frente a las nuevas maneras de percibirse que ha en-
contrado el sujeto. Sin embargo, no nos olvidemos de que nosotros los
psicoanalistas podemos, independientemente de nuestro género, ac-
tuar según la cultura patriarcal (que resiste en cada uno de nosotros).
Rafael Cossi menciona la convocación que hizo Paul Preciado en la 49ª
Jornada de la Escuela de la Causa Freudiana, bajo el título de “Mujeres
en el Psicoanálisis”:
Ustedes organizan un evento para hablar de las mujeres en el
Psicoanálisis en 2019 como si aún estuviéramos en 1917 —o sea,
mujer-problema… Sería, sí, necesario organizar un evento sobre
hombres blancos, heterosexuales y burgueses en el Psicoanálisis.
La mayoría de los discursos políticos trata del poder discursivo y
político de ese animal necropolítico que ustedes tienden a confun-
dir con el humano universal (Preciado, 20192, apud Cossi, 2020, tra-
ducción propia).
Tal provocación demuestra que a veces no miramos hacia aquel que
dicta, conduce, persigue, encarcela, nombra, mata: nadie nunca proble-
matiza a ese sujeto; todo lo contrario: su ideal se preserva. Así que una
lectura sobre esos cambios puede producir nuevos modos de cómo el
psicoanalista dirige los análisis de sus pacientes, independientemente
de sus orientaciones sexuales, sus elecciones o de la estructura clínica.
Si “el prejuicio es el morticador del Sujeto” (Jorge; Quinet, 2020, p. 14,
traducción propia), reducir al sujeto a una característica especíca, sea
su sexualidad, su anatomía o su color de piel, sirve solamente al patriar-
2 Preciado, P. apud Cossi, R. Masculinidade
e parentalidade. In: Teperman, D.;
Garrafa, T.; Iaconelli, V. (org.). Gênero. Belo
Horizonte: Autêntica, 2020. p. 33–48.
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cado, que consecuentemente promueve la exclusión.
Por último, se hace necesario considerar lo que Neusa Santos Souza
(2021) delimita como las funciones de los aparatos ideológicos, los cua-
les (además de otros factores) determinan un mundo de signicados
que impactan la estructura psíquica, lo que resulta en una ideología in-
ternalizada. La ideología aquí se entiende como un sistema de represen-
taciones muy cargado de afectos, que se maniestan en la subjetividad
consciente en la forma de vivencias, ideales o imágenes, y en el com-
portamiento objetivo en la forma de actitudes, conductas y discursos”
(Souza, 2021, p. 113, traducción propia).
Aunque la autora se ocupa del deseo de aquel que proyecta un futuro
“identicatorio” antagónico a la realidad del cuerpo y a su historia étnica,
se puede pensar aquí en qué medida el paradigma patriarcal no genera
la misma desvalorización sistemática de los atributos de los demás su-
jetos y de sus cuerpos, y en qué medida eso forma a los psicoanalistas,
pues ellos están insertos en la cultura y en la civilización. Reexionar
acerca de las condiciones que aprisionan al sujeto en una determinación
ideal también es crear la posibilidad de deshacerlas. A esto se propone
el Psicoanálisis: deshacer los nudos y los nosotros3 que componen el pa-
triarcado.
3 N.t.: En portugués, la palabra nudo se
traduce como nó y su plural es nós, que
también signica nosotros, así que, en el
idioma original del ensayo, se hizo un juego
de palabras con la palabra nós.
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