
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (1), 2024, pp 64 - 71
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.5
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Queremos mencionar en un breve párrafo la potencia del trabajo del
duelo. Hilvanando a lo ya expuesto, las ideas de Castoriadis de la imagi-
nación radical, como el esfuerzo de la psique por darle gura/envoltu-
ra/modelado/forma pensable a ciertos elementos; y tomando de Yago
Franco: “transguraciones: creación y cambios de guras psíquicas y so-
ciales”. (Yago 2022. Pág. 77).
¿Cuánto del trabajo del duelo, de este desanudar punto a punto cada
recuerdo unido al objeto perdido, hacer un trabajo sobre cada enlace
libidinal, para luego, investir otros objetos, e investir también el obje-
to perdido en la fantasía, es transformador de los conglomerados re-
presentacionales? ¿Cuánto del trabajo del duelo, consiste en encontrar
nuevas guras/formas/envolturas a aquel objeto perdido? ¿Cuánto del
trabajo del duelo, consistiría en transgurar ciertas imágenes, que en el
trabajo de des anudamiento/re-investimento, se da por una ampliación
del tejido representacional? ¿Cuánto del trabajo del duelo, pensándolo
desde la potencia de la imaginación radical, un ujo de representaciones
afectos y deseos, tiene la potencia y la autonomía para seguir envolvien-
do, relacionando, simbolizando, ligando, invistiendo, transformando la
materialidad del aparato?
Queremos ilustrar brevemente con dos renglones clínicos algunos ele-
mentos arriba desarrollados: un adolescente que durante la pandemia
perdió a su abuela, vínculo de sostén amoroso, y vinculo que regulaba el
funcionamiento familiar, cuestión que se vio descompensada; se encon-
tró conviviendo con todo el grupo familiar junto, de repente, cuando por
el ritmo de vida que llevaban, era realmente difícil encontrarse todos en
un mismo espacio. Esta convivencia, representaba una amenaza para
su aparato en cuanto a la magnitud de energía en circulación y sin liga-
dura que generaban cotidianamente. La defensa que encontró fue un
repliegue que imposibilito tanto la expresión de cuestiones dolorosas,
un posible pedido de ayuda, pero tampoco recibir pequeñas y perdidas
expresiones amorosas envolventes de sus familiares o amigos.
El primer tiempo de trabajo consistió en procesar juntos el periodo de
aislamiento obligatorio, hasta que la envoltura de las palabras, los jue-
gos, construyeron un espacio donde el dolor era posible de ser sentido
sin ser amenazante, ya que podía ser contenido y trabajado en conjunto.
Fueron apareciendo de a poco, elementos sobre el duelo que había sido
puesto entre paréntesis.
Otro ejemplo que nos pareció interesante, es el de un joven que luego
de mucho trabajo por la pérdida de su madre, y en la medida que la vida
volvía a tomar color y consistencia, apareció el temor al olvido. Pensa-
mos que siendo el dolor la marca de que el otro aún está presente en
mí, ya que el dolor ocupa el lugar en la membrana efraccionada por la
ausencia real del objeto, el alivio paulatino que trae el trabajo de des
anudamiento, ligazón e investimento de nuevos objetos y actividades,
trae aparejado este temor al olvido. Temor a olvidar para siempre, y que
aparezca un agujero.