INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (1), 2024, pp 94 - 109
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.8
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SOBRE LA INTERRELACIÓN
ENTRE DESBORDE SOCIAL
Y ESPACIO TERAPÉUTICO
SOBRE A INTER-RELAÇÃO
ENTRE AGITAÇÃO SOCIAL
E ESPAÇO TERAPÊUTICO
ON THE INTERRELATION BETWEEN SOCIAL
OVERFLOW AND THERAPEUTIC SPACE
Miembros del Taller de Investigación Psicoanalítica del CPPL
Laura Soria Torres - ORCID: 0000-0001-6055-9074
laura.soria@pucp.edu.pe
Adela Armas Pardavé - ORCID: 0009-0003-6505-3015
aarmaspardave@gmail.com
Ana Cecilia Carrillo - ORCID: 0000-0001-9982-7101
acarrillosaravia@icloud.com
Flavia Pareja Monteagudo - ORCID: 0009-0006-8463-6680
avia.pareja@gmail.com
Jorge Gorriti Gutiérrez - ORCID: 0000-0002-8467-2861
jgorriti@yahoo.com
Pilar Ramírez Maizondo - ORCID: 0009-0005-3962-4974
camypili@gmail.com
José Carlos Rivadeneira Cockburn - ORCID: 009-0005-6999-8424
jocari2005@yahoo.es
Lucero Velarde Russo - ORCID: 0000-0002-3310-5955
lucerovelarder@gmail.com
Fecha de recepción: 07-06-2024
Fecha de aceptación: 18-06-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Soria Torres L. - Armas Pardavé A. - Cecilia Carrillo A. - Pareja Monteagudo F. - Gorriti Gutiérrez J. -
Ramírez Maizondo P. - Rivadeneira Cockburn J.C. - Velarde Russo L. (2024)
SOBRE LA INTERRELACIÓN ENTRE DESBORDE SOCIAL Y ESPACIO TERAPÉUTICO
Intercambio Psicoanalítico 15 (1), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.8/
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen: Una armación de Nemirovsky adquiere para nosotros, miem-
bros del Taller de Investigación Psicoanalítica del CPPL, mucho sentido: “no
hay psicoanálisis sin contexto; si alguien habla del psicoanálisis sin contex-
to, está hablando de una burbuja” (Área D. W. Winnicott, 2023). Y es preci-
samente en esta investigación colectiva que nos preguntamos por cómo
afecta al proceso terapéutico el actual contexto de desborde social por el
que atraviesa el país, donde priman los discursos de odio que apelan al
miedo, al clasismo y al racismo profundizando aún más nuestra fragmen-
tación social. Nuestra pregunta central de investigación fue formulada del
siguiente modo: en un contexto de desborde social, ¿cómo se vivencia el
amor y el odio entre el otro y el nosotros en la experiencia terapéutica psi-
coanalítica? Y es en este artículo que presentamos los resultados de esta
investigación colectiva.
Palabras clave: Psicoanálisis / investigación / amor y odio / desborde social
/ desmentida / narcisismo terciario
Resumo: Uma armação de Nemirovsky faz muito sentido para nós, mem-
bros da Ocina de Pesquisa Psicanalítica do CPPL: “não psicanálise sem
contexto; Se alguém fala de psicanálise sem contexto, está falando de uma
bolha” (Area D. W. Winnicott, 2023). E é justamente nesta investigação co-
letiva que nos perguntamos como o atual contexto de transbordamento
social que o país atravessa afeta o processo terapêutico, onde prevalecem
os discursos de ódio que apelam ao medo, ao classismo e ao racismo, apro-
fundando ainda mais a nossa fragmentação social. Nossa questão central
de pesquisa foi formulada da seguinte forma: em um contexto de agitação
social, como o amor e o ódio são vivenciados entre o outro e o nós na expe-
riência terapêutica psicanalítica? E neste artigo apresentamos os resulta-
dos desta pesquisa coletiva.
Palavras chave: Psicanálise / pesquisa / amor e ódio /agitaçãosocial / ne-
gação / narcisismo terciário
Summary: A statement by Nemirovsky makes a lot of sense for us, mem-
bers of the CPPL Psychoanalytic Research Workshop: “there is no psychoa-
nalysis without context; If someone talks about psychoanalysis without
context, they are talking about a bubble” (Area D. W. Winnicott, 2023). And
it is precisely in this collective investigation that we ask ourselves how the
current context of social overow that the country is going through aects
the therapeutic process, where hate speeches that appeal to fear, clas-
sism and racism prevail, further deepening our social fragmentation.. Our
central research question wasformulated as follows: in a context of social
overow, how is love and hate experienced between the other and we in
the psychoanalytic therapeutic experience? In addition, in this article, we
present the results of this collective research.
Keywords: Psychoanalysis / research / love and hate / social overow / de-
nial / tertiary narcissism
SOBRE LA INTERRELACIÓN
ENTRE DESBORDE SOCIAL Y ESPACIO
TERAPÉUTICO
Miembros del Taller
de Investigación
Psicoanalítica del CPPL 1:
Laura Soria Torres2
Adela Armas Pardavé3
Ana Cecilia Carrillo4
Flavia Pareja Monteagudo5
Jorge Gorriti Gutiérrez6
Pilar Ramírez Maizondo7
J. C. Rivadeneira Cockburn8
Lucero Velarde Russo9
1 Queremos reconocer los
valiosos aportes de Ernesto Yáñez
Castillo en la primera etapa de
esta investigación. Asimismo,
queremos agradecer a las personas
entrevistadas por haber compartido
generosamente con nosotros sus
inestimables impresiones.
2 Antropóloga, psicoterapeuta
psicoanalítica y coordinadora del
Departamento de Investigación y
Publicaciones del CPPL.
3 Psicóloga clínica y psicoterapeuta
psicoanalítica en formación.
4 Antropóloga y psicoterapeuta
psicoanalítica egresada, Centro de
Atención Psicosocial – CAPS
5 Economista y psicoterapeuta
psicoanalítica egresada, LIBRA,
Asociación de Lucha contra los
Trastornos de Conducta Alimentaria.
6 Economista y psicoterapeuta
psicoanalítico egresado del CPPL.
7 Médica y psicoterapeuta
psicoanalítica egresada, DIRESA,
Callao.
8 Psicoterapeuta psicoanalítico
egresado.
9 Psicóloga clínica y psicoterapeuta
psicoanalítica en formación.
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Introducción
América Latina vive una fuerte crisis de su institucionalidad y represen-
tatividad democrática que cede ante la arremetida de intereses parti-
culares, la corrupción estatal, la convulsión social, la politización de la
justicia, entre otros. Este escenario habilita el viraje peligroso hacia el
autoritarismo en los gobiernos, a la primacía del pensamiento conserva-
dor, al deterioro del medio ambiente y, qué duda cabe, al incremento de
la brecha social. El Perú no escapa de este escenario.
A 200 años de la proclamación de su independencia, el Perú se presenta
como un país social y políticamente desbordado, polarizado, fragmen-
tado (Bruce, 2024). El enfrentamiento, desde el 2016, entre la mayoría
congresal y el Ejecutivo ha devenido en el control del primero de las ins-
tancias institucionales desde donde se articula el poder en un escenario
de “vaciamiento democrático” (Vergara & Quiñón, 2023), lo cual habilita
el ataque regulatorio del aparato estatal por diferentes grupos de inte-
rés y agendas particulares. Todo esto se ha construido sobre la base del
uso de la violencia indiscriminada y argumentos racistas que niegan la
carta de ciudadanía a poblaciones históricamente discriminadas (Amnis-
tía Internacional, 2023). La actual presidenta Dina Boluarte tiene en su
haber decenas de muertos que aún claman por justicia.
Desde una mirada psicoanalítica, este desborde social y político viene
cargado de emociones, de pulsiones tanto destructivas (Tánatos) como
de búsqueda de vínculo y cambio (Eros). Dicho desborde podría ser
entendido como descarga pulsional colectiva sobre el cuerpo de la so-
ciedad, que busca una salida a las emociones (odio, rabia, frustración,
miedo, indignación) contenidas en la frontera entre el individuo y la so-
ciedad.
Este contexto social desbordado, convulso y polarizado es, también, una
realidad compartida entre terapeuta y paciente, a modo de los “mundos
superpuestos” de Puget & Wender (1982). Los autores consideran que
toda vez que la realidad externa común aparece en el campo analítico
pueden producir “transformaciones y distorsión en la escucha del ana-
lista en cualquier tratamiento. Esta problemática lo coloca diariamente
en dicultades técnicas especícas” (Puget & Wender, 1982, pág. 505).
A efectos de la presente investigación extrapolamos el acotado ámbito
institucional que motivó la reexión de Puget y Wender, con el contex-
to nacional de desborde social que aqueja al país en los últimos años,
trayendo consigo protestas ciudadanas, represión gubernamental, ex-
clusión, violencia, discursos polarizantes y de odio, entre otros. Una rea-
lidad compartida que las diferentes escuelas y autores han ido incor-
porando, cada vez más, en la escucha psicoanalítica (Puget & Wender,
1982) (López Musa, 2018) (Coderch & Plaza Espinosa, 2016).
El eje central de nuestra investigación pone en relieve el vínculo entre
realidad compartida y espacio terapéutico: cómo este contexto social
desbordado ─realidad compartida entre terapeuta y paciente─ resue-
na en la relación analítica impactando en la subjetividad del terapeuta,
demandando un mayor trabajo psíquico en éste(a) para hacer pensable
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y analizable el conicto. Y, además, tiene repercusiones en los compo-
nentes del proceso terapéutico: escucha del contenido maniesto, el
encuadre, el encuadre interno, la transferencia y la contratransferencia.
De ahí que nuestra pregunta fuera formulada del siguiente modo: en un
contexto de desborde social, ¿cómo se vivencia el amor y el odio entre el
otro y el nosotros en la experiencia terapéutica psicoanalítica?
Metodología
Teniendo como el eje de nuestra investigación a la intersección entre el
contexto social y lo que sucede en el encuentro analítico como parte del
mundo compartido de la pareja terapéutica, es que diseñamos la ruta
metodológica de ésta.
Consideramos que la investigación en psicoanálisis se encuentra más
cerca del modelo de investigación comprensiva o hermenéutica que al
de las ciencias positivas o explicativas (Castillo Vergara & Gómez Castro,
2004). Por ello, este estudio se sigue un enfoque cualitativo, el cual nos
permitiría profundizar en las percepciones de los propios actores.
El primer punto de partida de nuestra ruta metodológica fue la com-
prensión de la relación que existe entre el contexto social y los conteni-
dos de amor y odio que provienen de la realidad que es compartida por
el par terapéutico, para ello abordamos el análisis del material clínico1
de dos casos. Este material fue leído en grupo ─a modo de supervisión
de pares─, formulando reexiones que fueron luego sistematizadas.
Cada miembro elaboró una lectura individual de este material conec-
tando este contenido con los elementos que surgen de la interrelación
entre contexto social y encuentro terapéutico, considerando la realidad
compartida. Finalmente, el/la terapeuta a cargo del caso y dos miem-
bros del taller desarrollaron la construcción psicoanalítica del caso en
base a las reexiones colectivas sobre el mismo en los que se destacan
elementos pertinentes con el proceso terapéutico en diálogo con los
ejes de la investigación.
En los casos trabajados la realidad compartida entre terapeuta y pacien-
te no sólo inundaba el espacio terapéutico –muchas de las veces arra-
sando lo que encontraba a su paso– sino, que, además, tenía particular
impacto en la subjetividad del terapeuta. Este movimiento le deman-
daba activar su capacidad de digerir el contenido separando lo que le
pertenece de lo que no y desde ahí buscaba construir y sostener lazos
de amor en el vínculo terapéutico manteniendo viva su función inter-
pretativa. Así redactado parece sencillo, pero es sumamente complejo y
para nosotros era necesario una mayor profundización en la descripción
1 Este material comprendía la historia del
paciente, una o dos sesiones del proceso
terapéutico seleccionada por el terapeuta, la
descripción del despliegue de transferencia-
contratransferencia en el proceso y,
nalmente, una autodescripción libre del
terapeuta.
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de esta dinámica que se genera en el diálogo de ambas subjetividades.
Buscábamos describir la dinámica en cámara lenta, escena por escena.
Es así como, a partir de la comprensión de estos dos casos clínicos pudi-
mos delimitar los objetivos y anar las preguntas de la investigación, el
tipo de muestreo y la técnica de recojo de información. Elegimos selec-
cionar una muestra de expertos(as) en tanto nos interesaba recoger la
opinión de personas que conozcan profundamente del proceso psicoa-
nalítico. El tipo de muestreo fue no probabilístico y usamos la técnica de
la bola de nieve por medio de la cual reclutamos a las y los entrevistados
entre los conocidos. Y, como técnica de recojo de información, seleccio-
namos las entrevistas semi estructuradas2, que nos permitieran recoger
la narrativa de las(os) terapeutas seleccionados. El equipo del Taller de
investigación psicoanalítica estuvo a cargo de la aplicación, sistematiza-
ción y análisis de las entrevistas.
En total entrevistamos a dieciséis terapeutas, entre hombres y mujeres,
egresados del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima (CPPL) y/o
de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis -SPP, cuya edad promedio fue
de 53 años y dos de tres fueron mujeres. Ellos(as) cuentan con una tra-
yectoria de atención clínica, promedio, entre ocho a quince años; dos de
tres se ubican más cercanos a una corriente psicoanalítica winnicottia-
na, relacional y vincular.
El lugar de residencia y la ubicación del consultorio suele coincidir y se
encuentran, predominantemente, en cinco distritos de Lima: Miraores,
Surco, San Isidro, San Borja y Barranco, habitados por familias de sec-
tores socioeconómicos A y B3. Sus estudios escolares los han realizado
en colegios particulares del sector socioeconómico A y B4; de los cuales,
dos de tres, fueron colegios religiosos. Asimismo, los estudios universi-
tarios, mayoritariamente, los han llevado en universidades particulares
en Lima5. El pregrado lo han llevado en psicología, economía, adminis-
tración, educación, losofía, música y ciencias de la comunicación.
Respecto a su adscripción étnica registrada en el último censo nacional
(2017), el 70% de los entrevistados indicaron haber marcado la opción
de “mestizo”; mientras que, el 14% se considera “blanco”. Además, por
lo general indican provenir de ambientes tradicionales y conservadores,
maniestan arraigo por el país y hay quien manifestó que posee raíces
andinas, negras y coloniales.
También les preguntamos por cómo se ubican en el reciente momento
histórico y qué consideran que les impactó personalmente. La mayoría,
lo cual coincide con la edad promedio, hace referencia a la época del
terrorismo que azotó al país en la década de los 80s e inicios de los 90s.
También se mencionó la pandemia por el COVID19 y, más recientemen-
te, la presidencia de Pedro Castillo.
2 Elegimos la entrevista semi estructurada
porque, a partir de una guía sugerida
de preguntas, nos facilitaba recoger
percepciones de manera libre y desde
su propia experiencia, al mismo tiempo,
este método que guarda cierta semejanza
con la práctica psicoanalítica donde el
entrevistado puede “asociar libremente” y
el entrevistador puede ahondar en ciertos
puntos especícos.
3 “Lima moderna” (Infobae, 2022) reúne un
total 12 distritos que están conformadas
por familias del sector socioeconómico
B; B+, B- e inclusive A-, que pertenecen a
la clase media emergente, cuyo ingreso
promedio mensual del hogar es de S/ 8,816
(Ipsos, 2018). Según la encuestadora Ipsos,
abarca el 12.7% del total de la población
limeña.
4 La procedencia educativa nos interesa
dado que la educación es una instancia
fundamental de reproducción social que
interviene en la distribución desigual de los
recursos materiales, o simbólicos, debido
a que permiten mantener, o aumentar, la
posición de privilegio (Reátegui, Grompone
Velásquez, & Rentería, 2022).
5 Universidades como: Universidad del
Pacíco, Universidad de Lima, PUCP, UNIFË,
ESAN, Santa María de Arequipa. En un solo
caso se estudió en universidad Nacional
Federico Villareal.
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El contexto social desde la mirada de las y los terapeutas
Desde una perspectiva, que tiene baja recurrencia, el contexto es descri-
to por algunos(as) terapeutas como uno donde el encuentro con el otro
es posible, siendo nuestra diversidad cultural y social la que facilitaría la
ligazón.
Una mayor coincidencia en las respuestas resalta del actual contexto
social el desencuentro, el conicto, la profundización de las fracturas
sociales y la desigualdad. En este escenario señalan que priman los pri-
vilegios y donde lo que se obtiene, poco o mucho, debe ser protegido
porque puede ser arrebatado. Aquí las personas “se juntan, pero no se
mezclan”, como lo señala una entrevistada6. El desencuentro provoca el
caos, las certezas se difuminan y en su lugar el miedo se apodera de la
escena y se abre la posibilidad de eliminar al otro amenazante.
No resultó sencillo a las(os) entrevistados dar cuenta de los elementos
de amor de este contexto que son traídos a la sesión. Así, mencionaron
actos de solidaridad, participación en redes sociales diversas, la repro-
ducción de pautas comunitarias7, como una forma de “buscar lazos y
apoyarse, aunque al ser un país no integrado, eso permite unirse entre
sus pares”, indicó una entrevistada.
Como bien se apuntaló en una de las entrevistas, no se trata de que
estos componentes amorosos hayan desaparecido, sino, que, al encon-
trarnos socialmente desintegrados, estos componentes no llegan a cir-
cular más allá de grupos pequeños, más allá de las burbujas: “es mucho
más fácil empatizar con aquel al que se siente semejante”.
Por el contrario, a las personas entrevistadas les resulto más sencillo
dar cuenta de elementos de odio del contexto que son traídos al espacio
terapéutico. El contexto polarizado de las últimas elecciones nacionales
ha sido mencionado en las sesiones. A ello se suman los rezagos de la
pandemia que generalizó la percepción de que cada uno(a) debe resol-
ver las cosas solo para sobrevivir y donde lo colectivo pierde fuerza. La
impunidad, la injusticia, las brechas sociales y económicas son traídas
como elementos que generan molestia, rabia que habilita el odio entre
las personas.
La otredad asusta. Los muros son levantados y sólo se permite el en-
cuentro entre “iguales”, desde ahí es “difícil escuchar, discutir, llegar a
acuerdos, puntos en común, en pro de algo más” (T2F_10). A ello se suma
el desgobierno, la deshonestidad, la corrupción, la pérdida de valor de la
palabra que repercute en las relaciones interpersonales y erosionan las
posibilidades de encuentro colapsando los lazos sociales. Como seña-
la una entrevistada, “no puede haber creatividad, ternura o solidaridad
porque la destrucción se ha apoderado de todo, es una sociedad enfer-
ma (…) curarla va a tomar años”.
6 “Yo he dictado en diferentes universidades
y ahí se juntan, pero no se mezclan (…) son
pocas las universidades donde se mezclan;
si no se encuentran ahí, entonces, se siguen
los mundos paralelos” (T2F_17).
7 Por ejemplo, los colectivos religiosos, las
ollas comunes, la Casa Trans, los brigadistas
que apoyaron a los(as) heridos(as) en las
movilizaciones ciudadanas.
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Este contexto desbordado también impacta en las y los terapeutas, “de
todas maneras nos tocan las balas”, como señala uno. La exigencia es
mayor porque es precisamente en estos momentos que se les deman-
da mayor capacidad de contención para con sus pacientes; seguir “ca-
minando y procesando las cosas que pueden afectarme de alguna ma-
nera”, como lo describe una terapeuta. Las(os) terapeutas también se
sienten movilizados ante la corrupción política, la discriminación como
elemento crucial de nuestra sociedad; “es un país profundamente discri-
minador; muy racista, clasista, homofóbico. El diferente, tiene el pelo así,
el color así termina siendo bulleado, eso moviliza” (T2F_17).
Es en este contexto en el que las(os) terapeutas siguen trabajando, brin-
dando soporte terapéutico, sostén y contención, y es éste el que también
les genera desesperanza, impotencia y, en algunos casos, paralización.
Me siento un poco desesperanzada y me da mucha pena que sea nues-
tra realidad y que de alguna manera sea la realidad de mis hijos tam-
bién. Sufro mucho cuando escucho que la gente joven se quiere ir y abrir
paso en otras partes. Me enfoco mucho en que mis hijos puedan hacer
algo por el país, que se involucren, los llevo al teatro, a ver arte… que se
puedan involucrar (T2F_02).
Es bien desesperanzador, es triste; lo estamos viendo en micro, por el
país, pero si lo vemos a nivel mundial creo que no hay por donde mirar,
por dónde rescatar, puede ser muy abrumador. Yo lo voy a llevar a mi
práctica clínica, voy a tomar de ejemplo lo que está pasando afuera por-
que lo podemos pesar también desde acá dentro, porque ha pasado y
tal vez va a seguir pasando, como la guerra entre Israel y Palestina. Yo
tengo muchos pacientes de la comunidad judía, me viene resultando
muy difícil sostener una escucha libre, me viene resultando difícil el tra-
bajo. Si lo veo a nivel de sociedad pasa eso, es muy difícil conectarte con
lo que está pasando y no decir no que esto no entre, pero en realidad, la
realidad es tan cruda que tiene que entrar. No podemos cerrar la puerta
del consultorio y hacer como que nada pasara (T2F_03).
Como señala esta terapeuta, a veces, “la realidad es tan cruda que tie-
ne que entrar (…) la puerta no puede ser cerrada y hacer como que
nada pasa”. Entonces, ¿cómo el/la terapeuta comprende esta irrupción?
¿Cómo este ingreso impacta en la escucha psicoanalítica, en el encua-
dre y/o en la transferencia-contratransferencia? ¿en el encuadre y/o
en la transferencia-contratransferencia? ¿qué efectos tiene en el modo
de comprender la neutralidad y la abstinencia por parte del terapeuta?
¿qué tipo de demandas se le presentan en la clínica a un(a) terapeuta
que comparte con sus pacientes un contexto exacerbado?
Sobre la práctica clínica en un contexto de desborde social
En poco más de la mitad de las respuestas, las(os) terapeutas no regis-
tran el ingreso de contenidos del contexto de amor o de odio que in-
gresan a la sesión terapéutica. En el resto sí registran el ingreso de este
tipo de contenidos. Es estos últimos, los contenidos de amor ingresan,
por ejemplo, como posición de defensa de los derechos humanos que
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las(os) llevan a acciones, colectivas y/o individuales, de solidaridad.
Dichas acciones los llevan, en muchos casos, a confrontaciones con
personas de su grupo social o familiar: “sobre todo [ocurre] con pacien-
tes adolescentes, adultos jóvenes que tenían peleas muy fuertes con sus
mamás u otros familiares por diferencias políticas” (T2M_13). En estos
casos, las(os) terapeutas se sienten identicados con estas emociones,
lo cual le producen movimientos internos propios que son luego elabo-
rados fuera de sesión.
En el caso de contenidos de odio del contexto que ingresan a la sesión y
que son registrados por las(os) terapeutas, se indica que dichos conte-
nidos están asociados con situaciones de exclusión, de discriminación,
de violencia, de machismo, entre otros, que producen sentimientos de
injusticia. Asimismo, las acciones de políticos generan sentimientos de
miedo, rabia, impotencia y desesperanza. Cuando estos contenidos in-
gresan suelen hacerlo usando discursos agresivos, de desprecio, de odio
hacia grupos de personas o formas de pensar; esto genera un trastabi-
lleo en el terapeuta, “te descuadrada y hace que sea difícil mantener toda
tu mente puesta en el paciente y la situación de la terapia” (T2M_13).
Del mismo modo que con los contenidos de amor, los terapeutas se
sienten identicados con estos sentimientos y movilizados emocional-
mente. Estos contenidos son tramitados desplegando la escucha analí-
tica e indagando cómo se conectan con los contenidos internos del pa-
ciente, identicándose con su sufrimiento y la necesidad de reparación,
“[hay] ciertos temas que me movilizan más a mí (…) tener en mente qué
puedes hacer con eso que trae el paciente, no te lo quedas tú, sino qué
haces con eso, luego le devuelves algo a él yel resto te lo llevas en tu
propio espacio” (T2F_10).
Las(os) terapeutas nos compartieron algunas imágenes que ilustran lo
movilizador que resultan ser estos contenidos. Una primera imagen es
la del maternaje, el/la terapeuta brindando un espacio de amor, siendo
él o ella “el regazo de una madre” para su paciente. Pero los contenidos
de amor y odio también pueden ser retratados como una situación de
combate y de guerra, donde el ataque es posible de darse, “a veces
queremos pensar que el psicoanálisis es como un oasis donde todo el
mundo va a poder pensar libremente y conversar, donde nadie lo va a
atacar” (T2F_03). La capacidad movilizadora de estos contenidos puede
ser tan abrumadora que puede generar adormecimiento y, en el mejor
de los casos, un largo silencio antes de una intervención, “trato de es-
tar lo más en silencio posible hasta encontrar algo que sirva de ayuda”
(T3F_12). Finalmente, las(os) terapeutas coinciden en señalar que se
trata de sobrevivir ante la arremetida de estos contenidos, sobrevivir
al amor y al odio.
La irrupción de estos contenidos también tiene impacto en los compo-
nentes del proceso, como en el caso del encuadre. Surge una demanda
por una mayor exibilidad en los horarios y en la alternancia entre
8 Algunos pacientes no podían llegar
al consultorio por las movilizaciones
ciudadanas: “con los conictos en el país (…)
se tuvo que agarrar la virtualidad porque
no podían llegar al consultorio debido a las
marchas” (T3F_05).
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sesiones presenciales y virtuales8; es decir, por una madre -ambien-
te (Winnicott D. W., 1956/1999) que se adapta a las necesidades de su
bebé. Las(os) terapeutas consideran que el vínculo terapéutico se con-
solida con la atención de estas demandas. No todo se interpreta como
contenidos resistenciales, reconocen que existen factores del contexto
social que afectan al encuadre y que son atendidos para mantener la
continuidad del proceso. Esto no signica que la demanda atendida no
guarde relación con las particularidades que cada caso presente: “soy
muy exible en hacer cambios si es necesario, pero siempre va a depen-
der del tipo de paciente” (T1F_09).
Las(os) pacientes también pueden demandar mayor cercanía con su te-
rapeuta, lo cual le exige solidez al encuadre interno del terapeuta, “sien-
to que el encuadre interno siempre está en jaque, pero no te puedes
olvidar [de quién eres]” (T2_02). El encuadre interno es entendido como
la brújula que utilizan para mantener una mayor exibilidad sin perder
la función terapéutica, “hay que agarrarse del encuadre interno (...), no
olvidarnos que tenemos una función terapéutica” (T3F_14).
Los movimientos transferenciales y contratransferenciales también pue-
den tornarse intensos. El paciente trae la demanda de ser cuidado, de
volver a ser criado, donde la transferencia está puesta en relación con
la gura materna, “aparecen demandas de sálvame, tengo 3 años, mami
cuídame” (T2F_03) y en otros momentos donde el terapeuta es visto
como peligroso. Ambos casos exigen al terapeuta solidez en sus encua-
dres internos para no perder la capacidad de pensar en sus pacientes
sin perderse en las sensaciones afectivas que ellas(os) les producen.
También se presenta la demanda por el reconocimiento de la propia
identidad, lo cual se presenta tanto en pacientes de la comunidad LGT-
BIQ+ como en pacientes que traen temas políticos, “hay pacientes tratan-
do de ubicar qué posición política tengo y sobre ello ubicarse” (T2F_10),
necesitan saber “de qué lado están ellos para poder conar. Quiere sa-
ber si estoy de su lado o en su contra, si soy conable” (T3F_12).
“Pacientes de población LGTB, están muy atentos si tengo un discurso ar-
mativo o un discurso de conversión; qué estoy tratando de hacer con su ser
trans, no binario, etc. o soy una persona que quiere convertirlos o si soy esa
persona que apoya su proceso” (T2F_17).
Contratransferencialmente esto resulta muy movilizador. Surge una ne-
cesidad en el paciente de conrmar que su terapeuta no es tan diferente
a él/ella, “he sentido que hay una exigencia de que yo tome una postura
o les cuente cual es mi postura en el tema político” (T3M_14) para recién
luego de estas revelaciones personales por parte del/ la terapeuta poder
entregarse al proceso.
Más de la mitad de las respuestas coinciden en identicar exigencias
primarias de cercanía y fusión. La contratransferencia se vuelve inten-
sa por la presencia de demandas “desesperadas, voraces, envidiosas y
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destructoras” (T3F_01), lo cual devela fallas primarias que han tenido a
lo largo de su desarrollo psíquico emocional. Se le asigna la tarea al te-
rapeuta de resarcir, de involucrarse de lleno en la vida de sus pacientes
para generar esos cambios que les permitan vivir tranquilamente. Los
entrevistados/as comentan que hay afectos que se desencadenan luego
de ver a sus pacientes sufrir, como si fuera su tarea reparar o, por el
contrario, afectos nocivos frente a su paciente.
Me imagino la frustración de una paciente y mi sentimiento de querer
protegerla, sostenerla. Hay otros que me generan más bien un deseo de
reparar, me convoca la culpa. Otros que son inquisitivos o persecuto-
rios, me provocan miedo, cólera, impaciencia (T3F_08).
La contratransferencia también puede llevarlos a extender el trabajo
más allá del consultorio, “si es necesario intervenir más allá de la sesión
en estas actitudes de rescate” (T3F_05); al ser demandas tan primarias
el/la terapeuta se ve envuelto en la vida del paciente más allá de la hora
de sesión, es una demanda de cuidado absoluta donde el paciente ter-
mina ocupando un buen trozo dentro de la mente del terapeuta, “creo
que la experiencia es tan crítica y sensible que es como si nos atraviesa
a todos y atraviesa también el espacio en la vida psíquica del terapeuta”
(T2F_10).
La mayoría de las personas entrevistadas coincidieron en sus reacciones
de molestia, rabia, cólera e indignación cuando les presentamos unas
viñetas clínicas que daban cuenta de pacientes que traían a la sesión
situaciones de clasismo, racismo, homofobia, machismo y violencia. In-
dican que similares situaciones han sido traídas también por sus pacien-
tes, “esto lo encuentro en mi experiencia clínica (…) siento cólera, pero
sobre todo impotencia” (T3F-12). Señalan que son escenas que, lamenta-
blemente, se dan en nuestra sociedad y ante lo cual les resulta trabajoso
mantener la neutralidad. Consideran que su trabajo es escuchar, soste-
ner e invitar a pensar.
“Lamentablemente, sigue siendo realidad y aparece mucho en mi clínica.
Padres discriminando a sus propios hijos por su sexo; lo cual es reejo
de un contenido social. Por ahí, formada en esa sociedad discriminadora
y como víctimas que somos de ese discurso, termina moviéndome afec-
tivamente” (T3F-08).
En este panorama, la neutralidad y la abstinencia empiezan a cobrar
otros sentidos. Casi la totalidad de los(as) terapeutas consideran que la
primera es un aspecto de la práctica clínica a la que se debe aspirar, pero
a la que es imposible llegar. Es un elemento plástico que se trabaja, algo
que sirve para pensar y que está en función del paciente. Es entendido
como un esfuerzo para que los elementos propios del terapeuta no ob-
turen o llenen el espacio de reexión o exploración que pueda tener el
paciente, evitando contenidos directivos o de autorrevelación que limite
la posibilidad del paciente de continuar explorando, “yo creo que la neu-
tralidad absoluta es imposible” (T2M_13) y “no podemos decirle al cere-
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bro que esterilice sus emociones y sentimientos cuando escuchamos los
contenidos de nuestros pacientes” (T3F_08).
La neutralidad es vista como un elemento exible. Cuando algún conte-
nido resulta ser movilizador en la dinámica transferencial y contratrans-
ferencial, hay que saber procesarlo para volver a hallarnos en una forma
neutral, saber “dejarse llevar” por el paciente y volver a ubicarse en el
espacio neutro, “dejarnos impregnar por el paciente, y luego ver qué
nos está suscitando” (T3F_14). La neutralidad forma parte del encuadre
interno, donde se tiene incorporado todo el dispositivo psicoanalítico, y
se exibiliza de acuerdo con lo que el paciente necesite, siempre pen-
sando en qué va a ayudar ello en su proceso. La neutralidad no signica
distancia afectiva.
En cuanto a la abstinencia psicoanalítica, casi la totalidad de las(os) en-
trevistadas(os) la entiende como la práctica del terapeuta de restringir
los contenidos propios en el espacio terapéutico (opiniones, emociones,
preocupaciones o intereses personales); sin embargo, también conside-
ran que la abstinencia absoluta no existe y se constituye en una zona en
la que el analista restringe algunos contenidos propios y deja aparecer
otros que se encuentran conectados con los contenidos que el paciente
trae al proceso.
“Cuando me dicen que no pueden ver al hijo y eso es injusto. A veces le
digo ‘lo lamento’, por un criterio de realidad y porque creo que hay una
dimensión humana. ‘Lamento lo que estás viviendo’. ‘Me apena’. ‘Qué ra-
bia esto que está pasando’. Sí compartí mis sentimientos, como cuando
muere un pariente. (T3F_12).
Discusión
Cuando M. Posadas (2021) nos advierte de la necesidad de escuchar el
material clínico, en este caso, conectado al racismo desde un lugar que
permite sostener la escucha psicoanalítica de modo que el paciente con-
tinúe asociando y no se obture y colapse el espacio, nos está revelando
como esa realidad sociocultural compartida por la pareja terapéutica y
vivida por cada miembro desde su propia subjetividad, es un elemento
que debe ser tomado en cuenta en el devenir del proceso terapéutico.
Es decir, podríamos estar operando desde puntos ciegos, que, si no se
los tiene trabajados, pueden movilizar al analista a actuar y a participar
en repeticiones que pueden ser traumáticas para el paciente, a modo de
“microagresiones” (Posadas, 2021).
Ocurre que cuando en el Taller iniciamos esta investigación nos intere-
samos por esta intersección entre la realidad compartida y el encuentro
de la pareja analítica. El análisis grupal de los casos clínicos nos dio luces
sobre ello, donde contenidos traídos por el paciente y vinculados con
el contexto social que hacían alusión al machismo, la exclusión, la dis-
criminación, la injusticia, entre otros, ingresaban al espacio terapéutico
movilizando, también, al terapeuta.
En uno de esos casos, el uso del inglés en el discurso de la paciente se
activa como una manera de excluir a su terapeuta; transferencialmente,
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deposita su rabia, excluye a través del idioma e invita a participar de
mensajes denigratorios como el “chola de mierda”9. Contratransferen-
cialmente, a el/la terapeuta le cuesta acoger la denigración más que la
desigualdad, le pesa más el tono peyorativo en “chola de mierda” que
el “chola” mismo. La desigualdad y el racismo constituyen la realidad
compartida por esta díada terapéutica. Ello adquiere relevancia en un
contexto social donde el racismo niega la carta de ciudadanía a pobla-
ciones históricamente discriminadas (Amnistía Internacional, 2023). El/la
terapeuta puede ser “usado(a)” para ser denigrado o excluido. Para que
la denigración sea acogida, el/la terapeuta pasa por una elaboración que
le lleve a entender que se trata de la proyección del paciente sobre sus
propias sensaciones de haber sido denigrado, de haber sentido que era
una carga para su madre, de sentir que valía menos que los demás.Se
ha sobrevivido al ataque, lo cual no signica que esta acción no alcance
las bras más internas de el/la terapeuta.
En esta misma línea de hallazgos se encuentra lo trabajado en las en-
trevistas realizadas a terapeutas, donde se percibe un contexto social
marcado por la conictividad, la desigualdad, la discriminación y de des-
conanza hacia el otro, advirtiendo situaciones de desencuentro social
que puede llevar, en situaciones extremas, a un estallido social. Aquí la
ligazón se da entre pares, la alteridad es amenazante. Existe amor y so-
lidaridad, pero ésta, no llega a trascender al grupo, no alcanza a los “ob-
jetos lejanos” -como los nombra M. Alizade- (Alizade, 1996). Una frase de
un(a) entrevistado(a) resume bien esta percepción: “nos amamos dentro
de nuestra burbuja y odiamos al otro”. Como sociedad estaríamos te-
niendo un funcionamiento desde una posición esquizoparanoide (Klein,
1946/2004) donde todo es blanco o negro y los grises pierden relevan-
cia. Si bien ello nos permite seguir funcionando como sociedad, no nos
permite “vivir creativamente” como lo plantea Winnicott. La creatividad
se detiene, la ilusión no surge, el juego creativo no prospera y para que
la democracia se fortalezca se necesita de individuos(as) que puedan
vivir de manera creativa (Winnicott D. , 1994).
El contenido maniesto traído a sesión, esa realidad compartida y es-
cuchada por el terapeuta, también impacta en su subjetividad; sin em-
bargo, en muchas de las respuestas a ello, los(as) terapeutas no quitan
peso a esa realidad, hacen uso de sus recursos técnicos sin obturar,
permitiendo que la asociación libre siga desplegándose. La neutralidad,
como es entendida por el grupo de terapeutas entrevistados, consiente
un movimiento psíquico que le permite estar a la misma distancia de
su inconsciente que del inconsciente de su paciente; es una neutralidad
entendida de manera exible y cambia de tonalidad dependiendo del
tipo de relación y de la necesidad del paciente. Una neutralidad más
en la línea denida por Ferenczi, donde el análisis es un trato humano
(Ferenczi, Elasticidad de la técnica psicoanalítica, 1928/2009), donde “sin
simpatía no hay curación”.
9 El/la paciente intenta quedar bien y
adaptarse al entorno; sin embargo, denigra
–“no merecen mi atención, están por debajo
de mi”, “chola de mierda”– y, al mismo
tiempo, es víctima de denigración –“tú,
busca marido”, “eres de Lima y vienes a
estudiar acá [porque] seguro que no tienes
plata”.
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Como señala Nemirovsky, si no se comprende de esta forma el contenido
maniesto, se corre el riesgo de creer que el analista solo es un producto
transferencial del paciente, un producto de su fantasía. Entenderlo de
este modo puede generar una atmósfera de desconanza, dado que el/
la terapeuta tratará de discriminar fantasía de realidad, interpretando.
En palabras de Nemirovsky, ello genera que “el analista se adueña au-
toritariamente de la realidad. Se descalica el contenido maniesto y se
dice esto latente es verdadero, lo demás no importa” (Área D. W. Winni-
cott, 2023). Así, la consigna “todo es para traer al análisis” no se estaría
cumpliendo porque habría una realidad cuyo ingreso no es admitido.
En esta misma línea, López Musa (2018) nos va a invitar a pensar en
los elementos de la materialidad del mundo externo que no es mirada
como una “percepción concreta” y que se interpreta (López Musa, 2018)
y nos advierte que aquello “que debería sonar como bombas, pero no
es escuchado por el analista”, aquello que cae fuera de la transferencia
requiere de una escucha diferente. Según Ferenczi, lo que traumatiza
al niño es la desmentida del adulto ante lo revelado (Ferenczi, 2009). La
desmentida es un mecanismo de lo perverso que destruye la percep-
ción y que derriba la realidad del sujeto. López Musa va a indicar que si
se interpreta sistemáticamente se puede producir un efecto traumáti-
co, una desmentida de la realidad. “Cuando se niega la percepción a un
paciente, lo estamos volviendo loco porque le estamos diciendo que su
percepción no es tal”, (Área D. W. Winnicott, 2023).
Y esta sensibilidad para desplegar una escucha diferente que no cae
dentro de la transferencia ha sido registrada en las percepciones com-
partidas por las personas entrevistadas, por ejemplo:
Cuando escucho esto [viñeta sobre machismo] pienso en lo transgene-
racional. Las mujeres han estado en desventaja estructural y aún lo es-
tán; dentro del consultorio hay resentimiento, imposibilidad de haber
explorado sus propias inquietudes, sus deseos de ser y tener que dar,
sin elegir, debe haber una frustración muy grande” (T2F_17).
En este caso, el/la terapeuta no desconoce una realidad de desigualdad
de género que es estructural en nuestra sociedad y desde ahí también
acoge el contenido maniesto de sus pacientes, lo cual también tiene un
impacto en su subjetividad: “formada en esa sociedad discriminadora y
como víctimas que somos de ese discurso, termina moviéndome afecti-
vamente” (T3F_08).
En nuestra investigación se conrma el ingreso al consultorio de los con-
tenidos de la realidad externa, desbordada y polarizada, y hemos dados
cuenta de cómo viene siendo acogido este material por el/la terapeuta
desde una sensibilidad en la escucha que no lo lleva a la interpretación
sistemática, a modo de desmentida o de “microagresiones”, sino, que
puede conectarse con esa materialidad, “jugar” con ella e incorporarla al
proceso terapéutico. Dicho de otro modo, en la línea de Posadas, pensar
que el racismo (machismo, homofobia, discursos de odio, violencia, etc.)
es algo con lo que tenemos que lidiar en el espacio terapéutico antes
que erradicarlo de éste.
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Sin embargo, nos preguntamos por ¿qué ocurre cuando esa realidad
desbordada no ingresa al consultorio como nos maniestan algunos(as)
de las personas entrevistadas? ¿Cómo así las bombas que caen sobre
la ciudad no preocupan a esa díada terapéutica? ¿Acaso el espacio te-
rapéutico estaría siendo usado como un refugio frente a contenidos ex-
ternos que abruman? ¿Cómo se encuentra el Yo del paciente en relación
con el objeto y con el “objeto lejano”? ¿Cómo se da la relación de la libido
y la sociedad?
Es aquí donde creemos que la noción de “narcisismo terciario” de Ali-
zade (1996) se hace necesaria de ser tomada en cuenta; éste es un mo-
vimiento transformador y estructurante del aparato psíquico, que da
cuenta del control de la destructividad y de la posibilidad del sujeto de
vincularse con los “objetos lejanos” más allá de una percepción inme-
diata (Alizade, 1996). Cuando el narcisismo transciende desde el sujeto
y la agresión se internaliza, es el momento en el que el sujeto ha nacido
para el orden social. El sujeto ha transitado por distintos estadíos en
la relación con los objetos lejanos, que va desde un odio inicial (rela-
ciones interhumanas asesinas, conscientes o inconscientes, actuadas o
fantaseadas) pasando por una relación de indiferencia (donde el seme-
jante es un vacío), y luego hacia el amor o interés por el semejante (un
narcisismo que se entrega sin esperar reciprocidad, uno que supera el
interés personal). Aquí el amor adquiere un sentido amplio, donde im-
porta aquel que no se conocerá jamás, prima la sublimación y la ética,
el respeto por el semejante, la dignidad del vínculo y “el reconocimiento
de los deseos ajenos, aunque contradigan e incluso hieran las conviccio-
nes narcisistas propias” (Alizade, 1996, pág. 105). El amor circula por los
distintos espacios y no se queda en la “burbuja social”, cuya existencia
es reconocida por las(os) terapeutas entrevistadas(os) y que origina la
frase que resumen sus percepciones: “nos amamos dentro de nuestra
burbuja y odiamos al otro”.
En el momento del narcisismo terciario esa frase pierde total sentido,
los objetos trascienden la individualidad, la idealización y grandiosidad
omnipotente decrecen, “las verdades incólumes, las creencias taxativas,
el pensamiento fanático “a ultranza” caen “como los dientes de leche” en
una suerte de acto estructurante” (Alizade, 1996, pág. 107).
Consideramos que es desde esta mirada es que también podemos com-
prender el ingreso de la realidad externa movilizando sentimientos de
amor y odio tanto en las(os) pacientes como en las(os) terapeutas; donde
dichos contenidos que ingresan, o no, al proceso terapéutico y que son
comprendidos sólo desde una realidad interna, no sólo podrían estar
sufriendo una desmentida, sino, que estaría limitando la posibilidad de
transitar por un narcisismo terciario en tanto fenómeno estructurante
de nuestro psiquismo. Un desborde social que deja de ser mencionado
en las sesiones puede estar dándonos cuenta de cómo se encuentra ese
narcisismo terciario en nuestros pacientes.
Un sujeto ya constituido, que haya logrado en su desarrollo diferenciar
sin confusión su yo de los otros, con límites entre su self y el entorno,
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puede recuperar, aunque sea por momentos, la consciencia de aquella
unidad olvidada, de ese aspecto profundo y real de nuestra naturaleza
(Gastelumendi, 2014).
Un signo de mayor equilibrio o salud mental será alcanzar este nivel de
“narcisismo terciario”, la capacidad de vincularse con un medio ambien-
te más abarcador, un colectivo. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿cómo
podemos trabajar ello en la clínica?
A modo de cierre
En un contexto de desborde social las grietas de la fragmentación se
hacen más visibles; éste transita por las hendiduras ya conocidas de
desigualdad, discriminación, racismo, violencia, machismo, entre otros.
En momentos más calmos, estas suras no desaparecen, pero sí ganan
sutileza.
Iniciamos esta investigación teniendo como inquietud central el pensar
la intersección entre el contexto social convulso, realidad compartida
por la pareja terapéutica, y el encuentro psicoanalítico. Nos motivaba
conocer cómo enfrentaban nuestros colegas los contenidos de amor y
odio de la realidad compartida cuando ésta ingresaba a la sesión.
Una realidad social que es descrita en un funcionamiento de grupos ato-
mizados, burbujas sociales, que no permite la circulación de elementos
amorosos más allá de los límites del grupo; donde la solidaridad, la em-
patía hacia el sufrimiento del otro diferente, dejan de circular fuera del
círculo y de funcionar como conectores sociales. “Nos amamos dentro
de nuestra burbuja y odiamos al otro diferente”, sería la frase que resu-
me muy bien esta descripción.
Como hemos visto, la materialidad de la realidad externa no es interpre-
tada sistemáticamente, a modo de desmentida, desde un sujeto que se
mantiene ascético a ella, distante e incólume, sino, más bien como un(a)
terapeuta que se inscribe en esa realidad que acoge esos contenidos, no
para erradicarlos del espacio analítico sino, más bien, para entenderlos
e integrarlos en nuestra humanidad y en la del paciente.
Consideramos que el ingreso, y el no ingreso, de esa realidad externa a
la sesión por parte del paciente nos brinda información valiosa sobre el
modo en que éste se relaciona con los “objetos lejanos”, con un medio
ambiente más abarcador y un colectivo que trascienda la burbuja habi-
tual.
Y ante la pregunta, ¿cómo trabajar ello en la clínica? Creemos que quizá
sea escribiendo con lápiz en el margen de nuestro cuaderno de notas,
cómo él o ella se va vinculando con sus objetos internos, sus objetos ex-
ternos y con los objetos más lejanos, que no por no tenerlos cerca dejan
de tener impacto en sus vidas.
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