
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 14 (2), 2023, pp 129 - 137
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.1.11
133 / FLAPPSIP
la corriente libidinal erótica como ofrenda religiosa para la salvación de
su hijo. Otra situación, la mujer de sobre los 70 años que padece la acti-
tud de un marido que, al jubilarse, cambia drásticamente sus modos de
vivir, y pasan de ¨tener muy buen sexo a tener un sexo mecánico y des-
ganado. Ella responde con enojo, quejas y sermones agresivos hacia su
marido, y atribuye su malestar a la edad: los viejos son todos iguales,
no me gustan nada. Envejecer es una mierda. Piensa que si se hubiera
divorciado antes habría tenido posibilidad de encontrar otra pareja, y
extraña las sensaciones placenteras en su cuerpo. No está claro el co-
mienzo de la terapia a partir de un duelo mal elaborado, pero lo que
sí observamos es que en el contexto de las sesiones se reproduce las
condiciones de duelo por su vínculo conyugal anterior con buen sexo, y
por la observación de sí misma en proceso de pérdida de una condición
juvenil anterior en que tenía ganas de vivir, compartir, hacer cosas, dis-
frutar, o sea, de una disposición erótica que está dejando morir. Este
modo de resolución de su erotismo se complementa con una actitud de
edadismo hostil, o sea, la percepción de sí misma como no digna de vivir
una energía libidinal vitalizante, atribuyendo una vez más su malestar a
la mirada de los otros sobre sí, denegando la mirada desvalorizante de
ella sobre sí misma y sobre la gente de su edad. Reconstruyo también la
vista del caso de la mujer de 50 años donde vuelve a aparecer la gura
de un vínculo mortífero, tanático, en relación con el sexo, debido a su
histerectomía, a la presencia del cáncer en su familia, y a problemas de
erección de su marido, que atribuye a su histerectomía, tomando un
modelo biomédico para el ejercicio de su sexualidad.
MCL: Si mal no recuerdo en aquella instancia tú tomabas preguntas que
realiza Judith Butler en relación a cuales son los cuerpos que importan y
como se pueden articular con estas realidades expuestas.
MB: Si, así es. Podemos preguntarnos junto con Butler ¿cuáles son los
cuerpos que importan? Tendremos que considerar entonces las relacio-
nes de poder subjetivantes en este caso bajo la premisa de la existencia
de cuerpos impensables, abyectos, invisibles, que han de permanecer
invisibilizados y abyectos dentro de un contexto de sexualidades impen-
sables. También en el caso siguiente de la mujer de 55 años, la gura
dominante para la sexualidad es un modelo biomédico asociado a su-
plementos hormonales, que provocaron que al suspenderlo me baja-
ran las ganas un montón. Le alivia que también su marido tenga menos
ganas de sexo porque teme tener problemas de próstata.
MCL: Considero entonces algo que se desprende de tu intervención y lo
retomo en clave de pregunta: ¿qué tienen de común y compartido los
relatos acerca del erotismo y la vida sexual de estas mujeres?
MB: Inicialmente yo te diría que sienten malestar por adherir como si
fueran marcas identitarias- a estereotipos de género rancios, desvalo-
rizantes y rigidicados sobre modalidades sexuales jados a un pasa-
do de sus vidas personales y sociales, con binarismos excluyentes no
solo sexogenéricos sino también respecto de las edades joven/viejo,
con escasa exibilidad para alguna transformación subjetiva que utili-