INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 40 - 48
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.4
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DE BORDES E INFINITOS.
ACERCA DEL FENÓMENO DE
DESPERSONALIZACIÓN.
.
DE LIMITES E INFINITOS.
SOBRE O FENÓMENO
DA DESPERSONALIZAÇÃO
ONEDGESANDINFINITIES:
REGARDINGTHEPHENOMENON
OFDEPERSONALIZATION
María Eugenia Fulvia Farrés
AEAPG
ORCID: 0009-0004-3557-3105
Correo electrónico: mariufarres@gmail.com
Fecha de recepción: 20-10-2024
Fecha de aceptación: 31-10-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Fulvia Farrés M. E. (2024) DE BORDES E INFINITOS.
ACERCA DEL FENÓMENO DE DESPERSONALIZACIÓN.
Intercambio Psicoanalítico 15 (2), DOI:doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.4
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen: El presente artículo se propone dar cuenta desde el marco
teórico psicoanalítico de los fenómenos de despersonalización. A esos
efectos recorre la conceptualización de lo siniestro como variedad de
la angustia y la constitución yoica enlazada al narcisismo y al autoero-
tismo. Plantea asimismo los fenómenos de extrañeza como momentos
de dilución de los límites corporales, correlato de la porosidad de los
límites entre instancias psíquicas. La insistencia de la afectación de la
percepción corporal y la dicultad para la expresión apalabrada llevan
a la pregunta por el estatuto clínico del fenómeno y su capacidad para
hacer síntoma. Para nalizar ilustra con viñetas y un fragmento clínico
de adolescentes que relaciona la fragilidad de esta etapa vital jaquea-
da por el empuje puberal con los fenómenos descriptos y propone ca-
minos terapéuticos posibles.
Palabras claves: Fenómeno de despersonalización. Ominoso. Narcisis-
mo. Yo. Angustia automática. Neurosis actuales. Adolescencia.
Resumo: O presente artigo se propõe expor desde o limite teórico psi-
canalítico os fenómenos de
despersonalização. A esses efeitos recorre a conceituação do sinistro
como variedade da angústia e a constituição do Ego enlaçada ao nar-
cisismo e ao auto-erotismo. Apresenta assim mesmo os fenómenos de
estranheza como momentos de diluição dos limites corporais, correla-
ção da porosidade dos limites entre instâncias psíquicas. A insistência
da afetação da percepção corporal e a diculdade para a expressão
apalavrada levam â pergunta pelo estatuto clínico do fenómeno e sua
capacidade para fazer o sintoma. Para nalizar ilustra com vinhetas e
um fragmento clínico de adolescentes que relaciona a fragilidade des-
ta etapa vital xequeada pelo empurrão da puberdade com os fenóme-
nos descritos e propõe caminhos terapêuticos possíveis.
Palavras chaves: Fenómeno de despersonalização. Ominoso. Narcisis-
mo. Ego. Angústia automática. Neuroses atuais. Adolescência.
Abstract: This article aims to analyze depersonalization phenomena
through a psychoanalytic theoretical lens. It examines the concept of
the uncanny as a variant of anxiety, along with the formation of the
ego as it relates to narcissism and autoerotism. Additionally, it consid-
ers experiences of estrangement as instances of boundary dissolution
within the bodily self, mirroring the permeability of boundaries be-
tween psychic agencies. The recurrent disturbances in bodily percep-
tion and the accompanying diculties in verbal articulation prompt
an inquiry into the clinical status of this phenomenon and its potential
for symptom formation. To conclude, the article presents illustrative
vignettes and a clinical case involving adolescents, linking the vulner-
ability of this life stage—compromised by pubertal drives—with the
phenomena described, and suggests possible therapeutic pathways.
Keywords: Depersonalization phenomenon. The uncanny. Narcissism.
Ego. Automatic anxiety. Actual neuroses. Adolescence.
DE BORDES E INFINITOS.
ACERCA DEL FENÓMENO DE
DESPERSONALIZACIÓN.
María Eugenia Fulvia
Farrés1
1 Licenciada y profesora de nivel
medio y superior en psicología.
Psicoanalista de adolescentes y
adultos. Secretaria Cientíca de
AEAPG.
Socia plenaria y docente titular de
los posgrados AEAPG - Un Lam.
Ex terapeuta y coordinadora del
equipo de adolescentes del Centro
Rascovsky. Ex coordinadora del
comité organizador del Congreso
Anual AEAPG (2015-2018).
Autora de numerosos artículos
psicoanalíticos. Compiladora de
“Psicoanalistas del Siglo XXI. Dentro
y fuera del consultorio” (Ed. Ricardo
Vergara)
Psicóloga de planta Clínica Santa
Rosa.
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“Hay un concepto que es el corruptor y el desatinador de los otros.
No hablo del mal cuyo limitado imperio es la ética, hablo del innito”
(J. L Borges, 1932)
Vengo pensando en lo ilimitado. Sí, entiendo que lo innito es corruptor.
No permite las diferencias. Es liso, monótono. Son los connes los que
constituyen la realidad. También el cuerpo.
Otro desvelo: la angustia. Sus modos y formas: señal, automática, au-
sente, hipocondríaca, lacerante, traumática, desorganizante.
Cruzo ambas preocupaciones y entiendo. Es eso de lo que todas hablan.
Todas las jovencitas que estoy recibiendo en el consultorio abordan la
cuestión de lo innito de sus cuerpos y angustias.
Se los comparto:
“Era lo más parecido a estar drogada, pero sin estarlo…Todo es irreal,
desdibujado, como si te encandilaran las luces de un auto. También fal-
tan las fuerzas, el cuerpo no sostiene, se diluye. Es como si me viera
desde afuera, cayendo…”
“Es como estar en otro lado, no ser yo misma, pero sólo en ese momen-
to…después pasa. Es extraño, me hace sentir rara”.
“Estaba sentada en el piso y como que me achicaba, las camas se junta-
ban, la habitación crecía, se hacía grande, después chica otra vez…Como
en una película”.
Presentaciones cada vez más habituales en la clínica de hoy, los fenó-
menos de despersonalización han sido antiguos protagonistas de la psi-
quiatría -no tanto del psicoanálisis clásico- que tendía a relacionarlos en
forma casi exclusiva con las psicosis. La clínica de lo grave los tenía por
actores principales y su aparición siempre preanunciaba diagnósticos
catastrócos.
Para la psiquiatría clásica “La despersonalización constituye un trastor-
no de naturaleza subjetiva (…) se traduce por un sentimiento de extrañe-
za, consecutivo a la sensación de una alteración profunda de la persona”
(Betta, 1981, pág. 256). Otros autores preeren hablar de extrañamien-
to ya que todos los sentidos funcionan con exactitud, “ya sea que la
perturbación esté en la visión, la audición o el pensar vinculado con los
objetos, el resultado es siempre la falta de familiaridad. Es allí que este
autor (habla de Federn) ubica la perturbación en las fronteras yoicas, de-
nidas como el órgano sensorial para toda apercepción de la realidad”
(Abínzano, 2019, pág. 245).
Fenómenos cercanos al desconocimiento del sí mismo, que cuestionan
la copertenencia yo-cuerpo. Es el mismo Freud (1919) quien reere
como ominosa una experiencia de ese tipo, dónde las coordenadas tém-
poro -espaciales están en jaque y el cuerpo se presenta como simple
autómata que aglutina segmentos desmembrados.
Sostendré que yo y cuerpo, unidos indisolublemente desde los inicios,
se afectan mutuamente. Así, la desestabilización de las fronteras corpo-
rales cuestiona también la estabilidad yoica y viceversa. Nada signicati-
vo ocurrirá en el organismo sin afectación de lo pulsional (Freud, 1905)...
y toca al yo ser su centauro
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Concebimos al yo como “la parte del ello alterada por la inuencia di-
recta del mundo exterior, con mediación de P-Cc: por así decir, es una
continuación de la diferenciación de supercies (…) El cuerpo propio y
sobre todo su supercie es un sitio del que pueden partir simultánea-
mente percepciones internas y externas. Es visto como un objeto otro…”
(Freud S. , 1923, pág. 27).
En los momentos de despersonalización la diferenciación vacila, pierde
nitidez. La imagen del cuerpo y sus bordes trastabillan. Se recorta en
primer plano ese objeto otroen que el cuerpo puede transmutarse. Esa
otredad del cuerpo lo desnaturaliza. Ajenidad que se revela íntima. In-
timidad que se revela ajena. Duplicaciones y desdoblamientos. Espejos
que se multiplican al innito. Fenómenos que asustan, aterran, angus-
tian.
La presenticación terroríca de un cuerpo antes propio y hoy ajeno,
duplicado, y hasta fragmentado cuestiona las coordenadas de la co-
tidianeidad, de lo familiar. Avizora disposiciones psíquicas arcanas y
¿superadas?
En relación a lo siniestro leemos en Freud (1919) “La presencia de «do-
bles» en todas sus gradaciones y plasmaciones (…) la identicación con
otra persona hasta el punto de equivocarse sobre el propio yo o situar el
yo ajeno en el lugar del propio -o sea, duplicación, división, permutación
del yo-, y, por último, el permanente retorno de lo igual” (Freud S. , 1919,
pág. 234) “… se trata de un retroceso a fases singulares de la historia de
desarrollo del sentimiento yoico, de una regresión a épocas en que el yo
no se había deslindado aun netamente del mundo exterior, ni del Otro”
( Freud, 1919,pág. 236).
Unas líneas más adelante situará al doble como modo de defenderse
del aniquilamiento. Y aún como su contracara: ominoso anunciador de
la muerte ¿podríamos pensar esos momentos de vacilación en que los
ominosos dobles se hacen presentes, como caídas del velo narcisista
que recubre al cuerpo desmembrado del autoerotismo?
Sigo pensando en los límites… los que faltan en los cuerpos uidos de
esas muchachas. Los que conducen al tiempo en que la frontera corpo-
ral aún no se había demarcado.
Así, por el camino de la extrañeza, de la dilución de límites corporales y
de la duplicación llegamos a la pregunta por el cuerpo de la acechanza
autoerótica.
Entiendo el autoerotismo como una colocación libidinal previa a la in-
vestidura de la imagen totalizante ofertada por el otro del espejo, donde
las parcialidades pulsionales se satisfacen anárquicamente en la zona
erógena que las vio nacer.
El autoerotismo, brinda al cachorro humano un placer ‘’prêt-à-porter,
que sin embargo se agota, anárquico y entrópico, en mismo cuando
la satisfacción alucinatoria se demuestra insuciente. Se hará impres-
cindible el otro que, con su sostén apalabrado y su ternura acariciante
construya el cuerpo unicado del Narcisismo. Ese que representará, de
ahora en más al yo.
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En el mejor de los casos, la anarquía de lo orgánico quedará oculta para
siempre, detrás de ese cuerpo imaginariamente íntegro del reejo. Pero
“la ecacia continuada del autoerotismo” (Freud S. ,1912/ 1995, pág. 227)
-entendida como vigencia del principio del placer ( o aún del más allá) en
desmedro del de realidad- acecha perenne y aterradora. “Lo ominoso
del vivenciar responde a condiciones mucho más simples (…) siempre se
lo puede reconducir a lo reprimido familiar de antiguo” (Freud S. , 1919,
pág. 246)
Así el yo, cobertura y reverbero de “eso otro” que el cuerpo es, se re-
vela como ensamblado (zusammengehende) (Freud S. , 2011/1923, pág.
373) , pasible tanto de junturas como de rupturas, de quiebres y arma-
dos hilvanados. Tironeado, incoherente y escindido desde el origen. Los
fenómenos de despersonalización cuestionan la capacidad ligadora del
yo, su función inhibidora de descarga.
Conocemos, a partir del Proyecto, la importancia de la memoria y de
la cualicación. La pura cantidad, el exceso cuantitativo, es traumático
para el Aparato incipiente. Su función primaria consistirá en liberarse
de esos estímulos, descargarlos. Sin embargo, esto interrumpiría la vida
biológica. De ahí la importancia de tolerar ciertas magnitudes para hacer
frente a las necesidades del organismo (función secundaria del Aparato).
La principal tarea yoica es inhibir esa descarga a cero (que implicaría la
muerte del organismo) para posibilitar la demora y con ello la comuni-
cación y la vida. La vivencia de satisfacción modeliza la forma en que la
cantidad se anuda al otro del auxilio y a una estructura de sentido que
facilitará la descarga por vías más adecuadas y contendrá en su núcleo
la excitación misma. Este montante energético se recubrirá con repre-
sentaciones que entrando en relación con otras irán construyendo cade-
nas asociativas, demorando la descarga y complejizando el Aparato para
soportar el apremio vital, acorde a la función secundaria del psiquismo
(tolerar cantidades).
Siguiendo esta lógica entendemos la existencia de un núcleo actual en
todo síntoma psiconeurótico o psicótico (el “grano de arena”) que per-
siste sin ligadura representacional. Se entiende así la posibilidad de un
modo de funcionamiento actual-neurótico operante en paralelo con
cualquier otro y presto a buscar descarga a cero frente a situaciones de
inundación cuantitativa. De esa manera coexiste el modo secundario de
funcionamiento psíquico, regido por el principio del placer con el prima-
rio, tendiente a la descarga absoluta, ya fuera de toda regulación de la
constancia: más allá del principio del placer.
Pero volvamos al yo y sus desventuras.
Este yo, vasallo de múltiples amos, se declara incompetente frente a la
pulsión imparable, pertinaz, rebelde… desatinadora de cuerpos, esa que
la compulsión de repetición presentica siniestramente, más allá del
principio del placer. “Lo ominoso de la epilepsia, de la locura, tiene el
mismo origen. El lego asiste aquí a la exteriorización de unas fuerzas que
ni había sospechado en su prójimo, pero de cuya moción se siente capaz
en algún remoto rincón de su personalidad” (Freud S. , 1919, pág. 243).
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Es a propósito de esta repetición ominosa que Freud hará mención a
regresiones a épocas infantiles en que el yo aún no se había deslinda-
do netamente del mundo exterior ni del Otro, ¿situaciones que traen la
presencia cercana de aquello que debió quedar oculto? ¿Insistencia del
desvalimiento inicial frente a la enormidad del otro? ¿Persistencia del
cuerpo desmembrado del autoerotismo?
Llevaré aún más allá la metáfora entendiendo a lo siniestro como la for-
ma más concernida y al mismo tiempo más ajena de la angustia. Esto-
cada capaz de desgarrar la consistencia yoico -corporal y exponer el
desvalimiento más obsceno. Paralizante y perturbadora como un sismo.
Angustia automática que no permite al yo implementar defensa alguna,
tampoco construir síntoma…
En esos instantes (¿puedo decir instantes si el tiempo se ha desquicia-
do?) solo prima la descarga, la función primaria del aparato. Afecto des
cualicado, sin palabras y con demasiado soma, privado de sentido, na-
rrativa o historia… más allá del principio del placer.
Fuera de tiempo y de lugar, como ilustran las viñetas del inicio, los fe-
nómenos de despersonalización parecen operar según el modelo de las
neurosis actuales: afectación somática sin correlato simbólico. ¿O pode-
mos pensar en la insuciencia de los recursos psíquicos de estas niñas
para el trámite de algún resto traumático? La percepción (núcleo yoico)
se desarticula y con ella los límites tanto de la imagen corporal como de
la realidad. Se hace imposible construir una gestalt aperceptiva que
devuelva la unidad al organismo. Palabras que describen sin historizar.
Momentos dónde todo se fragmenta, se duplica, se congela, en n… se
desborda…
Límites que no cercan. Angustia desbordante y desbordada. Cuerpos
evanescentes, infinitos… tierra ya no de lo mítico, sino de lo místico.
“No podemos dar razón de la peculiaridad de lo psíquico mediante con-
tornos lineales como en el dibujo o la pintura primitiva; más bien, me-
diante campos coloreados que se pierden unos en otros, según hacen
los pintores modernos(…) Cabe imaginar, también, que ciertas prácticas
místicas consigan desordenar los vínculos normales entre los diversos
distritos anímicos de suerte que, por ejemplo, la percepción logre asir,
en lo profundo del yo y del ello, nexos que de otro modo le serían inase-
quibles.” (Freud S. , 1933/1993, pág. 74) apunta Freud en la Conferencia
31.
Los límites que dividen las provincias psíquicas se descubren móviles
en momentos de conmoción y la adolescencia es uno de ellos. La desor-
ganización temporaria del Aparato propia de este tránsito vital, con su
ardor pulsional, sus claudicaciones simbólicas y sus destiempos carna-
les, conllevan rupturas y quiebres en la homeostasis psíquica que cada
joven tramitará según sus recursos internos y las cciones propuestas
por cada época.
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Ahora bien, ¿qué motiva esta presentación clínica en particular?, ¿por
qué se ha vuelto tan frecuente? ¿Se trata de modos psicóticos de habitar
la realidad?
No parece. Valga la salvedad de que se trata de adolescentes, psiquis-
mos frágiles, arrasados por la tormenta puberal y aún en construcción.
Dicho esto aventuraré que, si bien en la mayoría de las viñetas presen-
tadas las asociaciones estuvieron ausentes en lo relativo al episodio en
sí mismo, no observé certeza, tampoco la operatoria del mecanismo de
rechazo radical (Verwerfung) de aspectos de la realidad, ni la restitución
posterior.
Por el contrario, insiste en la pregunta por la “familiaridad” que se
pierde en cada uno de los relatos: con el cuerpo, con los espacios ha-
bituales, con el mismo. ¿De qué protege el episodio de despersona-
lización? ¿Qué frena? ¿Hay un relato a traducir en esos momentos de
extrañamiento o son sólo descargas?
La estasis libidinal, presenticada por la angustia automática y las crisis
de llanto, dan cuenta de la insistencia pasional y muda de Thanatos. Ten-
dencia conservadora que desliga y aleja de la posibilidad de tramitación
de las magnitudes a través de palabras.
Sin embargo intuyo que esos momentos de extrañamiento comunican
“algo”, a quien sepa leerlos. Iré por la pista que me facilitó una de mis
jóvenes protagonistas.
Había notado que cada tarde, al llegar y al despedirse, me abrazaba fuer-
te, muy fuerte. Cuando pasaron los ahogos comenzaron los momentos
de extrañeza con el propio cuerpo y la pérdida transitoria de las coor-
denadas témporo -espaciales. A partir de ahí, el llanto es una catara-
ta que la enmudece en sesión. No puede hablar, no quiere hablar, me
dice. Transcurren una, dos, tres sesiones en las que intento describir lo
que veo mientras ella llora. Nombro sus posiciones. Bautizo sus sonidos.
Acompaso el ritmo de su respiración. Y nada. Cada sesión es igual. Repe-
tición compulsiva de un cuerpo que aparece, se ahoga enmudecido en
llanto y cierra su presencia con otro abrazo ¿mendicante de traducción?
A la sesión siguiente arriesgo. Apuesto a algo diferente. Ella sigue llo-
rando, casi ahogada entre las lágrimas. Esta vez le pido permiso para
tocarla. Asiente con la cabeza y la abrazo rme y sentido. Le hago borde.
El llanto es aún más irrefrenable. No intenta hablar. Tampoco yo. Suelta
el peso sobre mi hombro. Se aoja. Pasan los minutos y su tiempo con-
cluye. Nos despedimos con otro abrazo hasta la semana siguiente.
Entre semana me escribe. Quiere decir por escrito lo que sabe que no
podrá expresar con palabras en la sesión. Describe un cuerpo que se
ofrenda sacricialmente ejercitando hasta el desmayo, literalmente. Ne-
cesita que alguien la “ataje”, pero no puede ser de su familia. Le están
demasiado “encima”.
¿”Demasiado encima” habla del temor a la consumación incestuosa
representada en el encierro endogámico? ¿Los episodios de
despersonalización la hacen desaparecer de la escena familiar? ¿La
desfamiliarizan?
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De a poco está volviendo a hablar. Llora menos y acepta que la cuestio-
ne sobre la cantidad de horas que pasa en el gimnasio. Los momentos
de extrañamiento se están espaciando.
Hoy resignico sus abrazos como signos de percepción, restos de lo vis-
to y de lo oído expectantes de encontrar las representaciones palabra
que permitan su traducción a la lengua de Eros.
Sigo pensando en lo ilimitado. Quizás ese sea el modo de combatir ese
continuum desatinador que es el innito: haciendo bordes y hendiduras
que cerquen y limiten cuerpos, goces y realidades.
A modo de conclusión, sin pretensión concluyente por cierto, diré que
los fenómenos de despersonalización aparecen hoy con más frecuencia
en la clínica con adolescentes. Se maniestan como presentaciones con
pobre contenido simbólico, a predominio del modo actual neurótico. El
empuje puberal desbordante pone en cuestión los límites entre instan-
cias psíquicas. Descarga directa en el “órgano” rector de la percepción: el
yo. Así se altera el yo-cuerpo. La satisfacción directa en el cuerpo, más allá
del principio placer, parece coexistir (¿neurosis mixta?, ¿desgarradura
constitutiva del yo?) con alguna ligera cobertura representacional que
consigue, en el mejor de los casos, comunicar en acto aquello que queda
por fuera de las palabras.
Las intervenciones analíticas, siempre caso por caso, apuntan a la re-
construcción de la supercie cuerpo y de los límites del yo, así como a la
posibilidad de apalabrar los momentos de extrañeza para dar curso al
montante de excitación a través de alguna simbolización posible.
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