INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 84 - 97
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.7
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ACERCA DE LA INSCRIPCIÓN
DE LA DIFERENCIA EN EL
APARATO PSÍQUICO: ¿ES
SÓLO Y NECESARIAMENTE LA
DIFERENCIA SEXUAL ANATÓMICA
EL ELEMENTO ORDENADOR?
SOBRE A INSCRIÇÃO DA DIFERENÇA NO
APARELHO PSÍQUICO: SERÁ APENAS E
NECESSARIAMENTE A DIFERENÇA SEXUAL
ANATÓMICA O ELEMENTO ORDENADOR?
ABOUT THE INSCRIPTION OF DIFFERENCE
IN THE PSYCHIC APPARATUS: IS ONLY
AND NECESSARILY THE ANATOMICAL
SEXUAL DIFFERENCE THE ORDERING
ELEMENT?
Rodrigo Civetta
Asociación Argentina de Psiquiatría
y Psicología de la Infancia y la Adolescencia
ORCID: 0009-0004-1004-6309
Correo electrónico: rodrigocivetta90@gmail.com
Fecha de recepción: 27-09-2024
Fecha de aceptación: 08-10-2024
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Civetta R. (2024) ACERCA DE LA INSCRIPCIÓN DE LA DIFERENCIA EN EL APARATO PSÍQUICO:
¿ES SÓLO Y NECESARIAMENTE LA DIFERENCIA SEXUAL ANATÓMICA EL ELEMENTO ORDENADOR?
Intercambio Psicoanalítico 15 (2),DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.7
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen: Este artículo explora la categoría psicoanalítica de la dife-
rencia, cuestionando la vinculación conceptual heredada del mode-
lo epistemológico lacaniano entre la falta ontológica y la diferencia
sexual anatómica. A partir de un análisis crítico, se evidencian los
efectos psicopatologizantes e ideológicos que surgen de esta articu-
lación, señalando cómo dicho deslizamiento conceptual ha perpe-
tuado construcciones normativas en el pensamiento psicoanalítico.
Frente a estas limitaciones, se propone un replanteamiento de la
constitución del aparato psíquico, tomando como referencia el mo-
delo teórico desarrollado por Silvia Bleichmar. La propuesta apunta
a pensar la constitución del psiquismo desde una perspectiva poshe-
teronormativa, ampliando las bases para incluir una diversidad de
experiencias subjetivas y sexuales más allá de las categorías bina-
rias tradicionales. El objetivo central es abrir nuevas líneas
de reexión teórica en psicoanálisis que superen las implicancias
heteronormativas que vinculan la diferencia sexual anatómica con
la estructura del sujeto psíquico, proporcionando un enfoque más
inclusivo y crítico de las categorías de diferencia y diversidad.
Palabras claves: Diferencia; Aparato Psíquico; Heteronormatividad;
Diversidad Sexual
Resumo: Este artigo explora a categoria psicanalítica da diferença,
questionando a vinculação conceitual herdada do modelo epis-
temológico lacaniano entre a falta ontológica e a diferença sexual
anatômica. A partir de uma análise crítica, evidenciam-se os efeitos
psicopatologizantes e ideológicos que surgem dessa articulação,
apontando como esse deslizamento conceitual perpetuou cons-
truções normativas no pensamento psicanalítico. Diante dessas limi-
tações, propõe-se um repensar da constituição do aparelho psíqui-
co, com base no modelo teórico desenvolvido por Silvia Bleichmar. A
proposta visa repensar a constituição do psiquismo a partir de uma
perspectiva pós- heteronormativa, ampliando as bases para incluir
uma diversidade de experiências subjetivas e sexuais além das cate-
gorias binárias tradicionais. O objetivo central é abrir novas linhas de
reexão teórica na psicanálise que superem as implicações hetero-
normativas que vinculam a diferença sexual anatômica à estrutura
do sujeito psíquico, proporcionando uma abordagem mais inclusiva
e crítica das categorias de diferença e diversidade.
Palavras-Chave: Diferença; Aparelho psíquico; Heteronormativida-
de; Diversidade sexual.
ACERCA DE LA INSCRIPCIÓN DE LA DIFERENCIA
EN EL APARATO PSÍQUICO:
¿ES SÓLO Y NECESARIAMENTE LA
DIFERENCIA SEXUAL ANATÓMICA EL
ELEMENTO ORDENADOR?
Rodrigo Civetta1
1 Psicólogo (Universidad Nacional
de Rosario). Psicoanalista. Posgrado
en Clínica Psicoanalítica de la
Infancia y la Adolescencia (ASAPPIA).
Posgrado en curso de Actualización
en Psicoanálisis y Género
(Universidad John F. Kennedy).
Mención Honoríca en el Concurso
Dr. Jorge Rosa en el XII Congreso
FLAPPSIP con el trabajo “Desbordes
y Neogénesis: el dispositivo
psicoanalítico interpelado”. Ex
miembro de la Subcomisión de
Género y Diversidad Sexual del
Colegio de Psicólogos de Neuquén
Distrito I y de la Red de Psicólogxs
Feministas Regional Neuquén.
Ejercicio de la práctica clínica en
el campo de patologías graves con
Infancias y Adolescencias desde 2017
y de las problemáticas de Género y
Diversidad Sexual desde 2019.
Escribe artículos y ensayos cientícos
desde 2023.
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ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.7
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Abstract: This article explores the psychoanalytic category of die-
rence, questioning the conceptual link inherited from the Lacanian
epistemological model between ontological lack and anatomical se-
xual dierence. Through a critical analysis, the psychopathological
and ideological eects arising from this articulation are highlighted,
showing how this conceptual slippage has perpetuated normative
constructions in psychoanalytic thought. In response to these limi-
tations, a rethinking of the constitution of the psychic apparatus
is proposed, drawing on the theoretical model developed by Silvia
Bleichmar. The proposal aims to rethink the constitution of the psy-
che from a post-heteronormative perspective, broadening the foun-
dations to include a diversity of subjective and sexual experiences
beyond traditional binary categories. The central objective is to open
new lines of theoretical reection in psychoanalysis that transcend
the heteronormative implications linking anatomical sexual die-
rence with the structure of the psychic subject, providing a more
inclusive and critical approach to the categories of dierence and
diversity.
Key Words: Dierence; Psychic apparatus; Heteronormativity; Se-
xual Diversity.
Revisiones necesarias en relación con las conceptualizaciones psicoana-
líticas clásicas sobre la inscripción de la diferencia en el aparato psíquico
La elección del presente tema de investigación parte de la posibilidad
de dar respuesta a preguntas que vengo trayendo conmigo desde la ca-
rrera de grado: ¿es posible pensar la constitución del aparato psíquico
y, por ende, la sexuación (Lacan, 1973) en términos no- heteronormativos?
¿Qué otras propuestas hay, además de las conceptualizaciones clásicas de
Freud y Lacan? ¿Qué lugar es posible para la diversidad sexual en el cam-
po del psicoanálisis sin caer en un maquillaje de la teoría clásica?
Desde mis primeros acercamientos a Freud y a Lacan en la formación de
grado, tanto en las lecturas como en los contenidos que brindaban los
profesores, siempre me resultó incómoda (y por momentos violenta)
la normatividad de los enunciados y conceptos desarrollados, aunque
tiempo después pude precisar por qué. Dichos discursos se encontra-
ban entramados en una matriz heteronormativa, en un dispositivo de
heterosexualidad obligatoria (Reitter, 2019), que dejaba del lado de lo
no-normal todo lo que no devenga/sea heterosexual. En la carrera de Psi-
cología de la Universidad Nacional de Rosario, la cátedra de Estructura
Psicológica Individual del Sujeto III ubicaba a “la homosexualidad” en la
unidad de Perversión y “el travestismo” en la de Psicosis. Partiendo de
esta base explícita, mi encuentro con este tipo de posicionamientos vio-
lentos y patologizantes de la diversidad sexual y, por ende, generadores
de mayor sufrimiento psíquico, han sido quienes me han propulsado ha-
cia algunas de las preguntas planteadas. Si bien encuentro en el psicoa-
nálisis una propuesta emancipadora, con una gran potencia explicativa,
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crítica y con efectos concretos en la práctica clínica, también consi-
dero que resulta necesario poner a trabajar la teoría en relación con sus
fundamentos, ubicando el lastre que hace sesgo, dejándose interrogar
por los tiempos que corren y, fundamentalmente, por las subjetividades
a partir de las cuales trabajamos: les pacientes y la nuestra. Siguiendo a
Silvia Bleichmar (2006):
Si la asunción de una herencia implica trabajar para ganársela, no es
tarea menor separar de ella lo inservible, lo que hace de obstáculo a su
despliegue pleno, sabiendo que quienes nos hicieron el legado intenta-
ron darnos lo mejor, pero no pudieron dejar de concebir lo mejor en tér-
minos de la época que les tocó vivir y de la historia que los marcó. En la
necesaria combinación entre liación –que siempre se establece sobre
la base del amor– y la capacidad crítica –que no implica destrucción sino
deconstrucción– reside el futuro de toda herencia (p. 11).
De esta manera uno de los interrogantes seleccionados que fundamenta
al presente trabajo es acerca de la inscripción psíquica de la diferencia.
Se tomarán para su desarrollo los distintos momentos de la constitución
del aparato psíquico. El objetivo es poder re- trabajar la cuestión acer-
ca de la diferencia sexual anatómica y su articulación con la castración,
propuesta tanto por Freud como por Lacan, como ordenador psíquico
privilegiado, con sus destinos normales y patológicos (donde también
entran las identidades y orientaciones disidentes).
El espíritu de la temática elegida gira en pos de una descaptura posible
de una teoría heteronormativa, endogenista, teleológica y evolutiva de
la sexualidad, que posibilite hacer puentes entre una lógica de la dife-
rencia a una lógica de la diversidad (Laplanche, 1988).
Para ello, partiré del modelo propuesto por Silvia Bleichmar respecto
de la constitución del aparato psíquico. Se puntualizarán los diversos
momentos, ubicando cómo la inscripción de la diferencia va sufriendo
recomposiciones, re ensamblajes y re signicaciones según los distintos
tiempos de la vida psíquica. Se tomará también su propuesta respecto
de separar la diferencia sexual anatómica de la inscripción de la falta
ontológica, como un modo de des-imaginarizar, de poder dar otro cauce
a las tensiones entre narcisismo y castración, junto con aportes de otres
autores que posibiliten una apertura teórica.
A partir de dichos aportes, se plasmarán en la conclusión interrogantes
que sinteticen y propongan nuevas líneas de fuga para el pensamiento.
Un recorrido por la diferencia o la diferencia como recorrido
Siguiendo la propuesta metapsicológica de Silvia Bleichmar, se comen-
zará a pensar al cachorro humano y su humanización desde una lógica
exogenista, en tanto entiende al inconsciente como producto de cultura,
fundado exógenamente, apuntalado en el semejante, quien parasita al
cachorro, en su doble vertiente sexualizante y narcisizante.
Bleichmar nos propone pensar la constitución psíquica como sucesión
de tiempos reales. No como una sucesión de tiempos míticos o como
el resultado de un proceso endógeno ligado a la biología o a la herencia
logenética, sino de tiempos que se pueden cercar a partir de ciertos ob-
servables en la clínica, siempre por aprés-coup.
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Desde este paradigma, que un cachorro humano devenga sujeto psí-
quico no es forzoso, sino contingente. Es decir que existe la posibilidad
de que un ser humano no se constituya como sujeto psíquico. También
puede suceder que el sujeto en vías de estructuración encuentre serias
dicultades para ello. Esto se haría palpable en la psicopatología, es de-
cir, en los modos de expresión y manifestación del sufrimiento psíquico,
sean estos trastornos, síntomas o décits en la constitución del psiquis-
mo.
Otro aporte relevante a los nes del presente trabajo viene del lado de
conceptualizar y nombrar como “funciones humanizantes” (Blestcher,
2021) –en vez de las normativas categorías lacanianas de función pater-
na y materna– a los modos en los que el semejante va posibilitando la
constitución del sujeto psíquico mediante la crianza. Esto permite, a mi
entender, salir de la captura heteronormativa que coagula el ejercicio de
funciones de sexualización, subjetivación y pautación a determinados ro-
les de género, para emplazarlo en un campo abierto, no forzado, dando
lugar precisamente a una lógica de la diversidad. Es entonces a partir de
estas funciones humanizantes que se generan las condiciones para que
se instalen la vida anímica en el cachorro humano.
Silvia Bleichmar (2001) propone diferentes momentos constitutivos ca-
racterizados por operatorias fundacionales y especícas. A partir de sus
desarrollos, podría plantearse a modo esquemático:
Primer tiempo de la vida: montantes biológicos y adaptativos. Fetaliza-
ción.
Segundo tiempo de la vida/Primer tiempo de la vida psíquica: implanta-
ción y autoerotismo.
Segundo tiempo de la vida psíquica: represión originaria, narcisismo pri-
mario, identicación primaria. Clivaje psíquico: fundación del Inconscien-
te en sentido estricto, constitución del Yo, instalación del preconsciente.
Tercer tiempo de la vida psíquica: instalación del superyó e instancias
ideales, a partir del atravesamiento del complejo de Edipo y complejo de
Castración. Narcisismo secundario, identicaciones secundarias.
Se parte entonces de “la posibilidad de pensar un primer tiempo de la
vida que no coincide con el primer tiempo de la sexualidad” (p. 135). Este
primer tiempo estaría caracterizado por la fetalización, por un cachorro
humano con sus montantes adaptativos y biológicos.
Dicha fetalización es la puerta de entrada del semejante, en sus funcio-
nes humanizantes, que podrían hacer de este cachorro un sujeto psíqui-
co. El sustrato orgánico es condición necesaria, pero no suciente, para
la constitución del psiquismo. Ya que, siguiendo a Bleichmar (2001), la
vida psíquica comienza con la posibilidad de la inscripción de la sexuali-
dad, de lo pulsional-representacional.
A partir de la búsqueda adaptativa de satisfacción de necesidades, el
cachorro se encuentra con un otre sexuado o, mejor dicho, con la sexua-
lidad del adulto, que lo parasitará: implantará mediante sus cuidados, la
pulsión sexual, dando paso al segundo tiempo de la vida o primer tiem-
po de la vida psíquica propiamente dicha.
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Este primer tiempo de la vida psíquica estaría inaugurado entonces por
la introducción de algo del orden de lo no-evacuable en el plano repre-
sentacional, en el plano de la excitación. Es decir que las excitaciones
introducidas por el otre adulto (aunque ignorado por él, ya que se en-
contraría atravesado por la represión) no pueden reducirse a cero me-
diante el modo de lo autoconservativo, tienen que encontrar un destino.
Ese plus de excitación, como traumatismo originario, necesario, debe
encontrar vías de descarga o ligazón.
El hecho de que haya una energía somática que deviene energía psíqui-
ca –en principio sexual– es efecto de la intervención de un conmutador
no existente en el organismo como tal, sino en el encuentro con el obje-
to sexual ofrecido por el otro. El conmutador está en el movimiento que
lleva a que, a la búsqueda de lo nutricio, el bebé se encuentre con el pe-
cho –objeto sexual de inicio en la medida en que es ofrecido por el otro
humano provisto de inconsciente–. Es este objeto, en principio, el que
inunda de una energía no cualicada propiciando, en el real viviente, un
traumatismo, en el sentido extenso del término, dado que efracciona algo
del orden somático por las líneas de lo sexual (Bleichmar, 1993, p. 37).
Podríamos pensar entonces que dicha efracción, dicho traumatismo,
inaugura una diferencia entre la vida adaptativa y la representacional,
entre el objeto de la necesidad y el objeto de la pulsión, que cortocircui-
ta los montantes biológicos, inundando al psiquismo de cargas que de-
ben encontrar una resolución de la tensión, pero no por la vía somática,
sino mediante lo representacional apuntalado en el auxilio ajeno, en los
cuidados del semejante. Porque si bien es el semejante quien implanta
la pulsión, también es quien inaugurará las vías colaterales que se ofre-
cerán como destinos de lo pulsional, para que sea descargado. Es una
función doble: sexualizante y narcisizante.
Tenemos entonces en este primer tiempo una vida psíquica caracteri-
zada por el autoerotismo. Las excitaciones serán resueltas en el cuer-
po propio, a modo de descarga directa de lo pulsional. La succión de
la mano, o del chupete, por ejemplo, cumplen una función ligadora del
remanente excitatorio, para que no devenga en displacer.
Del lado del cachorro entonces hay defensas precoces que dan cuenta
de una diferencia: una diferencia entre lo placentero y lo displacente-
ro, regidas por el proceso primario, entendiendo lo placentero como la
descarga de la pulsión y lo displacentero como incremento de tensión,
excitación que no encuentra vías de resolución. Entonces, el cachorro
humano, con un psiquismo incipiente, parasitado por la sexualidad del
adulto que implanta la pulsión, va activamente diferenciando dichos fe-
nómenos que experimenta, a partir de las inscripciones primeras del ob-
jeto fuente.
Sujeto y objeto, los modos de lo placentero y displacentero, así como
también los registros elementales de la presencia y la ausencia, son en-
tonces las primeras vertientes de la diferencia en el aparato psíquico,
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que se irán complejizando, sufrirán transcripciones, recomposiciones y
resignicaciones. También hay diferencias respecto del objeto, asentado
en las sensaciones corporales: sensaciones de borde, de ritmos, tonos de
voz del otre, la erogeneidad de la piel y zonas erógenas. Estas diferencias
de excitación pueden devenir intrusivas o ligadoras, dependiendo de las
vías colaterales que el adulte propicie, vaya instalando y de las incipien-
tes capacidades ligadoras del cachorro, en tanto metaboliza, recompone
lo que le viene del semejante.
Avanzando nos encontramos con el segundo tiempo de la vida psíquica
caracterizado por la constitución de la represión originaria y la instau-
ración del Yo- representación narcisista, que sepulta los representantes
del autoerotismo en el inconsciente, fundándolo.
La represión originaria, cuya fuerza tendrá origen en las represiones
pautadas por el adulto, sepultará los representantes pulsionales autoe-
róticos, dando origen al inconsciente en sentido estricto, a un primer cli-
vaje tópico. En este movimiento de clivaje, se va a instalar el proceso se-
cundario, en tanto tenemos el preconsciente como instancia, que tiene
sus legalidades y contenidos propios, sede de la lógica (de la temporali-
dad y espacialidad, la negación, y el tercero excluido) y el Yo como lugar
de investimentos narcisistas, sede del sujeto y de la signicación.
Ahora bien, al decir de Bleichmar (1993):
el famoso ‘acto único’ que propicia el pasaje del autoerotismo al narci-
sismo, no puede ser concebido sino como momento de salto estructural
cuyos prerrequisitos están ya en funcionamiento a partir de los cuidados
tempranos que la madre prodiga, de las ligazones que ella propicia a
partir de la disrupción misma que su sexualidad instaura (p. 46).
Si bien, a modo de aporte, podríamos cambiar “madre” por “semejante”,
des- generizándolo, lo relevante es que estos saltos estructurales no son
sin génesis, sino que cada momento psíquico va encontrando sus mate-
riales (o no) en el que le precede.
Hay en este momento, vía identicación primaria a la propuesta identi-
catoria del adulto, una asunción totalizante del yo y también del género
–que puede o no ser la propuesta por el otre y la cultura–.
Si el adulto ejerce una apropiación ontológica, si le dice qué y quién es,
en principio es indudable que en este ejercicio la determinación mascu-
lino/femenino es central y se rige por cierta propuesta de concordancia
establecida socialmente entre el sexo biológico y la identidad propuesta
(Bleichmar, 2006, p. 99).
Esta asunción del conjunto representacional como propia es anterior a
la diferencia sexual anatómica. Laplanche (1988) siguiendo a Freud sitúa
que hay una diferencia de géneros “pre-castratoria”: “[…] con anteriori-
dad a la problemática de la castración, hay la admisión de una distinción
entre hombre y mujer, y que el niño se ubica en esta distinción, del lado
de los varones o del lado de las niñas” (p. 43). Más allá de la propuesta
clásica, se apunta a que hay en el niñe una distinción de géneros en este
momento que precede a la diferencia anatómica. Cuando la inscripción
de esta última advenga, se recompondrá y resignicará la asunción del
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género en tanto identidad, patrimonio del Yo. Continúa Laplanche res-
pecto del registro pre-castratorio de la diferencia de géneros: “Ella está
presente, pero como una suerte de oposición natural o social (con el
mismo carácter que muchas otras oposiciones y muchas otras diferen-
cias, por ejemplo, entre seres vivos y seres inanimados, o también entre
animales y seres humanos)” (p. 56). De manera que lo que el autor pro-
pone es que la diferencia respecto al género percibida por el niñe es una
más entre otras, y no tendría un carácter necesariamente preponderan-
te, al menos en este momento.
Con lo expuesto anteriormente podemos proponer que el registro de la
diferencia, respecto del primer tiempo de la vida psíquica, se va compleji-
zando. El otre aparece ahora como objeto de amor antropomorzado al
haberse constituido el Yo, es posible discriminar entre otres signicati-
vos y otres desconocides, se complejizan los destinos de pulsión: trastor-
no hacia lo contrario (hacer activo lo pasivo; transmutación de amor en
odio) y vuelta hacia la persona propia.
Al haber un Yo-sede de la representación, como entidad totalizante, po-
demos situar una diferencia fundamental entre lo que es patrimonio del
yo y lo que no (yo/no- yo), entre adentro/afuera del cuerpo (interno-externo)
y la presencia/ausencia en términos simbólicos, en tanto la posibilidad de
representación de la ausencia implica la lógica del preconsciente.
La diferencia presencia/ausencia del otre signicativo se vincula en este
momento no solo con el riesgo que implica para el psiquismo quedar li-
brado a grandes exigencias de resolución de tensiones, sino también con
que el otro signicativo representa la fuerza de contrainvestimento de la
represión originaria. La ausencia del semejante implica para el incipiente
Yo la posibilidad de quedar inerme ante los embates pulsionales –desde
adentro–, que pueden proyectarse hacia fuera como miedos, primeras
fobias.
El tercer tiempo de la constitución del psiquismo se caracteriza, entre
otras operatorias psíquicas fundantes, por el complejo de Edipo, enten-
diéndolo no como la imaginarización de la novela familiar burguesa del
siglo XX, sino como un momento estructural en el cual se van a re articu-
lar los enlaces primarios, como un efecto de recomposición de los enla-
ces con los objetos primarios (Bleichmar, 2014). Se articulan por primera
vez el erotismo y lo amoroso. En tanto este deseo amoroso es hacia los
objetos primarios que están prohibidos por razón de cultura, deben bus-
carse otros objetos exogámicos para su satisfacción. Dicha prohibición
hace entrar en juego la ley moral, que es heredera de las pautaciones del
momento anterior. La represión de los contenidos edípicos, mediante
la represión secundaria por el acatamiento a las normas culturales y la
identicación a los objetos primarios mediante la identicación secun-
daria, propicia la instalación del Superyó como instancia psíquica. Al de-
cir de Bleichmar (2014): “[…] es a partir del modo en que la sociedad va
deniendo formas de organización de las normas y de sus legalidades que
se va a denir lo reprimible y lo no reprimible, secundariamente” (p. 14). Y
agrega más adelante:
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No se trata de que antes de la instauración del superyó no haya normas,
sino que estas normas no están denidas por la culpabilidad, sino por
la vergüenza o el pudor, por el asco o el temor a la pérdida de amor del
otro. No están denidas, como en el complejo de Edipo, los modos en
que opera la ley moral, y creo que este es el punto central: es el hecho
de que el sujeto se siente, de alguna manera, responsable de su acción
ante un tercero (p. 141).
De manera que la ley moral resignica y recompone los modos de vínculo
con los objetos primarios, con el semejante y, también, en relación con
los propios deseos del sujeto, dando lugar a la culpabilidad y la terceri-
dad en términos simbólicos. Con la instalación del Superyó se estabiliza
la tópica, ya que posibilita al sujeto no quedar defendiéndose a pura
contrainvestidura respecto de sus mociones deseantes.
La instalación de las instancias ideales al modo del Ideal del Yo, vía iden-
ticaciones secundarias, permiten una salida de la lógica del Yo ideal, de
manera que posibilitan al sujeto una proyección a futuro y a un trabajo
para ganarse ese acercamiento al ideal, con una mayor posibilidad de
simbolización.
En relación con el pasaje Yo ideal/Ideal del yo, entra en juego el Com-
plejo de Castración, que va por su parte directamente articulado a la di-
ferencia sexual anatómica en la teorización freudiana y lacaniana. ¿Qué
otras vías hay para su teorización y desarrollo?
La diferencia sexual anatómica y la castración: asuntos separados
Bleichmar (2014) propone que el psicoanálisis clásico ha tratado la dife-
rencia anatómica como algo del orden de lo perceptual: la percepción
en sí misma del atributo desencadenaría la angustia de castración y los
fenómenos concomitantes, estructurantes. Pero resultaría ingenuo pen-
sar que la percepción de algo “x” por misma desencadenaría toda una
operatoria constitutiva, debe haber otras vías de explicación para
ello. La percepción no es independiente de los contenidos ideológicos
de la cultura, ni tampoco de la lógica del preconsciente y de la capacidad
de signicación por parte del Yo.
Si no es entonces un tema de percepción, o al menos, no en términos
simplistas y de consecuencia directa, ¿qué vías hay para un desarrollo
teórico fértil en relación con la diferencia anatómica y su inscripción y el
complejo de castración?
Podemos en primera instancia separarlos, des-asociarlos. Por un lado, la
diferencia anatómica y, por otro, el complejo de castración. Luego, reu-
bicarlos. De esta manera quizás se encuentren vías para una apertura
posible de la teoría.
Respecto de la castración, Bleichmar (2011) explica que “[…] la salida del
narcisismo no se puede producir sin reconocimiento de la castración en
sentido ontológico, de que a uno le falta algo […]” (p. 248). De manera
que pone a trabajar la castración en el sentido de un reconocimiento del
sujeto de su incompletud, de la falta en ser, que posibilita una salida de
la lógica del Yo ideal, de ser todo para el otro y de que uno es completo:
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“[…] la salida del narcisismo primario se relaciona con eso, en tanto su-
pone reconocer que no se es todo para el otro” (p. 249).
Podríamos redenir entonces el complejo de castración, según la pro-
puesta de Bleichmar, entendiéndolo como la inscripción simbólica de la
falta ontológica en el sujeto, en términos de completud/incompletud –o
siguiendo la terminología clásica falo/castración– como una salida del
narcisismo primario y un pasaje al narcisismo secundario, separándose-
la de la diferencia sexual anatómica.
Respecto de la diferencia sexual anatómica, tanto Freud como Lacan le
dan un lugar privilegiado, ya que según el posicionamiento que el sujeto
tome respecto de ella (y por ende, respecto de la castración) devendrá en
una cuestión normal (entendiendo la normalidad como cis, heterosexual
y neurótica) o patológica (entran aquí todas las identidades y orientacio-
nes disidentes, la psicosis, la perversión). Considero que este es uno de
los mayores riesgos de la teoría clásica, ya que implica dejar del mismo
lado las sexualidades disidentes y la psicopatología, en función de con-
fundir diferencia anatómica e inscripción de la falta ontológica.
En la misma dirección Blestcher (2017) sugiere que:
La diversidad de los existenciarios sexuales invita a analizar el valor asig-
nado a la diferencia sexual como determinante primario y fundamental
de la constitución del sujeto y su equiparación con la diferencia simbólica.
Que la diferencia de sexos haya sido el parámetro que, en el contexto de
las relaciones familiares del siglo XX, vertebró el sistema de bipartición
de géneros y sus asimetrías posicionales, no es equiparable al recono-
cimiento de la alteridad ni identicable como piedra angular de todo el
orden simbólico (p. 42).
Habiendo atravesado la inscripción de la falta ontológica y el registro
de la diferencia sexual anatómica, la diferencia con el semejante cobra
entonces otros matices en el tercer tiempo de la vida psíquica.
Respecto de las consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anató-
mica, la identidad de género se resignica a partir de dicha inscripción,
en tanto articulación de identidad y elección de objeto en términos eró-
ticos y amorosos.
Entonces, en primera instancia, diferencia de género resignicada luego
por la diferencia de sexo, vale decir, por la diferencia sexual anatómica
pero por aprés coup, o sea que en cierto momento el niño se dará cuen-
ta de que aquello que ha considerado como del orden del varón y de la
niña se relaciona con la existencia de los genitales (Bleichmar, 2014, p.
257).
Con relación a la castración, en la lógica del preconsciente podremos
encontrar el par fálico/castrado, entendiendo este par como orientado-
res que llevan al sujeto a posicionarse respecto de la incompletud que,
fantasmatizado, puede articularse a la diferencia anatómica entre los
sexos o a otros elementos. Del lado del Yo, de la signicación, la cuestión
puede enriquecerse y complejizarse y no quedar enraizada en la diferen-
cia entre dos opciones anatómicas que dene supuestamente aspectos
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identitarios, sino que puede abrirse al campo de la diversidad, dando lu-
gar a otras conguraciones identitarias y deseantes.
Al haberse inscripto la falta en ser, tiene lugar entonces la diferencia yo/
otre, en términos de un reconocimiento del semejante como ontológica-
mente igual, pero a la vez, en su diferencia simbólica.
Retomamos entonces la pregunta-tema de investigación: ¿es solo y ne-
cesariamente la diferencia sexual anatómica el elemento ordenador?
En primera instancia, la pregunta tiene dos vertientes: por un lado, si es
“solo” la diferencia sexual anatómica el elemento que ordena la estruc-
tura y genera diferentes destinos, normales o patológicos, como en los
planteos freudianos y lacanianos. Por otro lado, si es “necesariamente”
“el” elemento ordenador.
A partir de los desarrollos del presente trabajo, se han podido situar
las diversas inscripciones y sus respectivas recomposiciones y comple-
jizaciones respecto de la diferencia en el aparato psíquico. De manera
que no es solo la diferencia sexual anatómica la que va a venir a ordenar
y estructurar al psiquismo. En términos de estructuración de la tópica,
desde los inicios de la vida, desde los primeros momentos hasta este
último, tanto las condiciones de partida y las primeras inscripciones
como las posibilidades narcisísticas, la operatoria o no de la represión
originaria, las pautaciones de los adultos y los vínculos amorosos al se-
mejante, la capacidad ligadora, simbolizante y metabólica del sujeto, las
condiciones materiales de existencia, el emplazamiento ante el lazo con
el semejante, los síntomas, trastornos o décits, irán brindando o no las
posibilidades de que este sujeto tenga posibilidad de constituirse de ma-
nera normótica.
De manera que el confundir diferencia anatómica con castración y el de-
jar librado el destino del aparato psíquico a la operatoria o no de un úni-
co momento constitutivo, supone un gran reduccionismo teórico que
tiene graves consecuencias clínicas, patologizantes.
Ahora bien, ¿es la diferencia sexual anatómica necesariamente el ele-
mento ordenador? ¿Constituye una operatoria necesaria y estructuran-
te? ¿Qué signicaría que sea necesaria?
Podríamos pensar que sí, que resulta un elemento ordenador y constitutivo,
ya que su diferencia re articula las relaciones entre el erotismo y el amor
al semejante, y resignica también la identidad de género. Pero podría-
mos proponer que la diferencia sexual anatómica sea el elemento que
opera recomponiendo las relaciones entre amor, erotismo e identidad
es quizás más una razón de cultura que logenética o “natural”. Si es una
cuestión de diferencias anatómicas (y hay vastas entre hombres y muje-
res cis) ¿por qué esa parte del cuerpo y no otra?
Pensando la diferencia sexual anatómica: ¿cuestión de percepción o en-
tramado ideológico?
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Laplanche (1988) toma las conceptualizaciones freudianas de diversidad
y diferencia y propone cierta distinción. Sitúa la diferencia en relación
con un atributo: se lo tiene o no se lo tiene, es entre dos valores, exclu-
yentes uno del otro. La diversidad, en cambio, implica poner en relación un
número x de atributos, donde la presencia o ausencia de uno no remite a
la presencia o ausencia de otro necesariamente.
En el mismo sentido, propone una distinción entre el atributo como cua-
lidad o el atributo como insignia:
Yo diría que hay diversidad de atributos (que de hecho existen en núme-
ro indenido, n); diferencia relativa de géneros, fundada en la elección
de dos atributos o de dos series de atributos (que no son únicamente
anatómicos, sino que pueden ser también socioculturales, psicológicos,
etc.); pero diferencia absoluta cuando está marcada por la presencia o
ausencia de un solo atributo (p. 63).
Laplanche expondría entonces el modo en que un atributo, que per-
tenecería al campo de la diversidad (ya que tenemos, a nivel biológico,
atributos varios que se distinguen entre la corporalidad del hombre y la
de la mujer), deviene del orden de la diferencia, con estatuto de insignia,
a nivel simbólico.
Si el sujeto queda privado del atributo, pasa al no-ser, al negativo (Blei-
chmar, 2014). Esta es la lógica del par falo/castrado freudianas y lacania-
nas. “De manera que la diferencia, tal como está planteada en la teoría
fálica, se dene por el pene no como atributo sino como insignia” (p.193)
El atributo como insignia existe en la realidad signicada articulada por
un discurso. “No es solamente porque el lenguaje tiene categorías bi-
narias que se plantea esto, sino porque tiene modalidades discursivas
en las que se realiza la captura de lo real bajo formas que no son solo
lenguajeras sino ideativo-ideológicas” (ídem, p.194).
Entonces, a partir de estos desarrollos podemos agregar que la diferen-
cia sexual anatómica sea la que opere recomponiendo las relaciones entre
amor, erotismo e identidad es razón de cultura y, también, de poder, ya
que no es solo la inscripción de la diferencia sexual, sino que la misma
va articulada, en tanto atributo devenido insignia, a formas de jerarqui-
zación de los cuerpos y las sexualidades.
La diferencia sexual anatómica en psicoanálisis: ¿De dónde venimos y
hacia dónde vamos?
Tanto desde Freud como Lacan, se ha propuesto que psiquismo y se-
xualidad se encuentran estructurados por una diferencia binaria y suje-
tada al ordenamiento de la diferencia sexual anatómica. Propuesta que
hoy es posible pensar como sujeta a modelos culturales y sociohistóricos, a
sesgos en la teoría, donde las condiciones de producción de subjetividad
(Bleichmar, 2005) –y por ende, de producción de conocimiento– han per-
petuado la idea de que la diferencia sexual anatómica macho-hembra
es un momento decisivo en la constitución del aparato y que de ello
depende todo el destino de la estructuración psíquica en términos de
normalidad o patología.
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El dejar cristalizada la inscripción de la diferencia simbólica en la consti-
tución del aparato junto con la diferencia sexual anatómica y que a su
vez de ello dependa todo el desarrollo normal o patológico del sujeto,
brinda serias complicaciones a la hora de poder hacer una teoría-clínica un
poco más libre de sesgos de época y de la repetición de lógicas de poder
patriarcales, binarias y cisheteronormativas.
A lo largo del desarrollo del presente artículo se ha intentado ubicar y
precisar la diferencia y sus modos de inscripción en los diferentes tiem-
pos constitutivos, ubicando también lo pertinente respecto de la dife-
rencia sexual anatómica y lo que concierne al complejo de castración. En
ese sentido, Jorge N. Reitter (2018) sitúa:
La complicación, a mi juicio, está posiblemente en que el planteo laca-
niano, en este punto al igual que el freudiano, hace depender demasia-
do la posibilidad deseante del sujeto de la diferencia sexual anatómica.
[…] Entonces, parecería que la subjetivación, el acceso a la dimensión de-
seante y a la cultura, la posibilidad de no quedar totalmente identicado
a ser el falo del Otro, todo eso queda supeditado a que la manera de po-
sicionarse ante la diferencia sexual anatómica culmine en una posición
heterosexual y en hacer coincidir el falo con el pene, la vagina con el no
falo” (p. 28, 29).
Si bien resulta necesaria y constitutiva la violencia primaria de la cultura,
bajo el modo instituido/instituyente, cuyas signicaciones imaginarias
son vehiculizadas mediante la crianza, eso no signica necesariamente
que el psicoanálisis deba quedar capturado por esa clave heteronorma-
tiva. Reitter (2018) propone, retomando a Foucault, que el binomio pene/
vagina está en realidad del lado del dispositivo de la sexualidad o, como
propone llamarlo, del dispositivo de la heterosexualidad obligatoria y
que, en tanto dispositivo obligatorio, tiene un aspecto prohibitivo en la
regulación de las sexualidades, que se encuentra articulado a un aspec-
to, por ende, prescriptivo.
Tiene como base un sistema dicotómico y jerarquizado. Esto incluye la
idea de que todos los seres humanos se distribuyen en dos categorías
distintas y complementarias: varón y mujer […]. Así, el sexo físico, la iden-
tidad de género y el papel social del género deberían encuadrar a
cualquier persona dentro de normas íntegramente masculinas o feme-
ninas. En consecuencia, la heterosexualidad es considerada como la única
orientación sexual posible” (p. 64).
¿Qué pasa con los existenciarios no-binaries, las multiplicidades de for-
mas de habitar los cuerpos y de nombrarse, que van cobrando legitimidad
y visibilidad? ¿Alcanza sostener a rajatablas la diferencia clásica fálico/cas-
trado (con las consecuencias que tiene sostener esas palabras atadas a
la diferencia sexual), hombre/mujer, masculino/femenino, activo/pasivo?
No resulta fructífero entonces superponer anatomía sexual con diferen-
cia simbólica. La percepción de la diferencia anatómica (ordenada bajo
modos de producción de subjetividad y las legalidades del preconscien-
te) resignica el largo recorrido de las diferencias, y cobra cierto carác-
ter relevante en una cultura con lineamientos sexistas, jerarquizantes y
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cisheteronormados. Podemos preguntar (al modo de Silvia Bleichmar en
su ejercicio clínico “¿para qué le sirve esto a este sujeto?”): ¿para qué le
sirve al psicoanálisis –o a cierto psicoanálisis– continuar sosteniendo el
lugar privilegiado de la diferencia anatómica?
Si las “nuevas” modalidades identitarias y deseantes vienen a hacer
estallar los imaginarios sociales y psicoanalíticos, donde encontramos
nuevos marcos legales normativos (en Argentina contamos con la Ley
del Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género) que gene-
ran nuevas conguraciones liales, familiares e identitarias, donde hay
y existen hombres con vulva y mujeres con pene, donde sujetos tienen
experiencias eróticas o amorosas con otras personas más allá del géne-
ro y no representa un conicto para el Yo, donde las niñeces trans van
ganando visibilidad, legitimidad y derechos, donde hay identidades que
se sostienen más allá de la anatomía como no-binaries o trans… ¿la di-
ferencia sexual anatómica tendría el mismo estatuto?
¿Podría perder cierto lugar de privilegio dentro la cultura? ¿Y en el psi-
coanálisis?
Al decir de Blestcher (2017): “Asistimos a una transformación en los mo-
dos de los intercambios sexuales y en los dispositivos histórico-sociales
que pretenden regularlos.” (p.24). La cuestión será, a mi entender, el
modo de posicionarnos como psicoanalistas ante estas transformacio-
nes: si del lado normativo o, ensayando nuevos, otros modos de abor-
dar las subjetividades con las que trabajamos a partir de la revisión de
los fundamentos de la teoría, y evitar de esta manera “[…] acabar conu-
yendo como un engranaje más en los mecanismos de disciplinamiento
de la sexualidad” (ídem, p. 25).
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Blestcher, F. (2017). Infancias trans y destinos de la diferencia sexual: nuevos existenciarios,
renovadas teorías (pp. 21-48) En I. Meler (comp.), Psicoanálisis y género: escritos sobre el
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Blestcher, F. (2021). La palabra y el vínculo. Funciones Humanizantes [Video]. Youtube. https://
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Laplanche, J. (1988). Castración. Simbolizaciones. Problemáticas II. Amorrortu. Reitter, J. N.
(2019). Edipo Gay: heteronormatividad y psicoanálisis. Letra Viva.