INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
98 / FLAPPSIP
DA SENSORIALIDADE
À SIMBOLIZAÇÃO
DE LA SENSORIALIDAD
A LA SIMBOLIZACIÓN
FROM SENSORIALITY
TO SYMBOLIZATION
Regina Orth de Aragão
Círculo Psicanalítico do Rio de Janeiro
ORCID: 0009-0004-7773-7497
reginaortharagao@gmail.com
Data de Recebimento: 14-05-2024
Data de Aceitação: 11-10-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Orth de Aragão R. (2024) DA SENSORIALIDADE À SIMBOLIZAÇÃO
Intercambio Psicoanalítico 15 (2), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
99 / FLAPPSIP
El nacimiento del psiquismo y el nacimiento del objeto son indisolubles; el
psiquismo se constituye al mismo tiempo que el objeto adquiere, paula-
tinamente, el estatus de existencia para el sujeto. Una cuestión crucial en
los procesos de subjetivación es comprender cómo ocurre el paso de las
inscripciones y vivencias en el cuerpo, en el registro de la sensorialidad, al
registro del psiquismo propiamente dicho, relacionado con las capacida-
des de representación y simbolización.
El bebé constituye su subjetividad a partir de sus experiencias corporales.
Winnicott (1949) enfatiza la importancia del proceso de personalización,
que implica el establecimiento de vínculos entre la psique y el cuerpo.
Muchas de las experiencias sensoriales y corporales del bebé surgen en
el contexto de los cuidados, donde el niño es objeto de investidura de
su objeto primordial, generalmente la madre. En esa experiencia inicial
prevalece la ilusión temporal de una indiferenciación entre el afuera y el
adentro. El proceso de subjetivación en el bebé ocurre entonces mediante
la aceptación y apropiación de sus experiencias sensoriales, pero también
por la apropiación de las experiencias sensoriales compartidas con los
adultos de su entorno. Se trata, por tanto, de intentar comprender cómo
los primeros vínculos psíquicos, especialmente aquellos que emanan de
la sensorialidad, intervienen en los procesos de subjetivación.
En un bebé, la experiencia sensorial se convierte en un factor subjetivante
en la medida en que ocurre una integración adecuada de sus polisen-
sorialidades con el papel rítmico integrador del entorno materno (Golse,
2006) y cuando puede experimentar la vivencia de un pleno compartir
afectivo (Ciccone, 2007). En este tiempo de los primeros lazos, los sujetos
y objetos psíquicos, comprendidos como componentes de una relación
objetal, aún no están constituidos en el bebé. Estos se organizarán a partir
de estos primeros vínculos, al igual que se denirán los espacios inter-
nos y externos. En este primer momento, el objeto no existe para el bebé
como otro, sino que es investido de manera completamente narcisista.
Además, en el bebé muy pequeño, las experiencias psíquicas están poco
integradas y no coordinadas. La subjetividad se compone de fuerzas, im-
pulsos y movimientos sentidos inicialmente de manera difusa, y son los
aspectos cuantitativos, de intensidad, los que predominan sobre los cua-
litativos. El campo de las representaciones, que pueden vincular los afec-
tos, aún no está constituido. Bion (1979) propone que es la capacidad de
reverie materna y su función alfa la que, poco a poco, permitirá que esos
datos sensoriales brutos se conviertan en producciones representativas,
internalizadas y metabolizadas gradualmente por el psiquismo naciente
del bebé. Esta capacidad del psiquismo materno de contener y trans-
formar permite metabolizar y transformar las primeras producciones o
proto-producciones psíquicas de su bebé para hacerlas utilizables por él.
Esta función materna requiere una identicación primaria con su bebé, a
quien la madre presta su aparato para pensar pensamientos, es decir, su
aparato para que la niña o el niño pueda pensar sus primeros pensamien-
tos, impensables por ella o él a solas.
DE LA SENSORIALIDAD
A LA SIMBOLIZACIÓN1
1 Texto correspondiente a la ponencia presentada en la Jornada Lo Infantil, del Instituto Horizontes, el 15 de mayo de 2021. Porto Alegre, RS – Brasil.
Regina Orth de Aragão2
2 Psicoanalista, miembro titular
del Círculo Psicoanalítico de Río
de Janeiro, profesora del Curso de
Especialización en Psicología Clínica
con Niños, PUC/RJ.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
100 / FLAPPSIP
Sin embargo, el estudio de las sensorialidades es aún relativamente re-
ciente en el psicoanálisis, y en parte han sido las contribuciones de la clí-
nica de los comienzos y los estudios sobre el psiquismo perinatal las que
han contribuido a su desarrollo. Las sensorialidades pueden describirse
como el conjunto de experiencias psíquicas que se expresan en torno a
los órganos de los sentidos. A. Konicheckis (2008) propone considerar la
sensorialidad como el complemento libidinal de la percepción, su cara
afectiva.
El sensorium se forma esencialmente sobre las supercies de encuentro
entre partes del cuerpo y objetos del mundo externo, y encarna toda la
ambigüedad de la noción de ‘compartir’, que es al mismo tiempo encuen-
tro y separación. Fenómeno de contacto entre el afuera y el adentro, la
sensorialidad implica también los lazos que se establecen entre la psique
y el soma (KONICHECKIS, 2008, p. 6).
Las primeras experiencias sensoriales del bebé son fragmentadas y dis-
continuas, y será la actividad psíquica la que deberá unirlas. Las satisfac-
ciones o las inadecuaciones por parte de los adultos que cuidan del bebé,
ya sea por falta o por exceso, son experimentadas por él como una ex-
periencia sensorial. La piel adquiere aquí una gran importancia, ya que
posee la capacidad de contener y unir todos los órganos de los sentidos,
favoreciendo así la constitución de una integración, como arman E. Bick
(1968) y D. Anzieu (1985). No es posible suponer que en el bebé ocurran
experiencias fuera de la sensorialidad. Como arma Golse (2002), los sen-
tidos despiertos conrman la presencia de un objeto.
Sensorialidad fetal
Por otro lado, numerosos estudios han demostrado la existencia de una
sensorialidad fetal. Hoy en día está claro que los cinco sentidos humanos
se desarrollan siguiendo un orden invariable durante la vida intrauterina:
en primer lugar el tacto, luego el olfato y el gusto, después la audición y
nalmente la vista. Además, las investigaciones coinciden en que, aunque
no todos alcanzan la maduración antes del nacimiento, estos sistemas
sensoriales ya son funcionales en el útero. Asimismo, los estudios de las
últimas décadas sobre la vida intrauterina han evidenciado la existencia
de una percepción por parte del feto de elementos de su entorno, tanto
intrauterino como externo (Busnel & Herbinet, 1982).
En el embrión, el desarrollo ocurre de acuerdo con el ritmo de la embrio-
génesis. El embrión, luego feto, adquiere progresivamente las grandes
funciones biológicas cuya maduración puede vericarse mediante la ob-
servación y la medición de las variaciones y ondulaciones rítmicas. Este
desarrollo está acompañado del ritmo regular de los latidos cardíacos ma-
ternos y por el sostén tónico de la pared uterina que transmite y amorti-
gua los mensajes propioceptivos y sonoros a través del líquido amniótico.
La precocidad del desarrollo del tacto lo señala como el primer órgano de
transmisión de la información sobre el mundo, lo que lleva a Prat (2007)
a suponer que es la primera base del desarrollo psíquico. La información
sobre el mundo se haría en términos de presencia/ausencia del contacto.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
101 / FLAPPSIP
La piel es, entonces, el primero de los órganos de los sentidos y también
el mayor de nuestros medios de comunicación con el exterior. La singu-
laridad de la piel como órgano de los sentidos respecto a los demás es su
reciprocidad: al tocar, también se es tocado; el contacto supone e incluye
el encuentro, y estas son las primeras sensaciones percibidas en el desa-
rrollo del embrión.
Desde el inicio de la vida, las primeras experiencias sensibles se inscriben
entonces en una dualidad y están hechas de la alternancia entre ‘estar en
contacto’ y ‘estar sin contacto’. Están indisolublemente ligadas a la ritmi-
cidad de los encuentros con lo que se convertirá en el otro, a medida que
avanza el desarrollo, pero que está presente en el plano sensorial desde
el origen (PRAT, 2007, p. 106).
Según la concepción de Prat (2007), las primeras excitaciones que deben
ser transformadas provienen de los elementos táctiles, en la alternancia
entre contacto/pérdida de contacto, creando un modelo base, que será
el prototipo para los demás órganos de los sentidos, los cuales vendrán a
ampliar la gama de modalidades perceptivas ligadas a estar en contacto/
estar sin contacto. En esta concepción, el ritmo primordial es el de la pre-
sencia y la ausencia del otro, probablemente vivido en las experiencias
arcaicas de ‘seguro/abandonado’, cuya alternancia demandará una orga-
nización que restablezca la continuidad. Este ritmo primordial de ‘seguro/
abandonado’ también se manifestará en las demás actividades sensoria-
les cuando se vuelvan funcionales, como el olfato, el gusto, la audición y
nalmente la vista, que permitirán mantener el contacto con el objeto a
distancia.
Estas hipótesis buscan dilucidar qué huellas sensoriales experimentadas
por el feto podrían pregurar una relación de objeto, a partir de los prime-
ros registros parciales y arcaicos. En este sentido, también resulta de gran
interés la propuesta de S. Maiello (2000), al sugerir que las discontinuida-
des de la voz materna, que llegan al feto a través de la pared abdominal y
uterina, le proporcionarían una pre-forma de la experiencia posterior de
la alternancia ausencia/presencia del objeto en la vida postnatal.
Maiello (2000) propone que el encuentro con los sonidos permite al feto
experimentar las diferencias entre los ruidos de fondo, regulares y perma-
nentes, y los sonidos aleatorios. La percepción de la voz materna podría
representar la primera experiencia de alteridad del feto durante la vida
prenatal, ya que no tiene ningún poder sobre su presencia o ausencia. A
partir de sus trabajos sobre los bebés y los datos de la vida fetal que mues-
tran que los bebés perciben los ruidos un mes antes de percibir las voces,
Maiello (2000) considera que “los momentos iniciales de la emergencia
y diferenciación del aparato mental en relación al estado primordial de
unión fusional psicofísica son aquellos ligados a la dimensión acústica”.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
102 / FLAPPSIP
Sabemos que en el útero el feto percibe algunos sonidos, que ciertamen-
te tiene dicultad en discernir si son internos o externos, ya que estos
últimos también le llegan a través del cuerpo materno. Pero algunos soni-
dos son regulares y rítmicos, como los ruidos del corazón materno; otros
son irregulares, como los ruidos digestivos; sin embargo, los sonidos de
afuera son obviamente irregulares e imprevisibles (ruidos del entorno ex-
terno, voces de adultos y especialmente la voz materna). Para S. Maiello
(2000), la irregularidad de la percepción de la voz materna preguraría la
problemática de la ausencia y la presencia que tomará forma central des-
pués del nacimiento, durante el proceso de diferenciación sujeto/objeto
que el niño vivirá.
La sensorialidad y el psiquismo
El ser psíquico del bebé podría denirse por la intensidad de sus sensoria-
lidades, que instauran un espacio personal y fundacional del sentimiento
de sí mismo. Estas sensorialidades corresponden a una experiencia ínti-
ma, única para cada bebé, y difícilmente transmisible. El sensorium de-
limita y crea una especie de cartografía que permite establecer los lími-
tes, las fronteras, las diferenciaciones entre el yo y los otros, a partir de
una experiencia interna, propia, personal, múltiple y variada. Antes del
nacimiento, el niño está envuelto en un medio que produce sensaciones
cenestésicas, auditivas y gustativas. Después del corte del nacimiento, el
niño reencuentra sensaciones que estarán en relativa continuidad con las
que sentía antes: el tono de las voces, la cadencia de los movimientos,
los latidos del corazón y los ritmos corporales. En los momentos de sepa-
ración del objeto, lo que el niño pierde no es la guración de la persona
de su madre, sino las experiencias sensoriales que compartía con ella. El
sentimiento de identidad personal se construye a partir de la actividad
psíquica sensorial, y Konicheckis propuso la noción de identidad sensorial
(Konicheckis, 2000), reriéndose a estas características de las experiencias
sensoriales que componen, poco a poco, la identidad propia de cada ser.
Así, el bebé crea su conocimiento de los objetos por los efectos senso-
riales que estos provocan, ya que al principio siente las sensaciones y las
modalidades perceptivas, no el objeto del cual emanan. Lo materno, en
tanto calicativo, precede la formación psíquica de la representación de
la madre. Recordemos que en su texto sobre la negación, Freud (1925)
arma que el juicio de atribución, que concierne a las características del
objeto, precede al juicio de existencia, que decide si el objeto existe o no
en la realidad externa.
Myriam David (2014) sostenía que en los primeros años de vida del niño,
su motricidad espontánea y las vivencias sensoriales de su cuerpo le per-
miten toda una serie de descubrimientos. La actividad psíquica del bebé
estaría contenida y se ejercería a partir de su sensorio-motricidad, ambos
factores estando en continuo proceso de integración para desarrollar el
psiquismo. En sus palabras:
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
103 / FLAPPSIP
Por psiquismo entiendo esta fuerza interna que habita en nosotros, mis-
teriosa, invisible e impalpable, en actividad perpetua y permanente, en
busca de procesos de “funcionamiento”, de “regulación”, de “organiza-
ción”… Durante los primeros años, lo que ocurre con el psiquismo tam-
bién ocurre con el desarrollo motor del bebé. Es él mismo, y solo él, el
bebé, quien lo elabora cada día, “a pequeños pasos”, utilizando los recur-
sos que se le ofrecen gradualmente, por un lado, por el estado de desa-
rrollo y la integridad de su aparato neuro-sensorio-motor, y, por supuesto
también, por sus encuentros interactivos e intersubjetivos con el entorno
cercano, material y humano, del cual “se” alimenta. Para hacerlo, el bebé
dispone de esta única, pero extraordinaria herramienta que es su aparato
neuro-sensorio-motor en el estadio de desarrollo en el que se encuentra
(DAVID, 2014, p. 280).
Esta fuerza de actividad permanente y dinámica, en busca de procesos de
organización y enlace, tiene como punto fundamental el encuentro con el
otro, con las características de su ritmicidad y narratividad. Este inicio de
la vida es, de alguna manera, el reino de la sensorialidad, la motricidad y
el ritmo, anclados en el cuerpo y en el contacto con el otro.
Partimos de la base de una sensorialidad innata del bebé que une el in-
terior y el exterior a través de los órganos sensoriales y las excitaciones
que reciben y generan sensaciones. Esta sensorialidad primitiva congu-
raría ujos sensoriales (D. Houzel, 2002) inicialmente indiferenciados. Las
excitaciones serán diferenciadas, coordinadas e integradas por el papel
del otro subjetivante, que al reejarlas, espejarlas y traducirlas, posibilita-
rá que se cree una “ritmicidad conjunta” en el vínculo. Es el ritmo el que
funcionará como organizador de estas polisensorialidades (Golse, 2010).
Uno de los puntos a enfatizar en los estudios sobre el bebé es la relativa
discrepancia entre, por un lado, su “aptitud” sensorial y, por otro, su “in-
competencia” motora, lo que parece llevarlo a necesitar, literal y metafó-
ricamente, del cuerpo y los brazos del otro. Dentro del campo del psicoa-
nálisis, recordamos a Winnicott, quien al describir la función materna, se
sirve de un vocabulario corporal al hablar de “holding” y “handling” como
medios fundamentales para darle al bebé humano su consistencia en una
continuidad de existencia.
Las conceptualizaciones de Didier Anzieu (1985) sobre el Yo-piel y el envol-
torio psíquico, y de Esther Bick (1968) sobre la piel psíquica, ofrecen mo-
delizaciones interesantes sobre esta transición entre sensorialidad y sim-
bolización. Ambas nociones, la del envoltorio psíquico y la de piel psíquica,
señalan el papel de la función continente del objeto externo internalizado.
Anzieu (1985), al proponer la noción de “Yo-piel”, busca reintroducir den-
tro del campo teórico del psicoanálisis la dimensión del cuerpo, conside-
rado por él como reprimido en el pensamiento psicoanalítico. El Yo-piel
tendría un doble origen, epidérmico y propioceptivo, y a partir de este se
establecerían las primeras barreras defensivas que ltran los intercam-
bios, tanto internos como con el mundo externo. Fue denido por Anzieu
(1985) como una guración de la que el Yo del niño se sirve durante las
fases tempranas de su desarrollo para representarse a sí mismo como un
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
104 / FLAPPSIP
Yo que contiene los contenidos psíquicos, a partir de su experiencia de la
supercie del cuerpo... Esto corresponde al momento en que el Yo psíqui-
co se diferencia del Yo corporal en el plano operativo, pero permanece
confundido con él en el plano gurativo” (ANZIEU, 1985, p. 39).
Las tres funciones principales del Yo-piel fueron denidas en su artículo
de 1974 (Anzieu, 1974) y están directamente correlacionadas con las pro-
puestas de Winnicott sobre el desarrollo emocional primitivo y las funcio-
nes maternas. La primera de estas funciones es la del mantenimiento del
psiquismo, ligada al hecho de que la piel sostiene los músculos y el esque-
leto, y se desarrolla por la interiorización del holding materno. La segunda
se relaciona con el hecho de que la piel cubre todo el cuerpo, por lo que el
Yo-piel envuelve el psiquismo y lo contiene, desarrollándose también por
la interiorización del handling materno. La tercera función es la de protec-
ción contra los estímulos externos excesivos, función de para-excitación.
En la lectura de R. Roussillon (2007), la problemática central tratada por
el Yo-piel es la de la diferenciación yo/no-yo, ya que su función es ofrecer
una primera forma de delimitación entre el Yo y su entorno. La segunda
diferenciación tratada por este concepto es la que se da entre el Yo psí-
quico y el Yo corporal. Sin embargo, estos procesos no pueden llevarse a
cabo, recuerda Roussillon, “sin un tiempo previo, el de la construcción de
una piel común entre la madre y el bebé” (Roussillon, 2007, p. 95). Esta
piel común depende directamente de la calidad de los cuidados mater-
nos y de las satisfacciones dadas al impulso de apego y a la comunicación
temprana que este implica. En primer plano está, entonces, el registro
sensoriomotor, siendo esta una primera forma de “compartir afectos”.
En cuanto a la dimensión de la reexividad, el primer desafío planteado
por el Yo-piel sería precisamente el de (auto) sentirse, y el bebé apren-
dería a (auto) sentirse a partir de la manera en que es sentido por sus
objetos primordiales. Luego, se trataría de verse a sí mismo, y también
aquí el bebé aprendería a verse según cómo es visto. Lo mismo aplicaría
para oírse y escucharse. D. Anzieu (1985) subraya que la piel representa el
primer modelo de reexividad, ya que al tocar, el sujeto se percibe exter-
namente por la parte que toca e internamente por la parte que es tocada.
Para Roussillon (2007), “el interés del paradigma de la reexividad radica
en que abre la cuestión del lugar del objeto en el nacimiento y en las for-
mas” (Roussillon, 2007, p. 101) que este presenta. “Si la forma de ‘sentirse’
es la primera de la reexividad, ¿cómo pensar en ese contexto el lugar del
objeto?” (Roussillon, op. cit.). A partir de la suposición de la “piel común”
desempeñando una regulación “transicional” dentro de la unidad dual
madre-bebé, podemos completar describiendo la función del objeto en
la transición de la sensoriomotricidad inicial al afecto sensoriomotor, que
adquiere el valor de un mensaje. Este compartir sensoriomotor opera a
través de micro intercambios y ajustes micro posturales entre el bebé y
la madre, y podríamos añadir que también opera a partir de la ritmicidad
conjunta que se constituye entre ambos, y “permite dar progresivamente
a la experiencia sensorial el valor de un mensaje, y, por lo tanto, de un
‘signicante’ psíquico” (Roussillon, 2007, p. 102).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
105 / FLAPPSIP
Es esta transición progresiva de la experiencia corporal al estatus de men-
saje intersubjetivo lo que parece estar en la base del desprendimiento
de la piel a piel inicial, del desprendimiento de la piel del uno y de la piel
del otro, al mismo tiempo que se da la transición y la transformación de
lo corporal propiamente dicho hacia la representación psíquica, que será
capaz de percibirse como una representación psíquica, como una repre-
sentación de sí mismo o de momentos de sí mismo (ROUSSILLON, 2007,
p. 102).
De este modo, se daría la transición del Yo-piel corporal al Yo-piel psí-
quico, representante del envoltorio psíquico del sujeto y también del en-
cuentro con el objeto. Esta comprensión propuesta por Roussillon (2007)
describe exactamente el deslizamiento del cuerpo hacia lo psíquico, hacia
el campo de las primeras representaciones, en los procesos iniciales de
diferenciación entre el sujeto y el objeto.
Podemos constatar que el enfoque de Anzieu remodeló nuestra concep-
ción del psiquismo en relación con la experiencia sensorial y la continen-
cia psíquica del otro, que es primordial para que el sujeto constituya su
envoltorio psíquico. El Yo-piel metaforiza, entonces, tanto la intimidad
sensorial como la función materna.
Antes que Anzieu, pero en la misma perspectiva que enfatiza la relación
del cuerpo con la constitución del psiquismo del niño, Esther Bick (1968)
había propuesto la noción de “piel psíquica”, un objeto continente intro-
yectado por el bebé que delimita las fronteras entre lo interno y lo exter-
no. Según esta concepción, la función primaria de la piel del bebé es unir
las partes del cuerpo aún no diferenciadas e integradas. En su forma más
primitiva, estas partes de la personalidad se sienten como si no tuvieran
ninguna conexión entre sí y son mantenidas unidas pasivamente por la
piel que funciona como límite. Esta función de contención de las partes
no integradas del bebé depende de la introyección inicial de un objeto ex-
terno (madre/pecho), que dará lugar a la fantasía de los espacios interno
y externo. El objeto continente introyectado es experimentado como una
piel: cumple la función de “piel psíquica”, límite y frontera entre lo interno
y lo externo. Solo más tarde, la identicación con esta función del objeto
sustituye el estado no integrado y da lugar a la fantasía de espacios inter-
nos y externos, y solo entonces el niño podrá servirse de los mecanismos
de escisión e idealización. Hasta entonces, la identicación proyectiva si-
gue siendo el mecanismo psíquico dominante.
Esther Bick (1968) propone elementos para diferenciar entre los estados
de no-integración, como una experiencia pasiva de desamparo total, y los
de desintegración, que ya implican una operación defensiva activa me-
diante los procesos de escisión. El desarrollo insuciente de esta función
de la piel puede atribuirse a fallas en la adecuación del objeto, lo que po-
dría llevar al desarrollo de una “segunda piel”, a través de la cual el niño
se muestra en una pseudo-independencia, utilizando inapropiadamente
ciertas funciones mentales con el propósito defensivo de crear un sustitu-
to para esta función de piel continente.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
106 / FLAPPSIP
Por su parte, A. Konicheckis aborda la importancia del movimiento del
niño, armando que “el movimiento corporal se expresa como un hilo
que conecta las excitaciones dispersas y difusas” (Konicheckis, 2008, p.
49). Así, la identicación con sus propios movimientos favorece los pri-
meros sentimientos identitarios del niño. En cierto modo, el movimiento
comportaría entonces la cuna de la representación del objeto. La percep-
ción del movimiento y la ritmicidad interna permitirá al bebé articular sus
propias actividades y movimientos al ritmo de su madre, o de quien esté
en relación con él. Este ajuste recíproco implica una creación rítmica a
dúo, donde cada díada tendrá su propio ritmo, su estilo temporal. Las
situaciones de cuidado corporal, como la alimentación, son el prototipo
de esto: la profunda articulación de los ritmos del bebé y de la madre
determina una danza y una música que acompañan el texto de las pala-
bras. A través del movimiento, el cuerpo gura y transforma, interpreta y
simboliza.
G. Haag (1986), al estudiar la estructura rítmica del primer continente, la
madre, mostró la importancia de estas primeras articulaciones de la in-
terpenetración de las miradas, los ritmos y los cuerpos como experiencias
para que el bebé se sienta contenido en este envoltorio primario, con-
dición para la construcción del psiquismo. Esta interpenetración rítmica
establece una relación en la que cada aspecto de uno es recibido y conte-
nido por el otro, en una relación de holding psíquico.
Vemos entonces cómo las diversas expresiones de la sensorialidad, a tra-
vés de pre-simbolizaciones corporales, conrman y profundizan el postu-
lado de Freud de que “el Yo es ante todo un Yo corporal, no es solamente
un ser de supercie, sino que él mismo es la proyección de una supercie”
(Freud, 1923, p. 270).
Estas diversas concepciones intentan describir cómo se construye el pen-
samiento y la actividad psíquica del bebé en su propio cuerpo: los gestos,
las mímicas y los movimientos del bebé son al mismo tiempo indicativos y
constructivos de su propia actividad psíquica. La observación nos muestra
que, en los orígenes, todo sucede en el cuerpo y en la relación. El cuerpo
del bebé se presenta como el teatro privilegiado en el que se da la expe-
riencia, la expresión y la elaboración de su vivencia en la relación con el
otro, construyendo las transiciones entre el nivel sensitivo-sensorial y la
futura simbolización del objeto ausente.
Así, una de las necesidades básicas del bebé es ser contenido en su vida
psíquica. A partir de ahí, descubrirá la alteridad y desarrollará la capaci-
dad de simbolizar las experiencias, lo que presupone poder manejar la ex-
periencia de la ausencia del objeto. Es importante recordar que el objeto
continente es interactivo: la continencia se da en el juego relacional, entre
las capacidades perceptivas del bebé y la capacidad materna de sintonía
afectiva.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 98 - 107
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.8
107 / FLAPPSIP
Todo esto indica que el trabajo psíquico del otro es fundamental para
determinar si el niño logrará o no constituir sus procesos de subjetiva-
ción y simbolización. Dicho de otro modo, en estos procesos iniciales de
constitución psíquica, no sólo importa la alternancia entre la presencia y
la ausencia del objeto, sino también las características y la calidad de la
presencia del objeto.
Referencias Bibliográcas:
ANZIEU, D. Le moi-peau. Nouvelle Revue de
Psychanalyse, Paris, n. 9, p. 195-203, 1974.
________ Le Moi-Peau. Paris: Dunod, 1985.
BICK, E. The experience of the skin in early
object-relations. International Journal of
Psychoanalysis, Londres, v. 49, p. 484-486,
1968.
BION, W. R. (1962). Aux sources de
l’expérience. Paris: PUF, 1979
BUSNEL, M.C. e HERBINET, E. – (orgs.).
L’aube des sens. Paris: Stock, 1982
CICCONE, A. Naissance à la pensée et
partage d’aects. Conférence au Colloque
«Vínculos tempranos, clínica y desarrollo
infantil», Montevidéo, 31 août 2007.
DAVID, M. Prendre soin de l’enfance.
Toulouse: Érès, 2014.
FREUD, S. Edição Standard Brasileira das Obras
Psicológicas completas de Sigmund Freud. Rio de
Janeiro: Imago, 1976.
_________ (1923). O ego e o id. In: Edição Standard Brasileira das Obras Psicológicas completas de
Sigmund Freud. Rio de Janeiro: Imago, 1976. v. XIX, p. 73-148.
_________ (1925) A negativa. In: Edição Standard Brasileira das Obras Psicológicas completas de Sigmund
Freud. Rio de Janeiro: Imago, 1976. v. XIX, p.295-300.
GOLSE, B. Le bébé à l’épreuve des sens. In: ANDRE J. e BAUDIN M., La vie sensorielle. Paris, P.U.F..
2002
________ L’être-bébé. Paris, Presses Universitaires de France, 2006.
GOLSE, B.; ROUSSILLON, R. – La naissance de l’objet, Paris: PUF, 2010.
HAAG, G. Hypothèse sur la structure rythmique du premier contenant,Gruppo,no2, 1986, p.
45-53.
HOUZEL, D. L’aube de la vie psychique. Paris: ESF, 2002.
KONICHECKIS, A. Identité sensorielle chez le bébé et à l’adolescence. In: GUTTON, P. &
GODENNE, G. Troubles de la personnalité, troubles de la conduite. Monographie ISAP. Paris:
GREUPP, p. 139-149, 2000.
_______________ De génération em génération: la subjectivation et les liens précoces. Paris, P.U.F.
Coll. Le l rouge, 2008.
_______________ Continuités, discontinuités... de la diculté à établir des liens psychiques. In:
CHABERT, C. (org.). In: Les séparations. Toulouse: Érès, 2013, p. 57-70.
MAIELLO, S. Trames sonores et rythmiques primordiales,In: Journal de psychanalyse de
l’enfant,no26, Paris, 2000.
PRAT, R. - La préhistoire de la vie psychique: son devenir et ses traces dans l’opéra de la
rencontre et le processus thérapeutique.In: Revue française de psychanalyse1/2007, vol.71, p.
97-114. Paris
ROUSSILLON, R - Paradoxos e situações limite da psicanálise, São Leopoldo, Ed. Unisinos, 2006.
_______________ Le Moi-peau et la réexivité. In: Didier Anzieu: le Moi-peau et la psychanalyse des
limites. CHABERT, C.,CUPA, D., KAES, R., ROUSSILLON, R. (orgs.) Toulouse: Érès, 2007.
_______________ Le transitionnel, le sexuel et la réexivité, Paris, Dunod, 2008.
WINNICOTT, D. (1949). L’esprit et ses rapports avec le psyché-soma. In: De la pédiatrie à la
psychanalyse. Paris: Payot, 1969, p.66-79.