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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 109 - 124
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.9
ANDRÉ GREEN E O CASO GABRIEL
EM A POSIÇÃO FÓBICA CENTRAL
ANDRÉ GREEN Y EL CASO GABRIEL
EN LA POSICIÓN FÓBICA CENTRAL
ANDRE GREEN AND GABRIEL
IN THE CENTRAL PHOBIC POSITION
Gisele Senne de Moraes
Departamento de Psicanálise do Instituto Sedes Sapientiae
ORCID: 0000-0002-6578-4200
gimoraes@uol.com.br
Data de Recebimento:04-10-2024
Data de Aceitação: 30-10-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Senne de Moraes G. (2024) ANDRÉ GREEN
E O CASO GABRIEL EM A POSIÇÃO FÓBICA CENTRAL
Intercambio Psicoanalítico 15 (2), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.9
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Introducción
El presente artículo1 deriva del curso Dimensiones del inconsciente psicoa-
nalítico: revisitando casos clásicos,2 que tuvo como propósito mostrar la ar-
ticulación entre clínica y teoría de importantes psicoanalistas, para expli-
citar la coherencia entre el hacer psicoanalítico y la teoría construida por
el autor. La inclusión de André Green en el curso pretendió contemplar
la signicativa contribución que autores contemporáneos trajeron al psi-
coanálisis; Green fue uno de los elegidos por su relevancia en el campo
psicoanalítico a partir de la década de 1960 hasta el nal de su vida. El
psicoanalista vivió entre 1927 y 2012, escribió una extensa obra, sobre
todo en el campo de las fronteras, y es una lectura fundamental para la
comprensión de los casos límite o borderline. El caso elegido en el curso
fue Gabriel, presentado por Green en el texto La posición fóbica central,3
material que representa el pensamiento maduro del psicoanalista. En el
artículo, Green deende la centralidad del aspecto fóbico en el funciona-
miento de algunos pacientes en las sesiones, motivo por el cual lo deno-
mina posición fóbica central, aportando observaciones extraídas del largo
análisis de Gabriel, el caso clínico que lo ayudó a comprender ese modo
de funcionamiento. El autor también presenta su pensamiento clínico
sobre el caso y sus formulaciones sobre el proceso asociativo esperado,
tejidas a partir del modelo desarrollado por Freud en el Proyecto de una
psicología cientíca (1895).
ANDRÉ GREEN
Y EL CASO GABRIEL
EN LA POSICIÓN FÓBICA CENTRAL
Gisele Senne de
Moraes1
1 Gisele Senne de Moraes es
psicoanalista, miembro del
Departamento de Psicanálise del
Instituto Sedes Sapientiae, maestra y
doctora en psicología por el Instituto
de Psicología de la Universidad de
São Paulo, donde estudió la obra de
Silvia Bleichmar.
1 Agradezco a Nelson Coelho Junior por la
atenta lectura y por sus contribuciones al
texto.
2 Curso de corta duración, en colaboración
con Douglas Rodrigo Pereira, Jonas
de Oliveira Boni, Ricardo Cavalcante y
Thiago Abrantes, que contó con una clase
introductoria de Nelson Coelho Jr., ofrecido
por el Instituto Nebulosa Marginal en 2021.
3 El artículo en el que Green relata el caso
Gabriel, “La position phobique central:
avec un modèle de l’association libre”,
fue publicado en la Revue Française de
Psychanalyse en julio de 2000 y traducido
al portugués por la Revista de Psicanálise
da Sociedade Psicanalítica de Porto Alegre
en 2010 con el título “A posição fóbica
central: com um modelo da associação
livre”. También está publicado en el
libro La pensée clinique (2002), que fue
traducido por Amorrortu al español como El
pensamiento clínico (2010).
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El caso Gabriel
Las sesiones con Gabriel eran marcadas por “angustias permanentes”, por
un discurso confuso y particularmente impreciso en cuanto a los aconte-
cimientos y fechas, que a veces aparecían relatados en una edad y otras
veces en otra. Era un discurso repleto de generalidades que funcionaban
como una niebla en el pensamiento de Green. Cuando surgían temas in-
teresantes y Green lograba seguir el pensamiento de su paciente, Gabriel
decía que el psicoanalista se habría cansado de él y que lo echaría fuera. El
paciente recurría frecuentemente a frases como “no sé”, “no me acuerdo”,
“no es apasionante lo que estoy diciendo”, frases que eran una especie de
“fórmula” que aniquilaba la capacidad de pensar de Green.
Le tomó años al psicoanalista comprender que Gabriel había vivido con
una “nodriza” (Green, 2010a, p. 71) cuando tenía entre 1 y 3 años. Cuando
se le preguntó, el paciente no sabía decir por qué había ocurrido esto.
Gabriel fue separado de su madre y solo su padre lo visitaba. Esperaba
silenciosamente a su madre, sin demostrarlo, por miedo de que su padre
también desapareciera. Cuando la madre fue a recogerlo, él no la recono-
ció. Finalmente, Gabriel pudo relacionar el suceso con el hecho de que su
madre no había notado un absceso en su seno que le impedía amaman-
tar: de su seno sólo salía pus, pero ella no sentía ningún dolor y no veía
la desesperación de su hijo que adelgazaba y que posiblemente estaba
deshidratado.
Los padres se separaron cuando tenía 12 años y Gabriel vivió con su ma-
dre “deprimida e inaccesible” hasta los 15, cuando ella se mudó de casa y
lo dejó. El padre se había casado otra vez y lo invitó a vivir con él en otra
región, pero Gabriel vivía en conicto con su madrastra y decidió no ir,
quedándose completamente solo. Tuvo una adolescencia turbulenta y,
tras reprobar el examen nal de la escuela secundaria, vivió un tiempo
fuera de Francia; nueva etapa de completo aislamiento, soledad y tristeza.
Parte inferior do formulário
Durante años, la madre prerió no ver a Gabriel, no lo buscaba, evita-
ba las visitas del hijo e incluso llegaba a desconectar la línea telefónica.
Cuando contestaba al teléfono se quejaba de todo, armando que solo
Gabriel podía ayudarla, pero no escuchaba nada de lo que él decía. Green
nalmente comprendió que la madre de su paciente no soportaba las
separaciones, temía enfermarse al separarse después de una visita o una
conversación. La solución para evitar el sufrimiento era no encontrar con
el hijo.
Gabriel, en una ocasión, trajo el recuerdo de verse esperando a su madre
después de haber sido separado de ella: “No es posible, eso no puede ser
yo” (p. 72). Para Green, esta sería una creación terapéutica cargada de
verdad, no una fantasía. En ese “eso no puede ser yo” había un no reco-
nocimiento de la imagen de sí mismo, una imagen de sí mismo percibida
y representada, pero negada al mismo tiempo.
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Gabriel tenía tormentos permanentes, pero según Green él no los poseía,
porque “lo que lo angustiaba encontraba explicación en el comportamien-
to de los otros hacia él” (p. 72). Era un movimiento defensivo en el que las
fronteras yo-otro quedaban confusas. Para Green, no se trataba tanto de
la relación yo-otro, sino de una no diferenciación bien establecida. Con-
fusiones facilitadas en la adolescencia en momentos con su madre, por
ejemplo, cuando ella lo presentaba como hermano o tal vez como esposo,
con diferentes nombres, momentos en los que lo colocaba en una situa-
ción de “suspensiones transitorias de su identidad” (p. 73). No eran iden-
ticaciones, al contrario, impedían las identicaciones. Eran movimientos
que sugerían relaciones duales o de no separabilidad, pero Green com-
prendió, al mismo tiempo, que había elementos que indicaban la presen-
cia del tercero, como en la fantasía de que el padre sería el responsable
de la privación materna, porque quería a la madre solo para él. Por eso
habría apartado a Gabriel, privándolo de la relación con su madre durante
el amamantamiento; la relación con el seno materno, con la madre duran-
te el amamantamiento, aunque mortífera, era posesión de Gabriel.
Green fue comprendiendo mejor a su paciente y algunos de sus compor-
tamientos. En una ocasión, al mencionar la espera por su madre cuando
estuvo separado de ella, Gabriel volvió al absceso en el seno materno con
un relato de la madre sobre su amamantamiento: “y tú chupabas y chu-
pabas y chupabas”, lo que llevó a Green a pensar que nada salía, tal como
en las sesiones, suponemos en el texto. Cuando Gabriel se acercaba a
campos asociativos peligrosos, capaces de conexiones, parecía desvane-
cerse, hecho que se repetía en su vida, en diferentes relaciones persona-
les o profesionales. Green comprendió que su paciente no solo no podía
acercarse a experiencias de vacío, sino que también provocaba en el otro
tales experiencias, lo que ocurría en el análisis a través de la imprecisión y
confusión en sus relatos.
La forma de hablar vaga, imprecisa y confusa de Gabriel, que a veces
reconocía interpretaciones para luego descartarlas, para Green, ocurría
porque cada nuevo avance iba hacia una dirección amenazante; todas
las direcciones eran amenazantes, era mejor paralizarse. Así, todas las ca-
denas asociativas llevaban a traumas, huir de una era caminar hacia otra
igualmente traumática. Entonces:
Comprendí [...] que lo que impedía su despliegue asociativo, lo que [...] ha-
cía estancar esta progresión pluridimensional y esterilizaba su curso era
la anticipación del punto al cual esto podía conducirlo. Al nal, era como
si todas llevaran a la cascada de traumas, respondiéndo unos a los otros.
(Green, 2010a, p. 74)
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Modelo de asociación libre
Para avanzar sobre la posición fóbica central, Green expuso lo que sería
una sesión productiva. La inspiración fue el modelo gráco propuesto por
Freud en el Proyecto para una psicología cientíca (1895), en el capítulo
“Introducción al Yo”.
Así, en una sesión productiva, cuando hay asociación libre, el paciente
dice frases que no se suceden en una conexión lógica, de manera dis-
persa, donde cada idea semánticamente coherente está rodeada de co-
mentarios circunstanciales. El modelo neuronal de Freud en el Proyecto,
pensado como metáfora para la asociación libre, nos lleva a considerar
que los cambios en los trayectos asociativos buscan “impedir el estable-
cimiento de conexiones demasiado directas con el inconsciente” (p. 63),
sin embargo, los comentarios circunstanciales son como las investiduras
colaterales. El discurso despista la lógica para el oyente común; pero al
psicoanalista le provee conexiones que permiten acceder a lo reprimido.
De este aspecto se deriva la propuesta de Green de que las “diferentes
investiduras laterales debían ser relacionadas con la vía obstruida que no
puede ser recorrida, lo que conduce directamente de a a b” (p. 63). De este
modo, la asociación libre enriquece las posibilidades poéticas del habla, al
promover el relajamiento de la censura, y propicia:
una actividad que intensica modos de irradiación a distancia entre par-
tes del discurso, como buscan deliberadamente la poesía y la escritura
artística, pero de forma controlada. Lo que nos indica que esa irradiación,
al suscitar efectos a distancia, parece ser una capacidad del espíritu hu-
mano que entra en juego cuando aquello a lo que apunta el discurso no
puede ser enunciado sin implicar un riesgo para quien se expresa, o que
un discurso indirecto es más rico cuando adopta las formas de la poética.
(Green, 2010a, p. 64)
Como en el original freudiano, Green aproxima el funcionamiento asocia-
tivo a un modelo arborescente.4 Sin embargo, el énfasis está en el aspecto
reticular, susceptible de múltiples resonancias, con núcleos de reverbera-
ción retroactiva y anunciación anticipadora que se conectan entre sí. Hay
reverberación retroactiva en la medida en que un enunciado adquiere
sentido a partir de ecos retroactivos en los enunciados emitidos antes
en la sesión, lo que evidenciaría “la persistencia de su poder signicativo
mucho tiempo después de que el discurso que los vehiculaba se haya ex-
tinguido” (p. 65). Y hay anunciación anticipadora en la medida en que algu-
nos términos funcionan como advertencias, pero que solo son percibidos
por su carácter anticipatorio por el analista a posteriori, ya que el valor de
tal anticipación se encontraba aislado, impidiendo al analista percibir lo
que anunciaba.
4 En la página 65 (2010), el autor presenta la
siguiente gura:
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Dicho de otra manera, el modelo propuesto por Green para explicar una
sesión productiva (cuando hay asociación libre) prevé el discurso del pa-
ciente en la sesión como un circuito dentro de una estructura temporal
compleja. La exposición de Green sugiere que el psicoanálisis propone un
paradigma asociativo diferente de la linealidad presente en las teorizacio-
nes lingüísticas. El discurso asociativo, cargado de quanta de afecto, posee
efectos de irradiación, con resonancias que operan interconectadas en
red, ya sea por el carácter anticipatorio de ciertos enunciados o por la
reverberación retroactiva que opera en las sesiones. Copio un fragmento
que resume esta comprensión:
Vemos que un funcionamiento de este tipo recuerda mucho más a una
gura de red que a la de linealidad, a veces ramicada en la coexistencia
de diferentes temporalidades, lineares y reticulares. Además, entre las
ramicaciones que entran en la guración del proceso, algunas partes
pueden permanecer mudas, porque son sometidas a una fuerte contra-
investidura; no son menos activas en el inconsciente, y a veces pueden
ser reanimadas o, en otros casos, llegar a excitar a otras sin expresarse
explícitamente. Otras parecerán ausentes, y el sentido jamás se desarro-
llará a partir de ellas, pero insinuarán en la mente del analista la idea de su
necesidad para alcanzar una comprensión mínima y, sin embargo, siem-
pre hipotética. Si efectivamente hay una arborescencia del sentido, es en
la medida en que se puede pasar de una rama del árbol a otra por un
trayecto recurrente para luego llegar a las bifurcaciones posteriores de la
rama de la que se partió. (Green, 2010a, p. 66)
Es interesante notar el uso que el autor hizo de expresiones que remiten
al universo del movimiento, de ondas y de la energía, tales como efecto
de irradiación, resonancia, vibración interna, propagación asociativa... La red
formada con el discurso asociativo es una red por donde circula el aspec-
to energético. El modelo sugiere que los afectos desempeñan el papel
más relevante en las difracciones o desvíos. Así, Green sostiene que el
discurso asociativo tiene como marca los efectos de irradia-
ción, lo que implica que sus puntos nodales, donde ocurren
difracciones, son portadores de efectos dinámicos articu-
lables con otros momentos del discurso en la sesión o en
otras sesiones. Como dijimos, el modelo de asociación libre
fue el punto de partida para que Green se acercara al fun-
cionamiento mental en la posición fóbica central. En esta, al
desviar un elemento nodal del discurso, el paciente puede
llegar a otro punto desencadenante de afecto, lo que pro-
voca otro desvío, una nueva difracción, y así sucesivamente.
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Gabriel y el riesgo de cortocircuito
Destaqué anteriormente que el discurso asociativo sería arborescente,
sus elementos, al irradiar, resuenan unos en los otros, formando una
especie de red interconectada. Así, cada bloque de elementos discursi-
vos — que Green denominó semantemas — forma un circuito propio; los
circuitos se integran formando circuitos mayores, a veces en momentos
bastante distintos de la sesión. En Gabriel, los circuitos estaban constitui-
dos por diferentes traumas con vías de circulación impedidas. Al desviar
de una vía asociativa amenazante, Gabriel accedía a otra igualmente pe-
ligrosa, cuya circulación también se encontraba impedida. Para escapar
de una trampa, avanzaba directamente hacia otra tan o más peligrosa. El
psiquismo de Gabriel era un campo minado, no había por dónde circular.
De esta forma, el principal problema en sus sesiones era que acceder a un
determinado campo semántico traumático tendría el potencial de conectar
diversos campos semánticos traumáticos, siendo la posibilidad de que todo
se conectara el mayor peligro de todos. La única solución era desvanecer,
confundir, borrarse en la producción contratransferencial, lo que tenía como
efecto impedir la capacidad de pensar del psicoanalista.
La propuesta de Green, al escribir su texto, era mostrar el funcionamiento
psíquico fóbico en las sesiones. A diferencia de los pacientes que hacen
relatos sobre sus fobias, cuyos análisis producen asociaciones y nuevas
posibilidades, en la posición fóbica central — incluso cuando hay relatos
de fobias — el síntoma fóbico es insuciente para “circunscribir el conic-
to o, al menos, sus aspectos más investidos” (p. 58), de tal forma que el
análisis de la fobia patina en falso, llegando a conclusiones imprecisas e
indeterminadas.
El aspecto fóbico se localiza en la evitación de la regla fundamental del
psicoanálisis, la asociación libre, con la evitación de la inteligibilidad del
discurso y, consecuentemente, de la capacidad de pensar del analista,
luego, del propio proceso analítico. Para Green, habría una falencia de la
defensa neurótica. El esparcimiento de la evitación fóbica produce una
extensa inhibición del Yo y lleva a un aislamiento cada vez mayor del pa-
ciente. Los pacientes sienten que huyen, pero no saben de qué huyen. En
realidad, huyen de sí mismos, no solo de algún aspecto transgresor que
puedan tener.
De esta forma, el funcionamiento fóbico de Gabriel era una actitud de
evitación que resultaba en el perjuicio del propio pensar, de la capaci-
dad de pensar del paciente y del analista. La posición fóbica central sería
una “disposición psíquica de base que se encuentra generalmente en el
tratamiento de ciertos estados límites” (p. 60). Lo central tendría relación
con el carácter fundamental de la disposición al evitamiento. Lo central,
así, tiene relación con las resonancias entre temas amenazantes no solo
en función de las sanciones del Superyó, sino también amenazantes para
la propia organización del Yo, temas que se potencian unos a otros por
la amplicación que producen entre sí, volviendo fundamental evitar co-
nexiones. Son situaciones en las que no hay un único evento traumático
(aunque este haya sido intenso); existen diversos eventos traumáticos.
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Constelaciones traumáticas que, si se conectan — y vimos que la propues-
ta de la asociación libre es la de la conexión de distintas situaciones se-
mánticas —, serían catastrócas con potencialidad para desmantelar el
Yo:
El verdadero trauma consistirá entonces en la posibilidad de verlos reu-
nidos en una conguración de conjunto donde el sujeto pierde su capa-
cidad interior de oponerse a las prohibiciones y ya no puede asegurar los
límites de su individualidad, recurriendo a identicaciones múltiples y a
veces contradictorias, y ahora encontrándose incapaz de utilizar solucio-
nes defensivas aisladas. Es por eso que la idea de centralidad me pare-
ció la más apropiada para denir una situación “entre dos aguas”, nivel
intuitivamente percibido por el analista como aquel en el que progresa
la corriente asociativa, enfrentando aquello que crea obstáculos a su pro-
gresión, a sus ramicaciones, al despliegue hacia la supercie, así como
hacia la profundidad. (Green, 2010a, p. 61)
El posicionamiento de evitación de Gabriel, que iba en el sentido de es-
quivar la asociación libre, sería una manifestación de lo negativo. En este
momento, se hace apropiado abordar el concepto de trabajo de lo nega-
tivo desarrollado por el autor, fundamental también para comprender el
modelo de aparato psíquico y algunas construcciones teóricas de Green.
El trabajo de lo negativo, el duplo límite del aparato psíquico y el narcisis-
mo primario
El concepto de trabajo de lo negativo fue desarrollado por Green en algu-
nos artículos a lo largo de los años, con aproximaciones más o menos
distintas a cada nuevo material y es tema de un libro del autor. Intentaré
“sintetizar” la idea descomponiendo sus términos: trabajo y negativo. El
término trabajo fue tomado del uso que Freud hizo de la palabra, como
proceso de transformación en el aparato psíquico (Green, 2008b, p. 260).
Así, al igual que el trabajo de los sueños o el trabajo del duelo, la nega-
ción también implica un trabajo psíquico, una exigencia al psiquismo, por
ejemplo, como construcción de un no a la descarga pulsional directa.
Ya con respecto al término negativo, la inspiración mayor de Green pa-
rece haber sido La negación (1925), texto sobre el cual llegó a armar: “El
artículo de Freud sobre la ‘Negación’ es, de lejos, en lo que a mí respecta,
el artículo que más me hace reexionar, en mi práctica analítica y en mi
elaboración teórica” (Green, 1990b, p. 79). En el texto, Freud arma que la
negación en el lenguaje — “no, no es eso” — sería un sustituto intelectual
de la represión, de tal forma que el no más distante sería un sí, disfrazado
en función de la represión. Para ello, Freud sostiene que hay dos tipos de
juicios en el psiquismo: de atribución y de existencia. El primero, el juicio
de atribución, decide si el objeto es bueno o malo y, así, si debe ser incor-
porado o excorporado. Es el juicio más cercano al lenguaje pulsional y es
anterior al otro. El juicio de existencia, por su parte, establece diferencia-
ción entre objeto interno y externo, si el objeto existe o no. O, como Green
rescata de Sara y César Botella, si es “Solo dentro – También fuera” (Green,
2008b, p. 265).
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Green destacó en las Conferências Brasileiras el hecho de que Freud ar-
mara que el juicio de atribución (si el objeto es bueno o malo) antecede
al juicio de existencia (si el objeto existe o no) y va más allá al reexionar
sobre su incidencia:
lo que quiere decir que una cosa es considerada buena o mala antes de
que hayamos decidido si existe o no, lo que contradice cualquier lógica,
porque incluso si no existe en la realidad, puede existir en nuestra mente
tiene una frase que me llevó a abismos de reexión... Freud dice que,
si buscamos la fuente de esta función de la negación y de la armación, la
encontraremos en el lenguaje de las más antiguas mociones pulsionales:
las pulsiones orales. [...] entonces la negación deja de ser una función del
Yo. El trabajo de lo negativo ya no es una actividad defensiva que solo
estaría ligada al Yo [...]. (Green, 1990b, pp. 79-80)
A partir de estas dos aproximaciones, es posible armar que el trabajo
de lo negativo se reere al conjunto de operaciones caracterizadas por
alguna forma de negación en el interior de las instancias psíquicas y entre
ellas. Esto incluye las defensas primarias y aquellas cuyo prototipo es la
represión (Verdrängung), como la renegación5 (Verleugnung), la forclusión6
(Verwerfung), y hasta la denegación o negación (Verneinung) en el lenguaje.
El trabajo de lo negativo, así, opera desde la pulsión hasta el lenguaje:
“lengua del Yo — aquella que habla — [y] lengua del Ello — aquella que
traga o escupe” (Green, 2010b, p. 291). Cuanto más cerca esté el trabajo
de lo negativo del representante psíquico de la pulsión, más próximo es-
tará de lo mortífero; cuanto más próximo a la represión, mayor será su
cercanía con la pulsión de vida (Green, 1990b, p. 81).
Green habla de la excorporación, mecanismo previo a la identicación
proyectiva (Green, 2010b, p. 292), como el “no” del Ello (yo escupo, yo vo-
mito). Se trata de una acción que busca botar afuera el mal, expulsarlo
a lo más lejos posible, lo que se relaciona con el establecimiento de los
límites dentro-fuera, permitiendo “la creación de un espacio interno en
el cual el Yo como organización puede nacer para instaurar un orden ba-
sado en el establecimiento de conexiones relacionadas con experiencias
de satisfacción” (p. 292). La idea de establecer el dentro-fuera remite a la
instauración del Yo como organización y, por ende, del objeto como algo
separado.
5 Renegación, según traducción de
Laplanche y Pontalis (2001). También
se suele traducir el término como
“desmentida”.
6 Lacan tradujo Verwerfung como
forclusión, “mecanismo de repudio fuera de
la cadena simbólica” (Green, 2008b, p. 261).
Green menciona que la palabra alemana
también habría sido traducida como
repudio (p. 261).
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La expulsión del mal (Green, 2010d,
p. 303) protege al Yo, siempre que
el otro se encargue de descargar el
excesivo del niño, siempre que lo ex-
corporado y proyectado en el objeto
sea transformado y restituido al niño.
Se trata de una cuestión de espacio
y tiempo, dice Green reriéndose a
construcciones bionianas y winnicot-
tianas. El trabajo de lo negativo, por
lo tanto, está en la pulsión excorpora-
da y proyectada en el otro, pero es un
no que se extiende al propio objeto,
a la negación misma de su existencia,
para que el Yo pueda ser instaurado:
“Es esencial para la construcción del
Yo del bebé que se le permita decir sí
a sí mismo, que la madre acepte que
él pueda decirle no. No solo en la forma de ‘Eres mala’, sino a veces tam-
bién, ‘No existes’” (Green, 2010b, p. 292).
Como vemos, el trabajo de lo negativo está presente en las defensas psí-
quicas que constituyen los límites del psiquismo, estableciendo un doble
límite al operar en sus bordes, en lo somático y en lo real. Funciona ex-
pulsando los excesos, para así poder hacer las conexiones internas. Para
ello, es necesario que los objetos externos tengan la función de capturar
los excesos expulsados del psiquismo y lograr digerirlos, para que puedan
ser re-introyectados. El ambiente externo tiene un papel primordial para
el establecimiento del adentro y el afuera, un papel de continente, en los
términos de Bion. Dos límites, dos fronteras: las fronteras cuerpo/psiquis-
mo y psiquismo/real. En medio, en el área intermedia entre lo somático y
lo real, se constituye el psiquismo.
Green presenta un modelo gráco de su propuesta de aparato psíquico,
siguiendo una secuencia que va desde lo somático al objeto externo, mis-
ma dirección que vemos en el modelo freudiano de la interpretación de
los sueños, del inconsciente a la percepción. A continuación, presento el
modelo de Green, explicitando el modelo freudiano de La interpretación
de los sueños (1900)7 en su interior, en el que visualizamos claramente la
propuesta de doble límite del aparato psíquico:
7 El modelo diseñado se apoya en las
imágenes de los textos 2ª Conferencia:
“teoría de las representaciones (cosas y
palabras)” (1990a) y El análisis del material y
sus componentes (2008a), complementadas
por las contribuciones de Fernando
Urribarri presentadas en el grupo de
estudios sobre André Green (18/8/2017).
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Como podemos observar en la imagen, el campo de lo psíquico es esen-
cialmente dominio de las representaciones8; la propia representación es
un negativo, en el sentido de la no positividad de la presencia del objeto.
Candi (2010) señala que lo negativo también es lo que no se encuentra en
la positividad del psiquismo como representable, es lo irrepresentable (o
lo irrepresentado), lo traumático y excesivo. Esta autora sugiere además
que lo negativo en la obra de Green a veces se aproxima a la represión o
a lo blanco (psicosis blanca), mientras que en otras ocasiones se inclina
hacia ideas de vacío y de irrepresentable.
El trabajo de lo negativo constituye el psiquismo, pero también lo ame-
naza, en la medida en que el exceso y la destructividad no sean transfor-
mados por el otro y restituidos al sujeto, al niño. El aspecto destructivo
adquiere protagonismo debido a la ausencia o la presencia excesiva de
objetos primarios buenos internalizados que produzcan una estructura
encuadradora en el narcisismo primario. Cuando la amenaza sobresale,
hay lo negativo de lo negativo.
La secuencia a continuación permite acercarnos a las ideas de estructura
encuadradora y narcisismo primario en Green:
Es solo cuando la respuesta del objeto se produce en un plazo suciente
y tolerable, y en una forma asimilable (capacidad de rêverie de la madre,
según Bion), que el Yo del niño puede decirse: “esto no es esto, pero esto
puede funcionar”. Y es desde este punto que puede partir la represión. La
represión se realiza, por lo tanto, bajo el modelo de las aceptaciones y de
los rechazos del objeto. Comprendemos mejor la comparación antropo-
mórca de Freud mencionada al inicio de estas reexiones [en La repre-
sión (1915)]. El pequeño hombre que está en el hombre es, de hecho, una
pequeña madre. Lo agradable o lo desagradable para el Yo se fundamen-
ta en aquello que es agradado o no agradado por el objeto. La relación
con el objeto ha sido internalizada, el sí y el no han sido introyectados. La
represión originaria establece el límite entre el Cs-Pcs, de un lado, y el Ics,
del otro. (Green, 2010b, p. 293)
.
8 Y de los representantes psíquicos de
la pulsión. Green presenta una analogía
antropomórca interesante en la
conferencia de su libro Conferências
Brasileiras de André Green (1990a)
para diferenciar un representante de
una representación. El representante
psíquico de la pulsión sería un mensajero
del cuerpo, aquel que trae un mensaje
diciendo, por ejemplo, “tengo sed”. La
sed sería una manifestación psíquica
de un desequilibrio iónico de las células
del cuerpo. En el promedio de los seres
humanos, la sensación de sed es una
buena solución para este desequilibrio,
pues hace que el sujeto beba agua. Green
señala que esto ocurre en el promedio,
ya que se trata de un mensaje del cuerpo
construido en la evolución de la especie.
Sin embargo, el mecanismo evolutivo de
entrega del mensajero puede no coincidir
con la situación de ese sujeto en particular;
dependiendo del estado de desequilibrio
iónico, beber agua puede aumentar la
deshidratación. Más aún, la vivencia, el
objeto, lo sexual pueden incluso desviar
este mecanismo evolutivo, por ejemplo,
cuando un desequilibrio iónico se recibe
como mensaje de hambre o de otra índole.
En cualquier caso, se trata de un mensaje
que impone una exigencia de trabajo al
psiquismo.
Con relación a la pulsión de muerte, Green
parece mantener la ambigüedad que la
expresión conlleva en Freud, al aproximar
la idea de destrucción con la de una
aspiración al nivel cero en la desinvestidura
o desligamiento. Así, el objetivo (meta)
de la pulsión de muerte sería maximizar
la función desobjetalizante a través del
desligamiento (Green, 2010c, p. 100)
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La madre (o quienquiera que ejerza esa función) será recreada en negati-
vo en el psiquismo:
Una de las aplicaciones más fecundas del concepto de alucinación nega-
tiva, que no se aplica a la psicopatología, sino que es parte integrante de
la normalidad, es concebir la situación descrita por Winnicott del holding,
como estructura continente, cuya memoria permanecerá cuando la per-
cepción de la madre ya no esté disponible, debido a su ausencia. Propu-
simos la formulación en 1967:9 “la madre es presa en el cuadro vacío de
la alucinación negativa, y se convierte en estructura encuadradora para el
propio sujeto. El sujeto se construye donde ocurrió la investidura y no la
inversión del objeto”. (Green, 2008b, pp. 270-271)
Es en este sentido que mencioné anteriormente que, con la instauración
del Yo como organización, el objeto surge como algo separado; el borra-
miento del objeto en cuanto necesario al sujeto, intrínseco a la ilusión de
que el objeto no es constitutivo, permite que se establezca como objeto
de atracción o repulsión simplemente (Green, 2010d, p. 301). En la medi-
da en que el objeto externo frustra con sus fallas y se deja separar — en el
sentido winnicottiano de la madre sucientemente buena la dirección
de la libido cambia, volviéndose hacia sí mismo para “paliar los efectos de
su ausencia”:
La pérdida del seno, contemporánea a la aprehensión de la madre como
objeto total, que implica que el proceso de separación entre el niño y ella
se haya realizado, da lugar a la creación de una mediación necesaria para
paliar los efectos de su ausencia e integrarla al aparato psíquico, fuera de
la acción de la represión, cuya nalidad es distinta. Esta mediación es la
constitución, en el Yo, del encuadre materno como estructura encuadrado-
ra. (Green, 1988b, p. 125)
Como vemos, el proceso transcurre como un retorno o repliegue sobre
sí mismo para enfrentar una (necesaria) falla ambiental. Implica también
la satisfacción autoerótica en el momento en que el objeto se congura
como ser total10. Veamos un fragmento más:
El hecho de que la pérdida del objeto coincida con el momento en que se
reúne el órgano que proporciona satisfacción, el seno, con aquella que
lo posee, la madre, y que esta pérdida desemboque en el autoerotismo
inaugural, puede llevar a pensar que también pudo interiorizarse el vín-
culo del órgano con la persona. Esta interiorización no culminará en la
consciencia de una forma corporal, sino en el encerramiento de esta mo-
dalidad circulatoria de las investiduras, en el sentimiento de una autono-
mía, una perfección, una liberación del deseo, por la creación simétrica,
apenas de la aprehensión global y unicadora del Yo del niño, tal como lo
describió Lacan en el estadio del espejo. (Green, 1988b, p. 130)
9 Aquí el autor hace referencia al artículo
Narcisismo primario: estructura o estado
(1966-1967), que está publicado en el libro
Narcisismo de vida, narcisismo de muerte
(1988).
10 “El autoerotismo preserva el objeto y no
lo pierde completamente, ya que es en el
momento en que el sujeto puede tener una
aprehensión completa de la madre que la
pulsión se vuelve autoerótica” (Green, 1988,
p. 130).
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Green argumenta entonces que el narcisismo primario, “momento” en que
la libido hace un retorno sobre el Yo y este se cierra como en un circuito,
no sería solo un estado o una fase. El narcisismo primario, en la medida en
que la madre del holding winnicottiano sea internalizada como estructura
encuadradora, se convierte en una estructura11 psíquica central.
Si pensamos en el modelo del autor, es como si en ese momento el doble
límite se uniera, la frontera con lo real se replegara, formando un mode-
lo cerrado al tocar la frontera con lo somático,12 cuando lo más externo
se aproxima a lo más interno del sujeto. La gura formada, un cilindro,
captura la idea de encerramiento del Yo, tal como una esfera. Imagen
que transmite tanto la idea del Yo del narcisismo primario ofreciendo un
contorno al sujeto como la de la vesícula protoplasmática propuesta por
Freud en Más allá del principio del placer (1920).
La operación de encerramiento en el narcisismo primario, por lo tanto, no
ocurre sin un entrelazamiento pulsional; la pulsión de muerte actúa des-
ligando el sujeto del objeto externo. No se trata solo de pulsión de vida o
de libido, es necesario considerar el papel de la pulsión de muerte en esta
operación potencialmente estructuradora del espacio interno del sujeto,
quien podrá, a partir de entonces, ser y actuar desde un centro propio.
Cuando esta operación no se establece sucientemente, el sujeto opera
en las fronteras, descentrado de sí mismo.
En la clínica, esto se presenta cuando el conicto no está en lo intrapsíqui-
co, sino que se expresa en lo intersubjetivo, en lo que el otro hizo. Según
Candi (2010), es cuando vemos con mayor intensidad defensas como es-
cisiones o identicación proyectiva, o incluso lo negativo del trabajo de
lo negativo, con desinvestiduras, desobjetalización (función desobjetalizan-
te)13 y narcisismo negativo (destructividad)14. En los llamados casos límite
o borderline, la destructividad es protagonista. Según Candi (2010), son
situaciones en las que el encuadre analítico queda comprometido, donde
la contratransferencia interviene de manera intensa y donde se requiere
el pensamiento vivo del analista, cuando el silencio es vivido con sufri-
miento. El analista es demandado tanto afectiva como corporalmente;
son situaciones en las cuales su papel es mantenerse vivo y con capacidad
de pensar.
Y Gabriel?
Green sugirió que la imposibilidad de determinados pacientes de escuchar
al analista no se trata de la resistencia típica de la neurosis ni de ataques
a los vínculos presentes en las psicosis (Bion), sino de una destructividad
dirigida esencialmente contra el funcionamiento psíquico del sujeto, me-
diante la evitación asociativa en el análisis, y entiendo que también po-
demos extenderlo a la capacidad de pensar en general. En la posición
fóbica central, la imposibilidad de escucha de sí mismo y del analista sería
manifestación de la negatividad en el tratamiento (“no consigo escuchar”,
“no sé”, “no me acuerdo”), expresión del trabajo de lo negativo en el que
habría “alucinación negativa del sujeto por sí mismo” (Green, 2010, p. 74).
11 “El narcisismo primario no puede ser
comprendido como un estado, sino como
una estructura” (Green, 1988, p. 141).
12 Esta esclarecedora imagen fue ofrecida
por Fernando Urribarri en el grupo de
estudios en un encuentro ocurrido en São
Paulo el 18/08/2017.
13 Función objetalizante y desobjetalizante
son construcciones del autor. Sobre la
función objetalizante:
“Sugerimos la hipótesis de que el objetivo
fundamental de las pulsiones de vida es
asegurar la función objetalizante. Esto no
signica solo que su papel sea crear una
relación con el objeto (interno y externo),
sino también que se revele capaz de
transformar estructuras del objeto” (Green,
2010c, p. 99).
A continuación, sobre la función
desobjetalizante: “Inversamente, el objeto
de la pulsión de muerte es realizar,
tanto como sea posible, una función
desobjetalizante a través del desligamiento.
Esta calicación permite comprender que
no solo la relación con el objeto es atacada,
sino también todos sus sustitutos — el
Yo, por ejemplo, y el hecho mismo de la
investidura en la medida en que ha sufrido
el proceso de objetalización”. (Green, 2010c,
p. 100).
14 “Para completar esta descripción, voy
a acrecentar que propuse distinguir un
narcisismo primario positivo (vinculable
a Eros), que tiende hacia la unidad y
la identidad, y un narcisismo primario
negativo (vinculable a las pulsiones de
destrucción), que no se maniesta a través
del odio al objeto — este es perfectamente
compatible con el reujo del narcisismo
primario positivo — sino por la tendencia
del Yo a deshacer su unidad hacia el cero.
Esto se maniesta clínicamente por el
sentimiento de vacío” (Green, 1988a, pp.
266-267).
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Veamos un pasaje donde se explicó mejor esta idea:
lo que se debe tener en cuenta es la agrupación de los diversos traumas
evocándose unos a los otros, en que el esfuerzo del sujeto lleva a la dene-
gación de lo que estos pueden mutuamente poner en comunicación en a
la psique, porque no diseñan una evolución integradora, sino que toman
la forma de una persecución repetitiva, conduciendo, en última instancia,
a la denegación de la propia realidad psíquica del sujeto o de la imagen
que tiene de sí mismo. Esto explica que la posición fóbica esté en el centro
de la organización psíquica, controlando, en cada circunstancia, todas las
vías que conducen a esto, así como todas las que parten de ahí, porque el
cuadro formado obligaría al sujeto a reconocer su ira, sus celos, y, sobre
todo, su destructividad, forzándolo a verse en lo profundo del desamparo,
defensivamente movido por una omnipotencia que solo puede situarse
en la transgresión, sobrepasado por una excitación sin n que moviliza
una energía de desesperación. (Green, 2010a, p. 75)
La fórmula que impedía la capacidad de pensar, con sus denegaciones,
era una alerta que decía “¡para, de aquí en adelante hay peligro!”. Green
comprendió que este movimiento siempre ocurría antes de un avance en
el tratamiento, un paso atrás antes de un paso adelante. La defensa en
cuestión, que evitaba conexiones, sería “requerida” por el propio proceso
analítico en estos casos. En estas situaciones, el analista debe recuperar
su capacidad de pensar.
Gabriel pasó años sin visitar a su madre, hasta que ella se enfermó y vol-
vieron a acercarse. Cuando su esposa conoció a la suegra, la encontró
excepcional. Gabriel reencontró, entonces, a la madre amorosa desvaída
por el apagamiento expreso en “esto no puede haber sido yo”: veo en
mi memoria, recuerdo, pero niego. Los recuerdos de circulación amoro-
sa pudieron entonces regresar a la conciencia. Green relata los intensos
desarrollos en el tratamiento y en las asociaciones del paciente que ocu-
rrieron en las pocas sesiones en el momento de ese reencuentro (real y
gurado).
El apagamiento común al discurso de Gabriel sería una forma de cumplir
la punición por una culpa que demanda una reparación interminable: la
culpa de Gabriel era consecuencia del asesinato primario de la madre,
cuyo propósito era realizar la excorporación del objeto abandónico. Sin
embargo, extraer ese pedazo de dentro de sí, esa evacuación, dejaba un
vacío.
Para hacer frente al vacío dejado, pueden surgir conductas adictas de au-
toerotismo, alcoholismo, bulimias o seducciones compulsivas, situando el
objeto como sustituible. Y si el objeto es sustituible, es posible deshacerse
de él. La marca que este objeto deja es la presencia de una ausencia.
Tal paradoja, Gabriel solo podía aprehender a partir del vacío dejado. El
asesinato primario de la madre recuperaba la potencia paterna, pero esta
no liberaba a Gabriel de su aprisionamiento. El Superyó no pudo estable-
cerse como el heredero del complejo de Edipo, sino como una instancia
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que promulgaba una punición que era también la propia transgresión, en
la medida que la fantasía hace surgir la cosa como ya realizada. Realizada
porque era admitida psíquicamente en la complicidad del intercambio de
miradas con la madre, lo que acercaba a Gabriel a su madre de manera
condenable por el padre. El padre, un presente ausente, en este sentido,
solo podía interdictar a partir del completo alejamiento, de la separación
total entre Gabriel y la madre fue el padre quien lo llevó lejos. Green
comprendió la existencia de una fantasía de Gabriel de que el padre hicie-
ra eso para tener a la madre solo para él. Había un tercero en la gura del
padre, pero no era un padre que garantizara la interdicción de la madre,
no a un precio razonable. El precio por pagar era el exilio de Gabriel.
Consideraciones nales
Leer a André Green no siempre es una tarea fácil. El generoso volumen
de buenas ideas presentes en las líneas de sus textos, sumado a cierta
redundancia como estilo de escritura, a veces deja al lector aturdido. Todo
parece tener sentido y ser relevante. El problema es que, cuando todo es
relevante y merece destaque, nada de hecho se destaca. Esto no signi-
ca que sea menos relevante. Extraer la esencia de un concepto en este
escenario es correr el riesgo de reducir la complejidad del pensamiento
del autor. Un riesgo que se ha presentado aquí, desde la presentación del
caso con el pensamiento clínico hasta la teoría que lo fundamenta; pero
la contribución que este artículo ha buscado aportar para una mejor com-
prensión del pensamiento del importante psicoanalista francés ha estado
a la altura del desafío.
Traducción: Maria Aguilera Franklin de Matos
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