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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 109 - 124
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.9
Green argumenta entonces que el narcisismo primario, “momento” en que
la libido hace un retorno sobre el Yo y este se cierra como en un circuito,
no sería solo un estado o una fase. El narcisismo primario, en la medida en
que la madre del holding winnicottiano sea internalizada como estructura
encuadradora, se convierte en una estructura11 psíquica central.
Si pensamos en el modelo del autor, es como si en ese momento el doble
límite se uniera, la frontera con lo real se replegara, formando un mode-
lo cerrado al tocar la frontera con lo somático,12 cuando lo más externo
se aproxima a lo más interno del sujeto. La gura formada, un cilindro,
captura la idea de encerramiento del Yo, tal como una esfera. Imagen
que transmite tanto la idea del Yo del narcisismo primario ofreciendo un
contorno al sujeto como la de la vesícula protoplasmática propuesta por
Freud en Más allá del principio del placer (1920).
La operación de encerramiento en el narcisismo primario, por lo tanto, no
ocurre sin un entrelazamiento pulsional; la pulsión de muerte actúa des-
ligando el sujeto del objeto externo. No se trata solo de pulsión de vida o
de libido, es necesario considerar el papel de la pulsión de muerte en esta
operación potencialmente estructuradora del espacio interno del sujeto,
quien podrá, a partir de entonces, ser y actuar desde un centro propio.
Cuando esta operación no se establece sucientemente, el sujeto opera
en las fronteras, descentrado de sí mismo.
En la clínica, esto se presenta cuando el conicto no está en lo intrapsíqui-
co, sino que se expresa en lo intersubjetivo, en lo que el otro hizo. Según
Candi (2010), es cuando vemos con mayor intensidad defensas como es-
cisiones o identicación proyectiva, o incluso lo negativo del trabajo de
lo negativo, con desinvestiduras, desobjetalización (función desobjetalizan-
te)13 y narcisismo negativo (destructividad)14. En los llamados casos límite
o borderline, la destructividad es protagonista. Según Candi (2010), son
situaciones en las que el encuadre analítico queda comprometido, donde
la contratransferencia interviene de manera intensa y donde se requiere
el pensamiento vivo del analista, cuando el silencio es vivido con sufri-
miento. El analista es demandado tanto afectiva como corporalmente;
son situaciones en las cuales su papel es mantenerse vivo y con capacidad
de pensar.
Y Gabriel?
Green sugirió que la imposibilidad de determinados pacientes de escuchar
al analista no se trata de la resistencia típica de la neurosis ni de ataques
a los vínculos presentes en las psicosis (Bion), sino de una destructividad
dirigida esencialmente contra el funcionamiento psíquico del sujeto, me-
diante la evitación asociativa en el análisis, y entiendo que también po-
demos extenderlo a la capacidad de pensar en general. En la posición
fóbica central, la imposibilidad de escucha de sí mismo y del analista sería
manifestación de la negatividad en el tratamiento (“no consigo escuchar”,
“no sé”, “no me acuerdo”), expresión del trabajo de lo negativo en el que
habría “alucinación negativa del sujeto por sí mismo” (Green, 2010, p. 74).
11 “El narcisismo primario no puede ser
comprendido como un estado, sino como
una estructura” (Green, 1988, p. 141).
12 Esta esclarecedora imagen fue ofrecida
por Fernando Urribarri en el grupo de
estudios en un encuentro ocurrido en São
Paulo el 18/08/2017.
13 Función objetalizante y desobjetalizante
son construcciones del autor. Sobre la
función objetalizante:
“Sugerimos la hipótesis de que el objetivo
fundamental de las pulsiones de vida es
asegurar la función objetalizante. Esto no
signica solo que su papel sea crear una
relación con el objeto (interno y externo),
sino también que se revele capaz de
transformar estructuras del objeto” (Green,
2010c, p. 99).
A continuación, sobre la función
desobjetalizante: “Inversamente, el objeto
de la pulsión de muerte es realizar,
tanto como sea posible, una función
desobjetalizante a través del desligamiento.
Esta calicación permite comprender que
no solo la relación con el objeto es atacada,
sino también todos sus sustitutos — el
Yo, por ejemplo, y el hecho mismo de la
investidura en la medida en que ha sufrido
el proceso de objetalización”. (Green, 2010c,
p. 100).
14 “Para completar esta descripción, voy
a acrecentar que propuse distinguir un
narcisismo primario positivo (vinculable
a Eros), que tiende hacia la unidad y
la identidad, y un narcisismo primario
negativo (vinculable a las pulsiones de
destrucción), que no se maniesta a través
del odio al objeto — este es perfectamente
compatible con el reujo del narcisismo
primario positivo — sino por la tendencia
del Yo a deshacer su unidad hacia el cero.
Esto se maniesta clínicamente por el
sentimiento de vacío” (Green, 1988a, pp.
266-267).