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Y bien podemos dar un suspiro, al percibir que a algunos individuos
les es dado retirar sin mayor esfuerzo, del torbellino de los propios
sentimientos, los conocimientos más profundos, a los cuales tenemos
que llegar en medio de la torturante incerteza e incansable tantear.
(Freud, 1930/2010, p. 105).
“¿De dónde vienen los bebés?”: éste es el enigma que – según Freud
(1905/2016; 1907/2015; 1908/2015) – es propuesto, en el mito, por la Es-
nge de Tebas a Edipo. Es el primer enigma del cual se ocupará también
el niño en su crecimiento. Para el autor, no son los intereses teóricos,
sino los prácticos, que ponen en marcha su actividad investigadora: la
amenaza por la llegada de un nuevo bebé en la familia, como asimismo
el miedo de que ese acontecimiento provoque la pérdida de cuidados y
de amor, transforman al niño en pensativo y perspicaz. Uno de los pro-
blemas con los cuales el niño se ocupa, en consonancia con la historia
del despertar de la pulsión de saber, es este enigma.
¿Y no será eso lo que nos seguimos preguntando a lo largo de la vida? O,
mejor dicho, ¿no serán derivaciones de esta misma investigación inicial,
de esta misma interrogación que se nos impone, que seguimos, des-
pués, queriendo saber, buscando desvelar, deseando descubrir?
Psicoanalistas de ocio, estamos ocupados en desvendar el alma del
otro, en proponer un ejercicio de mirar más profundamente, de oír lo
no dicho, de explorar las desconocidas tierras del inconsciente, en la
búsqueda de las zonas más encubiertas, de abrir un camino en los re-
cónditos territorios sumergidos por la represión e iluminar en aquello
que no fácilmente se muestra. En eso hemos apoyado nuestra práctica
y fundamentado nuestra escucha: interrogar a aquél que se recuesta en
el diván de nuestra escucha e interrogarnos a nosotros mismos sobre
todo lo que se pone en marcha en este otro, en lo que se pone en
escena en el encuentro analítico y en lo que nos pone en movimiento
dentro de nosotros.
En la actividad de escribir el psicoanálisis, seremos motivados por los
mismos objetivos y por el mismo impulso de saber. En el emprendi-
miento de la lectura y escritura, del análisis y síntesis, de la ilustración
y costuras, de cada elemento que formará parte de nuestro texto, será
este impulso de búsqueda, de curiosidad, de inquietud sobre las cosas,
que pondremos en marcha una escritura diferente, una escritura más
autoral. ¿Y cómo, en psicoanálisis, logramos eso?
Para ganar esta cualidad en la escritura, debemos recorrer un largo ca-
mino entre el Yo Ideal y el Ideal del Yo, el mismo trayecto que hace el
bebé, que sale del narcisismo primario – donde él no precisa hablar, ni
pedir, ni preguntar, ni preguntarse – en dirección a la condición de ni-
ños, con capacidad para hablar y relacionarse con los objetos del habla y
relaciones con los objetos, ya reconocidos como separados de ella. Allí
ella tendrá, frente a la diferenciación y a la falta, muchas preguntas que
deben ser hechas a otro.
“¿DE DÓNDE VIENEN LOS BEBÉS?”:
LA ESCRITURA PSICOANALÍTICA
COMO INVESTIGACIÓN
Ana Cláudia Santos
Meira1
1 Psicóloga, Psicoanalista del
CEPdePA, Miembro del Instituto
de la Sociedad Brasileña de
Psicoanálisis de Porto Alegre. Master
en Psicología Clínica de la PUCRS y
Doctora en Psicología de la PUCRS.
Autora de los libros “Historias de
captura: inversiones mortíferas en
las relaciones madre e hija” y “La
escritura cientíca en el diván: entre
las dicultades y las posibilidades
con la escritura”, ambos de la
Editorial Blucher.