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DIREÇÃO DE
DIRECCIÓN DE
INVESTIGACIÓN
RESEARCH DIRECTORATE
PESQUISA
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 15 (2), 2024, pp 126 - 134
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.10
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“DE ONDE VÊM OS BEBÊS? ”
A ESCRITA PSICANALÍTICA COMO
INVESTIGAÇÃO
“¿DE DÓNDE VIENEN LOS BEBÉS?”
LA ESCRITURA PSICOANALÍTICA COMO IN-
VESTIGACIÓN
“WHERE DO BABIES COME FROM?”:
PSYCHOANALYTIC WRITING AS RESEARCH
Ana Cláudia Santos Meira
Centro de Estudos Psicanalíticos de Porto Alegre
ORCID: 0000-0002-9323-6412
anameira@gmail.com
Data de Recebimento: 15-09-2024
Data de Aceitação: 08-11-2024
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Santos Meira A.C. (2024) SOBRE LA INTERRELACIÓN
ENTRE DESBORDE SOCIAL Y ESPACIO TERAPÉUTICO
Intercambio Psicoanalítico 15 (2), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/15.2.10
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Y bien podemos dar un suspiro, al percibir que a algunos individuos
les es dado retirar sin mayor esfuerzo, del torbellino de los propios
sentimientos, los conocimientos más profundos, a los cuales tenemos
que llegar en medio de la torturante incerteza e incansable tantear.
(Freud, 1930/2010, p. 105).
“¿De dónde vienen los bebés?”: éste es el enigma que – según Freud
(1905/2016; 1907/2015; 1908/2015) – es propuesto, en el mito, por la Es-
nge de Tebas a Edipo. Es el primer enigma del cual se ocupará también
el niño en su crecimiento. Para el autor, no son los intereses teóricos,
sino los prácticos, que ponen en marcha su actividad investigadora: la
amenaza por la llegada de un nuevo bebé en la familia, como asimismo
el miedo de que ese acontecimiento provoque la pérdida de cuidados y
de amor, transforman al niño en pensativo y perspicaz. Uno de los pro-
blemas con los cuales el niño se ocupa, en consonancia con la historia
del despertar de la pulsión de saber, es este enigma.
¿Y no será eso lo que nos seguimos preguntando a lo largo de la vida? O,
mejor dicho, ¿no serán derivaciones de esta misma investigación inicial,
de esta misma interrogación que se nos impone, que seguimos, des-
pués, queriendo saber, buscando desvelar, deseando descubrir?
Psicoanalistas de ocio, estamos ocupados en desvendar el alma del
otro, en proponer un ejercicio de mirar más profundamente, de oír lo
no dicho, de explorar las desconocidas tierras del inconsciente, en la
búsqueda de las zonas más encubiertas, de abrir un camino en los re-
cónditos territorios sumergidos por la represión e iluminar en aquello
que no fácilmente se muestra. En eso hemos apoyado nuestra práctica
y fundamentado nuestra escucha: interrogar a aquél que se recuesta en
el diván de nuestra escucha e interrogarnos a nosotros mismos sobre
todo lo que se pone en marcha en este otro, en lo que se pone en
escena en el encuentro analítico y en lo que nos pone en movimiento
dentro de nosotros.
En la actividad de escribir el psicoanálisis, seremos motivados por los
mismos objetivos y por el mismo impulso de saber. En el emprendi-
miento de la lectura y escritura, del análisis y síntesis, de la ilustración
y costuras, de cada elemento que formará parte de nuestro texto, será
este impulso de búsqueda, de curiosidad, de inquietud sobre las cosas,
que pondremos en marcha una escritura diferente, una escritura más
autoral. ¿Y cómo, en psicoanálisis, logramos eso?
Para ganar esta cualidad en la escritura, debemos recorrer un largo ca-
mino entre el Yo Ideal y el Ideal del Yo, el mismo trayecto que hace el
bebé, que sale del narcisismo primario – donde él no precisa hablar, ni
pedir, ni preguntar, ni preguntarse – en dirección a la condición de ni-
ños, con capacidad para hablar y relacionarse con los objetos del habla y
relaciones con los objetos, ya reconocidos como separados de ella. Allí
ella tendrá, frente a la diferenciación y a la falta, muchas preguntas que
deben ser hechas a otro.
“¿DE DÓNDE VIENEN LOS BEBÉS?”:
LA ESCRITURA PSICOANALÍTICA
COMO INVESTIGACIÓN
Ana Cláudia Santos
Meira1
1 Psicóloga, Psicoanalista del
CEPdePA, Miembro del Instituto
de la Sociedad Brasileña de
Psicoanálisis de Porto Alegre. Master
en Psicología Clínica de la PUCRS y
Doctora en Psicología de la PUCRS.
Autora de los libros “Historias de
captura: inversiones mortíferas en
las relaciones madre e hija” y “La
escritura cientíca en el diván: entre
las dicultades y las posibilidades
con la escritura”, ambos de la
Editorial Blucher.
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En el reino del Yo Ideal, tal como Narciso, la vivencia es de un estado de
perfección y completud; por eso, no hay que buscar, explorar, conquis-
tar o elucidar. Ese reino ofrece el tan esperado retorno a lo que un día
– por lo menos, en fantasía – se tuvo: un tiempo sin espera ni necesidad,
una situación de absoluta presencia y plena satisfacción, donde no hay
problemas, ni preguntas, ni impasses, ni conicto.
Para pasar a existir mientras sea activo y actor de la propia historia, el
niño necesita dejar este lugar pasivo, cerrado y seguro. Entonces, en
el reino del Ideal del Yo, las certezas de Narciso cederán el lugar a un
enigma. Edipo no sabe todo, no conoce todo, no domina todo. Hay algo
que debe ser descubierto y hay movilidad. En este campo abierto, el
enigma provoca movimiento y ayuda para abrir posibilidades, como en
el aparato psíquico: es cuando existe la falta, que el psiquismo se pone
a trabajar, para intentar evidenciar aquello que excedió el punto de aco-
modación.
Es en este movimiento que el niño ya no tan pequeño puede salir del
narcisismo primario, donde creía que sabía todo y podía todo, que el
niño da comienzo a lo que será – en el mejor de las hipótesis – un pre-
guntar y una búsqueda para siempre: “¿de dónde vienen los bebés?”.
Pregunta-prototipo, inaugural y matriz para todo lo que seguirá, cuan-
do sale en la búsqueda de respuestas y sigue encontrando más pregun-
tas. Preguntas sin respuesta demandan un proceso psíquico, generan
un proceso de pensamiento, promueven el hablar del niño pequeño
y la posibilidad de escribir cuando, ya crecidos, nos formamos psicoa-
nalistas. Es en este mismo pasaje que, como analistas, escribiremos
empujados por las aperturas proporcionadas por la caída del estado de
omnipotencia.
Del niño al psicoanalista, investigar lo que no se sabe
Me movía, esto sí, un ansia de saber que se dirigía más a las preguntas
humanas
que a los objetos naturales.
(Freud, 1925/2011, p. 67).
Para Freud (1905/2016), al mismo tiempo en que la vida sexual del niño
llega a su primer orecimiento, entre los tres y los cinco años, también
se inicia la actividad promovida por lo que él denomina la pulsión de
saber o de investigar. La actividad de esta pulsión corresponde, por una
parte, a una forma sublimada de apoderamiento y, por otra parte, traba-
ja con la energía del placer de observar. En el niño, la pulsión de saber
es atraída, según él, “inopinadamente temprano y con imprevista inten-
sidad, por los problemas sexuales, y tal vez sea inclusive despertado
por ellos” (p. 103).
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En el conocido caso del Pequeño Hans, Freud (1909/2015) describe:
El nacimiento de la hermana lo incitó a una tarea de pensamiento que,
por una parte, no podía tener conclusión y, por otra parte, lo involucra-
ba en conictos emocionales. Le apareció el gran enigma del origen de
los niños, tal vez, el primer problema que debe desaar los poderes
intelectuales del niño, y del cual el enigma de la Esnge de Tebas proba-
blemente es una versión deformada. Él rechazó la aclaración ofrecida,
de que la cigüeña había traído a Hanna. Pues había notado que, meses
antes del nacimiento de la pequeñita, el cuerpo de su madre había au-
mentado, que ella se había acostado en la cama, había gemido durante
el parto y, después, se había levantado más delgada. Sacó en conclusión,
entonces, que Hanna permaneció en el cuerpo de la madre y del mismo
saliera como un Lumpf (p. 268).
En 1925, Freud (2011) sigue hablando sobre este movimiento de bús-
queda: “transcurre un buen espacio de tiempo hasta que el niño note
claramente la diferencia entre los sexos; en ese período de la investi-
gación sexual, él engendra típicas teorías sexuales, que, por depender
de ser incompleto en su organización somática, mezclan cosas ciertas y
erradas y no pueden solucionar el problema de la vida sexual (el enigma
de la Esnge: ¿de dónde vienen los bebes?)” (p. 98).
En el texto Sobre las Teorías Sexuales de los Niños, Freud (1908/2015) hace
una lista de las investigaciones, hipótesis y teorías que hará el niño, en
la tentativa de comprender las numerosas incógnitas que le son im-
puestas: el nacimiento de un hermano o una hermana, la gravidez de
la madre, la relación sexual entre los padres, la diferencia anatómica
entre los sexos, las diferencias entre las personas. A partir de cada hi-
pótesis analizada por el niño, le corresponderá al ambiente estimular y
responder; el impulso naciente de saber será animado y el movimiento
de conocer será incentivado. En el peor de los casos, el ambiente podrá
reprender e inhibir.
Dando un salto en el tiempo, desde el desarrollo del niño hasta nuestro
lugar de analistas, en la escritura, también el estado de no saber será el
punto de partida para investigar y descubrir. Desde el inicio del proceso
hasta el resultado de la escritura, una serie de dudas y desconoci-
mientos acompañan aquello que solamente sabremos después. La
ausencia de deniciones previas y conocimiento anterior puede angus-
tiar por colocarnos en un lugar desamparado y vulnerable a todo lo que
vendrá, tal como al niño.
Felizmente, tal como anuncia Freud (1905/2016), como el niño, quere-
mos saber. Cada sesión con un niño que se analiza es una experiencia
que pone a prueba la teorización existente y nuestras propias conviccio-
nes. Cada encuentro analítico nos reserva una sorpresa, convirtiendo a
la clínica en un permanente ejercicio de exibilidad y de revisión.
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El tema que será foco de nuestra investigación en cada texto será allá donde
la comprensión se cerró, y no sabemos más en la práctica para dónde ir. Es
donde algo resiste que se puede abrir una brecha para que surja algo nue-
vo. Lo que nos mueve en un caso o en la situación que vamos a examinar,
los conceptos que resisten a nuestro saber, lo que no sabemos todavía de la
teoría y de la técnica. Lo que nos coloca en jaque, es desde donde iremos a
trazar caminos para explorar.
El punto de partida de la escritura será, pues, el tema que nos provoca, nos
inquieta, nos descoloca, nos perturba, nos deja curiosos, nos confronta, lo
que nos hace dudar, nos hace pensar... Ese será el tema que nos pone a
trabajar, que mueve la búsqueda de sustentación teórica, la elección de un
material clínico ilustrativo, el examen más profundo y el desarrollo del texto.
En esa postura, Freud fue ejemplar. En su Autobiografía, Freud (1925/2011)
describe todo su movimiento investigativo, que fue tomando nuevas formas
a cada paso dado. Desde la hipnosis, pasando por el método catártico, has-
ta llegar a la asociación libre que caracteriza el psicoanálisis propiamente
dicho, su posición era siempre la de un observador, pensador, liberador del
camino, una posición propia de un explorador, arqueólogo o cientíco.
En la Conferencia Acerca de una Visión del Mundo, Freud (1933/2010) des-
cribe la Weltanschauung como “una construcción intelectual que, a partir
de una hipótesis general, soluciona de forma unitaria todos los problemas
de nuestra existencia, en la cual, por lo tanto, ninguna cuestión permanece
abierta” (p. 322). Él entiende que una visión así considera a los ideales de
todo ser humano y le da seguridad; ella, no obstante, está lejos de los idea-
les del psicoanálisis y – agregamos ahora – de la escritura psicoanalítica. Es
en este sentido que él compara la realización de un trabajo escrito con el
proceso de análisis:
Llevamos expectativas para el trabajo, pero tenemos que frenarlas. A través
de la observación, aprendemos algo nuevo – un poco aquí, un poco allá –, e,
inicialmente, las piezas no encajan. Establecemos hipótesis, hacemos cons-
trucciones auxiliares, que retiramos cuando no se conrman; necesitamos
mucha paciencia, prontitud para cualquier posibilidad; renunciamos a las
convicciones prematuras, que nos obligarían a no observar factores nuevos
e inesperados, y, nalmente, todo el esfuerzo es recompensado, los encon-
trados dispersos se combinan, obtenemos una visión de toda una parte del
funcionamiento mental, completamos nuestra tarea y estamos libres para
la próxima (p. 343).
En la clínica, estamos en este lugar de permanecer libres, listos para la próxi-
ma pregunta que se reere a un enigma que nos impulsa en la renovada
actividad de investigación. En la elaboración de un trabajo, el tema nos hace
ir en búsqueda de una respuesta, aunque, en verdad, no precisemos encon-
trar una respuesta que nos satisfaga de todo, pues una denición nal nos
haría parar. Por eso, todo el tiempo vamos a enfocar la mirada otra vez, y
otra y otra, para algo que no fue alcanzado sucientemente, no para obturar
con una respuesta única. Por el contrario, vamos a mover, examinar, explo-
rar, abrir, dejar un vacío allí.
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Al tolerar lo desconocido, el vacío y esta nada que se impone, desarro-
llamos la capacidad para enfrentar lo nuevo y contener pacientemente
aquello que de lo otro todavía no tomó forma, y aquello que del texto
todavía no fue denido. Es así que la escritura facilitará descubrimientos
y nos reservará sorpresas. Eso sucederá solamente cuando nos sinta-
mos sin obligación de la posesión del saber y nos abandonemos a la
protección que nos da la certidumbre.
El proceso de una escritura con más calidad y con más propiedad se
inicia allí, cuando nos adentramos en el movimiento de búsqueda y des-
cubrimiento, rastreando lugares vacíos, por donde nos aventuramos a
cuestionar postulados ya rmes, en un lugar de duda, desde donde po-
demos reexionar. Si pudiéramos atravesar con más tranquilidad ese
estado inicial de investigación, en el cual nada está estructurado, de-
jándonos penetrar en lo que no sabemos, razón que nos desafía y nos
confronta, ocuparemos la hoja con una producción creativa. ¿Pero cómo
hacer eso?
La investigación precede a la creación de lo nuevo
Mediante la escritura, buscamos otros ordenamientos y diferentes so-
luciones, concediendo un nuevo formato antes desconocido al material
con el cual trabajamos. Damos representación al que existía solamente
en el campo de las ideas y de las emociones; damos imagen al que nos
habita. Transformamos lo que nos sirvió de estímulo, otorgando a este
contenido, otra forma. Al escribir, se efectúa otra construcción.
Escribir es un acto original, como la inauguración del propio pensamien-
to. A través del mismo, transitamos con libertad entre los escritos, las
voces, el habla, las escenas, que surgen de los libros, de las actividades
y de las aulas, de las conversaciones e intercambios de los grupos, de
los colegas y de nuestros pacientes. En este tránsito, establecemos nue-
vas vías de comprensión sobre el objeto de nuestra reexión. Como
construcción, la escritura deja de ser una mera repetición; ella es crea-
ción de nuevos elementos mentales, de algo que gana sentido exacto y
solamente en la escritura.
En un artículo publicado después de su muerte, Freud (1940/2018) expo-
ne dos métodos que pueden ser elegidos por el autor que se dispone a
introducir alguna rama del conocimiento o de la investigación: el méto-
do genético y el método dogmático. Lo que él dene como método
genético requiere que partamos de aquello que todo lector
sabe sin contradecirlo, a la espera de la oportunidad de llamar su aten-
ción para hechos del mismo campo que, no obstante le sean conocidos,
hasta entonces tratara con descuido. Partiendo de ellos, le presentamos
nuevos hechos de los cuales no tiene conocimiento. Tomada dicha pre-
caución, preparamos el camino para una mejor aceptación de nuevos
puntos de vista, diferentes de sus juicios anteriores. Así, conseguimos
que él tome parte en la construcción de una nueva teoría sobre el tema,
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en un trabajo conjunto, en el cual el lector recorre el mismo camino por
el cual viajamos anteriormente. La desventaja de ese método es que el
lector no quedará tan impresionado por algo que fue creado lentamen-
te, como quedaría por algo que le es presentado ya listo y terminado.
Exactamente ese último efecto es producido por el método alternati-
vo de presentación de una nueva teorización, lo dogmático. Ese otro
método comienza exponiendo directamente el enunciado de nuestras
conclusiones, exigiendo la atención del lector y rogando que él crea en
lo que está puesto, aun ignorando la forma de cómo llegamos a tales
conclusiones. Freud (1940/2018) imaginaba un oyente crítico meneando
la cabeza y preguntándose: “¡Todo eso parece excéntrico! ¿Cómo él
sabe de eso?” (p. 352). Su preocupación naturalmente giraba en torno
del riesgo que el psicoanálisis no se tornase apreciado o popular, en la
época de su solidicación.
No es difícil identicar el método más utilizado por Freud y su escritura,
y que más nos cabría a nosotros: la escritura psicoanalítica – tal como el
método genético rehace un conocimiento jo, introduciendo elemen-
tos nuevos; ella despertará para creaciones y provocará diferentes aso-
ciaciones. Freud lo hizo así hace más de cien años, y sus textos siguen
con esa función junto al lector hasta hoy. Abiertas, las brechas del texto
funcionan como un espacio a partir del cual podemos pensar. Y mucho
se pensó.
La escritura psicoanalítica es producto renado de un desarrollo men-
tal; es vínculo que da unidad, sentido, lógica y ordenamiento; al mismo
tiempo, es separación, que produce nuevas aperturas. Así, en ese inter-
juego entre la pulsión sexual (que une) y la pulsión de muerte (que se-
para), esta producción será tanto el resultado de lo que se movió, como
que acomodará las cuestiones que internamente se abrieron al escribir.
Cuando Freud (1930/2011) declara, en El Malestar en la Civilización, que
“la escritura es, en su origen, el lenguaje del ausente” (p. 51), podemos
pensar también en la brecha, en la laguna, en la herida, que solamente
se hacen si Narciso desvía la mirada del lago y, al contrario de mirar
para sí mismo, mira para el mundo. Mientras estamos ocupados con
las cuestiones narcisísticas, o no escribimos, o escribimos un texto de-
fendido, una copia, para no arriesgarnos ser vistos por el otro. Narciso
muestra solamente lo que él mismo observa en su reejo; nada más allá
de esto.
Lo igual, la imagen y semejanza de los grandes autores, el , lo conocido,
lo sabido, todo eso cierra. No somos tomados de sorpresa, Layo no cru-
za nuestro camino, y no hay colisión con nadie. La escritura en los mol-
des de Edipo soporta la pregunta, va en la búsqueda de descubrir, entra
en confrontación y es capaz de un parricidio simbólico necesario. Edipo
se supone incompleto y se sabe insuciente. Por eso, necesita hablar.
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Como la perfección nunca es alcanzada en la escritura, somos impulsa-
dos a levantar la cabeza y, con una mirada no tan apasionada, observar
aquello que la realidad nos presenta. Como Edipo, tenemos cosas pen-
dientes para resolver. El mismo Freud nos dejó varias muestras de que
todavía había mucho para explorar, y diversos puntos todavía oscuros,
listos para ser examinados por nosotros. De esa búsqueda y de ese en-
cuentro, puede nacer lo nuevo, la creación, la producción psicoanalítica
con nuestra marca personal.
Para seguir, sin concluir
Nuestro pequeño investigador puede descubrir Bastante temprano que
cualquier saber es fragmentario, y que en cada etapa permanece un
residuo no solucionado (Freud, 1909/2015, p. 233).
“¿De dónde vienen los bebés?”, es la pregunta que da comienzo y no se
propone un n. En el psiquismo, sabemos que la representación-cosa
es abierta y la representación- palabra es cerrada; en el análisis, que
las preguntas abren y que las respuestas cierran; en la escritura psicoa-
nalítica, que las introducciones dan puntos de partida y que las conclu-
siones dan puntos de llegada. Dichos puntos de llegada, no obstante,
no pueden ser un cierre de problemas que, idealmente tal como la
pregunta mítica e inicial del niño pequeño –, ¡solamente comenzaron!
Dicho de otro modo, cuando comenzamos a escribir un texto psicoanalí-
tico, partiremos en búsqueda de algo que, por cierto, deseamos y vamos
a encontrar; este encuentro, no obstante, puede ser solamente lugar
de permanencia que, en seguida, nos hace buscar el próximo punto y
así sucesivamente.
Cierro esta reexión con el modesto – pero realista – reconocimiento de
Freud (1925/2011) sobre el psicoanálisis:
El propio término “psicoanálisis” adquirió más de un signicado. Origi-
nalmente la designación de un método terapéutico, ahora se transfor-
mó también en el nombre de una ciencia, la ciencia de lo psíquico-in-
consciente. Raramente esta ciencia es capaz de resolver un problema
enteramente por sí solo; pero parece destinada a contribuir de modo
importante en diversos campos del saber. El sector de aplicación del
psicoanálisis tiene la misma extensión que la de la psicología, a la cual
proporciona un complemento de gran envergadura. Puedo entonces
decir, volviendo la vista hacia el trabajo de mi vida hasta el momento,
que inicié muchas cosas y sugerí muchas otras, de lo cual algo debe re-
sultar en el futuro. Pero ni yo mismo sabría decir si será mucho o poco.
Puedo solamente manifestar la esperanza de haber abierto el camino
para un importante progreso en nuestro conocimiento (p. 162).
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