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ARTÍCULOS
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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 1 (1), 2013, pp 11 - 27
ISSN 2815-6994 (en linea)
LA SEXTA PROTOFANTASÍA:
DE LA HORDA PRIMORDIAL A LA
ALIANZA FRATERNA.
Alfredo Grande
Médico Psiquiatra. Psicoanalista. Cooperativista y Escritor.
Redactor de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo.
Profesor Titular de Teoría Psicoanalítica en el AEAPG.
Docente de Cursos de Psicoanálisis Implicado en las Facultades de
Psicología de las Universidades Nacionales
de Mar del Plata, La Plata y Rosario.
Miembro Fundador de ATICO, cooperativa de trabajo en salud mental.
Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.
Es socio Activo de la AEAPG (Asociación Escuela Argentina de
Psicoterapia para Graduados) Reside en Buenos Aires.
Mail: dr.alfredogrande@gmail.com
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Grande A. (2013) LA SEXTA PROTOFANTASÍA:
De la horda primordial a la alianza fraterna.
Intercambio Psicoanalítico 1 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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LA SEXTA PROTOFANTASÍA:
DE LA HORDA PRIMORDIAL A LA
ALIANZA FRATERNA.
Alfredo Grande1
1 Médico Psiquiatra. Psicoanalista.
Cooperativista y Escritor. Redactor
de la Agencia de Noticias Pelota de
Trapo. Profesor Titular de Teoría
Psicoanalítica en el AEAPG. Docente
de Cursos de Psicoanálisis Implicado
en las Facultades de Psicología de las
Universidades Nacionales de Mar del
Plata, La Plata y Rosario. Miembro
Fundador de ATICO, cooperativa de
trabajo en salud mental. Miembro
de Honor de la Sociedad Cubana de
Psiquiatría.
Es socio Activo de la AEAPG
(Asociación Escuela Argentina de
Psicoterapia para Graduados) Reside
en Buenos Aires.
Mail: dr.alfredogrande@gmail.com
“Cada uno tiene el Freud que se merece” (aforismo implicado)
Resumen:
El autor propone revisar el concepto de protofantasía. Hace un desa-
rrollo teórico y político en el cual analiza su propia implicación con
la institución del psicoanálisis. Señala el tránsito desde las fantasías
originarias, el Complejo de Edipo y la Cultura Represora. Insiste en
que sin interpelación no hay desarrollo y que el psicoanálisis, pen-
sado como dispositivo o sistema, necesita del intercambio para la
descarga de sus propias pulsiones de autoconservación. Explicita
algunos conceptos del Psicoanálisis Implicado, desarrollo teórico y
político que inicia en 1994, concepción amplicada del superyó, com-
plejidad del Edipo, Ideal del Superyó. Plantea que las 5 fantasías ori-
ginarias descriptas sostienen modos de producción de subjetividad
donde impera el mandato y se aniquila el deseo. Revisa el concepto
de apoyatura y le otorga importancia fundante para el desarrollo del
pensamiento emancipatorio. Postula la sexta protofantasía: alianza
fraterna, y sugiere que el Complejo de Edipo no se elabora en el plano
individual. En la dimensión colectiva, las herencias se diversican y
adviene el modo yoico de producción de subjetividad.
Palabras clave: Protofantasía, Complejidad del Edipo, Psicoanálisis
Implicado, Ideal del Superyó, Colectivo Fraterno. Enculpamiento.
Alucinatorio social.
Primer Movimiento: allegro ma non troppo.
El psicoanálisis necesita ser interpelado. Necesidad sostenida desde las
pulsiones de autoconservación, aquellos que pudieron iniciar y prolongar
la vida. ¿Puede una teoría sostenerse sin atender a sus propias pulsiones
de autoconservación? Claro: no solo a ellas, pero nunca sin ellas. Alguna
vez dení a la pulsión como el regodeo cultural del instinto. Quizá por eso
la pulsión sexual haya sido considerada, incluso por Freud, como el para-
digma de todas las pulsiones. Todos conocen, aunque ignoro si todos
practican, sus 4 destinos: Represión, Coartación, Sublimación y Descarga.
Todos esos destinos pulsionales, más defensivos unos que otros, tienen
como origen la zona erógena. Desde su origen, buscan su destino. Puedo
armar que la pulsión merece al objeto que le permita encontrar alguno
de esos 4 destinos posibles. Desde los objetos oscuros, que no son para el
deseo sino para el superyó, hasta los objetos luminosos que no son para
el superyó sino para el deseo. Pienso a la realidad como una tópica de
objetos, materialidades múltiples que están para ser usadas, rescatando
la dignidad del uso. Y tratando de no mimetizarlo con abuso, de la misma
manera que conviene diferenciar dependencia de sometimiento. La pul-
sión depende del encuentro necesario y azaroso con el objeto. Esta cuali-
dad de lo necesario y lo azaroso se denomina “contingencia” del objeto.
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Sin embargo, la pulsión sometida a un único objeto se marchita, se replie-
ga, se vuelve contra sí misma y se transforma en lo contrario. Donde hubo
fuerza, debilidad ha de advenir. En los devenires de la pulsión sexual y su
fuerza motora, la libido, la vida se nos va pasando y, si algo es un boleto
de ida, es -al menos yo dudas no tengo- la vida. Por eso es necesario y
también placentero, pensar cómo sostenemos la vida del psicoanálisis,
pensando a éste como un dispositivo teórico, técnico y político. Si en lugar
de dispositivo decimos “sistema”, podemos avanzar en algunas ideas. La
teoría general de los sistemas plantea que todo sistema viviente necesita
estar abierto a su ecosistema. A través de una frontera porosa intercam-
bia “energía, materia e información” ¿Por qué no pensar al psicoanálisis
como un sistema viviente para el cual el acto de intercambio con el ecosis-
tema es, justamente, la interpelación por diferentes contextos? Contexto,
ecosistema., diferentes maneras de decir lo mismo, premisa desde la cual
la transdisciplina se hace posible. Esa interpelación que los contextos ha-
cen al “sistema psicoanálisis”, permite el intercambio necesario para pro-
logar y complejizar la “vida psicoanalítica” en su dimensión teórica, técni-
ca y política. De esta forma, es posible la descarga de lo que denomino
pulsión de autoconservación del psicoanálisis. La multiplicidad de objetos
en los cuales esta descarga es posible es directamente proporcional a la
diversidad de contextos que podamos percibir desde nuestra implicación.
Nadie puede ver desde sus escotomas. Recordemos que el escotoma es
un punto ciego de percepción. Escotomas de clase, de género, de origen,
ideológicos, afectivos, sexuales, etc, hacen que la interpelación posible
naufrague en un pseudo diálogo de sordos o al menos, de hipoacúsicos
severos. Si las fronteras del “sistema psicoanálisis” dejan de ser porosas y
comienzan a calcicarse, a esclerosarse, los contextos golpean pero nadie
les abre. Roberto Castel, sociólogo recientemente fallecido, denominó a
esta forma del psicoanálisis esclerosado “psicoanalismo”. No por suerte,
sino por mucho trabajo de muchos colegas, hay terapias de rejuveneci-
miento para nuestra “anciana dama psicoanalítica”. El fundante: dejarse
interpelar, dejarse criticar, dejarse cuestionar (Bauleo, 1971). Sostener
dentro del sistema psicoanálisis ese pedido de Rodolfo Walsh: “sienta la
satisfacción moral de un acto de libertad”. Satisfacción de una moral sin
dogmas. O lo que es casi lo mismo: de una moral no superyoica. Cuando
propiciamos y sostenemos esta magia del intercambio fundante, la mara-
villa acontece. El contexto pasa a ser texto instituyente. Y entonces los
dogmas esclerosados son conmovidos primero y arrasados después. Es
posible escribir un nuevo evangelio laico. Recibir la “buena nueva” o el
“alegre mensaje”, la novedad radical. Por eso sostengo que hay un psicoa-
nálisis del palacio, esclerosado, academicista, dogmático, de catequesis y
ecolalia, para el cual no hay “nada nuevo bajo el sol de Villa Freud”.1 Pero
hay otro, un psicoanálisis de la plaza, que no solamente se abre a otros
contextos, a otros ecosistemas, sino que además, los va creando. Hacien-
do psicoanálisis al andar. El consultorio se desterritorializa y la buena nue-
va puede ser apropiada en diferentes espacios. La militancia social y polí-
tica que sostengo desde hace cuatro décadas es también, desde el
1 Villa Freud: zona de la ciudad de Buenos
Aires donde en las décadas del 60, 70
había la mayor densidad de psicoanalistas
por metro cuadrado. En la actualidad, hay
consultorios de psicoanalistas en toda la
ciudad y en zonas de lo que llamamos el
“conurbano”
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psicoanálisis. Psicoanálisis pensado como un “analizador del fundante
represor de la cultura”. Con nombre propio: psicoanálisis implicado.2 Si la
subjetividad está en riesgo, como señalara Silvia Bleichmar, también lo
está el psicoanálisis. Pero hay un riesgo erótico y un riesgo tanático. Sos-
tener el primero no impide la derrota, pero impide el fracaso, y fracasar
es derrotarse a uno mismo. El segundo es un suicidio programado. Una
especie de eutanasia activa o pasiva. Es dejarse devorar vivos por otras
disciplinas carnívoras que, con total claridad de mercado, van por todo.
Por todo el campo de la salud mental. Lo comprobamos en los encuadres
psicoterapéuticos de la seguridad social, tanto obras sociales como pre
pagos. Los riesgos eróticos “no tienen la certeza de una tierra prometida,
pero si la convicción de una lucha compartida”. Es uno de mis aforismos
implicados, a los cuales recurro incluso como intervención clínica. Cuando
propuse en mi tercer libro ir del “diván al piquete”, era consciente y tam-
bién inconsciente que tomaba riesgos, pero que también era un riesgo ir
solamente “del diván a Punta del Este”. Insisto: arriesgarse tiene que ver
con la vida. Suicidarse tiene que ver con la muerte. Por ejemplo: muchas
apelaciones interdisciplinarias las pienso como formas de suicidio. Una
cosa es ser interpelado, y otra muy distinta es tolerar ser vapuleado. Cier-
ta tendencia a una forma de “timidez psicoanalítica” nos impide devolver
golpe por golpe. Y también es penoso que los debates más crueles sean
entre psicoanalistas de diferentes o excluyentes orientaciones. Todavía
tengo cicatrices del estilete de la sentencia: “esto no es psicoanálisis”. Un
psicoanálisis arriesgado debe debatir contra las neurociencias como apo-
yatura cientíca de las multinacionales de los psicofármacos. Propongo
un interesante trabajo de investigación: ¿Cuántos pacientes nos expropió
el clonazepan y los antidepresivos de consumo masivo? Si nos negamos a
ese debate, a esa batalla cultural, tomamos el peor de los riesgos: el taná-
tico. Sería bueno que los psicoanalistas pudiéramos tomar el mismo ries-
go que tomó Freud en sus debates con Breuer y Jung. Sin que necesaria-
mente implique pasar de la “causa” a la “cruzada”. No sabemos todo, pero
no pocas veces replegamos todo lo que sabemos. ¿La sombra de qué ob-
jeto ha caído sobre nuestro Yo? Quizá, el de cierto furor psicoanalizandis,
donde todo bicho que caminaba iba a parar al diván asador.3 Las insopor-
tables tertulias para diferenciar psicoanálisis de psicoterapia breve de psi-
coterapia con fundamento psicoanalítico, etc, etc, hoy han sido barridas
por los tiempos del posmodernismo y los vínculos digitalizados. Pero las
pulsiones de autoconservación no pueden ser soslayadas. Cuantos más
contextos se incorporen a nuestros textos, los riesgos que los muros de
Troya sean derribados por aqueos impacientes, será menor. Sin olvidar
que hay demasiados astutos Ulises que construyen hermosos caballos
interdisciplinarios, para tener la entrada triunfal a la Ciudad del Oro Puro
y el Cobre, a pesar de su mandato destructivo. El benecio primario de
tolerar y propiciar la interpelación permanente es, como señalé, que el
contexto devenga texto. Los conceptos, algo así como los ladrillos de toda
2 En la AEAPG funciona el Área de
Psicoanálisis Implicado y Clínica Social que
coordino con José Graiño.
3 Alude al refrán “todo bicho que camina va
a parar al asador”
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teoría, se despliegan: abarcan mucho y aprietan más. Pero hay un bene-
cio secundario: obligamos, con mayor o menor dulzura, dependerá de
cada momento concreto, a que los unos y los otros toleren la interpela-
ción que el psicoanálisis puede y debe hacer. El interpelado tiene mejores
recursos para interpelar. El Psicoanálisis Implicado nace de haber tolera-
do y haberse apropiado de la interpelación del Análisis Institucional, la
Psicología Social, la Teoría General de los Sistemas, de los escritos de León
Rozitchner, Gregorio Baremblitt, Silvia Bleichmar, Marta Gerez Ambertín,
Vicente Zito Lema, entre otras y otros. Por lo tanto pensamos que tene-
mos el derecho y el deber de interpelar. Interpelamos el concepto de “su-
peryó” para postular el “superyó amplicado”. Continuum entre la instan-
cia psíquica y las masas articiales, que nos permite interpelar a la cultura
para nominarla como Cultura Represora. Para la cual el malestar es inma-
nente y en la cual se encuentran inmensos páramos en los cuales se culti-
va la pulsión de muerte. Interpelar el concepto de Complejo de Edipo,
para pensarlo como “la complejidad del Edipo”. Interpelar al mito cientí-
co de las protofantasías, para postular una sexta protofantasía. Y para no
perder la ternura jamás, aunque algunas veces y no pocas debamos en-
durecernos, seguimos propiciando que nos interpelen con la pluma, sin la
espada y con la palabra.
Segundo movimiento: molto vivace.
Hace décadas, exactamente en el año 1978, durante la cursada con Rodol-
fo D Alvia, docente de la AEAPG, aprendí que Freud describía 5 proto fan-
tasías. Rodolfo las referenciaba con el texto Moisés y el Monoteísmo. Y se
inferían de la trama vincular del Edipo. Madre – Hijo: seducción. Hijo – Ma-
dre: incesto. Padre – Hijo: castración. Hijo – Padre: parricidio. Madre – Pa-
dre: escena primaria. Son fantasías sobre el origen, y de alguna manera,
fantasías originarias. Siempre me interrogué porque eran 5 y que nexo
había entre ellas. El mito cientíco, como Freud señala, es una necesidad
teórica. Una piedra sobre la cual se edicará otra Iglesia, y toda Iglesia
sostiene una lógica jerárquica y la jerarquía es una asimetría desde donde
se ejerce un despótico poder. En otras palabras: las fantasías originarias
son una construcción que fundamenta, diría justica, cierto destino y ese
destino es lo que denomino Cultura Represora. Entonces, desde las fanta-
sías sobre el origen, podemos concluir que es inevitable el Complejo de
Edipo y que el Complejo de Edipo, tanto en su represión cuanto en su di-
solución, hace inevitable a la Cultura Represora. ¿Cuáles son sus elemen-
tos fundantes? Generar, sostener y transmitir el Mandato, la Amenaza, la
Culpa y el Castigo. Si el Edipo es universal, en cierto sentido sería ahistóri-
co. ¿En que sentido? Lo histórico solamente da cuenta de una particulari-
dad, del “caso por caso”, de una variancia relativa. El complejo nuclear de
las neurosis se desliza para ser un complejo nuclear de la construcción
subjetiva. Lo Universal se acerca a lo Absoluto. El Edipo semantiza como
pre edípico el devenir subjetivo anterior a su propia constitución. De la
misma forma que lo “pregenital” arma la genitalidad que, “necesaria-
mente”, ha de advenir. Esto es para mí el tema a interpelar. Sostengo que
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el tránsito desde las proto fantasías al Complejo es encubridor. La hipóte-
sis del Complejo de Edipo como nuclear de la neurosis, termina siendo
nuclear de la constitución subjetiva y el invento de las 5 protofantasías
establece un determinante biológico, o al menos, transcultural. En la dis-
cusión sobre la naturaleza ondulatoria o corpuscular de la luz, los que
sostenían la primera tuvieran que inventar la teoría del éter. Desechada
por experimentos, tuvo un resurgimiento por descubrimientos posterio-
res a la teoría de la relatividad, o sea: la Teoría no es neutral en relación a
los hechos que pretende explicar y tampoco los teóricos son neutrales en
relación a la teoría que preeren sostener. De hecho, el psicoanálisis em-
pieza como artesanía, sigue como causa y termina como cruzada. Los ca-
balleros templarios eran los didactas. Si sostenemos un malestar en la
cultura como inmanente, se puede armar que siempre habrá malestar
entre nosotros. Y resignarse al malestar es una forma de sostener todo
mecanismo de dominación. “No hay mal que dure cien años, porque a los
99 el conteo empieza nuevamente” señala un aforismo implicado. Las 5
proto fantasías hablan de amores prohibidos, contrariados o envidiados.
De luchas perdidas de antemano, de derrotas y fracasos. Podríamos de-
cir: “así es la vida”. Cualquier vida. En realidad, lo decimos todo el tiempo.
Pero también podríamos pensar que “así no es la vida”. O sea: pensar
otras formas de existencia. Que dieran cuenta de un ser para la vida, para
la vida deseante. Desde las protofantasías hasta la hegemonía fálica del
Complejo, el deseo está siempre rigurosamente vigilado y castigado. In-
cluso la “escena primaria” es una marca traumática para el infans. Se ex-
hibe el castigo, se oculta el deseo. Entonces la sexualidad de la madre con
el padre y viceversa pasa a ser clandestina para los hijos. La crueldad se
exhibe, el amor sexuado se oculta. El tercero no puede, entonces, dejar de
estar en discordia. La seducción siempre es sospechosa, incluyendo la
oral. Durante décadas la cultura represora arrasó con el erotismo del
amamantamiento. Entronizó las leches maternales y las mamaderas
como restitución del pecho materno. El incesto fue condenado mucho
más por su cualidad anticipatoria del placer que por su excepcional con-
sumación. Recordemos que Freud señaló que el Edipo se disipa por su
imposibilidad interna, análogo a la caída de los dientes de leche. Si el cen-
tro de la atención es el parricidio, es simple disimular la castración, es
decir, el licidio, constante en la cultura represora. El supuesto asesinato
del proto padre es apenas la matanza de un déspota no ilustrado, un
energúmeno sediento y hambriento de hembras y de machos jóvenes. No
es lo mismo matar que asesinar y no hacer esta diferencia es funcional a
sostener el orden represor que culpabiliza a las jóvenes generaciones.
Otra noche de los lápices espera en cada esquina. Las 5 protofantasías
sostienen como originaria la culpa por la carátula de asesinato a la matan-
za. Imaginar que el pasaje de la naturaleza a la cultura, o con palabras de
León Rozitchner, el pasaje del último colectivo natural, la horda, al primer
colectivo cultural, la alianza, deja un sedimento tóxico de culpa…es legiti-
mar toda forma de castigo. El famoso buen chirlo dado a tiempo, que es
donde se empieza, hasta la más renada tortura, que es donde se termina.
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Tortura sistemática, tortura moral, tortura escolar que algunos llaman bu-
lling, o laboral, bautizada como mobbing. Castigo sin crimen, culpa sin
motivo, amenazas sin fecha de vencimiento. El banquete del terror está
servido. Es necesario legitimar, al menos cientícamente, que nuestro va-
lle de lágrimas, de sufrimiento, de dolores y tristezas, no es sin justa y
originaria causa. El “bing bang” de la subjetividad tiene la marca logené-
tica, de las originarias fantasías. Una elegante forma de impunidad. Un
destino marcado por la injusticia, la ignorancia, la estupidez, que hace que
sostengamos al mundo como es y no como debería ser. La Quijotada es
apenas una referencia al ridículo de pelear contra superyoicos molinos de
viento tóxico. ¿Por qué pelea? Es simple: porque está loco. Desde la cordu-
ra de un Sancho, esa pelea es no solamente loca, sino psicótica. Freud se
preguntó si tenía un delirio de saber o un saber sobre delirios. ¿Se lo ha-
brá contestado? Pero sería bueno seguir sosteniendo esa pregunta. “Solo
saben los que luchan”. Un aforismo implicado que asocia producción de
verdad con lucha. Por oposición, la producción de mentira implica exter-
minio. (miente, miente, que algo quedará) Uno de los conceptos fundan-
tes del psicoanálisis implicado es: “la subjetividad es el decantado identi-
catorio de la lucha de clases”. La clase de los deseos y la clase de los
mandatos. Los deseos cuyo origen es interior (la interioridad del cuerpo
erógeno) y que son vividos como ajenos, egodistónicos y perturbadores. Y
los mandatos cuyo origen es exterior, pero son sentidos como lo más
propio (conciencia moral). Malentendido básico de la construcción subje-
tiva que se prolonga en la cultura represora. ¿Cuántas heridas narcisistas
serán necesarias para que el sujeto no viva su esclavitud como la más
completa libertad? Quizá haya miedo a la libertad. Pero el problema es
que no hay pánico a la esclavitud. Las relaciones de dependencia laboral
son lo más buscadas, y una dependencia lleva a la otra…y a la otra. La-
mentablemente, heridas más, heridas menos, hemos desarrollado pode-
rosos mecanismos de anestesia. Teorías que anestesian aquello que de-
bería sublevarnos. Por ejemplo: ver la falta sin poder observar la carencia.
O sobre estimar el desamparo infantil sin jerarquizar los dispositivos de
amparo que son los que subjetivarán al infans. La metapsicología que pi-
votea en la falta no es lo mismo que la metapsicología que hace palanca
en el exceso. Y es bueno pensar que la metapsicología bien entendida
empieza por casa. O sea: por el permanente análisis de la implicación del
teórico y de los dispositivos que construye para su “estar psicoanalista”.
Quizá revisar el concepto de protofantasías naufrague en las borrascosas
aguas de la especulación teoricista. De cambiar mito cientíco por mito
cientíco. ¿Cuál sería en ese caso, la ventaja, el benecio, primario y se-
cundario, de este intento? Algo que nunca hubiéramos sospechado, como
escribió Freud en relación al inconsciente represor. Darnos cuenta que
con el mismo metal de las cadenas que nos aprisionan, se pueden cons-
truir las armas que nos liberen.
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Tercer movimiento: scherzo
Me preocupa lo que se ha dado en llamar “la revolución congelada”. Un
psicoanálisis en el frezer no es justamente el objetivo de tantas décadas
de estudio. Esta inquietud no pocas veces generó el reproche de mi ja-
ción al setentismo. En cuáles de las revoluciones del pasado me había
quedado atorado. Desde ya, sigo pensando y sintiendo a la práctica psi-
coanalítica como revolucionaria. Con cada paciente que atiendo, en cada
clase que doy, en cada conferencia, en cada acto de la militancia política y
social. Pero toda praxis reformula la teoría que la sustenta. No se trata de
beber vinos viejos en odres nuevos. Las distintas formas de psicoanalismo
no me interesan. Todas ellas sostienen el concepto de neutralidad. En la
clínica, deno a la neutralidad como la negación maníaca de la implica-
ción. Y esto tiene consecuencias técnicas muy importantes. En la mejor
“caja de herramientas”, hay nuevas herramientas que no entran. Habrá
que soportar la intemperie, hasta que encuentren un nuevo lugar en el
mundo de las cajas. La conocida expresión: “me partió la cabeza”, es evi-
dencia de que algunas de esas nuevas herramientas tienen la capacidad
de taladrar mentes esclerosadas. Las viejas herramientas no solamente
ya no abren ninguna cabeza, sino que se especializan en soldarlas. Desde
hace años coordino cursos de Psicoanálisis Implicado en las Facultades de
Psicología de La Plata, Mar del Plata y Rosario. Me cuesta creer la dicultad
de los jóvenes para pensar. No digo recordar, repetir, evocar. Digo pensar
con existencias propias. Están saturados de “tips” teóricos. Pero descono-
cen su origen, más allá de citar y rezar al autor o autora recomendado. No
hay prohibición de pensar. Pero no se piensa más allá de lo prohibido. Y la
conciencia tabú se ha enquistado también en el pensamiento cientíco y
político. Antes se hablaba de las “vacas sagradas”. Nunca supe porque no
había “toros sagrados”. Pero el repudiado “magister dixit” sobrevive en los
repliegues y laberintos de la cultura represora. La religión anida en más
de una cátedra o seminario. Hay sectas, y algo más que sectas, por ejem-
plo: ¿Cómo pensar al sujeto desde el encuadre de la terapia individual? Se
lo quiere pensar como sujeto, pero nalmente se repliega nuevamente
como individuo. La práctica en consultorio siempre se la ha adjetivada
como “solitaria”. Lamento la irreverencia inevitable: decir solitaria es decir
autoerótica. Sabemos que el autoerotismo es la técnica sexual y mental
del narcisismo. Pienso que es muy diferente la teoría del narcisismo que
el narcisismo en las teorías. Para combatirlo, es necesaria la interpelación
permanente. Pero no solamente desde otras teorías, sino desde otras
prácticas, incluso no profesionales. Interpelar a la Villa Freud desde la Villa
Miseria, que también es América, como en el recordado libro de Bernardo
Verbitsky. La Villa Miseria puede ser un centro de salud comunitaria, una
sala destruida en algún manicomio residual, un consultorio hospitalario
con una demanda imposible de asistir, cartillas de obras sociales y prepa-
gos que ofrecen lo que no pueden sostener, incluso consultorios particu-
lares desbordados por pacientes de borde, que demandan de todo, me-
nos psicoanálisis. ¿Por qué entonces es necesario para revolucionar el
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presente acudir a ese pasado remoto, pre histórico, donde las 5 protofan-
tasías organizaron las subjetividades con un engrama represor? Quizá
para desmontar la “idea-certeza” de que la singularidad del sujeto, su no-
vela familiar, es única e irrepetible. Pero no es así. Somos menos origina-
les de lo que nos pensamos. Repetimos más de lo que desearíamos. Y la-
mentablemente hay senderos en los que nunca haremos camino al andar.
Pretendo mostrar el tránsito obligado, casi predestinado entre Protofan-
tasías, Complejo de Edipo y Cultura Represora. Mi primer libro lleva como
título: “El Edipo después de El Edipo: del psicoanálisis aplicado al psicoaná-
lisis implicado”. Casi 15 años después, pretendo reexionar sobre el “an-
tes”, en realidad, el muchísimo antes. Pero es un antes como tiempo lógi-
co, no cronológico. Las fantasías originarias que hablan del origen de la
subjetividad, operan en tiempo presente y en tiempo futuro. Es quizá el
inconsciente más ecaz del psicoanálisis. La roca más viva de todas. Des-
de su aparente olvido, consideradas como una especie de arcaísmo teóri-
co, operan como la pulsión de muerte: sin palabras. Mudas, incluso sor-
das, quizá ciegas. Están como custodios de un Orden que no puede ser
alterado. Los deseos serán castigados y el amor sexuado deberá ocultarse
de las miradas de propios y ajenos. La privacidad se desliza hacia la clan-
destinidad. Lo discreto a lo secreto. Los placeres a las vergüenzas. Y luego
llegará como una constante de la cultura represora el pasaje de la sexua-
lidad infantil como organizadora de la subjetividad, a la sexualidad repre-
sora con niñas y niños como arrasadora de toda posible subjetivación. La
pedolia, la pornografía infantil en una escala inabarcable, dan cuenta de
formas actuales de la castración y el licidio no pensables hace apenas
pocas décadas. ¿Es posible buscar donde no se encuentra? Nuestro saber
teórico, nuestras intervenciones institucionales, nuestros espacios de for-
mación y transmisión, no pueden impedir que el horror de la vida cotidia-
na de millones siga siendo una miseria real, mucho más cruel que la mise-
ria neurótica. Nadie puede asociar libremente atravesado por el puñal del
hambre. Ni pensar. Ni amar. Ni soñar. Pensar que el psicoanálisis no pue-
de desentenderse del hambre quizá sea mi propio delirio. Pero sabemos
que todo delirio tiene un núcleo de verdad. Y entonces entramos, o al
menos lo intentamos, en el núcleo de verdad de este trabajo. Encontrar el
eslabón perdido, algo que en la historia de la evolución del psicoanálisis,
desde 1895 a la fecha, nunca se había encontrado. La primera respuesta:
no se encontró porque no existe ese eslabón. La segunda: no se encontró
porque nadie lo buscó. Este es el momento en que puedo retroceder, por
el temor de llegar al mismo lugar donde Ícaro quemó sus alas. El sol de la
racionalidad puede derretir la cera del pensamiento. Pero no retrocederé.
Después de todo, la única lucha que se pierde, incluso lucha teórica, es la
que se abandona. La hipótesis es que el eslabón perdido es la sexta pro-
tofantasía. Freud describe el pasaje de la naturaleza a la cultura en la for-
mación de la alianza fraterna. Un colectivo originario que pudo realizar lo
que individualmente era imposible. Deno colectivo como un grupo con
una estrategia de poder. Desde ya, hay demasiados grupos y pocos colec-
tivos. Los integrantes de la horda primordial durante un tiempo imposible
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de medir, fueron agrupamientos inespecícos, sostenidos desde la satis-
facción precaria de sus necesidades, los primeros excluidos de la historia.
En algún momento, un nuevo y originario acto psíquico se produjo. Algún
tipo de lenguaje pudo advenir. Freud hipotetiza la aparición de una nueva
arma. Creo que esa arma es la palabra. El agrupamiento inespecíco de
multiplicidades solitarias, dio paso al colectivo fraterno. Acto al que hoy
podríamos denominar “psicosocial”. El primer acto de poder clasista en la
historia de la humanidad. El proto padre ejercía un poder absoluto. Abso-
lutamente individual. La matanza es el triunfo del poder colectivo sobre el
despotismo individual, insisto. No hay asesinato, hay matanza. La culpa
originaria ni es culpa ni es originaria. Es remordimiento ya que es poste-
rior al acto agresivo efectivamente consumado. Y no es originario porque
en realidad lo originario es la ambivalencia, la condición elemental. Como
Freud señala justamente para diferenciar el remordimiento de la culpa,
tanto en su origen como en sus efectos. El remordimiento abre el camino
a la reparación. Aunque sea triste la verdad, siempre puede tener reme-
dio. La culpa fundamenta la eternidad del castigo. Estamos más cerca de
Sísifo que de Apolo. Y por eso, aclara Freud, la matanza fue un acto único,
pero no realizado una sola vez. Único en tanto generó una novedad radi-
cal. Del hombre estepario, al agrupamiento inespecíco, para culminar en
el héroe colectivo. La ambivalencia mata más que la humedad. Y la hazaña
primordial queda sepultada incluso, y muy especialmente, para sus prota-
gonistas. No es difícil aceptar que si resulta complejo separar la paja del
trigo y todavía estamos pensado cuándo es una de cal y cuándo es una de
arena, discriminar con rigurosidad culpa de remordimiento implica una
hazaña teórica. Sin embargo, es fundante para una clínica que se aleje de
la Escila de la resignación y de la Caribdis del castigo. En una conferencia
que asistí en la AEAPG, le pregunté a un psicoanalista de cuyo nombre no
quiero acordarme, si establecía diferencia conceptual entre matanza y
asesinato del proto padre. Su respuesta me sorprendió, a pesar de que
tengo claro que sorpresas te da la vida, incluso la vida psicoanalítica. Di-
rectamente, no entendió ni le interesó la pregunta. Faltaba que dijera: “¿lo
qué?”. Y como dice el cantautor Joaquín Sabina, callo más de lo que digo
pero digo la verdad. Evidentemente, para este prestigioso colega no había
ningún eslabón perdido para encontrar. Si una premisa originaria, una
condición elemental no es cuestionada, es difícil que las inferencias poste-
riores sean demasiado divergentes. O dicho de otra manera: quizá lo
sean, pero se mantienen en lo que denomino el nivel convencional encu-
bridor. Más allá del contenido de verdad que sostengan, hay un reduccio-
nismo inapelable. Las incumbencias teóricas son sagradas. Cada teoría se
hace cada vez más compleja, y por ende más autosuciente. Cada vez
menos le importa confrontar con otras teorías. La interdisciplina es con-
vocada en forma permanente. Pero al buscar más consenso que lideraz-
go, todo debate se diluye en agua de borrajas, o sea: con muy poca sus-
tancia teórica. Todos quedamos contentos, y seamos o no maestros,
seguimos contentos con nuestros libritos. Hace tiempo que lo que menos
me importa es quedarme contento y menos con las borrajas. Preero que
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haya muchas nueces porque seguro harán mucho ruido. Y a mí pensar,
porque la hazaña primordial fundante de la cultura no tuvo la marca de
una fantasía originaria, hace tanto ruido que me ensordece. Si toda teoría
debe tener coherencia interna, la ausencia de la fantasía originaria que
aludiera al colectivo fraterno autor de la hazaña primordial, tendría que
haber sido mencionada al menos como una curiosidad. También la insis-
tencia en denominar como asesinato lo que fue matar en la defensa pro-
pia, tanto individual como colectiva. Después de todo ¿Por qué aceptar
sumisamente el hambre insaciable de Cronos? Pero un Cronos sigue de-
vorando algunos aspectos necesarios de la metapsicología. El título de un
libro del colectivo Barrios de Pie puede ilustrar algo importante: “La cabe-
za piensa donde los pies pisan”. Quizá de tanto pisar el consultorio indivi-
dual (un psicoanalista – un consultorio) para realizar psicoanálisis indivi-
dual (hasta no hace mucho, de 3 a 5 consultas semanales), haberse
formado en teorías de la construcción de la subjetividad con pregnancia
casi absoluta de lo individual familiar en detrimento de lo subjetivo social,
haber priorizado el mundo interno sobre otros mundos posibles, insistir
en la estructura del inconsciente como un lenguaje soslayando la marca
histórica, política, social del inconsciente no reprimido, han ladeado la teo-
ría hacia paradigmas de lo individual y de lo único. Un sujeto autocentra-
do, auto referenciado, es apenas un individuo. Represión mediante, el in-
dividuo ha esterilizado la potencia creadora del Ello. El reservorio pulsional
y energético agotó sus reservas. Si los pies se apoyaron en las tierras ári-
das del individualismo, la cabeza no pudo pensar más allá de los vínculos
primarios. Dicho de otra manera: la teoría se sostiene en la edipización del
conicto social. No es el sujeto que se conecta con lo social; es lo social
que construye un determinado tipo de sujeto para que, en un segundo
tiempo que la cultura represora establece como primero, se conecte de
una sola manera con su “creador”. Con poco valor y mucha subordina-
ción, perpetua vigencia del período de latencia. Por eso el superyó, here-
dero cruel y vicioso del Complejo, es la tópica donde se cultiva la pulsión
de muerte. En primer lugar: muerte del deseo, de todo deseo. El tabú del
incesto es apenas la pantalla encubridora de otro tabú más letal: el tabú
del deseo. El superyó, como la derecha, castiga aquello que propicia. Pro-
picia las mociones incestuosas, idealizando el corralito vincular de la fami-
lia nuclear. Cuando esas semillas germinan, son brutalmente pisoteadas.
Amenaza coactiva de castración. Una abstracción que la diferencia sexual
anatómica convierte en real. Estafa de los padres que preeren sostener
las teorías sexuales infantiles porque de esa forma manipulan poderes y
saberes. Un nene aterrorizado por la amenaza de castración. Una nena
rencorosa por haber sido castrada. El mito de la cigüeña, del repollo, for-
mateó durante décadas una sexualidad reprimida. Reforzada por el man-
dato de la virginidad, vaginal de la mujer y anal en el varón. Y como “bonus
track”, el infernal castigo por desear lo amado. No se prohíben los objetos
porque son incestuosos, sino que son incestuosos porque se los prohíbe.
Con frecuencia hago el Test del Incesto. Ante la pregunta si es incestuosa
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la relación sexual con los padres, la respuesta unánime es sí. Ante la pre-
gunta si es incestuosa la relación con los hermanos, la respuesta unánime
es sí. Ante la pregunta si es incestuosa la relación con primos hermanos,
se pierde la unanimidad. En la tópica del Complejo rige el axioma: lo pro-
hibido siempre es lo más deseado. ¿Cómo no desear a la mujer de tu
prójimo si te prohíben hacerlo? Por algo será…En la tópica del Complejo
rige otro axioma: de eso no se habla. La procesión va siempre por dentro,
porque por fuera, al compartirla, al reconocer lo más propio en los otros,
toda culpa, todo temor, toda vergüenza, pierde vigor y consistencia. A mí
no me pasa lo mismo que a Ud. pero me pasa algo bastante parecido. Con
eso sería más que suciente. Pero en el proto padre residual que toda
madre y todo padre sostienen, el “no se lo cuenten a nadie” es el mandato
del secreto familiar. Hay un libro con ese título. “No se lo cuenten a nadie”
escrito por la psicoanalista, ya fallecida, Helena Baserman Viana. Cuenta,
treinta años después, que Amilcar Lobo, candidato de la Sociedad Psicoa-
nalítica de Rio de Janeiro, estaba en análisis didáctico con Leao Caberniti.
Amilcar Lobo era un conocido torturador. Y no contarlo fue la indicación
que recibió Helena, que incluso fue perseguida cuando intentó hacer su
denuncia. Los “proto padres” siguen entre nosotros y nunca cuidarán de
sus hijos. Cuando pregunto si el padre tiene que ser amigo del hijo, la res-
puesta siempre mayoritaria es “no”. En una fuerte discusión que tuve por
este tema luego de escribir un trabajo titulado “Te lo dice tu padre, te lo
dice un amigo”, opté por apelar al gaucho Martín Fierro. “Un padre que da
consejos, más que padre es un amigo, así como tal les digo, que vivan con
precaución, nadie sabe en qué rincón, se oculta el que es su enemigo” El
gaucho pisa una tierra que le organiza otra cabeza. Paternidad y amistad
solo son posibles cuando la matanza del proto padre esté totalmente con-
sumada. Y la verdad verdadera es que no lo está.
Cuarto Movimiento: troppo alegro y troppo vivace.
Freud tenía la convicción que el psicoanálisis no es una concepción del
universo. El tema es qué entendemos por universo. Lo Universal se asocia
a lo Único. Un único dios verdadero, creador de un único universo verda-
dero. Toda una concepción reaccionaria y totalitaria de la vida. El pensa-
miento religioso es una forma de conocimiento absoluto, y de tan absolu-
to, deviene supina ignorancia. El pensamiento cientíco es una forma de
conocimiento objetivo. En tanto incluye la perspectiva que tiene el sujeto
que conoce del objeto que pretende conocer. A esa perspectiva la deno-
mino el análisis de la implicación. Cuando la teoría denía a la homose-
xualidad como enfermedad o dene en la actualidad al travestismo como
un trastorno delirante del esquema corporal, el pensamiento cientíco se
entumece. El concepto de envidia del pene, más allá de que hay penes
que dan envidia, es encubridor de que lo profundamente envidiado era el
placer al que el varón tenía acceso y la mujer tenía prohibido. La época
victoriana, con sus revival actuales, era el tabú del deseo, pero solo para
las mujeres. Y el mandato de un placer caricaturesco, que algunos llaman
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perverso, para el varón. Así estaban las cosas y no parió la abuela, pero
llegó Freud, y su genealogía del placer derrumbó las murallas del patriar-
cado represor. Bueno, al menos hizo una importante contribución. Tra-
ducciones más, interpretaciones menos, las neuróticas no engañan sino
que fueron engañadas y abusadas. Hoy sabemos lo que Freud no creo
que ignorara. El abuso sexual infantil y su forma más cruel, el incesto es
una regla que tiene excepciones. Es decir: hay niñas y niños que no son
abusados. Pero es letal pensar el abuso como excepción a una regla que
lo prohíbe y que siempre se cumple. El tabú del incesto es la ley que tiene
más trampas. Pero las leyes represoras no están ni para ser cumplidas ni
para proteger, ni para cuidar, solamente para vigilar, culpar y castiga, por
supuesto que a las víctimas, nunca al victimario. El tabú del incesto que
supuestamente se cumple, justica que siempre se desestimen las de-
nuncias de abusos e incestos. “¿Cómo tu papá va a violarte, nena? ¿No
sabés que es tabú?”. Diálogo escuchado, claro que en otros términos. La
impunidad también comienza cuando no se escucha. Las hermanas Jara
pueden dar crédito a mis palabras4. Por eso, suponer que se puede com-
batir el mal con las leyes que el mal creó para perpetuar su impunidad, es
asumir un riesgo tanático. El mal es la defusión de la pulsión de muerte, y
el reinado absoluto de lo que el psicoanálisis implicado conceptualiza
como “superyó amplicado”. El continuo témporo espacial entre masas
articiales e instancia psíquica se prolonga nuevamente en las masas arti-
ciales que decanta, vía identicaciones, en la instancia psíquica superyoi-
ca cada vez mas recargada. Hasta que el sujeto implosiona. Las sombras
caen sobre el Yo y lo destrozan. Muerte del deseo, aunque no súbita, algu-
nos llaman a esto depresión, o fatiga sexual. Los quita penas actuales no
se llevan las penas, pero se llevan la vida. Para no penar en esta vida, lo
mejor es dejar de vivir. Crónica de los suicidios anunciados, incluso de jó-
venes, pero lamentablemente nunca escuchados. “El escándalo es la cara
visible de la hipocresía”. Cada suicidio espanta pero no estimula el hábito
de pensar y prevenir. Entonces me parece que es necesario que el psicoa-
nálisis pueda sostener cierta concepción de los universos. Universos sim-
bólicos, culturales, eróticos, políticos. El psicoanálisis que a mí me deja
contento es aquel que interviene sobre la cultura, desde la fuerza que le
otorga haberse dejado interpelar por esa cultura. Desde mi implicación
teórica y política, intervengo en la cultura represora para mostrar que “el
rey está desnudo” y que las ropas elogiadas son apenas una muestra de
racionalizaciones, intelectualizaciones y en su extremo límite, cosmovisio-
nes delirantes. Después de las reacciones que hemos leído y visto con la
entronización de Jorge Bergoglio como papa Francisco, es necesario escri-
bir El Porvenir de una Alucinación. Ya que de El porvenir de una Ilusión
algo ya sabemos. En la concepción de los universos culturales es impor-
tante, al menos para mí, el concepto de “alucinatorio social”. Cuando la
palabra es la cosa, cuando la representación palabra y la representación
4 Aylen y Marina, encarceladas por
defenderse de su violador.
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cosa se fusionan, es la psicosis. En su novela “1984” George Orwell descri-
be como el poder total del Gran Hermano construye una concepción del
Universo. Único. Y el mandato supremo: creerlo o reventar. El protagonis-
ta, Winston, no cree. Y lo revientan. Es una síntesis de la novela, se entien-
de. Su lectura permite repensar la metapsicología. El Gran Hermano cons-
truye un alucinatorio social donde la “prueba de realidad” desaparece. Lo
único real es el Gran Hermano. Mejor decir lo que nos dicen que digamos,
porque de lo contrario, callaremos para siempre. El alucinatorio social
convalida por ejemplo, formaciones academicistas que, como decía Freud,
“mandan a los jóvenes al polo con ropa de verano”. Los jóvenes egresados
de las Carreras de Psicología tienen un desamparo tan profundo que ni
siquiera registran que lo tienen. Los que sobreviven, lo hacen en las carti-
llas de la “seguridad social”. Para la cual, el psicoanálisis es una pésima
palabra y una aborrecible práctica. Entre la espada de una formación teo-
crática y la pared de una realidad dislocada, el burn out se produce tem-
pranamente. Y los estudiantes que osan preguntar, no tienen mejor des-
tino que el desgraciado Winston. El Gran Hermano Teórico vigila, y castiga.
En otros tiempos la palabra que describía esta situación era “didáctico”.
No la didáctica de emergentes que propicia la psicología social pichonea-
na. La diktat decía cuatro sesiones por semana. Al control había que
ofrendarle 4 sesiones por semana. O sea: la palabra “4 sesiones”. La cosa
“4 sesiones” no existía. Y a lo que realmente existía (una sesión semanal,
frente a frente, etc) pasaron décadas para nombrarlo como psicoanálisis.
Por eso en el psicoanálisis se instaló, quizá en forma más acentuada des-
de la dictadura cívico militar, un alucinatorio social y teórico. ¿Por qué mu-
chos artículos denominados “sociales” nunca se leen? Y además: ¿por qué
se los denomina “sociales”? ¿Acaso el Moisés y la religión monoteísta es
menos metapsicológico que Pulsiones y sus Destinos? No es casual la re-
ferencia que hice de las 5 protofantasías que Rodolfo D Alvia describió
referenciando con el artículo del “Moisés”. Los escritos “sociales” son la
metapsicología más inclusiva. Alguna vez dije en broma, es decir, total-
mente en serio, que está pendiente escribir Menem y Tabú. Al menos, yo
escribí un texto al que titulé: “Sobre un caso de votación post hipnótica” Y
lo publiqué antes de la reelección de Menem. Igual ganó, pero me quedó
esa satisfacción ya mencionada de ejercer un acto de libertad, libertad de
pensamiento, la madre de todas las libertades. Intervenir en el espacio
político social es otra vía regia que no conviene subestimar. O degradar
adjetivándola de “panetaria”. La neutralidad mata. Hay terapeutas que
no saben cuánto dinero gana su paciente. O que todavía les cuesta cobrar
sesiones a las cuales el paciente falta, con o sin aviso. La sexta protofanta-
sía actualizada en la dinámica de la transferencia es la alianza terapéutica.
Más allá de la luna de miel analítica, es decir, después del enamoramiento,
lo que adviene es el amor, que no alucina, sino que percibe. Y nunca el
amor es a primera vista o a primera sesión. El peligro es el per saltum del
enamoramiento al delirio erótico. Entonces la alianza terapéutica colapsa
y la iatrogenia psicoanalítica hace estragos. Encuadres revueltos, ganancia
de pescadores cognitivistas, neo conductistas, neuro cientistas, etc. Espe-
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ro que no adoremos los becerros de oro de la interdisciplina resignando
nuestras convicciones más elementales. Si bien no todo es psicoanálisis,
el psicoanálisis está en todo, porque en todo está el sujeto. No hay peor
consejero que un superyó psicoanalítico. Jamás cederá su poder. Solo po-
drá ser conmovido desde una praxis transdisciplinaria y no disciplinaria.
Cuando el 1 de Mayo de 1986 fundé la cooperativa de trabajo en salud
mental ATICO, comencé a presentarme apelando a una trinidad no sagra-
da: médico psiquiatra, psicoanalista y cooperativista. Aún recuerdo, aun-
que no es algo para recordar, las preguntas superyoicas: “¿y qué tiene que
ver el cooperativismo con el psicoanálisis?” Tiene mucho y todo que ver si
sostenemos que el psicoanálisis es una teoría sobre el sujeto, una teoría
que incluye varias teorías. Una metapsicología del sujeto que debe cum-
plir lo que llamo el trípode de la implicación: coherencia, consistencia y
credibilidad. Pero estamos en uno de los tantos mundos posibles, donde
el que rivaliza dice que compite, el que compite dice que coopera y los
pocos que cooperan se sienten los giles del Mercado. Por eso luego de
más de 25 años, que continúan, me di cuenta que es cierto que la cabeza
piensa donde los pies pisan. La apoyatura es vital para el despliegue pul-
sional. En una cooperativa lo fundante es la cooperación. Es una sociedad
de personas, no de capitales. No hay anónimos, no hay accionistas, hay
trabajo cooperativo. Y mucho tiene que ver, mejor dicho, todo tiene que
ver con los modelos de subjetivación. Dime qué vínculos construyes y te
diré que identicaciones te quedan. El modo superyoico de producción de
subjetividad construye vínculos tiránicos e identicaciones mortales. Lo
que conceptualizo como los “ideales del superyó”. No en vano los héroes
de guerra son los sociópatas en la paz. En la hegemonía de la cultura re-
presora, caen los ideales del Yo y son suplantados, silenciosamente, por
los ideales del superyó. Tigre dientes de sable por liebre. Por ejemplo: el
consumismo que es consumir consumo, es uno de los ideales superyoi-
cos en esta economía de mercado. El que esté libre de consumo que tire
la primera tarjeta. El endeudamiento tiene su correlato psíquico en lo que
denomino: enculpamiento, producción permanente de culpa para ali-
mentar la demanda insatisfecha de castigo. Freud habló del castigo como
“necesidad”. Es una necesidad superyoica que el Yo hace propia. La única
servidumbre del Yo es la que tiene con el Superyo, que más que servidum-
bre es una completa esclavitud. Gladiadores consumidores del Imperio
que saludamos al César de las empresas multinacionales cuando vamos a
morir al contraer deudas impagables. A ese Yo del madero lo denomino
Sujeto del Mandato. Muere contento sin haber batido a ningún enemigo.
En realidad más que contento muere maníaco. Porque así vivió y alucinó
que tomando coca cola todo va mejor. El cooperativismo de trabajo actua-
liza la sexta protofantasía. Y una alegría es que ex cursantes de mi semi-
nario optativo de Psicoanálisis Implicado han fundado dos cooperativas
de trabajo en la ciudad de La Plata. Algunas semillas germinan. Todo mi
trabajo con fábricas recuperadas y colectivos autogestionarios verica
una y otra vez que no solamente otro mundo es posible, sino que el único
mundo que no es posible es éste que tenemos. ¿Concepción del universo?
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Apenas convicciones de lo diverso, de los nitos pero indenidos desplie-
gues pulsionales. Y la primera fábrica a recuperar es nuestra propia sub-
jetividad cristalizada. Donde lo importante no sea entender, sino interpe-
lar y dejarse interpelar. A mis alumnos (palabra que no signica “sin luz”
sino discípulo y también, capacidad de alimentarse) les transmito en la
primera clase un aforismo: “lean, aunque entiendan”. Porque la lectura es
la primer interpelación, y muy especialmente leer más allá de los textos
psicoanalíticos. Ya mencioné “1984”. En los seminarios de la AEAPG, mi
consigna de trabajo es: “para ustedes el texto es Freud. Para mí el texto
son ustedes.” Un seminario, un grupo de estudio, también es un colectivo
fraterno. Un dispositivo asimétrico pero no jerárquico donde no hay lugar
para ningún proto sabio padre. La sublimación como destino pulsional
también puede ser castrada. De hecho, a eso se dedicaba la Inquisición. Y
todos sabemos que hay docentes inquisidores alertas a supuestas here-
jías del pensamiento ocial. La propuesta de pensar en una sexta proto-
fantasía es también la de pensar la complejidad del Edipo para salir del
encierro del Complejo. Cuestiono fuertemente que lo mejor para el sujeto
sea sostener al príncipe heredero. El Edipo como complejidad abre y des-
pliega. No es el superyó la única llave que abre las puertas de la exogamia,
en realidad, es la peor de todas. Ni la latencia el único puerto al que hay
que ir por leña. El Complejo anclado en las 5 protofantasías, no tiene ela-
boración posible. No en el marco de lo individual. Complejidad alude a
diversidad, a devenires múltiples, a polisemias necesarias. Establecer que
el superyó es el heredero del Edipo como Complejo, y que además, el
único heredero, transforma un problema en un dilema. Y al Complejo en
un laberinto techado del cual no se puede salir ni siquiera volando, y cuan-
do nalmente se sale, metamorfosis de la pubertad mediante, es para
repetir el modelo identicatorio originario. La familia nuclear como otra
masa articial, quizá la más poderosa de todas. En una cultura donde has-
ta los perros se parecen a sus dueños, no es muy probable que los hijos
se diferencien de su madre y de su padre. Algunos llegan a poderosas
formaciones reactivas, la mayoría, ni siquiera eso. Diversas formas de ca-
tequesis, incluso laicas, privilegian la repetición de la cultura que la sub-
versión de la misma. No es lo mismo la latencia congelada de la escuela
sarmientina, que la latencia fogoneada desde la educación popular. El Edi-
po pensado como complejidad hace foco en el parricidio. Matar al padre
antes que el padre mate al hijo. Matar al proto padre que todo padre aún
conserva. De nada vale la pregunta “¿por qué me abandonaste?” cuando
ya está crucicado. La marca superyoica es la cruz, aunque venga sin es-
pada. En la complejidad del Edipo hay muchos herederos, pero ninguno
que pretenda ser el único. A esa multiplicidad de herencias el psicoanálisis
implicado denomina: “modo yoico de producción de subjetividad”. Una
plaza de deseos en lugar de un circo romano de mandatos. Podrás amar
a tu padre y a tu madre, pero para honrarlos…la vida dirá. Honrar, honra,
pero solo cuando es por deseo. Y el Superyó heredero del Complejo sabe
de todo, menos de desear. La cultura represora odia el deseo y no sola-
mente el incestuoso; o mejor aún: todos los deseos son incestuosos y solo
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uno está permitido: el deseo del mandato. Desear para no desear, cami-
nar en círculos para cansarse sin avanzar. Muchos se rinden y quedan en
los limbos de las tierras áridas. El ensuciado de cerebro está consumado.
No hará nada por placer sino que hará todo por la culpa que sentirá si no
lo hace. Enculpamiento, sometimiento. El colectivo cultural de la herman-
dad ya no enfrenta al Proto Padre, incluso lo admira. Habrá que desconec-
tarse de la Matrix Edípica. Y que la ley primera sea sostener alianzas fra-
ternas. Insisto: donde haya asimetrías, pero no jerarquías. Construir
subjetividad sin amos ni patrones. Y para esta magna tarea, no es necesa-
rio ser psicoanalista, pero ayuda.
Anexo: Las seis protofantasías pueden modelizarse como el anillo de
benceno: castración, parricidio, seducción, incesto, escena primaria y col-
ectivo fraterno.
Bibliografía:
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