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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 1 (1), 2013, pp 70 - 87
ISSN 2815-6994 (en linea)
“CONSIDERACIONES SOBRE LA
AGRESIÓN,
UN RECORRIDO POSIBLE”
AVENBURG, RICARDO
Psicoanalista, presidente y miembro fundador de SPS.
Mail: ricardoavenburg@yahoo.com.ar. Buenos Aires
CHEJA, REINA
Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: babsvd@bertel.com.ar. Buenos Aires.
VAN DOMSELAAR, BÁRBARA
Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: babsvd@bertel.com.ar. Buenos Aires.
VILAS, CAROLINA
Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail:carovilas@hotmail.com. Buenos Aires.
SÍVORI, BELÉN
Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: belen_sivori@hotmail.com. Buenos Aires.
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Avenburg R. - Cheja R. - Van Domselaar B. - Vilas C. - Sívori B.(2013) “CONSIDERACIONES
SOBRE LA AGRESIÓN, UN RECORRIDO POSIBLE”
Intercambio Psicoanalítico 1 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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En las palabras preliminares, Julia Mengual1 presenta la dinámica y
las condiciones en que se desarrollan nuestros encuentros semana-
les, con la participación de todos los miembros de la Institución, a
partir de la elección de una temática que será la propuesta de tra-
bajo del ciclo. La misma se desarrolló durante el 2012 en el marco
de la transición institucional que se fue congurando y que nos va
congurando a través de la práctica del pensar juntos.
A continuación se desarrollan distintos recorridos acerca de la agre-
sión. En primer término Ricardo Avenburg conversa con Hartman,
Kris y Loewenstein a partir del artículo de la Revista de Psicoanálisis
del año 1951, cuyo título es “Notas sobre la teoría de la agresión”.
Arriba a la idea de que el trabajo prioriza un punto de vista fenomé-
nico y que los autores consideran a la agresión como un impulso
autónomo, con fuentes, metas y objetos determinados.
Posteriormente el resto de los autores mencionados abordan tres
textos de la obra de Winnicott, señalan el camino que éste va reali-
zando acerca del concepto de la agresión. En Winnicott el amor y el
odio constituyen los principales aspectos a partir de lo cual se ela-
bora lo humano. A través de su obra DWW nos desafía a pensar pa-
radojalmente; Amar lo odiado y odiar lo amado ¿no es otra de sus
paradojas?
Palabras Clave: Agresión- impulso- integración- destructividad- rela-
ción de objeto.
Palabras Preliminares
La elaboración que aquí presentamos es el resultado de un proceso con-
junto en el seno de nuestras reuniones cientíca en SPS. En el intento de
seguir los lineamientos que hoy nos nuclean como tal. Estamos conven-
cidos de que las estructuras verticalistas favorecen angostamientos en
los procesos de pensamiento, en tanto son el campo de cultivo para que
salgan a la luz mecanismos de poder (basados en criterios narcisistas),
con la consecuente instalación de un pensamiento que desde este lugar,
nunca puede ser complejo, aún cuando así se lo teorice.
La formación permanente y la organización horizontal dan apertura a
líneas de pensamiento actuales, recuperando la función crítica y promo-
viendo la profundización y la discusión. Este es el marco de trabajo cuyo
inicio hoy damos a conocer.
“CONSIDERACIONES SOBRE LA AGRESIÓN,
UN RECORRIDO POSIBLE
Avenburg, Ricardo 1
Cheja, Reina2
Van Domselaar, Bárbara3
Vilas, Carolina4
Sívori, Belén5
1 Psicoanalista, presidente y
miembro fundador de SPS. Mail:
ricardoavenburg@yahoo.com.ar.
Buenos Aires.
2 Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: reycheja@gmail.com. Buenos
aires.
3 Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: babsvd@bertel.com.ar.
Buenos Aires.
4 Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail:carovilas@hotmail.com. Buenos
Aires.
5 Psicoanalista, miembro de SPS.
Mail: belen_sivori@hotmail.com.
Buenos Aires.
1 Psicoanalista, miembrote SPS. Mail:
juliamengual@gmail.com. Buenos Aires.
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I. Conversando con Hartmann, Kris y Loewenstein en “Notas sobre la
teoría de la agresión” 2
Este trabajo comienza haciendo referencia a los desarrollos de Freud
con respecto a la agresión, primero como un componente libidinal y lue-
go referido, en tanto impulso de dominio, a los instintos de autoconser-
vación para culminar con la formulación denitiva de la dualidad instin-
tiva en términos de vida y muerte y dice:
“(...) una parte de las consideraciones sobre las que Freud basa su es-
peculación en su monografía ‘Más allá del principio del placer’ se reere
a problemas que deben discutirse y probablemente dilucidarse en el
terreno biológico, posiblemente con ayuda de biólogos experimentales.
(...) Por lo tanto no discutiremos las especulaciones biológicas de Freud
y todo lo que diremos sobre la naturaleza de los impulsos agresivos es
independiente de las hipótesis de Freud, para quien las manifestaciones
agresivas dirigidas contra el mundo son externalizaciones del instinto
de muerte. (…) Al exponer nuestros puntos de vista nos basaremos en
gran parte en una comparación entre libido y agresión, en primer lu-
gar porque se ha concedido más atención a los problemas de implica-
ciones libidinales que de agresivas y, en segundo lugar, porque para la
comprensión adecuada de varios de los problemas que discutiremos,
tomamos en cuenta las hipótesis generales sobre la naturaleza de los
impulsos instintivos. (…) La comparación entre libido y agresión comien-
za con problemas de terminología: oponemos los impulsos sexuales,
en el sentido amplio denido por Freud, a los impulsos agresivos; pero
mientras llamamos libido a la energía adscripta a los impulsos sexuales
no nos hemos decidido a adoptar un término similar para la energía de
los impulsos agresivos”.
El desarrollo de la teoría estructural (la división entre el yo, el superyo y
el ello) implicó una mayor interdependencia “(…) entre los conceptos es-
tructurales y las hipótesis sobre la naturaleza de los impulsos instintivos
en general y (…) fue posible diferenciar entre ‘instinto’ como se usa gene-
ralmente en psicología y especialmente en psicología animal e ‘impulso
instintivo’ como traducimos el ‘Trieb’ usado por Freud”. Según los auto-
res esto lo hacen teniendo en cuenta que “(...) la organización estructural
es máxima en el hombre, es mínima en los animales inferiores. (…) En el
hombre, el yo actúa de intermediario entre el impulso instintivo y el am-
biente. Su organización garantiza la adaptación. Mientras que el impulso
no puede alcanzar su n sin la intervención del yo, el instinto puede
hacerlo por sí mismo”. Para asegurar la graticación de los impulsos ins-
tintivos se requiere un aprendizaje, los instintos. “(…) pueden conducir a
la graticación sin o con un mínimo de aprendizaje”. “No consideramos
ya la existencia de un ‘instinto de autoconservación’ independiente o im-
pulso hacia la supervivencia pero damos importancia entre los factores
que contribuyen a la supervivencia a las funciones del yo (...)”. 2 Revista de Psicoanálisis Tomo VIII –
Número 3 – Año 1951, pp. 402-429.
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En resumen, los autores no comparten ninguna de las teorías instintivas
(o de los Triebe) de Freud; oponen los impulsos instintivos sexuales a
los impulsos instintivos agresivos. Tras los impulsos instintivos sexuales
hay una energía que llaman libido, mientras que la energía adscripta
a los impulsos instintivos agresivos queda innominada. No queda aquí
aclarado qué es esta energía (¿es biológica?) y qué la diferencia de los
impulsos instintivos a los que se adscribe.
“Podemos comparar a la libido y a la agresión según las cuatro caracte-
rísticas enumeradas por Freud como esenciales para la descripción de
cualquier impulso: pulsión (‘Drang’, López y Ballesteros lo tradujo por
perentoriedad), fuente de origen, el n y el objeto pero es evidente un
paralelo estricto en relación con la pulsión (Drang 3) de la libido y de
la agresión. “Todo impulso es una forma de actividad; si hablamos de
impulsos pasivos sólo podemos signicar a aquéllos que tienen un n
pasivo (Freud, 1915). Aunque esto fue escrito en una época en que Freud
pensaba en términos de impulsos libidinales, indudablemente también
es válido para la agresión”.
En relación a que “todo impulso es una forma de actividad”, los autores
distinguen tres signicados de actividad: 1) actividad vs. inactividad; 2)
actividad vs. pasividad; 3) “… se diferencia el amar ‘activamente’ del ser
pasivamente amado”. “En el caso de la agresión, es con frecuencia difícil
distinguir entre la segunda y tercera denición…”.
También se me hace difícil diferenciarlos en el caso del amor.
“La agresión ‘activa’ se reere al deseo de dañar, de dominar o de des-
truir un objeto, la pasividad se relaciona con el deseo de ser dominado,
dañado o destruido”. Se maniesta habitualmente como tendencias ma-
soquistas, que presuponen fusión con libido.
Con respecto a las fuentes “Freud estudió las supuestas fuentes bioquí-
micas de la libido, particularmente en relación con el desarrollo de las
zonas erógenas. Respecto a la agresión no se han elaborado hipótesis
similares”.
Es que para Freud, en su primer teoría de los “Triebe” (preero usar acá
el término alemán para que no se generen confusiones en la traducción)
la contrapartida de la libido o “Triebe” sexuales es el “Trieb” de auto-
conservación, cuyas fuentes no han sido profundizadas (como dicen los
autores con respecto a la agresión), o sea que no se les atribuyó zonas
especícas del cuerpo (salvo el sistema muscular). En cuanto a la segun-
da teoría, las fuentes de los “Triebe” de vida y de muerte están en cada
célula del organismo (es lo que yo inero de “Más allá del principio del
placer”); pero los autores no consideran esta teoría.
3 Insisto en agregar el término alemán
“Drang” cada vez que aparece el término
pulsión para que no se lo confunda con
el uso que se le da en la traducción de
Amorrortu.
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“La descarga de tensiones libidinales sigue con frecuencia curvas de
tiempo especícas, mejor conocidas desde el estudio del orgasmo. La
descarga de la tensión agresiva está estructurada menos claramente.
Algunas observaciones sugieren la participación de un elemento tem-
poral… que en la preparación para las descargas agresivas se produce
un fenómeno correspondiente al ‘preplacer’ o al aumento de la tensión
y que la realización del acto agresivo se acompaña y es seguida de sen-
timientos francos de saturación o satisfacción”.
Pienso que a diferencia del “Trieb” de muerte, la agresividad se mani-
esta fenoménicamente y entre sus manifestaciones hay diferencias
cualitativas (hay muchas formas de agresividad) que implican diferentes
tiempos y ritmos de descarga que, por otra parte, nunca surge en forma
pura sino con distintos niveles de mezcla con sexualidad.
Y los autores lo reconocen: “Además suponemos que (…) la descarga de
libido y agresión se cumple frecuentemente en el mismo acto”.
Con respecto a los nes de la agresión, la remiten a un factor predo-
minantemente cuantitativo, “al grado de descarga que permiten” y uno
cualitativo, “los medios utilizados en la descarga”.
“Mediante una catexis simultánea con la libido, los nes de la agresión
se modican. Esta modicación puede efectuarse de dos maneras dife-
rentes: por la mera coexistencia de dos revestimientos que conducen
a la prevalencia de la libido sobre la agresión y por la fusión de ambos
impulsos instintivos”.
Por lo que dicen podemos suponer que los autores piensan en la exis-
tencia de una agresión pura que a su vez puede coexistir con libido; si-
gue pendiente la pregunta: ¿cuál es la energía pura adscripta a la agre-
sión? Otra pregunta: ¿a qué se reeren con la fusión de ambos impulsos?
Freud se reere a la “Mischung” (mezcla) de Triebe de vida y muerte.
¿Se puede trasladar este concepto a conceptos de un estatuto y/o nivel
de conceptualización diferente (si es que al decir “fusión” piensan en la
“Mischung”)?
“Sin embargo, el hecho de que los nes últimos de la agresión sean
modicados con mayor frecuencia por la libido que los de ésta por la
agresión, puede muy bien relacionarse con la importancia genética del
objeto amoroso para la supervivencia del individuo”.
Me parece difícil denir la frecuencia con que la libido modica los nes
últimos de la agresión (¿se reeren a la destrucción del objeto?) en rela-
ción a aquélla en la que la agresión modica los nes últimos de la libido.
Además, ¿cuáles son los nes últimos de la libido? Para Freud el n últi-
mo del “Trieb” sexual es la conservación de la especie, la conservación
del individuo está dada por el “Trieb” de autoconservación; los autores
reeren la autoconservación (“la supervivencia del individuo”) a la pre-
sencia del objeto amoroso, al que le dan una “importancia genética”, con
lo cual se introducen en el campo biológico, cosa que querían evitar al
no introducirse en la teoría de los “Triebe”.
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Describen luego cuatro tipos de conictos…
“a través de los cuales se modican los nes de la agresión:
1) La agresión y la libido pueden entrar en conicto cuando la catexis de
ambos impulsos reviste al mismo objeto (conicto instintivo).
2) La reacción del objeto ante las tentativas de realización de actos agre-
sivos puede poner en peligro al individuo (conicto con la realidad).
3) Este peligro puede ser previsto por el yo, que está ya en parte identi-
cado con el objeto, pudiendo oponerse el yo a la realización de los actos
agresivos (conicto estructural que involucra al yo).
4) El conicto puede involucrar valores morales (conicto estructural
que implica al superyo)”.
Me parece correcta la descripción, salvo que quisiera agregar que las
cuatro causas de modicación de los nes involucran un yo, quien es el
que percibe el conicto instintivo y evalúa la actitud del objeto para con
él.
Y vinculado con la participación del yo (aunque no lo dicen) pasan a
enunciar que no van a entrar en el tema de los mecanismos de defensa,
aunque dicen que es posible que “algunos mecanismos de defensa sean
más ecientes en el manejo de los impulsos libidinales y otros en el de
los agresivos”.
Según Freud los mecanismos de defensa, que por cierto son inconscien-
tes, se dirigen contra deseos sexuales y si lo hacen con los agresivos
es en tanto estén vinculados a deseos sexuales infantiles y de una u
otra manera vinculados al complejo de Edipo. Citando a Freud dicen que
para el caso de la represión “los elementos libidinales se transforman en
síntomas y los componentes agresivos en sentimiento de culpa”.
“Seleccionamos aquí cuatro tipos de procesos que modican el choque
de la agresión. Esta modicación se logra: 1) por el desplazamiento de la
agresión hacia otros objetos; 2) por la restricción de los nes de los im-
pulsos agresivos; 3) por sublimación de la energía agresiva y 4) mediante
las inuencias de la libido, mencionadas más arriba; una de éstas actúa
como fusión”.
Un tema que vale la pena considerar: ¿qué relación hay entre la sublima-
ción y la fusión instintiva? En principio uno se inclinaría a identicarlas.
Klein identica sublimación con reparación, la cual es producto de la
integración del objeto bueno y el objeto malo, o, lo que sería lo mismo,
de instinto de vida e instinto de muerte. Freud, en cambio plantea la
sublimación como desexualización (lo contrario de fusión) y en “El yo y el
ello” la da como producto de una desmezcla. Acá los autores diferencian
fusión de sublimación (aunque no los oponen).
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Reriéndose a esos cuatro tipos de procesos dicen:
“Estos procesos son con frecuencia interdependientes; en la observa-
ción clínica no siempre es posible separarlos. Son bien conocidas las mo-
dicaciones paralelas de los impulsos libidinales. Sin embargo, su perti-
nencia es mayor en lo relativo a la agresión, ya que la descarga ‘plena’ de
la energía agresiva perjudicaría a los objetos, mientras que la descarga
plena de libido, por más peligrosa que pueda ser, no amenaza a la exis-
tencia del sujeto mismo”.
No sé si los autores tienen en cuenta el tema de la castración como ame-
naza (fantaseada y temida) a consecuencia de ciertas descargas libidina-
les.
“Poco se sabe sobre las condiciones de fusión y defusión entre agresión
y libido (…)” y pasan a “(…) discutir brevemente la sublimación de la ener-
gía agresiva (…) Aquí llegamos a una laguna en la exposición de Freud”.
Es que Freud sólo pudo haber hablado de la sublimación de la energía
agresiva en tanto la consideraba como parte del “Trieb” sexual. La agre-
sión no es para Freud un “Trieb” primario como lo son, en su primera
teoría, los “Triebe” sexuales y los de autoconservación, y en su segunda,
los de vida y muerte; la agresión es ya producto de una mezcla, cualquie-
ra fuese la teoría que use. El problema en este trabajo, hasta donde lo
veo, es la utilización de términos derivados de teorías de los “Triebe” que
ellos no comparten. Entiendo (aunque no lo comparto) que ellos hablen
de impulsos instintivos y no de instintos (no sé cuáles son los términos
utilizados en su idioma original), pero no se entiende sobre qué base
hablan ya que lo hacen como si en parte compartiesen los conceptos ori-
ginados en la teoría que no comparten (ante todo el término de fusión y
tal vez sublimación).
Freud “introdujo la idea de la sublimación de la libido, es decir de una
transformación de la libido en energía neutralizada, que contribuye a la
constitución de relaciones objetales permanentes y a la formación de
una estructura psíquica; por lo tanto, en cuanto existe estructura psíqui-
ca, esta energía está a disposición del yo y del superyo; pero Freud no
elaboró con suciente detalle las implicaciones de la idea de neutraliza-
ción de la energía agresiva”. Y en una nota al pie: “Freud (1923) supuso
que la energía neutral se origina sólo en la libido. Sin embargo, supuso
también que esta energía neutral podía ser reforzada igualmente por
impulsos agresivos y libidinales”.
En el único lugar que encontré el tema de la neutralización en Freud es
en “El yo y el ello” (1923), dice lo siguiente (en mi traducción. Freud GW
13 Pág. 269):
“A consecuencia de la unión (‘Verbindung’) de los organismos elementa-
les unicelulares en seres vivos pluricelulares se habría logrado neutrali-
zar (‘neutralisieren’) el instinto (‘Trieb’) de muerte de la célula individual
y desviar las mociones destructivas hacia el mundo exterior por media-
ción de un órgano particular”.
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No parece ser el sentido que pretenden darle los autores al concepto de
neutralización.
Otro párrafo: en éste Freud no usa el término neutral, habla de energía in-
diferente, pero que Strachey lo traduce como neutral es (Freud, GW 13 pág.
272) al hablar de la relación de la paranoia con la homosexualidad:
Al tener en cuenta la “transformación de amor en odio hemos hecho ca-
lladamente otra presunción, que merece ser explicitada. Hemos dispuesto
como si hubiera en la vida anímica –independientemente si en el yo o en el
ello- una energía desplazable, la cual, en indiferente (‘Indierent’; Strachey:
‘neutral’) que puede incluirse en una moción cualitativamente diferenciada
erótica o destructiva cuya investidura total puede elevar”.
No parece que hubiese sido pensando en este párrafo que los autores ha-
yan extraído el concepto de una energía neutralizada, lo cual parece conr-
marse en los párrafos que siguen: “Nos inclinamos a considerar la contribu-
ción de la energía agresiva neutralizada al acervo del yo y del superyo como
de importancia por lo menos igual a la de la libido (…) en forma sublimada
la energía agresiva puede integrarse en la estructura del yo y del superyo”.
Resumiendo: la sublimación se entiende como neutralización, tanto referida
a la libido como a la agresión, cada una independientemente de la otra y
siendo (la sublimación-neutralización) diferente a la fusión instintiva.
“Y si volvemos aquí al concepto de fusión de los instintos, parece sugestivo
suponer que la neutralización parcial de la energía del impulso establece
condiciones favorables para la fusión de libido (residual) y especialmente de
agresión (residual)”.
Parecería que la neutralización, tanto de la libido como de la agresión, deja
un residuo de cada uno de esos impulsos instintivos para el cual la fusión
está facilitada.
Reriéndose a Freud dicen:
“Despreció tomar en cuenta el haber establecido un concepto más complejo
de narcisismo, que incluye no sólo el ‘amor a sí mismo’ sino también otras
catexis de la personalidad: una de las formas de esta catexis es la catexis del
yo con libido neutralizada. Análogamente suponemos la existencia de una
energía psíquica neutralizada ‘desprovista de agresividad’, que no conduce a
la autodestrucción (…)” como la agresión internalizada “(...) sino que suminis-
tra energía motora al yo y al superyo y dota particularmente al yo para sus
funciones en la acción (…) si en el equilibrio entre libido y agresión se verica
un desplazamiento hacia la agresión, este desplazamiento no tiene que in-
terferir necesariamente con la estabilidad emocional del individuo”. Es “(…)
un prerrequisito de máxima importancia para la integración mental y el do-
minio del ambiente”. “La agresión está íntimamente vinculada al aparato del
yo, especialmente al aparato muscular, cuya función es (…) más importante
para la descarga de la tensión agresiva que la libidinal”. “Cuando interviene
la agresión, los medios y los nes se hallan mucho más diferenciados que
cuando está implicada la libido”.
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Estaría yo parcialmente de acuerdo con la signicación de la agresión en
la conducta humana, pero no sé, según los autores, de dónde viene la
agresión. Para mí es una conducta vital producto de una mezcla de ins-
tintos primarios, los de vida y muerte. La libido es expresión del instinto
sexual que, con el de autoconservación, serían primarios en un nivel de
análisis y pasan a ser, en otro nivel, mezcla de los de vida y muerte que
serían primarios en lo que se reere a la vida en general. En este traba-
jo la agresión es presentada como un instinto por sí mismo sin que su
fundamento sea denido, que puede ser peligroso para el sujeto y para
el objeto y que pasa a tener una importancia fundamental cuando está
neutralizado. ¿Cómo se produce la neutralización? ¿Por medio de la libi-
do? No, porque la neutralización o sublimación es diferente a la fusión
de libido y agresión. En cuanto a que “Cuando interviene la agresión los
medios y los nes se hallan mucho más diferenciados que cuando está
implicada la libido”, ¿cuál es el n de la agresión del cual dependen los
medios? Para mí es la conservación y defensa del individuo, la posibili-
dad de acceder a sus deseos, tanto de autoconservación como sexuales;
en cambio el n de la libido es, en última instancia, la conservación de la
especie. Para Freud, en su segunda teoría instintiva, la unión es aporta-
da por Eros y la separación (y diferenciación) por el instinto de muerte,
pero acá estamos en otro nivel de análisis, de fundamento netamente
biológico, en el cual los autores explícitamente no quieren entrar.
Tras dar un ejemplo clínico, continúan:
“En una situación de peligro objetivo la descarga de la energía agresiva
es normal y siológicamente preformada: la sexualización de las situa-
ciones de peligro objetivo conduce a situaciones patológicas (masoquis-
mo)”.
¿Qué diferencia hay para los autores entre sexualización y fusión? Desde
mi punto de vista la sexualización de una función es su contaminación
con sexualidad reprimida que retorna de lo reprimido bajo la forma de
un síntoma. En Freud el concepto de fusión (“Mischung”) se reere a la
integración de Eros e instinto de muerte. Posteriormente los autores se
reeren al masoquismo como producto de “la internalización en el yo
de la energía agresiva no neutralizada”. Por lo tanto el masoquismo se
debería a dos condiciones: “la sexualización de las situaciones de peligro
objetivo” y a “la internalización en el yo de la energía agresiva no neu-
tralizada”.
Abordando el aspecto genético dicen: “Hasta ahora intentamos discutir
las propiedades de los impulsos agresivos y libidinales sin referencia ex-
plícita a los problemas del desarrollo de la personalidad; la relación de
las hipótesis genética y dinámica en psicoanálisis es tan intrincada que
esta discusión aislada resulta difícil (…) no estaremos en condiciones de
adherir estrictamente a secuencias cronológicas, sino más bien de usar
los problemas de orden genético como marco para la discusión”.
“Partimos de la hipótesis de la existencia de una fase indiferenciada de
estructura psíquica. Durante esta fase las manifestaciones libidinales y
agresivas son frecuentemente indistinguibles o difíciles de distinguir”.
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Sí podemos “diferenciar entre las manifestaciones de placer y displacer
(…)” así como “(…) se establece gradualmente la diferenciación entre la
persona y el mundo externo…” a la vez que “… existe una tendencia a re-
lacionar el displacer con el ‘mundo externo’ y el placer con ‘la persona’”.
Corresponden al yo real primitivo (“diferenciación entre la persona y el
mundo externo”) y el yo de placer puricado (“tendencia a relacionar el
displacer con el ‘mundo externo’ y el placer con ‘la persona’), precondi-
ciones, según mi punto de vista, para la expresión diferenciada de la libi-
do y la agresión; dicen los autores que “la localización del displacer fuera
del cuerpo provoca la catexis de la fuente de displacer con agresión”. O
sea que el displacer, es, a partir de un momento temprano del desarro-
llo de la personalidad, asociado o investido con agresividad, pero “(…)
este punto de vista tiene validez plena sólo en condiciones de escasa
diferenciación del aparato psíquico, es decir mientras todavía no tenga
lugar la neutralización de la energía agresiva por el yo y el superyo”.
“Parece inevitable suponer que el hecho mismo de descarga de tensión
agresiva es placentero”. Por lo tanto al investirse la fuente de displacer
con agresión hace que ésta, en la descarga, transforme la fuente de dis-
placer en fuente de placer. A su vez, en el sadismo, al placer de la descar-
ga agresiva se agrega un “(…) placer adicional por la inicción de dolor,
por el sufrimiento o la humillación de los otros. Por lo tanto, el sadismo
sólo puede considerarse en el contexto de una relación objetal compleja
y ya desarrollada”.
“Tanto en el sadismo como en el masoquismo, los nuevos nes de los
impulsos dependen de la fusión de agresión y libido”.
Acá se puede observar claramente la diferencia, para los autores, entre
fusión instintiva y neutralización o sublimación, si bien los autores no
explican en qué consiste la neutralización.
“Creemos que ahora estamos en condiciones de abordar un tipo de con-
icto que se suscita en la más temprana infancia: el conicto con el obje-
to (conicto con la realidad) (…). Hablamos de conicto relativo al objeto
debido a la oposición de los impulsos agresivos y libidinosos (conictos
instintivos) pero no discutimos qué inuencias están limitadas a tener
las reacciones manifestadas por el objeto (…)” que impone al niño pri-
vaciones y “(…) el niño tiene que aprender a posponer la graticación
inmediata”.
Hipótesis tempranas de Freud (…) “parecen suponer que la agresión se
origina (...) como consecuencia de las experiencias de privación a las
cuales está expuesto”.
Creo que más que hipótesis son datos de observación directa que siguen
siendo válidos a lo largo de la obra de Freud más allá de la modicación
de la teoría instintiva que se mueve en otro nivel conceptual.
“Las vicisitudes de la agresión recuerdan en tal grado a las de la sexuali-
dad que parece conveniente la hipótesis de una fuerza impulsiva cons-
tante comparable a la de la libido”.
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Es que la agresión forma parte de la libido así como del instinto de auto-
conservación, al menos desde el Freud tal como lo entiendo yo. Los autores
la consideran una fuerza impulsiva constante, dándole aparentemente una
connotación de un instinto primario, estatuto que no parecen aceptar para
lo que llaman “mociones instintivas”. Lo que no queda claro es de dónde
vienen, lo que vale también para la libido: en principio las separan de los
instintos.
A partir “de las hipótesis que aquí sostenemos puede arrojarse nueva luz
sobre las relaciones entre privación y agresión”. “La necesidad de alimento y
su ingestión están reguladas por los mecanismos siológicos”.
¿La sexualidad no?
“La ingestión de alimentos permite la graticación de necesidades libidina-
les…. dar alimento signica también en esta época dar amor”.
No me cabe duda que esto es así, pero la libido ¿es secundaria y dependien-
te del instinto de autoconservación, el cual sería su fundamento siológico?
“Al mismo tiempo sabemos que el morder el alimento, su desaparición, su
incorporación, proporcionan satisfacciones agresivas en el comienzo del de-
sarrollo”.
Hablan luego de tres clases diferentes de privación:
1) “… la ausencia de alimento priva al niño de oportunidad de descargar ten-
sión agresiva al incorporarlo”.
Acá los autores tienden a separar la tensión agresiva de la libidinal: creo que
en este caso la agresión (yo diría el sadismo) del bebé es parte constitutiva
de la libido y no un instinto separado; acá el bebé estaría privado de des-
cargar tanto los aspectos amorosos como los sádicos libidinales así como
hay una privación en el área de los instintos de autoconservación que los
autores no consideran.
2) La hipótesis original de Freud “de acuerdo con la cual la agresión llega a
ser una verdadera reacción a la privación”.
Acá la reacción no sería por privación de impulsos agresivos sino por una
privación en principio libidinal.
3) “Poco puede decirse sobre el tercer componente de la privación, el au-
mento de la tensión siológica, el hambre y la sed por sí mismos”.
Me parece muy forzada esta distinción entre las tres formas de reacción
agresiva que, en resumen, serían por privaciones siológicas, por privación
de descarga agresiva y por privación de descarga libidinal.
Con respecto a la “(…) respuesta del objeto a la agresión (…) tenderá a variar
considerablemente de acuerdo con el estado de desarrollo libidinal y del
yo del niño, con las manifestaciones de agresión y con las predisposiciones
individuales de los padres, pero también de acuerdo con las normas sociales
en rigor”. Los estados de desarrollo del niño considerados, son, primero “(…)
cuando el niño llega a ser capaz de formar una relación objetal duradera
(…)” que dependerá de una neutralización parcial de la libido y la agresión.
“Existen estados de transición en los cuales el tipo más antiguo de oscilación
y la tentativa de establecer una relación objetal permanente se encuentran
en conicto entre sí y en las cuales puede observarse una oscilación rápida
entre los impulsos agresivos y libidinales dirigidos contra un objeto”.
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Se pasa luego del temor a la pérdida de objeto al temor a la pérdida
de amor: corresponde a un niño de 2 años que se une tenazmente a la
madre a la cual tortura con sus exigencias, “(…) reejo de la lucha entre
agresión y libido”. Este estadío exige que ambas energías, la libidinal y la
agresiva, sean neutralizadas y que su expresión se socialice.
Pasan a hablar de la fase edípica, con la formación del superyo y “(…)
especialmente la ampliación de las funciones del yo de naturaleza au-
tónoma en la esfera exenta de conicto”; en cambio las funciones del
superyo conservan en parte las características originales del impulso del
cual extraen su energía, al dirigir esa energía contra el yo. “Sólo el desa-
rrollo de las relaciones objetales durante la latencia y la prepubertad y
la maduración de nuevos modos de descarga suministrados por la orga-
nización genital permite lo que podría considerarse como la integración
óptima de la descarga de ambos impulsos”.
En resumen: los autores trabajan la agresión como un impulso autó-
nomo, con sus fuentes, metas y objetos determinados, al igual que la
libido. No admiten una teoría general de los “Triebe” y no consideran ni
la dualidad sexualidad-autoconservación ni la de vida-muerte, a la que
le adscriben un estatuto biológico (con lo cual estoy de acuerdo) y que
deberá ser estudiado en ese campo, no admitiendo la especulación a
nivel psicológico.
Lo que no se sabe de dónde vienen, para los autores, la libido y la agre-
sión y se dan como tal y son pensados a partir de ellos mismos. Los im-
pulsos instintivos (y no los instintos) son puramente psicológicos o, por
lo menos, se maniestan en este nivel sin que estén denidos sus funda-
mentos biológicos. Desde mi punto de vista quedan en el aire, así como
el concepto de fusión (“Mischung”), extraídos, por lo menos del Freud tal
como yo lo entiendo, de fuentes biológicas; tampoco se entiende en qué
consiste el concepto de neutralización.
En este trabajo me parece que hay un desarrollo muy completo y deta-
llado del tema de la agresión desde el punto de vista fenoménico pero
conceptualmente lo siento en el aire.
II. “La agresión como experiencia. La experiencia de la agresión”
“Sólo a partir de la no-existencia, puede comenzar la existencia”. D. W.
Winnicott.
Abrir los textos de Winnicott, las hojas amarillentas, es volver a sentir
bocanadas de aire fresco.
Él constituye un buen exponente del empirismo inglés, autor cuya lec-
tura es aparentemente simple, pero no tiene nada de esto; desde el
principionos enfrenta con lo fundamental de su obra “la paradoja y los
fenómenos transicionales”.
Él puso a jugar el método y la teoría, dándole un nuevo estilo, pensando
al analista como aquel que siempre está al borde de la interpretación y
sólo la implementa cuando es imprescindible. También sostiene que el
terapeuta debe ser usado, para ser dejado y después olvidado.
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Para empezar a jugar se nos ocurrió analizar los siguientes trabajos de
Winnicott donde él expone sus ideas sobre la agresión, dando cuenta de
la complejidad de su teoría:
“La agresión en relación con el desarrollo emocional” (1950 – 1955).
“Agresión, culpa y reparación” (1960).
“El uso del objeto y la relación por medio de identicaciones” (1969).
II a. Algunos trazos sobre la agresión en Winnicott…
“La agresión en relación con el desarrollo emocional” (1950-1955)
El texto esta incluido en el libro “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis” y
dentro del mismo se presentan dos ponencias de DWW, una del año
1950 y otra de 1955. Con un estilo denso, poco habitual en él, se pro-
pone relacionar la agresividad individual con los fenómenos sociales,
diciendo que para ello se hace necesario conocer las raíces profundas
de la misma.
Para el autor el origen de la agresividad esta dado desde la movilidad
intrauterina, junto a las primeras expresiones amorosas. Así arma que
“el erotismo oral reúne una serie de elementos agresivos”. (Winnicott,
1950. Pág. 282)
En cuanto al desarrollo emocional temprano, distingue una fase muy
primitiva de “preinquietud” en la cual la agresión forma parte del amor.
Por lo tanto la pérdida de la agresión en estas fases puede llevar a la
pérdida de la capacidad de amar. Luego describe una fase intermedia
en la que hay preocupación por el resultado de las propias acciones (po-
dríamos decir, un reconocimiento temprano de otro) que tendría como
consecuencia el sentimiento de culpa, referido al daño que se podría
haber producido a la persona amada. Aquí relaciona estos sentimien-
tos con la actividad social posterior del individuo y de alguna manera
retoma el planteo inicial de la agresividad y los fenómenos sociales. A
la tercera fase la llama “total personal” y en ella se dan las relaciones in-
terpersonales, las situaciones triangulares y la diferenciación conciente
inconciente.
El apartado titulado “Crecimiento del mundo interno”, sección muy win-
nicotiana por cierto, describe el estado de salud como aquel en el que
existe una buena interacción entre mundo interno-mundo externo. “El
niño extiende una especie de puentes (juegos, sueños, etc.) entre uno y
otro” (Ib. Pág. 286). Con ejemplos muestra como en un niño la agresión
que viene del mundo externo y no puede ser tramitada en el mundo
interno, vuelve aparecer puesta en el afuera.
La segunda parte del artículo lleva como título: “Las raíces precoces de la
agresividad”. Allí Winnicott se pregunta, “¿(…) la agresión viene de la ira
suscitada por la frustración o bien tiene una raíz propia?” (Ib. Pág. 289).
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A modo de respuesta sostiene que la agresión desde el comienzo es
reactiva a la insatisfacción de las necesidades del ello y que para hablar
de destrucción es necesario pensar en un yo integrado y organizado que
pueda sentir ira. “Por tanto el odio no es posible decir que exista en las
fases precoces” (Ib. Pág. 290). Nos preguntamos nosotros ¿son afectos
diferentes ira y frustración o la diferencia esta dada por el nivel de es-
tructuración psíquica y la capacidad de elaboración que esta conlleva?
Continua nuestro autor rastreando en la prehistoria del elemento agre-
sivo, arma que una madre sucientemente buena expresa el amor en
términos físicos, se identica y adapta a las necesidades del yo incipiente
y así posibilita al bebé ir integrándose y tolerando la hostilidad. Cuando
esto no sucede el niño puede sentirse atacado y reaccionar contra estos
ataques replegándose sobre si mismo.
Las experiencias de agresividad, si todo va bien, implican operatorias de
separación, de existencia, es más, nos dice DWW: “la suma de experien-
cias de movilidad (agresividad primaria podríamos llamarla también)
contribuye a la capacidad individual para comenzar a existir” (Ib. Pág.
294).
En el apartado “Sobre la naturaleza externa de los objetos”, nos plantea
que en la salud hay una fusión de componentes eróticos y agresivos. En
las primeras fases del desarrollo las experiencias eróticas se producen
cuando el objeto es “subjetivamente concebido, personalmente creado”
(Ib. Pág. 295). Es el componente agresivo el que permite la separación
del yo de un objeto externo.
“El niño vive gracias a que se lo seduce hacia una experiencia erótica,
pero aparte de la experiencia erótica que nunca da sensación de ser
real, se halla una vida reactiva, puramente agresiva y que depende de la
experiencia de oposición” (Ib. Pág. 298). Es decir de la frustración óptima
que la madre sucientemente buena permite a su niño.
A lo largo de este artículo y con el paso de los años DWW desarrolla su
pensamiento acerca de la agresión y vemos como este concepto se arti-
cula fuertemente a sus desarrollos teóricos.
II b. “Agresión, Culpa y Reparación” (1960)
Casi 10 años después de los artículos de “Escritos de Pediatría y Psicoa-
nálisis”, DWW escribe este texto donde profundiza un aspecto particular
sobre la agresión. Como suele suceder con los escritos de DWW, no in-
tenta ni generalizar ni sistematizar.
En los primeros párrafos dice que va a disertar sobre una “tema recu-
rrente en el trabajo analítico… una de las raíces del trabajo de construc-
ción” (Winnicott, 1960. Pág. 161) que lo vincula con el sentimiento de cul-
pa al que representa como tensado (¿o será más bien presentado como
una situación paradojal?) entre la destructividad y la actividad construc-
tiva. Y de entrada nos pone a pensar que la agresión no tiene una raíz
única o última sino que puede ser múltiple.
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Para él la “simple secuencia” (que muy lejos esta de ser simple o sencilla)
destruir un objeto - sentir culpa - construir implica un logro dentro del
desarrollo emocional del individuo. Arma que en la temprana infancia
(parece que DWW no es amigo de fechas exactas y aunque las diga rá-
pidamente las desdice) el niño /bebé es incapaz de sentir culpa, es más,
dice que “la temprana infancia podría concebirse como un estado en
que el individuo es incapaz de sentirse culpable” (Ib. Pág. 162). En este
punto comienza a despuntar las diferencias con M. Klein, particularmen-
te cuando para él mucho ha de suceder antes de pensar un yo que pue-
da experienciar sentimientos de culpa.
Aquí es necesario incluir dos conceptos, el de integración y su paralelo
sostén. El primero da cuenta del desarrollo del yo mientras que el se-
gundo es condición de cuidado del ambiente para que el primero se dé.
Respecto del yo va a decir en otro texto que “(…) el principio está en el
momento en que empieza el yo” agregando a pie de página otra parado-
ja, “conviene recordar que el principio es una suma de principios”. (Win-
nicott, “Los procesos de Maduración y el Ambiente Facilitador”, Paidós.
Pág. 74)
Es interesante resaltar la importancia que DWW da a la experiencia y al
ir haciendo la experiencia de… crear, amar, destruir, romper, construir
y otras más, todas ellas base del estar vivo, del sentirse real y del vincu-
larse con otros. Y esas experiencias son las bases de la integración que
cuando falla (no radicalmente ya que nos encontrarías con patologías
severas) se paga el precio de perder “aquella destructividad que en rea-
lidad nos pertenece” (Ib. Pág. 163), apelando al mecanismo de proyec-
ción.
Estar vivo, sentirse real, tener un cuerpo, habitar un soma, vincularse
con otros son frases que ameritan otro desvío en el texto. A veces suce-
de que DWW usa frases y/o palabras coloquiales que dan cuenta de un
arduo proceso previo pero condición necesaria para pensar en un yo.
Procesos que implican las maniobras necesarias (generalmente imper-
ceptibles cuando todo va bien) que hace el medio ambiente: sostener,
manejar y presentar.
En este artículo, DWW se centra más en la idea de destructividad que de
la agresión. Plantea dos tipos de destructividad. La primera la podemos
reunir bajo el nombre de reactiva (frente a la frustración, frente a lo des-
preciado, frente al miedo). La segunda la dene como “inherente a la re-
lación de amor” o “forma primitiva de amar”. También la describe como
“la meta destructiva presente en su forma más temprana de amor” o
nalmente como “la destructividad básica vinculada con el amor que es
parte integral de uno mismo y que llamamos comer”. (Ib. Pág. 165/ 169)
A través de algunos casos clínicos nos permite pensar “…un aspecto del
sentimiento de culpa que nace de la tolerancia de nuestro impulsos des-
tructivos en la forma primitiva de amor. Dicha tolerancia genera algo
nuevo: la capacidad de disfrutar de ideas (…) y de las excitaciones corpo-
rales correspondientes”. Ello lo liga con “la oportunidad de contribuir”,
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es decir, con la idea de ofrecer un espacio y un tiempo para hacer la
experiencia de “aceptar la destructividad básica vinculada con el amor
que es parte integral de nosotros mismos y que llamamos comer”. (Ib.
Pág. 168/9)
Pero no siempre resulta constructiva. Muchas veces puede devenir en
un falso uso de esta oportunidad, ser vivido como un reproche, caer en
una depresión o utilizar la proyección como búsqueda de alivio frente a
lo destructivo. Clínicamente es importante ubicar y discernir el momen-
to emocional en el que se encuentra cada paciente para saber cómo
intervenir y no perder una valiosa oportunidad de integración.
Estas ideas le permiten pensar y redenir la destructividad compulsiva
como problema especíco tanto de la adolescencia como de la tenden-
cia antisocial. (Ya que sobre este tópico versan los textos que forman
parte de la compilación, donde se encuentra el texto trabajado y que
hoy no pondremos a trabajar especícamente).
II c. “El uso del objeto y la relación por medio de identicaciones” (1969)
Al nal de su vida, en el libro “Realidad y Juego” (Winnicott 1969), en el
capítulo sobre “El uso del objeto y la relación por medio de identicacio-
nes”, Winnicott vuelve a trabajar el tema de la agresividad poniendo es-
pecial acento en el uso del objeto, concepto inédito hasta ese entonces
en el pensamiento psicoanalítico.
Acerca de la utilización del objeto su postulado principal será: el desa-
rrollo de la capacidad de utilizar el objeto, resultante de los procesos na-
turales de crecimiento y su interacción con el ambiente sucientemente
bueno, permite al niño escapar de los connes limitados de su mundo
interior.
Winnicott establece una diferencia entre la relación de objeto y el uso del
objeto. Dirá que la relación de objeto implica mecanismos proyectivos;
el objeto adquiere un sentido pero aún no es reconocido como comple-
tamente otro. En cambio, la utilización del objeto involucra la aceptación
de la existencia independientemente de éste, el objeto es percibido ob-
jetivamente y debe pertenecer a la realidad compartida.
No obstante, el pasaje de la relación al uso del objeto no se da de for-
ma espontánea o innata, para usar el objeto es preciso que el sujeto
haya desarrollado una capacidad que le permita usarlos. Al comienzo el
pequeño conoce nada más que el objeto subjetivo y, debido a la expe-
riencia transicional, pasa gradualmente de la relación de objeto a la utili-
zación del objeto. La experiencia transicional se encuentra en la frontera
entre el inicio de la vida interior y la inauguración de su capacidad para
reconocer la realidad externa.
DWW considera que lo que existe “entre”, es la ubicación que el sujeto
hace del objeto fuera de la zona de control omnipotente, es decir su
percepción del objeto como un fenómeno exterior, como una entidad
con derecho propio.
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En un primer momento el niño está en relación con el objeto, luego éste
pasa a destruirlo. El sujeto destruye al objeto cuando se vuelve exterior,
si el objeto sobrevive al quebranto, cobra valor para el sujeto por haber
sobrevivido, entonces el pequeño puede pasar a utilizarlo. “Mientras te
amo te destruyo constantemente en mi fantasía (inconciente). Aquí co-
mienza la fantasía para el individuo. Entonces el sujeto puede utilizar el
objeto que ha sobrevivido” (Winnicott, 1971, pág. 121). Siguiendo esta
línea, ¿todo amor implica destrucción? ¿Qué relación hay entre autono-
mía y agresión?
De esta forma el objeto desarrolla su propia autonomía y vida… claro, si
sobrevive y no muere en el intento. Gracias a la supervivencia del obje-
to, el sujeto puede vivir una vida en el mundo de los objetos, cosa que
le ofrece muchos benecios pero Winnicott dirá: “es preciso pagar el
precio, en forma de la aceptación de la creciente destrucción en la fan-
tasía inconciente vinculada con la relación de objeto” (Ib, pág. 122). Los
objetos pasan por el proceso de “ser destruidos porque son reales y de
volverse reales porque son destruidos” (Ib, pág. 122). Winnicott sostiene
que la destructividad en la fantasía cumple un papel en la elaboración
de la realidad.
¿Cuándo se pone en juego el mecanismo de la destrucción?
El postulado central de DWW es que el sujeto no destruye al objeto sub-
jetivo (material de proyección), pues la destrucción aparece y se convier-
te en un aspecto central cuando el objeto es percibido de manera obje-
tiva, tiene autonomía y pertenece a la realidad compartida. La agresión
tiene un papel fundamental en la formación de la realidad, pues permite
ubicar al objeto fuera de la persona.
¿Qué hace experiencia? La posibilidad del niño de crear el objeto, en el
sentido que éste encuentra la exterioridad misma. La experiencia de-
pende de la capacidad del objeto para sobrevivir.
Para concluir Winnicott diferencia la agresión, de la aniquilación y del
ataque colérico. Dirá que la aniquilación es más primitiva, originaria y
signica la destrucción real del objeto. En cambio, el ataque colérico, es
un concepto secundario a la destrucción y reere al encuentro con el
principio de realidad.
Entonces, podemos pensar que para Winnicott la agresión es posibili-
dad, es potenciadora de sobrevivencia, hay alegría ante la supervivencia
del objeto. A partir de este momento el objeto es destruído en la fanta-
sía, la sobrevivencia fortalece la constancia del objeto, pues ahora se lo
puede usar.
Reúne amor y agresividad, no como fuerzas contrarias sino como aspec-
tos de una misma pulsión de base en su camino hacia la integración y un
self capaz de vivir de manera creativa y de sentirse real.
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Finalizando el juego…
Por necesidades formales tenemos que ir concluyendo este trabajo, que
sigue produciendo pensamientos en nosotras.
Acerca de la agresión, Winnicott tiene pensamiento propio. Su concep-
ción sobre la agresividad diere sustancialmente de la formulada por
Freud y de la desarrollada por Melanie Klein. Para él, la agresión, junto
con el amor, es innata, y el ambiente modula su orientación constructiva
o destructiva. En consecuencia, la agresión no deriva de la pulsión de
muerte, por lo que no hay un sadismo y envidia innatos, pues al comien-
zo la agresividad del bebé no tiene una nalidad dañina intencional; más
bien considera que la agresividad primaria cifra su origen en la motilidad
muscular del bebé, que intensica los impulsos eróticos.
En Winnicott el amor y el odio constituyen los principales aspectos a
partir de lo cual se elabora lo humano. A través de su obra DWW nos
desafía a pensar paradojalmente; Amar lo odiado y odiar lo amado ¿no
es otra de sus paradojas?
BIBLIOGRAFÍA:
Green, A. (2008). Jugar con Winnicott. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Grego, B. (compilación). Lecturas de Winnicott. Buenos Aires: Editorial Lugar.
Gesammelte Werke, Sigmund Freud. (1940), Imago Publishing Co, Ltd, London.
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