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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 32 - 39
ISSN 2815-6994 (en linea)
Conclusiones
Hemos visto como los cambios sociales y tecnológicos traen también
algunos cambios en la psicoterapia psicoanalítica, desde cómo nos llega
el paciente, los síntomas actuales, más ligados a la actuación, a la inca-
pacidad para posponer y a la escasa mirada interna. Por otro lado, las
demandas y expectativas de los padres, quienes hoy buscan resultados
rápidos, agobiados ellos también por la rapidez e inmediatez en que
viven, lo cual no les permite tener una mirada más detenida de su hijo,
ni plantearse en un inicio tratamientos prolongados. Este es un gran
reto, incorporar a los padres en el trabajo terapéutico, estableciendo
una alianza sólida que les permita a ellos también encontrar un espacio
donde poder mirarse y reconocerse.
Los cambios en el juego también han inuido y traen cambios dentro del
espacio terapéutico. Traducir, poner en palabras, reconocer los conic-
tos y los afectos que se trasmiten, en ocasiones intermediados por un
videojuego o un smartphone, se convierte en una forma más de interac-
ción. Si bien no es la más frecuente ni la más común dentro de las se-
siones, creo que es importante prestar atención a este tipo de comuni-
cación, que obliga a los terapeutas a tener la exibilidad suciente para
acercarnos a lo que el niño está queriendo mostrar y comunicar dentro
de la sesión. Por otro lado, resulta importante que los terapeutas sepa-
mos reconocer los momentos en que esto se convierte en resistencia a
la terapia y deja de ser una forma de comunicación.
La función del analista será la de crear este espacio donde se desarro-
lle esta transformación, donde las emociones puedan ser pensadas y
dichas dentro de un encuadre claro, con nuestro “setting mental”, con
nuestra historia, con la historia que construimos dentro de la sesión con
nuestros pacientes, creando un espacio y un vínculo transferencial, don-
de las identicaciones proyectivas, de ida y vuelta, permitan reconocer
los afectos que se juegan en la pareja analítica e ir dándoles una cabida
en nuestra mente para luego poder devolvérsela a nuestros pacientes
de una manera “digerida”. Ferro (2011), siguiendo a Bion habla del re-
veriê del analista, como una función que ayuda en la transformación de
los elementos beta en elementos alfa, en otras palabras, a encontrarle
sentido a nuestros impulsos e incorporarlos en nuestra vida de manera
creativa y enriquecedora.
Bibliografía
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