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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 32 - 39
ISSN 2815-6994 (en linea)
RETOS ACTUALES
EN PSICOTERAPIA
PSICOANALÍTICA
CON NIÑOS Y ADOLESCENTES
César Estrella Viladegut
Psicoterapeuta. Psicólogo Clínico.
Estudios de Maestría en Estudios Teóricos en Psicoanálisis en la
Ponticia Universidad Católica del Perú.
Past President de la APPPNA. Director de la revista Transiciones.
Presidente de la Comisión Directiva de FLAPPSIP.
cesarestrellav@gmail.com. Lima – Perú.
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Estrella Viladegut C. (2014) RETOS ACTUALES
EN PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA CON NIÑOS Y ADOLESCENTES
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
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Resumen
El presente trabajo pretende hacer una reexión acerca de los retos
que se le plantean al psicoanálisis y a la psicoterapia con niños y ado-
lescentes en una sociedad en constante cambio.
La posmodernidad ha traído consigo cambios a todo nivel, social, fa-
miliar e individual. Ahora vivimos en una sociedad donde se privile-
gia el consumo y la satisfacción inmediata. Los roles del hombre y la
mujer también han cambiado y las relaciones y roles al interior de
la familia se han modicado. La rapidez de los cambios tecnológicos
y los videojuegos han cambiado las relaciones familiares, los juegos
en familia han desaparecido dando lugar al juego ensimismado o los
juegos en red.
Vamos a reexionar acerca de los cambios que se han dado en cuan-
to a quien nos reere al niño, frecuencia y duración del proceso, tra-
bajo con los padres, juego en sesión, encuadre y setting, enfatizando
cómo - a pesar de estos cambios debemos sostener y trabajar con
nuestro “setting mental”, con nuestra historia, con la historia que
construimos dentro de la sesión con nuestros pacientes, y con nues-
tro equipamiento teórico.
Palabras clave: psicoanálisis, psicoterapia con niños y adolescentes,
posmodernidad.
En este artículo pretendo reexionar acerca de los retos que se plantean
al psicoanálisis y a la psicoterapia con niños y adolescentes en una socie-
dad en constante cambio.
El psicoanálisis nace a nales del siglo XIX, en plena era victoriana donde
la represión era el mecanismo fundamental a develar. Freud nos plantea
una sexualidad infantil distinta a la del adulto, la idea del niño como un
polimorfo perverso genera controversias pero también nos ilumina en
la comprensión del psiquismo infantil. La histeria era la patología de la
época y el descubrimiento del inconsciente permite entender su dina-
mismo.
Muchas cosas han cambiado desde aquel entonces, y a una velocidad
impresionante, visto a través de la historia. En la actualidad, la posmo-
dernidad, ha traído consigo cambios a todo nivel, social, tecnológico,
familiar e individual, especialmente en el mundo urbano. Lipovetsky
(2006) señala que vivimos en una sociedad más abierta, más libre, me-
nos rígida, pero también falta de ideologías, más hedonista e individua-
lista, donde se privilegia el consumo y la satisfacción inmediata. En otras
palabras, se trata de hacernos la vida más fácil y placentera, sin que nos
importe mucho lo que pasa con el resto.
RETOS ACTUALES
EN PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA
CON NIÑOS Y ADOLESCENTES
César Estrella Viladegut1
1 Psicoterapeuta. Psicólogo Clínico.
Estudios de Maestría en Estudios
Teóricos en Psicoanálisis en la
Ponticia Universidad Católica del
Perú. Past President de la APPPNA.
Director de la revista Transiciones.
Presidente de la Comisión Directiva
de FLAPPSIP. cesarestrellav@gmail.
com. Lima – Perú.
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Los roles del hombre y la mujer dentro de la sociedad también han cam-
biado y esto ha traído cambios a nivel familiar. Ya no vivimos dentro de
una familia patriarcal, ahora generalmente ambos padres trabajan y la
ley es dada por ambos padres. Las familias han cambiado, la tasa de
divorcios aumenta y las relaciones se complejizan con nuevos matrimo-
nios y nuevos hermanos. La procreación médicamente asistida, las fami-
lias monoparentales y familias con padres del mismos sexo son temas
también propios de nuestros tiempos.
El padre autoritario de antaño ha cedido el paso a un padre más cerca-
no, más afectuoso, pero a la vez inmerso en una trama de confusiones
identicatorias y de nuevos roles al interior de la familia. Hay más con-
anza en la interacción con una relación uida y menos punitiva, pero a
la vez más complaciente y un tanto perpleja ante lo desconcertante de
los cambios. En muchos casos, el temor a convertirse en autoritarios y
perder la conanza de los hijos, diculta la posibilidad de ejercer una
autoridad y la puesta de límites claros. El problema es que se evita el
conicto y en muchos casos se instala la carencia y el vacío. Sabemos lo
difícil que es trabajar en psicoterapia cuando hay carencia, cuando hay
vacío.
Esta mayor participación del padre ha hecho que ahora se desa-
rrolle el concepto de “triadicación” o “relación tríadica” (Drossart, 2006;
Herzog, 2001) que establece el bebé con la madre, con el padre y con la
madre y el padre juntos. Herzog (2001) dirá además que la presencia del
padre es importante desde los primeros meses de vida, no solo para la
formación de la identidad, sino porque es quien regula la agresividad
en el niño. Miriam Alizade (2006) nos habla por otro lado de la función
familia como eje organizador y de soporte.
La rapidez de los cambios tecnológicos ha promovido también un cam-
bio en las relaciones y la dinámica familiar, los juegos en familia práctica-
mente han desaparecido dando lugar al juego ensimismado o los juegos
en red. Los videojuegos acaparan y marcan una forma de relación con
los padres. En la actualidad dependemos a todo nivel de la tecnología y
ésta está inserta en nuestros hogares y en nuestro trabajo. La comunica-
ción entre los púberes y adolescentes es ahora más escrita que hablada.
Conversan a través del chat de facebook, comparten videos, hacen pla-
nes. Nos guste o no, es su forma natural de comunicarse, de establecer
redes de contacto virtual donde el que no está conectado queda fuera,
no existe. En el mejor de los casos estas nuevas formas de comunicación
son formas nuevas de establecer vínculos entre las personas, en otros
es solamente una señal de existencia mediada por la máquina. En el
peor de los escenarios es el terror al vacío, la desconexión, el aislamien-
to y la confusión de la realidad virtual por la real.
Estos cambios traen consigo cambios también en la psicopatología de
nuestro tiempo. Hoy vemos muchos casos de patologías narcisistas y
patologías de acción, farmacodependencia, anorexia, bulimia, nos ha-
blan de un vacío mental que no puede ser hablado ni simbolizado, la
alexitimia es un claro ejemplo de esto.
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Como psicoterapeutas nos mantenemos observadores activos de estos
cambios, que de alguna manera también invaden nuestro trabajo, des-
de el encuadre y el setting. Veamos algunos cambios que se han dado a
lo largo de estos años.
Referencia
Hoy los padres de niños y adolescentes acuden a la consulta apremiados
y casi obligados por el colegio, sea por un fracaso escolar o por proble-
mas de conducta. Son pocos los que vienen preocupados por su incapa-
cidad para lidiar con las angustias de sus hijos. Esperan de los terapeutas
respuestas y soluciones rápidas, “deme unos cuantos tips”, “queremos
algo rápido para que nuestro hijo salga pronto de esto”, “¿esto no es psi-
coanálisis, no?”. Yo evito ponerle un nombre a mi trabajo, les ofrezco un
espacio donde ellos y su hijo puedan mirarse y descubrir junto conmigo
aquello que los perturba y que muchas veces los paraliza.
Por otro lado tenemos que “competir” también con las opciones de te-
rapias cortas de tipo cognitivo conductual que son recomendadas cada
vez con más frecuencia por psiquiatras y neurólogos. En muchos casos
se suele abusar de la medicación, sobretodo en niños un poco dispersos
u ansiosos, a los cuales se les rotula innecesariamente, únicamente por-
que no se adecúan a un sistema rígido y compulsivamente competitivo.
Frecuencia y duración del proceso
Ver a un niño o adolescente en análisis 4 veces por semana es algo casi
impensable en la actualidad. En la atención hospitalaria se le ve incluso
una vez al mes, pero incluso en las mejores circunstancias de la consulta
privada, tenemos suerte si los padres aceptan que se vea a su hijo dos
veces por semana. Explicar a los padres la importancia de la frecuencia
de las sesiones es cada vez más complicado pues lo que esperan son
resultados rápidos e inmediatos en el menor tiempo posible. En este
sentido actualmente no podemos plantear psicoterapias indenidas,
planteamos un proceso de ocho meses a un año y posteriormente se
evalúa la continuidad del espacio. Esto es muy importante pues los pa-
dres tienen un tiempo para mirar a su hijo y mirarse, y generalmente
si somos sucientemente buenos, como diría Winnicott, podemos ver
al niño y su familia por 3 o 4 años, lo cual nos permite hacer un trabajo
más profundo y que el niño se benecie con cambios estructurales y
duraderos en el tiempo.
Trabajo con los padres
Este es un aspecto que ha cambiado sustancialmente con el paso de
los años. Desde los planteamientos de Mrs. Klein que prácticamente no
trabajaba con los padres, hasta la actualidad donde nadie imagina un
trabajo sin el apoyo de los padres y la familia. Aquí los aportes de Winni-
cott son muy importantes, y por el lado de la escuela francesa el aporte
de Francoise Dolto. Además, al disminuir la frecuencia de las sesiones se
hace imperativo trabajar con la familia.
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Nuestro trabajo inicial con los padres consiste en poner pausa, permi-
tirles mirarse y pensarse, ya no es solo bajar la angustia, sino bajar las
revoluciones, la agitación y el apremio con el que vienen. Solo después
de esto y luego de una escucha atenta, podemos intentar una alianza de
trabajo con ellos. Hay inclusive algunos casos donde uno puede trabajar
únicamente con los padres por algún tiempo para luego ver al niño; ellos
notan que al disminuir la angustia y trabajando aquellos aspectos escin-
didos de la relación con sus hijos, o la forma como repiten en automáti-
co moldes de sus propios padres, sus hijos van aliviándose y sintiéndose
más sostenidos por ellos.
Son importantes también las sesiones de seguimiento durante el pro-
ceso terapéutico. Muchas veces un feedback de los padres nos permite
registrar algunos aspectos que nos trae el niño o adolescente a la sesión
y que tienen relación con algún suceso o evento en la familia. Incluir a los
padres dentro del proceso nos ayuda a sostener al niño en las sesiones,
y muchas veces son los propios niños o adolescentes quienes piden que
veamos a sus padres. Cabe resaltar que las citas con los padres son con
la anuencia del niño o adolescente, y que ellos saben que lo que se tra-
baje dentro de la sesión no va a ser compartido con los padres.
Juego
Desde Anna Freud (1977), Melanie Klein (1987) y luego Donald Winnicott
(1982), el juego ha sido considerado una vía de acceso al mundo interno
del niño, equivalente a los sueños del adulto. Es un medio utilizado por
los niños para dramatizar, representar, comunicar, descargar sus pro-
pias fantasías inconscientes, y también para elaborar y modular el ansia
y las angustias conectadas con estas fantasías. Siguiendo a Winnicott,
hace ya varios años que dejé de usar la caja de juego individual de la
cual nos detallaba Aberastury, para usar la sala de juego, lo cual permite
que los niños se apoderen del espacio (en el que, como terapeuta, estoy
incluido), lo trasformen y lo usen, de manera creativa y lúdica.
Considero que más importante que el juego mismo, es el juego en re-
lación con otro, dentro de un espacio que se convierte en un campo
bipersonal, siguiendo a Berenger, donde lo importante es lo que se pue-
da hacer y lo que se pueda escenicar, producto de la relación de dos
mentes que se encuentran. En la psicoterapia con niños e incluso con
algunos adolescentes, el terapeuta presta su mente y su cuerpo para la
construcción de este campo relacional y emocional, y a decir de Ferro
(1998) construir a partir del juego una “historia juntos”, que promueva la
construcción de sentido y la transformación de la angustia. Es la acogida
de los estados mentales y emocionales presentes durante el juego lo
que permite transformaciones más profundas.
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Los avances tecnológicos también se ven y, a mi parecer, se tienen que
incluir dentro del juego y dentro de la comunicación entre paciente y
terapeuta. Hace algunos años tengo una notebook en mi consultorio y
en muchas ocasiones niños y adolescentes traen sus videojuegos portá-
tiles, tablets, o smartphones donde tienen sus juegos. La omnipotencia
y la descarga son características importantes que marcan una diferencia
en el juego actual de nuestros niños y adolescentes. El trabajo psicotera-
péutico consistirá en darle sentido al juego, en plantear al niño el juego
en relación con otro, el encuadre analítico facilita y da un sentido distin-
to al juego. El jugar con el terapeuta implica una actividad muy distinta
al jugar con los padres o con los amigos. En el juego en sesión siempre
se está comunicando algo y siempre algo está sucediendo en la relación
entre el psicoterapeuta y el niño.
Los terapeutas debemos estar a tono con lo que juegan nuestros pa-
cientes, ahora ya no nos matan solo con una pistola imaginaria o de
juguete, ahora hay una aplicación en el Iphone que acaba con uno a ba-
lazos, u otra aplicación que permite ver todo lo que se lma en sentido
inverso, como en reversa. Este tipo de comunicación dentro de la sesión,
me permitió trabajar con un paciente la rabia y la desolación que sentía
frente a la separación de sus padres, escenicada en el juego y en el
vínculo transferencial.
Otro niño muy tímido, con dicultades para hacer amigos y muy callado
en las sesiones, recibió por su cumpleaños un smartphone, llegó a la
puerta del consultorio y, en lugar de tocar el timbre, me escribió por
whatsApp “llegué”. Al recibir el mensaje, le contesté por el mismo medio
“qué bueno, voy a abrirte la puerta”. El entró con una enorme sonrisa y
seguimos comunicándonos durante un rato por whatsApp, hasta que
comenzó a hablar y a jugar. Es muy importante en psicoterapia recoger
lo que el niño trae y trabajar desde el medio que nos plantea, creo que
no solo nos permite llegar a él, sino que le trasmitimos el respeto que le
tenemos como persona.
Otro niño inhibido y angustiado, con dicultades para entrar a la sesión,
en ocasiones lograba hacerlo solo si entraba con la tablet de la mamá,
y jugaba entre otros Temple Run. Después de observarlo un rato, me
sentí excluido y se lo dije, que estaba jugando solo y que yo quería jugar
con él, que sentía que me dejaba de lado, y le propuse jugar Temple Run
en vivo, “tú y yo, transformamos esta sala en un gran camino”. Primero
me miró extrañado, y luego no paró de jugar en toda la hora, yo era
el gorila que lo perseguía y luego cambiábamos, había niveles y todo
lo demás. Ahora la inhibición y la angustia han ido cediendo, el peligro
de que el gorila /ambiente se lo coma, se fue convirtiendo en un gorila
que acogía, recogía la angustia y el miedo y lograba transformarla en un
recurso creativo para enfrentarse al mundo. De alguna manera el juego
en la tablet me permitió interpretar su defensa y a la vez planearle otra
opción de mirarnos y vincularnos.
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Encuadre y setting
El encuadre analítico nos permite también construir un setting, esto es
un lugar para mirarse a partir de una relación. El setting no está en el
consultorio, el setting está en la mente del psicoterapeuta y en la pro-
puesta que le hace al paciente de trabajar dentro de un lugar construido
por los dos, que permita mirar lo que pasa en este espacio y cómo eso
tiene sentido dentro de su historia y su vida emocional. Antonino Ferro
(2011) nos habla del setting mental y moral del analista.
Este concepto quedó muy claro para cuando comencé a ver a un
niño al que llamaré Franco, en el hospital de enfermedades neoplási-
cas, a las dos semanas de haber estado internado por una leucemia lin-
fática aguda. Había empezado a recibir quimioterapia y los padres me
pidieron que lo viera porque tenía crisis de angustia, desesperación y
rabia muy intensas, de las cuales terminaba muy cansado y desconsola-
do. Fui a verlo el mismo día que me llamaron, preguntándome como lo
encontraría y cómo me presentaría. ¿Cómo instaurar un setting en ese
momento y en esas circunstancias?, ¿cómo plantear un encuadre que
pueda a la vez acoger, escuchar, jugar? Me presenté como una persona
que ha visto niños como él, que conversa y juega con ellos y que podía
entender cómo se pueden sentir. El estaba postrado en su cama, me
dijo que estaba aburrido y cansado. Me comentó que tenía un bichito
en la sangre que había que eliminarlo. Al encontrarme con el niño no
pude dejar de preguntarme acerca de lo que un terapeuta puede sentir
frente a este tipo de pacientes, pues no solo nos preocupa que el niño
se deprima sino que se muera, nos confronta con nuestras propias an-
gustias de muerte, siendo importante tener espacios de supervisión y
elaboración. Lo vi la siguiente semana, lo encontré jugando Mario Car
con el Wii, sonrió al verme, me enseñó lo que estaba jugando y cuando
terminó me mostró todos los juegos que tenía. Me pidió que veamos to-
dos los discos y que escojamos uno para jugar. Me indicó donde estaba
el otro control del Wii y me propuso jugar Mario Sport. Vi con un poco
de asombro, cómo este niño empezaba a maniobrar los controles con
mucha rapidez para programar el juego. En ese momento pensé que
jugaríamos un rato y Franco, imaginé, me ganaría largamente. Grande
fue mi sorpresa cuando Franco me dijo que íbamos a formar parte de
un mismo equipo de basket. Comenzamos ganando y le dije: “Estamos
juntos en esto y estamos ganando. Le estamos ganando a los honguitos,
así como le ganamos a los bichitos de la leuqui”. Me miró y sonrió. Pos-
teriormente Franco continuó con sus sesiones en el consultorio.
Creo que los videojuegos, sirvieron en su momento para que a pesar de
tanto dolor, Franco me permitiera entrar en su mundo, hacerme parte
de su equipo y convertirme en un aliado para acompañarlo a sobrellevar
el largo y doloroso tratamiento, conteniendo su angustia, reconociendo
y entendiendo su rabia y su dolor, pero sobretodo descubriendo juntos
lo valiente y luchador que podía ser.
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Conclusiones
Hemos visto como los cambios sociales y tecnológicos traen también
algunos cambios en la psicoterapia psicoanalítica, desde cómo nos llega
el paciente, los síntomas actuales, más ligados a la actuación, a la inca-
pacidad para posponer y a la escasa mirada interna. Por otro lado, las
demandas y expectativas de los padres, quienes hoy buscan resultados
rápidos, agobiados ellos también por la rapidez e inmediatez en que
viven, lo cual no les permite tener una mirada más detenida de su hijo,
ni plantearse en un inicio tratamientos prolongados. Este es un gran
reto, incorporar a los padres en el trabajo terapéutico, estableciendo
una alianza sólida que les permita a ellos también encontrar un espacio
donde poder mirarse y reconocerse.
Los cambios en el juego también han inuido y traen cambios dentro del
espacio terapéutico. Traducir, poner en palabras, reconocer los conic-
tos y los afectos que se trasmiten, en ocasiones intermediados por un
videojuego o un smartphone, se convierte en una forma más de interac-
ción. Si bien no es la más frecuente ni la más común dentro de las se-
siones, creo que es importante prestar atención a este tipo de comuni-
cación, que obliga a los terapeutas a tener la exibilidad suciente para
acercarnos a lo que el niño está queriendo mostrar y comunicar dentro
de la sesión. Por otro lado, resulta importante que los terapeutas sepa-
mos reconocer los momentos en que esto se convierte en resistencia a
la terapia y deja de ser una forma de comunicación.
La función del analista será la de crear este espacio donde se desarro-
lle esta transformación, donde las emociones puedan ser pensadas y
dichas dentro de un encuadre claro, con nuestro “setting mental”, con
nuestra historia, con la historia que construimos dentro de la sesión con
nuestros pacientes, creando un espacio y un vínculo transferencial, don-
de las identicaciones proyectivas, de ida y vuelta, permitan reconocer
los afectos que se juegan en la pareja analítica e ir dándoles una cabida
en nuestra mente para luego poder devolvérsela a nuestros pacientes
de una manera “digerida”. Ferro (2011), siguiendo a Bion habla del re-
veriê del analista, como una función que ayuda en la transformación de
los elementos beta en elementos alfa, en otras palabras, a encontrarle
sentido a nuestros impulsos e incorporarlos en nuestra vida de manera
creativa y enriquecedora.
Bibliografía
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Lipovetsky, G. (2006). La era del vacío. Barcelona: Anagrama.
Winnicott, D. (1982). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa.