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ISSN 2815-6994 (en linea)
DE LA NECESIDAD
DE AMAR AL PRÓJIMO
COMO A MISMO
Lic. Violeta García
Psicoterapeuta Habilitante de la Asociación Uruguaya de
Psicoterapia Psicoanalítica.
Asociación Uruguaya Psicoterapia Psicoanalítica
violetagarcia@adinet.com.uy Montevideo, Uruguay
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García V. (2014) DE LA NECESIDAD DE AMAR AL PRÓJIMO COMO A SÍ MISMO
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
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Resumen
El interés en este trabajo es abrir un espacio de discusión sobre la
temática del vínculo, desde diversos escenarios.
Desde el psicoanálisis, tomaremos el concepto de vínculo terapéuti-
co como instrumento de la cura, ya que consideramos es uno de los
aspectos más interesantes de los debates actuales.
A su vez, se examinan otras perspectivas para trabajar este concep-
to: el vínculo desde la perspectiva de la Posmodernidad, las relacio-
nes mediadas por el ordenador, y los aportes que provienen de las
Neurociencias.
Palabras Clave: vínculo, psicoanálisis, posmodernidad, tecnología,
neurociencias.
El vínculo desde la perspectiva de la Posmodernidad
Mucho se viene hablando y discutiendo en diversos ámbitos acerca de
los efectos en la construcción de la subjetividad en esta era de globaliza-
ción que caracteriza la Posmodernidad.
Señalaremos ciertas características muy conocidas de la época actual: la
aceleración, el consumo indiscriminado, la transformación de lo privado
en público, la cultura del “espectáculo” y la precariedad en los vínculos.
Quisiera presentar dos posturas diferentes acerca del vínculo: la prime-
ra, el vínculo visto como conexión que condensa la liquidez de las rela-
ciones breves y sin compromiso, y la segunda, el vínculo como necesi-
dad fundante del ser humano. Queda abierta la discusión de si ambas
son excluyentes o complementarias.
Apocalípticos: Bauman o la “liquidación” del vínculo
En esta época actual de ritmo acelerado y de consumo indiscriminado
¿las personas buscan obtener relaciones rmes o por el contrario lo que
se desea es que las relaciones sean ligeras y laxas, para poder deshacer-
se de ellas en cualquier momento?
Bauman (2005) sostiene que el habitante de esta sociedad es un hombre
sin vínculos, y particularmente sin vínculos tan jos o establecidos como
en otras épocas. Como los vínculos no son jos ni inquebrantables, el
hombre debe amarrar los lazos que preera usar como eslabón para
ligarse con el resto del mundo humano, basándose exclusivamente en
su propio esfuerzo, sólo con la ayuda de sus propias habilidades y de su
propia persistencia.
Cuando se habla de vínculos, se utiliza frecuentemente el tér-
mino conectarse como sinónimo de relacionarse. Pero parecen existir
diferencias claras entre uno y otro.
DE LA NECESIDAD DE AMAR
AL PRÓJIMO COMO A SÍ MISMO
APROXIMACIONES A LA TEORÍA DEL VÍNCULO
Lic. Violeta García1
1 Psicoterapeuta Habilitante de la
Asociación Uruguaya de Psicoterapia
Psicoanalítica. Asociación
UruguayaPsicoterapia Psicoanalítica
violetagarcia@adinet.com.uy
Montevideo, Uruguay
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El concepto de “red” que se usa en la tecnología comunicacional está
relacionado con las conexiones. La red representa una matriz que co-
necta y desconecta a la vez y funciona si ambas actividades –conexión
y desconexión- están habilitadas al mismo tiempo. Las conexiones se
establecen a demanda, y pueden cortarse a voluntad.
Del mismo modo las relaciones virtuales, hechas a medida del entorno
de la moderna vida líquida, y a diferencia de las verdaderas relaciones,
son de fácil acceso y salida.
Ninguna conexión tiene garantía de duración. Y esta conexión no debe
estar bien anudada, para que sea posible desatarla rápidamente cuando
las condiciones cambien.
Los vínculos de la modernidad –arma Baumann (Ibid.)- se basan en la
fragilidad, y esa fragilidad inspira el sentimiento de inseguridad.
Todos deseamos la seguridad de la unión y de una mano servicial con
la que se pueda contar en los malos momentos. Sin embargo, descon-
amos de estar relacionados y particularmente de estar relacionados
para siempre, porque tememos que ese estado pueda convertirse en
una carga y ocasionar tensiones que somos incapaces de soportar.
En un entorno de vida moderno, las relaciones suelen ser las encarna-
ciones más profundas e intensas de la ambivalencia (Baumann, Ibid.,
pág. 8).
Hasta que “aquello nos separe”
La denición romántica: “hasta que la muerte nos separe” ha dejado de
usarse, debido a los cambios radicales de las estructuras de parentesco,
de las que dependía y de las que extraía su importancia.
En parte bajo esta premisa es que se han simplicado las pruebas nece-
sarias para que una experiencia sea llamada amor. Los estándares aho-
ra son más bajos, por lo que el conjunto de experiencias que dene el
término amor, se ha ampliado enormemente (Baumann, Ibid., pág. 19).
En una cultura de consumo como la actual, partidaria de los productos
para uso inmediato, donde la demora en la satisfacción y el sacricio re-
sultan intolerables, las relaciones se formulan bajo el principio del con-
sumo inmediato, y para uso único, primordialmente descartable. Si los
productos resultan defectuosos o no son satisfactorios pueden cambiar-
se por otros, que se suponen más satisfactorios. Tampoco tienen un uso
garantizado permanente: autos, computadoras, celulares perfectamen-
te usables y que funcionan relativamente bien, pasan a ser desechables
en el momento en que sus versiones mejoradas y nuevas aparecen en
el mercado.
¿Hay alguna razón para que las relaciones de pareja sean una excepción
a la regla? (Baumann, Ibid., pág. 29)
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¿Will you still love me tomorrow?1
Invertir en una relación signica que lo que se espera de ella es segu-
ridad en sus más diversos sentidos: una mano que ofrezca ayuda en el
momento que se necesite, que brinde socorro y consuelo en el dolor y
el fracaso, compañía en la soledad, y que celebre con nuestros éxitos.
Pero al mismo tiempo, establecer una relación signica sobre todo una
perpetua incertidumbre.
Cuando se da el amor entre dos personas, éstas se internan inevitable-
mente en un territorio desconocido: nunca se está totalmente seguro de
lo que hay que hacer o como deberá seguir esa relación.
Es un dilema sin solución: si se busca tener una relación con la esperan-
za de terminar con la inseguridad, se adquiere otra nueva inseguridad.
Si la persona tiene poder de decisión para continuar o abandonar una
relación, su pareja tiene el mismo derecho y está libre para hacerlo tam-
bién cuando lo desee. La conciencia de este hecho, aumenta la inseguri-
dad, ya que no está en poder de cada uno impedir que la pareja rompa
el acuerdo.
Si la soledad provoca inseguridad, las relaciones amorosas también.
Cuando hay dos, no hay certezas, y cuando se reconoce al otro como
tal por derecho propio, como a un segundo soberano y no como una
simple extensión, o un eco, o un instrumento personal, se admite y se
acepta esa incertidumbre. Ser dos signica aceptar un futuro indetermi-
nado (Odo Marquard 2000, en Baumann, Ibid., pág. 36).
El amor al prójimo o el nacimiento de la humanidad
En 1784 Kant observó que el planeta que habitamos era esférico, y con-
sideró con detenimiento las consecuencias de este hecho aparentemen-
te banal: como todos estamos y todos nos movemos sobre la supercie
de esta esfera, no tenemos otro lugar adonde ir, y estamos para siempre
obligados a vivir en proximidad y compañía de otros. Mantener distancia
entre uno y otros, es a la larga imposible: al movernos alrededor de una
supercie esférica terminaríamos por acortar la distancia que en princi-
pio pretendíamos agrandar.
Esta es la manera en que la naturaleza nos obliga a aceptar la hospitali-
dad recíproca como precepto supremo.
Freud plantea en el “Malestar en la Cultura” (1929), que amar al prójimo
como a ti mismo es uno de los preceptos de la vida civilizada., y a la vez, el
más opuesto a la razón que promueve la civilización: la razón del propio
interés y la búsqueda de la felicidad.
1 Traducción: “¿Me amarás mañana?” Tema
musical interpretado por Carole King en
1972.
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Freud concluye que amar al prójimo es un mandamiento que está jus-
ticado por el hecho de que no hay nada más que contrarreste tan in-
tensamente la naturaleza humana original. Cuanto menos se obedezca
una norma, más obstinadamente se la enunciará. Aceptar este man-
damiento implica un salto decisivo, por el cual, el ser humano intenta
despojarse de sus impulsos más primitivos, adoptar una postura alejada
a su naturaleza y diferenciarse de los animales.
La aceptación del precepto de amar al prójimo, es el acta de nacimiento
de la humanidad y el pasaje del instinto de supervivencia a la moralidad
(Baumann, Ibid., pág. 106).
Amar al prójimo como a sí mismo, implica que la supervivencia huma-
na sea distinta de la de otras criaturas. El precepto desafía los instintos
de la naturaleza, pero también desafía el instinto de supervivencia, y el
amor a uno mismo que lo resguarda.
Es cierto que el amor a sí mismo impulsa a aferrarse a la vida. Pero en
este sentido los animales son expertos y saben hacerlo mejor que noso-
tros, y ni siquiera necesitan el amor a sí mismos. Además la superviven-
cia puede conseguirse sin éste, e incluso lograrse mejor sin él. Porque
el amor a sí mismo, puede rebelarse contra la continuación de la vida,
llevarnos a la búsqueda del peligro y empujarnos a rechazar una vida
que se sienta indigna del amor a sí mismo, y por lo tanto, indigna de ser
vivida –narcisismo mediante-.
Lo que buscamos en el amor a nosotros mismos es la esperanza de ser
amados, de ser objetos dignos de amor, ser reconocidos como tales y
que se nos dé prueba de ese reconocimiento. Para sentir amor a sí mis-
mo, necesitamos ser amados. Los otros deben amarnos primero para
que nos amemos a nosotros mismos.
Si otros me respetan, es que debe haber algo en mí que solo yo puedo
ofrecerles a los otros y entonces, soy importante, y lo que digo y pienso
también es importante. Yo “hago la diferencia” y no solo para mí mismo.
Amar al prójimo como a sí mismo signicaría entonces respetar el carác-
ter único de cada uno, el valor de nuestras diferencias que enriquecen el
mundo que todos habitamos.
La necesidad de pertenencia y la conciencia de sí mismo
En la misma línea E. Fromm (1985) dice que las necesidades siológi-
camente condicionadas no constituyen la única parte de la naturaleza
humana de carácter ineludible. Hay otra parte ineludible que no está
arraigada en los procesos corporales pero sí en la esencia de la vida
humana, que es la necesidad de relacionarse con el mundo exterior, de
evitar el aislamiento.
Este vínculo con los otros no tiene que ver con el contacto físico. Un in-
dividuo puede estar solo en el sentido físico durante muchos años, y sin
embargo, estar relacionado con ideas, o valores o normas sociales que
le proporcionan un sentimiento de comunión o pertenencia.
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Por otra parte, puede vivir entre la gente y no obstante sentirse en to-
tal aislamiento, cuyo resultado podrá ser, llevado al límite, el trastorno
psicótico.
La falta de conexión2 con símbolos, valores o normas es tan intolerable
como la soledad física, o tal vez la soledad física se vuelve intolerable si
implica también soledad moral. Esta conexión espiritual con el mundo
puede tomar distintas formas: en sus respectivos encierros, el monje
que cree en Dios y el prisionero político aislado de todos los demás pero
que se siente unido a sus compañeros de lucha, no están moralmen-
te solos. Cualquier creencia o religión, otorga sentido de pertenencia y
siempre que logre unir al individuo con los demás constituye un refugio
contra el aislamiento.
La necesidad de cooperación es un concepto que también integra la per-
tenencia. Los hombres no pueden vivir si carecen de formas de mutua
cooperación. En cualquier tipo posible de cultura el hombre necesita de
la cooperación de los demás si quiere sobrevivir; debe cooperar ya sea
para defenderse, para trabajar o producir.
Hay otro elemento que hace de la pertenencia una necesidad tan vital:
la conciencia de sí mismo, la facultad mental por la cual el hombre se
percibe como una entidad individual, distinta de la naturaleza y de las
otras personas. Su existencia le plantea al hombre un problema que es
esencialmente humano: al tener conciencia de sí mismo como algo dis-
tinto a la naturaleza y a los demás humanos, y de que puede envejecer,
enfermar o morir, el hombre siente necesariamente su insignicancia y
su pequeñez en comparación con el universo y con todos los demás. La
pertenencia va de la mano con la posibilidad de que la vida posea algún
signicado y dirección.
El amor en Tiempo Real. Internet y las emociones on-line
Es un hecho reconocido que el uso de las nuevas tecnologías está produ-
ciendo múltiples cambios en la sociedad en cuanto a modos de comuni-
cación. Esto se maniesta en la intensicación de las interacciones y las
conexiones y la alteración de los parámetros espacio-temporales entre
muchos otros fenómenos signicativos.
Esta revolución tecnológica conlleva a su vez importantes transforma-
ciones de los vínculos.
La comunicación virtual tiene características distintas a la cercanía física,
y en cierto modo desactiva presiones, y establece otros parámetros para
los vínculos. Para ilustrar, la imagen que es por todos conocida: las per-
sonas en el ómnibus, en la cola del cine, en los comercios hablan todo el
tiempo por celular. Lo mismo sucede con el uso de los mails, los chats,
etc. Pero estas conversaciones virtuales ¿son el prólogo o el sustituto de
una conversación cara a cara?
2 El término es tomado como sinónimo
de vínculo y no en el sentido que utiliza
Baumann.
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Algunos sostienen que cuanta más atención y aprendizaje consume la
proximidad virtual, menos tiempo se dedica a la adquisición de habili-
dades que la proximidad no virtual requiere. Los lugares de chats, las
citas por internet (que inclusive pueden terminar por consolidar uniones
matrimoniales) tienen gran aceptación hoy día. Hay quienes sostienen
que estas relaciones virtuales presentan la ventaja de que pueden sus-
penderse inmediatamente. Esto podría estar relacionado con que las
relaciones de tiempo completo donde el compromiso es condición indis-
pensable de una pareja están siendo menos valoradas.
Una opinión distinta es la que expresa Balaguer (2003) quien sostiene
la validez y legitimidad de la comunicación por la red, como una nueva
modalidad de encuentro vincular que no invalida, cancela o sustituye las
viejas formas de conocer al prójimo.
Uno de los aspectos más mencionados en relación a las comunicaciones
mediadas por ordenador es que proporcionan una forma de interre-
lación anónima. Esta es por lo menos una sentencia bastante popular
entre los usuarios y en los medios de comunicación de masas.
Sin embargo esta opinión no es plenamente compartida por todos.
Quienes tienen sucientes conocimientos técnicos así como los estudio-
sos de los fenómenos sociales sostienen que un completo anonimato en
Internet no es posible ni deseable (Mayans i Planell J., 2000).
Algunas de las primeras investigaciones sobre la comunicación emocio-
nal en Internet, -referidas a si es posible realmente transmitir emociones
a través de la red y cómo se representan las emociones en el ciberes-
pacio- son las realizadas por el MIT (Massachusetts Institute of Tech-
nology) que creó en el 2001 el Centro MIT Initiative on Technology and
Self - fundado y dirigido por Sherry Turkle (psicoanalista y profesora de
MIT) cuyo principal objetivo es reexionar e investigar sobre el aspecto
subjetivo de la tecnología, la relación que se produce entre las personas
y el uso habitual de Internet, los efectos que provocan esta interacción y
la estabilidad psicológica y social de los sujetos implicados. Se realizaron
estudios para tratar de determinar los benecios que la comunicación
emocional aporta al individuo, no sólo en la vida real, sino también en la
virtual, comprobando que el mayor porcentaje del uso de Internet está
siendo dedicado a efectos de comunicación interpersonal (Horrigan &
Rainie, 2001 en Etchevers Goijberg 2005).
A su vez se estudian las causas que fomentan la intensidad de las cibe-
rrelaciones, tales como la construcción de nuevas identidades (avata-
res), el uso del anonimato, y los efectos sociales que pueden conllevar
este tipo de prácticas. Cabe preguntarse si acaso se está creando un
nuevo lenguaje a partir del cual los sujetos se sienten conectados más
íntimamente, al igual o más, que si estuvieran cara a cara.
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Otra investigación es The Quality of Online Relationships (Cummings,
Butler & Kraut 2002 en Etchevers Goijberg 2005) que plantea que a las
relaciones on-line se les otorga menor valor que a las o-line, indepen-
dientemente que se haya comprobado a su vez, lo importantes que pue-
dan llegar a ser las relaciones interpersonales cultivadas en este medio.
La discusión está centrada en si estas relaciones complementan o sus-
tituyen a las de la vida real. Internet es el mayor espacio de encuentro
mundial y el ciberespacio es utilizado para establecer relaciones inter-
personales de una manera mucho más rápida y directa. Pero este medio
como ya expresamos, para muchos no es considerado como sustituto de
las relaciones interpersonales cara a cara, sino como una oportunidad
nueva y diferente de conocer gente, expresarse a sí mismo y determinar
qué se busca en una adecuada comunicación emocional, por los mismos
derroteros sólo que a anexando el factor tecnológico de Internet.
Quizás esta sea una nueva manera de lidiar culturalmente con las emo-
ciones, en la medida que el resguardo de las redes ha posibilitado el
despliegue de aspectos del self a través del anonimato.
La triple transformación que está logrando Internet, los dispositivos mó-
viles y las redes sociales puede considerarse como la emergencia de una
nueva individualidad interconectada. Se está construyendo un espacio
de sociabilidad conectada que recibe distintos nombres: tercer entorno,
sociedad red, cibersociedad (Álvarez JF, Bahlis Dos Santos N, Cope B,
Domínguez Figaredo D, Gil Ortega MC, Kalantzis M 2013).
El lograr que el espacio social logrado por la comunicación virtual, sea
también un espacio de soporte social facilitador y enriquecedor de las
relaciones humanas virtuales y reales más que una tecnología alienante
generadora de patologías, sigue siendo una preocupación sostenida en
este momento.
El vínculo en Psicoanálisis. Amor y Psicoterapia
La psicoterapia es un tipo particularmente complejo de relación de ayu-
da. Quien consulta, lo hace aquejado por algún síntoma o problema que
supone tiene alguna causación psicológica. El que el paciente sea capaz
de mostrar su dolor psíquico, y que el terapeuta sea capaz de acogerlo
empáticamente, y desde allí empezar su labor de ayuda psicológica, ha
sido desde siempre el punto de partida de toda psicoterapia.
Desde nuestra disciplina, y sosteniendo los presupuestos sobre la cura
enunciados por Freud (1913), armamos que es preciso amar para no
enfermar. En este sentido, la psicoterapia como instrumento de cura
tiene que posibilitar las oportunidades de transformación y cambio psí-
quico. Y el cambio tiene que ver con el aprendizaje, aún de algo tan difícil
y complejo como es el arte de amar.
La función del amor es generar crecimiento personal. La función de la
psicoterapia consiste en reparar y reconstruir las fallas del crecimiento
personal. Amor y psicoterapia, en este sentido, tienen la misma nalidad
o función: facilitar el crecimiento personal. En esto son complementa-
rios más que similares en cuanto a sus características como relaciones y
a su papel en la vida de la persona (Orlinsky, 2006).
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La relación existente entre intervención terapéutica y vínculo fue esta-
blecida por Freud en 1913 cuando, respondiendo a la pregunta de en
qué momento intervenir, escribió: “Nunca antes de haberse establecido
en el paciente una transferencia utilizable, un rapport en toda regla con
nosotros. El primer n del tratamiento es siempre ligar al paciente a la
cura y a la persona del médico” (Freud, Ibid., pág.1671-2).
Un tema de debate ha sido examinar qué formas de intervención pue-
den resultar más apropiadas para producir el cambio terapéutico, dadas
determinadas condiciones del paciente y de la relación que éste esta-
blece con su analista. Por cierto, éste es –o debiera ser–, también un
interés central en el trabajo cotidiano de cualquier terapeuta frente a la
variedad de sus pacientes. En el proceso terapéutico, son especialmente
relevantes las variables que dependen del paciente.
Estas comprenden la capacidad de establecer con el terapeuta una bue-
na pareja de trabajo, una buena alianza terapéutica. Este descubrimien-
to apoya la concepción diádica de la terapia, según la cual todos los fe-
nómenos emergentes en la relación terapéutica dependen de ambos
participantes.
En este sentido, la buena intervención terapéutica puede denirse como
aquella otorgada por un terapeuta diestro, es decir, aquel que sabe in-
tegrar conocimientos técnicos y empatía, a un paciente dispuesto a reci-
birla (Jiménez 2005).
Existen evidencias empíricas de que la calidad del vínculo terapéutico
es un poderoso factor predictivo del resultado del tratamiento. Queda
abierta la cuestión, de si la alianza terapéutica es en sí misma el compo-
nente curativo de la terapia o de si más bien la relación crea el contexto
interpersonal necesario para que otros elementos terapéuticos actúen.
La psicoterapia, es una relación especial entre dos personas, una rela-
ción de ayuda. Se establece así una relación asimétrica constituida pre-
cisamente por la naturaleza de la petición. Se insiste mucho en observar
la asimetría de la relación pero lo más evidente es que se trata de una
relación entre dos personas. Esto constituye el aspecto simétrico de la
relación psicoterapéutica y sin esto, no sería posible relación alguna.
Hay cuatro aspectos del vínculo terapéutico, donde interactúan aspec-
tos simétricos y asimétricos.
La investidura personal y la coordinación interactiva de los participantes,
en sus roles de paciente y terapeuta determinan la calidad de la relación
de trabajo.
Las cualidades del contacto comunicativo y del afecto mutuo, que ree-
jan el rapport interpersonal (Jiménez, 2005).
La investidura personal de rol incluye el compromiso del paciente, su
motivación, el compromiso del terapeuta con su rol, y su credibilidad
como terapeuta desde el punto de vista del paciente. Desde la perspec-
tiva del terapeuta, el compromiso del paciente con el tratamiento así
como también el compromiso propio, apreciado por el paciente, se aso-
cian consistentemente con el éxito del tratamiento.
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La coordinación interactiva entre paciente y terapeuta se reere a un
aspecto interpersonal importante. Una postura demasiado asimétrica
puede conducir a una relación entre un terapeuta directivo y un pacien-
te dependiente, o a su inversa, a una entre un terapeuta permisivo y un
paciente controlador. La investigación ha mostrado que los mejores re-
sultados se dan en un tratamiento en que el paciente participó colabora-
tivamente. De manera similar, desde la perspectiva de los pacientes, un
terapeuta colaborativo y no directivo o permisivo, es un buen predictor
de éxito.
El contacto comunicativo, comprende la expresividad (capacidad de co-
municación ecaz) del paciente, la empatía del terapeuta y los procesos
recíprocos de expresividad del terapeuta y empatía del paciente. Estos
también son aspectos simétricos. La importancia de la expresividad del
paciente para el éxito terapéutico es evidente. Las parejas de paciente
y terapeuta que no están bien sintonizadas entre ellas y que, en vez de
eso, tienden a hablar “sobre” el paciente o “sobre su pasado”, predicen
malos resultados.
Las actitudes emocionales que paciente y terapeuta evocan en el otro
determinan la calidad relacional del afecto mutuo. Cuando la terapia se
mueve hacia un resultado favorable, los sentimientos son positivos y
recíprocos; se tiende a desarrollar un fuerte sentimiento de armación
mutua, aún más en el paciente que en el terapeuta, que por la natura-
leza de su compromiso clínico debe mantener una actitud activamente
amistosa.
El cambio relacional en psicoanálisis ha llevado a cambiar el foco re-
situando en un lugar primordial, el compromiso afectivo subjetivo del
analista en la pareja terapéutica (Hirsch, 2005). Desde este punto de vis-
ta, una interpretación puede ser efectiva no ya por el insight que provo-
ca, sino porque el paciente se ha sentido visto y entendido como objeto
de interés y de compromiso por parte del analista.
Desde esta perspectiva se pone énfasis en que los factores personales y
relacionales en conjunción con las teorías son los que producen el cam-
bio.
Aportes a la Teoría del Vínculo desde las Neurociencias
Presentaremos algunos conceptos que permiten armar que el desarro-
llo del Sistema Nervioso (SNC) ofrece una base necesaria para la estruc-
turación psíquica de los vínculos afectivos que el niño establecerá con su
madre y a posteriori con el resto del mundo.
Por la vulnerabilidad de las primeras etapas de la vida los humanos na-
cemos con el repertorio de acciones necesario para establecer las pri-
meras relaciones con los cuidadores, de modo tal que indicadores ele-
mentales sirvan para que éstos tomen nota de las necesidades básicas
del bebé e interpongan los medios para satisfacerlas, facilitando así la
comunicación y la construcción con y del mundo respectivamente.
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El reconocimiento de caras
La mirada se constituye en el primer eslabón del reconocimiento de ros-
tros, indispensable para las futuras relaciones sociales, que posibilita la
estructuración de un Yo Psíquico, y la organización de un Yo Social. Al
mismo tiempo la mirada del “otro” es la que signica y da sentido a nues-
tras conductas. De este modo el psiquismo no sólo se estructura por
otro, sino además para otro.
Siendo la mirada del otro tan importante en la construcción de la identi-
dad del Yo Psíquico, el encuentro visual con el otro es el primer momen-
to de la construcción de una gnosia -reconocimiento del mundo exterior,
de los objetos y del cuerpo a través de los aportes de los sentidos- que
expresa la capacidad de reconocimiento de rostros (prosopagnosia).
Abarca aspectos más amplios que la sola conguración espacial del ros-
tro; incluye la captación de la expresión emocional. Por lo tanto, es in-
dispensable para la comunicación y la buena adaptación social (Risueño
A, Motta I, 2004).
Las Neuronas Espejo. La Teoría de la Mente y la Empatía
Al igual que el reconocimiento del propio cuerpo, el reconocimiento de
los rostros se va conformando lentamente durante el primer año de vida
y pueden registrarse varias fases en este proceso. Entre el 2do y 3er
mes, es el momento en que el rostro se convierte en el percepto privile-
giado para el bebé. Lo busca, lo mira, e intenta imitarlo precariamente.
Esta incipiente imitación, que se da tanto en el infante como en el cuida-
dor, se debe a la función de ciertas neuronas que han sido denominadas
como “neuronas espejo”.
Se trata de un grupo de neuronas que tienen la facultad de descargar
impulsos tanto cuando el sujeto observa a otro realizar un movimiento,
como cuando es el propio sujeto quien lo hace. Se activan cuando un
individuo realiza una acción, pero también cuando él observa una ac-
ción similar realizada por otro individuo. Forman parte de un sistema
de redes neuronales que posibilita la percepción-ejecución-intención. La
simple observación de movimientos de la mano, pie o boca activa las
mismas regiones especícas de la corteza motora, como si el observa-
dor estuviera realizando esos mismos movimientos. Pero el proceso va
más allá de que el movimiento, al ser observado, genere un movimiento
similar latente en el observador. El sistema integra en sus circuitos neu-
ronales la atribución/percepción de las intenciones de los otros: la Teo-
ría de la Mente (Blakemore y Decety, 2001; Gallese, Keysers y Rizzolatti,
2004; Rizzolatti, 2005; Rizzolatti y Sinigaglia, 2006 en García E, pág. 7).
La Teoría de la Mente es la capacidad de comprender, explicar y predecir
el comportamiento de otras personas a través del proceso de realizar
inferencias acerca de sus estados mentales: sus conocimientos, inten-
ciones, deseos y creencias (Baron - Cohen, S, 1995). Es importante seña-
lar que la T. de la M. ha sido y es en la actualidad uno de los principales
modelos explicativos de los décit que aparecen en diversos trastornos,
particularmente en los llamados trastornos generales del desarrollo o
del espectro autista.
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El desarrollo de una adecuada T. de la M. es condición necesaria para el
establecimiento del sentimiento intuitivo de privacidad personal y para
la integración e interacción social adecuadas.
Como consecuencia de esta integración, se estructura la inteligencia so-
cial que hace posible controlar las actitudes y respuestas del otro/otros
operando sobre la formación de sus representaciones, en benecio pro-
pio o del grupo. Dentro de la multiplicidad de elementos que abarca este
concepto, se recogen aspectos metacognitivos como la interpretación
de emociones básicas, la capacidad de captar el discurso metafórico,
las mentiras o la ironía, la posibilidad de interpretar emociones sociales
complejas a través de la mirada o la cognición social y la empatía.
La empatía es la capacidad para experimentar y representar los estados
emocionales de otros, siendo crucial en muchas formas de interacción
social adaptativa. Tiene dos componentes: uno cognitivo, muy relaciona-
do con la capacidad para abstraer los procesos mentales de otras per-
sonas, y otro emocional, que sería la reacción ante el estado emocional
de otra persona (Moya-Albiol L, Herrero N, Bernal MC, 2010). La obser-
vación o imaginación de otra persona en un estado emocional particular
activa de manera automática una representación de ese estado en el
observador, con las respuestas siológicas asociadas. Al tratar de com-
prender y de ponerse en el lugar del otro, la persona se acerca al esta-
do emocional del otro y reacciona. Dicha reacción sería el componente
emocional de la empatía.
Así, la empatía favorece la percepción tanto de las emociones (alegría,
tristeza, sorpresa) como de las sensaciones (tacto, dolor) de otras perso-
nas. Por todo ello es llamada cognición social y se considera que desem-
peña un papel central en la disposición pro-social de las personas y en
su supervivencia, ya que ésta depende de la habilidad para funcionar de
manera óptima dentro del contexto social, para lo cual es fundamental
comprender lo que sienten los demás (Moya-Albiol L, Herrero N, Bernal
MC 2010).
Somos criaturas sociales y nuestra supervivencia depende de entender
las intenciones y emociones que traducen las conductas maniestas de
los demás. Las investigaciones neurocientícas han demostrado la exis-
tencia de mecanismos siológicos implicados en estos procesos tanto
en neuronas especícas como en sistemas neuronales que sustentan
los constructos cognitivos y sociales.
En suma, las neuronas espejo permiten entender la mente de nuestros
semejantes, y no a través de razonamiento conceptual, sino directamen-
te, sintiendo y no pensando (Rizzolatti, Fogassi y Gallese, 2001).
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Comentarios nales
Hemos querido plantear diferentes aportes a la teoría del vínculo.
En primer lugar, describimos algunas condiciones de construcción de la
subjetividad e intersubjetividad, que hacen a los modos de producción
de nuestra cultura y sociedad y el uso de la comunicación virtual y sus
posibles efectos.
En la sociedad actual, en que las condiciones de subjetivación han teni-
do un viraje drástico, nuestra disciplina tiene mucho para profundizar y
analizar sobre cómo se maniestan los vínculos sociales. La irrupción de
las nuevas formas de comunicación mediante las TICS abre un camino
para la incertidumbre y la curiosidad por saber cuáles son sus efectos
desde su rol de mediadores de vínculos.
Desde el ámbito de la estructuración neurobiológica, examinamos las
condiciones de génesis para la producción del vínculo y particularmente
el rol de las neuronas espejo. A partir de las Neurociencias, encontra-
mos bases biológicas rmes que permiten comprender desde esta pers-
pectiva, como se activan aspectos cruciales de la socialización, como la
imitación, la empatía e incluso la identicación.
Los vínculos hacen a la constitución de nuestro psiquismo, ya sea que
se considere que tienen un papel fundante en la integración de éste, o
si se piensa que son los que aseguran las condiciones de formación del
Yo psíquico.
En nuestro quehacer cada vez es más evidente la importancia del víncu-
lo que paciente y terapeuta puedan construir, y muchos sostienen que
de ello depende la posibilidad de cura o de cambio psíquico.
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