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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 64 - 72
ISSN 2815-6994 (en linea)
Como podemos ver, Freud propone seguir investigando sobre las cues-
tiones técnicas y su fundamentación teórica.
Muchas veces la presencia de las neurosis actuales impactan también en
el analista cuando por la molestia, fastidio o fascinación ve alterada su
capacidad para represent-ar libremente durante el tiempo de la sesión,
todas ellas manifestaciones de afecto, pero, si recobra su función de
analista, podrá hacer una lectura de los indicios de lo traumático, lo no
incluído en la historia, lo que se repite, lo atemporal y congurar la esce-
na que se está presentando armando un relato a través de palabras que
hablen de lo que está sucediendo o bien una escena lúdica que cumpla
con similar propósito.
Una pregunta posible sería: ¿Y cómo nos damos cuenta de “lo que está
sucediendo”, por ejemplo: si una niña se mueve sin ton ni son, trata de
subirse encima de la analista, se agita a caballito de un almohadón, grita,
ordena, ríe, y aparece en la analista la vivencia de ahogo, confusión, no
se le ocurre nada y haciendo un esfuerzo para recobrar su función de
analista de pronto tiene una ocurrencia referida al tema de la culpa y
condena frente al placer de la masturbación. Luego de llegar a esa idea
se pregunta de qué forma se lo podrá transmitir a la pequeña paciente,
de qué manera hablar de algo tan íntimo sin ser intrusiva? También,
se pregunta si elegirá palabras que puedan transmitir sucientemente
bien esas ideas para la niña o habrá que intentar transmitirlas, en princi-
pio, de otras formas más accesibles para ella y cuales tendrá que elegir.
Mi idea en el presente artículo es intentar dar respuesta a la inquietud
de no desaprove-char esos momentos donde al poder captar la apari-
ción de esos indicios marcados por la propia sensación de perturbación
y realizar una lectura psicoanalítica de los mismos podremos, quizás, sa-
lir del malestar o del bloqueo o de cualquier perturbación del represen-
tar que afecta al analista generando una intervención simbolizante que
ayude a dar gurabilidad a lo traumático que insiste. Me parece impor-
tante señalar que no necesaria-mente nuestras intervenciones tienen
que ser verbales, quiero decir puestas sólo en palabras, y esto lo digo
pues muchas veces en la mente infantil sólo la palabra hablada no logra
abarcar la innidad de sensaciones y signicaciones que puede darle
otro tipo de expresión, como por ejemplo un determinado gesto, mira-
da, movimiento, sonido, melodía, variaciones en el tono o la impostación
de la voz, una dramatización. A propósito de esta cuestión, quisiera traer
a colación una conferencia de André Green acerca del lenguaje en psi-
coanálisis en la que señala el trabajo de Freud basado en la necesidad
de delimitar aquello que es extralingüístico y dice que paradojalmente
elige un método que es fundamentalmente verbal. Entonces dice Green
(1995, pág. 18): “El problema es determinar cuál es
la materia prima a
transformar
por medio de la palabra y del lenguaje, pero que debe afec-
tar, justamente aquello que escapa al lenguaje.” (Las negritas son mías).
La cuestión de la materia prima que plantea A.Green a mi entender
tiene que ver con lo pulsional no tramitado que surge como afecto pero
sin articularse con ninguna signicación para el sujeto. Por lo tanto, y