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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 64 - 72
ISSN 2815-6994 (en linea)
“QUIERO SER BUENA”,
ALGUNAS VICISITUDES
EN EL ANÁLISIS DE OLIVIA
Mariana Lía Groisman
Licenciada en Psicología U.B.A;
Vicepresidenta de Asappia
(Asociación de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y la Adolescencia);
docente titular del Postgrado de la Escuela de Psicoanálisis de Asappia;
docente de la escuela del Postgrado en Psicoanálisis en Paraná,
Pcia de Entre Ríos en convenio con Asappia.
J. Salguero 647 C.A.B.A ,Argentina; mlgroisman@yahoo.com.ar
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Groisman M.L. (2014) “QUIERO SER BUENA”,
ALGUNAS VICISITUDES EN EL ANÁLISIS DE OLIVIA
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
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Resumen
La clínica con niños nos plantea algunas dicultades relacionadas
con los modos de intervención pues la herramienta de la interpreta-
ción a través de la palabra muchas veces no alcanza en el intento de
propiciar la tramitación de lo traumático. La presencia de angustia
en el paciente-niño nos advierte acerca de las vivencias y sus distin-
tas manifestaciones somáticas, motrices o de afecto en general y nos
alerta acerca de la dimensión de neurosis actuales que requieren de
la construcción de la escena a partir de los indicios detectados en
la sesión. Además, se precisa de la compenetración del analista en
diversas herramientas plásticas, teatrales, de manejo de la voz, en
simultaneidad con la palabra, para dar gurabilidad a lo no repre-
sentado y propiciar la simbo-lización. El analista siente el impacto
de las manifestaciones de neurosis actuales presentes en la sesión
cuando ve dicultada su atención libremente otante. La idea de
este trabajo es realizar un aporte para pensar de qué manera la la-
bor analítica se ve facilitada en el uso de construcciones que aporten
un sentido desde la lectura de los indicios que muestran la verdad
histórico-vivencial.
Palabras Clave: Vivencias, neurosis actual, gurabilidad, palabra,
simbolización.
“No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia
muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: “¿Dios mío! ¿Voy a llegar
tarde! “(Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera de-
bido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural
del mundo.)”.
Lewis Carroll.
Aventuras de Alicia en el país de las
maravillas.
El trabajar terapéuticamente con niños tiene esa característica especial
que nos transporta a un mundo poblado de imágenes diversas, la reali-
dad se entremezcla con la fantasía y nos introduce en las pasiones más
desenfrenadas. Dentro de la sesión ocurre de todo, es fascinante esa
dimensión en la que podemos morirnos de la forma más maquiavélica y
luego seguir tomando el té, cocinando o pintando.
“QUIERO SER BUENA”,
ALGUNAS VICISITUDES
EN EL ANÁLISIS DE OLIVIA
CUESTIONES TEÓRICO- TÉCNICAS EN EL PSICOANÁLISIS DE NIÑOS
Mariana Lía Groisman1
1Licenciada en Psicología U.B.A;
Vicepresidenta de Asappia
(Asociación de Psiquiatría y
Psicología de la Infancia y la
Adolescencia); docente titular
del Postgrado de la Escuela de
Psicoanálisis de Asappia; docente
de la escuela del Postgrado en
Psicoanálisis en Paraná, Pcia de Entre
Ríos en convenio con Asappia.
J. Salguero 647 C.A.B.A ,Argentina;
mlgroisman@yahoo.com.ar
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La consulta psicoanalítica
Cuando un niño concurre a la consulta psicoanalítica y vemos que ver-
baliza sus emociones, pensamientos y juega simbólicamente conside-
ramos que posee una trama representacional que lo ubica dentro del
campo de las psiconeurosis. Pensamos entonces que el marco terapéu-
tico adecuado estará relacionado con las producciones del proceso se-
cundario y eso va deniendo nuestras intervenciones. Sin embargo, la
clínica con niños nos enseña que trabajamos más en el ámbito de las
neurosis actuales que en el de las psiconeurosis y esto se observa palpa-
blemente cuando en la sesión el juego se ve constantemente interrumpi-
do, aparece llanto, dolores, furias, se presentan vivencias que por la falta
de ligadura producen angustia en el niño tienden a la descarga y no le
permiten jugar tranquilo (Hodara y Cóccaro, 2000). De este tema Freud
(1895) se ocupa en su artículo sobre las neurosis de angustia, neurosis
actuales, pero no lo desarrolla tan extensa-mente como hubiéramos
deseado desde el punto de vista técnico como lo hizo con las psiconeu-
rosis. En su trabajo sobre las construcciones en análisis, y sin entrar en
el tema que más que construcciones son reconstrucciones, Freud (1937)
nos aporta más ideas acerca de la técnica y en especial, (por lo menos
para lo que intento transmitir aquí), que como efecto de la construcción
realizada por el analista el paciente tiene un recuerdo hipernítido simi-
lar a una alucinación. “Habría sido posible llamar “alucinacio-nes” a estos
recuerdos de haberse sumado a su nitidez la creencia en su actualidad.”
(Ibid., pág. 268) Cuando en la sesión con un niño el juego o cualquier
producción simbólica se ve interrumpida por la aparición de afecto, lo
desligado, neurosis actual, la labor analítica puede tratar de realizar una
construcción para aportar un sentido haciendo una lectura de los indi-
cios que muestran la verdad histórico-vivencial Freud señala que:
“El camino que parte de la construcción del analista debía culminar con
el recuerdo del analizado; ahora bien, no siempre lleva tan lejos. Con
harta frecuencia, no consigue llevar al paciente hasta el recuerdo de lo
reprimido. En lugar de ello, si el análisis ha sido ejecutado de manera
correcta, uno alcanza en él una convicción cierta sobre la verdad de la
construcción, que en lo terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo re-
cuperado. Bajo qué condiciones acontece esto, y cómo es posible que
un sustituto al parecer no integral produzca, no obstante, todo el efecto,
he ahí materia de una investigación ulterior.” (Freud, Ibid. Pág 267)
(Las negritas son mías)
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Como podemos ver, Freud propone seguir investigando sobre las cues-
tiones técnicas y su fundamentación teórica.
Muchas veces la presencia de las neurosis actuales impactan también en
el analista cuando por la molestia, fastidio o fascinación ve alterada su
capacidad para represent-ar libremente durante el tiempo de la sesión,
todas ellas manifestaciones de afecto, pero, si recobra su función de
analista, podrá hacer una lectura de los indicios de lo traumático, lo no
incluído en la historia, lo que se repite, lo atemporal y congurar la esce-
na que se está presentando armando un relato a través de palabras que
hablen de lo que está sucediendo o bien una escena lúdica que cumpla
con similar propósito.
Una pregunta posible sería: ¿Y cómo nos damos cuenta de “lo que está
sucediendo”, por ejemplo: si una niña se mueve sin ton ni son, trata de
subirse encima de la analista, se agita a caballito de un almohadón, grita,
ordena, ríe, y aparece en la analista la vivencia de ahogo, confusión, no
se le ocurre nada y haciendo un esfuerzo para recobrar su función de
analista de pronto tiene una ocurrencia referida al tema de la culpa y
condena frente al placer de la masturbación. Luego de llegar a esa idea
se pregunta de qué forma se lo podrá transmitir a la pequeña paciente,
de qué manera hablar de algo tan íntimo sin ser intrusiva? También,
se pregunta si elegirá palabras que puedan transmitir sucientemente
bien esas ideas para la niña o habrá que intentar transmitirlas, en princi-
pio, de otras formas más accesibles para ella y cuales tendrá que elegir.
Mi idea en el presente artículo es intentar dar respuesta a la inquietud
de no desaprove-char esos momentos donde al poder captar la apari-
ción de esos indicios marcados por la propia sensación de perturbación
y realizar una lectura psicoanalítica de los mismos podremos, quizás, sa-
lir del malestar o del bloqueo o de cualquier perturbación del represen-
tar que afecta al analista generando una intervención simbolizante que
ayude a dar gurabilidad a lo traumático que insiste. Me parece impor-
tante señalar que no necesaria-mente nuestras intervenciones tienen
que ser verbales, quiero decir puestas sólo en palabras, y esto lo digo
pues muchas veces en la mente infantil sólo la palabra hablada no logra
abarcar la innidad de sensaciones y signicaciones que puede darle
otro tipo de expresión, como por ejemplo un determinado gesto, mira-
da, movimiento, sonido, melodía, variaciones en el tono o la impostación
de la voz, una dramatización. A propósito de esta cuestión, quisiera traer
a colación una conferencia de André Green acerca del lenguaje en psi-
coanálisis en la que señala el trabajo de Freud basado en la necesidad
de delimitar aquello que es extralingüístico y dice que paradojalmente
elige un método que es fundamentalmente verbal. Entonces dice Green
(1995, pág. 18): “El problema es determinar cuál es
la materia prima a
transformar
por medio de la palabra y del lenguaje, pero que debe afec-
tar, justamente aquello que escapa al lenguaje.” (Las negritas son mías).
La cuestión de la materia prima que plantea A.Green a mi entender
tiene que ver con lo pulsional no tramitado que surge como afecto pero
sin articularse con ninguna signicación para el sujeto. Por lo tanto, y
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ya en el terreno del análisis con niños, pienso que la característica de
lo pulsional “habla” (si se me permite la analogía) en la lengua de sus
zonas erógenas fundamentalmente y desde la estructura llamada per-
verso-polimorfa, pero sin que el Yo se haya apropiado de ellas, así como
todo lo que tenga que ver con lo somático interno (órganos) o externo
(epidérmico) y eso hace a la multiplicidad de “lenguajes” con los que se
manejan los niños que no son siempre verbales. Es por ello que para
poder transmitir al niño-paciente nuestras ideas y posibilitar quizás un
cambio psíquico me parece importante que el psicoanalista esté su-
cientemente interiorizado en el conocimiento de una amplia gama de
posibilidades expresivas.
Silvia Bleichmar (2004) en su trabajo sobre el análisis de niños
como lugar de producción simbólica se reere a esta dicultad del len-
guaje para capturar la vivencia puesto que ésta se presenta al límite de
lo decible y agrega que es trabajo del análisis el ir creando las posibilida-
des simbólicas de aquello que se encuentra en los bordes de la palabra.
Introduce un punto que me parece fundamental en el trabajo con niños
como concepto, como lógica de pensamiento y como manera de com-
prender mejor la realidad vivencial y es el tema de tomar en considera-
ción para el abordaje técnico al Arte por la capacidad para transformar
lo no asible en palabras en otras formas con potencia comunicacional.
Se trata de una otra dimensión a la que nos transportamos y construi-
mos en el encuadre de la sesión con el paciente-niño que coexiste con
la realidad real de la vida cotidiana. En un trabajo anterior acerca de
patologías graves y su abordaje técnico (Groisman, 2008) puse el ejem-
plo de un niño seriamente perturbado que tenía un comportamiento
compulsivo y no se había instalado un espacio lúdico ccional. Cuando
a lo largo del tratamiento logramos ir armando ese espacio con el juego
de un dragón en base a dramatizaciones, relatos y dibujos, un día el niño
antes de entrar a su sesión me espeta con enojo: “- Vos me mentiste!”.
Ahí pensé que se podía desmoronar el trabajo realizado y le pregunto
porqué decía eso.
El niño dice: “-Porque los dragones no existen!”
Inmediatamente le respondo con profunda convicción en mi postura y
la mirada y un tono solemne de la voz: “- Te equivocas porque yo juego
muy en serio!”
Ahí se terminó el asunto y entró convencido al consultorio.
Olivia y sus dolores
Olivia es una niña de 7 años que concurre a la consulta por vómitos
y fuertes dolores abdominales sin causa orgánica establecida por los
médicos tratantes. Contaré algunos datos de la historia y presentaré al-
gunas viñetas del tratamiento como ilustración de las ideas que intento
desarrollar en este trabajo sin pretender realizar una detallada exposi-
ción del proceso analítico de la paciente.
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Ya desde las primeras entrevistas Olivia me muestra su gran capacidad
para contar sus fantasías, dibujar, cantar y jugar. En unos de sus juegos
su personaje dice:- “Sí, vino un ladrón y atacó a mi mamá y le clavó un
cuchillo en el corazón y le salió un montón de sangre, la sangre le cho-
rreaba. Fue lo único que le pasó a mi mamá!”
Otro de sus juegos favoritos era jugar a que ella era una zombie y llega-
ba para comer-me el cerebro. Yo tenía que horrorizarme y no tener es-
capatoria. Olivia mostraba un gran placer en estos juegos macabros y se
reía muchísimo. A decir verdad, yo también me reía para mis adentros.
El juego de las hermanas también era su preferido donde ella represen-
taba el papel de hermana mayor y yo la menor. Yo tenía que fastidiarla
permanentemente porque ella sabía hacer muy bien las cosas que los
papás le habían encargado en su ausencia. Mi misión era la de hacerle
caso, sufrir, envidiarla, ponerme celosa y de vez en cuando sabotear lo
que hacía hasta que era descubierta por la hermana mayor que con indi-
ferencia no se mostraba afectada por mis “non santos” empeños.
Hasta aquí mis intervenciones tenían que ver con ir acompañando el
juego, a veces aportaba alguna frase sobre el sufrimiento de los celos
y la envidia entre hermanos o como hija hacia la madre por sacarme a
mi adorado padre, en n, las rabias que eso me producía y de tanto en
tanto salía del marco lúdico para hacerle un comentario dirigido a ella
sobre su sentimiento de exclusión, dolor narcisístico y frustraciones en
la familia.
Digamos que en las sesiones todo se desarrollaba en un clima pobla-
do de representa-ciones y la sintomatología somática por la cual había
sido traída al tratamiento se iba desvaneciendo. Yo contenta y los pa-
dres contentos. Sin embargo, cuando todo estaba andando como una
pinturita, o al menos a mí me lo parecía, Olivia empieza nuevamente
con los trastornos somáticos en el aparato digestivo que se presenta-
ban en forma brusca y duraban horas, con llantos y gritos, y de vuelta al
médico. Por supuesto que empecé a preocuparme bastante y a pensar
que algo estaba fallando en el tratamiento. Decidí entonces dedicarme a
anar el oído, la vista y el pensamiento para situarme en los fenómenos
transferenciales de cada sesión y estar atenta a las manifestaciones que
al no alcanzar representación simbólica se expresaran subliminalmente
en sensaciones difícilmente decibles en palabras. En un trabajo teórico
y técnico acerca de la transferencia y la neurosis actual dice S. Hodara,
(2014, pág. ): “Los problemas que las neurosis actuales presentan en el
tratamiento psicoanalítico, en su mayoría dramatizados en enfermedades
somáticas, necesitan volver a ser pensados en su aspecto teórico y al mismo
tiempo desde una técnica posible para acceder a su tramitación.” La téc-
nica a la que se reere tiene su acento puesto en captar la dimensión
vivencial atemporal de la sesión y sobre todo a partir del vivenciar del
analista.
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En la transferencia
A mí me estaba pasando que luego de las preciosas sesiones que se
sucedían me sentía frustrada cuando me enteraba que la pasaba muy
mal en la escuela porque decía que sus amigos la trataban mal; y en
su casa recrudecían los dolores de vientre pero no en el ámbito del
consultorio. Me empiezo a dar cuenta que yo había caído seducida por
tanto juego y eso me generaba una cierta impotencia para intervenir.
Empiezo a prestar más atención a otros elementos. Olivia llega a su se-
sión y no quiere subir en el ascensor conmigo, quiere subir sola por la
escalera. Al preguntarle la razón, me dice que se siente encerrada. Le
digo que quizás esa sensación la siente también conmigo en el consul-
torio. Lo niega. Entramos al consultorio. Quiere jugar a poner notas a
sus amigas, evaluarlas con un puntaje. Le digo, de una manera como si
estuviera compartiendo su secreto sentimiento, que por ahí el puntaje
que me pondría a mí sería muy bajo porque me está encontrando muy
peligrosa. A partir de ahí me propone jugar a un juego típico de nenas
con las manos que se palmean con las de la compañera al ritmo de una
canción. Pareciera que algo del temor a mi hostilidad cedió y dio paso al
acercamiento, cercanía con componentes eróticos bastante sublimados.
Otra sesión
Comienza su sesión preguntándome por un dibujo que había realizado
la vez anterior donde me había hecho un retrato (¡bastante parecido!), y
me dice: -“Sos la mejor psicóloga del mundo!”
Como mi impresión fue que ella quería decir eso pero también todo lo
contrario puse una cara acorde a la segunda idea o sea, una cara de
mala, entonces Olivia insistió como disparando palabras:- “Sos buena,
sos buena, sos buena, sos buena”. No me dejaba hablarle, apenas yo in-
tentaba decirle algo reiteraba la seguidilla anterior “tapándome” la boca,
me hacía recordar al cuento de la buena pipa que no se acaba nunca,
no conduce a ningún lado y genera en el interlocutor el sentimiento de
acorralamiento. Me sentía arrinconada.
Conrmé mi idea anterior y tuve la sensación de una enorme carga de
hostilidad presente en la sesión, hostilidad disfrazada de buenas ma-
neras, en n, formaciones reactivas. No sabía muy bien si decir algo de
sus broncas y de su sentirse mala o de las mías como personaje peli-
groso del cual tener miedo, una analista malvada. Recordé una sesión
muy lejana donde Olivia había jugado a los chicos malos que se hacen
los buenos pero también otra más siniestra de los zombies comedores
de cerebros y corazones. Como no me dejaba hablar decidí dramatizar
en silencio absoluto mi personaje haciéndome “la buena”, canturreando
bajito arreglé papeles, ordené y limpié objetos poniendo cara de la mala
que se hace la buena. Cuando recobré su recepción le dije que quizás
se asustaba de algunos pensamientos que tenía y creía que estaba mal
pensarlos y por ahí tenía temor que yo me enojara. Se lo volví a decir de
diferentes maneras parecidas agregando que yo tenía que reconocer
que a veces soy una jodida.
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Seguidamente, comienza jugando a la guerra con los almohadones del
consultorio. Juega un poco en serio y un poco en broma. Recibo sus
almohadonazos con gestos que expresan: “Claro, tenías ganas de gol-
pearme porque soy una jodida psicóloga.” Cuando intento ponerlo en
palabras arrecian los almohadonazos y no me deja hablar, me quejo un
poco mostrándole que tiene fuerza pero que los soporto, que no es para
tanto y le voy mostrando que no me destruyo, luego, logro decírselo.
El juego se hace más liviano y divertido hasta que me dice:- “Ahora voy a
hacer caca.” Y se va al baño. Después de la sesión pensé que me estaba
cuidando de toda su rabia como si yo no fuera a resistirla.
Sos buena . Quiero ser buena
En otra sesión, Olivia entra quejándose (por primera vez en el consul-
torio) de dolor de panza. Se sienta en el diván y comienza a decir “sos
buena, sos buena, sos buena…” como un latiguillo interminable. Me fas-
tidia tanta adulación que percibo como rabia encubierta. Pienso un poco
más en mi sensación de fastidio para ver si puedo darle un sentido y me
doy cuenta que si yo la veo a Olivia como una hipócrita y falsa es que
seguramente ella me ve a mí de la misma manera. Lo pongo en palabras
y Olivia dice gritando a voz en cuello: -“¡¡¡Quiero ser buena!!!” y ahí me va
contando de cómo se pone furiosa con sus compañeritos si dicen algo
que no le gusta o si no la elijen para jugar, etc.
Los dolores somáticos propios de la neurosis actual, neurosis de angus-
tia, fueron desapareciendo, eso dio paso a malestares más del lado de
la psiconeurosis y se referían sobre todo a tormentosos sentimientos de
culpabilidad con la madre que fuimos laboriosamente analizando.
La tarea analítica tiene ese movimiento pendular señalado por Freud
que va entre un fragmento de análisis del ello y otro de análisis del yo
que ya desde sus primeros trabajos acerca de las neurosis de angustia
nos alerta y estimula a seguir investigando en la modalidad de abordaje.
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Bibliografía
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Groisman, Mariana Lía.: ( 2008) “Patologías graves en la infancia. Construcciones en
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