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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 93 - 102
ISSN 2815-6994 (en linea)
Así, se constituye una primera etapa del trabajo analítico: de “sostén”.
En esta etapa, las condiciones del trabajo eran anteriores a cualquier
interpretación, no había mente para ello. La paciente estaba encapsu-
lada en relaciones y experiencias traumáticas. Y en un falso self que se
evidenciaba en una tremenda falta de espontaneidad, un temor a ser.
El trabajo de la analista se centra en la escucha y el intento de ordenar
sus recuerdos. Aún cuando no entiendo bien los contenidos del relato,
ni porqué el nivel de traumatización, intuitivamente, en varias ocasio-
nes, me acerco a abrazarla, y permanecer así en silencio. Éste fue un
trato sólo dedicado a ella, no existía en el vínculo con mis pacientes, un
trato similar. A veces se quedaba más allá de su hora, se levantaba para
irse, pero no se iba, se quedaba ahí parada, como esperando algo. A
veces coincidía que no tenia nadie después y yo podía acompañarla en
silencio, otras veces la acompañaba (o llevaba) al baño a lavarse la cara,
para que pudiera reponerse porque había alguien más esperando.
Se trataba de recuperar en ella un estado básico de equilibrio, después
de años de sentir el mundo de suma “intrusión”. Se requería una neutra-
lidad benevolente, puesta al servicio de ella, que sostuviera sus angus-
tias y miedos, así como sus recuerdos aterradores. Su necesidad era ser
contenida, escuchada, sin juicio, crítica o manipulación. Esta etapa duró
aproximadamente 4 meses, dos veces por semana sin interrupción.
Este periodo de sostén, en el proceso analítico de C. posibilitó un poste-
rior periodo de mayor simbolización, de utilización del espacio potencial
como lugar de experimentación de sentimientos, ambivalencias, mie-
dos, y aparición del verdadero trauma.
II) En la fase siguiente, C. comienza a escribir poemas y ensayos los cua-
les me comparte vía e-mail. También me escribe en otros momentos
de gran angustia o impotencia con sus padres. Empiezo a introducir in-
terpretaciones generales, no transferenciales, que permiten entender
y mirar las relaciones con un cierto hilo común. Ella misma se va sor-
prendiendo de lo que escribe y de las emociones “raras” que vivencia.
Aparece la rabia contra el ex novio. También aparece otro tipo de ver-
balizaciones como…“es que no quiero que me peguen”… Frente a mis in-
terpretaciones me pedía perdón, lo que me hacía pensar que vivía a es-
tas alturas del proceso, las interpretaciones como “faltas” o errores que
cometía y que yo le recriminaba. Esta vivencia requirió, en este período,
reformular en conjunto y repensar el sentido de estas interpretaciones.
Comienzan a introducirse pensamiento, lenguaje, y una creciente dife-
renciación con su familia de origen. Cuando Winnicott se reere al es-
pacio transicional “es una zona que no es disputada …un estado inter-
medio entre la incapacidad y la capacidad creciente del pequeño para
reconocer y aceptar la realidad”. (Winnicott, 1958, p. 309.). El espacio
potencial es el espacio “entre el objeto subjetivo y el objeto percibido en
forma objetiva, entre las extensiones del yo y el no-yo.” (Winnicott, 1972,
p. 134).