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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 93 - 102
ISSN 2815-6994 (en linea)
A LA MANERA DEL PACIENTE:
REFLEXIONES BASADAS EN EL
PENSAMIENTO DE WINNICOTT.
Valeria Ortiz R
Psicóloga U. Diego Portales.
Diplomada en Psicoanálisis Clínico U. Andrés Bello.
Psicoanalista ICHPA.
Coautora libro
“Terremoto después del terremoto: trauma y resiliencia”.
Editorial Uqbar, Santiago, Chile, 2011.
Coautora artículo “Promoción de la calidad de vida.
Evaluación de impacto del programa
“Fortalecimiento para una vida saludable”.
International Journal of Psychological
Research. Vol 2. N 1. 2009.
Colaboradora Comité Editorial de Revista Gradiva.
E-mail: vortizr@manquehue.net . Santiago. Chile.
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Ortiz R. V. (2014) A LA MANERA DEL PACIENTE:
Reexiones basadas en el pensamiento de Winnicott.
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen
Se expone un proceso psicoanalítico, destacando la importancia que
tiene especialmente en el inicio de éste, la capacidad del analista
para ubicarse en el lugar de “preocupación maternal primaria”, pero
de manera consciente, otorgándole un carácter secundario. Se trata
de concebir la necesidad y estilo del paciente y utilizar la empatía
benévola para generar un estado de conanza básica en éste, sobre
el cual pueden aparecer las condiciones psíquicas para el desarrollo
del análisis.
Palabras clave: preocupación maternal primaria y secundaria – con-
anza básica- proceso psicoanalítico .
Uno de los planteamientos esenciales en la teoría winnicottiana es la im-
portancia fundamental que tiene la primera etapa del desarrollo emo-
cional del niño, en relación al cuidado de la madre. De ella depende no
sólo la salud emocional, sino que toda posibilidad de expresión en el
mundo del potencial heredado y la integración entre el verdadero y falso
self. Cuando un paciente acude por ayuda terapéutica podemos sospe-
char que algo de esos aspectos básicos de la personalidad no han sido
integrados, el predominio de defensas de diverso tipo han provocado
una exacerbación del falso self, con sus diferentes consecuencias. Así
como la madre se adapta al tiempo y las necesidades del bebé, así tam-
bién el analista debe estar atento a ello, antes de imponer la técnica in-
terpretativa transferencial. Una vez que el paciente establece la conan-
za, el clima relacional permite la aparición de elementos simbolizantes
que favorecen el desarrollo de las condiciones básicas para el análisis
(asociación libre, neurosis de transferencia, análisis de sueños, etc.).
A continuación intentaré exponer la importancia de la recuperación de
un estado similar a “la preocupación maternal primaria” en el espacio
terapéutico, ejemplicando a través de un caso. Como no se trata de
una madre con un infante, en la clínica analítica propongo hablar de una
experiencia de preocupación maternal secundaria (consciente), donde
el analista pone todos los recursos de disponibilidad afectiva sobre el
consultante. En los comienzos del análisis, se requieren ciertas condi-
ciones básicas para el establecimiento de una interacción de conanza y
aseguramiento, ello en el contexto de una dialéctica entre los aspectos
más básicos del paciente y los recursos más elaborados del analista.
Para el establecimiento de esa conanza, la detección de las necesida-
des del paciente, la identicación de su lenguaje, su modo, su estilo pro-
mueve la generación del espacio potencial que se requerirá para el lo-
gro del re-conocimiento y los procesos de simbolización fundamentales
para “hacer análisis”.
A LA MANERA DEL PACIENTE:
REFLEXIONES BASADAS EN EL
PENSAMIENTO DE WINNICOTT.
Valeria Ortiz R.1
1 Psicóloga U. Diego Portales.
Diplomada en Psicoanálisis Clínico
U. Andrés Bello. Psicoanalista ICHPA.
Coautora libro “Terremoto después
del terremoto: trauma y resiliencia”.
Editorial Uqbar, Santiago, Chile,
2011. Coautora artículo “Promoción
de la calidad de vida. Evaluación de
impacto
del programa “Fortalecimiento para
una vida saludable”. International
Journal of Psychological
Research. Vol 2. N 1. 2009.
Colaboradora Comité Editorial de
Revista Gradiva. E-mail: vortizr@
manquehue.net . Santiago. Chile.
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Así también, siguiendo la obra de Freud, que plantea que para que un
análisis se pueda realizar, debe combatir y sortear las resistencias del
paciente, entonces debemos generar las mejores condiciones para que
ello ocurra. No podemos olvidar que son precisamente las resistencias
con que se encuentra en la práctica clínica las que lo hacen cambiar su
teoría sobre los impulsos. Si la condición básica para que exista análisis
es que se despliegue la transferencia, debemos suponer que el paciente
tendría que ser capaz de establecer una relación de objeto con el ana-
lista. Sin embargo, las condiciones en que esto se pretende, muchas ve-
ces son adversas y contradictorias. No siempre el paciente llega con las
condiciones básicas logradas para establecer una relación de conanza
que le permita exponer sus falencias y dolores. Muchas teorizaciones
han surgido en los últimos años que presentan esta dicultad frente a
pacientes no neuróticos por ejemplo. De ahí han surgido también mu-
chas modicaciones técnicas, incluso nuevas corrientes teóricas, que se
enmarcan en el psicoanálisis, pero que tienen grandes diferencias con
los postulados originales freudianos.
Por lo tanto, se postula en este trabajo que para promover la transferen-
cia, el establecimiento de una relación de objeto, y la disminución de las
resistencias, es necesario por sobre todo aspecto técnico, un vínculo de
conanza. Este vínculo básico requiere de una serie de condiciones no
sólo del paciente sino y especialmente por parte del analista. Me reero
a aquellas especialmente importantes en los inicios del análisis en que
la relación comienza a establecerse. “En general las madres se identi-
can de un modo u otro con el bebé que crece dentro de ellas, y así llegan
a tener una sensación muy intensa de las necesidades de la criatura. Se
trata de una identicación proyectiva. Esta identicación dura un cierto
tiempo después del parto, y a continuación va perdiendo gradualmente
importancia.” (Winnicott, 1993, p. 69). A diferencia de la madre, el analis-
ta despliega en forma consciente lo que la madre hace intuitivamente.
No sólo debe atender y entender el motivo de consulta maniesto que el
consultante formula, sino que debe ser capaz de “leer” las necesidades
y otros motivos que se ponen en juego al establecer un vínculo con otro.
Una vez establecida la conanza, pueden aparecer los aspectos más ela-
borados que se requieren para el análisis de los aspectos inconscientes
del paciente, para el cambio y el desarrollo de un proceso analítico. En-
tonces el paciente es capaz de tomar la mente del analista y sintonizarla
con los aspectos que hagan eco en su self, es decir en el contexto de
una relación objetal. Las intrusiones del medio pueden ser toleradas, y
utilizadas para el desarrollo de los propios recursos.
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La identicación del analista con el paciente, que planteo aquí, se rela-
ciona o es un símil con el estado de “sensibilidad exaltada” que Winnicot
considera en las madres y que dene como “aquello que les permite
adaptarse delicada y sensiblemente a las necesidades del pequeño en
el comienzo.” (Winnicott, 1958, p. 400). Este símil se reere a una dispo-
sición psíquica y emocional más que una adaptación al paciente de sus
deseos, demandas o impulsos inconscientes. Hacer esa diferencia no
resulta fácil en la clínica, muchas veces podemos diferir o dudar, pero el
propio análisis y la supervisión pueden siempre contribuir a ir anando
las distinciones de ese tipo. Si lo anterior se cumple sutilmente, la hipó-
tesis de este trabajo plantea que no será advertido por el paciente como
una técnica de trabajo; pero si esto no está dentro de la capacidad del
analista, ya sea por su propia historia o por su trabajo de análisis per-
sonal, es probable que nunca aparezca lo que Winnicott llama el “gesto
espontáneo”. El paciente se sobre adapta a la situación terapéutica, pro-
bablemente como lo ha hecho toda su vida, llevándolo a éxitos relativos.
O puede ocurrir que se produzca una sobre reacción ante la realidad,
haciendo que sienta como ataques las intervenciones del analista, o que
lo lleve a un desarrollo sordo de defensas que exacerben las resisten-
cias.
Winnicott plantea que en el cuidado materno se ponen en juego una
serie de condiciones básicas para el normal desarrollo del infante, de su
potencial heredado y la sensación de continuidad del ser.
“Durante la fase de sostén se inician otros procesos; el más importante
es el alborear de la inteligencia y el comienzo de la mente como algo dis-
tinto de la psique. Allí se inicia la historia de los procesos secundarios y
del funcionamiento simbólico, así como de la organización del contenido
psíquico personal, que da la base del soñar y a las relaciones de vida.”
(Winnicott, 1993, p. 58).
De lo contrario, como plantea Winnicott, en un maternaje inadecuado,
el aislamiento del self verdadero (necesario en esta etapa y para que
haya proceso analítico) no es posible, y se desarrollan tempranas de-
fensas que intentan prevenir las intrusiones del medio. En el análisis,
un mal “maternaje” inicial, (por ejemplo, interpretaciones teóricas o a
destiempo) es sentido como intrusiones del ambiente, las cuales llevan
a tempranas defensas, descritas en la literatura clínica como adoctri-
namientos, falsas curas, entre otras. En casos más extremos es posible
que aparezcan angustias (de aniquilamiento) imposibles de tramitar en
la relación, que quedan no dichas pero registradas y que luego pueden
constituirse como importantes fuentes de impasses.
A continuación expondré un caso de proceso analítico nalizado. Lo he
dividido, expost, y para efectos de la elaboración teórica, en tres perío-
dos: I) sostén, II) uso del espacio potencial transicional, y III) logro
de autotomía del ser y los objetos.
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I) Claudia tiene 23 años cuando llega a su primera entrevista. Su motivo
explícito de consulta dice ser un problema vocacional. No le gusta ni
la carrera (está en una carrera matemática y ella es literata), ni la Uni-
versidad en que estudia. Está en la universidad más conservadora de
Santiago, y ella es totalmente lo opuesto a esa cultura, ni siquiera es
religiosa. Su padre la inscribió obligada, postuló por ella, a través del
cupo extranjero. Ella se encontraba viviendo fuera de Chile, cursando
un año de universidad en plan común. Los padres ya se habían insta-
lado denitivamente en Chile, después de haber vivido todos los años
de Claudia fuera de Chile. Dice llevarse mal con sus padres, no les tiene
conanza, no habla con ellos de nada verdadero. Su madre “quiere que
sea otra persona” (que se vista distinto, se comporte diferente y piense
de otra manera). En Chile Claudia (C.) tiene sólo una amiga. Y reciente-
mente estableció una relación de pareja. Una vez ya en análisis, aparece
tímidamente un contenido distinto, una relación violenta con un novio
de la adolescencia que dura un par de años y que culmina con una vio-
lación en un sitio eriazo donde queda abandonada y golpeada. Luego de
esa escena traumática aparece en su relato otro trauma: un par de años
antes, su mejor amigo había muerto en un accidente de autos.
Su relato acerca de la violación aparece entrecortado, no se entiende,
no parece tener un hilo conductor, sino más bien frases entrecortadas,
como ashes de recuerdos. No había hablado el tema con nadie, lo
bloqueó (según sus propias palabras) y ahí había quedado hasta que
comenzó su nueva relación de pareja. Los ashes back de la violación
no le permiten concentrarse en los estudios, tiene insomnio y angustia
otante. No puede dejar que su novio la toque aunque se siente muy
acompañada y querida por él. En la relación con la analista pide perdón
cada vez que habla, o cuando se atrasa mínimamente. Parece temerosa
de hablar, de lo que yo puedo pensar de ella. El recuerdo la deja en un
estado extraño de confusión. A veces intenta llorar, sin embargo, sólo
sale un ruido raro de su boca. Muchas veces se coloca en posición fetal
sobre el sillón, y queda haciendo esos ruidos. “Llevo demasiado tiem-
po tratando de actuar que estoy bien”. “Tengo ganas de escapar, partir
de cero, como cuando nos cambiábamos de país”… En esta etapa C. va
completando cuadros del momento traumático y la relación con el ex
novio. Paralelamente habla de su relación con la madre, con quien no
puede comunicarse, es un vínculo de falsedad, celos y envidia de parte
de la madre, emociones que C. no puede entender y que la sorprenden
o más bien la invaden constantemente. Siempre parece como si fueran
la primera vez. La violencia con el ex novio aparece como un continuo
de violencia de la madre hacia ella. Con su padre dice (en este momento
del análisis) que es más fácil porque no chocan, aunque tampoco hay un
vínculo honesto.
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Así, se constituye una primera etapa del trabajo analítico: de “sostén”.
En esta etapa, las condiciones del trabajo eran anteriores a cualquier
interpretación, no había mente para ello. La paciente estaba encapsu-
lada en relaciones y experiencias traumáticas. Y en un falso self que se
evidenciaba en una tremenda falta de espontaneidad, un temor a ser.
El trabajo de la analista se centra en la escucha y el intento de ordenar
sus recuerdos. Aún cuando no entiendo bien los contenidos del relato,
ni porqué el nivel de traumatización, intuitivamente, en varias ocasio-
nes, me acerco a abrazarla, y permanecer así en silencio. Éste fue un
trato sólo dedicado a ella, no existía en el vínculo con mis pacientes, un
trato similar. A veces se quedaba más allá de su hora, se levantaba para
irse, pero no se iba, se quedaba ahí parada, como esperando algo. A
veces coincidía que no tenia nadie después y yo podía acompañarla en
silencio, otras veces la acompañaba (o llevaba) al baño a lavarse la cara,
para que pudiera reponerse porque había alguien más esperando.
Se trataba de recuperar en ella un estado básico de equilibrio, después
de años de sentir el mundo de suma “intrusión”. Se requería una neutra-
lidad benevolente, puesta al servicio de ella, que sostuviera sus angus-
tias y miedos, así como sus recuerdos aterradores. Su necesidad era ser
contenida, escuchada, sin juicio, crítica o manipulación. Esta etapa duró
aproximadamente 4 meses, dos veces por semana sin interrupción.
Este periodo de sostén, en el proceso analítico de C. posibilitó un poste-
rior periodo de mayor simbolización, de utilización del espacio potencial
como lugar de experimentación de sentimientos, ambivalencias, mie-
dos, y aparición del verdadero trauma.
II) En la fase siguiente, C. comienza a escribir poemas y ensayos los cua-
les me comparte vía e-mail. También me escribe en otros momentos
de gran angustia o impotencia con sus padres. Empiezo a introducir in-
terpretaciones generales, no transferenciales, que permiten entender
y mirar las relaciones con un cierto hilo común. Ella misma se va sor-
prendiendo de lo que escribe y de las emociones “raras” que vivencia.
Aparece la rabia contra el ex novio. También aparece otro tipo de ver-
balizaciones como…“es que no quiero que me peguen”… Frente a mis in-
terpretaciones me pedía perdón, lo que me hacía pensar que vivía a es-
tas alturas del proceso, las interpretaciones como “faltas” o errores que
cometía y que yo le recriminaba. Esta vivencia requirió, en este período,
reformular en conjunto y repensar el sentido de estas interpretaciones.
Comienzan a introducirse pensamiento, lenguaje, y una creciente dife-
renciación con su familia de origen. Cuando Winnicott se reere al es-
pacio transicional “es una zona que no es disputada …un estado inter-
medio entre la incapacidad y la capacidad creciente del pequeño para
reconocer y aceptar la realidad”. (Winnicott, 1958, p. 309.). El espacio
potencial es el espacio “entre el objeto subjetivo y el objeto percibido en
forma objetiva, entre las extensiones del yo y el no-yo.” (Winnicott, 1972,
p. 134).
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El espacio potencial se favorece sobre la base de una relación de con-
anza. En la paciente, lidiar con la realidad de sus padres le había sido
imposible hasta el momento en que pudo sentirse segura de “poseer”
un espacio (el análisis) de calma, de no interferencia ni agresión de su
mundo interno. En esta etapa es fundamental, el no hacer la pregunta
“concebiste esto o se fue presentado desde fuera?” (Winnicott 1972, p.
30). La realidad interna de la paciente fue tratada como su objeto tran-
sicional. Su creatividad, puesta en sus escritos fue respetada y cuidada.
La acumulación de recuerdos de cuidado, su introyección y el desa-
rrollo de la conanza en el ambiente setting posibilitan poco a poco la
independencia emocional de la paciente así como la comprensión in-
telectual. Estos aspectos fueron reforzando en C. la idea de misma,
reparando su experiencia traumática y posibilitando la integración de
un mismo central. “Puede decirse que el self central es el potencial
heredado que experimenta una continuidad del ser y adquiere a su pro-
pio modo y a su propia velocidad una realidad psíquica y un esquema
corporal personales.” (Winnicott, 1993, p. 59). La conanza en el medio
que le proveía el análisis posibilitó el surgimiento de los primeros sím-
bolos de la separación (de la madre) y al mismo tiempo de la relación
con su analista, y el reforzamiento de su relación de pareja a través de
la liberación de ciertas áreas de conicto. Durante el año que dura esta
etapa, se trabajó la ambivalencia de la relación con la madre, el maltrato
y los golpes (sin razón aparente). La vivencia de C. acerca de su madre
es de una impredictibilidad constante, un lenguaje pre- psicótico violen-
to y de no reconocimiento del “otro”. Todas características propias de
una relación con una madre intrusiva. El lugar del análisis se constituye
en una experiencia completamente opuesta a la intrusión: la analista es
una persona predecible y conable, no atacante, que es capaz de seguir
atenta los tiempos que necesita para ser y hacer. La paciente ha experi-
mentado el despliegue de su self sin recibir retaliación. En esa etapa ya
no hay posición fetal, ni súplicas de perdón ansiosas y sin razón, aparece
un lenguaje más directo aunque a veces titubeante, mejora su vocabu-
lario en español incluso.
C. se debate entre “salir al mundo”, como dice, o quedarse encerrada en
la casa del “terror” en que vive su familia. Tiene miedo a comprobar que
su madre tenga razón…”que soy una inútil…que me doy aires de supe-
rioridad, pero que no soy nada sin ellos”1.
1 La paciente reere en múltiples ocasiones
su miedo a ser una perdedora. Los padres
se ríen de ella. Una vez una profesora
les mostró un escrito de C. y ellos le
preguntaron a quién se lo había copiado.
Nunca le creyeron. Por otra parte, era
deportista destacada, los padres nunca
fueron a verla competir.
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III) En esta fase, C. aanza una actitud nueva relacionada con “salir crea-
tivamente al mundo”. Se cambia a una universidad de su gusto, toma
todos los electivos que tengan relación con la literatura, los debates, la
escritura (esto ya había comenzado en la etapa anterior); y sigue pro-
duciendo poemas, ensayos y cuentos cada vez más imaginativos. Se
pone a trabajar part time y participa en grupos de acción social de la
universidad. Recupera algo así como lo que Winnicott (1972) llama la
creatividad propia del que está vivo, inserto en la sociedad, recupera un
sentido de vida.
Esta etapa también está marcada por el cambio de objeto del análisis.
Aparece el conicto con el padre que había sido acallado durante mucho
tiempo, toda su vida…y que sólo en este momento es posible que apa-
rezca como contenido en el análisis.
“En un análisis se producen cambios cuando los factores traumáticos
entran en el material psicoanalítico a la manera del paciente, y en el
seno de la omnipotencia del paciente. Las interpretaciones que produ-
cen cambio son las que pueden realizarse en términos de proyección”.
(Winnicott, 1993, p. 47-48).
Su padre es un golpeador. Solía golpear a todos los miembros de la fa-
milia, pero en la actualidad sólo lo hace con ella y su madre. De a poco,
se empieza a congurar la escena traumática completa. Un padre gol-
peador, especialmente en momentos de consumo de alcohol y cocaína,
cosa que hace abiertamente delante de la familia, incitando incluso a
los hijos y la madre al consumo. La familia no hace nada. Finalmente
la paciente puede hablar de los recuerdos traumáticos relacionados a
violaciones reiteradas del padre, durante su pubertad. Una vez más,
debemos lidiar con sus sentimientos ambivalentes, de rabia y culpa, y
sobre todo de miedo. Sin embargo, esta fase es vivida desde los logros
de las dos fases anteriores. El padre suspende el pago del análisis. La
madre me manda un mail de amenazas directas a mi persona para que
“deje tranquila a su hija”. Sin embargo, y a pesar de la violencia, la ana-
lista es capaz de permanecer intacta para ella. Sobrevivo a los ataques
directos de los padres, y los indirectos de C. Nada cambia en nuestra
relación, excepto que no puedo ser cómplice del maltrato y se lo hago
saber. Ella se alivia, adquiriendo mayor conanza para oponerse al mal-
trato y enfrentar al padre, a pesar que la madre niega los hechos (tanto
del maltrato como de las violaciones).
Winnicott considera que lo realmente traumático no es la falta sino el
no reconocimiento de ella. Lo diferente y sanador para la paciente es
que ahora tiene alguien que empatiza con el trauma, lo escucha y lo
denuncia.
Si la madre desaparece, pero regresa en un tiempo determinado (x + y)
no genera trauma.
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“Pero en x+y+z queda traumatizado. En x+y+z el regreso de la madre no
corrige su estado de alteración. El trauma implica que ha experimentado
una ruptura en la continuidad de la vida, de modo que las defensas pri-
mitivas se organizan para defenderlo contra la repetición de una ansie-
dad impensable o contra un retorno de un estado de confusión aguda
que pertenece a la desintegración de la naciente estructura del yo….los
bebés son constantemente curados de los efectos del grado x+y+z de
privación por los mimos localizados de la madre, que enmiendan la es-
tructura del yo.” (Winnicott, 1972, p. 112-113).
Todo este proceso de desarrollo emocional, cuando es adecuado permi-
te el logro de la constancia del objeto. Permite el aceptar los elementos
de la realidad y genera en el infante la creciente capacidad para tolerar
la frustración.
En esta etapa realizo interpretaciones transferenciales asociadas a sus
miedos y angustias de dependencia. También al miedo y desconanza
que la hacen alejarse de los otros, sin embargo su necesidad de amar y
crear la mantienen en el análisis y en su relación de pareja.
La paciente logra independizarse emocional y físicamente de
su familia. Se va a vivir con su novio. Se opone a seguir siendo maltra-
tada. Hace uso de las defensas que le provee la sociedad y demanda
legalmente a su padre por violencia intrafamiliar (luego que éste deja
a su madre con un TEC cerrado). En el tiempo de vacaciones de verano
emprende un viaje fuera de Chile, a la casa de su hermano mayor (ca-
sado con hijos), que fue el único que reconoció el maltrato y la apoyó,
al menos emocionalmente, desde la distancia. Allá consigue un trabajo
temporal y vuelve con una experiencia nueva de reencuentro con este
hermano del que se había separado tempranamente.
“Una vez que estas cosas han quedado establecidas, como ocurre en la
salud, el niño puede gradualmente enfrentar el mundo y sus comple-
jidades, pues en él ve cada vez más lo que está presente en su propio
self. Se identica con la sociedad en círculos crecientes de la vida social,
pues la sociedad local es una muestra del mundo personal del self, tanto
como una muestra de los fenómenos verdaderamente externos”. (Win-
nicott, 1993, p.119).
Unos meses después de su vuelta del viaje, la paciente siente que ya no
es necesario seguir en análisis. Tiene razones concretas como los costos,
pero por sobretodo es una necesidad de independencia y vuelo propio.
Así lo entiendo yo, acorde con los planteamientos de Winnicott. La apo-
yo en su decisión por lo que implica para ella más allá si yo considerase
que debía o no seguir analizándose. Podía considerar más bien que ha-
bía habido proceso.
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Por lo tanto, en este trabajo, la neutralidad es entendida desde la pers-
pectiva de poner entre paréntesis los propios deseos y necesidades,
pero no como una ausencia de expresión de los propios aspectos de la
personalidad. Al contrario, se requieren, para promover en el inicio una
relación de conanza básica, sin la cual me parece imposible realizar un
análisis de los aspectos más profundos del paciente. En los términos
de Winnicott, esta identicación no elimina los recursos de la madre, al
contrario, apela a los propios recursos y la propia experiencia de haber
sido maternado, junto con la capacidad de centrarse en ese hijo (pa-
ciente) en particular y su potencial de desarrollo. Estos aspectos radican
especialmente en la persona particular del analista, los cuales en vez de
eliminarlos, serían deseables de potenciar a través del propio análisis y
la identicación teórica de ellos.
Bibliografía
Winnicott, D. W., 1958 (1951), “Objetos y fenómenos transicionales. Estudio de la primera
posesión no yo”. En Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Barcelona: Editorial Paidos.
Winnicott, D. W., 1958 (1956), “Preocupación maternal primaria”, En Escritos de Pediatría y
Psicoanálisis. Barcelona: Editorial Paidos.
Winnicott, D. W., 1972 (1953), “Objetos transicionales y fenómenos transicionales”, en Realidad
y Juego. Barcelona: Editorial Gedisa.
Winnicott, D. W., 1972 (1967) “La ubicación de la experiencia cultural”, en Realidad y Juego.
Barcelona: Editorial Gedisa.
Winnicott, D. W., 1993 (1960), “La teoría de la relación entre progenitores-infante”, en Los
procesos de la maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires: Editorial Paidos.
Winnicott, D. W., 1993 (1963), “De la dependencia a la independencia en el desarrollo del
individuo”, en Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires: Editorial
Paidos.