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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 103 - 112
ISSN 2815-6994 (en linea)
DEVENIR EN MUJER
EL ENIGMA DE LA INTIMIDAD
Sara Oxenstein Blanc
Licenciada en Psicología Clínica
de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón.
Formada como terapeuta psicoanalítica en el Centro
de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima.
Asistente de cátedra del curso de Psicopatología en dicho Centro.
Miembro de la Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica.
Miembro del equipo de Psi Orientación Psicológica para niños y
adolescentes y orientación a padres y colegios.
Miembro del equipo de investigación neurocientíca
“Cerebro Emprendedor”.
Consulta privada con jóvenes y adultos.
saraoxenstein@gmail.com . Lima, Perú.
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Oxenstein Blanc S. (2014) DEVENIR EN MUJER El enigma de la intimidad
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen
Este trabajo plantea que si bien es cierto SER MUJER es inherente al
Ser Humano hembra, SABERSE MUJER es complicado y no se origina
con el nacimiento ni se aprende durante el desarrollo. Deriva de una
multiplicidad de componentes psíquicos integrados desde lo biológi-
co hasta lo social.
DEVENIR EN MUJER es una reexión psicoanalítica acerca de la “m
u j e i d a d”, neologismo que alude al atributo más intrínseco de
lo femenino. Trae a la luz una mixtura de elementos organizados
de tal manera en que la mujer logre darse cuenta de aquello que la
conforma como tal. Esto sucedería independientemente del cuerpo
como destino así como de las etapas de desarrollo libidinal. Exploro
la relación del erotismo con el cuerpo, el afecto, la representación
y el lenguaje desde la concepción y el nacimiento en adelante para
liberar ese saberse mujer en contrapunto al discurso de la naturaleza
femenina en donde se delinea a la mujer como una imagen frágil,
dependiente, sexualmente pasiva, predestinada primordialmente a
la maternidad. Intento cuestionar algunos refugios femeninos y su
despliegue psíquico en el proceso psicoanalítico.
Palabras clave: mujer, erotismo, deseo, pulsión de destino, transfe-
rencia.
Devenir en mujer es una frase que con frecuencia ha visitado mi pensa-
miento porque si bien es cierto que el SER MUJER es tan inherente al Ser
Humano hembra, sin embargo SABERSE MUJER no ocurre de la noche a
la mañana, toma tiempo, es complicado, es un proceso de difícil tránsito
porque no necesariamente se presenta con el nacimiento ni tampoco se
aprende con el desarrollo a lo largo de las diferentes etapas de la vida.
Este trabajo es una reexión psicoanalítica acerca de la “m u j e i d a d”,
neologismo que alude al atributo más intrínseco de lo femenino. Se trata
de traer a la luz una mixtura de factores que se organiza para que la mujer
logre darse cuenta de aquello que la conforma como tal. Esto sucedería
independientemente del cuerpo como destino así como de las etapas de
desarrollo libidinal. Es una propuesta en la que exploro qué papel juega el
erotismo y cómo se entrelaza con el cuerpo, el afecto, la representación y
el lenguaje desde la concepción y el nacimiento en adelante para liberar
ese saberse mujer en contrapunto al discurso de la naturaleza femenina
en donde se delinea a la mujer como una imagen frágil, emotiva, depen-
diente, sexualmente pasiva y predestinada primordialmente a la materni-
dad. El enigma de la intimidad y el acontecer de este devenir es una varia-
ble única y privada en cada mujer en donde se inscribe su propia verdad y
en donde sus respuestas se van renovando en los juegos identicatorios
de ese cuerpo erógeno que registra las pulsiones representantes de con-
tenidos inconscientes.
DEVENIR EN MUJER
EL ENIGMA DE LA INTIMIDAD
Sara Oxenstein Blanc1
1 Licenciada en Psicología Clínica
de la Universidad Femenina del
Sagrado Corazón. Formada como
terapeuta psicoanalítica en el Centro
de Psicoterapia Psicoanalítica de
Lima. Asistente de cátedra del
curso de Psicopatología en dicho
Centro. Miembro de la Asociación de
Psicoterapia Psicoanalítica. Miembro
del equipo de Psi Orientación
Psicológica para niños y adolescentes
y orientación a padres y colegios.
Miembro del equipo de investigación
neurocientíca “Cerebro
Emprendedor”. Consulta privada con
jóvenes y adultos. saraoxenstein@
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Freud fue sin duda subversivo para su época, el psicoanálisis sigue siéndo-
lo y probablemente entrar al enigma de la intimidad también sea osado y
subversivo, cargado de sensualidad y misterio. Freud siempre se pregun-
qué quiere una mujer, pregunta que sigue vigente hasta el día de hoy
pero no sólo entre los varones sino también entre nosotras las mujeres.
Es ahí en donde emergen los cuerpos femeninos que desde siempre han
necesitado hablar acerca de lo que ocurre en sus pliegues más íntimos. Es
mi intención subir en una misma nave a la mujer y sus deseos pero tam-
bién a esa intersubjetividad creadora en donde se juega el movimiento
fundante que se encuentra enhebrado por las primeras guras signicati-
vas, la cultura, los afectos, el lenguaje y sus representaciones y las marcas
psicobiológicas.
Es un ensayo que navega por los lugares que me han acompañado duran-
te mis indagaciones bibliográcas pero también en la vida y en mis pro-
pias reexiones comprendiendo que nombrar signica SER pero también
DESEAR y EXISTIR. Existir desde ese comienzo originario con un sentimiento
de sí como el propuesto por Winnicott y al que Silvia Bleichmar (1993)
hace referencia en su libro “La fundación de lo Inconsciente. Destinos de
Pulsión, destinos del sujeto” concepto sobre lo que sucede desde que la
madre a modo de demiurgo insua amor en el aliento del bebé para que
el cachorro humano se humanice con conciencia de sí y con posibilidad
de miticarse a si mismo para devenir en persona ya que ser nombrado y
“ser pensado por el otro es condición de la vida en su persistencia”. (p. 12)
Monique Bydlowski (2007) en su libro titulado “La Deuda de Vida. Itinera-
rio Psicoanalítico de la maternidad” sostiene que “dar la vida tiene lugar
en un doble registro producto de la repetición del inconsciente de sus
padres, el recién nacido es portador de antemano de los avatares de sus
destinos. Simultáneamente su nacimiento instaura la emergencia de una
nueva organización.” (p. 81).
Así pues la transmisión de vida incluye la acción incontrolada del incons-
ciente de los futuros padres. Es desde este momento que comienza a ins-
cribirse el guión de cada individuo y que continuará documentándose a
lo largo de la vida, en algunos casos lamentablemente será dibujado con
una rúbrica ajena pero en otros felizmente la propia mujer se apoderará
de SU pluma para escribir SU propio libreto, desarrollar su historización lo
más legítima posible. Existe una luz de esperanza para ese darse cuenta,
esa toma de consciencia, agarrar las riendas y cambiar los planes gra-
cias a encuentros que se suscitan a lo largo del camino de la vida fuera
del encuadre vital en circunstancias inesperadas, lo cual consigue aorar
sentimientos y vivencias que estaban ocultas y silentes pero que poseían
potencial y estaban a la espera de ser liberadas por alguna situación o por
alguna persona. Desde ahí que la posibilidad de transformarse y devenir
en mujer se hace viable.
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En febrero del 2013 vi en un video a la psicoterapeuta belga Esther Perel
dar una conferencia y hablar sobre el misterioso mundo de las mujeres.
En el portal de internet TED (Technology Enterteinment Design) “The Se-
cret to desire in a long-term relationship” NY (2013). Su propuesta me
motivó por un lado a indagar y por otro lado a escribir y así casi sin pro-
ponérmelo para ese momento ya me encontraba inundada de deseo y
diversa bibliografía escribiendo las primeras líneas de este trabajo que
todavía continúa en ruta.
Esther Perel en su libro “Mating in Captivity. Unlocking erotic intelligence”
(2007) va narrando las necesidades femeninas y dice entre otras cosas
que las mujeres necesitamos seguridad y permanencia, todo aquello
que tiene que ver con los instintos de anidamiento tal como conabi-
lidad, estabilidad, tranquilidad, continuidad pero también necesitamos
la novedad y el cambio que le da a la vida la sensación de plenitud y de
sentirnos vibrantes. Entonces buscamos por un lado seguridad y predic-
tibilidad pero por otro también la sensación de riesgo, misterio y aven-
tura para prosperar en la diversidad.
Estuve pensando en lo importante que es darle voz al misterio, vida al
enigma y perder el temor a verbalizar lo que aún permanece oculto pero
que pugna por salir, aquello que se insinúa pero no se muestra y que es
tan de nosotras las mujeres.
Sigmund Freud en sus escritos sobre La Sexualidad Femenina (1895-
1905) carece de términos apropiados para denir los aconteceres sen-
suales femeninos y la cuota de misterio que es inherente a la femineidad
y arma que se requiere una cierta dosis de inexplicabilidad y de igno-
rancia. Desde aquella época la mujer se encuentra ubicada en la caren-
cia, en la condición de insuciencia, la falta, la pasividad, la castración fe-
menina y la envidia del pene dentro del marco de un mundo patriarcal,
falocéntrico y machista como caldo de cultivo en el que Freud intentó
concebir estos conceptos. Ha transcurrido más de un siglo y hoy en día
la intersubjetividad entre hombres y mujeres permite que los conceptos
y las ideas se vayan transformando, hoy en día se da un lugar desde
donde el hombre también participa en este mundo íntimo de la mujer
partiendo de la evidencia de que todos los seres humanos poseen en su
psiquismo aspectos femeninos y aspectos masculinos que son ejes fun-
damentales del funcionamiento mental. Mariam Alizade (1992) detalla
que la magia aora cuando una mujer femenina con buen manejo de
su parte masculina se alía a un hombre masculino que acepta de buen
agrado su parte femenina.
Freud recién a sus 75 años publicó un segundo texto célebre y criticado
“La feminidad” en donde plantea “A la peculiaridad del psicoanálisis co-
rresponde entonces no tratar de describir lo que es la mujer”… “la psico-
logía no sabe resolver el enigma de la feminidad”…(Freud, 1933 p.3166).
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S. Freud (1931) alude que es más difícil y complicado el desarrollo en la
niña porque supone dos tareas adicionales para las cuales el desarrollo
del hombre no presenta paralelos. Las dicultades que desafían la psi-
cosexualidad de la niña se debe a que primero necesita conciliarse con
su conguración anatómica porque al tener los órganos genitales hacia
adentro requiere de toda una simbolización para que puedan ser pensa-
dos y representados pues no están visibles hacia el exterior del cuerpo
como sucede con los órganos genitales masculinos. Asimismo existe
la necesidad de realizar un cambio en la zona genital femenina, es decir,
del clítoris a la vagina. En segundo término se debe efectuar un cambio
de objeto de amor al renunciar a su jación materna en benecio del
padre y más adelante pasar a su objeto de amor adulto.
Frente a esto, Doris Berenstein (1990), en su artículo “Ansiedades geni-
tales femeninas, conictos y formas típicas de dominio” incorpora tres
ansiedades especícas de la niña:
La primera tiene que ver con lo que acabo de mencionar acerca de no
poder ver sus genitales si no se lo propone pues como son cóncavos
y no tiene fácil acceso para tocarlos tendrá dicultad a la hora de re-
presentárselos y de denir las sensaciones eróticas asociadas. Además
comprobamos la falta de información que incluye la ausencia de de-
nominación adecuada sabemos que en el mundo femenino infantil y
adulto se aprende a decir “la cosita”, “la partecita”, “la mocita” aunque
en la actualidad eso está cambiando Asimismo está la prohibición del
tocarse o de la fantasía. Si no puede ver, ni tocar, ni nombrar entonces ¿
cómo se construye la representación sobre el propio cuerpo?
La segunda se reere a las sensaciones difusas tanto del clítoris, de la
vagina como de la pelvis, la zona uretral y la anal. Se trata de una repre-
sentación mental vaga no muy denida aunque la niña sepa que tiene
“algo ahí” y ese algo que es placentero podrá posteriormente bajo condi-
ciones óptimas ser catectizado y altamente valorado. Pero mientras tanto
toda esa zona conjunta se confunde y es concebida como una zona con
función excretora, productora de orina, de sangre relacionándose con la
zona anal ya que todos ellos son órganos por donde salen sustancias de
desecho del organismo. ¿Qué sucede? Sucede que aparece la vivencia de
asco, pudor, vergüenza y culpa con intensas y durables repercusiones psí-
quicas.
Y la tercera de las ansiedades se produce con respecto a la penetración
por la manera en que está constituido el acceso: el hecho de ser una aber-
tura sobre la que no se tiene control y existe un desconocimiento de cues-
tiones como la lubricación, la elasticidad y la función de las contracciones
durante el orgasmo, el parto, generaría un intenso temor sobre aquello
que pudiera introducirse o salir de sus oricios. Es decir que las ansieda-
des están asociadas al daño potencial sobre su propio cuerpo.
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Todas estas representaciones corporales inconscientes en la niña arri-
ban desde la manera en que su madre la invistió en términos libidinales
y narcisistas, sin embargo y a la vez también, se encuentra encadena-
do a partir de las repercusiones inconscientes de las representaciones
de esta madre con sus propias ansiedades, traumas, dicultades, felici-
dades o tristezas y desde sus funciones inconscientes corporales y se-
xuales. Es el límite de lo intrapsíquico con lo intersubjetivo en donde
antiguas reminiscencias y fantasías olvidadas aoran con fuerza a la me-
moria sin que la censura intervenga. Es un movimiento primigenio de
seducción y de erotización primaria cargado de melodías únicas que ins-
tauran las primeras huellas para la trama psíquica y las mociones libidi-
nales, el erotismo y la energía de lo que en un futuro será la adquisición
de la tan anhelada “MUJEIDAD”.
El padre tiene una vital importancia con su presencia y su función en el
pasaje hacia la resolución edípica, su intervención, su mirada, su presen-
cia en conjunto con la sociedad entrará a formar parte de esta danza
originaria de la niña a mujer, sin embargo es interesante resaltar que el
esposo fantaseado que lleva en su psique la mujer, madre de esta niña,
también se transmitirá en este tejido que será el ropaje de mujer que
la niña adquiera en su adultez. Vemos pues que existe una complicada
estructuración precoz de la psique infantil y que depende en gran parte
de los miedos y deseos de los padres así como de todas las expectativas
que han proyectado sobre el bebé aún antes de que nazca de tal manera
que es claro declarar que los conictos y juicios de valor que los padres
impregnan en la psique del infante sobre su identidad biológica, sexual,
psicosocial, será potente, muy poderosa y tremendamente ecaz.
Felizmente los recursos innatos de la criatura también actúan de una
manera determinante y ofrece lo que determinará la libertad de elec-
ción, la libertad de pensamiento y sentimientos, el libre albedrío. Chris-
topher Bollas en su libro “Fuerzas de Destino” (1989) propone que la
fatalidad por un lado es algo ineluctable en donde el individuo no tiene
ninguna inuencia y no somos responsables de los golpes de suerte ni
de las cargas que nos han impuesto los objetos signicativos de nuestra
infancia pero por otra parte somos los únicos responsables de nuestros
objetos internos y del manejo de nuestro mundo interior provisto de su
poderosa pulsión de destino que empuja al sujeto a utilizar sus objetos
como medios para articular y ser entonces su verdadero sí-mismo. Se
considera a la pulsión de destino un elemento que contribuye a la es-
tructuración del carácter y en tanto que tal, será utilizado para enfrentar
los acontecimientos que se desprendan de la fatalidad que depende en
gran medida de pronunciados verbales en donde la madre es una de las
primeras en estructurar ese yo precario. “Afecto, sentido, cultura, están
copresentes y son responsables del gusto de estas primeras moléculas
de leche que toma el infans” maniesta Piera Aulagnier en su libro “La
Violencia de la Interpretación: del pictograma al enunciado” (1977 p.38)
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El camino que la niña recorre desde la infancia hasta la edad adulta en su
aspiración de “MUJEIDAD” es tortuoso y está lleno de trampas, se disfru-
ta de alguna manera pero hay mucho desconocimiento, inexperiencia,
negligencias y distracciones que impiden un paso uido y no siempre se
llega a la meta triunfante. Se presentan obstáculos que atravesar, sor-
presas, sobresaltos, confusiones, alegrías y tristezas, amores y desamo-
res, odio y hostilidad cada uno por separado y también todos juntos a la
vez. Estamos hablando de los cambios psíquicos y corporales en donde
el cuerpo adquiere su rasgo distintivo, su huella de mujer. La sexualidad
es una experiencia sensorial en la que interviene todo el cuerpo, esta
sabiduría corporal le indica a cada mujer lo que le conviene….cuerpo y
mente que se atraviesan y a la vez exploran la menarquia, la menstrua-
ción, la desoración, el embarazo, el parto, el puerperio, la lactancia, la
menopausia y sin dejar de lado el útero, los ovarios, los pechos, el clíto-
ris, la vagina. Un verdadero acertijo para la exploración del enigma en
la intimidad de lo femenino, exploración que también se desplaza por
esos lugares misteriosos suspendidos del ensueño, de lo intangible, de
la seducción y sus placeres. Octavio Paz en su libro “La Llama Doble”
coloca al deseo como si fuera un personaje invisible pero que siempre
se mantiene activo en el erotismo. Arma que el “el agente que mueve
lo mismo al acto erótico que al poético es la imaginación.”(1993, p.10)
El erotismo como ingrediente que mieliniza la pulsión será determinan-
te. No me reero al erotismo de los tacones altos, la ropa interior de
encaje o los perfumes - eso viene después - me reero a un movimiento
sutil y misterioso que no se sitúa en objetos parciales sino que más bien
se encarga de una ligazón en que cuerpo y mente se encuentran y se ha-
cen cómplices para empoderarse de la MUJEIDAD en donde la piel junto
a lo olfativo, lo auditivo y la mirada unidos al deseo se entrecruzan en di-
ferentes niveles para dar paso a este invitado especial llamado E ros. Es
un descubrimiento producto de una trayectoria nutrida por la conexión
de las zonas erógenas para poder saborear la fruta; esa fruta totalmente
permitida, sin culpa, aquella que toda mujer merece y que se traduce en
sentirse bien bajo la piel sabiendo lo que recorre por dentro, levantando
represiones como el infans-madre sin terrores persecutorios en donde
es el otro en esos tiempos primeros quien a través de su deseo encarna
a la criatura y se constituye en el yo ideal. De ahí en adelante la marcha
sigue su curso a la espera de una evolución sin fallas demasiado severas.
El despertar del cuerpo en la psique y de la psique en el cuerpo es una
adquisición de la tan ansiada libertad, es un advenimiento casi como
una epifanía. El cuerpo descubierto en su totalidad con todas sus otras
zonas erógenas como instrumento introspectivo y del conocimiento de
sí mismo es indispensable para integrar lo que se hallaba escindido. La
piel como órgano representativo de lo erógeno y la ternura como afecto
que se inserta armoniosamente con el erotismo completan el escenario
de la MUJEIDAD que se comienza a articular para dar paso al disfrute
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femenino, al goce con la vida y dejar atrás aquello que expresa James J.
Lynch en su libro “The Language of the Heart. The Body’s Response to
Human Dialogue” (1985):“Vivir la vida en un cuerpo que no se siente es la
más solitaria de las soledades” mencionado por Joyce McDougall en su
libro “Las Mil y Una Caras de Eros” (1998 p.177)
Estamos frente a un universo íntimo, callado que necesita ser observado
y enunciado no solamente en el lenguaje de la mujer sino en el lenguaje
con un otro que ayude a representar lo irrepresentable. Se trata de una
labor delicada en el quehacer psicoterapéutico y psicoanalítico con pa-
cientes que sufren y en quienes se observa el deseo de salir de ese vacío
que adquiere el peso de “la más solitaria de las soledades”.
Thomas H. Ogden en su libro “Subjects of Analysis” (1994) sostiene que
para los pacientes es muy tranquilizador el poder de los símbolos ver-
bales para contener y organizar sus pensamientos, afectos y las sensa-
ciones desconocidas de la no-palabra que recorre sus cuerpos. Y esto es
factible ya que los símbolos ayudan a crearnos como sujetos. Nos en-
contramos frente al lenguaje y a lo que signica nombrar. El cuerpo de
la niña está dotado de memoria, la verbalización de la vivencia corporal
y la corporeidad del lenguaje da lugar a un nuevo ensamblaje psíquico.
Stefano Bolognini ha relacionado el proceso terapéutico con la metáfora
del BESO en un trabajo inédito llamado “Psicosexualidad de las Muco-
sas: Intercorpóreo e Interpsíquico”:
“el epitelio mucoso (que además es una zona erógena por excelencia)
reviste el interior de los órganos huecos del cuerpo humano, reviste las
áreas de paso entre el dentro y el fuera, destinadas al intercambio entre
los espacios internos de dos individuos que se unen íntimamente con
transmisión de líquidos como en la succión durante la lactancia o en
el acoplamiento genital. EL BESO es el momento sensorial y relacional
intermedio evocado en innitas producciones gurativas y literarias por
los artistas de todas las épocas, que une la intimidad nutritiva primaria
con la intimidad amorosa”. (2010, p. 56).
Bolognini (ibid. 2010) habla de una equivalencia inter-corpóreo/in-
ter-psíquico que es crucial en la psicosexualidad y ambos pueden asu-
mir signicados subjetivos e intersubjetivos análogos emigrando de lo
corpóreo a lo psíquico y viceversa con relativa ignorancia por parte del
Yo consciente”.
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Se dice que no importa cuál es el sexo del analista y del paciente en el
acto psicoanalítico. A mi modo de ver para algunas situaciones de tra-
bajo analítico efectivamente no es indispensable sin embargo conside-
ro que en algunos casos es esencial y fundamental. Norberto Marucco
(2009) acuña el término “apuesta pulsional” en donde tal como su nom-
bre lo indica se produce una intervención desde lo pulsional en el analis-
ta para con su paciente y que desde mi punto de vista es un maravilloso
atrevimiento en benecio del paciente y que además trabajado desde la
dialéctica de la transferencia idealizada y la transferencia erótica reper-
cutirá con grandes benecios en la cura analítica.
Si seguimos la línea de pensamiento acerca de la metáfora del beso y si
se integra el concepto de la apuesta pulsional del analista se puede infe-
rir que en la diada analítica aquel analista que no tema entrar al enigma,
que no tema el cuerpo escindido de la mujer que a su vez también se
encuentra escindida, temerosa y confundida - no obstante seductora y
deseante - aquel analista que tolere con tranquilidad la intimidad que
produce el espacio que los alberga logrará en función analítica y en con-
junto con su paciente mujer despertar ese cuerpo dormido, reconstituir
la piel e integrar corporeidad con sensaciones erógenas, liberar con la
palabra de por medio para posibilitar el enunciado, para nominar, para
abrir paso a las fantasías inconscientes, para evocar, para comprender,
para desinhibir dentro de los movimientos transferenciales y contra
transferenciales. Es todo un acontecer de sensaciones en donde se irá
desmoronando las defensas, levantando las represiones y abriendo ca-
mino hacia ese lugar en donde la existencia femenina posee un self me-
jor cohesionado y en donde el ello no irrumpe desbordado y el yo pueda
mantenerse ileso sin sucumbir y además el superyó deje de ejercer su
despiadada tiranía…menudo trabajo!
El psicoanalista que en acto analítico y con virtud ética ampara y sostie-
ne con especial cautela el sufrimiento de la paciente logrará en su condi-
ción creadora fertilizar las áreas desérticas de la mujer y favorecer a este
orecimiento en íntima complicidad. Mediante el vínculo terapéutico el
analista será copartícipe del acontecer de la metamorfosis, de la trans-
formación en donde la paciente gradualmente revelará su MUJEIDAD y
se otorgará un nuevo signicado a su vida. Esto únicamente puede ocu-
rrir dentro del encuadre apropiado y en un contexto de cuidado y res-
peto mutuo con ese guiño de la mirada que solamente ambos conocen.
Porque las mujeres como las ores cada una asume su tiempo de abrir-
se y desplegar sus pétalos en un espiral sincronizado ya que el tiempo
no cuenta cuando el deseo conduce con emoción al encuentro de la
MUJEIDAD.
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