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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 143 - 150
ISSN 2815-6994 (en linea)
ALIENACIÓN,
SUBJETIVIDAD E
IDENTIDAD DEL ANALISTA
Alma Dunia Vásquez Lorenzana
Médico Cirujano,
Psicoterapeuta y Psicoanalista
egresada del Instituto Mexicano de Psicoanálisis.
Miembro, Analista Didacta, Supervisora
y Docente del Instituto Mexicano de Psicoanálisis.
Actual Jefa de enseñanza de la Maestría
y Doctorado del Instituto Mexicano de Psicoanálisis,
psicoterapeuta y psicoanalista de adolescentes
y adultos en consultorio privado
y docente universitaria.
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Vásquez Lorenzana A.D. (2014) ALIENACIÓN, SUBJETIVIDAD E IDENTIDAD DEL ANALISTAI
ntercambio Psicoanalítico 2 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen
El trabajo reexiona acerca del devenir analista, proceso en el que
conuyen los fenómenos de la alienación a una determinada “escue-
la” de psicoanálisis, con sus respectivas guras psicoanalíticas que
exigen determinados vasallajes del candidato; conformación de la
subjetividad psicoanalítica y nalmente la integración de la identi-
dad del analista. A lo largo del trabajo, se destacan los momentos
del proceso y el carácter personal de la formación psicoanalítica, así
como los peligros que acompañan a ese devenir.
Palabras clave: alienación, subjetividad, identidad, experiencia, psi-
coanalista, formación, Institución, transferencia.
Introducción
El tema de este trabajo ha sido una inquietud personal desde hace algún
devenir ana-
lista, es decir; cómo alguien llega a ser psicoanalista, situación compleja

con la formación psicoanalítica; el análisis personal, los seminarios y las
supervisiones, sino que tiene raíces tempranas hondamente implanta-
das en la vida infantil y en la historia personal del futuro analista, donde
se puede encontrar una curiosidad e interés espontáneo en conocer la
propia mente y la de los demás, así como marcadas motivaciones arrai-
gadas en el sujeto respecto al descubrimiento de la propia verdad y el
acompañamiento del otro para descubrir la suya. A veces estas motiva-
ciones no son tan obvias, he observado una y otra vez los rodeos que
llevan a las personas al encuentro a veces tardío con el quehacer psicoa-
nalítico y el proceso de conformación que ocurre en cada caso.
La experiencia central infaltable en este proceso es la del análisis perso-
-
nales que puedan interferir en su trabajo con sus pacientes y desarrollar,
aunque parezca redundante, su creencia en el método psicoanalítico en
la medida en que resuelve sus propias resistencias para elaborar sus

tiene que vivir) el proceso psicoanalítico, establecer contacto con su pro-
pio inconsciente y sus manifestaciones, descubrir y elaborar lo más que
pueda las partes neuróticas, perversas y psicóticas de su personalidad
para integrar cada vez más su identidad personal y psicoanalítica y posi-
bilitar su trabajo con pacientes.
El proceso de conformación del futuro analista es personal y algunos

en sí mismos, creer en el método y alcanzar la congruencia al integrar la
subjetividad analítica en su vida personal.
ALIENACIÓN,
SUBJETIVIDAD E
IDENTIDAD DEL ANALISTA
Alma Dunia Vásquez

1Médico Cirujano, Psicoterapeuta y
Psicoanalista egresada del Instituto
Mexicano de Psicoanálisis. Miembro,
Analista Didacta, Supervisora y
Docente del Instituto Mexicano
de Psicoanálisis. Actual Jefa
de enseñanza de la Maestría y
Doctorado del Instituto Mexicano
de Psicoanálisis, psicoterapeuta
y psicoanalista de adolescentes y
adultos en consultorio privado y
docente universitaria.
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Se debe señalar también, que el egreso de la formación no garantiza que
el proceso esté concluido pues la mala noticia es que aún al término de
ésta existen procesos inconclusos, algunas veces en impasse perpetuo
donde la práctica clínica del aún candidato denota las falencias de un
devenir que simplemente no ocurre, no obstante exista el diploma que
avala el “término” de la formación.
Para entrar en el desarrollo del tema, propongo un abordaje desde tres
aspectos: alienación, subjetividad e identidad cuyo orden ha sido arbi-
trario pues los tres están íntimamente entrelazados y en relación dialéc-
tica en el proceso formador.
Primero que nada, es necesario entender qué es lo que el psicoanálisis
requiere del candidato a psicoanalista: si somos congruentes con lo di-
cho, lo primero es que el estudiante sea analizable, es decir que tenga
motivación para laborar como dice Greenson (1997) “de todo corazón”,
y con perseverancia en la situación analítica, que tenga conciencia de
-
rótica la experiencia analítica no será profunda. Quien piense que estu-
dia psicoanálisis porque quiere investigar o solo formarse para atender
a personas neuróticas o simplemente para satisfacer la curiosidad de
conocer las mentes de los demás debe considerarse como persona re-
sistente e incluso refractario al método y por supuesto es candidato a
una psicoterapia previa para valorar si existe auténtica motivación en él
para esta profesión. (pp. 350-51)
 -
sultado de un análisis, nunca su condición (Lacan 1967), pues tendría
-
lizando se puede efectivamente transformar o en el mejor de los casos,
se ha transformado en analista.
Además de lo anterior, se requiere cierta capacidad de insight o por lo

en las funciones yoicas con acceso a una parte relativamente sana que
permita establecer una alianza de trabajo con su analista y más tarde
con sus pacientes.
-
nalistas? No nos adelantemos. Ser candidato analista requiere también
de la capacidad de poder entender lo inconsciente, poder comprender
los pensamientos, fantasías, sentimientos, impulsos, motivaciones y for-
mas de ver y estar en el mundo de sus pacientes (Greenson R., ob.cit.
           
detrás. Freud (1912) recomendó muy prontamente la atención pareja-
mente otante, una oscilación entre la labor de observación, procesa-
miento de la información, asociación, intuición e introspección (p. 111).
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Capacidad empática e intuición se combinan con los conocimientos de
la teoría psicoanalítica y con la experiencia clínica para tener acceso al
-
gue la labor de transformación de ese material en contenidos accesibles
al paciente, por lo tanto hablamos de capacidad de réverie o ensoñación
tomando prestado el término bioniano, donde así como la madre con-
tiene la angustia de su bebé, y hace que el material producto de proceso
primario se convierta en proceso secundario (Bion,1980, p. 67-76) o en
otras palabras lo sabido no pensado1 se vuelva posible de ser pensado, el
psicoanalista hará lo correspondiente para proporcionarlo a su paciente
bajo el principio del timing necesario en cada caso.
Siguiendo con el símil de la madre; se requiere de capacidad para em-
patizar con el paciente y manejar un equilibrio entre el otorgamiento de
una dosis de frustración que no supere la capacidad del paciente para
tolerarla y la compasión necesaria ante un ser que sufre y que acude
al analista en demanda de ayuda. Siempre digo que la mejor interpre-
tación es la que no se hace, dado que hemos laborado con paciencia y
perseverancia que la fruta madura se desprende del árbol sin violencia
interpretativa, solo con tocarla suavemente.
Otros requisitos son, el buen empleo de la palabra y el silencio, sentido
del humor, compasión, interés, cordialidad, respeto, creatividad y sobre
todo sentido de integridad y una elevada intención terapéutica, todos
estos son atributos necesarios para el psicoanalista.(Greenson, Ob. Cit.
p. 370-85)
Consciente que apenas he enunciado lo indispensable, debo dejar este
punto aquí para otro momento porque el tema es extenso y consumiría
la extensión restante del trabajo.
Respecto a la construcción de la identidad del analista; desde que el
candidato elige una determinada institución para su formación, a ve-
ces de forma curiosamente temprana y poco consciente, expresa ya una
tendencia pues nos agrupamos en psicoanalistas freudianos, junguia-
nos, kleinianos, lacanianos, frommianos, ortodoxos, heterodoxos, etc.,
-
be desde entonces en un proceso de pertenencia que se va a concretar
a la larga en una identidad, al mismo tiempo que se inicia el proceso de
conformación de la subjetividad de ese analista en particular.
1 Concepto acuñado por Christopher Bollas,
que alude a las huellas en el sujeto dejadas
tempranamente por la sombra del objeto,
que no pueden ser tramitadas mediante el
lenguaje, por lo tanto son sabidas pero no
pensadas. (Bollas C. 1997, La sombra del
objeto. Argentina. Amorrortu Editores, p.
17-18)
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Durante la formación, los tres ejes principales de la misma, análisis
        -
tructura psíquica llamada Identidad psicoanalítica en la que coexisten
funciones yoicas como la capacidad de introspección y autoanálisis así
como la habilidad de pensar en circunstancias adversas; además de
otras funciones superyoicas como la capacidad de discreción y de man-
tener un comportamiento ético en la relación con los pacientes evitando
actuaciones y seducciones contratransferenciales, aún en sus formas
más sutiles, etc. (Grinberg, 1976)
La experiencia subjetiva se forma en la interacción y reconocimiento del
objeto, en primera instancia la madre quien transforma el mundo in-
terno y posibilita el establecimiento de la primera relación vincular. Así,
la experiencia de saberse existente, reconocido por la madre lleva a la
integración de una identidad y al surgimiento del sentimiento de sí. En la
vida adulta la búsqueda de nuevos proyectos, nuevas relaciones, nuevos
ambientes, tales como la experiencia analítica tiene relación directa con

transformacional a la experiencia subjetiva primera que el infante hace
del objeto. Ese primer objeto, la madre genera un vínculo temprano
que deja una huella que en la vida adulta se manifestará en la búsque-
da de otros objetos con los cuales relacionarse para obtener de nuevo
la experiencia de transformación primera (p. 30). Así, buscar el objeto
transformacional en la vida adulta es memorar una experiencia objetal
existencial temprana.
No puede haber identidad sin subjetividad. Hablamos de una auténtica
transformación: la hechura del psicoanalista tiene que ser consolidada
en un proceso donde no puede haber disociación entre vida privada y
ejercicio profesional. No existe un uniforme o disfraz que el psicoana-
lista se quite al abandonar el consultorio y llegar a casa, la vida misma
tiene que ser invadida por la congruencia entre el vivir mundano y el
profesional.
Retorno al título, para tomar el concepto de alienación y explico a qué

A partir de que el candidato inicia su formación, el futuro analista se
rinde a determinados vasallajes: la teoría y su transmisión (sobre todo
en sus formas inconscientes), el superyó de la cultura analítica con los
parámetros éticos y el modelo predominante de cómo ser analista, el
campo social donde se desenvuelve su práctica y la práctica clínica en sí.
(Waisbrot Daniel, 2002, p.19)
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Sobre todo en un inicio se despliegan momentos dogmáticos en la for-
          
           
analista, sus supervisores, y algunos de los analistas responsables de los
seminarios que en particular le sirvan al candidato para posicionarse en
una pertenencia al Instituto donde se forma. En este escenario se des-

depositan en blancos atractivos que captan la hostilidad provocada por
la intensidad del proceso revulsivo a que se está sometido. (las cursivas
obedecen al énfasis en el hecho mismo pues no puede negarse ese as-
pecto en la formación).
En el caso del Instituto Mexicano de Psicoanálisis, la impronta Freudia-
na-Frommiana-Aramoniana2, nos ha sometido a la transmisión por nu-
merosas generaciones y hemos vivenciado la alienación necesaria que

es como la joya que se hereda de familia en familia, y consta de una
parte consciente, pero sobre todo y esencialmente consta de conteni-
dos inconscientes, pues esa es la principal herramienta de trabajo del
psicoanalista y el elemento destacado de la transmisión.
Sin embargo, la construcción de la identidad del analista tiene afortu-
nadamente otros momentos y es necesario después de los momentos
iniciales, más adelante romper el dogmatismo inaugural, decantar lo re-
cibido y mezclarlo con los elementos que provienen de la persona, dejar
atrás la alienación inicial para que se extinga el analista-ecolálico que

que auténticamente cree en el psicoanálisis porque lo ha experimentado
en su vida personal, que aprecia lo encarnado en sí mismo, heredado
de sus predecesores y que forja su propio estilo teniendo muy en cuen-
ta los principios teóricos, técnicos, y éticos que nunca dejará de lado y
cuando repita las frases escuchadas es porque las ha hecho plenamente
suyas.
2 El Dr. Aniceto Aramoni, fue alumno de la
primera generación del Instituto Mexicano
de Psicoanálisis, discípulo y heredero de la
obra de Erich Fromm, permaneció como
Director vitalicio del IMPAC, analista y
supervisor didacta desde la fundación del
Instituto en 1963 hasta el año 2012 y dejó

formadas a lo largo de esos años gracias
a su labor constante de supervisión en el
seminario colectivo de los jueves.
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-
        
agresividad, el masoquismo y el sadismo pero sobre todo el narcisismo
patológico que hará que el analista aproveche la proclividad de sus pa-
cientes para la idealización y el sometimiento con lo cual deformará su
ejercicio clínico abusando de su poder en la relación transferencial para
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tisfacción instintual.
Por otro lado, una vez conformada la identidad analítica ésta no es in-
mutable pues sigue sujeta al cambio, la experiencia sin duda enriquece
la práctica analítica, y los aprendizajes continúan a lo largo del ejercicio
clínico, en este sentido la formación psicoanalítica así como el análisis
deberá ser interminable.
Por otro lado, los procesos de la vida de la persona afectan la subjetivi-
dad y pueden ir en deterioro de esa identidad, de esa forma particular
de pensar y ver el mundo como analista, por lo cual es necesario el au-
toanálisis, idealmente el re-análisis. Ya recomendaba Freud el análisis
personal en Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico:
“quien menosprecie, como analista, la precaución del análisis propio, no
sólo se verá castigado por su incapacidad para aprender de sus analizan-
tes más allá de cierto límite, también correrá un riesgo más serio. Caerá,
fácilmente, en la tentación de proyectar sobre la ciencia, como teoría de
validez universal, lo que en una sorda percepción de sí mismo observe
sobre las propiedades de su persona propia. Así arrojará el descrédito
sobre el método psicoanalítico e inducirá a error a los inexpertos” (Freud
S, 1912, Vol XII, págs. 116-17).
El psicoanalista vive en un mundo tensado por dos polos; por un lado
en la postura solitaria de su consultorio donde ejerce su práctica clínica
y por otro, un “padecimiento” común del psicoanalista “maduro” es la
sobrecarga de trabajo a la cual agregamos las actividades académicas
y los congresos. Queda claro que el psicoanalista debe permanecer en
relación con sus colegas, en grupos de estudio, en labores de enseñanza
e intercambio en los Institutos de psicoanálisis puesto que no es con-
veniente el aislamiento en que se trabaja entre cuatro paredes cuando
el tiempo pasa y el analista en la intimidad de su consultorio puede ver
debilitadas sus convicciones profesionales que se expresarán en faltas a
la técnica y ese superyó de la cultura analítica se relaje y provoque dete-
rioro de la identidad tan arduamente forjada.
150 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 143 - 150
ISSN 2815-6994 (en linea)
A manera de conclusión
Para asumir una identidad completa y devenir analista es necesario
conservar el sello característico de la Institución formativa y resolver las
transferencias positivas que perpetúan los vasallajes irracionales; así
como las transferencias negativas que se descargan y se vuelcan contra
los objetos al alcance, frecuentemente el propio Instituto. La formación
psicoanalítica, es gradual, sistemática, procesual, experiencial, revulsiva,
progresiva e interminable.
Cuando existen procesos transferenciales no resueltos, el análisis no
está completo, si no se han hecho a un lado el amor y el odio proyectado
como producto de las fantasías del candidato, estaríamos frente a una

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provocando la actuación del psicoanalista en ciernes que aún no puede
llegar al alumbramiento completo.
En otras palabras para que ocurra el devenir del analista, la identidad
deberá completarse acorde con la subjetividad y la alienación deberá
resolverse.
Bibliografía
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