
175 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 173 - 178
ISSN 2815-6994 (en linea)
Este ensayo se centra en esbozar el posible impacto de las prácticas y los dis-
cursos posmodernos en la cualidad del deseo, en las operaciones utilizadas
para acceder a él y los nuevos formatos de la indignación. Para lograr este
objetivo haré una breve revisión de las lógicas posmodernas que podrían
tener relevancia en el devenir del sujeto. Esta introducción permitirá servir
como base para describir las posibles modicaciones del desarrollo psíquico
en la posmodernidad, e introducir una metapsicología que permita explicar
dichos fenómenos.
Lyotard (1998) denió la era posmoderna como un tiempo de incredulidad
hacia las meta-narrativas. Bajo esta lógica, Foucault devela la existencia de
discursos encubiertos que atravesaban la organización de la sociedad. Dis-
cursos relacionados con las múltiples formas de poder ejercido a la luz del
conocimiento ocial (Foucault 1980), así como de los mecanismos utilizados
en la ejecución de dicho poder como el control y la vigilancia (Foucault 2004).
En este nuevo escenario emerge la sociedad posmoderna, una sociedad
cuyos objetivos se encuentran regidos por la libertad y la pluralidad como
valores centrales y legítimos (Lipovetsky 2000), y donde la instantaneidad de
las comunicaciones da un nuevo giro a los mecanismos de poder y vigilancia
en un mundo globalizado (Virilio 1999).
Para explicar el sujeto emergente de los discursos posmodernos, Deleuze y
Guattari (1993) introducen el concepto de devenir, centrándose en el acon-
tecimiento, en aquello que sucede en la interacción. De esta manera, el suje-
to se ve anclado a su predicado, siendo lo relacional lo que lo delimita. Dicho
de otro modo, el sujeto existe denido por la operación que realiza para
acceder al mundo.
En la misma línea, McLuhan (1964) reere que el medio es el mensaje, ar-
gumentando que, más allá de la nalidad del uso de los contenidos, es el
formato sobre el cual se despliega el uso, lo que transmite un mensaje en sí
mismo. Es el medio el que moldea y controla las formas en las que el ser hu-
mano se relaciona y actúa. En este sentido, lo que ofrece la era posmoderna
respecto de los medios por los que atraviesan los mensajes es la revolución
de las telecomunicaciones, caracterizada por la instantaneidad e interconec-
tividad de la información.
Al mismo tiempo, los contenidos a los que dichos medios de comunicación
permiten acceder son de múltiples y variados formatos. Internet, como el
máximo exponente comunicacional de la posmodernidad, permite el acceso
casi ilimitado al mundo de lo virtual. Sin embargo, esta conexión requiere un
instrumento que cumpla también con los rigores del discurso posmoderno.
El nexo entre el mundo virtual ofrecido por internet y el individuo se da,
entonces, mediante una supercie —la pantalla— que permite el acceso ya
no al mundo de lo real sino al mundo de lo virtual, es decir, de la posibili-
dad. Una supercie que deja de ser una herramienta y se convierte en una
extensión del yo, que interconecta de manera instantánea y que establece
lógicas de operaciones mentales con las que se tiene que funcionar. De esta
manera, se privilegian el acceso y manipulación de contenidos mediante la
pantalla, relegando la permanencia y elaboración de representaciones me-
diante la psiquis.