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Al suroccidente de Colombia se encuentra ubicado uno de los hospitales
psiquiátricos más importantes de la región, por su carácter público y su ni-
vel de atención de mayor complejidad. No solo es un centro asistencial de
salud mental sino también una institución que contribuye a la formación
académica de numerosos estudiantes de diferentes disciplinas, entre ellas
la psicología.
Mi práctica de psicología me llevó hasta éste lugar con la idea de “hacer psi-
coanálisis”, pero me encontré con una realidad que me planteaba otras exi-
gencias.
En el hospital domina una perspectiva psiquiátrica organicista que considera
la enfermedad mental como un desorden químico o un mal funcionamien-
to del cerebro, donde los medicamentos son la única solución a cualquier
tipo de problema. Además las condiciones de vida de la población son muy
difíciles, hombres y mujeres de diferentes edades y de diversos lugares de
procedencia, viven en la pobreza, la violencia, la desintegración familiar, el
desplazamiento, la drogadicción, bajos niveles de escolaridad y la constante
reincidencia de hospitalizaciones.
En otras En otras palabras, me encontré en un lugar donde poco interesaba
la psicología y muchos menos las problemáticas sociales, donde no había
tiempo ni espacio destinado para la atención psicológica ni para la compren-
sión de los malestares actuales. En estas condiciones debía improvisar un
consultorio, una demanda, una relación terapéutica y especialmente una
intervención. Por lo tanto, esta es una experiencia de trabajo que pretendo
caracterizar, con el objetivo de apreciar la labor y analizarla a la luz del psi-
coanálisis.
Mi trabajo como psicóloga consistía en asistir a los reportes médicos diarios
y otras actividades de salud ocupacional para los pacientes. Algunas veces
los psiquiatras me solicitaban atender ciertos pacientes pero normalmente
yo podía elegir aquellos con los cuales quería trabajar.
Después de conocer la historia clínica del paciente me dirigía a la sala y me
acercaba amablemente a la persona para presentarme con la intención de
saber cómo se encontraba. La mayoría de las veces aceptaban conversar
conmigo, por lo cual yo me disponía a escucharlos sin importar el lugar don-
de se encontraran (el patio, el comedor, la habitación, etc.). Durante la se-
mana visitaba al paciente por lo menos dos veces y aprovechaba cualquier
oportunidad para conversar con él; casi siempre eran sesiones de una hora.
En promedio los pacientes estaban hospitalizados un mes, por lo cual la can-
tidad de sesiones eran 10 encuentros o menos según la disponibilidad.
PSICOANÁLISIS
EN UN HOSPITAL PSIQUIÁTRICO
DE COLOMBIA
Ps. Angela Patricia
García Córdoba
1 Psicóloga de la Universidad del
Valle de Colombia. Candidata
a Magíster en Psicoanálisis de
la Universidad Nacional de La
Matanza y la Escuela Argentina
de Psicoterapia para Graduados
(AEAPG). Investigación en curso
sobre adicciones y psicoanálisis.
E-mail: angelaleoapg@gmail.com
Psicóloga de la Universidad del Valle
de Colombia. Candidata a Magíster
en Psicoanálisis de la Universidad
Nacional de La Matanza y la Escuela
Argentina de Psicoterapia para
Graduados (AEAPG). Investigación
en curso sobre adicciones y
psicoanálisis. E-mail: angelaleoapg@
gmail.com