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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
“a la fuerza” el idioma aborigen, ya que era la única y primera media-
dora entre una y otra lengua. Es a partir del año 2003 que, a través del
cumplimiento de una ley, comienza a haber un ADA por escuela. Lo cual,
si bien es muy positivo, es, a la vez, bastante insuciente, reeren los
docentes. Junto a esta problemática, es considerable remarcar que los
contenidos mínimos curriculares son los mismos que los de cualquier
otra parte del país, lo cual reeja una intensa descontextualización a la
hora de enseñar. Otra cuestión muy interesante es respecto a la relación
que los aborígenes tienen con el trabajo, los docentes criollos expresan
“derechos sí, deberes no” “no tienen incorporada la cultura de trabajar,
les dan planes, casa, pensiones de mal de Chagas, a veces truchas”. Esto
mismo, es explicado por el docente aborigen, como valores no transmi-
tidos en su cultura. Explicita que “la generación de sus padres no le daba
importancia a la escuela, que no saben que, a partir de ella, uno puede
conseguir un trabajo y cobrar un sueldo mensual. Ellos no saben lo que
es trabajar para el Estado por ejemplo. Ellos vivían de la caza, distinto
será con mis hijos en donde yo sí les voy a poder transmitir este valor”.
Él a su vez, plantea que sería necesario realizar una lectura, de cómo la
escuela fue incorporándose a su cultura, a través de la relación con la
iglesia Evangélica y que si bien esto es visto como algo positivo en su
comunidad, reere que, por otro lado, se fueron perdiendo muchas co-
sas de su propia cultura, que sería necesario visibilizar. Este es un pun-
to muy interesante, y abre a una disyuntiva de interrogantes. ¿Podrían
ellos transmitir su cultura sin utilizar las instituciones originadas en la
Modernidad en el contexto europeo, como es la escuela? O ¿pensar así
sería nuevamente hacer más vulnerable su condición, en el sentido de
continuar violando sus derechos, como lo es en este caso, la educación?
¿Cómo lograr un nexo entre ambas culturas, sin que por ello una quede
subsumida a la otra?
¿Entrevista psicológica? Renata, de 13 años, es la única persona que a lo
largo del viaje, desde nuestra cultura, podríamos llamar “paciente” que
me es “derivada” por una “interconsulta” desde pediatría. Todas estas
comillas son con el afán de desnaturalizar lo que para nosotros es tan
común, porque es parte de nuestra cotidianeidad, ya que realmente,
tengo mis dudas de que Renata se vea reejada en esa oración.
Se me informa desde pediatría que su mamá reere que Renata se ol-
vida de las cosas, y que muchas veces no puede estar concentrada en
alguna actividad. Antes de entrevistar a Renata, me aseguro de que me
informen si ella entiende y habla castellano, o es necesaria la presen-
cia de una intérprete. Durante la entrevista, le pregunto si me entiende
cuando le hablo, a lo que responde de manera armativa. Me presento,
le pregunto si sabe lo que es un psicólogo, me dice que sí; no obstante
detallo este punto. Le pregunto si quiere contarme algo, le interrogo
por la escuela, me dice que concurre a la misma, que le gusta. Luego, le
comento el motivo de mi entrevista, a lo cual responde diciendo que sí,