183 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
VA AL ENCUENTRO
DEL OTRO (CA´ATA´AGUET)
M. Laura Caporale
Licenciada y Profesora en Psicología (Universidad Nacional de La Plata)
Miembro Adherente de Asappia ,Asociación Argentina de Psiquiatría y
Psicología de la Infancia y la Adolescencia, Buenos Aires, Argentina.
Residente de 4to año del PRIM Lanús
(Programa de Residencias Integral Multidisciplinaria)
Email laucaporale@hotmail.com
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Caporale L. (2014) VA AL ENCUENTRO DEL OTRO (CA´ATA´AGUET)
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
184 / FLAPPSIP
Mediante el presente escrito intentaré transmitir algo de lo pensado a
través de mi experiencia de trabajo con una comunidad originaria del
norte de nuestro país, llevada a cabo durante el mes de agosto del 2011.
Esta rotación, ofrecida por el Hospital donde realizo la residencia, es
constituida por un grupo de agentes de la salud que, bajo la coordina-
ción e iniciación de uno de los médicos, mediante un trabajo constante,
hace doce años, que ofrecen atención en salud para y con los pueblos
originarios.
Desde el momento en que decidí participar de esta actividad se me
abrieron una serie de interrogantes, que me llevaron a reexionar con-
tinuamente sobre cuál sería mi lugar allá. Según me informaron, era la
primera vez que profesionales de la salud mental participaban de este
equipo, a lo que se sumaban nuevos interrogantes. No obstante, con-
versé con algunas psicólogas del servicio, quienes coincidieron en un
punto, mi lugar sería predominantemente el de observadora.
En principio compartí las tareas con el resto del equipo, recibiendo a
las personas que serían atendidas por los médicos, asegurándome que
me entendieran al hablar o, en caso contrario, llamando a algunas de las
intérpretes. Realicé actividades con los niños, como jugar o ir casa por
casa, invitando a las familias a que se acerquen al lugar dónde estába-
mos atendiendo, invitación que era transmitida por los mismos niños/
as en su lengua. Me ocupé, en alguna ocasión, de la elaboración de la
comida, o la preparación de algún mate, ¡tareas indispensables para la
supervivencia el equipo!
Junto a mis compañeras trabajadora social y antropóloga, entrevistamos
a algunos de los docentes de la escuela de uno de los parajes. Para mi
sorpresa, también entrevisté a una ¿niña? ¿adolescente? A partir del pe-
dido de uno de los pediatras. Estas dos últimas experiencias fueron de
las más signicativas en lo personal y desde el lugar de agente de la sa-
lud mental. Por dicha razón profundizaré sobre estas vivencias.
Visitando una escuela. La misma cuenta con una matrícula de 68 niños/
as en toda la primaria, de 1º a 7º grado y 18 en nivel inicial. Entrevista-
mos a los cuatro docentes “criollos” de manera grupal y al auxiliar do-
cente aborigen (ADA) de manera individual.
Según relatan los docentes criollos, a partir de 3º los grados comienzan
a unicarse (poligrado) debido a la disminución de matrícula. Dos de los
docentes maniestan que esto se debe a una falta de “sentido de res-
ponsabilidad”, explicando que los padres no obligan a los niños a con-
currir a la escuela. Otra docente aclara que, según ella, se trata de una
cuestión cultural ya que, por ejemplo, una alumna suya de 3º dejó de
concurrir a la institución al venirle la primera menstruación ya que debe
mantenerse alejada del resto de la comunidad, estando ya preparadas
para ser madres, con lo cual esta alumna ya “está casada, tiene marido”
comenta la docente. Continuando con las cuestiones culturales, los ni-
ños ingresan a la escuela hablando en su idioma aborigen y en el jardín
aprenden a hablar el español. La maestra de inicial tuvo que aprender
VA AL ENCUENTRO
DEL OTRO (CA´ATA´AGUET)
M. Laura Caporale2
2 Licenciada y Profesora en
Psicología (Universidad Nacional de
La Plata)
Miembro Adherente de Asappia
,Asociación Argentina de Psiquiatría
y Psicología de la Infancia y la
Adolescencia, Buenos Aires,
Argentina.
Residente de 4to año del PRIM Lanús
(Programa de Residencias Integral
Multidisciplinaria)
Email laucaporale@hotmail.com
185 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
“a la fuerza” el idioma aborigen, ya que era la única y primera media-
dora entre una y otra lengua. Es a partir del año 2003 que, a través del
cumplimiento de una ley, comienza a haber un ADA por escuela. Lo cual,
si bien es muy positivo, es, a la vez, bastante insuciente, reeren los
docentes. Junto a esta problemática, es considerable remarcar que los
contenidos mínimos curriculares son los mismos que los de cualquier
otra parte del país, lo cual reeja una intensa descontextualización a la
hora de enseñar. Otra cuestión muy interesante es respecto a la relación
que los aborígenes tienen con el trabajo, los docentes criollos expresan
“derechos sí, deberes no” “no tienen incorporada la cultura de trabajar,
les dan planes, casa, pensiones de mal de Chagas, a veces truchas”. Esto
mismo, es explicado por el docente aborigen, como valores no transmi-
tidos en su cultura. Explicita que “la generación de sus padres no le daba
importancia a la escuela, que no saben que, a partir de ella, uno puede
conseguir un trabajo y cobrar un sueldo mensual. Ellos no saben lo que
es trabajar para el Estado por ejemplo. Ellos vivían de la caza, distinto
será con mis hijos en donde yo sí les voy a poder transmitir este valor”.
Él a su vez, plantea que sería necesario realizar una lectura, de cómo la
escuela fue incorporándose a su cultura, a través de la relación con la
iglesia Evangélica y que si bien esto es visto como algo positivo en su
comunidad, reere que, por otro lado, se fueron perdiendo muchas co-
sas de su propia cultura, que sería necesario visibilizar. Este es un pun-
to muy interesante, y abre a una disyuntiva de interrogantes. ¿Podrían
ellos transmitir su cultura sin utilizar las instituciones originadas en la
Modernidad en el contexto europeo, como es la escuela? O ¿pensar así
sería nuevamente hacer más vulnerable su condición, en el sentido de
continuar violando sus derechos, como lo es en este caso, la educación?
¿Cómo lograr un nexo entre ambas culturas, sin que por ello una quede
subsumida a la otra?
¿Entrevista psicológica? Renata, de 13 años, es la única persona que a lo
largo del viaje, desde nuestra cultura, podríamos llamar “paciente” que
me es “derivada” por una “interconsulta” desde pediatría. Todas estas
comillas son con el afán de desnaturalizar lo que para nosotros es tan
común, porque es parte de nuestra cotidianeidad, ya que realmente,
tengo mis dudas de que Renata se vea reejada en esa oración.
Se me informa desde pediatría que su mamá reere que Renata se ol-
vida de las cosas, y que muchas veces no puede estar concentrada en
alguna actividad. Antes de entrevistar a Renata, me aseguro de que me
informen si ella entiende y habla castellano, o es necesaria la presen-
cia de una intérprete. Durante la entrevista, le pregunto si me entiende
cuando le hablo, a lo que responde de manera armativa. Me presento,
le pregunto si sabe lo que es un psicólogo, me dice que sí; no obstante
detallo este punto. Le pregunto si quiere contarme algo, le interrogo
por la escuela, me dice que concurre a la misma, que le gusta. Luego, le
comento el motivo de mi entrevista, a lo cual responde diciendo que sí,
186 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
que a veces se olvida las cosas, interrogo sobre esto y también le digo
si me quiere contar algo más, y me dice que en la casa le pegan. Con lá-
grimas en los ojos, y mirando hacia la ventana, continúa nuestra conver-
sación. Le pregunto qué piensa de ello, me dice que le parece que está
mal. Le comento que estaría bueno que pueda seguir hablando de esto,
le pregunto si le gustaría ver a un psicólogo pero con mayor frecuencia,
a lo que me responde que sí. Le pregunto si asiste a algún centro de
salud, a lo que responde que sí, pero que es muy lejos. Le digo que voy
a hablar con su mamá, y que voy a ver esta posibilidad de contactar con
algún centro. Cabe comentar, que la situación no era muy propicia para
el diálogo, en un galpón con mucho bullicio, sin separaciones y a conti-
güidad entre el cardiólogo y los pediatras. Renata hablaba muy despa-
cio y tímidamente. Esta propuesta de ver a un psicólogo si bien la hice,
no me dejaba tranquila, me sentía muy limitada por razones culturales,
por desconocimiento de cómo tratan ellos un tema como este, que se-
gún me habían comunicado, un rasgo cultural muy destacado es que los
adultos no acostumbran a pegarle a los niños en estas comunidades.
Ante mis dudas consulté con el doctor coordinador quién me recomen-
dó que hablara con la referente de la comunidad, quién organizó todas
nuestras visitas a los diferentes parajes de la zona. Ella me expresa que
el tema de la violencia hacia los niños/as en su comunidad es un tema
muy complejo y de mucha gravedad. En un caso así se juntan dirigen-
tes de la comunidad y hablan con la persona en conicto. Por lo cual
me propuso de acercarse a ellos y conversar. Una vez efectuado dicho
encuentro, la coordinadora me expresa que ya está todo bien, que la
madre le comunicó que es una niña que tiene problemas desde chiquita,
que concurre a una escuela especial, que fue vista por psicólogo y neu-
rólogo, y que Renata durante la entrevista que tuvimos, no me entendía
por razones idiomáticas.
Al relatar ambas experiencias, lo común en ellas es mi intento por des-
naturalizar tantas de las palabras o costumbres que tenemos tan incor-
poradas y que muchas veces pueden obstaculizar el comprender cual-
quier otra situación que se diferencie.
Se me presentica el concepto de “realismo marginal originario” que
introduce J. C. Domínguez L. en su texto “Los pibes marginados”. Al in-
terrogarse sobre quiénes somos como país, se responde: un “continen-
te mestizo”1. El cual consta de cuatro variantes, en primer término con
nuestra población autóctona, o pueblos originarios aunque desde la con-
quista se haya hecho mucho para exterminarla; tenemos también un re-
manente de población negra, desarraigada, gente que fue traída contra
su voluntad, “brutalmente despegados de sus grupos de pertenencia”2.
2 Dominguez Lostaló, J. C. (2007) Los pibes
marginados. Por el derecho a ser joven.
Buenos Aires: Koyatún Editorial.
2 Op. Cit.
187 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
También tuvimos una colonización ibérica, de portugueses y españoles
realizada sin respeto por la población del lugar y con el único objetivo de
extraer riquezas y minerales. La cuarta parte de nuestro mestizaje, son
los inmigrantes que llegaron a nes del siglo XIX, personas marginadas
del proceso de producción europeo, de la Revolución Industrial.
Lo que tienen en común todas estas poblaciones es cómo se organi-
zaban en grupos familiares extendidos, es decir, el desarrollo de sus
vínculos bajo un modelo: el de grupalidad, con un claro sentimiento de
solidaridad. Con esta historia de nuestra población se me hace palpable
cómo históricamente se ha ido aniquilando la continencia de los gru-
pos de crianza, la riqueza de lo comunitario y lo grupal. Perspectiva que,
desde que comencé la residencia, se me está haciendo cada vez más
palpable como estrategia idónea para algunas problemáticas actuales.
Historia de aniquilación decía, que se repitió, podría pensarse, en los
años de dictadura. Tal como expresa Luisa Sussman, en un escrito del
83 “el terror ha marcado el trabajo en y con grupos. Sobre todo, diría yo,
desde el 75 al 79, trabajar con grupos era tarea peligrosa, riesgosa. […]
En las instituciones se desmantelaban servicios y se disolvían equipos de
trabajo y grupos terapéuticos. Por esto, yo digo, a lo largo de estos años
el desarrollo de la psicoterapia grupal se atomizó, pulverizó, se fracturó.
[…] Se olvidó que la psicoterapia de grupo era un rico camino para la
cura, se olvidó por orden del terror.”3 En esta experiencia con esta comu-
nidad, me interrogo sobre el lugar desde el que uno va a trabajar allí. En
principio, se me hace inminente la necesidad de saber sobre su cultura,
para conocer, entender y aprender qué tipo de intervenciones tienen
lugar en esta comunidad, desde nuestro lugar de “blanco” (tal como ellos
nos denominan). Algo que me queda claro es que, esto sólo es posible
a través de un lazo de conanza que, debe ser sostenido en el tiempo,
no olvidemos que uno, como blanco, por más buenas intenciones que
tenga, representa para estas comunidades de pueblos originarios “las
gentes extrañas” que conquistaron y oprimieron a toda su población. Tal
como expresa Orlando Sánchez, oriundo de pueblos originarios, gradua-
do en la Universidad Bíblica de Latinoamérica en San José de Costa Rica
“cada pueblo hace el intento por resolver a su manera el problema de
las distintas enfermedades y encontrar la causa del origen de cada una
de ellas, según organiza su mundo y las relaciones entre los elementos
de la realidad natural y espiritual, pues cada cultura tiene un conjunto
de ideas sobre la curación de las enfermedades.”4 Por esto mismo, en
el caso de Renata se me hacía tan difícil pensar cómo llevar a cabo una
adecuada intervención. Incluso me pregunto, ¿sería pertinente pensar
en la categoría de adolescente? ¿desde qué lugar pensarla?
3 Sussman, L. (1983) La formación de
terapeutas de grupo en instituciones.
Jornadas Clínicas de a.e.p.a sobre
“PROBLEMÁTICA CLÍNICA EN
INSTITUCIONES”. 13 de noviembre, (paper).
4 Sánchez, O. (2009) Rasgos culturales
Tobas. Chaco: Librería de La Paz.
Subsecretaría de Asuntos Interculturales y
Plurilingües.
188 / FLAPPSIP
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 183 - 188
ISSN 2815-6994 (en linea)
De todo este análisis, y yendo más allá de esta comunidad, rescato un
interrogante fundamental ¿Qué hace uno con lo diferente? ¿Cómo escu-
char la situación cultural desde la que nos habla una persona, o desde
la que no nos habla, para no terminar patologizando esa diferencia, y a
su vez, para no dejarla en riesgo, por no accionar? Esto diferente se nos
puede presentar en lo cotidiano, ya sea en una guardia o consultorio de
hospital, en una salita o un consultorio privado, no creo que sea necesa-
rio viajar para encontrarlo.
Para concluir, me gustaría cerrar con una frase de Silvia Bleichmar que
creo representa muy bien, lo que atraviesa a mi parecer toda esta expe-
riencia “Que el lenguaje no cumple simplemente una función descriptiva
de la realidad existente, sino que es capaz de crear realidades a partir
de los modos de ordenamiento con los cuales la articula, constituye una
armación más o menos conocida. Lo que es más trabajoso, tal vez, es
darse cuenta de qué manera, en razón de que estamos inmersos en
esa realidad misma, esas formas de expresión se van apoderando de
nosotros hasta constituirnos en agentes discursivos de las propuestas
ideológicas que las sostienen.”5
BIBLIOGRAFIA
-Bleichmar, S. (2007) Dolor País y después… Buenos Aires: Libros del Zorzal Editorial.
-Domínguez Lostaló, J. C. (2007) Los pibes marginados. Por el derecho a ser joven. Buenos
Aires: Koyatún Editorial.
-Oñativia, X. & Di Nella, Y. (2008). Derechos Humanos y Psicología Forense. De un Imperativo
Ético a un Dispositivo Técnico (pp 97-120). En Di Nella, Y comp. Psicología forense y derechos
humanos. Vol. I Buenos Aires: Koyatún Editorial.
-Sánchez, O. (2009) Rasgos culturales Tobas. Chaco: Librería de La Paz. Subsecretaría de
Asuntos Interculturales y Plurilingües.
-Sánchez, O. (2009) Historia de los aborígenes qompi (tobas) contadas por sus ancianos.
Chaco: Librería de La Paz. Subsecretaría de Educación.
-Sussman, L. (1983) La formación de terapeutas de grupo en instituciones. Jornadas Clínicas de
a.e.p.a sobre “PROBLEMÁTICA CLÍNICA EN INSTITUCIONES” 13 de noviembre, (paper).
5 Bleichmar, S. (2007) Dolor País y después…
Buenos Aires: Libros del Zorzal Editorial.