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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 226 - 237
ISSN 2815-6994 (en linea)
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Maldonado Pedreros M. (2014) TEORÍA DEL APEGO Y PSICOTERAPIA.
EN BUSCA DE UNA BASE SEGURA
Intercambio Psicoanalítico 2 (1),
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TEORÍA DEL APEGO Y PSICOTERAPIA.
EN BUSCA DE UNA BASE SEGURA
Comenta:
Miguel Maldonado Pedreros
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Autor: Holmes, J
Titulo en la edición original:
Holmes, J. (2001). The search for the secure fase. Attachment Theory
and Psichotherapy. London. Edit. Taylor & Francis grop. Psychology
Press.
Edición en español:
Holmes, J. (2009). Teoría del apego y psicoterapia. En busca de la base
segura. Jeremy Bilbao. . Editorial Desclée de Brouwer.
“A nivel teórico empecé pensando que Edipo era un parricida incestuo-
so, en cambio en la actualidad suelo centrarme sobre todo en que Edipo
fue un niño abandonado por sus padres; al principio veía a Narciso
como alguien enamorado de sí mismo, ahora pienso que es alguien
que vive pendiente de su imagen para conjurar la amenaza de rechazo
y de ser destruido.”
(Ramón Riera)
Acerca del autor
Psiquiatra británico nacido en Londres en 1943. Psicoterapeuta Psicoa-
nalítico. Psicoterapeuta consultor en North Devon. Profesor visitante
de la Unversity College London (2002-2008) y miembro fundador de la
maestría en Psicoterapia Psicoanalítica. Profesor visitante de la Universi-
dad de Exeter (2004 – a la fecha). Autor de John Bowlby and Attachment
Theory(1993) y Exploring in Security(2010) además de numerosos artí-
culos vinculados al apego y la psicoterapia.
Reseñar un libro sobre apego y Psicoterapia, nos remite a la compleja
relación que existe entre la teoría del apego y el psicoanálisis. Como
apreciamos en el epígrafe de Ramón Riera (2001), las dos teorías parten
de bases diferentes: la seguridad una y el deseo la otra. Sin embargo,
pensamos que además de lo teórico, también es complejo porque he-
mos venido entendiéndonos y entendiendo a nuestros pacientes des-
de la metapsicología psicoanalítica; pasar a hacerlo desde la teoría del
apego, implica también una relectura de nuestro trabajo y una nueva
forma de entender a nuestros pacientes. Pero también es cierto que la
teoría de apego es propuesta y desarrollada por psicoanalistas quienes
piensan que aportan al psicoanálisis; de ahí la gran cantidad de trabajos
que aspiran a una convergencia entre ambas. Este libro es un intento
más de buscar esta convergencia en el marco de extender la teoría del
apego al ámbito de la terapia de adultos.
Comenta:
Miguel Maldonado
Pedreros
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El autor nos reere en el prefacio que hay tres propósitos que lo motivan
a escribir este libro. El primero, adoptar una perspectiva integradora
entre las contribuciones del psicoanálisis y la teoría del apego, con la es-
peranza de que cada disciplina pueda iluminar a la otra. El segundo, ana-
lizar, partiendo de la gran aceptación de la teoría del apego que es muy
usada para el trabajo con niños y familias, cómo esta podría “enriquecer
y dirigir” (Pág. 10) la psicoterapia de adultos. Y el tercero, mostrar y de-
sarrollar el vínculo que existe entre el apego y la narración, en el sentido
que la vida psicológica para el autor, queda reejada en historias. Pasa-
remos a reseñar algunos capítulos del libro que nos permitan entender
estas tres motivaciones.
El libro consta de un prefacio y 12 capítulos. En los capítulos 1 y 2 hace
una síntesis de las principales aportaciones realizadas por los teóricos
del Apego con miras a su utilidad para una psicoterapia de adultos; en
los capítulos 3 al 7 y el 9, desarrolla las coincidencias y diferencias tanto
teóricas como técnicas entre el psicoanálisis y la psicoterapia de adultos
basada en la teoría del apego, desarrollando esta última y presentando
algunas viñetas a manera de ejemplo; en el capítulo 8 desarrolla el tema
del apego y la narrativa en psicoterapia. En el capítulo 10 habla sobre el
arte, apego y psicoterapia; en el capítulo 11 sobre el dinero y psicotera-
pia para terminar en el capítulo 12 tratando sobre las nalizaciones en
psicoterapia.
En el capítulo 1 hace un paralelo entre la inmunología en medicina y en
las enfermedades mentales, planteando que estas últimas se generan
en gran parte por el riesgo al que se exponen los sistemas de seguridad,
por lo tanto el desarrollar un apego seguro, podría proteger frente a la
aparición de las enfermedades mentales. Ello debido a que este tipo
de apego, proporciona la seguridad emocional indispensable para un
buen desarrollo de la personalidad, léase un equilibrio en la autoestima,
una apertura a la validación externa sin depender completamente de
ella, el establecer relaciones recíprocas teniendo la fuente más able de
sentimientos positivos dentro de uno mismo; lo que permite establecer
relaciones más calidas, estables y relaciones íntimas satisfactorias.
Continúa en el segundo capítulo, presentando los “seis principales do-
minios” (Pág. 25), que pueden ser aplicados como herramientas de
comprensión y sentido en la psicoterapia. Estos son: la base segura, la
exploración y disfrute, la protesta y el enfado, la pérdida, los modelos in-
ternos de trabajo, para terminar con la función reexiva y la competen-
cia narrativa. El autor puntualiza que el libro va a mostrar la aplicación
de estos temas – cual contexto teórico- para el trabajo terapéutico con
adultos basado en la teoría el apego.
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Para Holmes la base segura es el primero y más importante de los domi-
nios, señalando que es imposible sobrevivir sin algún tipo de base segu-
ra. Esta se desarrolla cuando el recién nacido reacciona a experiencias
de amenaza con determinadas conductas que generan una respuesta
del cuidador, la cual trae como resultado en el recién nacido un estado
psicosiológico. La repetición de estas situaciones terminan por estable-
cer el tipo de base segura, que a nivel psicológico, genera seguridad en
el recién nacido, en el sentido que donde hubo una situación caótica, se
restablece el orden o que “todo está bajo control”, “todo marcha o irá
bien”; mientras que a nivel siológico se produce la relajación, el sentirse
saciado, tranquilizado, una respiración regular y la calma.
El autor menciona que en un principio se tomaba esta situación como
una gura externa conductual, pero ahora se considera como una re-
presentación de seguridad dentro de la psique del individuo, donde per-
manecerá como una zona interna de base segura a la que en adelante
la persona se dirigirá frente a situaciones de stress. Por esto es que
recalca que para la supervivencia psicológica, se requiere de algún tipo
de base segura, las respuestas del cuidador que se relacionan con ella
incluyen “la responsividad, la coherencia, la abilidad, la sintonización,
la capacidad de absorber la protesta, la mentalidad mental y la habili-
dad de ver a la criatura angustiada como un ser autónomo y sensible
con sentimientos y proyectos propios” (Pág., 27).
Sin embargo, la base segura puede estar comprometida tanto por las li-
mitaciones de los cuidadores como por las cualidades de la criatura para
“elicitar” esa seguridad, por lo que dentro de la base segura se pueden
dar tanto un apego seguro como inseguro del tipo evitativo, ambivalente
o desorganizado. Esto se puede comprender cuando hablamos a veces
de personas que se “refugian” en algo, a manera de ejemplo, el alcohol,
las drogas, el trabajo o una relación de pareja. Por lo que podría darse el
caso que, conductas autodestructivas o perjudiciales puedan ser vividas
como generadoras de seguridad, por que producen una sensación de
calma o evitan una vivencia peor.
Holmes remarca que es a partir de la “Situación del extraño” y la” Entre-
vista de Apego Adulto”, que se pueden apreciar los patrones inseguros
de la Base Segura, por ejemplo:
El individuo evitativo permanece sucientemente próximo al cuidador
desdeñoso para lograr cierto grado de protección, pero no tan próximo
como para llegar a sentir el dolor pleno del rechazo. Las personas ambi-
valentes se aferran a sus cuidadores de modo que no estén tan a mer-
ced de sus incoherencias (…) en los individuos evitativos se compromete
la intimidad, mientras que los preocupados (ambivalentes) limitan su
autonomía al servicio de la seguridad (Pág. 29).
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Asevera que las variantes de apego inseguro son por lo general com-
pensaciones y se caracterizan por una autoestima precaria, por lo que
es de esperar que no alcancen el estado de Base Segura plena.
En el caso de los Modelos Internos de Trabajo, el autor empieza plan-
teando que es una teoría, una propuesta de estructura de la mente, y
que al igual que para el sicoanálisis la representación interna se descri-
be como un mundo interno poblado de objetos internos relacionados
entre ellos; para Bowlby los modelos internos de trabajo se entienden
como un lenguaje de acción, como un constructo más cognitivo que el
mundo interno psicoanalítico, mucho más cercano a las memorias im-
plícitas o procedimentales. que se estructuran en los primeros años de
vida, en el ámbito de los tipos de apego y de estructuración de la base
segura.
El autor pone como ejemplo que en el marco de las relaciones de pa-
reja, cada miembro aporta su modelo interno de trabajo, y cuando se
sienten atraídas entre sí es porque se da algún tipo de “encaje” entre
ambos modelos. Sin embargo en el caso de las tres principales variantes
del apego inseguro, cada una buscará la que pueda tolerar las caracte-
rísticas de su modelo interno de trabajo, lo cual traerá restricciones que
generarán infelicidad, que en el mejor de los casos, es la que los llevará
a buscar ayuda al generar la esperanza de trascender los viejos pa-
trones. Termina sus comentarios sobre este dominio reriéndose a las
personas con apego desorganizado, que por lo general coinciden con los
pacientes que padecen trastornos limítrofes. A ellos les es difícil mostrar
un patrón coherente al que sus parejas puedan adaptarse, de allí que
tiendan a establecer relaciones muy inestables.
En cuanto al dominio de la función reexiva, nos dice que esta se mues-
tra en la “Entrevista de Apego Adulto” en una relación muy cercana con
el apego seguro en “la capacidad para hablar con coherencia y cohesión
sobre uno mismo y las propias dicultades” (Pág. 37). Siendo esta fun-
ción muy importante para el trabajo psicoterapéutico, el cual el autor
entiende como un proceso narrativo que se desarrolla conjuntamente
entre el terapeuta y el paciente, un diálogo sobre el paciente, sobre su
vida y la relación que establece con el terapeuta; siendo uno de los ob-
jetivos de la terapia que el paciente aprenda a ser auto reexivo, recu-
rriendo para esto al trabajo en la transferencia , como nos dice “cuando
mediante el lenguaje pueden explicitarse las representaciones, estas se
hacen disponibles para la meta cognición o para “pensar en el pensar” y
por ende para su modicación” (Pág. 37)
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Termina este dominio resaltando los rasgos de la teoría del apego que
contribuyen a la práctica psicoterapéutica, empezando porque, al ir de
las conductas observables a las representaciones mentales, integra pers-
pectivas psicodinámicas, cognitivas y conductuales. Además la relación
terapéutica está determinada por la necesidad del paciente de buscar y
hallar una base segura, por lo que el buen terapeuta debe promover un
apego seguro siendo responsivo, sensible, coherente, able y con men-
talidad psicológica. Ofrece desde “La Entrevista de Apego Seguro” una
base teórica para el relato, escucha y comprensión de las historias que
es el núcleo de las sesiones terapéuticas, el que se complementa con la
clasicación de apegos seguros, evitativos, ambivalentes y desorganiza-
dos como una nosología para la formulación psicoterapéutica.
En el capítulo tercero busca un lenguaje compartido entre la teoría del
apego y el psicoanálisis, el cual piensa que es ahora más factible, por-
que dentro del psicoanálisis se está dando un reconocimiento a la cen-
tralidad del trauma sobre todo para las patologías limítrofes, así como
por el desarrollo de la escuela interpersonal que ha surgido desde los
trabajos de Winnicott y Sullivan, Holmes enmarca la teoría del apego
como una variante de la teoría de las relaciones objetales.
Señala algunos puntos de encuentro entre el psicoanálisis y la teoría del
apego, como por ejemplo, que para ambas la explicación de las con-
ductas externas requiere de complementarse desde sus correlatos en
el mundo interno de la persona; ambas entienden que nuestros pensa-
mientos y acciones están modelados por fuerzas sobre las que tenemos
escaso control, y que a menudo son inconscientes. Por último, que hay
una continuidad entre los patrones relacionales de la infancia y los pa-
trones de la vida adulta.
Remarca que para la teoría del apego, las necesidades de apego se man-
tienen a lo largo de la vida, por lo que de un modo “inconsciente auto-
mático” los adultos buscan su base segura, dirigiéndose a las guras o
situaciones de apego en momentos de estrés, amenaza o enfermedad.
Por ejemplo, los diferentes tipos de apego como el inseguro, evitativo
e incoherente, encontrarían un correlato en las patologías esquizoide,
histérica y límite, respectivamente.
La terapia de apego, no consiste solo en ofrecer una base segura para el
paciente; si no que también se relaciona con la empatía, responsividad,
con la diferenciación del terapeuta – capacidad para tener mente pro-
pia y trabajo en la transferencia- y con los modos en que los pacientes
manejan el ritmo del apego y la separación que es integral en la relación
terapéutica. Tal como señala el autor: “Solo en el contexto de un objeto
hallado, perdido y reencontrado es que un paciente puede acceder al
desarrollo de la autonomía – una sensación del self a la que puede recu-
rrir en los momentos de stress” (Pág. 63)
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Termina añadiendo que algo que no le ha dado suciente atención el
psicoanálisis, y que ha sido demostrado en investigaciones vinculadas
a la teoría del apego, es que el desarrollo del cerebro, en especial de
las áreas que permiten la empatía y la sensibilidad se desarrollan en el
marco del apego, por lo que toma el vínculo de apego como un estado
psicosiológico.
En el capítulo cinco después de presentar una interesante revisión de las
concepciones de cambio según diferentes corrientes en psicoterapia
y psicoanálisis, Holmes pasa a presentar cómo se entiende el cambio
desde la teoría del apego. En el caso de la teoría de apego, la tarea inicial
consiste en establecer una base segura para el paciente en la terapia.
Solo una vez establecida se podrá afrontar, abordar y examinar otros
sentimientos, trabajándolos de manera dinámica. Esta perspectiva exige
la disposición del terapeuta para intentar una y otra vez restablecer el
vínculo con los pacientes para poder aspirar a lograr un cambio. La idea
es crear una base segura, en un principio en el espacio terapéutico, y
posteriormente como representación interna del paciente.
En el capítulo seis relaciona el tipo de apego desorganizado con el con-
cepto de la falta básica de Balint. Establece una coincidencia temporal
entre el desarrollo de la corriente de las relaciones de objeto dentro del
psicoanálisis con el desarrollo de la teoría del apego entre los cincuentas
y sesentas, partiendo del concepto de la falta básica de Balint (1950) pa-
sando por Winnicott, Segal, Rosenfeld y Bion. Rescata que Balint se incli-
naba hacia una teoría relacional de la mente orientada -como Ferenczi
lo hacía- más al décit que al conicto, basada en la falta de encaje
entre el cuidador y el niño. Termina planteando que la falta básica es la
correlación clínica del apego desorganizado.
En el capítulo siete el autor nos menciona que un axioma central de la
teoría del apego es que, al igual que el lenguaje, la vida emocional tiene
un origen fundamentalmente biológico pero también es aprendida, ex-
perimentada y vivida en un contexto relacional. En sus palabras:
“En este capítulo se examina cómo nuestro modo de hablar sobre no-
sotros mismos y nuestros sentimientos y, en denitiva, el modo en
que nos experimentamos a nosotros mismos y a nuestras relaciones- se
transmite de generación a generación y también puede ser transmuta-
do mediante el proceso de psicoterapia” ( Pág. 114)
Este es un punto trascendental para el autor, donde muestra cómo el
trato recibido durante la infancia se vincula con el estilo narrativo de la
edad adulta y es con este estilo que llega el paciente a terapia, por lo
que va a ser una herramienta para ubicar o diagnosticar al paciente se-
gún el tipo de apego estableció, así como también su evolución y posible
curación.
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Pasa a reexionar cómo una generación modela la arquitectura psico-
lógica de la siguiente; empieza por revisar algunas propuestas de cómo
se da esta transmisión dentro del psicoanálisis para después proponer
como esta se entiende desde la teoría del apego. Nos dice que para
Freud la identicación era central para la vida psíquica, constituyendo
el núcleo del eje de transmisión intergeneracional; mientras que para
Klein y Fairbain el mundo interno o representacional incluye los objetos
introyectados –los buenos y los malos- de los primeros años de vida de
la criatura. Estos conforman una planilla de self-otros que actúa como
modelo para las consiguientes relaciones, pudiendo el individuo iden-
ticarse con cualquiera de los polos de estas valencias, pasivo-activo,
víctima-abusador, semejanza-oposición, etc.
El autor cuestiona que en estos modelos, no esté bien articulada la rela-
ción entre los factores externos –manejo parental, cultura, ideología- y el
mundo interno de fantasía y sentimiento. Por contraste para él:
“…la teoría del apego es un modelo explícitamente relacional en el que a
priori no existe un modelo interno sobre el que se inscribe cierto grado
de inuencia externa. La relación estará presente desde el comienzo,
y las constricciones de diferentes patrones de apego son las que de-
terminan identicaciones más o menos adaptativas. Existe un proceso
interminable de patrón interactivo que se actualiza a lo largo de genera-
ciones, por lo que conceptos como el self o identicación son abstrac-
ciones de este proceso”. (Pág. 116).
Sin embargo, Holmes rescata que estas ideas ya se presentaban dentro
del psicoanálisis en Bion, Bowlby y Winnicott quienes, aunque en forma
diferente, mostraron interés por un modelo que sin llegar a ser relacio-
nal, entienden este proceso de una manera interactiva o interpersonal
en la que participan tanto el progenitor como el bebe.
Termina el capítulo explicando la transmisión intergeneracional desde la
teoría del apego. Para esta, el primer lugar y el más importante en esta
transmisión intergeneracional es el “reejo maternal”, que se da cuan-
do una madre sintonizada ayuda a la criatura a identicar sentimientos
mediante el reejo de la conducta. Este reejo tiene dos características:
es exagerado y contingente. El autor lo explica de la siguiente manera:
“La primera, la expresión facial de emoción de la madre se “señaliza”
mediante la exageración, de modo que el bebé pueda ver que son los
sentimientos “interpretados” no reales. La segunda, que son contingen-
tes con los sentimientos del niño, de modo que surgen cuando la criatu-
ra parece estar experimentando una emoción particular (una respuesta
que en sí misma tiene una función tranquilizadora) (Pág. 119)”.
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Como se evidencia, se está reriendo no solo a la actitud de la madre
frente a lo que le pasa a su bebe, si no también a lo que reexiona y/o
frasea por ejemplo “ya va a pasar” “debes estar teniendo frío”, “tienes
hambre seguro”, que constituyen las primeras narraciones o reexio-
nes. Sin embargo, también puede darse el caso que la madre no res-
ponda o lo haga de manera incoherente o inconsistente que sería el
caso de los apegos inseguros. Comenta investigaciones realizadas por
los teóricos del apego, en las que se sugiere la existencia de vínculos
entre estas observaciones de la vida temprana y el self narrativo de los
adultos, explicándose de esta manera la forma como se da la transmi-
sión a la siguiente generación.
Esta interacción es internalizada, y permite que el niño disponga den-
tro de sí mismo de un espejo reejo interior, o un ojo interior, en el que
puede o no representarse y modicarse creativamente el pensamiento
emocional. La adquisición del diálogo interior implica convertirse en ín-
timo con uno mismo y este conocimiento de uno mismo va de la mano
con el conocimiento de los demás.
Esta transmisión generacional actúa como una presencia fantasmagóri-
ca o principio organizativo alrededor del cual se produce el desarrollo
psicológico. Proporciona la coherencia y forma necesarias para la apa-
rición de la estructura psicológica; la historia puede ser buena (segura)
o mala (insegura, evitativa o preocupada) pero constituye algún tipo de
mapa que ayuda a su poseedor a saber quién es, de dónde viene y a
dónde puede llegar. Desde todas estas reexiones el autor plantea que
la psicoterapia actúa en parte proporcionando una experiencia emocio-
nal correctiva, probablemente porque el terapeuta ofrece condiciones
similares a las que subyacen a un apego seguro.
Un punto importante es que la capacidad para la función reexiva parece
ser protectora contra la vulnerabilidad psicológica ante la dicultad am-
biental, por lo que gran parte del trabajo de los terapeutas es fomentar
la función reexiva de sus pacientes. Para narrar una historia sobre uno
mismo en relación a los demás, es necesario que uno sea capaz de re-
exionar sobre mismo, verse aunque sea parcialmente desde afuera
y esto depende de la experiencia del reejo materno que es la base del
reejo interior o mundo representacional cuyo establecimiento es parte
de la tarea de la psicoterapia.
En el capítulo 8 Holmes aspira a “entrelazar en una historia común el
psicoanálisis contemporáneo, la investigación sobre el apego y la teoría
narrativa” (Pág. 136). Hace un deslinde con la escuela hermenéutica de
psicoanálisis, que si bien se centran en la “verdad narrativa” Holmes dis-
crepa con ellos porque distancian la psicoterapia de un diálogo con la
biología evolutiva y la psicología del desarrollo que para él es algo nece-
sario y además posible.
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Nos plantea que a partir de lo presentado en el capítulo anterior, se
puede entender el self como una amalgama de relaciones pasadas y
presentes, y la sensación de poseerlo se dará a partir de la capacidad
para modelar estas inuencias en un todo coherente, añadiendo que
estará siempre coloreado por los estilos de apego que haya vivido la
persona.
Por lo tanto, se puede plantear que es un self autobiográco, que re-
quiere de ser relatado a un otro antes de poder llegar a ser uno mismo,
siempre hay otro a quien el self está contando su historia. Este relato
en los adultos adopta la forma de un diálogo interno, que estará ínti-
mamente vinculado con los diferentes tipos de apego que la persona
haya vivido. De aquí la idea, por ejemplo, de que uno puede ser o no una
buena compañía para uno mismo.
Este diálogo para el autor se inicia cuando la madre cuenta una “histo-
ria” a la criatura, en el sentido de interpretar qué le pasa, cuando tiene
frío o sueño, por ejemplo. Este acto es lo que constituye el germen de
la función reexiva de la criatura, que posteriormente se preguntará a
sí misma lo que le está sucediendo, pero lo hará según el tipo de apego
que este experienciando, como lo dice el autor:
“Si el cuidador es evitativo, la gama y complejidad de las historias estará
limitada; si es intruso, no lograra coincidir con la experiencia de la cria-
tura. El cuidador no solo calma al bebé, simboliza también el proceso a
través del cual se restablece la calma. Posteriormente en la vida, el niño
a quien le haya faltado esto puede carecer tanto de la capacidad para
auto-calmarse (característico de los pacientes límites) como la habilidad
para hablar, referirse o simbolizar su angustia (Pág. 144).
De todo esto se inere la trascendencia de la narrativa en la labor ter-
apéutica. De allí que la primera tarea de un terapeuta, consista en asistir
a un paciente a relatar su historia y de las cualidades de esta, se podrá
inferir el tipo de relación que establece el paciente, teniendo cada tipo
de apego un estilo narrativo diferente.
La salud mental estaría, según los teóricos del apego, estrechamente
vinculada con el apego seguro, a decir del autor: “depende de una dialéc-
tica entre la creación de la historia y la ruptura de la historia, entre la ca-
pacidad para formar una narrativa y para dispersarla a la luz de nuevas
experiencias” (Pág. 147), entendiendo que la narrativa así como puede
contener, tranquilizar y calmar, también puede constreñir, controlar y
distorsionar.
Concluyendo, en este capítulo el autor plantea que:
“…ha revisado el ciclo de la construcción y deconstrucción narrativa,
entendida esta como un elemento central en el proceso terapéutico. Ha
mostrado que la narrativa tiene sus orígenes psicobiológicos en la señal-
ización y contingencia del reejo maternal. Se han trazado los vínculos
entre los patrones de apego infantil y los estilos narrativos adultos. Por
último se ha presentado la manera en que, en psicoterapia, el psicotera-
peuta modela el relato del paciente y reeja su experiencia afectiva de
un modo que conduzca a una sensación de self más segura (Pág. 157)”.
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Todos estos planteamientos los termina vinculando el autor en el capitu-
lo 11, a la relación entre el dinero y psicoterapia, remarcando que el din-
ero equivale a seguridad, pero que la relación con el dinero en general y
especícamente en la psicoterapia es también un claro indicador de los
estilos de apego de las personas, y nos dice:
“…para los individuos evitativos, para quienes el dinero “no signica
nada”, los tipos ambivalentes se suelen aferrar a su tesoro, mientras
que las personas desorganizadas para quienes las dicultades económi-
cas parecen inextricablemente vinculadas a sus problemas psicológi-
cos… (Pág.200)”
El intercambio nanciero, para el autor, es parte del marco de una ter-
apia segura, semejante a la necesidad de regularidad en el tiempo y en
el espacio y de coherencia en el enfoque, porque el dinero no es más
que un medio de intercambio, lo cual es característico también de las
relaciones humanas.
El autor termina el libro reexionando sobre la nalización de la psico-
terapia desde la perspectiva de otros autores como Winnicott, Mahler y
Freud, para señalar que desde la teoría del apego, el objetivo o “nali-
dad” de la psicoterapia es ayudar a crear una base segura, en la realidad
misma y como representación interna del paciente. Esta surge en par-
te de la responsividad y sintonización ofrecidas por el terapeuta; de la
primera se derivan los rudimentos de la intimidad, mientras que de la
segunda, la capacidad de autonomía.
De acuerdo a ello, la psicoterapia terminará cuando se llegue a una
“adaptación” entre el estilo de apego del terapeuta y el del paciente. Se
espera que para el nal, el paciente se encuentre en mejor posesión de
su propia narración y que ya no requiera del terapeuta como “asistente
autobiógrafo”. Solo cuando los pacientes se sienten sucientemente se-
guros como para abandonar sus defensas -entendidas como los mane-
jos compensatorios producto de apegos inseguros- pueden comenzar a
progresar hacia la nalización. Por último la partida es solo posible una
vez que se ha logrado desarrollar la capacidad para la intimidad y la
autonomía.
Comentarios nales
Nos parece que son importantes e insoslayables los aportes que se de-
sarrollan desde la teoría del apego al conocimiento de la infancia, de
su mundo interno y de su desarrollo psicosiológico, y en el caso de
este libro de su aplicación a la psicoterapia de adultos. Es justamente
por haber percibido su utilidad con determinado tipo de pacientes so-
bre todo con patologías de décit en la consulta, que nos decidimos a
reseñar este libro.
Encontramos varios puntos importantes de encuentro con el psicoanáli-
sis, como la continuidad entre los patrones relacionales de la infancia
y los patrones de la vida adulta, el entender que nuestras acciones y
pensamientos están modelados por fuerzas de las que no tenemos con-
ciencia y por lo tanto control, y que para ambas la explicación de las
conductas externas requiere de complementarse desde sus correlatos
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en el mundo interno de la persona. En la técnica de trabajo también
coincide con la actitud analítica, el trabajo dinámico y el manejo de la
transferencia para hacer consciente las motivaciones de las conductas
de los pacientes.
Pero en la trama de estas cercanías también se muestran las distancias,
que giran en la teoría que las sustentan, por citar algunos, el no recurrir
en el caso del apego a la meta psicología psicoanalítica, la forma como
se entiende la relación del recién nacido con su entorno, uno parte del
deseo y el otro de la seguridad, el inconsciente es entendido de manera
diferente, el trabajo en las defensas, la forma como se constituye el self
y podríamos seguir citando varias más.
Todo esto nos hace pensar que a pesar de sus deseos, el autor no llega
a integrar la teoría del apego -que parte de la necesidad o búsqueda de
seguridad-, con el psicoanálisis -que parte el deseo y de la fantasía-; y
si bien hay teorías psicoanalíticas que generan una sensación de acer-
camiento, como por ejemplo plantear que la teoría del apego es una
variante de la teoría de las relaciones objetales, o que está cerca de los
planteamientos de psicoanalistas como Balint, Winnicott que se orien-
tan más a lo interpersonal, y al trabajo con patologías de décit, al nal
no dejan de ser solo cercanías, que como toda cercanía, siempre tiene
implícita distancias y diferencias. Esta situación nos evoca al libro de
Fonagy (2001) “Teoría del apego y Psicoanálisis” donde hace un erudi-
to y exhaustivo intento de establecer coincidencias entre autores psi-
coanalíticos y la teoría del apego, quedándose también solo en cercanías
y lejanías, con coincidencias y discordancias.
¿Es un nuevo paradigma?, ¿es una nueva escuela? justamente cuan-
do se intenta extender los planteamientos del apego a la psicoterapia
de adultos donde estas preguntas se palpan con mayor claridad. Nos
quedamos con la certeza de la utilidad clínica de la teoría del apego y
con la incertidumbre sobre de qué estamos hablando cuando buscamos
una convergencia con el psicoanálisis. La situación se complejiza más
aún cuando nos damos cuenta que, como decía Wallerstein, no hay uno
sino varios psicoanálisis, incertidumbre con la que por ahora solo nos
queda convivir.
Referencias bibliográcas
Fonagy, P; Mendiola, M. (2001) Teoría del apego y psicoanálisis. Barcelo-
na. Editorial SPAXS. S.A.
Riera, R. (2001) Transformaciones en mi práctica psicoanalítica: Un
trayecto personal con el soporte de la teoría intersubjetiva y de la psi-
cología del self. Aperturas psicoanalíticas Nº 8 (http:www.aperturas.
org/8riera.html)
Lic. Miguel Maldonado Pedreros, Asociación de Psicoterapia Psicoanalíti-
ca, Lima, Perú