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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 2 (1), 2014, pp 226 - 237
ISSN 2815-6994 (en linea)
Nos plantea que a partir de lo presentado en el capítulo anterior, se
puede entender el self como una amalgama de relaciones pasadas y
presentes, y la sensación de poseerlo se dará a partir de la capacidad
para modelar estas inuencias en un todo coherente, añadiendo que
estará siempre coloreado por los estilos de apego que haya vivido la
persona.
Por lo tanto, se puede plantear que es un self autobiográco, que re-
quiere de ser relatado a un otro antes de poder llegar a ser uno mismo,
siempre hay otro a quien el self está contando su historia. Este relato
en los adultos adopta la forma de un diálogo interno, que estará ínti-
mamente vinculado con los diferentes tipos de apego que la persona
haya vivido. De aquí la idea, por ejemplo, de que uno puede ser o no una
buena compañía para uno mismo.
Este diálogo para el autor se inicia cuando la madre cuenta una “histo-
ria” a la criatura, en el sentido de interpretar qué le pasa, cuando tiene
frío o sueño, por ejemplo. Este acto es lo que constituye el germen de
la función reexiva de la criatura, que posteriormente se preguntará a
sí misma lo que le está sucediendo, pero lo hará según el tipo de apego
que este experienciando, como lo dice el autor:
“Si el cuidador es evitativo, la gama y complejidad de las historias estará
limitada; si es intruso, no lograra coincidir con la experiencia de la cria-
tura. El cuidador no solo calma al bebé, simboliza también el proceso a
través del cual se restablece la calma. Posteriormente en la vida, el niño
a quien le haya faltado esto puede carecer tanto de la capacidad para
auto-calmarse (característico de los pacientes límites) como la habilidad
para hablar, referirse o simbolizar su angustia (Pág. 144).
De todo esto se inere la trascendencia de la narrativa en la labor ter-
apéutica. De allí que la primera tarea de un terapeuta, consista en asistir
a un paciente a relatar su historia y de las cualidades de esta, se podrá
inferir el tipo de relación que establece el paciente, teniendo cada tipo
de apego un estilo narrativo diferente.
La salud mental estaría, según los teóricos del apego, estrechamente
vinculada con el apego seguro, a decir del autor: “depende de una dialéc-
tica entre la creación de la historia y la ruptura de la historia, entre la ca-
pacidad para formar una narrativa y para dispersarla a la luz de nuevas
experiencias” (Pág. 147), entendiendo que la narrativa así como puede
contener, tranquilizar y calmar, también puede constreñir, controlar y
distorsionar.
Concluyendo, en este capítulo el autor plantea que:
“…ha revisado el ciclo de la construcción y deconstrucción narrativa,
entendida esta como un elemento central en el proceso terapéutico. Ha
mostrado que la narrativa tiene sus orígenes psicobiológicos en la señal-
ización y contingencia del reejo maternal. Se han trazado los vínculos
entre los patrones de apego infantil y los estilos narrativos adultos. Por
último se ha presentado la manera en que, en psicoterapia, el psicotera-
peuta modela el relato del paciente y reeja su experiencia afectiva de
un modo que conduzca a una sensación de self más segura (Pág. 157)”.