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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 4 (1), 2016, pp 8 - 15
ISSN 2815-6994 (en linea)
neurótica y pasiva. En el caso de la pareja, por ejemplo, al proyectar
en el otro todo lo negativo y quedarnos con el sentimiento de ser “los
pobrecitos”, sin cuestionarnos el porqué aceptamos este rol, nos que-
daríamos en una actitud pasiva que nos impediría darnos cuenta de la
responsabilidad que tenemos al asumir un rol en el vínculo de pareja, en
este caso, el de “víctima”.
Esta reexión le va por igual a los dos miembros de la pareja, porque
alguno de ellos hará el rol activo y el otro el rol pasivo. Deseos que
interactúan inconscientemente para encontrarse con una pareja, por
ejemplo que les represente a uno de los progenitores, ya sea la madre
o el padre; lo peligroso es que se queden jados en ese único rol y no
intercambien y amplíen roles.
Cuando por la jeza extrema en un rol, proyectado y asumido, los inter-
cambios y el vínculo se tornan patológicos, la pareja muchas veces no
repara que cada uno hace su parte “calladamente”, sin reconocer que se
destruyen, porque aunque el amor existe entre ellos, lo que no existe
es la posibilidad de pensar en lo más mínimo, que los dos contribuyen
y que en ambos, predominan aspectos infantiles, es decir predomina lo
infantil sobre los aspectos adultos, en los que, son únicamente marido y
mujer - padre y madre.
En el caso del trabajo con parejas el terapeuta descubre directamente
- esa es su tarea principal - lo que está sucediendo en la inter-relación,
al observar a sus miembros en el trato recíproco. Sólo observando di-
rectamente la escena, la acción y la comunicación verbal y no verbal,
el terapeuta puede obtener información privilegiada sobre la relación
entre los miembros de la pareja.
En tanto prevención podría decir que hay varias formas de enfocar la
pertinencia de la terapia de pareja: La primera, “antes que ocurra” una
crisis, es decir, antes que se llegue a producir el desenlace de la misma,
con la ruptura del vínculo por ejemplo, viendo aspectos importantes del
grupo familiar de ambos, qué espera uno del otro, valores, ideales, etc.
que conforman la convivencia de la pareja.
La segunda, sería cuando llegado el momento “de la convivencia” se de-
tecta que existen situaciones no comprendidas y que la comunicación
se va haciendo cada vez más difícil, apareciendo dicultades de índole
familiar, cultural y social en lo maniesto; la interacción de esta diada va
entrando en confusión y conicto sin tomar en cuenta aspectos incon-
scientes importantes de cada uno de los miembros. Aquí la psicotera-
pia de pareja tiene que ser enfocada en un primer momento como el
tratamiento de elección en una concepción de a dos, ya que los “juegos”
conscientes e inconscientes de la pareja establecen un nuevo sistema
complejo que es una realidad nueva y unitaria de tipo psicológico que
va más allá de la suma de las dos personas que la componen.
La tercera, sería no esperar a que estos conictos, dudas y angustias
se repitan. Anticiparse, explorando en algunas sesiones de pareja sus
áreas sensibles; entendiendo lo difícil que es esta diada, en la que están,