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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 22 - 29
ISSN 2815-6994 (en linea)
El intercambio de dinero, billetes de diferentes países le habilita la cer-
canía de un cuerpo en el cual no media una economía libidinal, solo
organismo, para recluirlo en un profundo vacío.
Sin embargo, Anselmo por primera vez ama aunque, agrega, suena ridí-
cula esa palabra en su boca, ama… Cito a Freud, en Introducción del Nar-
cisismo, “El pleno amor de objeto según el tipo del apuntalamiento es en
verdad característico del hombre. Exhibe esa llamativa sobrestimación
sexual que sin duda proviene del narcisismo originario del niño y, así,
corresponde a la trasferencia de ese narcisismo sobre el objeto sexual.”
(Freud, 1914 p. 85). Anselmo tiene un amor que no sirve, así lo enuncia…
¿por qué no sirve su amor? Y continúo con la cita: “Tal sobrestimación
sexual da lugar a la génesis del enamoramiento, ese peculiar estado que
recuerda a la compulsión neurótica y se reconduce (…) a un empobre-
cimiento libidinal del yo en benecio del objeto” (Freud, Op. Cit. p. 85).
Muñeca es joven, nueva, optimista, huye de la fealdad de Anselmo. Su
amor por ella no la compensa y Muñeca huye de la fealdad de su perso-
na. Hay una elección de objeto amoroso de tipo narcisista: Muñeca es lo
que Anselmo querría ser: nuevo, joven y bello.
Ahora bien, Anselmo supone que Muñeca no lo ama porque es viejo y
feo. Lo cierto es que Muñeca ama a Enrique. Verdad trágica que lleva-
rá al suicidio de Anselmo. Hay un amor no correspondido. Lo cual trae
como consecuencia un empobrecimiento narcisista, dado que el objeto
elegido para amar, Muñeca, no le devuelve su inversión libidinal.
¿Podríamos aventurarnos a pensar que toda elección de amor objetal,
tiene también cierta elección de tipo narcisista?
Cuando en la elección de objeto hay correspondencia, el Ideal del Yo se
siente enaltecido, habría una recuperación ilusoria del Yo Ideal infantil
que alguna vez fuimos, por lo tanto, una completud del Yo Real.
Anselmo es víctima de su cuerpo. Hay una tragedia de nacimiento, lleva
su cuerpo como una condena.
En el ensayo acerca de “Las excepciones”, Freud (1916) describe a aque-
llos pacientes reticentes a una renuncia por un tiempo de un placer fá-
cil a cambio de una nalidad mejor. Justican su actitud diciendo que
han sufrido y se han privado bastante, que tienen derecho a que se los
excuse de ulteriores requerimientos y que no se someterán a ninguna
necesidad desagradable, dado que ellos se presentan como excepciones.
Estos pacientes tienen en común que en sus más tempranos destinos
de la vida, su neurosis se anudaba a una vivencia o a un sufrimiento que
los había afectado en la primera infancia, de los que se sabían inocen-
tes y pudieron estimar como un injusto perjuicio inferido a su persona.
Luego, plantea Freud, los privilegios que se arrogaron, y la rebeldía que
se suscitó, agudizaron los conictos que más tarde llevaron al estallido
de la neurosis.
Aclara que la pretensión de excepcionalidad se enlaza íntimamente con
los factores de daño congénito y es motivada por éstos últimos, como
ocurre en la tragedia de Shakespeare Vida y Muerte del rey Enrique III.