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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 59 - 68
ISSN 2815-6994 (en linea)
PSICOANÁLISIS
CONTEMPORÁNEO:
PROPUESTAS PARA
LA CLÍNICA ACTUAL
LIC. PSIC. ADRIANA ANFUSSO
Socia Habilitante de la Asociación Uruguaya de
Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP).
Docente del Instituto Uruguayo de Psicoterapia de
AUDEPP (IUPA).
Fundación Winnicott (Uruguay).
Miembro fundador y docente.
adriana.anfusso@gmail.com
Montevideo, Uruguay
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Anfusso A. (2015) PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO:
PROPUESTAS PARA LA CNICA ACTUAL
Intercambio Psicoanalítico 3 (1),
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Resumen
Se parte desde una perspectiva pluralista que aspira a contemplar
la dialéctica biología-cultura o natura-nurtura, tratando de integrar
el modelo monádico pulsional (nunca ingenuamente solipsista) que
nos legó Freud, con el modelo relacional contemporáneo que tampo-
co es simplemente ambientalista pero destaca la matriz del vínculo
interpersonal como base de la estructuración humana.
Tres temas son centro de nuestra reexión: la considerable impor-
tancia del trabajo subjetivo inconsciente del analista en sesión, la
naturaleza obviamente activa y no sólo pasiva de cualquier paciente
y la importancia de las muchas negociaciones de distinta índole que
se tramitan en la díada terapéutica.
Palabras clave: Subjetividad del analista, paciente-sujeto activo, ne-
gociación terapeuta-paciente.
PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO:
PROPUESTAS PARA LA CLÍNICA ACTUAL
Lic. Psic. Adriana
Anfusso1
1 Socia Habilitante de la Asociación
Uruguaya de Psicoterapia
Psicoanalítica (AUDEPP). Docente del
Instituto Uruguayo de Psicoterapia
de AUDEPP (IUPA).
Fundación Winnicott (Uruguay).
Miembro fundador y docente.
adriana.anfusso@gmail.com
Montevideo, Uruguay
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Introducción
¿Uno o varios psicoanálisis hoy? ¿Modelos contemporáneos de la men-
te total o parcialmente articulables con el psicoanálisis clásico y entre
sí? ¿Nuevas metapsicologías inconciliables con las restantes? Preguntas
siempre inquietantes que cuesta formular, más aún cuando es tan difícil
encontrar acuerdos en torno a ellas. Unos nos aliaremos férreamente
al Psicoanálisis Clásico o a cualquiera de las otras teorías o corrientes
desconociendo el valor de las restantes, otros nos declararemos eclécti-
cos e intentaremos poner todas las teorías en pie de igualdad con posi-
ble sacricio de la rigurosidad, los miembros de un tercer grupo nos de-
niremos como pluralistas y trataremos de integrar los conceptos que
consideramos compatibles discriminando y respetando las anidades y
divergencias epistemológicas entre las distintas perspectivas.
Pero es inevitable el choque con un problema adicional, con la Babel
psicoanalítica. Se da a menudo debido a la frecuente utilización de exac-
tamente los mismos términos para referirse a fenómenos cuya deni-
ción es absolutamente diversa. Un ejemplo, el concepto de “trauma” se-
gún Freud (1923) y Winnicott. El primero lo relaciona con lo pulsional, lo
económico y lo sexual. Winnicott lo vincula con el desarrollo, la falla en
los cuidados ambientales tempranos y la interrupción de la continuidad
existencial de un ser humano inmaduro que enferma al verse obligado
a adoptar una reacción defensiva de tipo Falso Self.
Al respecto R. Bernardi plantea brillantemente, e intuyo que reriéndose
tanto a personas como a instituciones:
“Si desde el punto de vista intelectual, el cambio de paradigma implica,
como dice Kuhn, un cambio de gestalt, desde el punto de vista emocio-
nal pone en juego idealizaciones, equilibrios narcisistas, aliaciones o
exclusiones, sentimientos de amor y odio de naturaleza diferente.” (Ber-
nardi, R., 2013)1
En aras de la brevedad, me referiré a los aportes a la clínica actual del
Psicoanálisis Contemporáneo que abarca los terrenos intrapsíquico e
interpersonal, centrándome en los tres temas que subtitulan este artí-
culo. Lo haré desde anidades personales con a) D. W. Winnicott y Chris-
topher Bollas, representantes conspicuos del Pensamiento Psicoanalíti-
co Independiente Británico y b) desde la perspectiva de algunos autores
que integran el Psicoanálisis Relacional estadounidense cuya conuen-
cia me importa destacar.2
1 Bernardi, R. (2013). Conferencia previa
a THERIP. El mundo fragmentado de
Psicoanálisis: ¿Es posible el diálogo? Lugar:
Royal College of Art, Londres. 26 de julio de
2013.
2 Benjamin, J.; Mitchell, S.; Safran, J.; Renik,
O.; Aron, L.: Greenberg, J., etc.
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La tradición winnicottiana en el siglo XXI
Es mucha la importancia que ha adquirido para los profesionales de la
salud mental3 el contacto con la obra de Winnicott, especialmente por
sus aportes quizás más conocidos, el del tercer espacio paradójico inter-
no-externo de lo transicional “donde vivimos la mayor parte del tiempo”
y su conceptualización de la psicoterapia como la superposición de dos
zonas de juego (bastante sosticadas): la del analista y la del paciente.
La bibliografía acerca de sus teorías se ha multiplicado exponencialmen-
te. Colegas latinoamericanos4, al igual que otros de Italia, España y del
Grupo Independiente Británico así como representantes del Psicoanáli-
sis Relacional estadounidenses han dado nuevo impulso a la tradición
winnicottiana en su intento por comprender el origen y naturaleza de
nuevas formas de sufrimiento psíquico que aquejan hoy a quienes nos
consultan, en el afán de darles respuesta. Esta situación nos obliga a
abandonar zonas seguras de conocimientos ya asentados para incursio-
nar en territorios plagados de cuestionamientos, de asuntos descono-
cidos y de propuestas novedosas que debemos considerar y evaluar.
Algo más de una década ha corrido de este nuevo siglo. Breve lapso
en términos históricos pero tramo signicativo en la vida de cualquiera.
Máxime cuando como ahora se nos cae encima una avalancha de for-
tísimos y acelerados cambios que afectan todos los niveles de nuestro
funcionamiento: físico, psíquico, emocional, social…
La general vigencia de Winnicott, un adelantado para su época, coexiste
con algunos planteos que hoy se están volviendo obsoletos. ¿El hogar
sigue siendo, como en el Siglo XX, el punto de partida para la mayoría
de las generaciones más jóvenes? Los cambios en la constitución de la
familia nos conrman que no. Quizás corresponda que aunemos esfuer-
zos para encontrar soluciones sustitutivas saludables para quienes aso-
man al mundo en estructuras muy distintas a las habituales en el siglo
XX. El desarrollo, la salud o enfermedad de cada individuo, de todas las
disciplinas del conocimiento y de innumerables fenómenos sociales y
culturales del futuro dependen de tal decisión.
La subjetividad del analista
3 Green, A.; Pontalis, J.; Roussillon, R.;
Gaddini E. y R.; Gianakoulas, G.; Phillips, A.,
Davis, M; Abram, J.; etc.
4 Se han realizado desde 1991 a la fecha
veintitrés Encuentros Latinoamericanos
sobre el Pensamiento de D. W. Winnicott.
Anualmente han sido sede de ellos
Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y
Uruguay, con la participación de colegas de
toda América Latina, Europa y EE.UU.
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Tema del que poco se habla y que solemos guardar en la trastienda.
¿Quién se animaba hasta hace poco a confesar entre colegas que había
dado una opinión, que ofreció una información, que no pudo evitar de-
rramar una lágrima en la consulta? ¿Miedo de mostrarnos y ser acusa-
dos de perder nuestra identidad profesional? ¿Deseo de mantener cier-
ta imagen y no exponernos al ostracismo? La tendencia a sobrevalorar la
neutralidad y la abstinencia del analista quizás hizo descuidar en dema-
sía aspectos innegables del funcionamiento subjetivo e inconsciente del
analista que no pierde su calidad de humano cuando entra a la consulta.
¿Por qué tanta demora en reconocer, nosotros, especialistas en el tema
cuando se trata de los otros, la fuerza de nuestra vida interior tan deter-
minante de nuestro ser y hacer? Quizás el no haber reconocido ni exa-
minado sucientemente el poder de nuestra subjetividad inconsciente
y sus efectos nos impidió, de paso, minimizar lo negativo y potenciar lo
positivo de esta ineludible inclusión. Al negar la presencia de esta reali-
dad en los consultorios ¿no habremos fomentado en exceso la repre-
sión en el desempeño de nuestra función? ¿Tiene el mismo efecto el
encuentro con una persona controlada e inhibida que el que propicia
alguien que, sin abandonar su actitud profesional, actúa con esponta-
neidad y deja entrever lo genuino y verdadero de sí mismo?
O. Renik dice:
“No creo que la neutralidad sea un ideal que el analista haya de perse-
guir, un ideal deseable, aun cuando pudiésemos solamente aproximar-
nos a él, y dada la falibilidad humana. Cuando observamos lo que en
realidad hacemos, y lo que verdaderamente funciona, nos percatamos
que el concepto de neutralidad no describe elmente la actitud de un clí-
nico ecaz. De hecho, la neutralidad representa una actitud que intere-
re en un análisis productivo. Hay ocasiones en las que un analista puede
y debe opinar acerca de cuál es la mejor forma de resolver el conicto
del paciente (cuando la contribución más crucial que puede hacerse al
trabajo analítico es precisamente la comunicación de estas opiniones), y
hay otras ocasiones, sin embargo, en las que un analista no debería ela-
borar -y mucho menos comunicar- sus opiniones acerca del conicto del
paciente. Por tanto, el concepto de neutralidad analítica que prescribe al
analista quenunca tome partido respecto al conicto del paciente es un
concepto malentendido e inútil.Es cierto que queremos una teoría de la
técnica analítica que proteja la autonomía del paciente, pero hemos de
reconocer que, en último término, el concepto de neutralidad analíti-
ca no nos sirve para tal propósito.” (Renik, 1996).5
5 Renik, Owen “The perils of neutrality”
fue publicado originalmente en The
Psychoanalytic Quarterly, vol. LXV, No.
3, págs. 495-517 (1996). Copyright The
Psychoanalytic Quarterly. Traducido
y publicado con el permiso de The
Psychoanalytic Quarterly y del autor.
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Winnicott siempre se propuso ser lo menos intrusivo posible con sus
pacientes. Pero no por eso se privaba de revelar, a veces a sabiendas y
otras de manera no intencional, asociaciones, ideas, ocurrencias o esta-
dos subjetivos nacientes que vagamente sentía conectados con la pro-
blemática del paciente. Como si iniciara, desde su interior, en el caso de
pacientes adultos, un juego de garabatos verbales que cada uno podrá
tomar y “usar” a su manera transformándolo en un objeto signicativo
para él o bien podrá rechazarlo, no tomarlo en cuenta.
Los pacientes nos enfrentan diariamente a cantidad de desafíos e in-
certidumbres diarios que nos perturban en mayor o menor medida y
que generalmente no compartimos. Solemos preguntarnos “¿Y ahora?
¿Por qué este largo silencio tan poco habitual?” “¿De dónde vendrá esa
asociación?” “¿Le digo o me callo?” “¿Le comentaré al supervisor esto que
pasó hoy?”
Incluso los silencios del analista pueden catalogarse como momentos de
asociación libre.
Comenta Bollas:
“… el analista debe permitir que su propia receptividad inconsciente se
conecte con el trabajo inconsciente del analizando. Para lograrlo, bastará
con la escucha silenciosa, algún eco ocasional y, a veces, en lo que puede
parecer una actitud poco convencional, el comentario espontáneo que
tiene poca relación aparente con lo que está contando el analizando.”
El analista puede decir a su paciente que lo ve “hablar más libremente
con él. ¿Por qué dijo eso? Considerándolo más tarde, el analista informó
que no tenía la menor idea. (…) pero es importante que el terapeuta no
supiera por qué lo dijo.” 6(Bollas, 2013).
Ese no saber puede ser la base de un trabajo co-creativo inconsciente de
la pareja terapéutica.
Obviamente este tema debe acompañarse de una discusión seria acerca
de los alcances y límites del cambio propuesto y más particularmente de
la “actitud profesional”7 (Winnicott).
6 Bollas, C. (2013) La pregunta innita.
Buenos Aires: Paidós. P. 179.
7 “… si se entra en la práctica de la
psicología, es necesario hacerlo dentro de
cierto marco: la entrevista debe realizarse
en un marco adecuado, y tener un límite de
tiempo jado de antemano. Dentro de este
marco somos conables, mucho más que
en nuestra vida diaria.” (Winnicott, D. (1980)
La familia y el desarrollo del individuo.
Buenos Aires: Paidós. P. 155).
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“Ser conable en todos los aspectos es la principal cualidad que necesi-
tamos. Ello signica no sólo respetar a la persona que acude a nosotros
y su derecho de disponer de parte de nuestro tiempo y nuestra pre-
ocupación. Todos nosotros tenemos nuestra propia escala de valores,
y eso nos permite no tratar de modicar el sentido del bien y del mal
de la persona que nos consulta. El hecho de hacer un juicio moral y ex-
presarlo destruye la relación profesional en forma total a irrevocable.”
(Winnicott, 1980).
¿Pacientes-objeto o pacientes-sujetos?
El lenguaje y la teoría nos inducen a llamar “objetos” a las “personas”
y “pacientes” a quienes dan sentido a nuestra función. ¡Paciente! ¿Con-
densación de paciencia y pasividad? Se les puede seguir atribuyendo un
rol pasivo aun cuando son, como la mayoría de los mortales, personas
alternadamente pasivas, activas y que en ocasiones presentan un sinfín
de gradaciones intermedias. Además, lo activo o pasivo de alguien no
es sólo un asunto personal. Depende también del contexto que lo ro-
dea. Pero la verdad es que los pacientes nos enfrentan a cantidad de
desafíos e incertidumbres cotidianos a los que la teoría interpretativa
no da respuesta. Así es como se muestran activos y nos hacen entrar
en actividad a nosotros también. Por otra parte, no parece que en estos
tiempos dispongan de la misma paciencia que antes.
“Al proceso terapéutico Winnicott lo concibe, según fórmula no por co-
nocida menos sorprendente, como una situación en la que dos perso-
nas se comunican empáticamente “jugando” juntas. Apuesta no sólo a la
interpretación sino, fundamentalmente, a lograr experiencias comparti-
das que apuntan al autodescubrimiento que, como por arte de magia,
a veces logra el paciente gracias al vínculo con su analista.” 8 (Anfusso e
Indart, 2009)
Podemos recurrir como ejemplo al juego del garabato que Winnicott
proponía a los niños en sus breves “consultas terapéuticas”. Él deno-
minaba “momento sagrado del autodescubrimiento” al que se daba
cuando el pequeño paciente podía, a través de las secuencias de dibujos
compartidos, vivenciar, reconocer y explicarse el asunto que lo pertur-
baba. Una especie de auto-interpretación.
Bollas plantea que, en último término, buena parte de un análisis y mu-
chas sesiones puede que resulten ser interjuegos dialécticos de dos sub-
jetividades cuyo estudio, en vez de llamarse “teoría de las relaciones de
objeto”, debería llamarse “teoría de las relaciones de sujeto”. Por otra
parte considera más riguroso reservar el término “objeto transicional”
para el que deriva de la superposición, en un solo individuo, de lo inter-
no de su ser con lo externo que lo rodea. Y propone denominar “objeto
intermedio” al que es producto de la contribución de dos subjetividades.
8 Anfusso, A. e Indart, V. (2009) ¿De qué
hablamos cuando hablamos de Winnicott?
Montevideo: Psicolibros Waslala.
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Aun hoy a los pacientes se los trata como “objetos pasivos” y muy rara-
mente se les reconoce la calidad de “sujetos activos” o de “analizantes”
capaces de modicarse a sí mismos y a otros, incluso a sus propios ana-
listas.
Psicoterapia: juego, co-construcción, negociaciones…
El jugar sin reglas de paciente y terapeuta, tal como plantea Winnico-
tt, es una propuesta que conduce a recorridos y metas absolutamente
imprevistos que se van generando en la interacción y que no apuntan
a un objetivo claramente pre-denido. No es a partir de normas o fór-
mulas estereotipadas sino desde lo incierto que cabe la posibilidad de
que aparezca o se amplíe el espacio de lo genuino, espontáneo y más
propio de los “jugadores”, el territorio del self verdadero del profesional,
del analizando o de ambos.
La caracterización de la psicoterapia como un área de juego donde se
superponen parcialmente las zonas transicionales de terapeuta y pa-
ciente permite concebir el proceso terapéutico como un juego co-crea-
do por ambos participantes. Esta denición exige incluir lo subjetivo y lo
objetivo de analista y paciente más los correspondientes intercambios
entre lo interno y lo externo que se congura en cada uno. Este hecho
demanda una permanente negociación que se traduce en construcción,
destrucción y reconstrucción de metáforas y símbolos verbales o de pro-
puestas actuadas pre-verbales y/o pre-representacionales que faciliten
la experiencia de mutualidad 9.
9 “Con el concepto
demutualidadoexperiencia de
mutualidad(experience of mutuality) –que
toma de Bruno Bettelheim–, Winnicott
se adentra en el estudio especíco de las
<inuencias mutuas muy tempranas> entre
la madre y el bebé. Pormutualidadentiende
<el comienzo de una comunicación entre
dos personas>, cuyo prototipo es la díada
madre-hijo (que hace extensivo al par
analista-paciente), y que surge cuando se
desarrolla una situación de“alimentación
mutua”. LaCruz, Javier .elgestoespontaneo.
com/html/vocabulario/m.html.
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La psicoterapia como juego permite encuentros que dan sentido al he-
cho de ser y existir. Habilita la vivencia de estar conectados, de sentir-
nos comprendidos, reconocidos, encontrados y “usados” (sin ser “abusa-
dos”) y hace que surja en nosotros la posibilidad de conar, de creer que
el futuro nos deparará experiencias de equivalente valor. Podremos
guardar la esperanza de vivir posibles reediciones de tales vivencias pla-
centeras (no orgásmicas ni pulsionales sino experienciales), y de sentir-
nos “existentes” dentro de vínculos signicativos. Este proceso comien-
za dándose en ambos miembros de cualquier díada madre-bebé que
interactúa armoniosamente, lo bastante como para no generar distur-
bios en el desarrollo del niño. Esta díada originaria Winnicott la propone
como patrón paradigmático inicial de uno de sus sucedáneos, el par te-
rapeuta-paciente. Para los autores contemporáneos que se pliegan, con
inevitables sesgos personales, a la tradición de los Independientes de la
Sociedad Británica de Psicoanálisis, la “cura” consiste en otra cosa que
“amar y trabajar” o alcanzar la “ambivalencia” y la “Posición Depresiva”.
Se trata de ampliar la gama de intereses culturales, de cultivar la mis-
midad junto al respeto y la “preocupación” (concern) por los demás y de
ser capaz de encuentros creativos con nosotros mismos y también con
otros que compartan nuestros intereses, cuyo bienestar nos genere una
normal “preocupación” que se acompañará de parecida predisposición
de esos “otros” hacia nosotros.
Bollas nos dice que, a menudo, en su práctica, la “interpretación” llega
como producto de la negociación entre terapeuta y paciente. Él plantea
abandonar la idea predominante del observador objetivo y abstinente
que sabe de lo reprimido del paciente y lo vuelve consciente comunicán-
doselo mediante la verbalización. La interpretación puede ser correcta
o errada, el paciente podrá aceptarla, corregirla, negarla o resistirse a
ella. Pero aun siendo correcta puede que el paciente no esté en condi-
ciones de aceptarla, en cuyo caso lo deseable sería que el terapeuta no
interpretara sistemáticamente este hecho como una “resistencia” y que
retirara su “interpretación” promoviendo, en todo caso, lo que él llama
“dialéctica del disenso”. Sería algo así como decir: “¡Vea! Usted piensa
así y puede que tenga razón. Pero yo pienso de otro modo y tengo mis
propias razones para hacerlo.” O sea que cabe considerar cómo este
autor, un post-winnicottiano confeso y muy valorado en la actualidad,
considera que en muchas ocasiones la llamada “interpretación” puede
adquirir el carácter de una negociación y por tanto en estos casos sería
más correcto incluirla dentro de la categoría de “intervención”.
Una última razón para insistir en la negociación como componente indis-
pensable de los encuentros interpersonales propios de la psicoterapia.
Terapeuta y paciente necesitan llegar a acuerdos para sentirse cómodos
y “auténticos” cediendo terreno hasta donde cada uno pueda (falso self
normal) y defendiendo hasta la última trinchera lo que para cada uno es
cosa irrenunciable (verdadero self). De lo contrario estaríamos frente a
una situación de sometimiento o de Falso Self patológico.
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Un caso extremo de ausencia de espontaneidad, de sensación de vacío y
de enajenación podría quedar ilustrado con una de las “cartas desespe-
radas” que Marilyn Monroe escribió a mano, y en papel del Hotel Bel-Air,
a Lee Strassberg, su mentor artístico. Allí decía:
“Mi voluntad es débil, no puedo soportar nada. Sueno como loca, pero
creo que me estoy enloqueciendo”(…) Es sólo que me paro frente a una
cámara y mi concentración y todo lo que trato de aprender me abando-
na. Entonces siento que no existo en la raza humana…” 10
Pero no todo es pesimismo. Si usted ha llegado hasta aquí en su lectura
es porque seguro lo animan entusiasmo y compromiso sucientes por
un determinado asunto, en este caso el psicoanálisis. ¡Aleluya! Podemos
dar por sentado entonces que dispone usted de un Verdadero Self en
amplias funciones y que mientras la situación perdure nuestra disciplina
podrá mantenerse a salvo de cualquier eventual derrumbe.
10 El Observador. (2013). Montevideo,
Uruguay. Subastan en la red cartas de
Marilyn. Viernes, 29de marzo de 2013.
http://www.elobservador.mx/index.php/
espectaculos/relax/31900-subastan-en-la-
red-cartas-de-marilyn-
Bibliografía
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hablamos cuando hablamos de Winnicott?
Montevideo: Psicolibros Waslala.
Bollas, C. (2013) La pregunta innita. Buenos
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Bollas, C. (1993) Fuerzas de destino.
Psicoanálisis e idioma humano. Buenos
Aires: Amorrortu.
El Observador (2013) Montevideo, Uruguay.
Subastan en la red cartas de Marilyn.
Viernes, 29 de marzo de 2013. http://www.
elobservador.mx/index.php/espectaculos/
relax/31900- subastan en-la-red-cartas-de-
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Gedo, J. The Evolution of Psychoanalysis. Contemporary Theory and Practice. New York: Other
Press.
LaCruz, J. (2010) Vocabulario. http://www.elgestoespontaneo.com/html/vocabulario/m.html
Mitchell, S. (1993) Conceptos relacionales en psicoanálisis. Una integración México: Siglo
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Renik, O., (1996) The Perils of Neutrality. (En línea) The Psychoanalytic Quarterly, vol. LXV, No.3.
Aperturas Psicoanalíticas.
http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000188&a=Los-riesgos-de-la- neutralidad.
Winnicott, D. (1999) Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.
Winnicott, D. (1993) Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires:
Paidós.
Winnicott, D. (1980) La familia y el desarrollo del individuo. Buenos Aires: Paidós.