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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 69 - 86
ISSN 2815-6994 (en linea)
ISLA DEL DOLOR:
DOLORES QUE CALLAN,
DOLORES QUE HABLAN
MÁRCIA SEMENSATO
Psicóloga (PUCRS),
Master en Psicología (UFRGS),
Doctor en Psicología (UFRGS), Psicoanalista,
Miembro del Centro de Estudios Psicoanalíticos
de Porto Alegre (CEPdePA).
Email: msemensato@gmail.com.
Porto Alegre - RS - Brasil.
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Semensato M. (2015) ISLA DEL DOLOR: DOLORES QUE CALLAN, DOLORES QUE HABLAN
Intercambio Psicoanalítico 3 (1),
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Resumen:
Este artículo enfoca el dolor, especialmente el dolor psicógeno. Para
tal, esta exploración estará basado principalmente en algunos textos
freudianos: Proyecto de Psicología (1895) e Manuscrito G – Melanco-
lía (1895b), así como en autores que, inspirados por las contribucio-
nes de Freud en estos textos, se dedicaron a comprensión del tema
de manifestaciones dolorosas del cuerpo, sean las conversiones o las
somatizaciones. El tema se presenta a través de narrativas de una
persona marcada por dolores crónicas a lo largo de su vida.
Palabras clave: Dolor; dolor psicógeno; conversión; somatización
ISLA DEL DOLOR:
DOLORES QUE CALLAN,
DOLORES QUE HABLAN
Márcia Semensato1
1Psicóloga (PUCRS), Master en
Psicología (UFRGS), Doctor en
Psicología (UFRGS), Psicoanalista,
Miembro del Centro de Estudios
Psicoanalíticos de Porto Alegre
(CEPdePA). Email: msemensato@
gmail.com. Porto Alegre - RS - Brasil.
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El dolor
Esta obra habla de dolor, el dolor que se siente sin su sentido. Dolor
físico persistente, repetitivo y “misterioso” que marca las vidas; “gente
que cuenta su vida” a través de su cuerpo dolorido. El tema se presenta
a través de los relatos de Lara, una persona marcada por el dolor: “El
dolor impide todo, sigo llevando jugando hacia adelante, pero en vano, pues,
mientras esta cosa está pegada a mi...”.
Somos una humanidad dolorida. Muchas personas cuentan historias
de dolor cuyo signicado no se entiende, ni siquiera por ellos, ni por el
otro, son los dolores de una “tierra de nadie”, un cuerpo habitado por
sensaciones difíciles de describir subjetivamente. A menudo, en estas
circunstancias ‘pasean por un shopping de médicos’- muchos médicos,
muchos exámenes, tratamientos, y siguen los dolores. El ser humano no
alivia su dolor con facilidad.
¿Pero, cuál es el equilibrio entre permitir el dolor o aliviar el dolor? ¿Estos
dolores físicos «misteriosos» tienen sentido? ¿O falta de sentido, que ne-
cesita ser producido? De una o otra manera, debemos reconocer el ca-
rácter protector del dolor: el ser humano necesita el dolor, así como de
la depresión y angustia mientras anuncio de amenaza (Berlinck, 1999).
¿Cuál es la alternativa o alternativas del psicoanálisis frente a estos do-
lores? Tal vez aceptar el dolor sin el empobrecimiento del síntoma. Esto
demanda una responsabilidad psíquica frente a su síntoma, una ten-
dencia que se nos escapa en el momento actual. El uso excesivo de me-
dicamentos, así como la medicalización de los dolores y sus nombres
‘artísticos’ y tecnológicos, explicados en términos puramente físicos, se
convirtió en su proprio síntoma: reducir el esfuerzo del pensamiento
que, permite la comprensión de lo que está pasando con cada uno, pue-
de llevar a impedir la capacidad de adquisición de las experiencias de-
presivas, dolorosas y angustiantes (Berlinck, 1999). En este sentido, es
común que las personas intenten anestesiar y aliviar sus dolores con
medicamentos y a la vez, relaten un sentimiento de despersonalización,
de distanciamiento consigo mismas. De todos modos, el dolor también
tendrá que ser escuchado y hablado. Necesitas las “palabras mágicas”
(Freud, 1905), y sus sentidos; necesitan estos registros.
La teoría que fundamenta este trabajo no pretende presentar una visión
integral del tema de dolor, sino comprender qué tipo de registro incre-
menta la comunicación a través del dolor, “dolor psicógeno”. Ampara-
da en esta meta, esta exploración se basa principalmente en algunos
textos freudianos: Proyecto de Psicología (1895) e Manuscrito G – Melan-
colía (1895b), así como autores que, inspirados por las contribuciones
de Freud en estos textos, se dedicaron a comprensión del tema de ma-
nifestaciones dolorosas del cuerpo, como por ejemplo, Nasio (2008) y
Delouya (1999). Como una ilustración del tema se presenta recortes de
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una historia contada en palabras y sensaciones, en el drama del cuerpo
de Lara – un cuerpo dolorido, un cuerpo loco. Los aspectos teóricos se
centran especialmente con respecto a los fenómenos conversivos en
marcos neuróticos histéricos. Lara es una narradora muy buena - his-
torias divertidas, historias de vida, hechos de la vida cotidiana, historias
acerca de la ‘locura’ familiar. Narrativas muy teatrales e interesantes;
historias de resistencia personal, de quien “se arregla solo”. Sobre todo,
historias de una mente y un cuerpo marcados por el dolor y por las for-
mas de driblar algunos de estos dolores.
La marca del dolor físico
El dolor es real. Así como el psicoanálisis no duda de la angustia y de
la depresión, ella cree en el dolor - física o psíquica, psicógena. Nasio
(2008) arma que el dolor físico psicógeno y el dolor psíquico pueden
ser diferenciarse como sigue: el dolor psicógeno es corporal, pero de
origen psíquico. Y el dolor psíquico no es corporal: es un afecto, un es-
tado afectivo, una reacción afectiva a la pérdida o brutal ruptura de un
vínculo de amor.
El dolor es siempre un fenómeno límite: emerge en el borde impreciso
entre cuerpo y psique, entre el yo y el otro, o entre el funcionamiento
del psiquismo y su desregulación. Por lo tanto, desde la perspectiva psi-
coanalítica no habría ninguna diferencia entre el dolor físico y psíquico,
entre la emoción dolorosa y el dolor psíquico, exactamente, por ser el
dolor un fenómeno mixto que, aparece en el límite entre el cuerpo y la
mente (Nasio, 2008). En el principio del texto del Proyecto Freud (1895)
no trajo una distinción entre dolor físico y mental; habló del dolor, pero,
a lo largo del texto se revela la distinción. A pesar de no se haber dedica-
do especícamente al tema del dolor, varios textos presentan hipótesis
de trabajo sobre este fenómeno: en 1915, considera el dolor como si
fuera un seudo-pulsión y en 1926, habló de la discriminación entre el
dolor físico y emocional como siendo del orden de la naturaleza de la in-
vestidura. En el dolor físico predomina la naturaleza narcisista, mientras
que en el dolor psíquico, predomina la naturaleza libidinal del objeto:
El paso del dolor corporal al dolor anímico corresponde a la mudanza de
investidura narcisista en investidura de objeto. La representación-ob-
jeto, que recibe de la necesidad una elevada investidura, desempeña
el papel del lugar del cuerpo investido por el incremento de estímulo
(Freud, 1926, p. 160).
¿Dónde está el dolor? El dolor no está sobre la lesión, está en el cere-
bro, cuanto a la sensación dolorosa y en los fundamentos del yo, en Ello
cuanto a la emoción dolorosa (Nasio, 2008). El dolor de cada uno lleva
el estigma de lo más íntimo de su pasado. Además del dolor que resul-
ta de la lesión infringido al cuerpo y que también tienen una imagen
mental correspondiente, existe un dolor del cuerpo que es un síntoma,
expresando un conicto psíquico. El ejemplo típico del dolor síntoma
es el dolor psicógeno - una sensación dolorosa efectivamente sentida
por el sujeto, pero sin ninguna razón tangible que lo explique, sin causa
orgánica detectable.
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Al buscar comprender el origen psíquico del dolor físico, Nasio (2008)
considera las ideas de Freud presentadas en el Proyecto y propone tres
posibilidades acerca de la idea de un cuerpo dotado de memoria. En la
primera posibilidad, el dolor psicógeno sería la memoria en el cuerpo de
un antiguo dolor orgánico olvidado. En la segunda, la conversión, sería
la parte dolorosa de un retorno del cuerpo, previamente marcada por
la presencia momentánea de una pulsión reprimida. En la tercera posi-
bilidad, ella sería la manifestación de una asociación en el pasado entre
la emergencia momentánea de un pulsión inconsciente, que tuvo que
ser reprimida, con un dolor fortuito en el cuerpo, sobre el cual, ahora,
se presenta el dolor psicógeno. El dolor psicógeno también puede ser
de carácter histérico o hipocondríaco. En el primer caso, según Nasio
(2008), el paciente quiere hablar sobre esto y el dolor cambia de lugar y
de intensidad; el paciente vive esto como algo que tiene en el cuerpo. En
el segundo caso vemos que el paciente presenta como si fuera el dolor.
En escritos muy tempranos de su obra, Freud se reere a la vivencia del
dolor físico. Tanto el Proyecto de psicología (1895) como en el Manuscrito
G (1895), abordan el tema del dolor desde el punto de vista económico:
Las ocasiones del dolor son, por una parte, un acrecentamiento cuanti-
tativo; toda excitación sensible, aun de los órganos sensoriales superio-
res, se inclina al dolor con el aumento del estímulo. Esto se comprende,
sin más, como fracaso [del dispositivo]. Por otra parte, hay dolor con
cantidades externas pequeñas, y por regla general está conectado con
una solución de continuidad... (Freud, 1985b, p.351).
Antes de ser un mecanismo patológico, Freud describe el dolor rela-
cionado con la fundación de un aparato psíquico, donde el dolor físico
sería el prototipo de la psíquica. Así que, como Delouya, en el Proyecto el
alerta ante el peligro, que apunta la angustia, es un vestigio de la memo-
ria de la experiencia primaria del dolor: es el dolor que pone de relieve
el verdadero de la psique, por lo que es la represión primaria; el dolor
presenta el inconsciente, puesta en obra el formación del yo y el pensa-
miento (Delouya, 1999).
Freud (1985ª) propone la idea de sistema de φ, permeables, las neuro-
nas que pueden recibir gran cantidad de Q (cantidades externas), como
esto no es retenido allí. Las neuronas ψ, son las neuronas de la memo-
ria, impermeables, que no tendrían contacto directo con el mundo exte-
rior, lo que reduce el paso de Q y diculta su descarga, en función de las
barreras de contacto. Las barreras de contacto son la resistencia que se
opone a la eliminación de Qn, cantidad del orden endógeno.
La importancia del otro es notable en esta Psique: en el bebé, el exceso
de Q se experimenta como algo muy desagradable, al nivel de impo-
tencia. Para mitigar el estímulo que viene de afuera, la descarga estaría
relacionada con un acto reejo del bebé. Pero para los estímulos que
vienen desde el interior, Freud (1895) habla de la noción de una “acción
especíca”. La primera acción especíca sería la maternal, el cuidado del
medio ambiente con el bebé. Para Freud, los estímulos:
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Sólo cesan bajo precisas condiciones que tienen que realizarse en el
mundo exterior; por ejemplo, la necesidad de alimento. Para consumar
esta acción, que merece ser llamada «especíca», hace falta una opera-
ción que es independiente de Qηendógena, y en general es mayor, pues
el individuo está puesto bajo unas condiciones que uno puede denir
como apremio de la vida. Por esto, el sistema de neuronas está forzado a
resignar la originaria tendencia a la inercia, es decir, al nivel cero. Tiene
que admitir un acopio de Qηpara solventar las demandas de la acción
especíca (Freud, 1895, p.341).
Las cantidades están relacionadas con la “invención” de un aparato psí-
quico. Freud arma que el dolor se reere a un aumento de emoción
que invade este sistema Psi (ψ), causando el aumento repentino de la
tensión y de la descarga que esta exagerada dentro del cuerpo. Aquí
tenemos una comprensión económica del dolor y su causa estaría rela-
cionada con un aumento de la cantidad: el sistema φ, por ser conectado
directamente a Qs externos muy intensos, tiene sus propias barreras de
contacto facilitadas al máximo. Si φ, por un lado, es más permeable para
estar más cerca de las cantidades de excitación externa, por otro lado,
ya que ofrece una barrera de contacto en los estímulos externos, impide
la llegada de grandes cantidades de ψ. Freud introduce el dolor como la
expresión de un “fracaso [del dispositivo]” (1895ª, pág. 351) φ, un siste-
ma relacionado con la protección contra la cantidad exógena.
El dolor se relaciona con la recepción de cantidades intensivas y por lo
tanto deja detrás de facilitaciones, provocando en ψ un medio de co-
municación:
Según nuestra teoría (a saber, que Q crea facilitación), el dolor deja
como secuela en ψ unas facilitaciones duraderas, como traspasadas por
el rayo; unas facilitaciones que posiblemente cancelan por completo la
resistencia de las barreras de contacto y establecen ahí un camino de
conducción como el existente en φ. (Freud, 1985ª, p. 351-352).
Así, en la comprensión freudiana, el dolor físico podría ser el prototipo
para la comprensión del dolor psíquico. El dolor, mientras cantidad (Q)
deja un recuerdo muy intenso detrás de él, una facilitación neuronal en
Psi (ψ), como un sendero. Esta ruta es más fácilmente atravesada y en-
tonces será cubierto con una mayor frecuencia. Así se da la tendencia
a la repetición: acontecimientos de la vida mental tienden a moverse
a través de rutas del camino ya recorrido y evitar la imposición de una
resistencia más alta, las nuevas direcciones. En el proyecto, dolor y dis-
placer son de distintos aspectos:
El dolor produce en ψ: 1) un gran acrecentamiento de nivel que es sen-
tido como displacer [...] es indiscutible que el dolor posee una cualidad
particular, que se hace reconocer junto al displacer. Si la imagen mné-
mica del objeto (hostil) es de algún modo investida de nuevo (v. gr., por
nuevas percepciones), se establece un estado que no es dolor, pero tie-
ne semejanza con él. Ese estado contiene displacer y la inclinación de
descarga correspondiente a la vivencia de dolor. (Freud, 1895ª, p. 364-
365).
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Para Pontalis (2005), esto abarca también aspectos cualitativos: Freud
se opone a la experiencia de satisfacción con la experiencia de dolor.
No es la oposición que presenta, entre el placer-desplacer, pero entre el
principio de desplacer-placer y, por el contrario, el dolor. Aquí ya hay un
dualismo importante, un dualismo en el cuerpo entre dos experiencias
elementales: el par placer-dolor. Por lo tanto, el dolor es diferente de
desplacer y su calidad de afecto permite esta distinción. Ella es una vio-
lación y supone la existencia de límites: límites del cuerpo, de sí mismo.
Se produce una descarga interna con efecto de una implosión.
El tema del dolor ha aparecido también en el “manuscrito G,” acerca de
la melancolía, que así como el dolor, se relaciona con las cantidades de
excitación:
Uno puede representarse que si el ps. G. pierde muy intensamente mag-
nitud de excitación, se forma por así decir un recogimiento dentro de lo
psíquico, que tiene un efecto de succión sobre las magnitudes contiguas
de excitación. Las neuronas asociadas tienen que librar su excitación, lo
cual produce dolor. La soltura de asociaciones es siempre doliente. Me-
diante una hemorragia interna, digámoslo así, nace un empobrecimiento
de excitación, de acopio disponible, que se maniesta en las otras pul-
siones y operaciones. Como inhibición, este recogimiento tiene el mis-
mo efecto de una herida. (Freud, 1985b, p. 244-245).
De este modo, Freud estableció una comprensión de la relación entre el
dolor y la melancolía, porque la anestesia (sexual) desempeña un papel
en la melancolía:
Todo lo demás está en orden, sólo que no se consiente V. al ps. G. [grupo
sexual psíquico], a causa de algún diverso enlace (con asco-defensa): es
la anestesia histérica, en un todo análoga a la anorexia histérica (asco)
(Freud, 1895b, p. 243).
Sus ideas también permiten la comprensión del marco neurasténico:
mientras la melancolía es descrita como un “agujero” en la esfera psíqui-
ca, la neurastenia también conduciría a tal empobrecimiento, como si la
emoción escapase a través de un “agujero”, pero aquí, reriéndose a la
excitación sexual somática (Freud, 1985b). Luego seguirían los síntomas
típicos de neurastenia.
La descripción freudiana del dolor, tanto en el Manuscrito G como en el
Proyecto marca una paradoja: entre un exceso desbordante y al contra-
rio, una evasión hemorrágica en la melancolía. El dolor es por lo tanto
entre el psíquico y somático; entre la percepción interna y externa (De-
louya, 1999). Para el autor, el dolor se asocia con un mecanismo prima-
rio – una medida defensiva no especíco, como la imagen de una ‘tropa
de frente’ del sistema inmune del cuerpo, comprometido en un proceso
inamatorio. El dolor no es capaz de anticipar, cómo la angustia, el pe-
ligro para evitar o escapar del objeto o situaciones hostiles, porque no
tiene un sistema de advertencia que puede identicarlos previamente,
como tal:
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A dor não é, como a angústia, um sinal de alerta, mas já efeito da respos-
ta a uma efração que implica um esforço de ligação. A dor eclode com
ou é a própria tentativa malograda, ou parcialmente bem sucedida, de
ligação de um excesso, seja de invasão ou de evasão, de um auxo ou de
um inuxo, no aparelho psíquico1 (Delouya, 1999, p. 24).
En 1915 en el artículo “La represión», Freud habla del dolor como un
seudo-pulsión:
Puede ocurrir que un estímulo exterior sea interiorizado, por ejemplo si
ataca o destruye a un órgano; entonces se engendra una nueva fuente
de excitación continuada y de incremento de tensión. Tal estímulo co-
bra, así, notable semejanza con una pulsión. Según sabemos, sentimos
este caso como dolor. Ahora bien, la meta de esta seudo-pulsión es sólo
el cese de la alteración de órgano y del displacer que conlleva. Otro pla-
cer, un placer directo, no puede ganarse con la cesación del dolor. El
dolor es también imperativo; puede ser vencido exclusivamente por la
acción de una droga o la inuencia de una distracción psíquica. (Freud,
1915, p. 141).
De hecho, ya en 1890, Freud menciona estas posibilidades de inuencias
para la eliminación del dolor, incluyendo también la capacidad que se
llamaría a “transferencia” – la expectativa esperanzada y conada es una
fuerza ecaz de la que “no podemos dejar de prescindir en todos nues-
tros ensayos de tratamiento y curación. De lo contrario serían inexplica-
bles los curiosos efectos que observamos a raíz de la aplicación de medi-
camentos y terapias” (Freud, 1890, p. 121) - el otro como un importante
factor de curación. En 1926, él toma este tema y arma que cuando hay
una desviación psíquica causada por algún otro interés, incluso el cese
de dolor físico más intenso pueden cesar “porque hay una concentra-
ción de cathexis en lo representante psíquico de parte del cuerpo que
está emitiendo dolor” (Freud, 1926, p. 197).
Para Freud (1895ª), el dolor pulsión cuando no encuentra una ruta espe-
cíca en las vías motoras, es secretada o quitada en el aparato psíquico.
Así, explica Delouya, el exceso pulsional que no puede almacenarse, se
descarga dentro del aparato:
...gerando dor em forma de anseio pelo outro. É apenas este outro dos
indícios, que vindo ao encontro desse apelo, precipita-se no sujeito como
experiência ou nele inscreve uma vivência. É esta que dota a dor de qua-
lidade, transformando-a em afeto. Portanto, o outro afeta, ou melhor,
concede afeto, por meio ou através da dor (Delouya, 1999, p. 29).2
El dolor implícito en el estado primordial de desamparo del bebé em-
puja al recién nacido hacia el objeto. Aquí, como arma Delouya (1999),
tenemos el modelo por excelencia de afecto, que será renado en 1923,
en El yo y el ello: el dolor como el prototipo de los afectos reprimidos.
El dolor está marcado no sólo en el límite entre externo e interno, pero
el otro límite relacionado con esto, el yo-no yo, en relación uno con el
otro. Un yo ‘historizado’.
1El dolor no es, como la angustia, un
señal de advertencia, pero el efecto de la
respuesta a una ruptura que implica un
esfuerzo de conexión. El dolor se desata
con, o, es su propio esfuerzo infructuoso,
o parcialmente exitoso, excesiva
atascamiento, cualquier invasión [...] en el
aparato psíquico.
2 …generando dolor en forma de nostalgia
por el otro. Es sólo que uno de los signos,
que invitan a la fecha de esta apelación,
se precipita sobre el tema como un
experimento o alista una experiencia.
Esto es lo que dota al dolor de calidad,
convirtiendo se en el afecto. Por lo tanto, el
otro afecta, o mejor dicho, concede afecto,
por medios o a través del dolor.
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Un poco de la historia de Lara...
Lara es una chica muy hermosa, expresión viva, cuerpo curvilíneo, ropa
colorida. Hoy en día, a la edad de 35 años, trabaja e es estudiante uni-
versitaria. Nació en una isla, “junto al rio”, sin luz, sin agua corriente. Jugó
en un corral; en su imaginación estaba en una playa maravillosa...Ha
jugado bastante. Todo esto se volvió en historias con muchos detalles
coloridos. Su padre, José, es un “hombre trabajador” que también cuen-
ta muchas historias. La madre – Dores, según Lara, “tiene algún trastorno
de la personalidad, trastorno bipolar y bromialgia”. El peso, ella dice, “fue
la locura, no la pobreza de dinero, nadie murió a causa de él, murió por la
locura, la perversión...”. Dicho todo esto con una cierta teatralidad, tiende
a capturar el otro y distraer la atención del peso del contenido de lo que
narra.
Una familia narrada como “muy divertida, pero todo termina en una pe-
lea”. Una larga historia de enfermedad psiquiátrica a lo largo de las ge-
neraciones (abuelos, padres, hermanos); frecuentes abusos sexuales
a lo largo de las generaciones: “siempre, todo el mundo dice que no vio
nada. Esto no va al pasado, no hay manera, no hay descanso...”. Realmente
quería ir a la escuela; fue y encontró una profesora descrita como muy
dedicada “la profesora trabajó en una pequeña habitación y enseñó a todos
los niños de la isla juntos, allí no había nada, pero ella era muy dedicada,
...esperando ansiosamente el tiempo para la escuela,...tenía miedo de caer
enfermo y no poder ir a la escuela”.
Casi como una profecía, de hecho, Lara comienza a enfermar con el des-
pertar de un cuerpo sexuado en la adolescencia, enfermo con dolor y
sangrado sin nombre para los médicos. Cuenta que a los 18 años tuvo la
gran pasión de su vida. Durante este período sucedió la intensicación
de una serie de síntomas físicos, como migrañas y un malestar en el
cuerpo que no sabe cómo describir. Nunca supe lo que era y aún no lo
sabe. Años después del nal de esta novela, se casó con otro hombre
“porque quería tener un hijo”. Cinco años después nació Abel.
Lara cuenta muchas historias de la vida, muchas de las cuales revelan
opciones precarias, concomitantes a una impresionante capacidad de
supervivencia que causan un impacto en su descripción, por ejemplo,
alquilar una casa “debajo de un puente” en un período en que ya traba-
jaba y no tenía dicultades nancieras. Cuenta que salió de la isla, pero
es difícil establecer su isla, con todas sus marcas.
Muchas historias son relatadas, historias graciosas, historias horribles,
muchos chistes de desgracias y de gran resistencia; mucha pobreza y
riqueza al mismo tiempo. También así está su salud: un cuerpo muy
cuidado, una mente a ser cuidada, exámenes perfectos, mucho dolor,
dolor emocional y dolor físico. Nadie descubre algún registro en el órga-
no, como una alteración somática ‘consistente’. Lara sabe sobrevivir a su
dolor, pero dice: “Yo quiero vivir bien”.
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Freud en 1890 armó la dependencia del dolor físico de lo anímico, co-
múnmente llamado imaginación. Destacó la importancia del respeto
por el dolor derivados de imaginación en contraste con aquellos más
derivadas de otros factores:
Los legos, que de buena gana resumen tales inuencias anímicas bajo
el nombre de «imaginación», suelen tener poco respeto por los Dolores
debidos a la «imaginación», a diferencia de los provocados por una heri-
da, una enfermedad o una inamación, Pero es una evidente injusticia,
cualquiera que sea su causa, aun la imaginación, los dolores no dejan de
ser menos reales ni menos fuertes. (Freud, 1890, p. 120).
... Por lo tanto, el ser humano es impulsado a la necesidad de alivio....
El dolor, la histeria, una anatomía, un proyecto
El tema del dolor acompaña el desarrollo del psicoanálisis, pero el dolor
psicógeno no ha sido tan explotado por Freud. En el Proyecto, como se
ha visto anteriormente, Freud (1985ª), ofrece un diseño cuantitativo de
los procesos psíquicos; es decir, la patología normal, sería un quantum
excesivo de un aspecto común a toda la actividad de representación. El
dolor es entendido como una repentina irrupción de grandes cantida-
des dentro del aparato y, como fracaso en la resistencia de las barreras
de contacto.
La idea del dolor está relacionada a la teorización de los fenómenos cor-
porales, como por ejemplo, en la conversión somática. Así, en los prime-
ros intentos de comprender la histeria, el dolor era ya un fenómeno im-
portante: “las histerias están sometidas a una compulsión que es ejercida
por representaciones hiperintensas” (Freud, 1895a, p.394). Éstos se pre-
sentan a la conciencia sin conexión con los pensamientos conscientes,
acompañados de fenómenos psicológicos y somáticos que no pueden
ser suprimidos, de un tipo incomprensible y absurdo. Si la ocurrencia
de estos fenómenos podría explicarse por análisis psicológico, la incom-
prensibilidad del fenómeno de la conversión histérica es sólo aparente.
Esto es porque la representación hiperintensa resulta como si fuera un
reemplazo o un símbolo de una representación reprimida y la reacción
histérica del paciente llega a ser comprensible a través de este último.
Freud trae el ejemplo siguiente:
Antes del análisis, A es una representación hiperintensa que con fre-
cuencia excesiva se esfuerza dentro de la conciencia y provoca llanto. El
individuo no sabe por qué llora a raíz de A, lo encuentra absurdo, pero
no puede impedirlo.
Después del análisis, se ha hallado que existe una representación B que
con derecho provoca llanto y con derecho se repetirá una y otra vez
mientras el individuo no haya consumado contra ella cierta complicada
operación psíquica. El efecto de B no es absurdo, es comprensible para
el individuo, y aun puede ser combatido por él. B mantiene con A una re-
lación determinada. [...] El histérico que llora a raíz de A no sabe nada de
que lo hace a causa de la asociación A-B ni que B desempeña un papel
en su vida psíquica. Aquí, el símbolo ha sustituido por completo a la cosa
del mundo (Freud, 1895, p. 396).
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Freud (Freud, 1895ª) argumenta que cuando surge este tipo de compul-
sión necesitamos asignarlo a una ‘represión’. Esto implica en un ‘despla-
zamiento de la cantidad’ de la representación que fue reprimida por la
representación que la sustituyó: el fenómeno patológico en las psico-
neurosis sería un proceso de desplazamiento similar a los que ocurren
en los sueños, por lo tanto, un proceso primario.
Siempre he creído en los dolores de Lara, pero siempre ha sido difícil
establecer qué tipo de registro tiene en las manifestaciones de su cuer-
po. Lara sufre a su propia manera y enfrenta su dolor contando muchas
historias y así algunos de estos se convierten en parte de su historia de
vida. De hecho, cada uno sufre a su manera, sea cual sea la razón de su
sufrimiento. Sin embargo, la situación es confusa acerca de las contra-
dicciones salud-enfermedad: “Estoy avergonzado de ser la doña dolores...
y lo peor, o mejor, no sé, es que cuando miran mi examen, son exámenes
de encuadrar, para estudiante de medicina ver lo que es la correcta... pero
ahora me deprimí, estoy cansada,... ningún médico me puede decir lo que
es; esto me pone cansada”.
Aquí tenemos una anatomía que parece pertenecer a una especie de ló-
gica distinta. De hecho, en 1893, intrigado por las cuestiones corporales
en trastornos histéricos, Freud armó que:
Puesto que sólo puede haber una sola anatomía cerebral verdadera, y
puesto que ella se expresa en los caracteres clínicos de las parálisis ce-
rebrales, es evidentemente imposible que esta anatomía pueda explicar
los rasgos distintivos de la parálisis histérica[...] ... la lesión de las pará-
lisis histéricas debe ser por completo independiente de la anatomía del
sistema nervioso, puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y
otras manifestaciones como si la anatomía no existiera, o como si no tuviera
noticia alguna de ella. (Freud, 1893, p. 205-206).
Además, señala que habría varias diferencias en las manifestaciones de
la parálisis de causa orgánica y no orgánica. El contraste más grande
sería que: “La parálisis histérica es, entonces, de una delimitación exacta
y de una intensidad excesiva” (Freud, 1893, p. 202). Estas cualidades co
existen, en contraste con la parálisis orgánica, en la cual estas dos carac-
terísticas no tienden a la unión. La pregunta más intrigante de anatomía
diferenciada no está abandonada por Freud. En 1926, por ejemplo, ha-
bla de un funcionamiento diferencial del organismo sometido al dolor:
... actúa como un estímulo pulsional continuado, frente al cual perma-
necen impotentes las acciones musculares, en otro caso ecaces, que
sustraerían del estímulo el lugar estimulado. En nada varía la situación
cuando el estímulo no parte de un lugar de la piel, sino de un órgano
interno; no ocurre otra cosa que el remplazo de la periferia externa por
una parte de la interna (Freud, 1926, p.159).
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Una de las hipótesis para estos dolores son fenómenos histéricos. Esto
es porque la psicoplasticidad histérica, le permite imitar no sólo gestos,
maneras de hablar o actuar, pero también, los síntomas físicos y menta-
les (Mayer, 1989). Así, la histeria podría manifestarse a través de la imi-
tación de enfermedades, produciendo síntomas similares, que tienden
a engañar a los profesionales, tal vez no sólo los profesionales médicos,
pero sobre todo a estés en los diagnósticos. Tal vez las observaciones de
Freud en este sentido son todavía vigentes:
La relación entre lo corporal y lo anímico [...] es de acción recíproca; pero
en el pasado el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico
sobre el cuerpo, halló poco favor a los ojos de los médicos. Parecieron
temer que si concedían cierta autonomía a la vida anímica, dejarían de
pisar el seguro terreno de la ciencia (Freud, 1890, p.116).
Según Mayer (1989) el cuerpo histérico aparece como el lugar en el cual
se expresa lo que la censura impide de ser dicho en palabras. Esto es
como un cuerpo lleno de metáforas histéricas, para las cuales se hace
necesario ‘dar a luz’. Lara reere siempre varios problemas de salud y
ya ha tenido diagnósticos distintos en esta saga de dolores: “El (doctor)
dijo, es una enfermedad auto inmune y me dijo que tengo que tomar medi-
cación, pero aún no hay resultados de los exámenes...”.
En la repetición, demuestra que nadie impide este dolor, ni siquiera los
medicamentos son capaces de hacerlo. Estos dolores inexplicables son
el resultado de esta anatomía diferenciada imaginaria. Por otra parte, es
signicativo que una enfermedad no se anuncie, pero en la mente del
otro – su analista, sus médicos, etc… ¿Eso sería una enfermedad insta-
lada o una anatomía diferenciada? De hecho, se sabe que actualmente
existen varias pruebas de la relación entre emoción y componentes del
sistema inmune, pero tal vez una enfermedad que no presenta cam-
bios en exámenes médicos ya comunica su necesidad para una escucha
diferenciada. Su dolor sigue caminos marcados en período temprano:
Bueno, esos son mis dolores de cabeza... la familia. Sabes, a veces lo sé que
es separación emocional que tengo que tener, pero creo que yo también
necesito del concreto. No quiero ir allí, no quiero celebrar nada con ellos, no
quiero los chistes junto con los desastres... “.
Además del dolor, otras manifestaciones corpóreas son notables en la
vida de Lara, manifestaciones relativas a su sexualidad y también di-
cultades en su vida sexual. Las denuncias que involucran a la región
genital, por ejemplo, también son frecuentes. En cierto período dice que
tiene “una bola estallando a través de la vagina, algo que cuelga... parecía
algo fuera del cuerpo. (...) La parte que vi se había ido, pero aún hay en lo
interior”. En la próxima sesión sigue en el tema: “ sentí algo caliente... lue-
go abrí la ropa... y estaba bañada en sangre:... corrió al baño estaba limpio,
algo dentro de mí... parecía un cuerpo, un aborto; era demasiado grande...
bañé, cambié de ropa y créame... no salió una gota siquiera... no sé de donde
viene, si era el útero donde estaba... y no sentía más dolor”. Pero, según in-
formes de Lara, “Está aquí todavía”. De hecho, para Nasio (2006), el dolor
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actual es la repetición del dolor pasado. La imagen del cuerpo herido es
el resultado de rastros dejados por antiguos dolores en el inconsciente,
por los deseos de los demás, por diversas percepciones no conscientes
que jaran los acontecimientos pasados. Por lo tanto, la representación
de la zona dolorida proviene das impresiones pasadas y actuales y es
modelada por el impacto del cuerpo del otro. Y así nace la lesión, como
una imagen imprecisa de un fragmento del cuerpo en el centro de una
escena de fantasía. Esto es lo descrito por Lara en la experiencia del
‘parto’.
La persona histérica tiene esta producción sintomatológica relacionada
con el miedo de vivir la satisfacción de un gozo máximo que le haría vol-
ver loco. Eso producción mantiene lo que Nasio (1991) describe como un
yo insatisfecho (Nasio, 1991). La insatisfacción funciona como un guar-
dián: “Nadie tiene tesón sabiendo que tiene una herida... me trastorna la his-
toria sexual, yo tengo un mal presentimiento si (él) me toca, pero me molesta
también se tengo estos negocios... No puede haber sexo... no podía ni hablar,
siquiera podía comer, porque todo lo que mastiquava parecía que iva llenar
el agujero de las aftas. Y también no podía besar... había muchas (aftas) en
todas partes de la boca, no quedaba lugar en la boca... es una lucha para
esto no se convierta en una depresión”.
La lucha interna de Lara para que “no se convierta en una depresión” tiene
su expresión en el cuerpo, en el cuerpo marcado. Ella teme entregarse
a esto y siente como si fuera como su madre, a quien ella llama por el
nombre de Dores: no sé si (la madre) es imprestable porque estaba enfer-
ma o, es enferma por ser imprestable... cuando yo era pequeña, pensé que
era imprestable porque estaba enferma. Ella se quedó allí, no atendía los ni-
ños…, ella se quedaba en la cama viendo pasar las cosas. Ella se encontraba
siempre con una hemorragia, hasta que sacó el útero, o estaba deprimida,
o algo así.
En los niños, el dolor físico conduce al dolor psíquico. En los adultos, a
veces el dolor psíquico toma la dirección del cuerpo para expresarse,
como en el caso de Lara. El dolor físico excesivo hace difícil el registro
psíquico y el exceso de dolor psíquico vertido en el cuerpo, no alcanza
los niveles de representación más elaborados (Conte, 2002). El exceso
diculta la metabolización. Dice Lara: “el dolor hasta puede permanecer
allí, pero no quiero sentirlo”.
Rabenou (1986) en un artículo intitulado “Madre de dolor 3”, relata la
historia de un paciente en análisis con similar demanda, lo que ella llama
una paradoja, sometiendo el analista a un doble mensaje contradictorio:
ayuda me a suprimir el dolor que me hace sufrir, pero déjamela a mí
para que yo pueda existir. Para el autor, este dolor tiene un propósito
que es primitivamente narcisista y no libidinal. Este dolor, puede expe-
rienciar por su reactivación, el objeto perdido que necesita para sobrevi-
vir, física y psíquicamente. Es un teatro privado donde hay espacio para
un solo actor y el analista corre el riesgo de convertirse en un voyeur. El
analista no existiría, excepto como un un eco. Así, el dolor inige un sen-
3 Mère de Douler.
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timiento de castración en el analista, porque contratransferencialmente
ese dolor sería la expresión de una demanda narcisista imposible de
satisfacer (Rabenou, 1986). De hecho, estos aspectos narcísicos pare-
cen tener una participación signicativa en esta dinámica. Según Freud
(1926), en el dolor físico hay un alto grado de cathexis narcisista de la
parte dolorosa que, si es continua, tiende a desinar el ego: el paso del
dolor del cuerpo al dolor psíquico correspondería a una modicación
de la inversión narcisista para una inversión objetal. Estos dolores de
cabeza tienen un papel en su vida. Sin embargo, como un síntoma que
es, no resuelve totalmente; son recuerdos que no quiere recordar. Una
de las hipótesis planteadas por Delouya es que el persistente dolor físico
representa un sufrimiento:
não de reminiscências, mas de esquecimentos. É como se a experiência
traumática infantil tivesse destruído o direito de conar ao recalque a
guarda de sua preservação na lembrança. Em vez de recalque, deserto...
(Delouya, 1999 p. 31).4
Lara asigna varios de sus dolores y enfermedades a su estado emocio-
nal, como cuando tenía “bolas” en la vagina: “es así, en el lugar sede... ya
no es sólo lo que tengo en mente, ahora tiene en realidad algo más desa-
gradable, arruinado, prohibido... yo veo cuando tengo un estrese, que algo
sucede, después algo estalla en mi cuerpo... Siempre es lo mismo, como el
dolor de la espalda que luego fue al cuello, el cuello estaba rígido y el dolor
bajó a la espalda... me estoy volviendo loca de dolor...”. Nuestra protago-
nista sufre de muchos dolores, dolores que parecen “moverse” por su
cuerpo: “Me pongo furiosa por el dolor, estoy enojada, estoy herida y soy de
muchos modos, solamente el dolor”.
Lara tiene una relación muy especial con el cuerpo: un cuerpo que su-
fre, marcado por el dolor, pero un cuerpo cuidado, hermoso, escultural,
colorido, con ropa exuberante... Son dolores que escandalizan el saber
médico. ¿En este cuerpo, que actúa como un loco, como se presenta la
sexualidad? Un cuerpo con el ‘espacio mental’ hipocondríaco, psicoso-
mático y histérico, una mente de historias teatrales, muy vívidas, his-
torias con una descripción libidinizada, un drama histérico. Ella cuenta
sus historias dramáticamente, con una llamativa vivacidad que capta el
interés del oyente. Estas características llaman la atención en los cua-
dros histéricos y tienden a ser clasicadas en la actualidad como una
simulación, como si fuera algo falso. De hecho, para Mayer (1989), estas
personas necesitan aparecer y convocar a sus espectadores, a través de
una trama que no es consciente. Representan a diversos personajes que
asumen o que atribuyen a los demás. Es un complot apoyado en deseos
inconscientes y en las fantasías que representan los deseos sexuales de
los niños: el escenario de historias de niños, jugando el teatro de cuerpo
de adultos.
4... no de reminiscencias, sino del olvido.
Es como si la experiencia traumática para
los niños hubiese destruido el derecho
a conar en la represión de la guardia de
su preservación en memoria. En lugar de
represión, desierto…
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Lara tiene muchas historias de compañeros, jefes y otros hombres que
la acosaron. Actúa como si no tuviera noción de su aspecto atractivo,
como si no entendera que despierta el deseo de los adultos. Tiene un
miedo constante de los hombres y la expresión de su deseo sexual: “... sé
que no van a violarme, pero me siento así. Miré en los ojos de él y entonces
sentí que ofreció peligro, pues él también me miró... Tenía miedo de los ojos
del hombre. Y el tipo tenía lindos ojos, pero he visto tanto mal en sus ojos.
Me miró de una manera que me invadía, me sentía atada, yo me quedaba
enojada... tengo miedo de no tener fuerza para defenderme...”.
Las historias relatadas por Lara involucran la trama de sus relaciones,
miedo de perversión del otro y de ella misma, de su deseo maniesto de
no tener la fuerza para defenderse. Son historias vívidas, coloridas, bus-
cando la captura de su oyente. Las historias de la vida familiar, la vida de
su novio, compañeros de trabajo se convirtieran en historias coloridas y
hasta divertidas, a pesar de su contenido a menudo dramático.
Muchos de sus dolores psíquicos están vinculados a la confusión de la
sexualidad en el medio familiar: de lo que era hablado y de lo que era
silenciado, que no podía ser oído. Son historias que denotan una lógica
familiar que para ella es “desesperante y confuso”. Las fronteras eran
poco claras, según lo evidenciado por la descripción de la escena del
abuso que sufrió a los seis años por un amigo de los padres en el sótano.
Él quería que tomase su pene y lo pusiera en su boca. Ella llevó a cabo y
luego corrió: “no quería ponerlo en la boca. Yo grité y nadie creía en lo
que yo decía”.
Con el paso de las sesiones contó que había visto la escena muy clara-
mente, pero no sabía si fue “la creación de mi mente o la realidad concre-
ta”, una confusión de realidad y fantasía. Dos años después de haber
contado este episodio, lo describió otra vez: había tenido muchas inun-
daciones donde vivía con su familia y parte de la casa fue soterrada:
ellos estaban haciendo una cocina arriba, porque el fondo estaba soterra-
do... ese tipo estaba trabajando también en esto, pues era amigo de ellos”.
En la escena, relatada en detalles, hay una lógica que desafía las leyes:
la casa que crece hacia abajo, el suelo que se levanta, tal vez el peligro
del incesto que rodeaba su medio, una familia de excesos y faltas, cuyos
miembros (hijos, nietos) fueron repetidamente acosados en la casa de
la familia. Todo lo que ocurrió en estes subterráneos fue muy doloroso.
Así ella recuerda las palabras de su hijo lo cual fue acosado por su primo
cando tenía cinco años: “mamá, no dejo de pensar en eso, yo no puedo
sacármelo de la cabeza”. Dice que en aquel momento descubrió algo dife-
rente: “mamá te va ayudar a sacarlo de tu mente, vamos a buscar la ayuda
de una buena mujer… Recuerdo que pensé, lo primero es escuchar...”. Esa
es la magia de escuchar las palabras y sentimientos.
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Desde la tercera a la primera persona: de la “dolor” para el “me siento”
Aunque algunos de sus dolores tienen diagnósticos médicos, son do-
lores itinerantes, que cambian a cada doctor, cada período y tal vez, a
cada psicoanalista que la escucha. Es un dolor que necesita tornarse en
un yo: yo siento – un “yo psíquico”. Las historias de Lara sugieren que la
vivencia crónica de los dolores físicos psicogénicos e las manifestaciones
corporales dolorosas pueden transitar entre diferentes registros do so-
mato-psíquico, sean conversiones o somatizaciones: todas son dolores
que hablan de diferentes formas y callan de diferentes maneras y por
lo tanto, todos necesitan ser escuchadas. Del mismo modo, se puede
pensar en el dolor físico: las tendencias del registro en el cuerpo o de la
transición al cuerpo son notables y muy primitivas. Por lo tanto,
Conhecer o próximo signica poder rastreá-lo nas trilhas de origem das
próprias experiências corporais, sensações e imagens motoras do ende-
reçar-se ao objeto de satisfação de outrora. Para entender o semelhante
[...] é preciso que ele seja reproduzido nos próprios órgãos, no fígado
e rins, como diz a bíblia... vivências do corpo que ocorrem apenas em
estado de sofrimento, da dor do anseio. É com a dor que se concebe o
outro! É este o juízo que podemos ter da transferência e [...] no analista,
ou seja, na contratransferência – [...] de reproduzir dentro de si a dor
dos anseios do doente (Delouya, 1999, p. 31).5
La experiencia del dolor físico no es la peor forma para estos pacien-
tes. El contacto con sus sentimientos, con la angustia y depresión es no
menos doloroso que el dolor físico. Por lo tanto, del físico a lo psíquico
hay grand complexidad. En el caso de Lara, el dolor de la emoción es
experimentado con intensa depresión. En estos momentos tiende a las-
timarse, sentir se triste y enojada: “pero no es el dolor, también creo que
tengo un cansancio que es emocional, hay días que no tengo dolor en parte
alguna, pero en estes días al levantarme estoy triste”.
Lara tiene un contexto de excesos. Todo se reporta como “mucho” en su
historia: muchos locos, mucha pobreza, mucha risa, mucha diversión,
muchas peleas, muchos abusos. Tiene la imagen de un entorno invasivo,
con un exceso de emoción para todos. La madre no puede tratar sus
problemas sin pánico, vive a sucumbir al dolor emocional y físico pro-
bablemente desde la infancia. La forma encontrada para sobrevivir a los
excesos en la acción y la emoción es el habito de contar historias, típico
de Lara y del padre. Como dice Lara: su padre “intentó, pero sucumbió
a la locura”. A pesar de todas las historias contadas por la familia nadie
habla de los distintos tipos de acoso. Las “palabras mágicas” peligrosa-
mente fueran abolidas, dando origen a las repeticiones: “nadie habló...
No sé lo que ocurrió en las historias”. Lo que ocurrió es lo dolor. Pasado
todo este, la niña es una sobreviviente, la esperanza vivió en la mente
de Lara. La dicultad es quizás aún hoy en día la marca del dolor: Lara
entra e y sale de la isla de dolor o, de otra forma tal vez todavía presa en
la isla de Dores.
5 Conocer el otro signica, signica
ser capaz de seguirlo en los
senderos del origen de las propias
experiencias, sentimientos e
imágenes motoras en dirección al
objeto de satisfacción de antaño.
Para entender el otro, debe ser
reproducido en sus propios
órganos, el hígado y los riñones,
como dice la Biblia. [...] el cuerpo
experimenta esto solo cuando está
en un estado de sufrimiento, de
dolor de la falla. Es con el dolor que
concibe la existencia del otro. Este
es el sentido que tenemos en la
transferencia y [...] en el analista, la
contratransferencia - de reproducir
dentro de si el dolor de los deseos
del paciente.
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Depresión, manía, melancolía, dolor físico, todos son historias familia-
res y con estos ella está identicada desde lo más primitivo. Cabe desta-
car que Freud (1895) muy temprano en su obra se dedicó a entender la
relación entre estos fenómenos – melancolía – manía – dolor. Lara, toda-
vía, cree que puede tratar su dolor físico; aliviar su dolor es su objetivo, o
como dice ella, el dolor puede quedarse allí, ella no quiere sentirlo. Sigue
intentando evitar la depresión.
Lara es “el marco”6 de dolor y esperanza. Aspectos histéricos están pre-
sentes, pero su dolor, a veces parece superar y quizás referir se a mar-
cas más tempranas, anteriores a lo olvidado. Son rutas que están marca-
das como formas de comunicación – una memoria. El temor a la locura y
las marcas que lo denuncian son marcantes en sus recuerdos. Su dolor
físico repetitivo e insistente es su forma de expresión de las marcas
establecidas en tiempo muy temprano. Nuevos caminos necesitan ser
trazados.
Los dolores de Lara aparecen en los síntomas conversivos, pero también
en las quejas hipocondríacas y somatizaciones, es decir manifestaciones
que centranse más directamente en el cuerpo. Freud, ao designar las
neurosis mixtas, se reere a los síntomas que se mezclaban y confun-
dían.
Es difícil saber si en la somatización existe participación de cualquiera
representación en el cuerpo, si es algo no reprimido o algo que carece
totalmente de símbolos. La existencia del dolor no fácilmente muestra
todo lo que ella representa. La forma diferenciada que se comporta la
anatomía (Freud, 1893), por ejemplo, parece ser un fenómeno aún poco
estudiado. Los temas del psicosoma, sobre la relación entre biología y
psicoanálisis, son complejos. Como muestra Dejours (1988), el desajus-
te entre éstos nunca estuvo presente en el pensamiento freudiano: en
1938 Freud armó la importancia que podría tener la articulación de la
biología con el psicoanálisis.
El pensamiento psicoanalítico en la actualidad abarca varias posibilida-
des para entender cómo el psíquico se maniesta a través del dolor, o,
cómo lo que podría ser emocional se transforma en dolor físico. Este es
el punto crucial: comprender estas lenguas indirectas del conicto, o, de
lo que todavía no es aun conicto, y aparece a través del dolor físico. La
verdad es que el tema de los trastornos psicosomáticos y de la histeria
es polémico en sus relaciones. Como reere Trillat (1991), el hecho de
que la histeria es enigmática para la medicina, tuvo su concepto supri-
mido y enterrado en el campo de la medicina psicosomática. Por lo tan-
to, la psicosomática sería, al mismo tiempo, el representante moderno y
la tumba de la histeria antigua.
6 Expresión que en Portugués signica que
alguien típicamente representa algo.
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