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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 69 - 86
ISSN 2815-6994 (en linea)
A dor não é, como a angústia, um sinal de alerta, mas já efeito da respos-
ta a uma efração que implica um esforço de ligação. A dor eclode com
ou é a própria tentativa malograda, ou parcialmente bem sucedida, de
ligação de um excesso, seja de invasão ou de evasão, de um auxo ou de
um inuxo, no aparelho psíquico1 (Delouya, 1999, p. 24).
En 1915 en el artículo “La represión», Freud habla del dolor como un
seudo-pulsión:
Puede ocurrir que un estímulo exterior sea interiorizado, por ejemplo si
ataca o destruye a un órgano; entonces se engendra una nueva fuente
de excitación continuada y de incremento de tensión. Tal estímulo co-
bra, así, notable semejanza con una pulsión. Según sabemos, sentimos
este caso como dolor. Ahora bien, la meta de esta seudo-pulsión es sólo
el cese de la alteración de órgano y del displacer que conlleva. Otro pla-
cer, un placer directo, no puede ganarse con la cesación del dolor. El
dolor es también imperativo; puede ser vencido exclusivamente por la
acción de una droga o la inuencia de una distracción psíquica. (Freud,
1915, p. 141).
De hecho, ya en 1890, Freud menciona estas posibilidades de inuencias
para la eliminación del dolor, incluyendo también la capacidad que se
llamaría a “transferencia” – la expectativa esperanzada y conada es una
fuerza ecaz de la que “no podemos dejar de prescindir en todos nues-
tros ensayos de tratamiento y curación. De lo contrario serían inexplica-
bles los curiosos efectos que observamos a raíz de la aplicación de medi-
camentos y terapias” (Freud, 1890, p. 121) - el otro como un importante
factor de curación. En 1926, él toma este tema y arma que cuando hay
una desviación psíquica causada por algún otro interés, incluso el cese
de dolor físico más intenso pueden cesar “porque hay una concentra-
ción de cathexis en lo representante psíquico de parte del cuerpo que
está emitiendo dolor” (Freud, 1926, p. 197).
Para Freud (1895ª), el dolor pulsión cuando no encuentra una ruta espe-
cíca en las vías motoras, es secretada o quitada en el aparato psíquico.
Así, explica Delouya, el exceso pulsional que no puede almacenarse, se
descarga dentro del aparato:
...gerando dor em forma de anseio pelo outro. É apenas este outro dos
indícios, que vindo ao encontro desse apelo, precipita-se no sujeito como
experiência ou nele inscreve uma vivência. É esta que dota a dor de qua-
lidade, transformando-a em afeto. Portanto, o outro afeta, ou melhor,
concede afeto, por meio ou através da dor (Delouya, 1999, p. 29).2
El dolor implícito en el estado primordial de desamparo del bebé em-
puja al recién nacido hacia el objeto. Aquí, como arma Delouya (1999),
tenemos el modelo por excelencia de afecto, que será renado en 1923,
en El yo y el ello: el dolor como el prototipo de los afectos reprimidos.
El dolor está marcado no sólo en el límite entre externo e interno, pero
el otro límite relacionado con esto, el yo-no yo, en relación uno con el
otro. Un yo ‘historizado’.
1El dolor no es, como la angustia, un
señal de advertencia, pero el efecto de la
respuesta a una ruptura que implica un
esfuerzo de conexión. El dolor se desata
con, o, es su propio esfuerzo infructuoso,
o parcialmente exitoso, excesiva
atascamiento, cualquier invasión [...] en el
aparato psíquico.
2 …generando dolor en forma de nostalgia
por el otro. Es sólo que uno de los signos,
que invitan a la fecha de esta apelación,
se precipita sobre el tema como un
experimento o alista una experiencia.
Esto es lo que dota al dolor de calidad,
convirtiendo se en el afecto. Por lo tanto, el
otro afecta, o mejor dicho, concede afecto,
por medios o a través del dolor.