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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 92 - 105
ISSN 2815-6994 (en linea)
Este suceso se desarrolla en un momento particular de su vida, sus pa-
dres se divorcian y su madre entra en un estado depresivo intenso que
no le permite registrar nada más que sus propias dolencias. Su padre
sale del hogar y se distancia de ella refugiándose en sus viajes o en sus
intereses personales. Pienso en Katie y solo se me viene a la mente la
soledad que debe haber vivido sosteniendo por su cuenta el miedo y la
angustia generada por la disolución de su familia, sin tener personas a
su lado que pudieran mirarla y ayudarla a sostener mejor estas expe-
riencias. Katie afronta su tristeza cerrándose e impidiendo el ingreso de
más dolor y bloquea aquello que fue su primer vínculo con el mundo,
con sus padres: su alimentación. Considero que Katie desarrolla en ese
entonces una anorexia depresiva, un trastorno que emerge como reac-
ción ante los movimientos externos e internos, ante la desilusión que
experimenta frente a su mundo. Según Zusman (2009) en la anorexia “se
cierra la boca” a toda posibilidad de experimentación de la vida, quizá,
por el temor al dolor y a la frustración.
Katie toma a su abuela como único referente saludable a nivel familiar,
una de las pocas personas que ha intentado leer sus estados internos y
le ha brindado el afecto y cercanía que tanto anhela. No obstante, man-
tiene una relación de intenso conicto con su abuelo, personaje a quien
dirige gran parte de su agresión, sin ltros de por medio. ¿Será un des-
plazamiento de su sentir o el registro de un abuelo que alejó a su padre,
que lo sacó de su vida?
El empleo del inglés se ha vuelto una herramienta común en Katie, en su
discurso y en sus interacciones. Si bien el empleo de este idioma podría
permitirle poner distancia frente a las personas que la rodean siendo
un medio para agredir a los demás de manera indirecta, me pregunto
si podría considerarse a su vez como un indicador de la no sintonía, de
rechazo a la lengua materna o inadecuada incorporación de ésta, así
como señal de la ausencia de su padre como medio para la construcción
de una lenguaje integrado.
Durante nuestras sesiones Katie me relata sus historias, las cuales pre-
sentan generalmente relaciones de conicto y duelos intensos entre di-
versos bandos, me transmite no solo la descripción literal de sus cuentos
sino sus percepciones, entre las cuales rescato una que ha manifestado
en varias ocasiones: “el mundo no es Disney”. A partir de esta frase me
explica su sentir, el mundo no es un cuento de hadas, no todo es lindo,
no todos viven felices para siempre, e indica, “yo he perdido la inocen-
cia”. Abadi (1996) indica que si la experiencia de ilusión falla se da la po-
sibilidad de replegamiento, viviendo así refugiado en el mundo interno,
en un estado de ensoñación y aislamiento.
Katie ha crecido dentro de un mundo que la ha desilusionado, que la
ha hecho crecer prematuramente y afrontar situaciones para las que
no se encontraba preparada. Cómo vivir su edad con coherencia, cómo
crear historias de Disney cuando la realidad, su realidad, no es así.
Dentro de ella conviven grandes emociones, tristeza, cólera, resenti-
miento, a raíz de una inocencia interrumpida. Según Winnicott (2006),