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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 3 (1), 2015, pp 116 - 122
ISSN 2815-6994 (en linea)
AL ENCUENTRO DEL VIVIR
CREATIVO:
UNA EXPERIENCIA CLÍNICA
MYRIAM SABAH TELIAS
Psicóloga Universidad de Chile, Psicoanalista ICHPA,
Magister en Análisis Institucional y de Grupos,
Terapeuta Centro Chileno de Sexualidad.
E-Mail: my.sabaht@gmail.com
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Sabah Telias M. (2015) Al encuentro del vivir creativo: Una experiencia clínica
Intercambio Psicoanalítico 3 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen
El trabajo relata un proceso terapéutico en que el paciente poco a
poco se va encontrando con lo genuino y único que hay en él. Da
cuenta de cómo el material que presenta en las sesiones va cambian-
do, produciéndose un crecimiento emocional que deja atrás estruc-
turas rígidas y abre un mundo que nos remite al concepto de “vivir
creativo” de Winnicott. El analista, por su parte, brinda las condicio-
nes de un ambiente sucientemente bueno, al alero del cual se va
gestando este proceso, donde aparece el verdadero self del paciente.
Palabras clave: vivir creativo, ambiente sucientemente bueno, ver-
dadero self.
“Nacer y vivir la vida es abandonar un espacio conocido y
ser abandonado, ser arrojado, en simultáneo, de ese espacio
primordial. Por lo tanto, toda la vida será, para siempre, una
aventura donde un eterno peregrino buscará su tiempo-espacio
perdidos.”
(Jallinsky, S. 1998, pág 54)
En nuestra cultura, muchas veces la creatividad se piensa exclusiva-
mente desde el desarrollo artístico; Winnicott aclara en su libro Reali-
dad y Juego (1972) que el concepto de creatividad que a él lo ocupa, es
universal y tiene relación con la condición de estar vivos, por lo tanto,
todos tenemos la posibilidad de “vivir creativamente”, es decir, de una
manera real, genuina, única. Hablo de la posibilidad, porque muchos de
nuestros pacientes debido a circunstancias de su desarrollo emocional
y vicisitudes vividas en las etapas tempranas de la existencia, se han
visto forzados a “reaccionar” y se ha establecido en ellos un falso self
y por tanto, no han tenido acceso a éste “vivir creativo”; en palabras de
Winnicott: “Digamos que en ese caso extremo todo lo real, todo lo que
importa, todo lo personal, original, creador, se encuentra oculto y no da
señales de su existencia” (Winnicott, 1972, pág 97).
Si nos remontamos al desarrollo emocional primitivo, encontraremos
la razón de este tipo de funcionamiento y la formación de lo que Winni-
cott llama “Falso Self”, esto se remonta a las primeras relaciones objeta-
les con quien cumple la función materna y aparece fundamentalmente
para ocultar y proteger el “Verdadero Self”, por lo tanto constituye una
defensa frente a intrusiones reiteradas del ambiente: “La idea de self
verdadero se justica principalmente para tratar de comprender al self
falso, porque no hace más que reunir los detalles de la experiencia de
estar vivo” (Winnicott, 1960, pág. 193).
AL ENCUENTRO DEL VIVIR CREATIVO:
UNA EXPERIENCIA CLÍNICA
Myriam Sabah Telias1
1Myriam Sabah Telias: Psicóloga
Universidad de Chile, Psicoanalista
ICHPA, Magister en Análisis
Institucional y de Grupos, Terapeuta
Centro Chileno de Sexualidad. E-Mail:
my.sabaht@gmail.com
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Winnicott sostiene que una “madre sucientemente buena”, brindará
las condiciones necesarias para que surja y se desarrolle el “Verdadero
Self”, esto incluye la conservación de la experiencia de omnipotencia.
Este último punto resulta fundamental para la creatividad, en tanto la
madre le permite al bebé la ilusión de estar creando el objeto; esto se
logra cuando efectivamente la madre a través de su intervención, pre-
senta el objeto (pecho) en forma sincrónica para que el niño lo cree,
lo que será la base posteriormente para preservar la creatividad y te-
ner una experiencia propia sobre las cosas. Así, el gesto espontáneo del
bebé, encuentra resonancia en el mundo externo, apareciendo el objeto
subjetivo, que se relaciona directamente con la identidad y la posibilidad
de ser persona.
Experiencias reactivas o del self falso, relacionadas con el ambiente so-
bre una base de sumisión, cumplen una función de adaptación y transac-
ción con quienes nos desarrollamos socialmente, sin embargo existen
grados diversos de falso self; el paciente que nos ocupará este trabajo,
pertenecería al grupo en el cual el falso self se ha establecido como real,
ocultando al verdadero self y teniendo dicultades para funcionar como
una persona integrada, espontánea, exible.
A partir de la ampliación de los conceptos mencionados, ilustraré con el
caso de M. el proceso terapéutico y la creatividad (vivir creativo) como
un emergente de dicho tratamiento.
M., de 31 años, sexo masculino, llega a consultar en Noviembre de 2010,
luego de una desilusión amorosa, hay un malestar psicológico general
que se maniesta en una falta de sentido en las diversas actividades que
realiza. Si bien al momento de consultar, había construido una vida: era
ingeniero con un trabajo estable, estudiaba por las noches y tenía una
hija de 9 años que compartía con él los nes de semana, no había logra-
do consolidar una relación de pareja que perdurara a través de los años
y se relacionaba casualmente con amigas o ex pololas con las que tenía
encuentros sexuales esporádicos. También lo invadían sentimientos de
“no ser capaz”, de “no haber cumplido con el joven promesa que alguna
vez fue”, tiñendo todo de una sensación de desilusión e incompletud.
Si nos remontamos a la infancia de M., sus primeros recuerdos transcu-
rren en un suburbio de una ciudad extranjera, en un país desarrollado,
donde sus padres, ambos chilenos, se encontraban por razones profe-
sionales, mientras su madre era una rigurosa médico que trabajaba de
sol a sol, su padre tenía un trabajo en un organismo internacional que le
permitía salir de vez en cuando con ellos (M. tiene una hermana 3 años
mayor) a museos y parques. De ese lugar, M. tiene lindos recuerdos de
infancia, jugaba con su hermana en lo que él recordaba como un “bos-
que” detrás de la casa (con el tiempo descubrió, ya de adulto, que sólo
eran unos pocos árboles).
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En ese período surge una escena que marca a M e ilustra su relación con
su gura primaria. Su madre partía todas las mañanas en el auto y él se
quedaba esperando en la ventana, que ella volviera a abrazarlo, sin em-
bargo ella se iba. Esta imagen sirvió para ver cómo en ciertos aspectos
de su vida, él seguía esperando que la madre volviera y lo abrazara, re-
curría mucho a la imagen de una ex pareja, por quién en algún momento
“lo dejó todo” y a la posibilidad de volver con ella, como solución a sus
problemas; en un momento del tratamiento lo intenta desde una postu-
ra más adulta, sin embargo reconoce que no es posible. Opuesta a esta
gura materna, había una nana centroaméricana de grandes pechos,
muy cálida y que no dudaba en regalonear a M. con generosidad. Esta
nana se va de la casa, luego de una discusión con él y al poco tiempo, la
familia se traslada a Chile, quedando este recuerdo y cierto sentimiento
de culpa en M.
La llegada a Chile, no mejora las cosas para M., es víctima de bulling en el
colegio, período que recuerda como angustioso y solitario y con dicul-
tades para “encajar”. Creo que esta experiencia, junto con el desarraigo
reforzó su falso self. Más adelante participó de actividades sociales de
iglesia y en la universidad, pero la sensación de desarraigo no lo aban-
donó.
Le costaba reconocer por qué y desde dónde hacía las cosas, se jactaba
de poder argumentar de igual manera y convicción dos ideas totalmente
opuestas entre sí, con dicultades para encontrar su propia posición al
respecto, esto denotaba que toleraba escasamente la ambivalencia y se
enfrentaba a los temas desde una perspectiva cognitiva, lejano aún de
la posibilidad de integrar. Daba la sensación de haber perdido el rumbo
en algún punto.
Se entrega al trabajo analítico con una cierta reticencia, busca maneras
de que “optimicemos” el trabajo, a menudo llega con cuadros o mapas
conceptuales sobre lo que hemos hablado, se apega a la forma y a la
estructura, buscando un asidero que no encuentra en sí mismo. Acepté
su “forma” sin cuestionarle y poco a poco sus “ofrendas” fueron cam-
biando; hablo de ofrendas porque M. nunca dejó de llevar “cosas” a se-
sión, pero la cualidad de éstas fue cambiando de manera importante,
siempre las recibí y acepté (no eran regalos, él sólo llevaba cosas para
mostrármelas), pues entendía que quería compartir conmigo un peda-
cito de su mundo. Luego de estos cuadros explicativos, basados sobre
todo en el lenguaje, aparecieron una serie de retratos de las mujeres
signicativas de la vida, así M me las iba presentando y en ocasiones po-
nía una junto a la otra para que las comparáramos, poniendo sus caras
y miradas sobre el tapete, en una ocasión el retrato de una ex pareja
que aparecía recurrentemente en sus fantasías, fue comparado con el
de su madre, notando ciertas similitudes, que pudimos ver y extrapo-
lar a otras áreas. Más adelante empezó a pintar, copiaba cuadros y me
mostraba sus avances, de apegarse al autor pasó de a poco a poner sus
propios colores y dejarse llevar por sus sensaciones, la última pintura
que me llevó era abstracta en tonos cálidos, pero a la vez llena de fuerza,
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lo que me hizo asociar con un toro o una ola, donde se manifestaba su
impulso vital. Era un cuadro que había pintado en una noche, contras-
tando con uno anterior en que se había tomado un año, el perfeccionis-
mo y apego a la forma había sido sustituido por un impulso creativo y la
posibilidad de dejarse llevar por él. Siempre me entregué a esos juegos
bien dispuesta, asociando libremente, de esta manera, con mi presen-
cia y aceptación incondicional, fui contenedora y testigo de la evolución,
desde formas más estructuradas y apegadas a un molde hasta ir desple-
gando su ser de forma más libre, a través de estos actos creativos. Así, es
posible visualizar el paso del objeto subjetivo a un espacio transicional.
En una de las primeras sesiones aparece un imagen de cómo M se visua-
lizaba a mismo, se veía como un edicio “con grandes forados” (que
podríamos entender como intrusiones traumáticas del ambiente) que lo
mantenían incompleto, es interesante cómo a través de la terapia ese
vacío fue siendo visto de otros modos por ejemplo espacio blanco en
pinturas, un cajón peruano que se había regalado a sí mismo, que reso-
naba gracias al vacío de su interior; por último, la visión de un edicio
que en su estructura, alojaba espacios vacíos que armonizaban en un
todo.
De a poco, empezamos a trabajar el tema de “no tener posición propia”,
logramos identicar por ejemplo, que en sus contactos con las mujeres
adoptaba la posición de un seductor, un don juan que preparaba sus
citas (hasta el punto de estudiar las materias que sus conquistas domi-
naban) para gustar a todo evento, sin embargo luego lo embargaba una
sensación de vacío, ya que una parte importante de él no se veía reeja-
do allí, después de un tiempo se escurría, escapándose del compromiso
hasta verse envuelto en otra situación similar, así M eludía las experien-
cias de compromiso e intimidad y se sorprendía gratamente cuando yo
cambiaba una hora o hacía algo por él. Le costaba ser espontáneo, se
hiperadaptaba a las situaciones, privilegiando el hacer por sobre el ser,
lo que fue posible ir comprendiendo en conjunto.
En este proceso, la agresión también se hizo presente, frente un alza en
los honorarios de la analista, planteé que en función a que su situación
económica había mejorado, había que realizar un ajuste en la tarifa que
él cancelaba con una importante rebaja, ambos esgrimimos nuestros
argumentos y le solicité una propuesta que considerará el alza que le
solicitaba, M. reaccionó con rabia y asoció con la madre de su hija y una
disputa en torno a la pensión alimenticia, lo que nos sirvió para ver que
él habitualmente se quejaba, pero rara vez tenía una propuesta propia,
al pasar de algunas semanas que esperé con paciencia, me mandó por
mensaje que subiría a una cantidad bastante más cercana a mi arancel
real que él cancelaba hasta la fecha. Mi espera, la no retaliación y mi so-
brevivencia creo que fueron muy importantes en ese momento.
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En el transcurso del tratamiento, se le brindaron a M. las condiciones
de maternaje correspondientes a una regresión a la dependencia; la
hipótesis es que producto de una serie de intrusiones del ambiente y
una madre que no lo veía, M. fue reaccionando, llegando a funcionar
como adulto, a través de un falso self. No importaba lo que hiciera (ha-
bía deambulado por terapeutas y experiencias espirituales variadas), no
lograba apropiarse de su experiencia y nunca estaba seguro de por qué
y para quién hacía lo que hacía.
Una de las primeras iniciativas que marcaron el encuentro de M. con
aspectos más propios y creativos fue la siguiente: encontró en internet
una experiencia de intervención urbana e interactiva, que se había rea-
lizado en algunos lugares del mundo y se propuso llevarla a cabo aquí
en Santiago, logró convocar a un grupo de apoyo y recibir el respaldo de
un importante Centro Cultural, para en un muro cercano a su entrada,
ofrecer un espacio a la ciudadanía. Luego esta iniciativa se repitió en
diferentes ocasiones con motivos diversos, convirtiéndola en una expe-
riencia viva y dinámica, un espacio cultural y que considera a otros en
su creación (tanto al grupo de referencia y apoyo como a los ciudadanos
que interactuaban con la obra).
Hoy, M. sigue en tratamiento, sin embargo hemos concordado una fecha
de término. Está lleno de ideas y actividades que comparte con otros;
en ocasiones lo veo como un niño sentado frente un festín de platos
deliciosos, sin saber cuál coger primero; se compró un departamento,
cambió a un trabajo de mayor reconocimiento y está próximo a termi-
nar su segunda carrera, actividades que disfruta y lo comprometen; ha
emergido su verdadero self, lo que lo hace sentir vivo y con una existen-
cia real y sentido propio; en nuestra jerga co-creada de a poco “se ha ido
encontrando con el habitante de su nuevo departamento”.
Con M. fue necesario volver al momento de la ilusión y brindarle un es-
pacio conable y acogedor, para que así descubriera aquello más pro-
pio, lleno de sentido. El análisis le permitió estar sólo en presencia de
alguien más, disponible para él, pero a la vez, con espacios para la no
integración.
Quisiera cerrar con una cita sobre el Self:
“Su desarrollo saludable se relaciona con la vitalidad y con varias posibi-
lidades: la de tener una vida excitante que incluya la magia de la intimi-
dad; la de ver el mundo creativamente (prueba de que se está vivo y con
ganas de seguir estándolo), la de sentirse real, la de ser uno mismo, la
de apropiarse de lo que a uno le interesa sintiendo que ese esfuerzo nos
hace vibrar” (Anfusso, 2009, pág. 93).
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Bibliografía
Anfusso, A., Indart, V. (2009). ¿De qué hablamos cuando hablamos cuando hablamos de
Winnicott? Montevideo, Uruguay: Ed. Psicolibros- Waslala.
Jallinsky, S. (1998). La creatividad vital de la paradoja. Revista Encuentros. Asociación
Psicoanalítica Argentina.
Painceira, A. (1997). Clínica Psicoanalítica: A partir de la obra de Winnicott. Argentina: Ed. Lumen.
Winnicott, D.W. (1972). Realidad y Juego. Buenos Aires, Argentina: Ed. Gedisa.
Winnicott, D.W. (1994). El hogar, nuestro punto de partida. Buenos Aires, Argentina: Ed. Paidos.
Winnicott, D.W. (1965). Los procesos de maduración y el proceso facilitador. Buenos Aires,
Argentina: Ed. Paidos.
Winnicott, D.W. (1993). La naturaleza humana. Buenos Aires, Argentina: Ed. Paidos