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INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 4 (1), 2016, pp 225 - 228
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/14.2.1/
REPENSANDO EL PSICOANÁLISIS.
MULTIFAMILIARES
COMENTA:
MÓNICA FAVELUKES
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Favelukes M. (2015) Repensando el psicoanálisis. Multifamiliares
Intercambio Psicoanalítico 3 (1),
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
182 / FLAPPSIP
Autor: Gabriel Dobner
Año: 2014
142 Páginas
Compañía Editora de la Matanza
Buenos Aires
El propósito de estas palabras es el de invitarlos a leer el libro que pre-
sentó recientemente Gabriel Dobner, porque es en ese segundo mo-
mento, el de la lectura, que el libro se encuentra con otro y sigue cre-
ciendo.
Comenzando por el título “Repensando el psicoanálisis”, nos convoca
a través del gerundio a una tarea en presente, no acabada, y tendida
como una echa hacia el futuro; entiendo a través de su propuesta su
convicción de que es responsabilidad de los que van llegando al psicoa-
nálisis, los nuevos discípulos, ir construyendo nuevos desarrollos que
retomen los desafíos que nos dejó Freud.
En su contratapa, está una frase tomada de “Los nuevos caminos de la
terapia psicoanalítica”, que vale la pena compartir aquí: “… hoy como
siempre estamos dispuestos a admitir las imperfecciones de nuestro
conocimiento, a aprender cosas nuevas y a modicar nuestros procedi-
mientos toda vez que se los pueda sustituir por algo mejor… Por eso el
desarrollo de nuestra terapia emprenderá sin duda otros caminos…”. Al
lado, enmarcando la frase, están las fotos de las miradas de sus nietas.
En este libro se encuentran ideas que el autor fue generosamente des-
plegando en distintos ámbitos, evidenciando una coherencia con un
modo de pensar, y una consistencia de su modelo y su saber hacer. Ga-
briel Dobner, como decía Ulloa, “habla no en su condición de ser psicoa-
nalista, sino desde la posibilidad de “estar psicoanalista” según lo que
demande la situación”: Estar psicoanalista es más un ocio que una pro-
fesión, ocio que busca apoyo no tanto en lo que está instituido sino en
la singularidad de lo que se va instituyendo sobre la marcha.
Practica el psicoanálisis, y al repensarlo, no lo predica dogmáticamente,
lo abre al cuestionamiento. Lo pone al servicio de poder pensar la clíni-
ca, los nuevos dispositivos, la institución psicoanalítica, la sociedad, la
pareja. Presenta producciones que van desde el año 1976 al 2013. Se
nota la evolución de sus ideas, que se van enriqueciendo con sus lectu-
ras. Podemos ver a un autor yendo de la mano de otros pensadores, a
quienes reconoce su contribución fecunda a su propio pensamiento, al
que enuncia en nombre propio. En estas épocas de corte y pegado, los
cita con respeto y gratitud.
Entonces, voy a pasar a presentar lo que constituyen los ejes de su libro:
las multifamiliares, los analistas, la relación con los maestros y otros te-
mas que le han interesado: las violencias y la pareja.
REPENSANDO EL PSICOANÁLISIS.
MULTIFAMILIARES
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Mónica Favelukes1
1 mfavelukes@intramed.net
Rivadavia 2057 – 8° G – CABA (1433)
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Las Multifamiliares, subtítulo de su libro, son abordadas en los primeros
cuatro capítulos, y luego retomadas en los capítulos 8 y 9. El autor pre-
senta la historia de este abordaje, que comienza con el Dr. García Bada-
racco, su técnica y su fundamentación metapsicológica en los conceptos
de dicho psicoanalista.
Voy a comentar algunas pocas cosas, para simplemente motivarlos a leer
directamente el libro. Los grupos de psicoanálisis multifamiliar reúnen
entre 50 y 120 personas, que son pacientes derivados por sus terapeu-
tas, acompañados por uno o varios familiares o solos. No se inscriben
previamente, algunos vienen en forma discontinua, otros son estables.
Habla quien quiere, buscando que cada participación sea escuchada y
respetada como un sentir propio. Los padres de una familia interactúan
con el hijo de otra, la palabra circula, alguna comprensión compartida
aparece. Es la propia “multi” la que produce una experiencia vivencial,
que sostiene, contiene, y genera nuevas posibilidades en las personas.
Los asistentes comparten un clima emocional de solidaridad grupal, con
respeto y escucha, en un “contexto de seguridad”. Los sentidos van cir-
culando, y a veces el mejor señalamiento lo hace un paciente.
Badaracco incluía a la familia en el tratamiento porque allí se había
producido la enfermedad, y allí se produciría la curación. En la teoría
construida por él a lo largo de su experiencia con pacientes graves, la
enfermedad mental es una “patología de varios”, en una “trama familiar
con interdependencias recíprocas e interacciones patógenas”, y sus an-
tecedentes transgeneracionales. Esta estructura sujeta a los individuos
y determina su evolución psíquica. Dobner repasa conceptos nucleares
de esta metapsicología ampliada, como los de identicaciones normo-
génicas y patogénicas, “los otros en nosotros” por la introyección del
vínculo, y el objeto enloquecedor. Un elemento central es “la virtualidad
sana”: la convicción del terapeuta de que el paciente y la familia, puestos
a trabajar psicoanalíticamente, podrán construir recursos yoicos que ne-
cesitan para afrontar su problemática mental, de los que carecen hasta
ahí.
Los aportes terapéuticos innovadores de la “multi” fueron ampliándose
a todo el espectro del sufrimiento humano. “La multi es un escenario
apropiado para contener y volver visibles los aspectos escindidos de las
personalidades y lo más primitivo”…, y permite “vivir lo invivible o pen-
sar lo impensable””. Badaracco propone una ampliación del insight en el
funcionamiento multifamiliar que llamó “mente abierta”.
Para el autor, la concurrencia de los terapeutas a las multis es una ex-
periencia de enorme repercusión personal. Con audacia, plantea “¿no
será necesario para los terapeutas atravesar una multi para completar
su capacidad analítica?” Las participaciones son espontáneas, desde la
vivencia afectiva, como semejantes, como una “presencia”, no como una
“persona” (entiendo esto como pantalla de la transferencia). Y dice “exi-
ge una profunda remodelación de nuestra identidad terapéutica”. Para
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ello, es necesario pasar por una formación especíca, que comprende la
experiencia vivencial, ya que surgen nuevas dicultades: ¿hasta dónde
transmitir lo vivenciado? Hay que repensar la neutralidad y la abstinen-
cia. Comparte con sus lectores: “al incluirme en lo universal y lo singular
de cada problemática, utilizo más el nosotros… Siempre queda la bús-
queda de “un otro” para completar la elaboración”, incluidos nosotros
los lectores. Dos colegas extranjeros que han concurrido a dicho espacio
comentan su experiencia.
Dobner pone muchas expectativas en que las multis sean el futuro de la
terapia psicoanalítica. De hecho, este abordaje se aplica en otros encua-
dres, como escuela para padres y en el trabajo en la comunidad en algu-
nas escuelas. Presenta ventajas por el ahorro de recursos que supone
y la posibilidad de alcanzar a muchas personas necesitadas. Podría im-
plementarse en situaciones difíciles de la vida social, se ilusiona el autor.
En relación con este tema de las multis, Dobner invitó a una colega a
publicar un artículo: la Lic. María Elisa Mitre, psicoanalista, miembro de
APA, que se inició como colaboradora de García Badaracco en la clínica
DITEM y coordina diversas multifamiliares, actualmente en la Fundación
Mitre. Su artículo “El proceso terapéutico de los analistas dentro del
contexto multifamiliar”, en el capítulo 9, es en primer lugar un testimo-
nio personal de su propio recorrido como analizante con García Bada-
racco y como participante de las multis. A través de su propio proceso,
uniendo la teorización con lo vivencial, ilustra conceptos tomados por
Dobner en los capítulos previos, como la virtualidad sana, los otros en
nosotros, la importancia de los recursos yoicos.
A partir de su experiencia en las comunidades terapéuticas, Mitre for-
mula la hipótesis de que la resistencia al psicoanálisis multifamiliar pro-
cede del alto nivel de exigencia de los terapeutas, que les impide ser
naturales, equivocarse, fallar al Superyo analítico. Esta vivencia de te-
mor se transforma para ella en distancia emocional y pérdida de creati-
vidad. Finalmente María Elisa Mitre propone que la participación de los
terapeutas en las multis completaría el análisis personal y favorecería la
relación entre colegas, sirviendo de sostén frente a las dicultades que
surgen con los pacientes gravemente perturbados.
Pasando a los otros capítulos, uno que se relaciona con las multis es el
de los Vínculos entrópicos o sin salida (cap. 5): vemos a un psicoanalista
buceando en las dicultades del tratamiento con pacientes psicóticos y
sus familias. Son interesantes sus desarrollos sobre el Edipo “loco” y los
funcionamientos entrópicos: la descalicación, la paradoja y la inaniza-
ción, en los que está atrapado el paciente, pero también puede quedar
atrapado el analista que incursiona en este campo. Como Dobner cita a
Winnicott: “lo más importante que puede aportar un analista es sobre-
vivir conociendo”.
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Otro gran tema que ocupa parte del libro es la relación entre colegas,
entre los terapeutas y las instituciones a las que pertenecen, y la cues-
tión de los líderes institucionales. Analiza estos temas en la institución
asistencial y en la institución psicoanalítica (cap. 6 y 7). Estas son cues-
tiones que Dobner ha comentado con preocupación cuando tuvo la
responsabilidad de conducir primero la secretaría cientíca y luego la
presidencia de la AEAPG.
El eje en que pivotea es el narcisismo de los analistas. Dice contunden-
temente: “el narcisismo del analista sólo podemos visualizarlo por sus
efectos, no podemos operar sobre él. Es algo así como el lecho de roca
de la analizabilidad del analista. Por eso, debemos ser respetuosos de
las diferencias de ideas,… quizás algunas son auténticas, valiosas, mien-
tras que otras surgen de esa zona que yo llamaría el “narcisismo herido”.
Plantea que el trabajo en equipo con un paciente exige trabajar sobre el
narcisismo personal y el de los compañeros del equipo terapéutico, ya
que desnuda la incompletud de cada miembro. No hay una formación
especíca para interactuar al coordinar un grupo en forma conjunta, o al
producir juntos en un grupo de estudio. También se esconden allí dicul-
tades en reconocer la experiencia del otro, colega o maestro, situaciones
de ingratitud en que se dramatiza la fantasía de “autoengendramiento”.
El autor toma luego como eje de análisis a la institución analítica y sus
líderes, y su historia. Usa como ejemplo paradigmático la Sociedad de
los Miércoles, creada por Freud, y su transformación de grupo primario
a grupo secundario. Es importante el rol jugado por los líderes, ya sean
autoritarios o democráticos, favoreciendo o no la movilidad grupal, fo-
mentando la división, la aparición de chivos emisarios, como se ejempli-
ca con lo ocurrido con Freud, Adler, y Jung.
Dobner rescata a Ferenczi, quien con claridad se reere a las patologías
de las asociaciones: “reina la megalomanía, la vanidad, la obediencia
ciega, el interés personal, en lugar del trabajo consagrado al bien co-
mún”…”Conservan características de familia: el presidente es el padre,
con autoridad indiscutible, los demás responsables son los hermanos
mayores, que tratan a los otros con desprecio, alrededor del padre hala-
gándolo, pero esperando para poder eliminarlo”…”La vida en grupo pro-
porciona el campo para la homosexualidad sublimada que se descarga
como odio y adulación”. Ferenczi ponía sus esperanzas en la amistad y el
auto análisis que ayudarían en la transmisión del psicoanálisis.
Sin embargo, el autor nos plantea que a lo largo de 100 años de psicoa-
nálisis no se ha logrado generar otras formas institucionales. La Escuela
Freudiana de París con Lacan, se transformó en un campo de todos
contra todos. “Es el eterno problema de la sucesión. ¿Es posible una ins-
titución fraterna?”, se pregunta.
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En una apuesta fuerte, el autor plantea que el problema de las institucio-
nes es el insuciente desarrollo del complejo paterno. Freud se encon-
tró allí con su límite, necesitó hacer de padre de sí mismo, y desconoció
a sus interlocutores. “Hay una deuda simbólica impaga en el complejo
paterno, velada por la sumisión al padre, que da lugar en Freud a la ho-
mosexualidad reprimida. Si somos deudores, somos meros mensajeros
que no sabemos que hemos transmitido una deuda impaga”. La elabo-
ración del complejo paterno posibilitaría el paso a la fraternidad objetal;
de lo contrario los psicoanalistas quedamos detenidos en la lucha de las
fratrías narcisistas.
Propone: si el padre ideal no existe, tendremos que hacernos respon-
sables de nuestras palabras y reinventar el psicoanálisis. Si no, siempre
queda la posibilidad de reclamarle a la institución. Y que “la relación en-
tre colegas debería ser la cuarta pata de la formación analítica”. Pero
para no morir en ese intento, sugiere algunas recomendaciones que
intentó desplegar cuando tuvo responsabilidad institucional: realizar
congresos internos y externos sobre la clínica, no asustarse si surgen
diferencias, fomentar un clima democrático, de estudio y producción, y
permitir el surgimiento de nuevos líderes cientícos.
Sabiendo que esto formaría parte de las profesiones imposibles, gober-
nar, educar y analizar, propone aprender de la historia para no repetir.
Atravesando todo el libro, está la presencia de sus maestros: Freud, Fe-
renczi, Lacan, y muchos otros, a los que agradece explícitamente sus
ideas que le permitieron estructurar sus reexiones.
La escritura entonces aparece como un modo de dar muestra de la
deuda contraída, “tomando la posta”, compartiendo en una fraternidad
amistosa y reconociendo a los que vendrán después y se apropiarán de
la herencia. El libro termina con una sentida carta imaginaria al maestro
“Jorge García Badaracco”.