
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (1), 2025, pp 23 - 31
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.3
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El humano desarrolla la capacidad de representar, pensar, imagi-
nar, fantasear, crear todo lo que posibilite la ligadura de la energía con la que
nacemos. Es una exigencia de trabajo para el psiquismo- al decir de Freud-,
que posibilita salir del estado primero. Se trata de hacer algo con aquello
que nos es dado: la vida.
La realidad que se nos presenta, que suele ser excesiva, exacerba el
desamparo. A lo largo de la historia, tomó diferentes formas. Hoy como nun-
ca, a partir del fenómeno de la globalización, el sujeto en la cultura está bajo
la órbita de poderes que lideran el planeta desde diferentes movimientos:
políticos, económicos, nancieros, tecnológicos. La humanidad toda padece
de efectos similares, habiéndose perdido aquello que hacía diferentes a los
pueblos: las costumbres, las tradiciones y los valores, que operaban como
sostén.
¿Qué lugar hay entonces para el psicoanálisis?
En principio, el psicoanalista no debería desinvestir la propia prácti-
ca.
El psicoanálisis comenzó con la clínica desde el origen. Posteriormente se
construyó una teoría sobre el psiquismo. Si el psicoanálisis perdura es por
la praxis y no por la teoría. Los teóricos solo pueden transmitir su saber si
han atravesado el trabajo con su propio inconsciente, de ahí su convicción.
La práctica rearma conceptos fundamentales y genera nueva teoría. Sin la
misma, el psicoanálisis sería letra muerta, solo una teoría más. ‘’La potencia-
lidad del discurso psicoanalítico está en su práctica clínica, en su práctica de
lectura y pensamiento”, propone Lidia Ferrari (2024), psicoanalista argentina
que vive en Italia.
Julia Kristeva (2011) dice que la noción de texto no supera la expre-
sión de experiencia, y que para producir un texto hay que cuestionarse la
manera de sentir, la sexualidad, el lenguaje.
Nuestra disciplina se diferencia del pensamiento losóco, ya que
la pregunta por el ser, no incluye el análisis del inconsciente. De alguna ma-
nera los analistas estamos en diálogo con algunos pensadores contemporá-
neos que citan al psicoanálisis como parte de su teorización. Franco Berardi,
Eric Sadin, Byung-Chul Han, entre otros.
Pienso en un psicoanalista comprometido y en concordancia con la
época que le toca atravesar pivoteando entre la realidad, por más nefasta
que la misma sea, y el deseo vital de quien consulta, sin dejar de lado la po-
tencia deseante que conmueve su labor.
Cuando alguien recurre a un analista, además de necesitar trabajar
sobre su genealogía, a partir de los síntomas con los que se presenta, pone
en cuestión su contexto, si consideramos que la subjetividad se encuentra
enraizada en su vivir cotidiano.
Este tiempo parece estar en crisis en relación con lo vivido hasta hace relati-
vamente poco. Si bien la pandemia Covid 19 pudo haber generado un corte
del cual todavía no se puede evaluar todas las consecuencias, el cambio de
época se venía gestando; algunos pensadores lo ubican en el siglo XX, ron-
dando la década del 70, hace varios años atrás.