INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (1), 2025, pp 32 - 40
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.4
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EL VALOR DE LA ILUSIÓN
Y LA HUELLA DE LA ESPERANZA
O VALOR DA ILUSÃO
E O RASTRO DA ESPERANÇA
THE VALUE OF ILLUSION
AND THE FOOTPRINT OF HOPE
Liz Coronel
Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica
Correo electrónico: lizcorone.ll@gmail.com
ORCID: 0009-0004-0020-9151
Fecha de recepción: 14-03-2025
Fecha de aceptación: 26-04-2025
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Coronel L. (2025) EL VALOR DE LA ILUSIÓN Y LA HUELLA DE LA ESPERANZA
Intercambio Psicoanalítico 16 (1), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.4
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“El que no imagina
es como el que no suda;
almacena veneno”
(Truman Capote,
citado por Stefanoni y López (2009)
En: Fantasía: abramos el mar. Un libro de citas, (p. 16)
“…cuando se trata de lo humano,
la vida depende del amor”
(Green, 2014, p.299)
“…ante el miedo
la mejor solución es la ternura”
(Benyakar, 2016, p.369)
Resumen: En el malestar en la cultura, Freud (1930) sostiene que la
principal fuente de sufrimiento inevitable para el ser humano, más
allá de la fragilidad del cuerpo propio y los embates de la naturale-
za, es su relación con los otros, las relaciones de proximidad, pero
también las dinámicas sociales. ¿Cómo nos impacta todo este caos y
desconcierto? ¿Cómo podemos hacerle frente para no quedar aplas-
tados por el peso de una realidad hiperpotente? ¿En qué medida po-
demos conservar la capacidad de soñar un mundo distinto y una vida
mejor -y hacerlos realidad- aún en las peores circunstancias?
El desvalimiento es constitucional del ser humano, el desamparo no,
propongo que la capacidad de preservar la ilusión a toda prueba tie-
ne dos fuentes ligadas con profundas experiencias afectivas. Solo a
través de los otros, de las relaciones vinculares sólidas construidas
desde la infancia podremos desarrollar una reserva de esperanza
que será la base de la fe en el mundo, y son los otros, que nos acogen
en momentos de adversidad, los que evitan que la llama de la ilusión
se apague aún cuando todo alrededor parece desmoronarse.
Palabras clave: Ilusión, esperanza, desvalimiento, desamparo.
EL VALOR DE LA ILUSIÓN
Y LA HUELLA DE LA ESPERANZA
Presentado en el Simposio Clínico de FLAPPSIP 2024
Liz Coronel1
1Analista miembro adherente de la
Asociación Psicoanalítica Argentina,
Doctoranda en psicología de la
Universidad del Salvador, Docente
de psicopatología en el Instituto
Psicoanalítico Interdisciplinario,
autora de varios artículos sobre
psicoanálisis y racismo como
Racismo, desobjetalización y
residuos coloniales de pulsión
de muerte (2023) En Intercambio
Psicoanalítico 14 (2), 2023, pp. 149 -
152
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Resumo: Em Mal-estar na cultura, Freud (1930) argumenta que a prin-
cipal fonte de sofrimento inevitável para os seres humanos, além da
fragilidade de seus próprios corpos e do ataque da natureza, é sua
relação com os outros, relações de proximidade, mas também dinâ-
micas sociais. Como podemos lidar com todo esse caos e desorien-
tação para não sermos esmagados pelo peso de uma realidade hiper-
poderosa? Até que ponto podemos manter a capacidade de sonhar
com um mundo diferente e uma vida melhor - e transformá-los em
realidade - mesmo nas piores circunstâncias?
O desvalimento é constitucional aos seres humanos, o desamparo
não, proponho que a capacidade de preservar a ilusão em todas as
circunstâncias tem duas fontes ligadas a experiências afetivas pro-
fundas. É somente por meio dos outros, por meio de relações sólidas
de vínculo construídas desde a infância, que podemos desenvolver
uma reserva de esperança que será a base da fé no mundo, e são os
outros que nos acolhem em tempos de adversidade que impedem
que a chama da ilusão se apague, mesmo quando tudo ao nosso re-
dor parece estar desmoronando.
Palavras-chave: Ilusão, esperança, desvalimento, desamparo
Abstract: In Discomfort in Culture, Freud (1930) argues that the main
source of unavoidable suering for human beings, beyond the fra-
gility of their own bodies and the onslaught of nature, is their rela-
tionship with others, relationships of proximity, but also social dy-
namics. How can we cope with all this chaos and bewilderment so as
not to be crushed by the weight of a hyper-powerful reality? How can
we cope with all this chaos and confusion so as not to be crushed by
the weight of a hyper-powerful reality? To what extent can we retain
the ability to dream of a dierent world and a better life - and make
them a reality - even in the worst circumstances?
Defenselessness is constitutional to the human being, helplessness
is not, I propose that the capacity to preserve illusion at all costs has
two sources linked to deep aective experiences. It is only through
others, through solid bonding relationships built since childhood
that we can develop a reserve of hope that will be the basis of faith
in the world, and it is the others who welcome us in times of adver-
sity that prevent the ame of illusion from being extinguished even
when everything around us seems to be crumbling.
Keywords: Illusion, hope, defenselessness, helplessness.
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En El malestar en la cultura (1930/1992), Freud sostiene que hay
tres fuentes de sufrimiento que son inevitables para el ser humano, la
fragilidad del cuerpo propio, los embates de la naturaleza y las relacio-
nes con los otros. Es fácil señalar situaciones relativas a cada una de
estas causalidades, en principio la pandemia nos situó ante una amena-
za invisible y un ordenamiento social improbable, muerte, cuarentena,
desempleo y desolación cundieron por casi dos años. En cuanto a la
naturaleza, más allá de los desastres naturales, estamos ya sintiendo
los efectos del cambio climático y varias ciudades se están quedando
sin agua. Finalmente, quizá lo que más nos genera padecimiento, las
relaciones entre nosotros humanos, las relaciones de proximidad, pero
también las dinámicas sociales: guerras, terrorismo, discursos de odio,
exclusión, discriminación, persecuciones, corrupción, delincuencia, cy-
berdelincuencia, etc. ¿Cómo nos impacta todo este caos y desconcierto?
¿Cómo podemos hacerle frente para no quedar aplastados por el peso
de una realidad hiperpotente? ¿En qué medida podemos conservar la
capacidad de soñar un mundo distinto y una vida mejor -y hacerlos rea-
lidad- aún en las peores circunstancias?
Abordemos primero, las formas de aliviar el padecimiento coti-
diano, el que no es común a todos sin que medie ninguna situación de
adversidad mayor. En el mismo trabajo citado, Freud (Op. Cit.,1930/1992)
enumera una serie de calmantes que nos permitirían lidiar con lo gra-
voso de la vida: “poderosas distracciones, que nos hagan valuar en poco
nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan, y sustancias
embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas” (p. 75).
Entre las distracciones señala al trabajo profesional libremente
elegido, la actividad cientíca y las ocupaciones de placer como los pa-
satiempos. Actividades que nos entre-tengan, que concentren nuestra
atención, tiempo y energía permitiendo, además de una cierta ganancia
de placer, la evasión momentánea de nuestros pesares. Siempre que no
tienda a la desmesura -adicción al trabajo, a los videojuegos, etc.- esta es
una de las mejores formas que tenemos de lidiar con el padecer cotidia-
no. Recuerdo a una paciente comunicadora de 26 años que traía cons-
tantes ideas de muerte que la asediaban desde niña; de pronto, me dice
un día “no me puedo morir todavía porque tengo que entregar el artículo y
en dos semanas otro más”, recientemente había conseguido entrevistar
a destacados cientícos y escribir sobre ellos para el periódico en el que
trabajaba, esto implicaba una demanda de tiempo, atención y energía
que la tenía muy entretenida, procurándole, además, cierto placer por el
reconocimiento que obtenía.
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En cuanto a las satisfacciones sustitutivas, Rosa Montero (2013)
lo resume muy bien cuando señala: “la creatividad es justamente esto: un
intento alquímico de transmutar el sufrimiento en belleza. El arte en general,
y la literatura en particular, son armas poderosas contra el mal y el dolor”
(p.119). Freud (Op. Cit., 1930/1992) se reere al arte y el trabajo psíquico
como disparadores de sensaciones placenteras, estas pueden ser obte-
nidas directamente, a través de la sublimación de pulsiones, por sujetos
que cuenten con las dotes necesarias para desarrollar actividades ar-
tísticas o de investigación, pero también pueden ser obtenidas, aunque
con menor intensidad, por cualquier persona que disfrute del arte o de
la búsqueda de belleza ahí donde la haya naturaleza, formas y gestos
humanos, etc.
Las sustancias embriagadoras, drogas, alcohol y muchas veces
los fármacos psiquiátricos también, insensibilizan ante el dolor lo cual
no permite ninguna elaboración, resultan solo en una fuga momentá-
nea de las sensaciones de malestar, quizá son un intento desesperado
cuando no encontramos más recursos. Y es que es solo la presencia
cálida y conable del objeto lo que nos habilitará el disfrute del arte, del
trabajo intelectual, de los pasatiempos y demás medios de lidiar con el
padecer. Tiene que haber al menos un primer tiempo de ilusión, de lo
contrario buscaremos formas más ligadas a la pulsión de muerte como
las adicciones.
Recuerdo un paciente de 10 años, apagado, más bien silencio-
so, comprendía muy bien lo del COVID y la cuarentena, había migrado,
con su familia, escapando de la crisis social y política que se vivía en su
país para que a los pocos meses de llegar a Perú empiece la pandemia.
Cuando lo conocí estaba intoxicado de realidad, fue necesario recuperar
el juego y despertar la fantasía para que recupere también su vitalidad y
su capacidad de generar nuevos vínculos signicativos.
En último punto y con desconanza sitúa Freud (Op. Cit.,
1930/1992) al amor como paliativo de los padeceres de la vida cotidiana,
aunque está al alcance de todos, “nunca estamos menos protegidos contra
las cuitas que cuando amamos; nunca más desdichados y desvalidos que
cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor.” (p. 82). Finalmente,
recomienda no depender de una única forma de lidiar con el padecer
sino valernos de los más diversos recursos.
Ahora, cuando de lo que se trata es de situaciones que nos
ponen al límite, que nos exponen en toda su medida al desvalimiento
constitutivo del ser humano, pareciera que, ninguna de las estrategias
citadas resulta sucientes. En ese punto, quizá lo único que nos pueda
ayudar a transitar la experiencia sin perder la esperanza es el amparo de
los otros, su presencia cálida y conable, su mirada atenta y su escucha
interesada.
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Voy a relatar tres historias de vida que me impresionaron hon-
damente y me permitieron pensar este trabajo. Son personas que atra-
vesaron circunstancias en extremo adversas y pudieron reponerse. La
primera es Alice Sommer, pianista. Con 39 años, ella y su hijo fueron
detenidos y llevados al campo de concentración de Tisserant. En una
entrevista a sus 109 años, en 2013, siendo la sobreviviente más vieja al
holocausto, dice:
Cada día de la vida es bella, bella… me encanta la gente,
amo a todo el mundo… Yo sentía que esto era lo único que me
ayudaba a tener esperanza, esta especie de religión, la música
es Dios en tiempos difíciles, lo sientes especialmente cuando es-
tás sufriendo. Yo sabía que, incluso en esa situación tan difícil,
hay momentos hermosos en toda nuestra existencia, incluso en
lo malo. Hasta lo malo es bello diría yo… tiene que serlo. Cuando
sabes que vas a tocar un concierto en la noche y la gente vieja,
terriblemente enferma, venía a estos conciertos y volvían a ser
jóvenes.
La segunda es Eva Bracamonte, ahora de 38 años, acu-
sada de ser la autora intelectual del asesinato de su madre y
encarcelada injustamente a los 21 por pedido de prisión preven-
tiva. Después de cuatro años sale de la cárcel y unos años des-
pués publica un libro, Más allá del muro (2019), en el que cuenta
algunas de sus experiencias. Entre otras cosas dice que el único
camino que encontró para sobrevivir fue ponerse un lente que
le permitiera ver las cosas de otro color.
Ahí adentro no hay muchas opciones, y es justamente
por eso que la felicidad está concentrada en pocos lugares… el
día que la paila es rica, el día que te visita alguien que no veías
hace tiempo, el día que por n te cambiaron de colchón o que
el sol se acomodó frente a tu alero, ¿cómo no sentirse feliz? Y el
día que todas esas cosas suceden al mismo tiempo, ¿cómo no
sentirte pleno?... Estoy agradecida con esa que fui a los veintiún
años, que, a pesar de todo, siguió creciendo ahí dentro y que,
intuitivamente, supo lo que tenía que hacer. Con esa que supo
administrarse a sí misma para no volverse loca, drogadicta o
muerta; aunque muchas veces lo deseó con todas sus fuerzas.
Con esa que supo sobrevivir. (introducción, párrafo 11, s/p.)
La última, menos trágica, pero más cercana y actual a lo que nos
pasó, es sobre el actor argentino-peruano Osvaldo Cattone, fallecido en
2021 a los 88 años, quien dedicó su vida al teatro y dirigió el teatro Mar-
sano durante casi 50 años. A raíz de la pandemia tuvo que cerrar y parar
toda actividad profesional por más de un año. En una entrevista, un año
antes de su muerte, dijo:
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… Si yo tengo una deuda bancaria o si debo sueldos de mis em-
pleados es una preocupación pero que no me lleva al suicidio,
no puedo agelarme esperando una vacuna que no llega… yo
para poder sobrevivir a esta pandemia, a este encierro, a esta
cuarentena… hago lo que no he podido hacer cuando estaba
ocupado, escribo… leo… veo una película… hablo con amigos…
cuando yo me quejaba de no tener tiempo ahora lo aprovecho
para hacer lo que no podía hacer antes, pero no vivo añorando
una imposibilidad… yo tengo un carácter positivo y no me de-
primo fácilmente porque aún en los tiempos en que no había
pandemia yo me levanto todos los días de muy buen humor,
duermo bien, como bien, me siento bien… no pienso que nada
malo nos pueda ocurrir, aunque ocurra, trato de encontrar aún
en la tragedia un paso de comedia… yo soy así, busco siempre
el lado positivo...la forma de encontrar el placer aún dentro de
la tragedia que no es que sea inmune al dolor. Yo sufro muchí-
simo, mi hermano ha muerto hace poco, mi único hermano, fue
un dolor terrible, han muerto amigos, porque a esta edad se
están cayendo todos como las hojas de los árboles en otoño, lo
que quiero explicar es que eso no cambia tu sistema inmunoló-
gico, no lo permito.
Los tres discursos tienen en común esta suerte de negación de
la realidad concreta, esta férrea determinación de encontrar lo placen-
tero, lo bueno, lo bello aún dentro de las experiencias más dolorosas,
más terribles, esta capacidad de conservar el humor y la ilusión. ¿Cómo
podemos entenderlo? ¿negación?, ¿desmentida? Un aspecto más que
comparten los protagonistas de estas tres historias es que todos se en-
cuentran amparados en relaciones vinculares fuertes, transitan momen-
tos de intenso malestar, pero acompañados afectivamente.
Entonces, ¿qué hace que las personas puedan sostenerse aún en situa-
ciones de extremo dolor? Propongo que esta capacidad de preservar la
ilusión a toda prueba tiene dos fuentes ligadas con profundas experien-
cias afectivas. La primera, fundamento de la conanza en el mundo, son
las experiencias del bebe de cuidado sucientemente bueno. La segun-
da, fuente de resiliencia, tiene que ver con las personas que nos ayudan
puntualmente a transitar momentos de adversidad, que nos sostienen
y no dejan que la llama de la ilusión se apague, esto es particularmente
relevante en la infancia.
Muchas veces, los padres no pueden hacerse cargo de sus hijos,
les dan todo lo que atañe al cuidado físico, pero no pueden proporcio-
narles cuidado emocional. No todo está perdido, se puede hacer mucho
por ellos escuchándolos, hablándoles, jugando con ellos, poniendo pala-
bras a su malestar. El vínculo creado con ellos evitará que pierdan la fe
en el mundo, será la base que les permita sortear hasta las condiciones
más adversas.
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Mujeres y hombres que enfrentaron las más duras situaciones
y pudieron tener un desarrollo resiliente tienen en común haber tenido
a alguien que a través del contacto afectivo instaló una potencia para
lidiar con las dicultades. Dejó la huella de la esperanza, de la conanza
en el mundo, de que valía la pena seguir luchando. Esta persona, proba-
blemente no modicó las condiciones que les tocó vivir, pero les cambió
la vida.
Hay un experimento -reprobable, en nuestro tiempo, por mal-
trato animal- pero que demuestra el gran valor de los pequeños gestos
que infunden e instalan la esperanza. En 1957, Curt Richter (citado por
Ventura, D., 2022) descubrió que algunas ratas metidas en cubos de
agua podían nadar hasta 81 horas antes de morir mientras otras ape-
nas vivían unos minutos. Lo más sorprendente fue que las ratas salvajes
fuertes y feroces, excelentes nadadoras, morían rápidamente, en cam-
bio, las domésticas llegaban a sobrevivir entre 40 a 60 horas. El autor
señala que las salvajes entran en desesperanza, se rinden prontamente,
¿tal vez porque no estaban acostumbradas a los cuidados domésticos?
De hecho, en una siguiente fase, las ratas salvajes eran sacadas del agua
justo antes de que se ahogaran, se las sostenía y soltaba antes de volver
a meterlas al agua; este gesto que activaba la esperanza de sobreviven-
cia provocaba que las ratas nadaran mucho más antes de rendirse.
Varios autores teorizaron acerca de la importancia de los pri-
meros años de vida. Winnicott (1993) indica que la madre adaptándose
activamente al bebé, evita rupturas en su self y le crea una breve expe-
riencia de omnipotencia. La sumatoria de estas experiencias repetidas
en momentos de necesidad le va creando la ilusión de que el mundo es
un lugar amable, de que él va a ser capaz de procurarse las formas de
encontrar en el afuera lo que necesita.
Green (2014), por su parte, también señala que las prácticas de
crianza donde prevalece el cuidado previenen “un exceso de frustración
y, por lo tanto, de angustia, dolor, rabia… evitan provocar una activación
incontrolada de las fuerzas destructivas” y generan una reserva de es-
peranza para hacer frente a posibles adversidades (p. 297). Bion (2009)
diría que la rêverie materna evita también estos excesos devolviendo al
niño sus sensaciones primarias metabolizadas, con esto lo ayuda a cons-
truir una función alfa cada vez más sólida, más capaz de hacerle frente a
las adversidades.
Se trata entonces de un sólido refuerzo objetal de la pulsión de
vida que en determinadas ocasiones va a actuar como factor protector
ligando el posible incremento de pulsión de muerte originado a raíz de
las situaciones más dolorosas. Esto sería lo que Green llama función ob-
jetalizante.
Por su parte, Benyakar (2016) sostiene que ninguna situación es
traumática per se, sino que va a depender de los recursos psíquicos de
la persona afectada y del entorno que puede prestarse o no como obje-
tos co-metabolizadores, personas que con su presencia cálida y dispues-
ta ayudan a elaborar las vivencias más duras y generan vínculos trans-
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formacionales. También Zuckerfeld y Zonis (2017) quienes estudian las
vicisitudes de la adversidad, señalan que los vínculos cumplen un rol
fundamental en los desarrollos resilientes, reparan y están correlacio-
nados con un mejor funcionamiento psíquico.
En denitiva, el desvalimiento es constitucional del ser humano,
el desamparo no, solo a través de los otros, de las relaciones vinculares
sólidas construidas desde la infancia podremos desarrollar una reserva
de esperanza que será la base de la fe en el mundo, y son los otros que
nos acogen en momentos de adversidad los que evitan que la llama de
la ilusión se apague aun cuando todo alrededor parece desmoronarse.
Quisiera terminar con un poema de César Vallejo (1937/2018), Masa:
Al n de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate, hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
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