INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (1), 2025, pp 78 - 85
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.9
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ADOLESCÊNCIA E EDUCAÇÃO ESCOLAR:
O SOFRIMENTO PSÍQUICO EM SUA DIMENSÃO
SOCIOPOLÍTICA
ADOLESCENCIA Y EDUCACIÓN ESCOLAR:
EL SUFRIMIENTO PSÍQUICO EN SU DIMENSIÓN
SOCIOPOLÍTICA
ADOLESCENCE AND SCHOOL EDUCATION: PSYCHIC
SUFFERING IN ITS SOCIOPOLITICAL
DIMENSION.
Deborah Joan Cardoso
Departamento de Psicanálise do Instituto Sedes Sapientiae
ORCID 0009-0001-7713-0266
Correio eletrônico: deborah@santacruz.g12.br
Silvio Hotimsky
Departamento de Psicanálise Instituto Sedes Sapientiae
ORCID 0009-0000-8381-9852
Correio eletrônico: silvio.hotimsky@sedes.org.br
Data de Recebimento: 08-03-2025
Data de Aceitação: 17-03-2025
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Cardoso D. J- Hotimsky S. (2025) ADOLESCÊNCIA E EDUCAÇÃO ESCOLAR: O SOFRIMENTO PSÍQUICO EM
SUA DIMENSÃO SOCIOPOLÍTICA
Intercambio Psicoanalítico 16 (1), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.9
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I- Viviendo la adolescencia en tiempos neoliberales
“Sin embargo, ¿qué es la sociedad? No existe tal cosa. Lo que exis-
te son hombres y mujeres, individuos y familias”” (THATCHER: 1987). Esa
frase de Margaret Thatcher, primera-ministra de Reino Unido de 1979 a
1990, dene de forma precisa el pensamiento neoliberal que se vuelve
hegemónico, en el contexto del modelo de producción capitalista, a na-
les del siglo pasado. Sus principios señalan que el bienestar social deja de
ser prioridad en la vida político-económica. En consecuencia de esto, el
mercado pasa a ser el principal regulador de la vida social, valorizando la
competición y destruyendo las formas de cooperación y solidaridad.
El neoliberalismo se impone como una doctrina socioeconómica que de-
ende la producción y la reproducción de afectos antisociales. Los intere-
ses económicos del gran capital, por medio de la gura omnipresente del
mercado, pasan a liderar la producción de las subjetividades contempo-
ráneas.
En el fundamento de su visión antisocial, Thatcher se deshace de
la sociedad, promoviendo la vida privada sobre la pública.
Vivimos tiempos de tentaciones autoritarias. Donde hay una es-
pecie de generalización de una cultura de guerra en los más diversos as-
pectos de la vida social. La desigualdad alcanza niveles nunca vistos y la
crisis climática coloca en riesgo la propia existencia del planeta. Los jóve-
nes perciben sus futuros amenazados y, frecuentemente, sin vislumbrar
proyectos utópicos en los cuales insertarse, socializándose por medio de
la violencia. Fascinados e capturados por la tecnología viven el enorme
riesgo de empobrecimiento de las dimensiones subjetivas, relacionales y
sociales en sus vidas (VOLICH, R.M. & HOTIMSKY, S.: 2024).
¿Cómo sostener un modelo de educación, que priorice la supera-
ción del universo privado y familiar, en un contexto en que la competición
se vuelve soberana y la solidaridad es devaluada? ¿Cómo referirse a alte-
ridad1 en un momento en que los conictos son vividos como guerras y
las agregaciones de grupos se dan por medio de la violencia? ¿Es posible
cuestionarse si en ambientes marcados por tamañas crueldades los niños
acceden verdaderamente a la adolescencia?
II- Adolescencia, tribalización y salud mental
Arminda Aberastury, en su texto clásico “El Adolescente y la Liber-
tad” nos invita a comprender esa fase como siendo de elaboración, lenta
y dolorosa, de varios lutos: del cuerpo del niño, de la identidad infantil y
de los padres de la infancia.
ADOLESCENCIA Y EDUCACIÓN ESCOLAR:
EL SUFRIMIENTO PSÍQUICO EN
SU DIMENSIÓN SOCIOPOLÍTICA
Presentado en el Simposio Clínico FLAPPSIP 2024
Deborah Joan Cardoso1
Silvio Hotimsky2
1 Deborah Joan de Cardoso
psicoanalista y orientadora
educacional del nivel secundario
del Colegio Santa Cruz (SP) desde
2000. Miembro del Departamento
de Psicoanálisis del Instituto Sedes
Sapientiae y participa del Equipo de
Entrevistas de la Revista Percurso.
2 Psicoanalista y profesor del nivel
secundario del Colegio Equipe (SP).
Miembro del Departamento de
Psicoanálisis del Instituto Sedes
Sapientiae, dónde dicta clases en el
curso Conicto e Síntoma y participa
del Equipo de Entrevistas de la
Revista Percurso. Co-autor del texto
“A educação e o espírito do mundo:
subjetividade, corpo e tecnologia” (La
educación y el espíritu del mundo:
subjetividad, cuerpo y tecnología).
In: Escola e Subjetivação- Diferentes
perspectivas. São Paulo: Editora
Edgard Blucher, 2024
1 Nota do Tradutor: Alteridad y otredad
se entienden como sinónimos, aunque la
alteridad transciende e intenta reconocer
desde las diferencias a los sujetos con
sus propias particularidades. La otredad,
explica Dario Sztajnszrajber (2014) es un
neologismo inventado en la losofía que
surge del concepto del otro.
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Destaca que en la adolescencia existen uctuaciones entre sen-
timientos extremos de dependencia e independencia y que, al ser viven-
ciados, desafían al sujeto a diseñar nuevos ideales y a promover la ad-
quisición de la capacidad de lucha para alcanzarlos. La adolescencia es
entendida como una fase de moratoria psicosocial, ya que es por medio
de construcciones de proyectos de vida que van, progresivamente, creán-
dose identidades adolescentes en lugar de identidades infantiles. Este es
un parámetro fundamental de salud mental en esa fase de la vida.
Para que este complejo movimiento pueda suceder, Aberastury
demuestra la importancia de la existencia de una “multiplicidad de iden-
ticaciones donde el adolescente pueda presentarse como una combina-
ción inestable de varios cuerpos e identidades” (ABERASTURY:1981:15).
¿Sin embargo, cómo esto sería posible en un contexto de sociedades que
no poseen la socialización como prioridad? ¿Cómo puede haber espacio
para las más diversas formas de identicaciones en ambientes marcados
por la noción que el otro, el diferente, es hostil y debe ser cancelado o
destruido?
Es cada vez más común ver a los adolescentes reuniéndose al-
rededor de los que juzgan parecidos entre sí. Una especie de tribalismo,
verdaderas hordas que los hacen aproximarse de los iguales y alejarse
fuertemente de los que juzgan diferentes, descartando así un enorme
conjunto de posibilidades de identicaciones que podrían contribuir con
sus constituciones psíquicas.
Existe un empobrecimiento de la vida pública que diculta la vi-
vencia de los lutos y amenaza nuestras sociedades, especialmente los jó-
venes, de ser cooptados por una especie de melancolización, ya que la
posibilidad de búsqueda de amplios universos de utopías y luchas políti-
cas es sustituida por horizontes vaciados de sentido social y colmados de
cargas narcisistas.
Para muchos adolescentes el propio cuerpo se transforma en ese
objeto de utopía. La utopía ya no se encuentra vinculada a las transforma-
ciones de la sociedad, ni por la lucha por la paz y justicia, y en su lugar el
horizonte de un bello cuerpo pasa a ser una utopía personal y social.
III- La escuela como espacio de sufrimiento
¿Sería la escuela una de los responsables por producir este enor-
me sufrimiento? Lo que vemos es un aumento alarmante de cuadros
diagnosticados, tanto en el campo del aprendizaje, con diagnósticos que
apuntan para la cuestión del desempeño (dislexia, TDAH, trastorno del
procesamiento auditivo y otros) como en los cuadros apuntados en los
manuales de psiquiatría (depresión y ansiedad como los de mayor des-
taque). (DUNKER C: 2015). Es evidente que muchos de esos diagnósticos
colaboran con la comprensión de los sufrimientos vividos. El riesgo se lo-
caliza en la banalización de ellos. La orientación, frecuentemente, ha sido
la medicalización.
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¿Cómo la escuela contribuye para la psiquiatrización de la infancia
y la adolescencia? El ambiente escolar puede ser responsable por sufri-
mientos, ya que también reproduce una cierta exigencia por el desempe-
ño y localiza la dicultad de aprendizaje como un problema solamente del
individuo.
Es un hecho notorio que haya recaído excesivamente en el campo
escolar una demanda de adecuar determinadas exigencias, principalmen-
te la de desempeño, a diagnósticos psiquiátricos. Además de entrevistas
con los profesionales involucrados, las escuelas reciben informes detalla-
dos con los resultados de estudios neuropsicológicos y, al nal, algunas
orientaciones como ser: más tiempo y menos exigencias de desempeño
durante las evaluaciones o sustitución por trabajos prácticos. Son orien-
taciones brindadas por psiquiatras que determinan procedimientos a se-
guir.
Ciertamente muchas escuelas resisten a estas invasiones verda-
deras órdenes de cómo proceder con los estudiantes. En general exis-
te una actitud acogedora en relación a los sufrimientos y una búsque-
da de posibilidades para contribuir con el proceso de mejora a partir de
diálogos establecidos entre estudiantes, educadores y familias. A veces,
los diagnósticos psiquiátricos buscan alcanzar la fuerza legal y someter
a las instituciones escolares a sus determinaciones: son los diagnósticos
quienes hablan por la persona en lugar del sujeto decir por sí mismo.
(DUNKER.C:2015). Muchos comportamientos y actitudes pasaron a ser
clasicados como disturbios y trastornos, patologizando y cristalizando
aquello que los adolescentes hacen de forma pasajera y experimental.
Todos reivindican diagnósticos: la familia se siente aliviada cuan-
do este es pronunciado, y las escuelas, de cierta forma, también organi-
zan su accionar a partir del mismo. La búsqueda por tratamiento ha sido
individual, y de esa forma se pierde la dimensión social de esos fenóme-
nos tan importantes de ser elaborados en procesos colectivos.
La escuela, por un lado, contribuye y se depara con excesos de
cuadros de sufrimiento y dolor. Por otro lado, ella puede ser un lugar pri-
vilegiado para proporcionar intercambios que produzcan posibilidades
mayores de construir vínculos con el otro y recuperar lazos sociales.
IV – Sufrimiento y elaboración: dos experiencias de construcciones
curriculares dialogando con el Psicoanálisis.
En 2017, momento en que los movimientos feministas habían ga-
nado bastante espacio en los colegios, un grupo del colectivo feminista de
una escuela2 produjo un documental.
Las jóvenes del colectivo pidieron a sus compañeras escribir car-
tas anónimas que relataran violencias vividas de abuso, ya sea en expe-
riencias escolares cotidianas o en la vida social del grupo.
2 Se trata del Colegio Santa Cruz, localizado
en la ciudad de San Pablo
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La idea del documental era justamente señalar que relaciones
abusivas ocurrían en ámbitos más cercanos de lo que se imaginaba y que
varias actitudes eran consideradas normales, ya que eran practicadas
desde siempre.
La película fue realizada a partir de esas cartas y de la dramatiza-
ción de las mismas por compañeras de la escuela invitadas por el colecti-
vo para interpretarlas.
El documental fue compartido con el equipo Directivo con la in-
tención de ser presentado para todo el nivel secundario.
El equipo Directivo aprobó la iniciativa, sin embargo antes quisie-
ron cuidar algunos aspectos. Muchos de los padres de las estudiantes no
sabían de la participación de ellas en la película. Fue así que se realizó una
reunión con los padres y con todas ellas. Al nal de la película se desarro-
lló una conversación interesante y se decidió apoyar a los involucrados
para dar continuidad al proyecto, proyectando la película para todos los
alumnos de la escuela.
Desde su producción, este documental ha tenido circulación en-
tre todos los ingresados al ciclo. En un primer momento, son realizadas
dos charlas separadas: una con los varones y otra con las mujeres; en
seguida, la película es proyectada, y hubo tiempo para que los estudiantes
intercambiasen reexiones, sin la participación de los educadores. En un
tercer momento los alumnos comparten con todo el equipo lo qué les
generó la película. El hecho de que haya sido producido por alumnas y
en el espacio de la escuela, abre posibilidades de identicaciones, ya que
tratar directamente del tema de las relaciones abusivas y violentas es muy
difícil. Se observa que esa conversación promueve una sensibilización a
los temas abordados: cómo percibir el otro, escuchar sin necesitar de la
palabra, darse cuenta de la relación de poder establecida entre los géne-
ros y su violencia.
A consecuencia de esto, muchas jóvenes localizan eventos en los
que sufrieron abusos, en los que antes no habían tenido coraje de hablar
o pensar a respecto de lo mismo, o ni siquiera entendido estos actos como
abusivos, y con esto consiguen nombrarlos. De cierta forma, al compar-
tir experiencias vividas, se presentan muchas posibilidades, tales como
pensar en cómo cuidar las marcas que dejó el abuso sufrido, o además,
entender lo que experiencias como esas pueden causar. Por eso, muchas
jóvenes buscan la orientación educacional para compartir y elaborar un
poco más lo que la discusión provocó. Los jóvenes a su vez, de una forma
general, se sensibilizan y revisitan sus prácticas con una pregunta: ¿Será
que fui abusivo?
Pospandemia, tuvimos en la escuela, un vaciamiento del movi-
miento feminista y esos temas se callaron. Con ese vaciamiento, el docu-
mental pasó a ser fundamental para que esas problematizaciones pue-
dan volver a circular.3 Se trata del Colegio Equipe en la ciudad
de San Pablo que ofrece educación desde
jardín hasta secundaria.
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Una segunda experiencia que fue destacada es de un curso temá-
tico realizado en otro colegio secundario3. Este colegio reúne, en la misma
aula, estudiantes de los tres años que componen el ciclo, de tal forma que
permite el diálogo entre aquellos que recién ingresaron al colegio y com-
pañeros que ya están nalizando el último año.
El curso es titulado “Juventudes e Identidades Contemporáneas:
Géneros, Cuerpos y Sexualidades”. Este tiene como propuesta la realiza-
ción de estudios e investigaciones a partir de referencias de las teorías psi-
coanalíticas, con la intención de proponer el desarrollo de un programa
de educación y sexualidad para toda la escuela.
Para realizar este desafío, fue necesario conocer lo que ya era tra-
bajado desde el inicio de la escolarización, con chicos de 3 años hasta la
nalización del nivel secundario. Se busca comprender la gran relevancia
del concepto de sexualidad en la trayectoria freudiana y su centralidad
en la constitución de la vida psíquica. Fue decidido invitar dos docentes
que piensan estas cuestiones a partir de vivencias sociales, económicas
y culturales diferentes de aquellas de los estudiantes, con el objetivo de
promover la escucha de la diversidad: un compañero de una productora
cultural de hip-hop localizada en la periferia de San Pablo y una líder in-
dígena guaraní. Los dos se sumaron a los educadores de la escuela como
profesores de curso.
Las clases permiten que gravísimos problemas como la cuestión
de la violencia y del abuso sexual sean tratados. En Brasil, según el Anua-
rio Brasileiro de Segurança 2022, en el año de 2021 61,3% de los abusos
sexuales registrados fueron contra menores de 13 años. El mayor por-
centaje de víctimas son niñas que sufren esa enorme violencia dentro de
sus hogares realizadas por aquellos que deberían protegerlas. No es po-
sible que las escuelas se omitan con relación a estas cuestiones que se
muestran como estructurales en la constitución de la sociedad brasileña.
El pasado colonial brasileño todavía es motivo de orgullo para una gran
parte de las clases dominantes y el racismo diseminado en las relaciones
sociales impide la constitución de una sociedad verdaderamente demo-
crática por medio del desarrollo de una ética de protección y cuidados.
También fueron investigados temas como: diversidad sexual; je-
rarquías y desigualdades; marcadores sociales de diferencia; interseccio-
nalidad; prejuicios y violencias; pornografías; la importancia de la lucha
de movimientos feministas y los estudios de género alrededor del campo
político. Fueron analizados los discursos religiosos, médicos y pedagógi-
cos que contribuyeron para el desarrollo de concepciones biológicas re-
duccionistas y todas las concepciones que tienen como objetivo justicar
las desigualdades. La idea que el control de los cuerpos y de la sexualidad
son formas de represión social se constituye como un pilar de los estudios
desarrollados.
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La posibilidad de que jóvenes conversen entre ellos, intermedia-
dos por la escuela como un ambiente libre y seguro, colabora para un
verdadero encuentro entre generaciones donde se hace posible profun-
dizar las reexiones relacionadas con los enigmas de la sexualidad hu-
mana, fortaleciendo el reconocimiento mutuo entre los participantes del
curso y el valor creativo de la pulsión de saber. Cabe enfatizar que, en
relación con varios de estos temas, los educandos están muy al frente de
sus educadores. Sus saberes reciben la escucha y el reconocimiento de la
institución escolar que busca incorporar esta experiencia generacional en
la construcción de un programa de educación en sexualidad. Esa escucha
se concentra prioritariamente en la idea de la valorización de la diversidad
humana en la vivencia de la sexualidad.
V- Consideraciones Finales
Las sociedades contemporáneas no ofrecen redes de apoyo para
tratar el malestar que ellas mismas producen en las relaciones del su-
jeto consigo mismo y con el otro. Los efectos de esto en la escuela son
claros, no solo en los lazos sociales entre los estudiantes, como también
en la relación con el conocimiento. Los educandos se han transformado
en pragmáticos: quieren aprender porque necesitan presentar un buen
desempeño, sin embargo, tienden a no identicarse con la construcción
colectiva del conocimiento, por medio de debate y embate de ideas, evi-
tando el conicto.
En el lugar de las antiguas modalidades de sufrimientos centra-
das en el conicto psíquico, el malestar actual se maniesta como dolor,
inscribiéndose en los registros del cuerpo, de la acción y de las intensida-
des (BIRMAN.J.:2012). Esto permite hacer del malestar una enfermedad-
el síntoma es clasicado por un diagnóstico y, con esto, la psiquiatría se
expande y la medicalización se presenta fuertemente como tratamiento
posible. Vemos una epidemia de diagnósticos psiquiátricos y una banali-
zación de actos como la automutilación que indica un acceso mayor del
joven al sentimiento de dolor y un distanciamiento de la percepción del
sufrimiento.
La escuela se encuentra entre la reproducción de los modelos so-
ciales impuestos y la posibilidad de criticarlos y buscar transformarlos. Su
papel debe ser el de cuestionarse el orden de las cosas por medio de la
creación de nuevos lenguajes que valoren lo bello, lo poético y lo fraterno.
Los adolescentes y sus educadores compartiendo un mundo común, pue-
den encontrar en la escuela el espacio de elaboración de los sufrimientos,
incluso de aquellos creados por ella misma, y buscar transformar aquello
que es enfrentamiento en conicto. Conictos que pueden ayudar a ela-
borar los lutos propios de esta fase de la vida e inventar nuevas formas
de vivir, amar y trabajar.
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La exclusión del adulto por el joven y/o del joven por el adulto
impide la reexión sobre las experiencias y, con esto todos quedan des-
amparados y solitarios, con consecuencias graves de salud mental. ¿La
escuela puede ofrecer un lugar que propicie nuevas posibilidades de sa-
lidas menos enfermas para ir en contramano de la exigencia neoliberal,
fabricadora de síntomas?
Dialogar, acoger los miedos y compartir las esperanzas de cons-
trucciones de democracia radicales es un desafío social que sólo será rea-
lizado con la participación de las escuelas. Favorecer asociaciones con la
sociedad civil en los estudios y reexiones sobre los gravísimos dilemas
sociales que vivimos puede pasar a hacer parte de los currículos escola-
res. Solamente el fortalecimiento de la sociedad civil, por medio de una
educación crítica y democrática, puede responder a las tentaciones fascis-
tas y a las amenazas que vivimos como especie. Las propuestas curricula-
res aquí mencionadas crean espacios de actuación social transformadora,
apoyando la posibilidad de inserción de los jóvenes por medio de la cons-
trucción de proyectos colectivos.
La entrada de los saberes y de las sensibilidades inspiradas por
el psicoanálisis en el ambiente escolar puede contribuir mucho con nues-
tros currículos.
Referencias Bibliográcas
ABERASTURY, A. (1981) O adolescente e a liberdade. In: ABERASTURY, A. & KNOBEL, M.
Adolescência normal: um enfoque psicanalítico. (10ª edição, pp. 13-23). Trad. S. M. G. Ballve.
Porto Alegre: Artes Médicas.
ARENDT, Hannah (1972). Entre o passado e o futuro. Trad. Mauro Barbosa de Almeida. São
Paulo: Perspectiva.
BIRMAN, J.(2012) O sujeito na Contemporaneidade. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira.
DUNKER, C.I.L.(2015) Mal-estar. Sofrimento e sintoma. São Paulo: Boitempo Editorial.
THATCHER, M. (1987). https://www.margaretthatcher.org/document/106689
VOLICH, R.M. & HOTIMSKY, Silvio (2024). A educação e o espírito do mundo: subjetividade,
corpo e tecnologia. In: Escola e Subjetivação- Diferentes perspectivas. (pp. 223-262). São Paulo
: Editora Edgard Blucher Ltda.