INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (1), 2025, pp 88 - 96
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.10
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DESVALIMIENTO Y ABUSO SEXUAL. TRABAJO
INTER-INSTITUCIONAL COMO POSIBILIDAD DE
AMPARO EN SALUD MENTAL
DESAMPARO E ABUSO SEXUAL. TRABALHO
INTERINSTITUCIONAL COMO POSSIBILIDADE DE
AMPARO EM SAÚDE MENTAL
HELPLESSNESS AND SEXUAL ABUSE. INTER-
INSTITUTIONAL WORK AS A POSSIBILITY OF MENTAL
HEALTH PROTECTION
Marcela Marsenac
Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología
de la Infancia y Adolescencia
ORCID: 0009-0002-2231-2817
Correo electrónico: marcelamarsenac@gmail.com
Fecha de recepción: 08-03-2025
Fecha de aceptación: 28-04-2025
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Marsenac M. (2025) DESVALIMIENTO Y ABUSO SEXUAL. TRABAJO INTER-INSTITUCIONAL
COMO POSIBILIDAD DE AMPARO EN SALUD MENTAL
Intercambio Psicoanalítico 16 (1), DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/16.1.10
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Resumen La realidad de la clínica actual en las instituciones de salud
nos plantea el trabajo con sujetos que han sufrido diversas formas
de desamparo. Nos encontramos con adolescentes que a partir de
su historia familiar y escolar presentan dicultades de simbolización
que los posicionan en situaciones de riesgo. En contextos de vulne-
rabilidad social esas dicultades impiden que las/los adolescentes
puedan defenderse de la violencia que el contexto social actual les
impone, quedando expuestos a situaciones traumáticas como el
abuso sexual.
El trabajo con el traumatismo implica aportar representación y ge-
nerar gurabilidad; posibilita historizar y dar sentido, como forma
de enriquecer la subjetividad enmarcada en un entorno familiar.
Permite además tejer una malla simbólica con todo aquello que el
entramado social a partir de las instituciones y grupos sociales va
aportando.
Proponemos retomar el concepto de “salud mental, como salud cul-
tural”, en el que se da prioridad a los contextos sociales, comunita-
rios e institucionales, que son potencialmente facilitadores u obtura-
dores de los procesos de producción de salud-enfermedad.
Palabras claves: desvalimiento, gurabilidad, simbolizacion, salud
cultural.
Resumo: A realidade clínica atual nas instituições de saúde exige que
trabalhemos com indivíduos que sofreram diversas formas de negli-
gência. Deparamo-nos com adolescentes que, devido ao seu históri-
co familiar e escolar, apresentam diculdades de simbolização que
os colocam em situações de risco. Em contextos de vulnerabilidade
social, essas diculdades impedem que os adolescentes se defendam
da violência que lhes é imposta pelo contexto social vigente, deixan-
do-os expostos a situações traumáticas como o abuso sexual.
Trabalhar com trauma envolve fornecer representação e gerar gu-
rabilidade; Permite historicizar e dar sentido, como forma de enri-
quecer a subjetividade enquadrada no âmbito familiar. Ela também
nos permite tecer uma malha simbólica com tudo o que a estrutura
social, baseada em instituições e grupos sociais, contribui.
Propomos revisitar o conceito de “saúde mental como saúde cultu-
ral”, que prioriza contextos sociais, comunitários e institucionais,
que potencialmente facilitam ou dicultam os processos de pro-
dução de saúde-doença.
Palavras-chave: desamparo, gurabilidade, simbolização, saúde cul-
tural.
DESVALIMIENTO Y ABUSO SEXUAL.
TRABAJO INTERINSTITUCIONAL COMO
POSIBILIDAD DE AMPARO EN SALUD MENTAL
Presentado en el Simposio Clínico de FLAPPSIP 2024
Marcela Marsenac1
1 Marcela Lucila Marsenac, Lic.
en Psicología, psicoterapeuta
especializada en niños y
adolescentes, miembro titular de
ASAPPIA, directora y docente del
posgrado ¨Psicoanálisis de las
Infancias y las Adolescencias” de
ASAPPIA. (marcelamarsenac@gmail.
com).
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Abstract: The current clinical reality in healthcare institutions re-
quires us to work with individuals who have suered various forms
of neglect. We encounter adolescents who, due to their family and
school history, present diculties in symbolization that place them
at risk. In contexts of social vulnerability, these diculties prevent
adolescents from defending themselves against the violence impo-
sed by the current social context, leaving them exposed to traumatic
situations such as sexual abuse.
Working with trauma involves providing representation and genera-
ting guration; it enables historicizing and giving meaning, as a way
of enriching subjectivity framed within a family environment. It also
allows for weaving a symbolic network with everything that the so-
cial framework, based on institutions and social groups, contributes.
We propose revisiting the concept of “mental health as cultural heal-
th,” which prioritizes social, community, and institutional contexts,
which potentially facilitate or obstruct the processes of health-disea-
se production.
Keywords: helplessness, gurability, symbolization, cultural health.
I. Introducción
La realidad de la clínica actual en las instituciones de salud exige
el trabajo con sujetos que han sufrido el desamparo en sus diversas for-
mas. Desde el desvalimiento que impone la propia disminución de las
posibilidades de simbolización de la experiencia, desde las dicultades
del entorno familiar para dar signicación a lo vivido y acompañar esas
problemáticas, desde el entorno social que en lugar de alojar en un ex-
terior enriquecedor, traumatiza con su violencia.
II. El contexto
En Post-scriptum sobre las sociedades de control, G. Deleuze (1996)
dice que Foucault sabía de la brevedad del modelo que había descrip-
to como sociedades disciplinarias, señalando la crisis generalizada de
las instituciones. Ese modelo sería reemplazado por las sociedades de
control. “Control es el nombre que Burroughs propone para designar al
nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próxi-
mo.” (Deleuze, 1996, p. 278).
Las instituciones de secuestro imponían un pasaje analógico de
una a otra. Son moldes mientras que los controles son modulaciones.
El capitalismo actual es de superproducción. Lo que quiere vender son
servicios y lo que quiere comprar son acciones. No es un capitalismo
para la producción, sino para la venta y para el mercado.
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El servicio de venta se ha convertido en el alma de la empresa. El
marketing es ahora el instrumento de control social, y forma la
raza impúdica de nuestros amos. La característica del control es
que es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo
e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, in-
nita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino
el hombre endeudado. (Deleuze, 1996, p. 284).
En el régimen de las escuelas se implementan formas de eva-
luación continuas, pasando de un nivel a otro sin la nalización de cada
etapa, en modulaciones. Las formas de subjetivación han variado. El
lazo social que relacionaba a los sujetos ha sufrido las consecuencias de
la dispersión. En muchas situaciones los sujetos que transitan las aulas
son anónimos, porque la organización en crisis de los interiores institu-
cionales no permite que cada niño/a, adolescente, sea mirado/a en su
singularidad. Las instituciones ya no logran cumplir con sus funciones,
están excedidas, no pueden dar respuesta a las problemáticas escolares
y sociales que las habitan.
Las familias también están en crisis: tienen dicultades para pla-
nicar su construcción y asumir la posibilidad de sustento, no pueden
amparar a los sujetos ni reconvenir cómo enfrentar la realidad actual. El
desarrollo de estrategias se amolda a esas circunstancias y la capacidad
de contención de los miembros más débiles disminuye.
En contextos de vulnerabilidad la violencia toma formas más
desembozadas, que destruyen o cambian las coordenadas del lazo so-
cial.
Eva Giberti (2014) planteaba que la cultura dominante dio lu-
gar a una malla ideológica, que sostiene el orden social, donde el varón
ejerce el poder, y este ejercicio conlleva una violencia contra la mujer,
explícita o encubierta, visible o invisible. Estas violencias están siendo
analizadas a la luz de los cambios sociales y de las aperturas que los
estudios de género han posibilitado, permitiendo pensar las conductas
de los sujetos, emitir discursos que sustentan nuevas posiciones, pro-
mueven cambios en el imaginario. Ello se visualiza fundamentalmente
en una mayor libertad de pensamiento en las nuevas generaciones. Sin
embargo, la violencia hacia las mujeres, sigue dando cuenta de las mo-
ras en los movimientos del imaginario instituido que llamamos cultura
patriarcal. El patriarcado está en crisis, de modo tal que solo puede ejer-
cer su predominancia y poder a partir de la violencia y el abuso sobre las
mujeres, los niños, la diversidad.
Finalmente es necesario notar que el modelo cientíco desarro-
llado desde los comienzos de la modernidad también está en crisis. Dice
Deleuze: “En nuestros días ya no es la razón teológica sino la humana,
la de la Ilustración, la que ha entrado en crisis y se está derrumbando”
(Deleuze, 1996, p. 255).
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Los modelos, los paradigmas (ya sea los derivados de una ge-
neralización empírica, ya sea los postulados deducidos de la inferencia
de la razón) se muestran incapaces de comprender las singularidades,
los acontecimientos no comprendidos en los conceptos universales. Por
esta razón, aunque seguimos hablando del “caso”, no se trata de una
“particularidad” encuadrada dentro de una generalidad, sino de una sin-
gularidad, que se resiste a la generalización.
III. El caso
Carina es derivada al Centro de Orientación M. Knobel por un
exalumno del posgrado de ASAPPIA, quien realiza unas primeras entre-
vistas y considera que era conveniente que sea atendida en la institu-
ción, ya que hay una denuncia de abuso sexual. En la derivación el profe-
sional plantea que hay cosas raras en el caso, que “esta chica dice cosas
que suenan extrañas”.
Carina tiene 18 años. Vive con su madre. La pareja actual de su
madre es quien realiza el contacto y el pedido de tratamiento. Carina
es hija de una primera pareja de su madre. Tiene dos hermanos de sus
mismos padres y tres medios hermanos, hijos de su madre y su pareja
actual.
Los padres comentan que Carina relata el abuso, en un primer
momento, como algo que le pasó, quitándole importancia o sin poder
atribuir signicación al hecho vivido. Les dice que en el trabajo se dio
una situación por la que va a tener que casarse con X (el abusador), que
es un vecino del barrio donde viven, y que tiene el doble de su edad. Al
desarrollar su relato de la situación de abuso recalca que ella no quería,
pero se le impuso ir a una casa en la que estaba sola y hacer una serie
de cosas a las que ella se opuso.
La pareja de la madre percibe y nombra a la situación como abu-
so. De este modo organiza el argumento y le da signicación a lo acon-
tecido. La madre duda de Carina en un primer momento, le dice: “yo no
te crié para eso”.
En el marco de una relación de trabajo, su jefe, responsable del
grupo o cuadrilla en la que trabajaba esta joven, la lleva a una casa vacía,
donde guardan materiales de trabajo, y abusa de ella.
Proceden a la denuncia y judicialización del hecho, situación que
se presenta conictiva en principio, porque ambos trabajan dentro de
una institución vinculada al municipio en el que residen. Las autoridades
locales se acercan a interiorizarse de lo ocurrido y ofrecer alguna ayuda
a la familia. Los colectivos de mujeres locales apoyan a Carina y la fami-
lia.
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A partir de los peritajes derivados de la intervención judicial, se
diagnostica retraso mental moderado y ausencias provocadas por epi-
lepsia.
Carina a sus 18 años trabajaba ayudando a su madre a vender
productos de limpieza en el barrio, realizaba parte de las tareas do-
mésticas en su casa, intentaba continuar con la secundaria de manera
virtual, mientras conseguía dinero para pagarse el curso de peluquería
que quería hacer. Y le ofrecen este trabajo para el municipio, en el que
recién estaba comenzando cuando acontece el abuso. Tiene muy pocos
vínculos sociales, ya que no concurre a la escuela, y ha perdido contacto
asiduo con sus primas adolescentes, por diferencias entre las familias.
IV. Lo traumático
Carina sufre la invasión de varios acontecimientos que producen
una sumatoria de traumatismos; el abuso y la reacción de su madre al
respecto; las dudas de la veracidad de su relato de lo acontecido; la pér-
dida del trabajo que había conseguido; la información sobre sí misma
que surge de los peritajes. Su yo se encuentra arrasado, sufre pesadillas
y un estado permanente de apatía.
V. Desvalimiento
Cantis (2020) señala que la discapacidad es una de las situacio-
nes de desvalimiento. “Freud, en Inhibición, Síntoma y Angustia (1926)
dice que el desvalimiento psíquico se presenta como la indefensión ante
un estímulo pulsional.” (Cantis, 2020, p. 31).
En situaciones de fallas internas, genéticas, son vividas muchas
veces como un trauma que viene del interior, pero que es vivido como
un externo; hay un interior – exterior que traumatiza. La coraza de pro-
tección antiestímulo aparece vuelta hacia el interior, donde se manies-
ta un desborde y un estado de violencia que es sufrido desde adentro.
Esto produce desvitalización y apatía.
En Más allá del principio del placer (1920) Freud dice: “En el caso
de la neurosis traumática la causa eciente de la enfermedad no es la
ínma lesión corporal; lo es, en cambio, el efecto de horror, el trauma
psíquico.” (Freud, 1920, tomo 18, p. 15).
Agregando a continuación, tras preguntarse a qué debemos de-
nominar “trauma psíquico”: “En calidad de tal obrará toda vivencia que
suscite los afectos penosos del horror, la angustia, la vergüenza, el dolor
psíquico” (Freud, 1920, tomo 18, p.15).
Dice Laplanche (1970/73) que si no hubo movilización previa, ni
angustia, ni preparación, tenemos entonces el espanto, penetración por
una energía que pone en peligro la existencia misma; seguramente hay
todavía reacción, pero mucho más anárquica, un intento de reconstituir
algo, una suerte de preligazón no simbólica o presimbólica.
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Carina padece sueños a repetición. Los sueños traumáticos son
un intento del aparato psíquico de evacuar el exceso de carga libidinal.
Estos sueños denuncian el acontecimiento, dando muestras de que el
sujeto fue sometido a una situación de desvalimiento, que arrasó su co-
raza de protección antiestímulo, y que ese acontecimiento aún no pudo
ser elaborado y retraumatiza con su aparición repetida en el psiquismo.
El acontecimiento traumático, no puede inscribirse en el psiquismo, no
puede enmarcarse entonces en las coordenadas de organización yoica,
tiempo y espacio, que pueden permitir incluirlo como experiencia y con-
vertirlo en recuerdo.
VI. Trabajo con el Trauma
Trabajar con lo traumático consistirá en ofrecer ligadura al afecto
que invade el psiquismo, facilitando que se enlacen primeras represen-
taciones a partir de la experiencia que el analista conoce de lo aconten-
cial. Dice Silvia Bleichmar (2005) que la historia relato, la historia ocial
podríamos decir, justamente oculta aquello que tiene ecacia traumá-
tica. Aquello que no ha podido ser signicado aún, es lo que genera el
sufrimiento del paciente en las situaciones de abuso. Este real no signi-
cado irá apareciendo en distintas presentaciones que posibilitarán el ar-
mado de cadenas signicantes que recubran lo traumático y posibiliten
incorporarlo a una historia vital abierta a nuevas resignicaciones. Ligar
la invasión de afectos provocados por el abuso: miedo a salir por el ba-
rrio porque el abusador era vecino, terrores nocturnos cuando soñaba
con la situación. Nombrar los afectos, poner palabras a lo vivido, fueron
los recursos que contuvieron la angustia.
Luego apareció la culpa, lo que los otros decían de ella. Dice Ca-
rina: - “mi mamá no me creía al principio, me culpaba”…
Ligar lo traumático estuvo asociado, en un segundo momento, a
restituir la imagen de sí misma dañada, a partir de la culpa y de lo que el
discurso médico dice de ella. - “Ahora resulta que tengo problemas, que
no soy normal”. Para ello fue necesario recuperar signicaciones ligadas
a otras guras identicatorias de su entorno cercano, que tuvieron peso
y lugar en su historia infantil: su tía, hermana menor de su madre, que
milita en grupos feministas de la zona, y que participó en movilizaciones
realizadas por estos grupos, en las semanas siguientes al acontecimien-
to, denunciando la violencia y abuso contra Carina. A partir de la recupe-
ración de estas guras femeninas, Carina retoma los vínculos con esta
tía y sus primas, recuperando espacios de placer y diversión que había
perdido.
Podemos incluir en el tratamiento el benecio del aporte sim-
bólico de la mirada social sobre el hecho. Sostén y seguridad que sintió
parcialmente de su familia, no porque no la hayan apoyado en el primer
momento, sino por las dudas de su madre, reproduciendo el modelo
social patriarcal en el cual si la mujer fue abusada es porque algo hizo
para ello. Recién a partir de los otros, la pareja, el discurso social, los
profesionales, la madre le devuelve la conanza.
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A partir del tratamiento y del peritaje se gestiona el soporte es-
tatal para los tratamientos que Carina puede recibir, que la vinculan al
hospital zonal y una red de profesionales que la sostendrán en este pe-
ríodo.
El trabajo interdisciplinario permitió evitar superposiciones, dar
sentido a las múltiples intervenciones, en tiempos convenientes para
Carina, que pudieran ser vivenciados como cuidados y aportes.
Fue necesario abordar esta situación no solamente desde lo in-
terdisciplinario, sino además fue necesario trabajar en lo interinstitucio-
nal, interrelacionando la intervención psicoanalítica realizada en el Cen-
tro de Orientación de ASAPPIA, con el trabajo realizado en el Hospital
zonal al que concurría Carina, para seguir sus tratamientos.
Fernando Ulloa (1969) analizaba las instituciones buscando so-
lucionar las fracturas que causaban sufrimiento a los sujetos. Planteaba
que el objetivo principal de la práctica clínica en general y de la clíni-
ca institucional, en particular, debe consistir en la producción de salud
mental. Hablaba de salud cultural, en la que se da prioridad a los con-
textos sociales, comunitarios e institucionales, que son potencialmente
facilitadores u obturadores de los procesos de producción de salud-en-
fermedad.
VII. Conclusiones
Desde un psicoanálisis implicado en la realidad que intentamos
comprender y modicar pensamos que podemos encontrar formas de
abordaje que ayuden a disminuir el sufrimiento.
El trabajo con el traumatismo implica aportar representación y ge-
nerar gurabilidad. Posibilita historizar y dar sentido, como forma de apor-
tar al entramado de la subjetividad enmarcada en un entorno familiar. Y
además tejer una malla simbólica con todo aquello que el entramado social,
a partir de las instituciones y grupos sociales va aportando.
Los movimientos sociales, grupos sociales intermedios, sostienen
las signicaciones imaginarias de la sociedad, se estructuran en base a ellas,
recreándolas, presenticándolas y desarrollándolas. Hacen circular signi-
caciones y trabajan en el entramado de ideas e ideales. En ese sentido son
subjetivantes. En el lazo social, mediatizado por estas instituciones sociales,
pueden circular las signicaciones que provean al Yo un nuevo armado iden-
ticatorio, más amplio y diverso, que ayude a signicar la propia historia y
permita la proyección y una esperanza de cambio.
La concepción de la salud mental como salud cultural tiene una se-
rie de particularidades que hacen a la especicidad de la misma. Pretende
sobrepasar el ámbito psi, buscando una base más amplia como pertinencia
e inscripción. Dicha amplitud, posibilita que se pueda considerar a la misma
como “una producción cultural, una variable política y, sobre todo, un con-
tra-poder para trabajar en condiciones adversas.” (Ulloa, 2012).
En los intersticios de los marcos institucionales podremos buscar
los recursos que nos permitan dar respuesta a la singularidad de cada suje-
to.
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