INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
48 / FLAPPSIP
INTERVENCIONES PSICOANALÍTICAS
EN LA CLÍNICA DE
LOS AUTISMOS INFANTILES
INTERVENÇÕES PSICANALÍTICAS
NA CLÍNICA
DO AUTISMO INFANTIL
PSYCHOANALYTICAL INTERVENTIONS
IN THE CLINICAL TREATMENT
OF CHILDHOOD AUTISM
Rafael Hernán Kröhling
Asociación Argentina de Psiquiatría
y Psicología de la Infancia y la Adolescencia
ORCID: 0009-0001-8937-9576
Correo electrónico: rafaelkrohling@hotmail.com
Fecha de recepción: 26 - 08- 2025
Fecha de aceptación: 15-09-2025
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Kröhling R. H. (2025) INTERVENCIONES PSICOANALÍTICAS
EN LA CLÍNICA DE LOS AUTISMOS INFANTILES
Intercambio Psicoanalítico 16 (2),DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
49 / FLAPPSIP
Resumen: En el artículo se parte de las conceptualizaciones teóri-
cas de los autismos infantiles y se analizan a partir de un modelo de
constitución del psiquismo para considerar intervenciones clínicas
fundamentadas en este. Se efectúa una revisión de autores psicoa-
nalíticos clásicos y contemporáneos para arribar a una perspectiva
actual del campo psicopatológico y diagnóstico de los autismos in-
fantiles. Se establece una diferenciación entre autismos primarios
y secundarios para considerar intervenciones analíticas según cada
caso particular. En torno a la clínica, se consideran las intervenciones
que puede efectuar el analista, el sitio que ocupa frente a los casos
de niños a dominancia autística, el lugar de los adultos signicativos
del niño en el tratamiento y la cuestión diagnóstica.
Palabras clave: Autismo – Constitución Psíquica – Intervención – Psi-
coanálisis de niños
Resumo: No artigo, parte-se das conceitualizações teóricas dos autis-
mos infantis e estas são analisadas a partir de um modelo de cons-
tituição do psiquismo, a m de considerar intervenções clínicas fun-
damentadas nesse modelo. Realiza-se um levantamento de autores
psicanalíticos clássicos e contemporâneos para chegar a uma pers-
pectiva atual do campo psicopatológico e diagnóstico dos autismos
infantis. Estabelece-se uma diferenciação entre autismos primários
e secundários para considerar intervenções analíticas de acordo com
cada caso em particular. No que se refere à clínica, são consideradas
as intervenções que o analista pode realizar, o lugar que ocupa dian-
te dos casos de crianças com dominância autística, o papel dos adul-
tos signicativos da criança no tratamento e a questão diagnóstica.
Palavras-chave: Autismo – Constituição psíquica – Intervenção – Psi-
canálise infantil
Summary: The article begins with theoretical conceptualizations of
childhood autism and analyzes them based on a model of the consti-
tution of the psyche in order to consider clinical interventions based
on this model. A review of classical and contemporary psychoanalytic
authors isconducted to arrive at a current perspective of the psycho-
pathological eld and diagnosis of childhood autism.A distinction is
made between primary and secondary autism in order to consider
analytical interventions according to each particular case. In terms
of clinical practice, the interventions that the analyst can carry out
are considered, as well as the analyst’s role in cases of children with
autistic dominance, the place of the child’s signicant adults in the
treatment, and the diagnostic issue.
Keywords: Autism – Psychic Constitution – Intervention – Child Psy-
choanalysis
INTERVENCIONES PSICOANALÍTICAS
EN LA CLÍNICA DE
LOS AUTISMOS INFANTILES
Rafael Hernán Kröhling1
1Licenciado en Psicología (UCSF)
y profesor en la Universidad
Católica de Santa Fe. Egresado de
la Escuela de Posgrado en Clínica
Psicoanalítica de la Infancia y la
Adolescencia (ASAPPIA-Asociación
de Psicoanálisis “Sigmund Freud” del
Litoral). Actualmente cursante de
la Especialización en psicoanálisis
con orientación clínica en adultos
(AEAPG).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
50 / FLAPPSIP
Introducción
El objetivo principal del artículo es indagar sobre las intervenciones psi-
coanalíticas en la clínica de los autismos infantiles y sus efectos en la
constitución psíquica. Para ello se expone sucintamente la conceptua-
lización psicoanalítica sobre los autismos infantiles, se examinan las in-
tervenciones clínicas y la función del analista en estos casos.
La prevalencia de patologías graves en la infancia torna necesaria una
propuesta terapéutica que, desde una posición ética, dé cuenta del su-
frimiento infantil y responda a sus necesidades. Desde la perspectiva
teórica psicoanalítica las intervenciones clínicas son entendidas como
subjetivantes, en tanto alojan el sufrimiento y buscan darle un sentido,
permitiendo el advenimiento de un sujeto psíquico. De esta manera, se
contraponen a aquellas intervenciones que tienen como objetivo alcan-
zar un adiestramiento comportamental del niño para lograr en él una
conducta que se ajuste adaptativamente a la norma.
Entendiendo que las intervenciones en la clínica de niños se dan en
tiempos tempranos de la vida se analizarán los objetivos de estas en
el marco del trabajo terapéutico sobre un psiquismo en constitución.
Para realizar esto se toma la perspectiva teórica de Silvia Bleichmar que,
haciendo hincapié en la metapsicología, desde sus aportes al campo psi-
coanalítico introdujo un modelo exógeno de constitución psíquica que
permite considerar los principales movimientos de complejización del
psiquismo infantil, perspectiva teórica que traza un camino para pensar
la clínica y fundamenta la elección de las intervenciones a realizar.
Conceptualización psicoanalítica de los autismos infantiles
En el siguiente apartado se trabajarán las principales contribuciones
para la comprensión de los autismos efectuadas desde la perspectiva
psicoanalítica. Para lograr dicho objetivo se toman diversos autores que
consideran la presentación clínica de los autismos desde posiciones teó-
ricas particulares. El tema ha sido extensamente trabajado e investigado
por psicoanalistas desde diversos enfoques que, debido a sus distintos
contextos de producción, arriban a conceptualizaciones que presentan
puntos en común, así como diferencias, marcadas por el hecho de que
parten de modelos metapsicológicos diferentes para comprender la
constitución psíquica y el sufrimiento infantil.
El autismo infantil precoz fue denido por primera vez por Leo Kanner
en 1943 como un síndrome dentro del cual describía ciertas caracte-
rísticas comunes. El autor reere entre ellas la “(…) incapacidad para
relacionarse de forma normal con las personas y situaciones desde el
comienzo de su vida” (1943, p. 28), retraso en la adquisición y uso del
habla, desde mutismo hasta expresiones verbales repetitivas que no lo-
gran transmitir signicados a otras personas, repetición de pronombres
personales tal como se oyen, actuaciones estereotipadas y escasa reali-
zación de actividades espontáneas, insistencia en mantener el ambiente
sin cambios e irritación frente a ellos, falta de interés hacia otras perso-
nas y una soledad que domina toda la conducta.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
51 / FLAPPSIP
Lebovici, Diatkine y Soule (1990), en el Tratado de psiquiatría del niño y
del adolescente, arman que la característica esencial del síndrome co-
rresponde a “(…) la ausencia de comunicación del niño con las personas
vivas que le rodean” (p. 2). Esto aparece en conjunto con una mirada au-
sente, falta de gestos de llamada y respuesta a los demás, una aparente
insensibilidad frente a estímulos externos, entre otros que se condicen
con las características expuestas por Kanner.
Tustin (1987) fue una de las autoras que más trabajó respecto a los au-
tismos infantiles desde el psicoanálisis. Ella denominó al autismo pato-
lógico como un estado de antipensamiento, en el que los rasgos que
más destacan son la falta de relaciones sociales normales y el hecho de
que estos niños se encuentran envueltos en sus propias sensaciones
corporales, así como determinó que el sentido del tacto prevalece sobre
la vista y el oído. Entre otras características del cuadro les atribuyó una
escasa diferenciación entre sujeto y objeto y entre lo interno y lo exter-
no; por eso mismo, el sentido de la separación corporal se encuentra
disminuido y los objetos del mundo exterior se experimentan como una
continuación del propio cuerpo. Con relación al lenguaje observó que
los más pequeños suelen ser mudos, y los mayores, ecolálicos. También
hizo mención a la dicultad para la comunicación que se presenta en
estos cuadros.
Bleichmar (2010), retomando a Kanner, nombra algunos elementos co-
munes a tener en cuenta para arribar a un diagnóstico de autismo, entre
los que aparece una respuesta selectiva a los estímulos del medio exte-
rior, falta de intento por establecer una comunicación, preocupación por
lo idéntico y por el mantenimiento del orden, mirada esquiva, falta de
respuesta a las preguntas y requerimientos de los demás, entre otros.
“El autista, en general, se caracteriza por su profunda indiferencia e in-
cluso rehusamiento al otro” (Bleichmar, 1999, p. 351). Untoiglich (2015)
menciona además ciertas características de estos niños en los primeros
tiempos de la vida, como, por ejemplo, la carencia de placer en los en-
cuentros con el adulto, la falta de demanda y de una mirada compartida,
falta de intención comunicativa y de respuesta frente a las propuestas
del adulto, entre otros.
Actualmente existe cierto consenso entre los autores psicoanalíticos en
que el autismo se desdobla en dos tipos: primario (precoz severo) y el
secundario (que corresponde a un modo de presentación de la psicosis
infantil). En el primario los indicadores aparecerían desde el nacimiento.
En estos cuadros no se trata de un proceso de constitución psíquica que
se vio perturbado por un factor accidental y que condujo a la pérdida
de las adquisiciones logradas hasta ese momento, sino que este no se
constituyó. En el autismo secundario se describe un desarrollo normal
hasta cierto momento en el que se da una retracción autista, un em-
peoramiento general que suele aparecer alrededor de los 2 o 3 años.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
52 / FLAPPSIP
Varios autores han hecho aportes a estas nociones desde su experiencia
clínica con niños autistas. Algunas teorizaciones dieron cuenta de una
conceptualización más exhaustiva del autismo secundario, al hablar de
la retirada autista que se da frente a una vivencia catastróca y al foca-
lizar en los determinantes psicógenos que llevan a dicha reacción. Entre
ellos puede citarse a Mahler (1965), Bettelheim (1967) y Meltzer (1975),
entre otros.
Una particularidad de los casos de autismo remite al papel de los obje-
tos y guras autistas, elementos que se experimentan como parte del
propio cuerpo y tienen valor por la sensación que producen. Los objetos
autistas y las guras autistas de sensación que nacen de las sensacio-
nes corporales del niño son utilizadas con una función: “Apaciguan y cal-
man, y en consecuencia son una suerte de tranquilizante generado con
el cuerpo” (Tustin, 1990, p. 117). El uso de objetos y guras autistas no
comportan una solución acabada que brinde una estabilidad continua
al yo, por lo que son estos “(…) procedimientos autísticos los que fundan
una y otra vez, incansablemente, una cierta denición de interioridad
que no es tópica sino temporal, ya que se agota en el movimiento mis-
mo que la instaura” (Fernández Miranda, 2019, p. 105).
En relación con las causas del autismo algunos autores han puesto el
foco en su origen biológico (Kanner, Goldstein, Rimland, entre otros),
aduciendo que en el autismo precoz severo hay una dicultad innata
para el contacto afectivo o proponiendo una teoría propia que da cuen-
ta de la base orgánica que lo produciría. Otros autores se han centrado
en explicar su origen psicógeno (Meltzer, Maldavsky, Bettelheim) ya sea
centrándose en la relación entre el bebé y su principal cuidador (estado
depresivo en la madre, falla en la constitución de ritmos tempranos en-
tre madre y bebé) o en la actividad del niño.
Autores como Tustin y Jerusalinsky han optado por una posición mode-
rada e intermedia, dadas las limitaciones de los conocimientos actuales
sobre su etiología, sosteniendo la hipótesis de que habría una combina-
ción de factores genéticos con la crianza inicial. Jerusalinsky (1988) ree-
re que en los cuadros de desconexión autística siempre se encuentran
intensas perturbaciones en la vinculación de las madres con los hijos.
Tustin (1987) hace hincapié en la incidencia de una falta total o parcial
de cuidados en los primeros tiempos de la vida, de una separación físi-
ca demasiado temprana o, acordando con Meltzer, el hecho de que la
madre del niño se encuentre en un estado depresivo después del em-
barazo. Al tratar de delimitar los factores que inciden en el autismo es
necesario considerar el bagaje genético, la historia libidinal traumática,
las circunstancias histórico-sociales y la historia parental, factores que
generan “(…) modalidades de atravesamientos de las múltiples vivencias
y la transformación de estas en experiencias subjetivantes o desubjeti-
vantes” (Untoiglich, 2015, p. 47).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
53 / FLAPPSIP
Los autismos infantiles desde un modelo exógeno de constitución
del psiquismo
Según el modelo exógeno de constitución del psiquismo teorizado por
Silvia Bleichmar, la función del adulto respecto de la cría humana se
desdobla en una doble operatoria (sexualizante y narcisizante) por la
cual se producen las inscripciones excitantes, pulsantes, provenientes
del inconsciente del otro y que dan origen a la sexualidad, a la vez que
se propicia una ligazón de ellas mediante el narcisismo trasvasante del
adulto. El adulto interviene, entonces, como un doble conmutador que
“(…) irrumpe brutalmente en el niño a partir del movimiento libidinizante
seductor a que lo somete con su cuidado, a la vez que brinda las posibili-
dades de ligazón libidinal mediante la procuración de una imagen identi-
cadora” (Bleichmar, 1984, p. 179). El narcisismo trasvasante implica que
el adulto se apropia ontológicamente del niño, considerándolo como un
semejante y brindándole una propuesta identicatoria. Previo al naci-
miento ya se puede ver cómo los adultos que estarán a cargo del niño le
atribuyen características humanas al feto. “El narcisismo trasvasante del
adulto es constitutivo del narcisismo del niño, y por supuesto constituti-
vo del yo, en tanto el yo es el lugar donde se va a localizar el narcisismo”
(Bleichmar, 2006, p. 104). En este sentido, la imaginación productiva del
adulto que le supone un psiquismo al bebé es un prerrequisito para su
humanización.
Mediante los cuidados el adulto introduce los elementos provenientes
del orden de la sexualidad, “(…) le introduce ese parásito (…) que es un
monto de energía no simbolizable, origen del placer, desligado ya de la
autoconservación, pero que va a instaurar los primeros elementos de
lo humano en el sujeto psíquico (Bleichmar, 2010, p. 47). Las exigencias
impuestas por estas excitaciones obligan a ese psiquismo incipiente a
realizar un trabajo de ligazón y descarga de dicha excitación. Los movi-
mientos que se dan en función de dicho trabajo constituyen un motor
del crecimiento psíquico.
En el trabajo clínico con niños, la reubicación de los tiempos de constitu-
ción del psiquismo posibilita considerarlos en un proceso histórico que
se puede cercar, determinar, por medio de los emergentes clínicos. En el
caso del autismo se puede retomar una idea que ha sido rectora en su
consideración: “El autoerotismo marca el comienzo de la existencia de
la vida sexual y, por ende, representacional” (Bleichmar, 1999, p. 137),
cuestión fundamental a considerar para su diagnóstico. En los casos de
autismo precoz puede pensarse que sus necesidades básicas fueron cu-
biertas sin un plus de placer concomitante. Esto se ve clínicamente en
que en los casos más graves de autismo hay una ausencia de placer de
órgano, autoerotismo y “(…) de conductas que den cuenta de la consti-
tución de algún registro del placer” (Bleichmar, 1993, p. 91). “El ejercicio
del placer autoerótico (…) dan cuenta, como ‘datos objetivos’, de la exis-
tencia de un cachorro humano que se introduce en los caminos de la
libidización” (Bleichmar, 1993, p. 91).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
54 / FLAPPSIP
Por lo tanto, en estos casos podría hipotetizarse una falla en el primer
tiempo de constitución del psiquismo, por lo cual no se darían los mo-
vimientos fundantes que permiten que la vida psíquica se instale. Esta
hipótesis no descarta que haya una predisposición genética que inter-
venga en el cuadro autista. Sin embargo, Bleichmar sostiene que siem-
pre que se da este tipo de cuadro se encontraron estas determinaciones
psicogenéticas operando. En todos los casos pareciera haber “(…) pro-
fundos desencuentros, más o menos ostensibles, del adulto con el niño
en la situación de los orígenes” (Fernández Miranda, 2021, p. 52). Este
desencuentro muchas veces remite al acontecimiento de ser criado, en
los primeros tiempos de la vida, bajo un comportamiento automático,
exento de placer. Para cada caso se debe tener en cuenta que lo que se
da es un “(…) encuentro contingente de un adulto con un hijo singular en
cierto momento de su historia” (Fernández Miranda, 2019, p. 114).
El hecho de que no se produzca la implantación pulsional puede ser
cuestionado en tanto es difícil considerar que no se instale la pulsión
sexual. “Resulta difícil concebir un niño cuyo psiquismo no esté articu-
lado, del modo que sea, a partir de la sexualidad del adulto” (Fernández
Miranda, 2021, p. 73). En ciertos casos puede no haber ejercicio autoeró-
tico clásico al modo del chupeteo, pero aparecen elementos estereotipa-
dos, balanceos, aleteos, autolesiones, que dan cuenta de la inscripción
sexual. La experiencia clínica demuestra que son escasos los autismos
en los que no hay indicio alguno de inscripción pulsional. Sin embargo,
considerar los autismos primarios bajo estas determinaciones ofrece un
fundamento para las intervenciones a realizar en la clínica.
En el autismo secundario la inscripción pulsional se daría en conjunto
con la ligazón de dicha excitación. Posteriormente se produciría una vi-
vencia traumática que llevaría al niño a defenderse mediante una reac-
ción autista. Siguiendo con el modelo expuesto, el autismo secundario
sería el resultado de una falla en el segundo tiempo de la constitución
psíquica, en el cual se arriba a la organización de los sistemas intrapsí-
quicos mediante los movimientos que dan lugar a la represión origina-
ria. Es en este tiempo de la constitución del psiquismo cuando el niño se
repliega de manera masiva para evitar el ingreso de nuevas excitaciones
provenientes del exterior. En este tipo de autismo la hipótesis etiológica
es psicógena, no biológica.
La importancia de diferenciar entre un autismo primario y se-
cundario reside en comprender las determinaciones que conducen a
la formación autística de cada caso particular. Este hecho plantea una
diferencia que se ve reejada en el psiquismo del infante y tiene conse-
cuencias al momento de delimitar las intervenciones clínicas a realizar.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
55 / FLAPPSIP
Intervenciones psicoanalíticas en la clínica con autismos
El psicoanálisis cuenta, históricamente, con la interpretación como su
intervención fundamental, la cual tiene como objetivo hacer consciente
lo inconsciente. Las intervenciones clínicas en el campo de los autismos
infantiles no pueden apuntar en esta misma dirección, dado que, según
el modelo expuesto, aún no habría una diferenciación tópica entre sis-
temas intrapsíquicos y, por lo tanto, no sería consecuente realizar exclu-
sivamente intervenciones que apunten a una traducción de los conte-
nidos inconscientes. Puesto que en la clínica de niños se trabaja sobre
los tiempos de constitución psíquica, es necesario intervenir de otros
modos. Según Levín, “(…) más que interpretar el sentido de una produc-
ción infantil reprimida, procuramos producirla, crear la escena, dar lugar
a un nuevo sentido, a la plasticidad, para que un pensamiento se reali-
ce” (2010, p. 81). Intervenciones de esa índole pueden “(…) motorizar la
estructuración, ser disparadoras de una transformación estructurante”
(Janin, 2012, p. 50).
Bleichmar diferencia entre trastornos y síntomas para considerar la
patología en la clínica infantil desde una perspectiva que se asiente en
fundamentos metapsicológicos. Desde esta perspectiva, los trastornos
son emergentes psicopatológicos previos al clivaje tópico o productos
de una falla en los procesos de constitución psíquica, especícamente
de la represión originaria. Los síntomas en sentido estricto solo pueden
aparecer como resultados del conicto intrapsíquico, es decir, posterior-
mente a la fundación del inconsciente y al advenimiento del yo, y como
efectos simbólicos del retorno de lo secundariamente reprimido. Las
presentaciones autísticas son previas a —o productos de fracasos en
la instalación de— la represión originaria por lo que en estos casos no
habría síntomas, sino trastornos de la constitución psíquica.
Siguiendo con la diferenciación entre los autismos, expuesta previamen-
te, se desprende que a partir de las particularidades de cada cuadro
se deberán realizar intervenciones con objetivos diferentes. Si el autis-
mo primario puede pensarse a partir de un décit en la instalación de
la sexualidad, las intervenciones psicoanalíticas deberían propiciar su
inscripción con la ligazón concomitante que llevaría a inaugurar la vida
psíquica. En este sentido, Jerusalinsky (1988) arma que el primer movi-
miento para intentar una cura es suponer un sujeto allí donde no lo hay
y que, como resultado de las intervenciones psicoanalíticas, se logren
establecer nuevas condiciones para la constitución del sujeto psíquico.
“Dirigirse al sujeto y no a su enfermedad. No se trata de ‘curar al autis-
mo’, sino de posibilitar que un sujeto advenga allí” (Untoiglich, 2015, p.
118). En el mismo sentido, Bleichmar (1999) propone que en los casos
de autismo hay que tener “convicciones delirantes”, como aquellas que
las madres tienen con sus hijos recién nacidos. Con esto se reere a atri-
buirle pensamientos y sentimientos, moverse con convicción delirante
respecto de que el niño tiene mente. Esta posición del adulto constituye
una condición para la inscripción de la sexualidad a partir del ejercicio
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
56 / FLAPPSIP
de una pulsación que instale la vivencia de satisfacción e implante la
pulsión. “En tanto interlocutores y terapeutas de niños autistas no po-
demos impedir atribuirles intenciones (…) incluso si no tenemos razones
para atribuírselas” (Bleichmar, 1993, p. 94).
En el autismo secundario las intervenciones debieran orientarse a la
producción de movimientos que permitan la organización del aparato
psíquico y sus sistemas. Siguiendo a Janin (2012), hay un amplio reper-
torio de intervenciones, tanto no verbales (acciones, operaciones lúdi-
cas, dibujo, modelado) como verbales (señalamientos, verbalizaciones y
construcciones) para lograr avances en la diferenciación entre sistemas
psíquicos, en el registro de los afectos, en posibilitar condiciones de liga-
zón de lo pulsional y establecer redes de pensamientos. Las considera
intervenciones estructurantes en tanto “(…) tienen que ver con posibili-
tar un armado, (…) generar una posibilidad” (Janin, 2012, p. 54). Las inter-
venciones estructurantes pueden ir dirigidas a construir una diferencia
entre el yo-no yo, entre la experiencia interna y externa del propio cuer-
po, y a la posibilidad de ligar los circuitos pulsionales.
En referencia a la cuestión diagnóstica, Ferrari arma que “(…) más que
una heterogeneidad, lo que hay es una continuidad tanto a nivel clínico
como metapsicológico entre las psicosis autistas y las psicosis no au-
tistas precoces y, además, existen formas de paso entre unas y otras”
(1997, p. 6). Para pensar la relación entre los autismos y las psicosis in-
fantiles se debe evitar la lógica de inclusión-exclusión dentro de catego-
rías cerradas. “Entre el autismo y las psicosis infantiles hay una ruptura,
y al mismo tiempo una continuidad” (Fernández Miranda, 2021, p. 57).
Determinar correctamente el cuadro desde el trabajo clínico es, en este
sentido, indispensable para posicionarse e intervenir.
Las corrientes teóricas actuales que componen un cuadro típico del au-
tismo mediante una descripción meramente conductual hacen ingresar
a la categoría “autismo” un gran número de casos en los que bajo los pa-
rámetros psicoanalíticos aquí desarrollados serían considerados de un
modo diverso. Estas perspectivas obturan la posibilidad de considerar
los determinantes psíquicos que intervienen en el caso particular.
En cuanto a la función del analista en la clínica de los autismos, Bettel-
heim considera que esta consiste en ayudar al niño a reconocer que
existen formas de relación que no son destructivas. “El niño con carac-
terísticas autistas intenta armar un mundo sin recurrir al otro, porque
no confía en que el otro pueda sostenerlo” (Untoiglich, 2015, p. 118). El
tratamiento no busca obligar al niño a que vea el mundo como realmen-
te es. Se trata de crear “(…) un mundo diferente del que abandonó en
su desesperación. Un mundo en el que pueda entrar ahora mismo, tal
como él es” (Bettelheim, 1967, p. 28). Para Tustin (1987) esto consiste en
“(…) aprender su ‘idioma’ y penetrar en su mundo, si lo que deseamos
es comunicarnos con ellos” (p. 101). Siguiendo a Janin (2012), en estos
casos el analista tendrá una función estructurante en la que intentará
sostener el vínculo y despertar al otro que está en un estado de somno-
lencia, abrumamiento o desconexión.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
57 / FLAPPSIP
“El trabajo ecaz con estos niños depende de que sean ‘amparados’ (psi-
cológicamente) por un terapeuta que tenga algún barrunto del mundo
especial en que ellos ‘viven y andan’” (Tustin, 1990, p. 49). Tendlarz lo
explica de la siguiente manera: “Se trata de captar el modo sutil con que
el niño permite que se aproxime a él de modo tal de ampliar su mundo
dentro del funcionamiento que lo particulariza” (2016, p. 151). En este
sentido, no se trata de domesticar al niño, ni de modicarlo: se trata de
entrar en sintonía con él. La enseñanza de hábitos como único modo
de trabajo es una forma de deshumanizar al niño que se encuentra en
tratamiento. Las tendencias clasicatorias en el campo de la psicología
han llevado a la creación de un gran número de terapias especícas para
cada cuadro particular, en las que se le da más importancia al hecho de
lograr con el niño una conducta funcional o que se ajuste a la norma
que a aliviar su sufrimiento psíquico. Esta tendencia a homogeneizar es
propia de terapias que “(…) calican el desvío en el comportamiento del
niño, como algo que debe ser recticado mediante un ajuste de conduc-
ta” (Manzotti, Teggi, Iuale & Gorosito, 2005, p. 116). Para estos mode-
los, “(…) los resultados esperados son las modicaciones de la conducta,
donde lo evaluado será la presencia o ausencia de un patrón de respues-
ta, a situaciones previsibles y tipicadas previamente por los terapeutas”
(Manzotti et al, 2005, p. 116). Este tipo de intervenciones procuran “(…)
la ilusión provisional de una mejor inserción social pero que no permite
al niño enfrentarse a situaciones nuevas con creatividad (…) contribuye
a la asxia y negación de su propia vida psíquica” (Ferrari, 1997, p. 21).
Esta marcada tendencia dentro del abanico de posibilidades de
tratamientos ha llevado en muchos casos a otorgarle rápidamente un
rótulo a lo que le pasa al niño, preguntándose poco por sus condicio-
nes singulares. En la actualidad el autismo es diagnosticado en mayor
medida que antaño: nos encontramos con una concientización respec-
to a este cuadro y lo que implica, lo que lleva en muchos casos a una
etiqueta temprana y un recorrido por tratamientos que desembocan
en la patologización. En el contexto sociocultural e histórico actual, los
síntomas son leídos para constatar la presencia o no de autismo en el
niño, entendiéndolo como parte del TEA (Trastorno del espectro autista)
o TGD (Trastorno generalizado del desarrollo), lo que lleva a una fuer-
te patologización de la constitución psíquica y de la vida cotidiana. Los
diagnósticos realizados a partir de clasicaciones que se basan en des-
cripciones sintomáticas tienden a “(…) la imposición de un isomorsmo
de la categoría nosográca con el sujeto” (Fernández Miranda, 2019, p.
147), lo que deja poco lugar para pensar en la singularidad del paciente.
El benecio que comporta esta mayor visibilidad del autismo es
que muchas veces gracias a esto se pueden realizar intervenciones tem-
pranas que realmente ayuden al niño a que no se intensique el replie-
gue autista. Si el profesional que lo recibe brinda una mirada atenta a su
padecimiento y a las inquietudes de los adultos a cargo, esto puede dar
resultados positivos en el proceso de constitución psíquica del niño. Se
debe tener en cuenta que el mismo diagnóstico en dos niños diferentes
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
58 / FLAPPSIP
no implica una igualdad de condiciones, la evolución de cada uno será
distinta y para esto es necesario a su vez tener en cuenta el contexto
social y familiar del niño. Las respuestas no son generales de cada pa-
tología, sino de cada historia particular. Es útil considerar el diagnóstico
como una herramienta: en la infancia los diagnósticos tienen que ser
exibles y transitorios y pensarse como algo móvil, ocupando el lugar de
una hipótesis.
Así como es imposible homologar a dos sujetos mediante un en-
casillamiento en una categoría psicopatológica, no se pueden realizar
intervenciones idénticas para ellos. “No existe un tratamiento, una cura
‘tipo’ del autismo, como tampoco lo existe para cualquier ser hablante
por fuera del diagnóstico y de la psicopatología. El psicoanálisis se dirige
a sujetos, no a clases” (Tendlarz, 2013, p. 141). El diagnóstico debe ser
pensado desde una perspectiva en la que se puedan evaluar a partir de
él las posibilidades de tratamiento. “En ningún caso resulta viable diag-
nosticar a un niño pequeño como autista, hipostasia apresurada que
desconoce la enorme plasticidad que presenta el psiquismo en tiempos
de estructuración” (Fernández Miranda, 2021, p. 41). Cerrar denitiva-
mente un diagnóstico de autismo a una edad muy temprana es des-
conocer que las formaciones autísticas se van constituyendo y que en
algunos casos probablemente estos modos de funcionamiento aún no
se han terminado de organizar.
Por un lado, se encuentran las intervenciones que son pensadas
en términos de adiestramiento comportamental, en las que “(…) se los
trata con técnicas y métodos tendientes a lograr un aprendizaje con-
dicionado y mecanizado de lo que ‘debe’ hacer, decir y sentir” (Levín,
2010, p. 68) en las que “(…) no importa el deseo, sino que se adapte y se
domestique (…) como la única propuesta ‘cientíca’ para el tratamiento
de los niños con TGD en general” (Levín, 2010, p. 69). Por otro lado, están
aquellas que son realizadas en torno al sujeto, en las que “(…) la meta es
entonces abrir posibilidades creativas, de transformación permanente,
meta opuesta a la constitución de un niño-robot, personalidad ‘como sí’
que se arma a pedazos, con sostenes múltiples, suponiéndolo un con-
junto de piezas que se encajan” (Janin, 2013, p. 71).
El analista está en un lugar de acogida del sufrimiento y de la
soledad para transformarlos e “(…) inventar sentidos donde no los ha-
bía previamente” (Untoiglich, 2015, p. 118). La función del analista “(…)
supone una capacidad real para acoger, contener, vivir las emociones
primitivas aun no organizadas del niño, verbalizarlas y darles un sentido
para devolvérselas de una forma asimilable por él” (Ferrari, 1997, p. 13).
El analista, en una posición activa, oferta elementos para el advenimien-
to subjetivo: “Para que el adulto pueda ingresar en ese mundo sin que
el niño se sienta desintegrado, tendrá que entrar en su ritmo y desde
ahí armar pequeñísimas diferencias” (Untoiglich, 2015, p. 124). Mediante
estos ligeros movimientos se perturba el sistema autístico del niño, lo
cual es necesario para permitir que se den inuencias externas. Ir ar-
mando paulatinamente un juego conjunto solo será posible si el analista
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
59 / FLAPPSIP
comienza este espacio lúdico tomando aquello en lo que el niño logre
interesarse. En esta interacción que se da entre el analista y el paciente
se busca disminuir el sufrimiento del niño, tratando de encontrar otros
modos de funcionamiento que sean menos sufrientes.
Encontrar un punto de placer es un lugar para comenzar a tra-
bajar. A partir de encontrarlo, este se podrá ampliar e intentar generar
sustitutos que vayan rompiendo paulatinamente el automatismo en el
que se encuentra el niño a dominancia autística. El juego es un modo de
empezar a ampliar las experiencias que comportan placer para el niño;
las variaciones dentro de este, un intento por complejizar esas vías de
búsqueda de placer. Las intervenciones de esta índole forman parte de
las oportunidades subjetivantes que se dan en el marco de la clínica, las
cuales requieren tiempo y un otro que se encuentre disponible. Si en el
tratamiento con un niño jugar no es posible, es necesario que el analista
realice intervenciones que apunten a abrir un espacio lúdico. Se intenta
armar un campo intermedio entre el niño y el analista donde se quite al
niño de su indiferencia, generando la posibilidad de inaugurar un acer-
camiento lúdico.
El respeto por los modos de funcionamiento del niño en el momento de
la consulta debe ser total. Una intromisión directa que busque quitar al
niño de su estado, sin miramiento por la constitución subjetiva que ha
alcanzado, solo puede generar rechazo y conducir a un repliegue aún
mayor. Además, es importante revisar la representación que los adultos
tienen sobre el niño, ya que las consideraciones y los saberes previos
ligados a la categoría de autismo pueden entorpecer la posibilidad de
conocer al infante en su singularidad. El diagnóstico de autismo puede
provocar una desconexión de las personas cercanas con el niño. En lu-
gar de conectarse con este, los padres se encuentran preocupados por
la patología y sus características, lo que puede reforzar el retraimiento
del niño. Es importante realizar un trabajo de deconstrucción de dichas
categorías, planteando que el diagnóstico sirve para conducir el proceso
terapéutico, pero que no nos dirá todo lo que debemos saber sobre el
niño en particular. La inclusión de los adultos en el proceso analítico de
un niño está denida por el modelo teórico con el que se trabaja: si se
considera que los otros adultos intervienen activamente en la constitu-
ción psíquica del niño, es necesario incluirlos en el análisis. Mediante
el trabajo conjunto el analista y los adultos pueden indagar sobre los
modos de funcionamiento del niño de manera coordinada, pensar jun-
tos sobre el trabajo terapéutico y plantearse mutuamente consultas que
permitan ampliar la perspectiva que se tiene sobre el caso. Cuanto me-
nor es el niño, hay mayor posibilidad de que los padres sitúen los puntos
en los que ha habido un desencuentro con él y los puedan modicar.
Esto puede derivar en efectos importantes en el proceso de constitución
subjetiva.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
60 / FLAPPSIP
El establecimiento del encuadre reviste fundamental importancia en los
casos de autismo debido a que mínimos cambios en el ambiente pue-
den generar una crisis de excitación (Tendlarz, 2013, p. 82). “La vida del
niño, que emerge de su soledad, se ritualiza en comportamientos que
implican al otro, y cualquier fallo en el ritual desencadena la angustia a
veces acompañada de cóleras” (Lebovici et al, 1990, p. 8). Tustin (1990),
quien centró parte de su investigación sobre el autismo en las caracte-
rísticas que adopta el repliegue y caparazón autista, alerta sobre el peli-
gro de inmiscuirse con estos niños sin comprender la función protectora
que las sensaciones generadas por medio de los objetos y guras autis-
tas tienen para ellos. Para evitar una intrusión excesiva es necesario “(…)
tomar como premisa el carácter perentorio de la regularidad mecánica
para, desde allí, ir instilando delicadamente elementos novedosos que
abran el juego hacia otras escenas” (Fernández Miranda, 2021, p. 81).
En los primeros encuentros entre el analista y el niño aún no habrá un
contacto que pueda denirse como transferencial. Sin embargo, “(…) la
clínica sostenida en los principios de la práctica psicoanalítica muestra
que el trabajo con el autista logra introducir variaciones en esa condición
que inicialmente parece impenetrable” (González Flórez, 2009, p. 18). El
analista debe observar las señales que realiza el niño a dominancia au-
tística. Hay momentos en los que este requiere de la presencia del otro
y momentos en que dicha presencia puede resultar muy agobiante. La
posición del analista es de cautela, respetando los ritmos del niño y es-
perando a ser aceptado como una alteridad soportable por él. Mediante
el trabajo paulatino con el niño se comienza a abrir la oportunidad de
establecer un contacto. Conocer y adentrarse en la experiencia del autis-
mo es posible mediante el interés en sus objetos y sus modos de experi-
mentar el mundo. Se lo acompaña en la construcción de una experiencia
del mundo y una relación con el otro que sea menos angustiante.
En la clínica es necesario atender al detalle, para que no se pierda la no-
vedad que puede acontecer entre las conductas rígidas o estereotipadas
del niño. Una vez que el analista es aceptado por el niño, esto permite
trabajar de otra manera. Se establece la transferencia y se comienza a
perturbar un poco la comodidad autística. Cuando esto se hace posible,
la transferencia toma otras características, en la que el paciente ya no se
relaciona únicamente por medio de los objetos o guras autísticas, sino
que toma al analista como otro humano. Cuando el enfoque terapéutico
busca perturbar el modo de funcionamiento autístico e intervenir acti-
vamente de inicio, la respuesta del niño puede ser o bien un estallido
de angustia de aniquilamiento o un refuerzo del retraimiento. Por esto
se hace necesario establecer el encuadre con el niño autista e intervenir
gradualmente.
El tratamiento debe establecerse desde una perspectiva que contemple
lo humano, respetando al otro en tanto ser sufriente y adoptando una
posición ética y comprometida con el niño en proceso de constitución
psíquica. La transferencia en la clínica de niños no implica solo una re-
petición de contenidos previos, sino que “(…) también es un lugar de
surgimiento de nuevas posibilidades” (Bleichmar, 1984, p. 185).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
61 / FLAPPSIP
La posibilidad de desplegar la aptitud simbolizante del niño se dará solo
si logra diferenciar el mundo exterior y los objetos del sí mismo. El ob-
jeto autista otorga una interioridad en el momento mismo en el cual es
aferrado. La relación de los niños a dominancia autística con los obje-
tos, tanto animados como inanimados, responde a una “(…) operatoria
sobre el mundo que intenta mitigar o abolir, precisamente, el carácter
arrasador que tiene para el niño la presencia del otro vivo: una opera-
toria que podríamos llamar cosicación” (Fernández Miranda, 2021, p.
74). El autor reere que esto no se trata de un décit en la capacidad de
registrar al otro humano, sino de una operatoria activa que el niño rea-
liza para reducir a cosa toda forma de alteridad que le sea amenazante.
Entonces, operar sobre el objeto material es una vía de trabajo con el
niño a dominancia autística. Si es por medio de la experiencia corporal
con el otro que brinda los cuidados en los primeros tiempos de la vida
como emergen los primeros indicadores de vida psíquica, es necesario
pensar cómo utilizar la sensorialidad con los niños a dominancia autísti-
ca como una vía de trabajo para acceder al terreno de la representación.
Mediante estos objetos y el juego, el analista puede tener un acerca-
miento progresivo al niño en el que pueda inscribirse una experiencia
de placer al nivel del cuerpo. Una intervención de esta índole ayuda a
que el niño pueda reconocer los bordes de su propio cuerpo, sus par-
tes, teniendo como objetivo la posibilidad de representarse a sí mismo.
Muchas veces estos niños rechazan el contacto corporal, por lo que el
acercamiento debe ser pausado, respetando su tiempo y estando atra-
vesado por lo lúdico. De lograrse un juego que retome el par presen-
cia-ausencia, y realizando los movimientos tendientes a la constitución
del yo, será posible pensar en un juego simbólico, del orden del “como
sí”, una vez que se hayan establecido las condiciones para este.
Luego de propiciar en el análisis una relación entre el niño y el analis-
ta, de lograr que se instale la transferencia y que el paciente a domi-
nancia autística atienda al analista, las intervenciones realizadas dentro
del espacio analítico pueden aportar construcciones que propicien los
procesos de simbolización del infante. Mediante estas intervenciones
se le propone al paciente un enlace faltante, “(…) un puente sobre el
cual empezar a pensar” (Bleichmar, 2009, p. 415). En este sentido se en-
cuentran las intervenciones simbolizantes que apuntan a producir una
simbolización ausente o faltante. Ellas se caracterizan por el empleo de
“auto-transplantes psíquicos” en las que el analista adopta una posición
activa, brindando simbolizaciones para algo que no tiene dicho estatu-
to. Tustin (1987) postula que en el trabajo terapéutico con los niños a
dominancia autística el analista actúa como si estuviera diciendo: “En
vez de darte mi mano, como si fuera parte de tu propio cuerpo, te daré
mis ‘pensamientos’ que te ayudarán a ir diferenciando gradualmente tu
cuerpo del mío y a desarrollar ‘pensamientos’ propios” (p. 133-134).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
62 / FLAPPSIP
Actuar precozmente sobre las determinaciones del sufrimiento infantil
permite introducir modicaciones importantes en el proceso de cons-
titución psíquica. “Cuando se interviene en momentos estructurantes
del funcionamiento psíquico (…) se inaugura un proceso de neogénesis:
algo que no estaba preformado, y que no hubiera llegado a instalarse
por sí mismo, se produce en virtud de la intervención analítica” (Bleich-
mar, 1999, p. 37). Como fue referido previamente, la posibilidad de di-
ferenciar entre un autismo primario y secundario resulta determinante
en la elección de las intervenciones clínicas a realizar. En los casos de
autismo precoz las intervenciones del analista deben ir dirigidas a lograr
un proceso de neogénesis, abriendo la posibilidad de una implantación
pulsional que no se dio o lo hizo de manera decitaria, permitiendo que
aparezcan los primeros indicios de vida psíquica. En el autismo secun-
dario las intervenciones tendrán como objetivo una estructuración de
la tópica psíquica, buscando lograr una organización yoica a la vez que
respetando el armado subjetivo que el niño construyó hasta el momen-
to de la consulta.
Las intervenciones clínicas propuestas están basadas en que se consi-
dera que existe “(…) la posibilidad de que se produzcan a través de la
práctica psicoanalítica nuevas constelaciones simbólicas que permiten
la fundación de instancias” (Bleichmar, 1999, p. 62). En estos casos las
intervenciones que se dan de manera temprana “(…) tienen la potencia
para evitar que se cristalice una dominancia autística en niños cuyo de-
rrotero parece ir conduciéndolos en ese sentido” (Fernández Miranda,
2021, p. 41). En algunos casos la situación se puede modicar mediante
un cambio en la posición de los otros signicativos que conforman la red
libidinal en la cual el niño se va constituyendo. Por esto es que conocer la
historia del niño, armarla en conjunto con sus adultos a cargo, permite
pensar intervenciones en las que emplazar al niño en su propia historia.
A modo de síntesis y como conclusión, se considera que para alcanzar
dichos objetivos en la clínica se busca ir proponiendo al niño a dominan-
cia autística modos de proceder distintos a aquellos en los que hay un
imperio de la autosensorialidad, de la estereotipia y del repliegue que
lo caracteriza. El analista se posiciona como un acompañante dócil que
va permitiendo su despliegue según los intereses propios que el niño va
demostrando a lo largo del trabajo terapéutico. El niño podrá soportar y
eventualmente aceptar la presencia del otro humano mediante un acer-
camiento paulatino que permita luego abrir escenarios compartidos,
que desde una perspectiva lúdica le brinden placer. La perspectiva del
tratamiento será la de contener, acompañar y propiciar recomposicio-
nes y neogénesis de sus procesos de constitución psíquica, buscando
lograr cierta exibilidad en los procesos autísticos en la medida en que
esto sea posible y siempre respetando el armado subjetivo del paciente.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 48 - 63
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.4
63 / FLAPPSIP
Referencias bibliográcas
BETTELHEIM, B. (1967). La fortaleza vacía.
Autismo infantil y nacimiento del yo. Paidós.
BLEICHMAR, S. (1984). En los orígenes del
sujeto psíquico. Amorrortu.
BLEICHMAR, S. (1993). La fundación de lo
inconciente. Amorrortu.
BLEICHMAR, S. (1999). Clínica psicoanalítica
y neogénesis. Amorrortu.
BLEICHMAR, S. (2006). El estatuto del
narcisismo en psicoanálisis. 3° Jornada
anual y seminario: El narcisismo y sus
patologías. Sociedad Psicoanalítica de
Paraná.
BLEICHMAR, S. (2009). Inteligencia y
simbolización. Paidós.
BLEICHMAR, S. (2010). El desmantelamiento
de la subjetividad. Estallido del yo. Topía.
BLEICHMAR, S. (2010). Psicoanálisis
extramuros. Entreideas.
FERNÁNDEZ MIRANDA, J. (2019). El trabajo
de lo ccional. Problemáticas actuales en
clínica psicoanalítica con niños. Letra Viva.
FERNÁNDEZ MIRANDA, J. (2021). Una vuelta
en torno al autismo en psicoanálisis. Letra
Viva.
FERRARI, P. (1997). Modelo psicoanalítico de
comprensión del autismo y de las psicosis
infantiles precoces. En Perspectivas actuales
de la comprensión psicodinámica del niño
y del adolescente. Ponencia presentada
en el XI Congreso Nacional de la Sociedad
Española de Psiquiatría y Psicoterapia de
Niños y Adolescentes.
GONZÁLEZ FLÓREZ, L. (2009). El autismo y la creación de la transferencia. Editorial Universidad
de Antioquia.
JANIN, B. (2012). Las intervenciones del psicoanalista en psicoanálisis con niños. Cuadernos de
Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, 53, 49-56.
JANIN, B. (2013). Intervenciones en la clínica psicoanalítica con niños. Noveduc.
JERUSALINSKY, A. (1988). Psicoanálisis del autismo. Nueva Visión.
Kanner, L. (1943). Trastornos autistas del contacto afectivo. Revista Española de Discapacidad
Intelectual Siglo Cero, 149. www.feaps.org
LAPLANCHE, J. (1987). La cubeta. Trascendencia de la transferencia. Problemáticas V.
Amorrortu.
LAPLANCHE, J., BLEICHMAR, S, et al. (1993). Bulimia – Anorexia – Autismo. N/A Psicoanálisis con
niños y adolescentes, 5.
LEBOVICI, S., DIATKINE, R., SOULE, M. (1990). Tratado de psiquiatría del niño y el adolescente.
Biblioteca Nueva.
LEVIN, E. (2010). La experiencia de ser niño. Nueva Visión.
MALDAVSKY, D. (1994). Pesadillas en vigilia: sobre neurosis tóxicas y traumáticas. Amorrortu.
MANZOTTI, R., TEGGI, D., IUALE, M., GOROSITO M. (2005). Autismo infantil: resultados
terapéuticos del psicoanálisis. En XII Jornadas de Investigación y Primer Encuentro de
Investigadores en Psicología del Mercosur. Facultad de Psicología, UBA.
MELTZER, D. (1975). Exploración del autismo. Paidós.
TENDLARZ, S. (2012). Niños autistas. Revista Virtualia, 25. https://www.revistavirtualia.com/
articulos/278/estudios/ninos-autistas
TENDLARZ, S., BAYÓN, P. (2013). ¿Qué es el autismo? Colección Diva.
TENDLARZ, S. (2016). Clínica del autismo y de la psicosis en la infancia. Colección Diva.
TENDLARZ, S. (2018). ¿Qué se le propone al sujeto autista? Foro internacional sobre autismo.
Centro internacional de convenciones de Barcelona (CCIB).
TUSTIN, F. (1981). Estados autísticos en los niños. Paidós.
TUSTIN, F. (1987). Autismo y psicosis infantiles. Paidós.
TUSTIN, F. (1990). El cascarón protector en niños y adultos. Amorrortu.
UNTOIGLICH, G., et al. (2015). Autismos y otras problemáticas graves en la infancia. Noveduc.