
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 16 (2), 2025, pp 130 - 142
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/16.2.10
139 / FLAPPSIP
Stefano toma -vía la identicación con ella- la frase de su madre. ¿Po-
dríamos pensarlo como un modo de estar cerca de ella y de mitigar sus
sentimientos de culpa por haberla abandonado? Pareciera hundirse en
el vacío que deja el agujero de la muerte de su madre, pero cuenta con
recursos resilientes, emerge la esperanza y un proyecto vital: encontrar
a la amiga de su madre. Stefano no vuelve atrás. Recuerda, elabora psí-
quicamente y construye proyectos.
Continúa diciendo Stefano: “Tersa me preguntó: ¿Tenés donde estar? No lo
sé, le dije. Buscaré primero a la amiga de mi madre. Le diré que soy el hijo de
Agnese. También debo decirle que mi madre ha muerto. / Ella me pregunto;
¿Sabes dónde vive? / Solo recuerdo el nombre de la calle, le dije.” (pág. 91)
La narradora nos cuenta que “Alguna vez, Stefano había pensado a Tucu-
mán como una ciudad donde quedarse, donde olvidar ese ir sin nada de un
lugar a otro. Se lo había pedido a Tersa; le había rogado, con la esperanza
de que entendiera, y ella, en cambio, se había burlado de él. Ahora recor-
daba todo eso, sin comprender qué le había sucedido, como si aquello le
hubiera pasado a otro que se llamaba como él, Stefano.” (pág. 91)
Consideramos que el personaje central aquí busca desarrollar un pro-
yecto de vida pensando que el estar en Tucumán y con Tersa le iba a
facilitar “olvidar” el dolor psíquico que le producía la inestabilidad de
residencia. Pasado el tiempo, al haberse sentido humillado por la joven
en quien depositaba sus expectativas libidinales, y podemos suponer
que al mismo tiempo de poner en juego defensas ligadas a la disocia-
ción (Winnicott, 1965), logró un grado de maduración emocional tal que
le posibilitó mirarse como “otro Stefano” sin dejar de sentir una cierta
“continuidad del ser” (Winnicott, 1965).
IV-V Rosario,
la madurez, el hombre.
Luego de haber llegado a la ciudad y conseguido un lugar para habitar,
Stefano mantiene un vínculo amistoso con la dueña de la pensión y con-
sigue un trabajo estable. Cotidianamente sale en busca de la amiga de
su madre, Chiara Martino. Al encontrarla también conoce a la hija, Ema,
por quien se siente atraído:
“Eras casi una niña...Estabas detrás de tu madre, cuando me solté del abra-
zo...Recuerdo que preguntaste: ¿Venís de lejos? Yo, en cambio, no sé qué te
contesté...Solo sé que no podía dejar de mirarte…” Pág. 98
Podemos pensar este momento de la llegada a Rosario como un cambio
desde la adolescencia al inicio de la juventud. Momento subjetivo en el
que se articulan aspectos signicativos de su infancia -presentes en la
gura de Chiara en tanto amiga de su madre-, con la búsqueda de expe-
riencias y renovación de su identidad, con una atracción que devendrá
luego en proyecto de pareja, aspecto más ligado a la juventud.
Pasado el tiempo, Stefano habla acerca de la inminente llegada de un
hijo con Ema y, reexionando sobre su vida en común “para seguirla
juntos”, va comprendiendo algunas palabras de su madre. Dice: “siempre
la soñaba lejos, parada en la puerta de nuestra casa, con la mano en alto;
pero anoche Ema, ¿lo creerás?, soñé que llegaba hasta nosotros y me abra-
zaba”. (Pag.99)