
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 14 (2), 2023, pp 13 - 23
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: doi.org/10.60139/InterPsic/14.2.1/
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La aporía denota la dicultad relacionada a este campo donde se pre-
tende inculcarle algo al otro, haciendo de lo externo algo interno, una
transmisión que requiere que el conocimiento se entrañe no solo en un
saber o en un actuar (know how), sino en algo del ser del sujeto; algo que
debería desencadenar una especie de respuesta inmediata, por ya estar
allí. Ortho Doxa, la correcta opinión, es a lo que se reere Sócrates en el
diálogo, algo que está o no está en la persona.
III - SEGUNDA PROPOSICIÓN
En el libro intitulado Malestar en el psicoanálisis (1996), Moustapha Sa-
fouan, Philippe Julien y Christian Homann constatan que, en el psicoa-
nálisis, hay un malestar (en realidad, varios). Y que no se debe huir de
un malestar: se lo debe describir y analizar. El psicoanálisis se funda en
el saber inconsciente, que no se puede didactizar a no ser en una expe-
riencia personal. Según estos autores, el mal no proviene de la “incon-
gruencia de ese ejercicio de palabras”, sino “de la naturaleza del terce-
ro entre el analista y el analizante” (Safouan y otros, 1996, p. 10). A n
de cuentas, un psicoanalista deberá ser reconocido por una institución,
transitar entre sus pares, para que se lo considere un buen analista.
Por supuesto, recordamos el viejo aforismo lacaniano de que “el psicoa-
nalista solo se autoriza de sí mismo” (Lacan, 2003, p. 248). Lacan jamás
quiso decir que alguien puede salir por ahí nombrándose psicoanalis-
ta. Observen que, en francés, el verbo autoriser proviene de la palabra
“autor” (auteur), el agente que practica la acción, que también se puede
ver como el creador de un acto (incluso del acto analítico), o, aun, como
instituidor de su práctica. Buscando deshacer el equívoco suscitado por
su armación, en la clase del 09 de abril de 1974, Lacan explica la frase
incluyendo a terceros en la formación del analista y concluyendo que “si
seguramente [se reere a los rituales de formación tradicionales] uno
no puede ser nombrado-para el psicoanálisis, esto no quiere decir que
cualquiera pueda entrar en él como un rinoceronte en la porcelana” (La-
can, J. 1973-1974).
Habiéndose señalado lo imprescindible de la institución, el malestar, se-
gún Safouan, Julien y Homan, proviene de la contradicción entre el mo-
delo por el cual las sociedades seleccionan y reconocen a sus candidatos
y la novedad de la experiencia psicoanalítica. Ese es el primer malestar.
Volviendo al aforisma de Lacan (2003, p. 248), “un psicoanalista solo se
autoriza de sí mismo”, que se interpretó como excluyente de la institu-
ción, lo que Lacan quiso decir es que el analista es el único responsable
por el análisis que practica. Los tres autores señalan que el “tercero que
debe ser reconocido entre él y el analizante es, primero, el Otro, o sea,
ese lugar que Freud llama inconsciente y que tiene estructura de len-
guaje” (Safouan y otros, 1996, p. 10). ¿Y qué sucede al nal del análisis?
Y si en el análisis el sujeto es responsable por su inconsciente, según el
enunciado de Freud —Wo es War, sol Ich werden—, en contraposición,
al nal de la partida, el sujeto se hace responsable por el psicoanálisis.
Verdadero retorno, por el cual, al autorizarse, autoriza el psicoanálisis en
el mundo (Safouan y otros, 1996, p. 11).