INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 17 (1), 2026, pp 77 - 86
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.6
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LOS SUEÑOS: VÍA REGIA A LA CREACIÓN
ESTÉTICA Y LA ELABORACIÓN PSÍQUICA
OS SONHOS: CAMINHO REAL PARA A CRIAÇÃO
ESTÉTICA E A ELABORAÇÃO PSÍQUICA
DREAMS: THE ROYAL ROAD TO AESTHETIC CREATION
AND PSYCHIC ELABORATION
Magdalena Echegaray
ORCID: 009-0009-0662-693X
Correo electrónico: maechegaray@hotmail.com
ASAPPIA
Fecha de recepción: 30 – 04 - 2026
Fecha de aceptación: 12 – 05 - 2026
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Echegaray M. (2026) LOS SUEÑOS: VÍA REGIA A LA CREACIÓN
ESTÉTICA Y LA ELABORACIÓN PSÍQUICA
Intercambio Psicoanalítico 17 (1), DOI:DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.6
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
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Resumen: Este artículo explora el sueño como fenómeno creador
desde una perspectiva psicoanalítica. Partiendo de Borges y su idea
de que los sueños constituyen el género literario más antiguo, se
propone que el trabajo onírico es una producción psíquica que devie-
ne creación estética.
Desde Freud, se recorren las dos grandes funciones del sueño: el
cumplimiento de deseo y, a partir de “Más allá del principio del pla-
cer”, la función de ligazón de lo traumático. El trabajo del sueño es
presentado como un proceso de ligazón y metabolización de huellas
mnémicas de diversa calidad y origen: lo transcripto y lo no trans-
cripto.
Se incorporan los aportes de Silvia Bleichmar sobre el “pensamien-
to sin sujeto” y el modelo transcriptivo; de Bion, la función alfa, y
de Meltzer, quien entiende el sueño como experiencia de creación
simbólica. Finalmente, con Castoriadis y la noción de imaginación
radical, la capacidad de la psique de crear representaciones ex nihi-
lo, siendo el trabajo del sueño su expresión máxima, enriquece esta
perspectiva.
La conclusión es que el soñar —como el arte— constituye un enclave
de resistencia frente al traumatismo, y que la imaginación radical
opera en el corazón del proceso onírico.
Palabras clave: Sueños. Creación. Traumatismo. Transcripción.
Resumo: Este artigo explora o sonho como fenômeno criativo a par-
tir de uma perspectiva psicanalítica. Partindo de Borges e de sua
ideia de que os sonhos constituem o gênero literário mais antigo,
propõe-se que o trabalho onírico é uma produção psíquica que se
transforma em criação estética.
A partir de Freud, são percorridas as duas grandes funções do sonho:
a realização do desejo e, a partir de “Além do princípio do prazer”, a
função de ligação do traumático. O trabalho do sonho é apresentado
como um processo de ligação e metabolização de traços mnemôni-
cos de diversa qualidade e origem: o transcrito e o não transcrito.
Incorporam-se as contribuições de Silvia Bleichmar sobre o “pensa-
mento sem sujeito” e o modelo transcritivo; de Bion, a função alfa;
e de Meltzer, que entende o sonho como experiência de criação sim-
bólica. Finalmente, com Castoriadis e a noção de imaginação radical,
a capacidade da psique de criar representações ex nihilo, sendo o
trabalho onírico sua expressão máxima, enriquece essa perspectiva.
A conclusão é que sonhar — assim como a arte — constitui um encla-
ve de resistência diante do trauma, e que a imaginação radical opera
no cerne do processo onírico.
Palavras-chave: Sonhos. Criação. Trauma. Transcrição.
LOS SUEÑOS:
VÍA REGIA A LA CREACIÓN ESTÉTICA
Y LA ELABORACIÓN PSÍQUICA
Magdalena Echegaray 1
1 Licenciada en Psicología. Posgrado
en Psicoanálisis. Docente del
Posgrado en Psicoanálisis de
las Infancias y Adolescencias de
ASAPPIA y de la Escuela de Clínica
Psicoanalítica de las Infancias y
las Adolescencias de ASAPPIA y
Asociación de Psicoanálisis “Sigmund
Freud” del Litoral. Miembro Titular
de ASAPPIA. Miembro fundadora y
titular del Colegio de Psicoanalistas.
Autora de trabajos sobre teoría y
clínica psicoanalítica presentados en
instituciones, congresos nacionales e
internacionales.
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Abstract: This article explores dreams as a creative phenomenon
from a psychoanalytic perspective. Drawing on Borges and his idea
that dreams constitute the oldest literary genre, it proposes that the
work of dreaming is a psychic production that becomes aesthetic
creation.
Starting with Freud, the two major functions of dreams are exami-
ned: the fulllment of desire and, beginning with “Beyond the Plea-
sure Principle,” the function of binding the traumatic. Dream work is
presented as a process of binding and metabolizing mnemonic traces
of varying quality and origin: the transcribed and the untranscribed.
The contributions of Silvia Bleichmar on “thought without a subject”
and the transcriptive model are incorporated; from Bion, the alpha
function; and from Meltzer, who understands the dream as an expe-
rience of symbolic creation. Finally, with Castoriadis and the notion
of radical imagination —the psyche’s capacity to create representa-
tions ex nihilo, with dream work being its ultimate expression— en-
riches this perspective.
The conclusion is that dreaming —like art— constitutes an enclave
of resistance against trauma, and that radical imagination operates
at the heart of the dream process.
Keywords: Dreams. Creation. Trauma. Transcription.
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Voy a iniciar este escrito de un modo en el que se sugiere no hacer-
lo, con una cita. Las primeras palabras de Borges en el prólogo al Libro de
sueños (1976) dicen así:
En un ensayo del Espectador (septiembre de 1712), recogido
en ese volumen, Joseph Addison ha observado que el alma huma-
na, cuando sueña, desembarazada del cuerpo, es a la vez el teatro,
los actores, y el auditorio. Podemos agregar que es también el au-
tor de la fábula que está viendo. Hay lugares análogos de Petronio
y de don Luis de Góngora.
Una lectura literal de la metáfora de Addison podría condu-
cirnos a la tesis, peligrosamente atractiva, de que los sueños cons-
tituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros lite-
rarios (p. 8).
Esta idea de Borges sutilmente provocadora me conduce directa-
mente al tema que nos convoca: la creatividad, la idoneidad artística y la
espontánea inventiva que se maniesta en los sueños. Y Borges continúa:
“El arte de la noche ha ido penetrando en el arte del día” (p. 8). Recorde-
mos que Paul Mc Cartney escribió Let it be al despertarse de un sueño
que relata en esa bella canción. Borges menciona a Henry James y a Poe,
algunas de cuyas obras tuvieron su origen en pesadillas.
El enigma acerca de la inagotable potencia creadora de los sueños
fue el estímulo que me llevó en los últimos años a profundizar en las deri-
vas del fenómeno psíquico, nave insignia del psicoanálisis.
Los sueños no son solo su relato. Las imágenes de que están he-
chos los sueños se evanescen en el olvido o se perpetúan en el recuerdo.
El relato del sueño ya no pertenece al sueño. Laplanche arma que el
sueño no es diálogo ni tampoco es el relato del sueño (p. 81); sin embargo,
es su relato el que los torna comunicables. Freud nos recuerda que “(…)
a veces los seres humanos solían soñar antes de que existiera un psicoa-
nálisis” (p. 118) y que “(…) es por completo ajeno al sueño el propósito
de cobrar valor dentro del análisis” (p.119). Los sueños son ese territorio
privilegiado donde aquello que Silvia Bleichmar denominó del orden de lo
arcaico puede ser recuperado y traducido. “Sistemas de memorias que no
se instauran en un solo tiempo, sino a lo largo del tiempo, con la peculia-
ridad de que es este tiempo de su inscripción lo que deviene espacialidad
interior” (p. 101).
Los sueños cumplen funciones fundamentales, vale decir, que es-
tán en el fundamento del modo de ser de la psique. El trabajo del sueño
propiamente dicho, ese artesanado poético hecho de condensaciones y
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desplazamientos, trabajo de búsqueda de gurabilidad, de ensamblajes
metafóricos y metonímicos entre los pensamientos oníricos, puede ocu-
rrir solo cuando la tópica está constituida, aun cuando esos procesos ocu-
rren en el sistema Inconsciente.
Freud les asigna a los sueños dos funciones intrapsíquicas: en “La
interpretación de los sueños” (1990 [1900]) arma:
(…) el sueño es en todos los casos un cumplimiento de deseo
porque es una operación del sistema Icc, que no conoce en su tra-
bajo ninguna otra meta que el cumplimiento de deseos ni dispone
de otras fuerzas que no sean las mociones de deseo (p. 560).
Vale decir, formula la tesis canónica: los sueños son realización alu-
cinatoria de deseos reprimidos, vía regia de acceso a lo inconsciente. En
1920, en “Más allá del principio del placer” (1990 [1920]), Freud pone en
relación lo traumático con los sueños. Sostiene:
(…) pero los mencionados sueños de los neuróticos traumá-
ticos ya no pueden verse como cumplimiento de deseo; tampoco
los sueños que se presentan en los psicoanálisis, y que nos devuel-
ven el recuerdo de los traumas psíquicos de la infancia. Más obe-
decen a la compulsión de repetición, que en el análisis se apoya en
el deseo (promovido ciertamente por la “sugestión”) de convocar
lo olvidado y reprimido. Así no sería la función originaria del sueño
eliminar, mediante el cumplimiento de deseo de las mociones per-
turbadoras, unos motivos capaces de interrumpir el dormir; sólo
podría apropiarse de esa función después que el conjunto de la
vida anímica aceptó el imperio del principio del placer. Si existe un
“más allá del principio del placer”, por obligada consecuencia habrá
que admitir que hubo un tiempo anterior también a la tendencia
del sueño al cumplimiento del deseo (p. 32).
El trabajo del sueño gura elementos del vivenciar traumático, en
un intento de entramarlos en circuitos deseantes a través del movimiento
que va del más allá al más acá del principio del placer; ambas perspectivas
se complementan y pueden aparecer hasta en un mismo sueño.
El modelo de retranscripciones sucesivas que Freud propone en la
“Carta 52” (1990 [1896]) nos indica que las transcripciones serán permiti-
das o denegadas en diversas etapas de la vida. Lo inscripto, que es ya un
modo de representación, puede o no ser retranscripto. El que una huella
sea retranscripta en un pensamiento onírico supone un modo de meta-
bolización, en términos de Laplanche. Lo traumático se inscribe, pero no
es metabolizado; al ser capturado en una red de pensamientos oníricos,
puede iniciar ese proceso.
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Silvia Bleichmar va a marcar una diferencia entre modelo traductivo
y modelo de transcripciones por relación a lo traumático. El modelo traduc-
tivo se reere a “(…) inscripción en el orden del lenguaje, o trasposición al
lenguaje de aquello que es paralenguajero, no solo prelenguajero” (p. 290).
Aclara que “(…) lo lenguajero nunca va a poder ensamblar totalmente lo que
ha sido del orden de la vivencia” (p. 290). En esto se incluye el inconsciente
originario que “(…) sólo puede ser ligado por sus retoños” (p.290). Lo trans-
cripto puede serlo en representaciones de otro orden, no necesariamente
lenguajero.
Y cito nuevamente al poeta:
Coleridge dejó escrito que las imágenes de la vigilia inspiran
sentimientos, en tanto que en el sueño los sentimientos inspiran imá-
genes. (¿Qué sentimiento misterioso y complejo le habrá dictado el
Kubla Khan, que fue don de un sueño? Si un tigre entrara en este cuar-
to, sentiríamos miedo; si sentimos miedo en el sueño, engendramos
un tigre (p. 8).
El trabajo del sueño se vale de los desplazamientos y las condensa-
ciones para gurar distintos pensamientos de diversa proveniencia y repre-
sentaciones heterogéneas en cuanto a su cualidad y origen. La gurabilidad,
trabajo de creación de la psique, facilita el entramado de huellas que no
pueden tener acceso a la conciencia en forma de recuerdo; y es únicamente
bajo formas alucinatorias o casi alucinatorias que pueden hacerlo. También
en la regresión en transferencia o en los sueños, esos acontecimientos po-
drán tener acceso a ella. En el Moisés que Freud comenzó a escribir en 1934
y terminó en 1938, ya en el exilio en Inglaterra, expresa: “Lo que los niños
han vivenciado a la edad de dos años, sin entenderlo entonces, pueden no
recordarlo luego nunca, salvo en sueños; sólo mediante un tratamiento psi-
coanalítico puede volvérseles consabido” (1990 [1938], p. 121) Los destinos
alternativos que Freud enuncia son el retorno a través de compulsiones o
en los vínculos.
Arma Freud que no hace falta suponer una particular actividad sim-
bolizante del alma en el trabajo del sueño ya que otras producciones psíqui-
cas son efecto de las operaciones de condensación, desplazamiento, juegos
de sustituciones e inversiones, en n, la operatoria del proceso primario,
pero el sueño se sirve de “(…) simbolizaciones que están contenidas, ya lis-
tas en el pensamiento inconsciente, debido a que ellas satisfacen mejor los
requerimientos de la formación del sueño por su gurabilidad, y las más de
las veces por estar exentas de censura” (1990 [1900], p. 354).
En los primeros encuentros de la cría humana con el adulto que se
hace cargo de la crianza, se inscriben en el infans las primeras representacio-
nes (en sentido amplio), restos desgajados del objeto de proveniencia, pul-
santes, cuyo activamiento producirá aquel primer pensamiento que Freud
llamó alucinación primitiva en el “Proyecto de Psicología” (1990 [1895]). La
alucinación primitiva como primera forma de pensamiento no está desti-
nada a resolver ninguna tensión de orden biológico, sino que permite ligar,
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en esa primera fantasía, la excitación sexual imposible de evacuar con una
representación.
Ese pensamiento no es una copia de la realidad, sino pura creación
metabólica de restos indiciarios del objeto de proveniencia. “El pensamiento
no aparece en el “Proyecto” como un ensayo sobre la realidad, sino releva-
miento de la realidad exterior, al servicio del equilibramiento de la energía
del incipiente aparato” (Bleichmar, 2020, p. 388), formula Silvia Bleichmar.
El pensamiento es una producción psíquica que liga una cantidad,
una excitación, a una representación; se trata de la ligazón de afecto y re-
presentación. Las representaciones son productos metabólicos, “neocrea-
ciones”, recomposiciones de lo real. La psique produce y es habitada por he-
terogeneidad de pensamientos: inconscientes, preconscientes, conscientes.
“El pensamiento humano es la producción de objetos no existentes a partir
de lo existente, no la instrumentación del mundo ni su transformación, sino
la verdadera creación productiva de un mundo especícamente humano”
(Bleichmar, 2009, p. 25).
El estatuto de pensamiento que Freud le otorga a las ligazones re-
presentacionales que ocurren en el Inconsciente, a espaldas del Yo y de la
lógica, supone una ruptura epistemológica con la tradición racionalista de
cuño cartesiano.
Pensar pensamientos no pensados por nadie es el gran hallazgo del
psicoanálisis, propone Silvia Bleichmar:
El gran descubrimiento del psicoanálisis es haber planteado
por primera vez en la historia del pensamiento que es posible que
exista un pensamiento sin sujeto y que ese pensamiento sin sujeto
no esté en el otro trascendental –también sujeto–, ni en ningún lugar
particularmente habitado por conciencia o por intencionalidad” (Blei-
chmar, 2009, p.18).
Ese pensamiento que antecede a la constitución del sujeto pasará a
formar parte del Inconsciente y no de la subjetividad reexiva.
Tanto Bion como Meltzer proponen el sueño como proceso de pen-
samiento y creatividad; Meltzer, poniendo el acento en la estética.
Donald Meltzer, en el libro Vida Onírica (1987), hace una revisión de
la teoría de los sueños de Freud. Dice que los sueños son una forma de “(…)
experiencia vital real” (p. 18). Dene el proceso onírico “(…) como un proceso
en el que se piensa sobre las experiencias emocionales” (p. 55). Para Meltzer,
lo que Freud llamó miramiento por la gurabilidad signicará la formación
de símbolos y la interacción de las formas simbólicas visuales y lingüísticas,
y el trabajo del sueño “(…) signicará las operaciones de la fantasía y los
procesos de pensamiento mediante los cuales se busca la solución de los
problemas y conictos emocionales” (p. 55). El sueño es así una experiencia
de creación simbólica y de pensamiento que transcurre en lo inconsciente.
Para Bion la experiencia emocional antecede a los pensamientos, y estos, al
aparato de pensar. W. Bion desarrolló la idea de la función-alfa, que transfor-
ma los elementos beta en elementos alfa que permiten soñar, relatar nuestros
sueños, pintar, realizar toda clase de actividades artísticas, y toda la creativi-
dad de que somos capaces los seres humanos. Arma Bion:
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La función-alfa opera sobre las impresiones sensoriales,
cualesquiera que sean, y las emociones, cualesquiera que sean las
que el paciente acepta. Mientras la función-alfa opere con éxito, se
producirán elementos-alfa y éstos resultarán adecuados para ser
almacenados y satisfacer requisitos de los pensamientos oníricos”
(2015, p. 31).
Para Bion, el pensamiento onírico es el modelo del pensamiento
porque, como arma Silvia Bleichmar, es un modelo de procesamiento de
los elementos que el psiquismo tiene a disposición. La función-alfa puede
desarrollarse si el adulto que se hace cargo de la crianza tiene capacidad
de ensoñación, vale decir, en términos de Bion, capacidad de reverie: “(…)
el reverie es factor de la función-alfa de la madre” (Bion, 2015, p. 74). En-
tiendo que esta capacidad de ensoñación será patrimonio del analista en
el campo transferencial.
Bion arma que el pensamiento antecede al aparato de pensar: pri-
mero se desarrollan los pensamientos y, en un segundo tiempo, el apara-
to de pensar para manejar pensamientos. Silvia Bleichmar, inspirada en
esos desarrollos, propone, desde otro modelo teórico metapsicológico, la
noción de “pensamiento sin sujeto”. Vale decir, que la representación an-
tecede a la constitución del aparato psíquico. Esto marca una revolución
epistemológica.
Las deniciones de pensamiento y representación dieren en las
conceptualizaciones de Bleichmar y Bion, si bien ambos coinciden en que
el pensamiento es una forma de ordenamiento de los investimentos,
siempre ligado a los procesos de simbolización.
Silvia Bleichmar aplica dicha noción a los primeros tiempos de la
constitución subjetiva y yo lo extiendo al trabajo del sueño. El “pensa-
miento sin sujeto”, trabajo de ligazón, de articulación representacional de
huellas de diversa cualidad y proveniencia, es el que da forma al trabajo
del sueño, al proceso de gurabilidad. Puede articular elementos incons-
cientes producto de la represión secundaria como elementos representa-
cionales que nunca pertenecieron al sistema Prcc, ligados a mociones in-
fantiles que antes de formar parte del sueño no pertenecieron al sistema
Prcc-Cc. Pensamientos inconscientes y pensamientos preconscientes son
dos materialidades psíquicas diversas que constituyen los sueños.
En La interpretación de los sueños (1990 [1900]) Freud plantea :
(…) el otro trabajo, el que muda los pensamientos inconscien-
tes en el contenido del sueño, es propio de la vida onírica y carac-
terístico de ella. Ahora bien, este trabajo especíco del sueño se
aleja del modelo del pensamiento despierto, mucho más de lo que
sospecharon aun los más decididos denostadores del rendimiento
psíquico en la formación del sueño. No se trata de que sea más des-
cuidado, incorrecto, olvidadizo o incompleto que el pensamiento
de vigilia; es algo que cualitativamente diere de él y, por tanto, no
puede comparársele. No piensa ni calcula ni en general juzga, sino
que se limita a remodelar pensamientos, cálculos y juicios (p. 502).
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Y en una nota al pie escribe: “(…) el sueño no es más que una forma
particular de nuestro pensamiento, posibilitada por el estado de dormir.
Es el trabajo del sueño el que produce esa forma, y sólo él es la esencia
del sueño, la explicación de su especicidad” (Freud, 1990 [1900]), p. 502).
Vale decir que el “pensamiento sin sujeto” es el que labora en el trabajo
del sueño a través de los desplazamientos y condensaciones, sometido
a la exigencia de la gurabilidad y su producción, a espaldas del yo de la
conciencia; no se trata de pensamiento sometido a la lógica cartesiana,
sino trabajo de imaginación, creación. Pero ese trabajo de transformación
al que alude Freud no transforma cualquier cosa en cualquier otra.
Cornelius Castoriadis creó la noción de “imaginación radical” para
aludir a esa capacidad de la psique humana de producir representacio-
nes, deseos, afectos y que denomina radical porque es fuente de crea-
ción. Crea lo inexistente, hace surgir representaciones ex nihilo, que no
son combinaciones de lo ya existente. Sostiene que, si bien toda la obra
de Freud se trata de la imaginación y lo imaginario, realiza la hazaña de no
mencionar ni una sola vez la palabra y que, si bien es el descubrimiento
más importante del psicoanálisis, el “(…) hombre cuya obra sería incom-
prensible si no se viera en la imaginación un poder central, constitutivo,
de la psique, no quiere saber nada de ella” (1993, p. 23). Y ello es así, según
él, porque para Freud era incompatible con su aspiración de cienticidad
del psicoanálisis el darle un lugar de privilegio a la imaginación, lo cual
ocurrió del mismo modo con Aristóteles y Kant. Arma:
El más allá es procurado por la invasión, en sus esquemas –y
ya en el Proyecto–, de un elemento, la imaginación radical de la psi-
que o la psique como imaginación radical, al que Freud se resistirá
siempre y que nunca hará explícito (p. 26).
El trabajo del sueño, trabajo de gurabilidad, crea producciones
absolutamente originales que cumplen una función intrapsíquica disfun-
cionalizada para lo autoconservativo. Crea imágenes inexistentes previa-
mente. Es en este sentido que la imaginación radical es el modo en que
la psique opera en la construcción del sueño soñado. Castoriadis arma
que para la psique no existe nada que no sea una representación. Para
este autor el trabajo creador de la imaginación por excelencia es el trabajo
del sueño. “Lo esencial es que el mundo psíquico humano, mediante un
desarrollo monstruoso de la imaginación (esa neoformación psíquica), se
vuelve a-funcional” (Castoriadis, 1993, p. 40) y explica la prevalencia en
los seres humanos del placer de representación por encima del placer de
órgano. “La psique del recién nacido presupone ya en este la dominación
del placer de representación sobre el placer de órgano. Sin ello no habría
sublimación posible; por lo tanto, no habría vida social” (p. 41).
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Pero Castoriadis advierte que existe “(…) cierto elemento lógico,
conjuntista identitario, tanto en la organización y la textura de cada ima-
gen en y para ella misma cuanto en el ordenamiento, la composición y la
consecución del grupo de imágenes que forman el sueño” (p. 37). Y agre-
ga que, “(…) con toda evidencia, sin el apoyo tomado en esos elementos
lógicos, el trabajo de interpretación no podría siquiera comenzar” (p. 37).
La capacidad de creación y ligazón que tiene el trabajo del sueño y
sus producciones son un enclave de resistencia a los traumatismos que,
agazapados, nos amenazan. El soñar se emparenta en este sentido con
el arte.
Para terminar, cito nuevamente a Borges en un fragmento del so-
neto “Sueña Alonso Quijano” (1976):
El hidalgo fue un sueño de Cervantes
Y Don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo
está pasando que pasó mucho antes.
Quijano duerme y sueña. Una batalla:
los mares de Lepanto y la metralla (p.82).
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