INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 17 (1), 2026, pp 189 - 193
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.18
189 / FLAPPSIP
NIÑEZ, ÉTICA Y CIUDAD.
EXPERIENCIAS Y PRÁCTICAS PSICOANALÍTICAS
EXTRAMUROS
INFÂNCIA, ÉTICA E CIDADE.
EXPERIÊNCIAS E PRÁTICAS PSICANALÍTICAS
EXTRAMUROS
CHILDHOOD, ETHICS, AND THE CITY:
EXTRAMURAL
PSYCHOANALYTIC EXPERIENCES AND PRACTICES
Reseña realizada por: Gonzalo Donoso
O R C I D : 0 0 0 9 - 0 0 0 1 - 5 2 0 7 - 8 1 6 3
Correo electrónico: donoso.g1@gmail.com
Sociedad Chilena de Psicoanálisis (ICHPA)
Fecha de recepción: 30 – 04 - 2026
Fecha de aceptación: 15 – 05 - 2026
Para citar este artículo / Para citar este artigo / To reference this article
Donoso G. (2026) NIÑEZ, ÉTICA Y CIUDAD.
EXPERIENCIAS Y PRÁCTICAS PSICOANALÍTICAS EXTRAMUROS
Intercambio Psicoanalítico 17 (1), DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.18
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC By 4.0)
190 / FLAPPSIP
Autor: Diego Blanco (Comp.)
Año 2025 – 395 páginas
Editorial: Cuarto Propio
El presente libro se inscribe en un momento en que el psicoanálisis se
ve interpelado por las profundas transformaciones de la realidad contem-
poránea, exigiendo una práctica situada y atenta a los desafíos de su tiempo.
Más que constituir únicamente una producción teórica, este libro da cuenta
del valor del trabajo colectivo, del intercambio entre colegas y de la elabora-
ción clínica que se despliega en diversos territorios e instituciones. En este
sentido, se destaca una apuesta por un psicoanálisis vivo, capaz de abrirse
a la interrogación constante de lo social y de sostener un diálogo crítico con
el mundo actual. En un contexto marcado por el avance de discursos que
tienden a simplicar la complejidad de lo humano —muchas veces bajo la
lógica del miedo o de promesas de orden—, el libro subraya la importancia
de lo colectivo como espacio de sostén, resguardo de la palabra y condición
para una escucha que no reduzca el malestar a soluciones estandarizadas,
sino que permita acoger su densidad y singularidad.
Quisiera subrayar algo que para el psicoanálisis actual se vuelve in-
eludible y que este libro ya anuncia desde su propio título. Tal como plantea
Silvia Bleichmar (2010) al invitarnos a pensar un psicoanálisis “extramuros”,
nuestra práctica no puede permanecer connada a la comodidad de la con-
sulta ni a los límites de la escena bipersonal clásica, cuya conguración diá-
dica -aunque valiosa- no siempre alcanza para dar cuenta de las complejas
formas actuales del lazo social.
Lo psíquico nunca está aislado; la experiencia subjetiva se constitu-
ye siempre en relación con otros. Por eso, cuando pensamos hoy un psicoa-
nálisis extramuros, no hacemos sino retomar esa premisa fundamental: que
la vida psíquica se despliega en escenarios múltiples y que su comprensión
exige considerar las condiciones sociales, históricas y territoriales donde el
malestar toma forma. Es justamente esta forma de comprender lo subjetivo
la que nos invita a ampliar nuestra escucha y a ejercer la práctica analítica allí
donde la subjetividad se constituye, se pone en cuestión y, no pocas veces,
resulta herida.
Pensar un psicoanálisis extramuros implica, entonces, ensanchar
nuestra escucha para no reducir el sufrimiento únicamente a conictos in-
trapsíquicos o a una lectura exclusivamente familiarista en la que todo se
juega en el interior de las paredes de un hogar. Un psicoanálisis extramuros
supone reconocer que los procesos actuales de subjetivación se despliegan
en un entramado social complejo, muchas veces fragmentado, donde las
desigualdades, la violencia real y los discursos políticos inuyen directamen-
te en las posibilidades de existir. En un tiempo en que el malestar social se
gestiona más con miedo que con cuidado, y donde ciertas narrativas buscan
simplicar lo humano para estabilizar lo económico, se vuelve imprescindi-
ble una presencia clínica capaz de situarse en esos escenarios y que desde
ahí construya espacios de encuentro con otros.
NIÑEZ, ÉTICA Y CIUDAD.
EXPERIENCIAS Y PRÁCTICAS
PSICOANALÍTICAS EXTRAMUROS.
Reseña realizada por:
Gonzalo Donoso1
1 Psicólogo, Psicoanalista, miembro
titular Sociedad Chilena de
Psicoanálisis (ICHPA). Magíster en
Psicoanálisis, Universidad Andrés
Bello. Magíster en Psicología Infanto
Juvenil, Universidad de Chile.
Director Extensión Sociedad Chilena
de Psicoanálisis (ICHPA).
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 17 (1), 2026, pp 189 - 193
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.18
191 / FLAPPSIP
Esta perspectiva, lejos de diluir la especicidad del psicoanálisis,
nos obliga a llevarlo justamente allí donde la subjetividad se juega, sos-
teniendo su ética y su escucha en aquellos espacios donde la infancia se
encuentra más expuesta y, muchas veces, más desprotegida. Siguiendo
a Bleichmar, no se trata de hacer psicoanálisis en cualquier lado, sino de
sostener la ética del analista en cualquier lugar donde haya un sujeto que
sufre.
A lo largo de su historia, el psicoanálisis ha crecido cada vez que
sus ideas se han puesto en juego más allá de sus propios límites, dejándo-
se interpelar por experiencias nuevas. Ese movimiento comenzó cuando,
por primera vez, la infancia se volvió una fuente legítima de saber para
nuestra disciplina: el caso del pequeño Hans abrió un territorio inédito de
trabajo, permitiendo reconocer al niño como sujeto pleno y no solo como
un “adulto en formación”. A partir de ese hito, pioneras como Hermine
von Hug-Hellmuth, Melanie Klein y Anna Freud, entre otras, tomaron la
posta e inauguraron -con sus discrepancias y debates- una ampliación de-
cisiva de la técnica psicoanalítica que impulsó una verdadera evolución de
nuestro campo. Lo que allí se inauguró anticipó algo esencial para nuestra
disciplina: que el psicoanálisis solo se mantiene vivo cuando explora nue-
vos territorios que permiten que la experiencia desborde lo ya pensado y
obligue a la teoría a transformarse, evitando caer en la repetición dogmá-
tica de sus propias formulaciones.
Este recorrido muestra que el psicoanálisis avanza cada vez que
se atreve a mirar más allá de sus propios límites y a escuchar allí don-
de antes no había escuchado. La apertura hacia la infancia -desde Hans
hasta quienes continuaron ese camino- evidenció que la disciplina cre-
ce cuando interroga sus propios supuestos y acoge aquello que irrumpe
desde la experiencia. Esa disposición a dejarse afectar constituye una de
las mayores fuerzas del psicoanálisis y permite comprender por qué un
libro como Niñez, ética y ciudad (2025) resulta hoy tan necesario.
Con ese espíritu, el presente libro retoma las marcas de aquel
gesto fundacional, invitándonos a escuchar cómo niños y niñas inscriben
ese entramado simbólico que los antecede y cómo reinventan esa red en
su manera particular de habitar la ciudad. Al hacerlo, este libro no solo
reconoce las determinaciones históricas y sociales que atraviesan la vida
infantil; también impulsa al psicoanálisis a mantenerse en movimiento, a
dejarse interpelar por lo nuevo y a sostener el lugar del niño como sujeto
pleno en medio de las transformaciones contemporáneas. Ese gesto es,
en sí mismo, profundamente ético: porque si el psicoanálisis tiene mucho
que decir sobre la niñez, también tiene mucho que aprender de ella, de su
modo de habitar el mundo, de sus invenciones, de sus silencios y de sus
formas de resistir a los discursos homogenizantes que denen nuestra
época.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 17 (1), 2026, pp 189 - 193
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.18
192 / FLAPPSIP
En esta dirección, Niñez, ética y ciudad propone una triple articu-
lación que orienta la lectura y abre un campo de reexión necesario. En
primer lugar, la niñez, entendida como una categoría en permanente dis-
puta, que no puede reducirse a una edad biológica, sino que se congura
en la intersección entre la transmisión del deseo, la herencia simbólica y
las nuevas condiciones sociales que tensionan la experiencia infantil. En
segundo lugar, la ética, concebida no como moralización, sino como la
responsabilidad frente al deseo y frente al sufrimiento del otro; una posi-
ción clínica que implica sostener la escucha allí donde algo pide ser aloja-
do. Finalmente, la ciudad, que aparece no solo como espacio físico, sino
como un entramado de discursos, instituciones, desigualdades e imagina-
rios que modelan de manera decisiva la constitución subjetiva.
Desde esta perspectiva una idea que me parece tremendamen-
te fecunda es la de escenarios territoriales. No se trata simplemente de
geografía, sino de territorios simbólicos atravesados por signicados, me-
morias y lógicas de poder; lugares donde se inscriben las historias fami-
liares, las jerarquías sociales, las exclusiones y también las posibilidades
de encuentro. Son espacios donde la crianza se realiza cotidianamente y
donde cada familia -y cada sujeto- construye una identidad y un sentido
de pertenencia que, muchas veces, dene el lugar del niño antes incluso
de que él mismo pueda decir algo sobre sí.
En este sentido, es fundamental recordar que los escenarios
territoriales no solo son el marco donde la crianza ocurre, sino el espacio
donde puede producirse algo esencial para la vida psíquica: el encuentro.
No me reero simplemente de compartir un lugar físico, sino de un estar
con otro en el que dos o más subjetividades se reconocen, se afectan y
crean un “entre”, un espacio común donde algo nuevo puede surgir. Ese
encuentro como disponibilidad mutua, como apertura a la presencia del
otro, es lo que permite que la infancia encuentre sostén, inscripción y po-
sibilidad de subjetivarse.
Sin embargo, en las sociedades neoliberales actuales este en-
cuentro está cada vez más limitado. El cuidado se privatiza, se individua-
liza y queda connado al ámbito doméstico, dejando a los adultos solos
con la tarea de criar y a los niños solos con sus síntomas. El aislamiento no
es entonces un fenómeno íntimo ni un problema individual, sino el efecto
estructural de un sistema que debilita los lazos comunitarios y desarma
las redes colectivas del cuidado. Desde esta perspectiva, pensar la niñez a
partir de los escenarios territoriales implica reconocer allí un espacio pri-
vilegiado para combatir ese aislamiento: la escuela, la plaza, los espacios
comunitarios, las instituciones que aún sostienen lo común. El encuentro
-ese acto de presencia y reconocimiento mutuo- se vuelve así una condi-
ción estructural para la crianza y una forma de resistencia frente al silen-
cioso desamparo que la lógica neoliberal tiende a producir.
INTERCAMBIO PSICOANALÍTICO, 17 (1), 2026, pp 189 - 193
ISSN 2815-6994 (en linea) DOI: 10.60139/InterPsic/17.1.18
193 / FLAPPSIP
En este mismo sentido, resulta especialmente fecunda y escla-
recedora la noción de transferencias múltiples propuesta por Jean Oury a
propósito de su trabajo en contextos institucionales. Para este autor, la
transferencia no se concentra en un único punto ni se restringe a la gura
del terapeuta, sino que se distribuye y circula entre diversas presencias
que conforman el entorno del sujeto. Esto signica que la vida psíquica
puede apoyarse en múltiples guras -otros profesionales, cuidadores,
docentes, compañeros, miembros de una institución o incluso el propio
grupo de pacientes- que ofrecen distintos lugares para depositar afectos,
expectativas y demandas inconscientes. Lejos de ser un problema, esta
pluralidad constituye un verdadero soporte clínico: permite que el deseo
encuentre varios modos de expresarse y que aspectos diferentes de la
subjetividad se pongan en juego en los múltiples espacios de interacción
que un territorio vivo habilita.
Pensado así, el territorio se vuelve no solo un lugar de pertenen-
cia, sino también un espacio transferencial ampliado, donde las distintas
guras y dispositivos que lo conforman -una escuela abierta, un centro
comunitario, un equipo interdisciplinario, una red de cuidados- permiten
una circulación más variada y rica de la transferencia. Allí donde existen
vínculos diversos y sostenidos, el sujeto no queda limitado a una única
relación, rígida o saturada, sino que puede apoyarse en un entramado
más plural de presencias signicativas. De este modo, las transferencias
múltiples se presentan como un modo de enriquecer la vida relacional,
ofreciendo al niño, niña y sus familias varios puntos de apoyo y diferentes
lugares donde alojar aspectos de su experiencia. Oury nos recuerda que
la subjetividad necesita de varios otros, de varios espacios y de varios en-
cuentros para sostenerse: solo así puede desplegar, con mayor libertad,
aquello que en cada quien busca ser escuchado.
En denitiva, Niñez, ética y ciudad nos invita a renovar la vigencia
del pensamiento psicoanalítico situándolo en diálogo con la época, con la
historia, con la cultura y con las transformaciones del lazo social. Nos re-
cuerda que el psicoanálisis permanece vivo solo cuando se deja interpelar
por lo que la realidad trae, cuando escucha las voces de la niñez, cuando
se arriesga a pensar más allá de sus propios bordes. Este libro es, en ese
sentido, una convocatoria: a sostener un psicoanálisis que no se replie-
gue, que no tema la complejidad de los tiempos actuales y que continúe
ofreciendo un espacio donde la palabra del niño -y la del analista- puedan
seguir abriendo futuro.
Referencias bibliográcas
BLANCO, D. (Comp.). (2025). Niñez, ética y ciudad: Experiencias y prácticas psicoanalíticas
extramuros. Cuarto Propio.
BLEICHMAR, S. (2010). Psicoanálisis extramuros: Puesta a prueba frente a lo traumático.
Entreideas.
FREUD, S. (1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (Caso Hans). En Obras
completas (Vol. X). Amorrortu Editores.